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Meses de tráfico, polvo y poco comercio en el Paseo Escalón

El retraso en las obras de drenajes sobre el Paseo General Escalón han costado varios de miles de dólares a los comerciantes de la zona. El MOP pide paciencia y promete que el proyecto estará terminado a mediados de junio.

Rodrigo Baires Quezada / Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
Publicada el 23 de abril - El Faro

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“A los residentes y comerciantes en la zonas de construcción les pedimos paciencia. Las molestias son momentáneas, las obras quedan y estas obras que se están haciendo en el Paseo General Escalón son más que necesarias”, dice Jorge Nieto, titular del Ministerio de Obras Públicas. Con un retraso de 12 días en las construcciones y una prórroga que amplía el período de trabajo hasta mediados de junio, el llamado de Nieto no les hace gracia a los comerciantes de la zona. “Con paciencia no pago la renta, ni la luz, el teléfono o el agua”, dice Leonor Renderos, propietaria del salón de belleza Leo.Art, ubicado en un centro comercial frente al redondel Alberto Masferrer.

Según el MOP, los 60 días de ampliación dados a las constructoras serán suficientes para terminar con las obras, que se retrasaron por insolvencia económica de la empresa Terratracto S.A. de C.V., ejecutora del proyecto, y luego por problemas técnicos al encontrar masas rocosas en diferentes puntos de trabajo de rehabilitación de drenajes secundarios en el Paseo General Escalón y la avenida Masferrer.

Leonor ha hecho sus propios números. Su clientela se ha reducido entre el 40 y el 50 por ciento –“Y porque en mi caso he tenido la suerte o la bendición de Dios de tener clientes fieles”, dice- y sus ahorros personales en 700 dólares, sólo en este mes, para solventar los gastos fijos de su negocio. “Ayer (jueves pasado) no vino ni una sola persona. Hoy, sólo dos”, dice, y el reloj señala el medio día.

Cuando el MOP anunció el inicio de las obras, Leonor tomó algunas previsiones: anunció promociones especiales y bajó precios por sus servicios. “Era algo momentáneo, decían que iban a ser 22 días… igual, no les creí pero hice cuentas que podía sostener las situación por lo menos por mes y medio o dos meses… ahora resulta que serán dos meses más y las cosas se ponen más difíciles. Aunque yo tengo suerte, mis clientes siguen viniendo”, dice. Una suerte que no corren todos los empresarios en la zona.

La rehabilitación del sistema de drenajes debía iniciar a finales de noviembre de 2006. Según Nieto, la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador abogó por los comerciantes de la zona para que los trabajos fueran pospuestos y no ser afectados durante la temporada navideña. El proyecto inició el 3 de febrero pasado y terminaría el 9 de marzo. Cinco días después del arranque de la obra, la constructora comunicó al ministerio que había encontrado mantos rocosos no identificados en la información dada por el MOP y se reprogramó su ejecución hasta el 11 de abril.

Los cambios de fechas hicieron sonar la alarma de los residentes y comerciantes de la zona hasta marzo, cuando un grupo de obreros paralizó las construcciones en dos ocasiones y acusó a la empresa de no haberles cancelado sus salarios. Para entonces, la construcción ya tenía un retraso significativo y, el 30 de marzo, el mismo ministro tachó de “incapaz” a la empresa de terminar con el trabajo en el período establecido.

Para entonces, algunos propietarios comenzaron a hacer público su descontento con carteles colocados en las vitrinas de sus negocios con leyendas como “Señores del MOP, no más huelgas, no más retrasos. Hay que terminar las obras ya” o “Respeten al comercio”. El MOP volvió a pedir paciencia.

“He llegado al punto de hablar por teléfono con algunos clientes y todos me dicen los mismo: el tráfico, el desorden, el polvo… nadie quiere venir hasta aquí. ¿Quién va a querer venir a lavarse el pelo o hacerse un peinado si después saldrán a llenarse de polvo o a sudar 30 minutos en el carro?”, dice Frania Méndez, propietaria de otro salón de belleza, ubicado en Villas Españolas.

