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NOTICIAS Censando entre amenazas, disparos y territorios de pandillasEl VI Censo de Población requirió sortear una serie de peligros para los encuestadores de la zona 10 de Soyapango, que tuvieron la tarea de contar cuántos viven en diez populosas colonias con fuerte presencia de dos pandillas rivales: la “18” y la Mara Salvatrucha. Los encuestadores creen que el acompañamiento de la PNC, lejos de brindarles protección, les supuso un mayor riesgo. Edith Portillo
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Cuando Marta (nombre ficticio) entró por el lado Norte a la quinta etapa de la Colonia Las Margaritas, venía ya de hacer el reconocimiento de la mayor parte de la zona que le tocaría censar, a partir del final de esa semana, durante 16 días. Venía de las colonias Vía Alegre, Los Lirios y San José I, y le faltaba reconocer solo los cuatro últimos pasajes de Las Margaritas.
Lo que no sabía era que estaba dejando territorio de “la 18”y cruzando la frontera hacia la zona de la “Mara Salvatrucha”. La bienvenida en el primer pasaje se la dio un grupo numeroso de pandilleros que, a punta de pistola, le informó que no tendría permiso para realizar el censo en ese lugar. “Todavía cuando ya íbamos saliendo (con la delegada municipal) tiraron unos disparos al aire”, recuerda. La segunda vez, cuando ya intentaron empezar el censo, las volvieron a sacar, la halaron del chaleco distintivo de los encuestadores y se lo quitaron.
Hasta el cierre de esta edición, no había sido posible censar las hileras de casas de los cuatro pasajes. La sospecha de los encargados de la zona es que el permiso en estos pasajes se los negaron porque allí se encuentra la “casa destroyer”, es decir, la “sede” de la pandilla. “Es que en el resto de la colonia, desde el otro lado, sí se ha podido levantar la información, solo que de mañana, hasta las 3:00 de la tarde es que daban permiso”, cuenta Roberto (nombre ficticio), otro colaborador de la Oficina de Censos.
Dos semanas después de la expulsión con tiros al aire, Carmen (nombre ficticio), la supervisora de la zona, recorría el lugar con el colaborador de Censos. A las 8:30 de la mañana, los pasajes de Las Margaritas V lucían desolados, igual la cancha de fútbol frente a ellos. Los trabajadores del censo intercambiaban palabras en voz baja, discutiendo las alternativas para entrar a contabilizar en el lugar evitando problemas con los pandilleros de la MS.
“Aquí en estos lugares es una estrategia venir así tempranito, es que los mareros están dormidos todavía a esta hora”, explica Roberto. “Cabal, ya hasta como las once es que van saliendo, y allí en la cancha por lo general tienen bichitos que ponen a vigilar y que les avisan cuando alguien viene”, agrega Carmen.
Ella tuvo bajo su cargo la supervisión de una conflictiva zona de Soyapango, caracterizada por los homicidios, los enfrentamientos a tiros y las extorsiones a las unidades del transporte público, comercios y camiones distribuidores. A Carmen le correspondía verificar cómo sus encuestadores avanzaban con el censo en el territorio “18” de las colonias La Campanera, El Limón, San Francisco, Montes V, San Ramón, la finca San Tecuán, la colonia Vía Alegre, Los Lirios y San José I. Pero también le tocaba supervisar en Las Margaritas, colindante con las otras colonias, denominada una zona “MS”.
¿Una dificultad previsible?
“El problema ha sido que vienen censando desde La Campanera hasta Las Margaritas y no puedo meter acá entonces a gente a encuestar porque, como vienen del otro lado, ya desconfían de ellas. Ya bien vigiadas tienen a las bichas. Intentamos que entrara otra desde acá por la entrada de Las Margaritas, pero como viene desde la San Francisco igual la tienen ya identificada (…) y bichos ni pienso meter. Es más arriesgado. A esos en bolsita negra los vendríamos a sacar”, dice Carmen.
¿Por qué no se previó ese problema en el diseño de los mapas que le corresponde cubrir a cada encuestador? “La verdad no sé”, responde la supervisora, “y como ya venían así los mapas, así los habían hecho ya, pues así había que hacerlo (…) Las zonas nos las repartieron así nomás, de una vez nos dijeron cuál nos tocaba. Cuando a mí me dieron mi zona me dio miedo”, cuenta la supervisora, que no vive en ninguna de las colonias que tiene asignadas y que nunca había entrado a varias de ellas.
