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Entrevista con Rafael Urrutia, vicepostulante de la causa de beatificación de Monseñor Óscar Romero

“Plantear si es oportuno o si no es oportuno beatificarlo es una posición política”

Monseñor Rafael Urrutia, párroco de la iglesia La Resurrección y vicario pastoral de la arquidiócesis de San Salvador, explica en esta entrevista algunos de los motivos por los cuales, según su percepción, Roma aún no ha beatificado al mártir asesinado en 1980.
Uno de ellos, dice, pasa por aclarar si en este momento es oportuno beatificar a alguien que podría dividir más a la iglesia conservadora y a la iglesia que abandera la opción preferencial por los pobres. “Sigo pensando que puede ser un poco que Roma piense que no sea oportuno todavía beatificarlo”, dice.

Daniel Valencia
cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de marzo - El Faro

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¿Cuándo fue la última notificación de El Vaticano sobre el proceso de beatificación de monseñor Romero?
En noviembre de 2006. Nos enteramos nuevamente que la causa estaba en alegato, pero que lo que se estaba haciendo es el análisis de la ortopraxis (estudio de su obrar pastoral). En esa ocasión también nos sugirió alguien de cambiar el giro de la causa. De una causa de canonización por martirio a una causa de canonización por virtudes heroicas.

¿Quién lo recomendó?
Alguien de Roma. Al hablar con el postulador (oficial), monseñor Vicenzo Paglia nos dijo que no estaba de acuerdo. A su juicio, monseñor Romero era un verdadero mártir y teníamos que luchar por llevar a término la causa por la vía del martirio.

¿Ustedes qué opinan?
Soy partidario de que no debemos cambiar el giro. Hay que luchar aunque sea más difícil la beatificación por la vía del martirio. Estoy convencido que monseñor Romero fue asesinado por un tirano a causa de su fe creída y vivida. A mi no me cabe duda la causa del martirio ni el martirio mismo. Soy tajante: debemos seguir por la vía del martirio.

¿Qué implicaba hacer el cambio de la causa?
Pensar que él nunca había dado la vida por los pobres. Que llega a la santidad porque era un santo. Punto. Es decir, el Romero que nosotros conocimos era como echarlo a un sobre y mandarlo a la China. Lo opuesto a lo que estamos buscando. Por esta razón hemos concluido que, a pesar de que nos cueste, vamos a continuar la causa por la vía del martirio.

¿Por qué Roma sugiere este cambio?
Quizá por el afán de querer ayudarnos. Agradecemos, pero queremos que sea beatificado por su martirio, no por su piedad. Esto es claro, no hay discusión. El martirio de monseñor Romero no se puede negociar por una beatificación fácil. Queremos que sea por la vía del martirio porque él es un verdadero mártir en la iglesia.

¿Cuánto tiempo más?
Creemos que esto llevará otros cinco años, seguramente. Pero si esperamos cinco años para que la ortodoxia saliera a flote, pues, otros cinco años para que salga a flote la ortopraxis vale la pena. Soy positivo: vale la pena esperar y luchar.

¿Cuál es su lectura de esta nueva indagación en la vida de Romero? Primero le investigaron “lo más difícil”, resuelven a favor y ahora salen a investigar otra cosa.
La lectura es un poco espulgar bien, escrutar muy bien. Pero en el fondo también puede ser que haya una intención de carácter político.

¿En qué sentido?
En el sentido de que también en la iglesia hay opciones de esta naturaleza. El hecho de la oportunidad –como decía ayer-, plantear si es oportuno o si no es oportuno (beatificarlo) es una posición política. Esto puede ser, puede dar la sensación de que es una posición política que bloquea o que no quiere que se le beatifique. A nuestro juicio, la ortopraxis de Romero es clara. Es decir, la vida pastoral de Romero no obedece a valores altruistas, filantrópicos, humanitarios. La vida pastoral de Romero no obedece a principios ideológicos de ningún partido, de ninguna ideología. La vida pastoral de Romero obedece al evangelio, a la fe con Jesucristo, al magisterio de la iglesia. Esta claro. ¿Dónde van a analizar la vida pastoral de Romero? En las mismas homilías, en las cartas pastorales de monseñor Romero, en el diario. La doctrina está en las homilías, en la primera parte; la praxis pastoral, está en el diario, las cartas pastorales y está en las homilías (la segunda parte) donde se llegaba a la vida en las comunidades.

