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NOTICIASLa deuda de los Acuerdos: los lisiadosPerdieron piernas, brazos, estabilidad y la oportunidad de reinsertarse a la sociedad con las mismas oportunidades que el resto de excombatientes de la guerra civil salvadoreña. Ahora, aglutinados en varios frentes, ex soldados y ex guerrilleros son un verdadero -y curioso- ejemplo de reconciliación. Aún con divisiones, todos luchan por “una verdadera reinserción, salud integral y mejores prestaciones”. Piden apoyo político para sus demandas, pero aquellos beneficiados con su lucha, tras los discursos, parecieran haberlos olvidado. Daniel Valencia Cuentan algunos lisiados de guerra que cada vez que hay “luna tierna” sienten un dolor agudo, punzante, en la parte del hueso que lograron salvar cuando el resto les fue amputado. Otros, lo sienten en el lugar exacto en donde tienen aún alojada una esquirla o una bala. La misma molestia padecen, aseguran, cuando la temperatura baja o cuando entran a un cuarto con aire acondicionado. Esto pasa desde que quedaron discapacitados. Hace más de 15 años. A Pedro Ortega le amputaron la pierna izquierda en 1985, luego de un combate en la zona sur de Morazán. Una bala de M-16 le destrozó los nervios bajos de la rodilla y “una papaya de 90 milímetros” –un proyectil de cañón noventa- le terminó de destrozar la extremidad. Este corpulento hombre de tez blanca y brazos rollizos se rasca su carnosa pantorrilla derecha. La otra, la de la izquierda, es de fibra de vidrio color beige. “El olorcito a carne asada de uno mismo es tremendo”, comenta. Pedro es el presidente de Asociación Salvadoreña de Lisiados y Discapacitados de Guerra (ASALDIG). Fundada en 1993, un año después de finalizado el conflicto armado, tras la firma de los acuerdos de paz del 16 de enero de 1992, esta organización aglutinó al universo de lisiados de la ex guerrilla, luego convertida en partido político (FMLN). De las filas de esta organización saldrían los beneficiados con los acuerdos de paz. Según estipuló el Capítulo V del documento, en el numeral 9, “el Plan de Reconstrucción Nacional incorporará programas que beneficien tanto a los lisiados como a los familiares de las victimas entre la población civil”. “Dada la fuerte cantidad de recursos adicionales que se necesitarán para la implementación del mencionado plan, ambas partes hacen un llamado a la comunidad internacional para que brinden el mayor apoyo posible a las gestiones de recaudación. Para tal efecto, se creará un fondo de Reconstrucción Nacional, el cual será apoyado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)”, añade. En ese momento, según los dirigentes de las asociaciones de lisiados y la actual presidenta del Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a consecuencia del Conflicto Armado, Nora de Bell, sólo se entendió como beneficiarios a los ex combatientes de la guerrilla, en el supuesto de que los ex combatientes del ejército ya recibían su pensión. Pero los ex soldados lisiados también reclamaron por sus derechos y ASALDIG no fue la única organización que nació posterior a la paz.