De acuerdo con el plan de la Oficina de Censos, sin embargo, la idea era que las personas involucradas en el censo fueran de los lugares donde trabajarían, de modo que esto generara confianza en la población a encuestar. Para el caso de estas colonias en Soyapango, esto no se ha aplicado con la encargada de toda la zona, sino solo para la mayoría – no todos – de los empadronadores.
¿Cómo se podía censar entonces en los cuatro pasajes de Las Margaritas donde ya tienen el paso cerrado? Ni Carmen ni Roberto supieron responder con certeza tampoco a esta pregunta y mencionar una alternativa en la que Marta y sus acompañantes no corran peligro.
Originalmente, las zonas identificadas como “de alto riesgo” iban a ser censadas bajo un mecanismo de “barrido”. Este, según explicó a El Faro hace tres semanas el director de Censos, Miguel Ángel Corleto, consistiría en meter a varios empadronadores a la zona, de modo que el censo se levantara rápidamente y que el acompañamiento entre varios encuestadores supusiera menos riesgo.
Pero para hacer esto en Las Margaritas, dice Carmen, era demasiado complicado y la medida, prácticamente, quedó descartada. “Es que además no tengo gente como para hacer barrido. Si casi toda mi gente ha estado encuestando en lugares de ‘la 18’ y cómo los meto aquí entonces”, se quejaba a cuatro días de terminar el censo.
“Como carnadas”
En los planes de la Oficina de Censos, la protección de los empadronadores estaría garantizada supuestamente por el acompañamiento de la Policía Nacional Civil (PNC) y, en las zonas de alto riesgo por la presencia de pandillas, también se contaría con la mediación del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP).
Pero en La Campanera, una colonia dominada por “la 18” donde los pandilleros ya han asesinado a policías, cobran una renta de $20 dólares a distribuidores de productos en las tiendas de la zona y otro monto similar a los empresarios del transporte público, la dinámica no se desarrolló de esta forma.
Allí, los agentes de la PNC son vistos como un obstáculo para la labor del censo y las tareas de mediación con los pandilleros han sido realizadas por los mismos encuestadores, que en este caso – un total de 18 en la colonia – son habitantes del lugar. La “concesión” que han logrado de parte de la pandilla es que no les cobren renta para censar ni que les roben su material de trabajo.
Durante la mañana, al igual que en Las Margaritas V, la calle principal de La Campanera luce bastante vacía y los pandilleros, aparentemente, también duermen acá todavía a las 9:30. A la entrada de algunos pasajes custodian soldados del ejército y, a lo largo de la pendiente que atraviesa la colonia, entre el puesto de la PNC y el punto de buses de la ruta 49, circula una patrulla con tres policías.
“Para nosotros mejor que no estuviera la PNC. Los primeros días del censo, sábado, domingo y lunes, encuestamos los primeros pasajes de la colonia. Y resulta que martes y miércoles se viene la Policía a hacer redadas, y justo en los pasajes que ya habíamos censado. Se llevaron a varios y entonces hoy ellos piensan que nosotros hemos andado levantando información y que se la pasamos a la PNC”, cuenta Mario (nombre ficticio), uno de los encuestadores y residente de La Campanera.
El censo en la colonia tuvo que paralizarse entonces durante dos días, mientras los encuestadores volvían a explicar a sus vecinos pandilleros que la información que recogían no se estaba filtrando a la Policía.
Con los agentes de la PNC, cuentan, también tuvieron el problema de que a veces se les acercaban demasiado y se ubicaban atrás de ellos a escuchar lo que la gente contestaba. En una colonia en la que hay muchas casas abandonadas, con algunas ocupadas por usurpadores, y con otras ocupadas por familias donde hay pandilleros, la información que daban entonces ya no era la misma o se negaban a participar del censo.
Mario, entre las advertencias de sus vecinos, e incluso a veces sujeto a las revisiones de los policías para verificar si realmente era un encuestador, realizó así su labor durante los 16 días del censo, pero se lamentaba: “(Los policías) dicen que andan dándole seguridad a uno, pero también andan viendo qué sacan, dónde viven los mareros. Nosotros como carnada es que andamos, pero tampoco les podemos decir que se retiren porque entonces piensan que estamos del lado de las maras. Y en cambio los de las maras a mí lo que me han dicho es que lo bueno es que, con todo esto de las redadas, si pasa algo, como soy de aquí, al menos me tienen bien vigilado ya”.
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