Lo cuestionado
Eso desde luego que contiene denuncias, felicitaciones, llamadas de atención, llamadas a la conversión. Una vida pastoral vista, vivida, desde el evangelio, desde la fe en Jesucristo. Él era un pastor de la iglesia, no era un político, no era un revolucionario. Era pastor, desde luego, con un estilo diferente al que estábamos acostumbrados.

¿El criterio de la oportunidad también se evalúa para no dividir a la iglesia?
Cuando se habla de oportunidad de beatificar o no, la pregunta es si es oportuno beatificarlo o no. ¿Por qué? Porque puede ser que sea ocasión de división en la iglesia de El Salvador, puede ser que sea ocasión de que la iglesia encuentre mayor oposición ante el Estado o puede ser que fortalezcamos una línea en la iglesia.

¿Cuál línea?
En este caso, estaríamos fortaleciendo a la teología de la liberación. Esto es obvio que es una posición… no es una posición cristiana. Porque un hombre de fe, toma la carta, la mira y dice: ¿qué es lo que Dios nos está diciendo con esta situación? Es distinto el discurso. Tiene que ir, en primer lugar, a mostrarle al mundo que aún en circunstancias tan adversas se puede ser cristiano. Mostrarle al mundo que aún en medio de las circunstancias sociales, políticas más difíciles, el evangelio se anuncia, se predica y se vive. Es obvio, a Monseñor Romero no se le puede ver más que desde el evangelio y la fe. Si lo ves desde el punto de vista ideológico político lo ubicas en la oposición. Es tu enemigo. Y entonces, le vas a odiar o lo vas a amar. Va a simpatizar o lo vas a rechazar.

¿En la iglesia salvadoreña existe el debate entre los conservadores y quienes quieren un Romero santo ya?
Creo que no es ese el conflicto. Hablemos con las cartas sobre la mesa. Las comunidades católicas, pobres, cristianas, quieren a Romero santo ya. También la jerarquía de la iglesia salvadoreña quiere a Romero beatificado también. Sólo que unos, por formación, saben que tienen que esperar; y otros, por su amor, se desesperan porque no lo nombran. Hay un proceso que hay que esperar. No es que monseñor Saenz no quiera, que monseñor Rosa no quiera, monseñor Urioste, yo, monseñor Antall, monseñor Delgado. Sí lo queremos santo, beatificado y canonizado. Pero sabemos que hay un procedimiento que cumplir. Y se va a dar, con toda seguridad.

¿Hubo un cambió en la arquidiócesis de San Salvador tras la muerte de Romero?
Si monseñor Romero es un mártir, monseñor Rivera y Damas fue un confesor. Vivió la misma persecución, los mismos atropellos, los mismos insultos… no le mataron, pero le mataron a los jesuitas. Es un confesor de la fe (dio su vida por la fe sin derramar su sangre). Después, viene monseñor Sáenz que ha vivido su propia historia, su propia donación a la iglesia… el trabajo uno lo ve. En los pueblos, la gente lo quiere y lo recibe. Ahora, tiene su propia manera de ser, su propia formación, su propio modo de ver las cosas. Pero es un buen pastor, creo yo.

Hay quienes plantean que la designación de Sáenz fue un mensaje de Roma para retornar al conservadurismo, “no queremos más Romeros”.
Habría sido muy cretino el criterio de nombrar un obispo por estas razones.  Sería un nombramiento extremadamente político. Sáenz no dijo: aquí estoy, pónganme a mí. Alguien que tiene cuatro dedos de frente difícilmente va a escoger la arquidiócesis para ser el arzobispo. El no se ofreció, a él le nombraron.

Entiendo que el arzobispo se escoge a través de una terna que se envía a El Vaticano. ¿Quiénes eran la competencia de Sáenz Lacalle?
Imagino que habrá estado el presidente de la Conferencia Episcopal, en aquel momento, que era monseñor Marcos René Revelo, que en paz descanse. Habrá estado también monseñor Gregorio Rosa Chávez… que habrán sido una terna lógica.

Sáenz, para muchos representa a la iglesia conservadora.
Sáenz ama a los pobres, le he visto servir a los pobres en medio de las circunstancias trágicas del país. Le he visto servir a los pobres. Otra cosa es que no tiene el temperamento de Romero o que tampoco tiene la fuerza para denunciar las cosas como Rivera y Damas. Lo hace a su manera y ha tenido dificultades cuando lo ha hecho a su manera.

