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A 27 años de su muerte, el proceso de beatificación de Romero aún estudia sus homilías

En noviembre de 2006 El Vaticano notificó a la diócesis de San Salvador que la causa de beatificación de monseñor Óscar Arnulfo Romero tomó un nuevo rumbo; y que ahora, al mártir, se le realiza un nuevo estudio para comprobar si su práctica pastoral no estaba influenciada por intereses ajenos al magisterio de la iglesia. Para algunos, junto al nuevo análisis de la vida y obra del mártir, El Vaticano también estaría estudiando si un Romero santo podría dividir más a la iglesia y a la sociedad salvadoreña.

Daniel Valencia
cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de marzo - El Faro
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El sábado 24, una joven vendía estampas, pañoletas y afiches con la figura de monseñor Óscar Arnulfo Romero en la entrada de la cripta de la catedral metropolitana, en el centro de San Salvador. Su puesto estaba ubicado a escasos metros de donde yacen los restos del arzobispo, asesinado 27 años atrás.

Minutos antes de que la joven, y las 300 personas –aproximadamente- que estaban en la nave de la cripta, aplaudieran al ver en una pantalla aparecer la imagen de Romero entrando a la catedral, monseñor Jesús Delgado clamó a los feligreses para que no confundieran el verdadero rostro del mártir.

Cronología

24 de marzo (1980)
Es asesinado el arzobispo mientras oficiaba misa en la capilla del hospital Divina Providencia.

24 de marzo (1990)
La diócesis de San Salvador pide permiso a El Vaticano para iniciar el procedimiento de canonización.

Mayo de 1993
La Comisión de la Verdad presenta su informe “De la locura a la Esperanza”, en el que responsabiliza a Roberto D’Aubuisson de la autoría intelectual del asesinato.

24 de marzo (1995)
Concluye el proceso diocesano y se envía todo el expediente a la Congregación para la Causa de los Santos, en El Vaticano.

1998
La imagen de monseñor Romero es colocada al centro sobre la entrada occidental de la abadía de Westminster, en Londres, Inglaterra. Le acompañan otros seis cristianos ejemplares del siglo XX.

2000
La Doctrina de la Fe, a cargo del cardenal Joseph Ratzinger (hoy Benedicto XVI) comienza el estudio de las homilías y escritos de monseñor Romero.

3 septiembre 2004
El ex capitán de la Fuerza Aérea Álvaro Saravia es declarado culpable del crimen (en ausencia) por un juez de California.

Marzo de 2005
La arquidiócesis de San Salvador es informada de que la causa de Romero pasó el análisis de la ortodoxia en  su doctrina.

Noviembre de 2006
El Vaticano notifica que a la causa de beatificación de Romero ahora se le está realizando un análisis a su “ortopraxis”.

Otros procesos
La arquidiócesis de San Salvador tiene abiertos otros tres procesos de canonización en El Vaticano junto al de monseñor Romero (1917-1980).

Los otros tres postulados son: madre Clara María de Jesús Quirós (1857-1928), fundadora de las Hermanas Carmelitas de San José;  el sacerdote italiano Cosme Spessotto (1923-1980), asesinado en junio de 1980; y monseñor Luis Chávez y González (1901-1987), arzobispo de San Salvador por 38 años y quien cedió su puesto a Romero en 1977 (murió de causas naturales un 27 de marzo de 1987).

Enlaces
El sitio oficial de la oficina de canonización de monseñor Romero, da cuenta de la vida y obra del sacerdote asesinado en 1980,  del proceso de canonización y de la vida y obra de otros mártires asesinados en El Salvador.

“Que su auténtica figura y su auténtico mensaje prevalezca sobre nuestras apreciaciones”, dijo a los cientos de feligreses que participaron de la misa oficial en conmemoración de su muerte, realizada en el templo mayor, ubicado arriba de la cripta.

“Examinemos su doctrina desde las fuerzas que lo inspiraron. Porque Romero fue un gran maestro, hombre de iglesia, no un hombre comprometido con un movimiento político”, agregó.

Ese mismo día, por la tarde, el ex embajador de Estados Unidos Robert White, declaró a El Faro estar convencido de que el asesinato de Romero fue orquestado por el líder y fundador del partido ARENA, Roberto D´Aubuisson. White había declarado lo mismo desde el viernes 23 en algunos informativos televisivos y radiales. Las reacciones a sus declaraciones por parte de los líderes del partido en el poder no se hicieron esperar. César Funes, director de organización del partido, calificó a White como un embajador de los ideales comunistas.

27 años después, la herida que causó el asesinato del sacerdote a manos de un francotirador –contratado por Álvaro Saravia, el lugarteniente de D’Aubuisson, según las investigaciones-, y la división entre los movimientos de izquierda y de derecha a raíz de ese hecho, se mantienen abiertas. Como se mantiene abierto el proceso de beatificación del hombre al que muchos en El Salvador y América Latina llaman ya, con o sin aprobación oficial de Roma, San Romero de América.

