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NOTICIAS El Salvador hace sus pininos en la industria aeronáuticaFabricación y exportación de aviones livianos, un técnico en mantenimiento aeronáutico en una universidad privada y el funcionamiento de una estación que da este servicio en el aeropuerto de Comalapa. No será Airbus ni Boeing, pero la industria aeronáutica salvadoreña ya da sus primeros pasitos. Edith Portillo / Fotos: Gracia Rodríguez y Edu Ponces
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Los ejercicios de sumadores y restadores no son precisamente los que más le atraen, pero servirán de insumo para que Israel Bonilla, un joven de 19 años que junto a dos compañeros se quiebra la cabeza por terminar la práctica de clase, pueda aprender su oficio. Los tiempos de jugar con avioncitos de papel quedaron muy atrás y, si todo sale bien, terminará sus estudios el próximo año y logrará cumplir su deseo de trabajar en el campo que, al salir del bachillerato técnico, escogió por ser “novedoso y con buenas oportunidades de empleo”: mantenimiento aeronáutico.
Hasta ahora, él y sus compañeros han desarrollado sus prácticas en esta área en los hangares de la empresa Aeroman, la estación de mantenimiento de aviones que una compañía canadiense compró a la aerolínea TACA el año pasado; y en los laboratorios de la Universidad Don Bosco (UDB), el único centro de estudios en el país que ofrece esta especialidad de formación.
Fue justamente a iniciativa de esta universidad y con el apoyo de Aeroman que, en el año 2005, se abrió en la UDB el técnico en mantenimiento aeronáutico. Se trata de un programa de dos años y medio en el que los estudiantes, hasta hoy un 95% de hombres y 5% de mujeres según las autoridades universitarias, se capacitan para poder trabajar en “talleres de mantenimiento aeronáutico y servicios de línea, empresas de transporte aéreo, autoridades de aviación civil, empresas de capacitación aeronáutica y empresas fabricantes de componentes aeronáuticos”.
“Queríamos abrir una carrera técnica, más innovadora, entrar a nuevos campos que nos lleven a especialidades que sean verdaderos frentes tecnológicos aquí en el país. Y esta es una de estas carreras. Pero nosotros solos no podíamos desarrollarla, sino que debíamos tener como aliados a quien maneja la tecnología y a quien da empleos”, dice Federico Huguet, rector de la UDB.
La demanda para entrar al técnico, indica Huguet, es muy grande, por lo que el número de jóvenes que logra ser admitido es mucho menor. Para empezar, dice el rector, la Autoridad de Aviación Civil (AAC) exige que haya un máximo de 28 alumnos por grupo, y solo 14 en laboratorio. Actualmente hay 124 estudiantes formándose en esta especialidad, teniendo la graduación del primer grupo en octubre de este año y con proyecciones de haber graduado 175 técnicos para el año 2009.
¿Producimos o mantenemos?
La empresa Pulsar Group fue el mes pasado protagonista de una noticia que parecía casi impensable para un país donde el desarrollo tecnológico, y menos en la industria aeronáutica, no ha sido precisamente su fuerte. “Presidenta de la república en funciones presenció primera venta de kit de avión SP 100 fabricado en El Salvador”, decía el comunicado de prensa de la vicepresidencia de la República.
Era la primera vez que una empresa internacional, empleando a trabajadores salvadoreños, vendía en el extranjero un kit de avión, es decir, la “armazón” de una aeronave faqbricada en syuelo salvadoreño. Los aviones, cuyo motor y mecanismo de funcionamiento son completados por el comprador, son por lo general de uso privado y de tamaño y peso liviano, con capacidad para dos a seis pasajeros y de hasta unas 12 horas de vuelo.
Para este año, si logran ampliar sus instalaciones, proyectan exportar unos 50 aviones, que van a países de Europa y Estados Unidos. Actualmente, en los talleres de Pulsar se afinan dos encargados por compradores en Inglaterra e Israel.
Pero para esta empresa, que no se dedica al mantenimiento aeronáutico, sino al diseño y fabricación de fuselajes de avión, la formación que existe en El Salvador aún no alcanza niveles requeridos para impulsar esta industria. “Una formación como la que se da en el técnico de la Universidad Don Bosco definitivamente da una base, pero no llega cerca de lo que se necesita para una producción de compuestos (…) La producción sufre cuando hay que estar entrenando gente, pero es necesario”, dice Eduardo Guirola, gerente de proyectos de Pulsar.