Bajo este contexto,  Roma estaría deliberando en cómo afectaría la decisión de beatificar y canonizar a Romero en la actualidad.
Sigo pensando que puede ser un poco que Roma piense que no sea oportuno todavía beatificarlo. Es mi modo de ver las cosas. En segundo lugar creo que si la iglesia estuviera convencida de que Romero no fue un mártir porque sus intenciones no fueron realmente evangélicas, sino políticas, ya hubiera dicho “no se puede”.

Le preguntaron a usted, ayer, si consideraba que desde El Salvador, y desde algunos sectores de la derecha política, habría presión para que no se haga.
No creo. Podría ser, pero también la iglesia tiene la luz del espíritu santo. Tiene la potestad para tomar sus propias decisiones.

Hubo un momento en que las relaciones entre Romero y El Vaticano fueron tensas. ¿Esto podría afectar en la decisión que allá se está tomando?
Cuando tú te sales del huacal en casa, normalmente la madre te llama y te dice: Rafael, te estás portando mal, Rafael por qué estás obrando de esta manera. Me han contado que has hecho esto, lo otro… ojalá tengas más cuidado, no te juntes con estos… eso hacía mi madre. La primera vez que lo vio el Papa, lo que dijo fue: tenga cuidado que lo que está haciendo sea por razones cristianas, sea por el evangelio, que no lo vayan a estar manipulando. Romero señalaba que Roma estaba mal informada, “están un poco serios conmigo”. Y así pasó con Juan Pablo II también. Y el siguió, porque decía que el evangelio no puede negociarse con nadie, y daré cuenta de este pueblo. Permaneció firme en su opción.

Hay quienes señalan que Romero fue la máxima representación de la nueva concepción de la iglesia latinoamericana, que promovió la opción preferencial por los pobres,  desde  1968, en Medellín.
Cuando uno habla de la opción por los pobres… Jesús hizo una opción por los pobres. Los pobres estuvieron más abiertos al corazón de Jesús, una opción por ellos… que no es excluyente. La iglesia siempre ha tenido opción por los pobres. Tienes a San Juan de Dios, Francisco de Asis, Ignacio de Loyola… a lo largo de la historia de la iglesia encontrarás una enorme cantidad de santos dedicados al servicio de los pobres (San Carlos Borromeo)…

También criticados por el ala conservadora de la iglesia.
A su vez también fueron criticados en su momento, en distinta manera, seguramente. Hay una opción preferencial por los pobres, cuando se da una asistencia humanitaria extraordinaria. Peor también hay una opción preferencial por los pobres cuando la iglesia decide servir a los pobres no sólo dándoles de comer sino enseñándoles a ganarse el pan…

Clamando por su justicia.
Defendiéndolos, clamando por su justicia, invitando a la conversión a los poderosos –usemos ese lenguaje-, o  los que tienen la posibilidad de aliviar la pobreza. Desde luego, hay circunstancias en las que la iglesia se ve en medio de realidades sociales, económicas, políticas que no puede obviar y monseñor Romero cayó en el contexto de una lucha hemisférica, de un conflicto entre el liberalismo económico y el comunismo, una lucha que se concreta también en medio de una conflagración de fuerzas. Ya no sólo política si no a la vez militar. Y a él le tocó andar recogiendo muertos. Como he dicho muchas veces, la injusticia no se la inventó Romero, tampoco el hambre, la miseria, la muerte… ahí estaban. Fue él el que iluminó esta realidad.

¿Romero es el mayor representante de esta iglesia?
Sí. Romero es el exponente más grande de la opción preferencial por los pobres. Poco a poco fue comprendiendo en su servicio sacerdotal las distintas maneras de optar por los pobres, de servirlos. Y llegó un momento en que se dio cuenta que no bastó poner el agua, una cooperativa para que compraran juntos, en dar un hospital; que no bastó dar ropa a los pobres, sino que además requirió de defender sus derechos, su vida.

¿Canonizar a la máxima representación de la opción por los pobres es un conflicto para Roma?
Para la iglesia en general. Recuerda que la iglesia siempre canonizó, en general, a gente asesinada por los países comunistas, por gente de otras religiones; pero nunca que haya muerto en un país altamente católico y; sobre todo, asesinado por católicos.

