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ENCUENTROS

Políticos y economistas piden un nuevo pacto nacional

¿El Estado debe ser más pequeño o más grande, debe regular más al mercado o soltarle más las riendas, debe ser “paternalista” o no? Para los participantes del penúltimo Encuentros, todas estas interrogantes son irrelevantes si no se logra atender las demandas de los ciudadanos.  El Estado, grande o pequeño, dicen, necesita ser eficiente, y para eso requiere de acuerdos.  Evelyn Jacir, Norma Guevara, Rubén Zamora, Rafael Barraza y Carlos Briones coinciden en la necesidad de un nuevo pacto nacional.

Daniel Valencia
cartas@elfaro.net
Publicada el 23 de abril - El Faro
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“Tenemos que centrar el problema, más allá del tamaño del Estado, en la calidad del servicio, en la eficiencia de las instituciones y de las políticas que el Estado implementa. Que sea más grande o más pequeño es, en definitiva, irrelevante si sus políticas son efectivas en términos de atender demandas de la población e impulsar el desarrollo”. La frase anterior es del ex candidato a  la presidencia por  el FMLN y la Convergencia Democrática (1994), y uno de los líderes del movimiento de centroizquierda salvadoreño, Rubén Zamora.

El planteamiento de Zamora, experto en teoría política y quien ha fungido como asesor para la resolución de conflictos en África, apareció luego de toda una introducción acerca de las diferentes concepciones de Estado y de las principales preguntas acerca del Estado.

“Hay que centrar la preocupación en cómo el Estado está organizado. Ahí andamos re mal. Jugamos con el Estado, con la organización del Estado, pero no tenemos una concepción estratégica de cómo queremos organizar el Estado para que cumpla determinados objetivos que le hemos señalado a diez, quince o veinte años plazo”, agregó Zamora.

Carlos Briones, sociólogo, quien desde la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) creó el mapa de pobreza de El Salvador, instrumento mediante el cual el gobierno pretende combatir la pobreza extrema –identificando las zonas más pobres del país para llevar políticas asistencialistas-, compartió el argumento de Zamora. Briones, al respecto, agregó: “El tamaño sí importa, ciertamente, el problema es el tamaño óptimo”.

Para Briones, óptimo es sinónimo de buenas políticas públicas. “Las políticas no sólo tienen que ser de calidad, sino que tienen que ser coherentes con los momentos económicos en cada momento dado”, añade.

Junto al politólogo y al sociólogo, en la mesa de Encuentros también departieron la ex ministra de Educación, ex candidata a la alcaldía de San Salvador y actual comisionada presidencial para la defensoría del consumidor, Evelyn Jacir de Lovo; la concejal de la comuna capitalina y dirigente del FMLN, Norma Guevara; y el expresidente del Banco Central de Reserva y actual director de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN), Rafael Barraza.

Esté último, desde una posición más economicista plantea un argumento muy similar a del politólogo y el sociólogo.

“El primer tema del ¿Estado para qué? es el tema del crecimiento, cómo los países crecen más a través de acumular más capital físico, o sea inversión, más capital humano y fomentar la productividad y la innovación”, dijo.

“El tema de calidad de vida es importante. Hay una dimensión más allá de lo económico y hay que evaluar si el Estado está contribuyendo a esa dimensión a que tengamos una mayor calidad de vida”, añadió.

¿Institucionalidad?

Los panelistas coinciden en que El Salvador, pese a que ha avanzado desde la firma de los acuerdos de paz, hace 15 años (1992), ahora necesita un nuevo impulso, un nuevo pacto, que permita consolidar su calidad para que satisfaga las demandas que necesita el desarrollo.

Pero para lograr ese nuevo pacto, sin embargo, se necesitan cambiar posturas “maximalistas” e “ideologizadas” y fortalecer aún más la institucionalidad.

Para Norma Guevara, si un primer órgano del estado no puede interpelar a un ministro, si un funcionario no se siente obligado a rendir cuentas, “si todo el control por medios seudo legales se sujeta a un partido - no estamos desarrollando calidad de Estado”.

“Las funciones del Estado y la manera de cumplirlas son como la medida de la calidad, ya no solo el tamaño, sino de la calidad. La característica de nuestro Estado es que no es racional ni razonable y tiene por eso una perdida de autoridad que abarca a la mayor parte de nuestras instituciones”.

