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NOTICIASMadrid junta a los firmantes de la pazPor primera vez desde 1992, las partes firmantes de los acuerdos de Chapultepec celebraron en un mismo espacio el fin de la guerra. Para hacerlo, tuvieron que atravesar un océano.Texto y fotos: Edu Ponces
Fueron necesarios quince años y una ciudad fuera de El Salvador para que las fuerzas políticas nacionales celebraran, juntas, la firma de los Acuerdos de Paz. Madrid, la capital española en la que hace dos décadas se llevaban a cabo múltiples reuniones para mediar en el conflicto salvadoreño, sirvió el martes 12 de anfitriona a una nutrida delegación de protagonistas del histórico acuerdo, de líderes políticos salvadoreños e invitados especiales para dialogar, por primera vez en conjunto, sobre el histórico acuerdo. Nunca, ni siquiera en los eventos posteriores a Chapultepec, habían estado juntos los firmantes de ambos bandos para conmemorar el evento, que durante varios años, incluyendo 2006, ni siquiera tuvo recordatorios oficiales, y que el gobierno del presidente Flores eliminó del calendario de fiestas. Pero Madrid fue distinto. La Casa de América recibió a invitados de todos los colores para compensar con un nutrido diálogo el silencio de los años anteriores. Y la conversación la inició el ex presidente del gobierno español, Felipe González, con una de sus características bromas. “Lo que más recuerdo de Chapultepec era el frío. Era imposible que la emoción lo calentara a uno”. Compartió con el negociador de Naciones Unidas Álvaro de Soto, el ex director de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, y el escritor y ex canciller de México Jorge Castañeda. Al final de su intervención, González confesó. Sí, la emoción de Chapultepec había sido suficiente para calentar cualquier frío.
Las dos mesas que constituyeron el grueso del acto sirvieron para revisar, desde la comodidad el tiempo y la distancia, las 26 reuniones que llevaron al final de la guerra y todo lo que las rodeó. La primera en una sala del seguro social de un pequeño pueblo en las profundidades de México, la última en los solemnes salones del Castillo de Chapultepec. “La paz igual que la guerra se construye con el tiempo, ladrillo por ladrillo”, reflexionó el poeta y ex negociador del gobierno David Escobar Galindo. “La ofensiva del 11 de noviembre de 1989 abrió la posibilidad de la paz al demostrar que la guerra no se podía decidir militarmente… Hice un pacto con (el ex presidente Alfredo) Cristiani. No nos íbamos a levantar de esa mesa ni aunque mataran a uno de los negociadores”. Al final de su intervención recibió un nutrido aplauso. A su derecha se encontraba el que fue su jefe en la comisión del gobierno, el ex canciller Oscar Santamaría. A su izquierda Salvador Sánchez Cerén, mejor conocido, hace quince años, como Comandante Leonel González, líder de las Fuerzas Populares de Liberación. De él fue la intervención más dura de la jornada. Habló del “bloqueo del proceso de democratización del país” y dijo que “sólo se admite un FMLN como adorno político”. El único de los cuatro comandantes generales vivos que sigue perteneciendo al Frente se refirió a “acuerdos incumplidos o deformados”. Todo ello mientras leía el discurso escrito en hojas de papel casi sin levantar la cabeza. Al final pareció dejarse invadir por el tono conciliador que se respiraba en la Casa de América y reconoció que “el 5 de julio sirvió para reafirmar la necesidad de la paz y la dirección del partido reflexionó y se posicionó a favor del diálogo”. Otros dos comandantes generales acudieron al acto: Eduardo Sancho, conocido durante la guerra como Fermán Cienfuegos de la RN y Francisco Jovel, Comandante Roberto Roca, del PRTC. Junto al desaparecido Schafik Hándal, el día tuvo dos grandes ausentes: Por un bando Joaquín Villalobos, Comandante Atilio del ERP. Por el otro el ex presidente Alfredo Cristiani. También la Ley de Amnistía ocupó el debate y lo llenó de matices. Felipe González reconocía sus virtudes como herramienta de reconciliación. “Quien pretende la justicia absoluta lo que quiere es venganza” pero advirtió que “la amnistía no es amnesia, es perdonar, no olvidar el delito”. Sanchez Cerén protestaba que “en El Salvador se cree que pretender hacer justicia es tirar sal en las heridas” y Escobar Galindo se remitió a la propia experiencia “Un grupo guerrillero secuestró a mi padre y yo prefiero ver a sus captores en la vida civil que en la cárcel. Eso le conviene más al país.”
La declaración conjunta y las esperanzas de consenso El 12 de enero en Madrid no sólo se centró en revisar el pasado. La reciente aprobación por parte de los partidos políticos de El Salvador de una declaración conjunta, que incluye un compromiso para dialogar alrededor de una serie de puntos, recorría las conversaciones de gran parte de la delegación salvadoreña. “A mi la declaracion me parece esperanzadora, pero del dicho al hecho hay un buen trecho” opinaba Francisco Jovel. El ex comandante admitía la dificultad para la concertación en el país, “a mi me echaron del Frente por andar buscando espacios de consenso”. Héctor Dada Hirezi, Secretario General de Cambio Democrático, matizaba: “En El Salvador hay espacios para conversar, hay espacios para la disidencia, pero no hay espacio para el consenso y la concertación. Y si quiere un ejemplo el discurso del presidente el lunes, donde habló de diálogo pero no le dejó espacio a la concertación”. El ex presidente Gonzaléz invadió la sala una vez más con un frase categórica que cuajó entre los asistentes “Sin espacios de consenso un país simplemente no puede funcionar políticamente”. El canciller Laínez, que lució muy cómodo como maestro de ceremonias de la celebración, no quiso admitir directamente que las características del acto respondían a un cambio de la posición del gobierno hacia una mayor apertura a dialogar pero afirmó que “conmemorar un evento como este nos pone en un plano en que tenemos que analizar que lo que se hizo para firmar un acuerdo de paz significó muchísimo más riesgo de lo que ahora significaría buscar un consenso entre las partes”. Al final de la tarde, la isla de diálogo entre salvadoreños se fue diluyendo a medida que los ponentes e invitados abandonaban la Casa de América. “Construir la paz es mucho más difícil que hacer la guerra”, dijo Felipe González. “La guerra es cruda, dura, pero simple. Es mucho más difícil construir la paz.”
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