Los abandonados Desde 1990, año en que comenzaron a ser desmovilizados los lisiados de guerra de la Fuerza Armada Salvadoreña (FAES), un grupo de ex combatientes inició un tortuoso camino para intentar hacer valer sus derechos. Demanda que a la fecha, dicen, no ha sido satisfecha. Mientras a los ex combatientes lisiados de la guerrilla se les otorgó tierras, indemnización y se les incluyó dentro de un fondo especial para lisiados -previo acuerdo tomado en el documento final de la paz-, a los ex soldados lisiados ni siquiera se les había incluido como beneficiarios del Fondo. “Fue una coyuntura extraña. Aún no entiendo por qué en un principio fue así, si de ambos bandos hubo personas que dieron si no su vida, una parte de sí mismos por defender sus ideales”, dice Nora de Bell. Los ex militares fueron incluidos en el programa de reinserción hasta 1993, luego de marchas en las calles y protestas. El primer paso ganado fue legalizar la Asociación de Lisiados de la Fuerza Armada de El Salvador (ALFAES). Eso fue el 30 de marzo de 1993. “Nosotros estuvimos pensionados como lisiados en una unidad del Estado mayor desde el 87 al 89. En el noventa nos quitaron la pensión. ¡A la mayoría de los lisiados le han dado la baja en 1990! Cuando llegó el 92 ya sólo le dieron la baja al Ejército que estaba de alta. De los lisiados ya se habían deshecho”, dice José Roberto Sánchez, un ex combatiente de la Fuerza Armada Salvadoreña. Efraín Fuentes es el vocero oficial de ALFAES. El 1 de agosto de 1987 se paró sobre una mina mientras combatía en el Cerro el Mango, en Tacachico, La Libertad. “Fui el primero que caí. Ese día quedaron 14 sin canillas en un solo ratito”, dice. Efraín también fue miembro del Batallón Atlacatl, aquel que en diciembre de 1981 aniquiló a la población del caserío El Mozote –Morazán- en el marco de la acción militar denominada “Operación Rescate”. “Sí, de eso me arrepiento. Ahí es donde uno empieza a pensar y decir ¿qué estamos haciendo? Fue una guerra en donde nos mintieron para que fuéramos a matar a nuestros hermanos y aquellos que nos mintieron ahora no nos apoyan. Si nos da una calentura, un dolor en el pecho, una gripe, no me atienden. La Fuerza Armada, el gobierno y el Estado Mayor nos han abandonado”, se queja. Consultado al respecto, el ministro de Defensa Otto Romero se limita a decir que “Es mentira. Los que dicen eso sólo son un pequeño grupito que quiere hacer bulla. Todos los lisiados están bien”. Los miembros de ALFAES no opinan lo mismo y por eso organizaron en julio y noviembre de 2006 dos marchas un tanto peculiares. Salieron a las calles en calzoncillos, pintados de rojo y exhibiendo al público sus lesiones de guerra. En la segunda marcha, simbolizaron ahorcamientos frente a la Asamblea Legislativa reclamando por la tardía aprobación de reformas a la ley de lisiados, que están en discusión desde 2005. El viernes 12, previo al acto de celebración de los 15 años de conmemoración de la paz, el presidente de la república Antonio Saca dijo: “Hemos hecho muchas inversiones en los lisiados y lo que está pendiente se va a retomar”. El 15 de enero, ALFAES y ALGES marcharon a la Asamblea Legislativa para pedir que se agilice el proceso de reformas. La conmemoración de la paz fue el martes 16; y, un día después, la comisión de justicia y derechos humanos de la Asamblea Legislativa viajó al hotel Entre Pinos de Chalatenango para discutir las reformas a la ley de lisiados. Al acto, sin embargo, los diputados del FMLN en la comisión llegaron tarde. Los de ARENA no aparecieron alegando que “el FMLN había montado una emboscada con las organizaciones de lisiados”, según dijo el diputado Noel Bonilla. Tampoco se presentaron los diputados del PCN, y del PDC sólo llegó el suplente Mauricio Rodríguez. Las reformas, que los partidos se habían comprometido en diciembre a finiquitar el pasado miércoles, deberán esperar. Fuentes, un hombre de hablar fluido y ameno, también tendrá que esperar para saber si la pensión que recibe por haber perdido una tercera parte de su pie izquierdo será aumentada. Él, al igual que otros lisiados, quisiera recibir más.