La inoportunidad política

Monseñor Delgado y monseñor Rafael Urrutia son los dos encargados en El Salvador del proceso de beatificación de Óscar Romero. Ambos, cuando comienzan a hablar de “el proceso”, inician explicando que hay que entender que una causa de este tipo, generalmente, es larga. Y que la oficina de los santos lo que hace es revisar hasta el más ínfimo detalle para hacer constar que un aspirante a santo se basó –en su vida pastoral – en el magisterio de la iglesia. Es decir, no fue movido por intereses políticos ni personales, sino los del evangelio.

Para el 2005, Romero ya había pasado una de las trabas más difíciles: el análisis de la ortodoxia. Según cuenta Delgado, el mismo Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), antes de llegar a ser Papa “declaró que la doctrina de monseñor Romero es ortodoxa y que la acusación que se le hacía, que era de la teología de la liberación, no tenía nada de eso”.

Pese a esto, en noviembre del año pasado, comenta Urrutia, El Vaticano notificó que ahora, a Romero, se le volverían a estudiar sus homilías, sus escritos, sus cartas pastorales, su diario, etcétera, para determinar que su praxis estaba de acuerdo con su ortodoxia.

¿Por qué este nuevo obstáculo? “La lectura es un poco espulgar bien, escrutar muy bien. Pero en el fondo también puede ser que haya una intención de carácter político”, señala Urrutia.

Esa otra intención se discute, en El Vaticano, paralelo al proceso normal de beatificación. Urrutia y Delgado le llaman a ese otro estudio “argumento de oportunidad o inoportunidad”. Es decir, analizar si el contexto actual es viable para canonizar a un fiel, servidor de la iglesia, o no. Es oportuno si no divide a la iglesia. Es inoportuno si lo hace.

“Creo que El Vaticano ya lo tiene en consideración. Todavía no es oportuno beatificar o canonizar a monseñor Romero en estos tiempos”, señala Delgado.

¿Por qué es inoportuno? “Si se beatifica a monseñor Romero, algunos van a decir: ven, es nuestra bandera, teníamos razón. Otros van a decir, no, no somos más católicos, no creemos en esos santos; se pasarían a fila protestantes y habría una división peor de la que hay ahora”, responde Delgado.

En el aspecto social y político, para ambos sacerdotes, el país aún no está preparado para ese acontecimiento.

“La división existe en cuanto que el sector de ARENA no acepta a monseñor Romero en general. En cambio, los de la izquierda, dicen que es su líder, que él animó el movimiento, etcétera”, se lamenta.

Romero ejerció como arzobispo de San Salvador en los años previos al estallido armado del país que duró 12 años (1977-1980). Durante esos tres años, denunció las violaciones a los derechos humanos cometidas por ambos bandos, instó a una reconciliación y pidió el “cese a la represión” del Estado y el cese de la aspiración al poder por la vía de las armas.

En sus últimos meses, de hecho, esas críticas -que eran difundidas en la segunda parte de sus homilías y trasmitidas por radio- tomaron mayor fuerza.

En la última homilía, pronunciada el domingo 23 de marzo, Romero dijo lo siguiente: “Quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos: son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice no matar. Ningún soldado está obligado a desobedecer la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado (…) En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día, más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión”.

Romero fue fuertemente acusado por la derecha, en tiempos de conflicto, por “apadrinar” el movimiento insurgente, que tomaba, para esos años, una fuerza creciente, sobre todo en las organizaciones de masas. Romero, un año antes de su muerte, se dirigió a aquellos que lo acusaban en la homilía del 16 de abril de 1979.

 “Que esto quede muy claro, porque la iglesia no puede identificarse con ningún partido político ni con ninguna organización de carácter político, social, cooperativo. La iglesia no tiene sistemas, la iglesia no tiene métodos, la iglesia sólo tiene inspiración cristiana. Una obligación de caridad que la urge a acompañar a quienes sufren las injusticias y a ayudar también a las reivindicaciones justas del pueblo”, dijo.

Para Richard Antall, sacerdote estadounidense que vino al país en 1986, el problema de la inoportunidad lo han creado los mismos sectores de izquierda del país. “El problema de inoportunidad es el problema de que si utilizan  a Romero como una figura política El Vaticano parará todo hasta que se apague eso”, señala.

“Utilizarlo como una figura política para un partido hace daño a la causa y polariza a otra gente”, agrega.

La imagen de Romero ha sido utilizada en diferentes actos de organizaciones sociales vinculadas a movimientos o sindicatos de izquierda. Por ejemplo, con motivo del XXVII aniversario, el pasado viernes 23, miembros de las organizaciones de sindicatos de trabajadores del Seguro Social junto a otras organizaciones de izquierda hicieron vigilia en el monumento a El Salvador del Mundo, atrás del monumento a Romero.

“Él era un pastor de la iglesia, no era un político, no era un revolucionario”, sostiene Urrutia, quien recalca que su vida pastoral está clara. Otro escollo en el proceso de beatificación de Romero es que esa claridad en su vida pastoral también puede dividir a una iglesia conservadora y a una iglesia progresista en América latina.