“Ya van tres meses de molestias… sabemos que las obras que están haciendo son importantes y fue una decisión valiente del gobierno el cambiar las tuberías pero cómo se hizo ha dejado muchas dudas sobre quién tiene la culpa en los retrasos. ¿Es culpa de la empresa constructora, que no tenía la capacidad financiera para hacer esta obra, o del MOP, por haberse la dado a ella?”, dice Roberto Contreras, un cliente de los comercios de la zona.

Las colas de la 79.ª avenida

A principios de mes Nieto aseguró que Terratracto sería sancionada por incumplimiento de “algunas cláusulas del contrato” entre las que no se incluían el retraso en las obras, pactadas a finalizar el 11 de abril pasado. “La empresa va a ser multada por no haber tenido durante 24 horas a sus trabajadores laborando. El contrato establecía que debían trabajar tres turnos, situación que no se ha dado”, dice el Ministro. Según explica, el haber encontrado los mantos rocosos que no se encontraban delimitados en el mapa geológico de El Salvador ni en los estudios de suelo realizados para el proyecto –hasta seis metros, según explicó- permitió darle una prórroga de 60 días a Terratracto y evitó que fuera multada por haber paralizado la obra.

Detrás de las razones técnicas había un problema de carácter legal: intentar rescindir el contrato a Terratracto abría un plazo para que la empresa utilizara el derecho de audiencia, durante el cual la obra seguiría paralizada y daba paso a un posible pleito judicial. Así, el MOP prefirió condicionar la prórroga a la subcontratación de otra constructora –Silter S.A.- que garantizara terminar las construcciones antes de mediado de junio. “Tenemos tres turnos sin descanso, todas las áreas serán ocupadas. Tenemos  capacidad para ello”, dijo Pedro Silhy, representante de Silter, a los medios el 15 de abril, día en que asumió control de la obra.

A pesar de los 350 empleados contratados para la obra, tecnología apropiada para realizar explosiones controladas en las rocas encontradas y el anuncio de una supervisión in situ del director de inversión vial del MOP, Carlos Ruiz, a partir del 16 de abril, la noticia no fue tomada a bien por todos los residentes y propietarios de comercios alrededor de las construcciones. “¡60 días más después de casi tres meses!”, dice Leonor, mientras ve cómo su cuenta de ahorros va disminuyendo. “¿Sabe qué significa para mi negocio 60 días más con problemas de tráfico y polvo en la zona?”.

Subir sobre el Paseo, entre la 79.ª avenida norte y la Masferrer Norte, toma entre 15 y 20 minutos. En horas pico, se necesitan otros 10 ó 20 minutos más. El tráfico crece sobre la 79.ª avenida en las horas pico. Hacia el norte, la trabazón se alimenta de los vehículos que intentan incorporarse a la avenida entre el pasaje Los Pinos y el Istmania y se extiende hasta el semáforo sobre la 9.ª calle poniente. Seis cuadras de tráfico puro y duro, en una vía en que los congestionamientos son el pan de cada día con o sin obras, con buses y microbuses –de las rutas 30 B, 52 y 16- atravesándose de izquierda a derecha; gente armada de poca paciencia; y ni un policía nacional civil evitando que los automotores que circulan sobre el Paseo General Escalón se queden sobre el crucero cuando el semáforo se pone en rojo.

El congestionamiento no desaparece tras cruzar el Paseo General Escalón. El carril izquierdo camina al ritmo de los buses que hacen parada a escasos 25 metros de la boca calle –las rutas 30 B y 101 D-; y, el derecho, al ritmo de los vehículos que atraviesan la calle Juan José Cañas y Padres Aguilar. Unos minutos antes de las 6:00 p.m., los feligreses de la Iglesia Corazón de María se suman al problema parqueando sus vehículos en dos carriles de la avenida.