Guirola explica que esta empresa forma personalmente a sus empleados, unos 15 o menos dependiendo del espacio en sus galeras ubicadas en el Club Aéreo Ilopango. Entre los empleados de Pulsar, propiedad de un empresario israelí, se ven desde pintores hasta mecánicos, todos entrenados para construir los aviones livianos en las mismas instalaciones donde hoy trabajan.
Aunque hasta la fecha el negocio de Pulsar han sido los “kits”, Guirola asegura que la empresa quiere dejar este mercado e incursionar en el de la venta de aviones completos. De hecho, dos de los que preparan actualmente pretenden exportarlos así, habiendo importado primero todo el mecanismo de funcionamiento para luego ensamblarlo en territorio salvadoreño. “Es que eso es muchísimo más especializado, no hay mano de obra calificada para poder hacer eso aquí”, explica Guirola.
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¿Una industria incipiente o solo participación creciente?
Para Bernardo López, un ingeniero salvadoreño que trabaja en los laboratorios de la NASA, si bien no deben desvirtuarse los esfuerzos que se están haciendo en este campo en El Salvador, es difícil hablar de una industria aeronáutica incipiente como tal. López fue una de las primeras personas consultadas por Huguet cuando desde la UDB se empezaron a plantear la idea de abrir el técnico en mantenimiento aeronáutico.
Aun con los crecientes pasos en esta área y la visión de empresarios por iniciar producción desde el país, hablar de una industria aeronáutica completa resulta demasiado complicado en un país con una situación económica como la de El Salvador.
“El sueño de montar una industria aeronáutica que abarque todo su espectro técnico sería una proposición impráctica para un país como El Salvador, porque requiere de toda una estructura e infraestructura de apoyo sumamente compleja y de grandes montos económicos muy por arriba de la escala económica de nuestro país. Un objetivo práctico, quizás, sería el dar pasos ciertos hacia el incremento en la participación del país en la industria aeronáutica”, razona López.
Pero incluso en estas condiciones, continúa, “creo que la visión hacia una participación mayor en la industria de la aviación, que abarca a la aeronáutica, el mantenimiento de aviones y otros quehaceres, apunta a ir más allá del puro mantenimiento de aeronaves”.
Ante la demanda de otras habilidades en esta área, el rector de la UDB asegura que es por ello que los planes de estudio están sujetos a una constante revisión, de modo que puedan ir respondiendo a las necesidades del mercado laboral en El Salvador.
Una mano de obra en disminución
Cuando Pulsar Group decidió instalarse en el país, cuenta Guirola, fue “porque cuando la empresa operaba en Estados Unidos, su dueño se dio cuenta de que la mayoría de la mano de obra, como el 70 o el 80% era de origen hispano, y dijo ‘si la gente se está viniendo para encontrar trabajo, mejor nos lo llevamos para El Salvador’”.
Bernardo López refuerza esta idea de la necesidad de encontrar mano de obra en tierras internacionales para las empresas extranjeras, al explicar que a nivel mundial, desde hace muchos años, se sufre un déficit en la mano de obra para el sector de mantenimiento de aeronaves, mientras la demanda de este servicio crece cada día por el aumento en el número de aviones comerciales.
En este sentido, sostiene, es probablemente el “cúmulo de mano de obra capacitada a nivel técnico, académico y empresarial para poder responder a una industria, que depende del compromiso y la atención al detalle para mantener sus aviones volando eficazmente y sin desperfectos”, lo que está atrayendo a la inversión extranjera a instalar operaciones en El Salvador.
La visión de Israel, el estudiante de la Don Bosco, no era equivocada. “Hay grandes oportunidades de empleo, y además bien pagado. De aquí se pueden ir directo a Aeroman o a cualquier parte que quieran, porque la licencia en mantenimiento que obtienen es internacional”, dice Edgardo Cruz Zeledón, director del Departamento de Aeronáutica de la universidad.
“Mi aspiración es luego salir a trabajar al exterior, porque como la aeronáutica es estándar, entonces hay bastantes posibilidades también de trabajar en otros países”, confirma José Roberto, uno de los compañeros de Israel que también lucha con el ejercicio sobre sumadores y restadores puesto en la práctica de clase.
Con pasos firmes o no hacia una verdadera industria aeronáutica salvadoreña, la sola incursión en la preparación y participación de mano de obra nacional en este campo sigue resultando, como aseguraba Israel, “innovadora”. Para terminar de hacer esa visión una realidad, subraya Bernardo López, “hay que entender la magnitud del compromiso que se requiere”.
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