$95 por pie amputado Fuentes agrega que de todos los beneficiarios del fondo, el promedio por pensión es de 95 dólares. “¡¿Qué vamos a hacer con $95 para mantener a nuestras familias y pagar nuestros gastos médicos que no sean derivados de la lesión?!”, critica. Marlon Mendoza, es el representante de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES). Esta asociación, creada en 1997, desde febrero de 2005 posee una alianza estratégica con ALFAES para impulsar las reformas que se discuten en la Asamblea Legislativa. Más allá de una mejor pensión, Mendoza opina que el principal fallo del gobierno fue no impulsar al Fondo como lo mandaba el espíritu del plan de reinserción. “Si el Fondo hubiera tomado su papel desde el inicio, con planes de reinserción efectivos, a tantos años el tema de las pensiones sólo sería un punto secundario. Pero, como no es así, el lisiado ahora reclama por una pensión justa, dado que no existe tal reinserción de la cual pueda valerse”, se queja. Nora de Bell señala que “el Fondo partió de cero. No podría decir que el Fondo no ha hecho nada. Lo hecho es lo constatado en cada junta directiva, y serán los beneficiados los que juzgarán si se ha avanzado o no”, expone. Ahora, ella asegura que se trabaja con toda la disposición para solventar las quejas de los beneficiarios. En cuento al dinero, dice, habrá que esperar un poco más. “Hay reformas encaminadas a hacer expeditas sus peticiones, pero habrá cosas que no se podrán conceder porque requieren de recursos económicos que están en al análisis por el Ministerio de Hacienda”, añade. Según Bell, el Fondo dispone de 15 millones de dólares anuales para la atención de los lisiados, discapacitados y familiares de lisiados o de caídos en combate. “Son 15 millones de dólares para ellos. Es el presupuesto mayor al que tiene el programa red solidaria y al de muchas secretarías de estado. No es cualquier cantidad, es significativa”, apunta. Según estadísticas de la institución (ver recuadro), desde 1995 hasta diciembre de 2006, la institución ha atendido a 30 mil 938 beneficiarios. 15 mil 099 tiene algún grado de discapacidad, 9 mil 774 son pensionados y 5 mil 325 han recibido indemnización.
Reconciliados y peleados “¿Quién iba a creer que tras la firma de la paz se iban a dar ejemplos de reconciliación tan curiosos? Aquellos que se anduvieron disparando entre sí ahora se apoyan buscando el mismo objetivo”, comenta Nora de Bell, en alusión a las alianzas entre las diferentes organizaciones de lisiados. Esas alianzas, sin embargo, no son tan bondadosas. Detrás de ellas se oculta un pleito entre aquellos que antes fueron compañeros de armas. Por ejemplo, ASALDIG peleada con ALGES (que ahora dice ser la más grande asociación de lisiados de la ex guerrilla). ALFAES (que hasta 2003 era la única asociación que representaba a los ex soldados) está peleada con AOSTALGFAES (Asociación de Oficiales Superiores Subalternos, Tropa y Administrativo Lisiados de Guerra de la Fuerza Armada de El Salvador). De las diferencias, ASALDIG se ha unido a AOSTALGFAES y han presentado en conjunto sus propias reformas a la ley de lisiados. Lo mismo hicieron ALGES y ALFAES, junto a FUNDELIDDI y COMITEH, la organización que vela por los derechos de los padres de lisiados y sus huérfanos. Sus dirigentes, sin embargo, no hablan de pleitos, aún cuando se lanzan acusaciones mutuas y críticas que van desde calificativos como “vendidos al gobierno” hasta “títeres del FMLN”. “ALGES nació del FMLN para destruir a ASALDIG sólo porque no seguimos la línea del partido”, acusa “Nicolás”, seudónimo de guerra de Salvador Figueroa, ex guerrillero que perdió los dedos anular y medio de la mano izquierda en 1984, y que funge como vocero de ASALDIG. “Pero no estamos peleados”. “No se puede llamar pleito con ASALDIG”, responde Marlon Mendoza. Lo que pasa es que ellos ya no representan a nadie”, añade. “Nosotros no recibimos línea