Le repregunto: ¿La duda de beatificar o no a Romero responde a que la iglesia está dividida entre la iglesia conservadora de Roma y la iglesia que representaba Romero, aquella que abandera la opción preferencial por los pobres?
Sí. Es indudable, lo sabemos. En la iglesia, incluso entre nosotros, en la iglesia salvadoreña, hay gente más conservadora y gente más progresista. Puede ser que un poco, un poco, sea el fruto de la división en este sentido que puede haber en la iglesia. Distintas maneras de concebir la iglesia, distintas maneras de obrar en la iglesia y se piensa si esta beatificación puede vivir más o polarizar más la vida de la iglesia. Pero cuando Roma hable, creo que las aguas volverán a su nivel.

La tardanza, lo que más provoca, son especulaciones. En marzo sancionaron a Jon Sobrino por sus textos. Hay quienes señalan que en esto hay alguna relación con la visita de Roma a Brasil, por la quinta conferencia episcopal. Un mensaje para la iglesia de América que impulsa la opción por los pobres.
Creo que estamos buscando demasiadas coincidencias. Pienso que la iglesia la lleva el espíritu santo. La iglesia de América conoce sus desafíos y retos. No puede estar midiendo consecuencias. La única que tiene que medir es su fidelidad a Jesucristo y al evangelio. Lo demás es pecar contra el espíritu. Si la iglesia ha calculado, ha medido qué es lo que quiere, será su pecado.

¿“San Romero de América” fortalece a la iglesia latinoamericana que opta por los pobres?
Por supuesto. Una beatificación fortalece de alguna manera, o en gran medida, la opción preferencial por los pobres.

¿Cuál es la fuerza que tiene actualmente la iglesia latinoamericana que promueve la opción por los pobres? ¿Es la misma que tenía en los sesentas, setentas, ochentas?
Creo que sí. Creo que la opción por los pobres es evidente en el continente. Tiene sus bemoles, pinceladas, distintos colores. Puede ser que haya un arcoiris en la manera de vivir la opción preferencial por los pobres. Uno mira que es mucho más audaz, valiente, comprometida, más directa, la conferencia episcopal de Guatemala que la nuestra. Su arrojo es más fuerte. Lo importante, como decía ayer Miguel Cavada, lo importante es ya no tanto hablar de Romeo sino hablar como Romero. Eso me impactó. Yo agregaría: hablar y vivir como Romero.

¿Cómo vivió Romero?
Nosotros conocimos a Romero como arzobispo, pero no es que él empezó a ser así el día que llegó al arzobispado. Él tenía raíces, y sus raíces estaban hundidas en Dios. Tenía una vida de oración profunda, tenía una vida espiritual grande, tenía momentos de sacrificio para luchar contra sus debilidades. Se nutrió de la adoración al santísimo sacramento, del rosario, de sus rezos diarios. Eso contribuyó a preparar el corazón de monseñor Romero para que en el momento que el Señor le pidió servir a los pobres de esa manera… ¿y porqué no todos los sacerdotes no podemos ser como Romero? Porque sabemos que se requiere un perfil sacerdotal específico para llegar al punto en el que Dios te agarre y te diga: abra la boca y diga lo que yo le voy a decir, y no le tenga miedo al miedo. Romero fue el arzobispo Romero, fue monseñor, porque se nutrió de Dios.

RECUADRO
El primer postulador

Monseñor Rafael Urrutia tenía 37 años (1990) cuando le fue encomendado, a petición de monseñor Rivera y Damas, iniciar las investigaciones para el proceso de beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero.
Ese año se convirtió en el postulador de la causa “gracias al sueño que tenía monseñor Rivera y Damas”, comenta. En 1994, en el país, concluyó el proceso preliminar de investigación de la vida de monseñor Romero.
En 1996 inició el proceso diocesano y Urrutia, al darse cuenta de que no tenía los contactos en Roma para agilizar el proceso, pidió la ayuda de monseñor Jesús Delgado, actual vicario de la arquidiócesis de San Salvador. Juntos acordaron pedirle a un italiano, Vicenzo Paglia, que se encargara oficialmente del proceso en Roma. Ellos quedaron como seguidores del mismo, con el cargo de vicepostuladores, desde El Salvador.

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