Rubén Zamora comparte que en los últimos 15 años el país demostró que podía generar acuerdos y caminar enrumbado hacia el desarrollo. Él, sin embargo, en la actualidad ve un El Salvador con ojos más pesimistas. “Tenemos unas crisis de institucionalidad democrática en el país creciente. La Asamblea, el Tribunal Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Sala de los Constitucional, son los lugares donde lo ves con mayor claridad”, se queja.

Jacir de Lovo ofrece valoraciones semejantes a las de la efemelenista, aunque lo matiza un poco. “Cuando se habla de calidad de Estado, en el fondo estamos hablando sobre la fragilidad de las instituciones, pero las instituciones no se crean en quince años”, dice.

Ella cree que en el país se necesita ser un poco “más pragmático” para poder pensar bien el rumbo que se quiere tomar. “Yo quisiera retomar el modelo de la actuación de las administraciones en Chile y en Brasil. Son más pragmáticos y tienen discusiones menos ideologizadas en relación a qué se puede hacer y qué no se puede hacer”.

Para ella, el gran reto está en generar los consensos de país, discutiendo el rol del Estado en el mercado y fuera del mercado, en el acceso a los servicios sociales básicos y en mejorar la calidad de vida.

“El gran reto es lograr más consensos en materia de políticas públicas vinculadas al desarrollo económico, y lograr también mayor equidad en el desarrollo social”, acota.

Las apuestas

Todos los panelistas creen que el Estado necesita fines estratégicos porque es insuficiente para abarcar todas las demandas de la población. Según Rafael Barraza,hay que ser bastante pragmático y abandonar las viejas concepciones de que todo del Estado para el crecimiento, calidad de vida y distribución. Una cosa común es confundir lo que es financiar el bien -por ejemplo, educación universal primaria para todos los niños- y proveerlo y producirlo. Hay que balancear estos dos roles de financiar los bienes y de proveer los bienes”, dice.

Para Rubén Zamora, a la hora de hablar de un buen financiamiento, hay que tener en cuenta que el Estado está quebrado por el principal mal que le aqueja, al cual él le da la principal prioridad. “El Estado es al principio, antes que nada, seguridad. Después podrá ayudar a los pobres y lo que quiera, pero su naturaleza fundamental es esa”.

Barraza subraya la necesidad de plantear qué puede hacer el Estado con los recursos que ya tiene para solucionar los problemas. Pone de ejemplo acciones que podrían realizarse desde los gobiernos municipales como la promoción de la educación y de la misma seguridad.

Carlos Briones, sin embargo, señala que hay que detenerse a pensar cuáles serán los fines estratégicos del país. “Los fines estratégicos son los que pueden simultáneamente ayudar avanzar las tres dimensiones: crecimiento, seguridad y solidaridad distributiva”, dice.

Para los tres panelistas que han estado o están vinculados a la actividad partidaria, sin embargo, el panorama es desalentador. Si bien comparten que hay que realizar un nuevo pacto -“sin querer reinventar la pólvora, sino más bien construir sobre lo ya construido, perfeccionando”, como dice Evelyn Jacir-, las posiciones político-ideológicas y los estancamientos terminan por acabar con cualquier iniciativa.

“El problema de El Salvador, en este último periodo, no es la negativa al cambio. El problema es que se empieza el cambio y se para. Se nos traban las carretas”, dice Rubén Zamora.

“No hay visión estratégica ni visión de país. Aunque a veces sí hay visión estratégica pero muy partidaria”, comparte Jacir de Lovo.

Norma Guevara, sin embargo, ve en los mismo políticos, que entrampan las posibilidades de diálogo, el único camino para construir un mejor Estado, con prioridades y fines establecidos. “Podemos ponerle un alto al deterioro institucional del Estado si hay voluntad política de tomar en serio la misión del Estado y la responsabilidad de las fuerzas políticas, o podemos continuar el deterioro institucional, que es caro para todos”, concluye.

Ninguno de los panelistas planteó medidas que esencialmente cambian o amplían el rol del Estado en El Salvador, como nacionalizaciones, control de precios, etc. Todos coincidieron que la ruta es hacer el Estado eficiente, elevar la calidad de sus servicios y llegar a un consenso nacional sobre prioridades.

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