del FMLN porque los estatutos así lo ordenan ni tampoco somos la asociación de lisiados del guerra del partido”. De las asociaciones de lisiados, ALGES es la única que recibe apoyo económico del FMLN. “Cada diputado otorga el 1% de su salario para ayudar económicamente a los lisiados con programas sociales impulsados por ALGES”, comenta la diputada Irma Amaya, presidenta de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, comisión que discute las reformas del sector. EL FMLN tiene 32 diputados en la Asamblea, los cuales, con excepción de los que tienen un puesto en la Junta Directiva, ganan $4 mil 25 dólares. El uno por ciento son $40. En el caso de los lisiados de la Fuerza Armada, las acusaciones son similares. ALFAES asegura que AOSTALGFAES nació a iniciativa del Estado Mayor Conjunto para desestabilizar a la institución. “Porque no nos quieren, porque saben que siempre pelearemos por nuestros derechos”, dice Fuentes. Francisco Alvarado niega esto “rotundamente”. Él es un mayor retirado del ejército que perdió su pierna izquierda en 1987, al pararse con “el carcañal” sobre una mina, en un poblado de San Vicente. “Junto a otros 10 compañeros creamos la asociación porque ALFAES no representaba a todos los lisiados de la Fuerza Armada. Ellos dicen que los únicos afectados fueron los elementos de la tropa”, se queja. Por un puesto La principal razón de pleito entre las asociaciones es, quizá, ganar o no un puesto en la Junta Directiva del Fondo. Por ley, las dos asociaciones –una por los soldados y otra por ex guerrilleros- con mayor número de afiliados beneficiarios del fondo tienen un puesto con voz y voto en la junta directiva. Los dos restantes integran la junta, pero sin derecho a voto. El siete de diciembre pasado se eligió a la nueva junta. Ganaron ASALDIG y AOSTALGFAES. ALGES y ALFAES reclaman un fraude en las listas de beneficiarios que entregaron estas dos asociaciones. Fraude, que para Nora de Bell, no existe. Nicolás, sin embargo, reclama de las acusaciones hechas por las otras dos asociaciones recordándoles que ellos fueron los que en 2001, junto al gobierno, reformaron la ley para que la junta directiva se conformara de esa forma. “Y ahora se vienen a quejar”, dice. Ese año, la Organización de las Naciones Unidas terminaba su proceso de observación y tenía que emitir un informe en donde establecería si los acuerdos de paz estaban cumplidos o no. El gobierno, ALGES y ALFAES firmaron un compromiso de 15 puntos para dar por finiquitado el tema de los lisiados. “Pero no pasó así. Nos engañaron”, explican Efraín Fuentes y Marlon Mendoza. En la Asamblea Legislativa el FMLN dio sus votos para reformas que no habían consensuado con las partes afectadas. “Recuerde que había otros temas… sí, cometimos ese error”, admite Irma Maya.
Uno de esos errores fue no quitar del camino un articulado de la ley que ordena equiparar la pensión de los lisiados si este recibe otra pensión de alguna otra institución. “Si el lisiado recibe una pensión del Instituto Salvadoreño del Seguro Social por $60; y la pensión que recibe por la lesión de guerra en el FONDO es de $90, el Fondo sólo le da el restante para llegar a los $90”, critica Nicolás. Pese a los pleitos, reformar “injusticias” como la de la pensión completa son las apuestas que unen al sector. De hecho, de las reformas que presentó la Junta Directiva del Fondo a la Asamblea Legislativa, en donde participaron los miembros de ASALDIG y AOSTALGFAES, hay un acuerdo entre las asociaciones y las autoridades del fondo en casi un 100%. “En un 75% estamos satisfechos y del otro 25% hay cosas que son muy buenas, pero hay otras cosas que no se pueden aceptar. “Al final, todas vamos a luchar porque esas reformas nos beneficien a todos”, dice Efraín Fuentes. El procurador adjunto de derechos humanos, Gerardo Alegría, que coordina desde hace dos años una mesa de diálogo en donde participan todas las asociaciones y