“Aquí debería de haber policías dando vía… o, por lo menos, payasitos”, recomendaba un automovilista desde su vehículo a otro el miércoles pasado. En el plan de cierres del primer tramo sección poniente hecho por el Viceministerio de Transporte se designó a la calle Juan José Cañas como vía de escape para los vehículos que viajan desde la avenida Jerusalén y buscan incorporarse al Paseo General Escalón a la altura de la 77.ª avenida norte. Pero policías no hay y las colas de vehículos se extienden hasta el semáforo con la Calle La Mascota y luego hasta la plaza Brasil, en la entrada de la Zona Rosa.

Arriba, en la 89.ª avenida norte, la vía para lograr subir hasta la avenida Jerusalén, las cosas no son más sencillas. Cruzar el Paseo implica unos 15 minutos en el mejor de los casos y luego, dependiendo de la presencia policial, tomar la calle Circunvalación otros cinco, como mínimo.

“Dicen que las obras que están haciendo son necesarias y les creo”, comenta Elizabeth García, quien a diario tiene que cruzar el Paseo para trasladarse de su casa hasta su trabajo. “Pero uno que tiene que pasar por aquí todos los días se cansa del tráfico y de la falta de seriedad porque esto tenía que estar terminado ya. Vamos para tres meses, los hoyos están abiertos, no vemos claro nada y nadie dice qué está pasando”, concluye.

Las responsabilidades

Los residentes, los comerciantes y los usuarios en general se quejan, además de los inconvenientes por el tráfico, el ruido y el polvo, de la falta de comunicación durante todo el proyecto, lo que ha generado mayores problemas. El último ejemplo de ello se vio el lunes 16 de abril, cuando la empresa constructora y el MOP decidieron cerrar el tramo que une el Paseo General con la avenida Escalón Sur. “Fue un caos total lo que hicieron”, dice Carlos, un taxista con más de 30 años de oficio. “No avisaron nada y a las 7:00 a.m. esto estaba lleno de carros que no sabían para donde agarrar”.

A las 7:15 a.m., tras 20 minutos en medio de la trabazón y con un pasajero ya impaciente por llegar antes de las 7:30 a Santa Tecla, la única salida posible era retornar sobre el redondel Masferrer y bajar siete cuadras hasta la 89.ª avenida norte, la única vía de escape para tomar la calle Circunvalación y luego subir de nuevo a la avenida Masferrer Sur. “Fueron otros 30 minutos de congestionamiento… casi una hora de viaje por ocho dólares. ¡Gasté más en gasolina!”, relata.

Nieto explica que la decisión se tomó tras las lluvias del viernes 13, que socavaron parte de la calle y se temían derrumbes en las zanjas donde se trabajaba o, incluso, el hundimiento del tramo de la avenida. “Fue una cuestión de seguridad y se tomaron las medidas para evitar al máximo las molestias coordinando con otras instancias de gobierno… se reparó en tiempo récord y el miércoles ya se había abierto el tramo de calle”, explica orgulloso el ministro. Carlos lo ve de una forma más sencilla: “Hubieran avisado con tiempo y no hubiera habido tanto problema”.

“Paciencia… las molestias son momentáneas, las obras quedan”, repite Nieto. Leonor y otros comerciantes escuchan la frase del ministro y luego ven sus libros de cuentas por pagar. “Sabemos de gente que tiene problemas para pagar sus rentas por la falta de clientes”, dice Rosario Tobar, administradora de Villas Españolas que cuenta con 91 locales comerciales. Desde hace unas semanas, la fachada del centro comercial está adornada con mantas alusivas a los retrasos en los trabajos. “Las pusimos a petición de la gente. Ellos nos trajeron la pintura, las mantas y lo que querían que fuera escrito… Es que esto está afectando a todos los locales y, en general, a todos los negocios en el Paseo”, resume.

Sin posibilidades de poder emigrar a otras zonas, la mayoría de negocios hacen de tripas corazón. “Irnos a otro lado de la misma categoría significa rescindir un contrato; además de pagar un nuevo alquiler y un depósito, el traslado y las instalaciones. No gracias, no salen las cuentas”, reconoce Frania y observa a sus dos empleadas limpiando el mobiliario de su salón de belleza. Ni un solo cliente en toda la mañana, la misma historia del día anterior y el calendario acercándose peligrosamente a fin de mes.

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