La inoportunidad religiosa

Miguel Cavada es un teólogo, catedrático de la universidad Centroamericana (UCA). Desde hace tres años coordina un equipo que está elaborando una segunda reedición del libro que contiene todas las homilías de monseñor Romero. Él plantea, que el argumento de inoportunidad de la iglesia católica también podría estar enfocado en cómo Romero le es viable, según el contexto, a la iglesia latinoamericana y la iglesia universal (dirigida desde El Vaticano).

¿Cómo? “Monseñor Romero vino a representar, en la práctica, el vivo ejemplo de los postulados adquiridos por la iglesia latinoamericana en la conferencia episcopal de Medellín (1968). Hizo suya la opción preferencial por los pobres y la llevó más allá de lo que decían los textos”, señala.

Urrutia plantea que la iglesia podría dividirse, encuentre mayor oposición ante el estado “o puede ser que fortalezcamos una línea en la iglesia”. Y esa línea, según Urrutia, es la teología de la liberación.

“Es indudable, lo sabemos. En la iglesia, incluso entre nosotros, en la iglesia salvadoreña, hay gente más conservadora y gente más progresista. Puede ser que un poco, un poco, sea el fruto de la división en este sentido que puede haber en la iglesia”, señala.

Monseñor Delgado no cree que Romero fortalezca ni a la teología de la liberación ni a la opción preferencial por los pobres, porque asegura que El Vaticano ya adoptó, “ya hizo ortodoxia” ese postulado en el Concilio Vaticano II y en las conferencias episcopales de Puebla y Dominicana.

Sobre la teología de la liberación, sostiene, fue totalmente borrada de cualquier interpretación mal hecha sobre Romero, luego de que Ratzinger declara que su doctrina se basaba en la ortodoxia, en el magisterio de la Iglesia.

“La acusación de que Romero llevó a la práctica la teología de la liberación flotaba en El Vaticano”, dice Delgado, quien formó parte del equipo postulador a petición de monseñor Urrutia, dado que tenía mejores contactos en Roma.

Delgado, Antall, y Urrutia aceptan que existe una iglesia más conservadora y una iglesia más progresista. Para el caso salvadoreño, este escenario pudo evidenciarse con la designación de Fernando Sáenz Lacalle, un sacerdote del Opus Dei,  al frente de la arquidiócesis de San Salvador, tras la muerte de monseñor Rivera y Damas, sucesor de Romero.

Al respecto, Delgado señala que “la iglesia va con los tiempos” y que luego de la reunión de Santo Domingo se determinó el  rumbo que quería la iglesia universal, para la iglesia latinoamericana. “Fue más conservador”, dice.

Sobre Sáenz Lacalle, señala: “Al poner un obispo como ese aquí, es la iglesia a nivel universal que piensa que es mejor ir por ese rumbo: poner gente como monseñor Sáenz, un hombre espiritual, dado a las obras sociales. No es que se quiso cambiar un ala por otra”.

Si Romero es la máxima representación de la opción preferencial por los pobres, Urrutia acepta que canonizarlo mete en problemas a toda la iglesia. “Hay distintas maneras de concebir la Iglesia, distintas maneras de obrar en la Iglesia y se piensa si esta beatificación puede dividir más o polarizar más la vida de la Iglesia. Pero cuando Roma hable, creo que las aguas volverán a su nivel”.

Monseñor Saénz Lacalle prefiere no hablar de especulaciones. “No hay que hacer apreciaciones de cosas que no han venido. Hay que hacer un llamamiento para que se tenga respeto por monseñor Romero y no se le inmiscuya en asuntos de tipo político”.

Sobre “las especulaciones” de inoportunidad, señala que no se puede dejar de lado que los procesos de canonización pueden durar hasta siglos. “Es lo usual en la Iglesia. Si por ahí hay algunas dificultades, a lo mejor se prolonga más”, comenta.

Lacalle, quien compartió con Romero en la mañana del 24 de marzo de 1981, antes de su muerte, luego de saltarse la barda de un rancho en la playa San Diego y reunirse con un grupo de sacerdotes para discutir sobre “los seminarios propedéuticos”, sostiene que divisiones entre una iglesia conservadora y una iglesia que abandera la opción preferencial por los pobres ya no existe.

“La Iglesia tiene que conservar todo lo que tiene que conservar: la fe y las costumbres. Por lo tanto eso no se puede tocar. Con respecto a los modos accidentales de llevar la pastoral, cada cual tiene el suyo”, señala.

Urrutia, al final, pide paciencia y señala que cualquier traba irá desvaneciéndose con el tiempo. Él argumenta que pese a que existen divisiones en la forma de ver la iglesia, esto no significa que no se quiera un Romero santo. “Sí lo queremos santo, beatificado y canonizado. Pero sabemos que hay un procedimiento que cumplir. Y se va a dar, con toda seguridad”, dice.

“Si la iglesia estuviera convencida de que Romero no fue un mártir porque sus intenciones no fueron realmente evangélicas, sino políticas, ya hubiera dicho “no se puede”, concluye.

Lea también:
  Entrevista con Rafael Urrutia, vicepostulante de la causa de beatificación de Monseñor Óscar Romero
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