las autoridades del Fondo, explica la problemática de la siguiente manera: “Ellos saben -y lo saben muy bien- que en el fondo no están del todo peleados, y que por lo que están luchando los une de una manera tal que sólo en este caso se podría hablar de una verdadera reconciliación”. Salud integral, aumento de pensión, créditos, tierras ¿destitución? Las asociaciones de lisiados han presentado más de 50 reformas. Tienen un acuerdo de luchar por salud integral, verdaderos planes de reinserción y apoyos económicos. “Un lisiado no puede trabajar como mecánico automotriz con un curso que sólo dura cuatro meses”, se queja Nicolás. “Queremos verdaderas oportunidades de empleo, de reinserción”, dice Daniel Hernández. Cómo lograr esa reinserción a la vida productiva es otro punto. Mientras ASALDIG y AOSTALGFAES piden un fondo rotativo para que se pueda otorgar créditos para pequeñas empresas productivas a los lisiados, ALFAES, ALGES y FUNDELIDDI piden que se aumente la pensión. Nora de Bell dice que el tema de salud es uno de los vacíos que presenta la ley de lisiados. “Salud integral no está comprendido porque la deuda que el estado asume es por haber combatido y por la lesión directa a consecuencia del conflicto armado. ¡Ellos deben ser atendidos en los hospitales!” Otra petición que hacen dos grupos de lisiados es ser tratados “igual que los otros”. ALFAES y AOSTALGFAES reclaman al gobierno no haberlos incluido en planes de transferencia de tierras al igual que los desmovilizados de la guerrilla. “¡Y vamos a luchar porque se nos atienda esa demanda. Por las reformas y por acceso a tierras y créditos agrícolas. Si el gobierno no nos atiende será un año duro para él”, dice Efraín Fuentes. “Queremos tierras, que el hospital militar nos atienda de por vida, los hospitales nacionales, y conformar cooperativas para realizar proyectos productivos para los lisiados”, añade Francisco Alvarado. Para ALGES, ALFAES y FUNDELIDDI, la otra demanda de honor es remover a la gerente general del Fondo, Daysi Cañas de Arana, porque según acusan, ella es la responsable de ir depurando a los lisiados y eliminar los beneficios que deberían de gozar. Los dirigentes de ASALDIG y AOSTALGFAES señalan que ellos no han encontrado ningún problema con la gerente; y la presidenta del Fondo, Nora de Bell, sostiene que investigará las acusaciones. Algo que ella dice no entender, sin embargo, es cómo el presidente de la junta directiva, que es la máxima autoridad, tiene que ser removido cada dos años y sólo la gerente queda a cargo de administrar toda la institución. El Faro intentó conocer la versión de la gerente, pero en su oficina se dijo que su agenda estaba ocupada. Esta semana se espera que la comisión de justicia y derechos humanos adelante el estudio de las reformas. Efraín Fuentes asegura que para marzo ya tendrían que estar aprobadas y que presionarán con nuevas marchas para que eso se logre. Para el 17 de febrero y el 19 marzo, según el calendario lunar, habrá luna nueva. El astrónomo Jorge Colorado dice que no hay ninguna prueba científica que valide el hecho de que en cada “luna tierna”, aquellas personas con balas en su cuerpo o amputaciones sientan dolor. “Es más un patrón cultural y psicológico”, dice. Francisco Alvarado asegura que él no siente dolores cuando la luna nace, pero que sí ha escuchado el comentario y las quejas de muchos de sus compañeros lisiados. El mayor retirado, sin embargo, dice que no necesita ninguna luna nueva o sentir frío para recordar su dolor y reclamar por sus derechos violados. “Nosotros somos los que más nos acordamos de la guerra, porque la llevamos a cuestas”, dice. “Cada día, al bañarme, necesito quitarme la prótesis y me acuerdo de la guerra. Cada día debo ocupar una silla al bañarme para no quedar en un pie y estar bailando la fiesta de los 15 años de los acuerdos de paz”. Lea además:
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