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¿16 de enero? un dia de asueto

Mientras en la Feria Internacional las autoridades nacionales e invitados especiales conmemoraban la paz, los habitantes de San Salvador se dedicaban a cualquier otra cosa, menos a recordar los hechos de hace quince años.

Rodrigo Baires Quezada / Foto: Gracia Rodríguez
cartas@elfaro.net
Publicada el 16 de enero - El Faro
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Oswaldo Gómez, propietario del Waldo’s, abrió su restaurante durante el asueto por el día de la Paz. “Hemos vendido como si fuera un domingo”, aseguró.

Las sirenas de las patrullas de la Policía Nacional Civil (PNC) rompen con el silencio del asueto nacional. Las calles de San Salvador no están inundadas de carros como en cualquier día de semana. “Parece sábado por la tarde, todos deben de estar en la playa”, comenta un trabajador en una gasolinera sobre el bulevar de Los Próceres. Es martes, son las 11:40 a.m. y varios grupos de agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) tienen más de una hora de haber tomado posiciones alrededor de la Feria Internacional, el lugar donde se conmemoraran los 15 años de la firma de los Acuerdos de Paz entre el gobierno y el FMLN.

Si las calles están vacías, los centros comerciales no extrañan a sus parroquianos. Un día de vacaciones después del 15 de mes, de la fecha de pago en algunas empresas privadas, vale para hacer las compras de la quincena o hacerse de los últimos útiles escolares para las clases que ya empezaron. Otros, prefieren descansar y relajarse con un paseo de tarde, una película en el cine o un par de cervezas viendo los partidos de la eliminatoria sudamericana para el mundial sub 20. Cada quién vive la conmemoración a su propia manera.

“¡Paz! ¿Qué paz?”, dice Nohemi y suelta una risotada fresca. Su madre, doña Deysi, sin dejar de exprimir una naranja, la observa en silencio. “¿No era mañana ese volado?”, pregunta. “Es hoy, por eso hay asueto”, responde doña Deysi y prosigue: “Pero lo que están celebrando es el acuerdo que firmaron el gobierno y la guerrilla de aquel entonces… De paz no hay nada, hoy estamos peor que antes y viendo cómo nos rebuscamos”.

Doña Deysi sigue en lo suyo. Lo suyo es la venta de tortas, licuados, gaseosas y cervezas. Su pequeña tortería, junto a otros negocios del mismo rubro, comparte espacio con la venta de libros usados en el parque San José, en el centro de San Salvador. “Mire, lo único bueno de esta celebración es el asueto”, sostiene y se limpia las manos en su delantal. Para ella, como para el resto de sus vecinos de ventas, la situación económica aprieta y dejar de vender es sinónimo de dejar de comer. “Cuando hay libre la gente viene al centro de compras con la familia y, después de dar vueltas comprando, siempre les da hambre. En días así vendemos más, ya digan si es por la paz o por cualquier otra cosa”, afirma, sonríe y vuelve al trabajo.

No todos sonríen con el asueto. La Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (CCIES), según publicó La Prensa Gráfica, calcula que la industria y comercio dejarán de producir unos $50 millones por el asueto legislativo. La Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) secunda la queja. Oswaldo Gómez, propietario de un restaurante, también reconoce el incremento en planilla –“son como 100 dólares más porque hay que pagar doble por ser asueto”, dice- pero asegura que vale la pena para “recordar una fecha importante para el país”.

Sobre la 3.ª calle oriente, lejos de la concentración popular organizada en la Plaza Cívica, los vendedores informales hacen lo suyo. La venta está “jodida” y no es por falta de gente sino por “falta de billetes”. Yanira Abarca tiene 35 años, 14 de ellos de vender frente al mercado Ex Cuartel, en la acera de lo que antes fuera la Biblioteca Nacional. Cada 20 días presta 35 dólares para invertir en bolsas de agua y dulces –“capital de trabajo que le dicen”, explica- y luego paga 42 dólares por los intereses. “No sé de qué paz están hablando. Uno sale a la calle por la necesidad de vender pero siempre con miedo. Es más, ni recuerdo cuándo firmaron ese volado”, sostiene.

En Waldo’s, en la Zona Real, atrás del hotel Camino Real, los meseros atienden a dos docenas de clientes. “No, nada de celebrar la paz. Estamos aquí, relajándonos un poco”, dice Ronal Estrada, de 26 años. “Sólo disfrutando de una cervecita porque no hay nada que celebrar”, sentencia y su compañero de mesa, Roberto Alvarenga, asiente con la cabeza.

“Todo esto es una mentira. Ayer (lunes), Saca decía que vivió guerra como todos nosotros… ¡Pajas!, Yo la viví en Prados de Venecia, en Soyapango, y él no tuvo que salir de su casa con una bandera blanca durante la ofensiva de noviembre de 1989 y luego regresar a ver cómo una metralla de helicóptero había dejado hoyos en todo el techo. Por eso él no entenderá nunca lo que significa una verdadera paz”, dice Roberto.

Ronal cierra la conversación sobre el tema. “Hay cosas más importantes por las que celebrar, cosas más trascendentes, porque los que pelearon, los que lucharon, de un lado y del otro siguen bien jodidos, viviendo en la pobreza. Y aquí, en la ciudad, las cosas están peores. No creo que a muchos les interese esta celebración”, asegura y apura la cerveza que sostiene en su mano izquierda.

15 años atrás, El Salvador estaba pegado al televisor viendo la firma de los acuerdos en el Castillo de Chapultepec. Los que vieron la imagen de los representantes del Gobierno y los comandantes del FMLN -vestidos de saco y corbata alrededor de una mesa grandísima con cientos de flores al centro- recuerdan la lluvia de flashes cuando cada uno de ellos estampó su firma en el documento y declaraban oficialmente el fin de los años de conflicto armado.

Ayer, cuando los actos iniciaron en la Feria Internacional los canales de televisión nacional privada mantuvieron su programación habitual sin variación alguna: novelas en los canales 2, 12, 15 y 21; en el canal 4, los aficionados a la elminatoria sudamericana sub 20 veían el juego entre Colombia y Venezuela; el 6 y 33 - que alguna vez fuera Teleprensa, el único canal que informó en vivo el acuerdo para la paz, el 31 de diciembre de 1991-, programas juveniles; el 19, la película Perros y Gatos; y los canales evangélicos 17, 25 y 29, instrucción sobre la palabra sagrada. Sólo el canal 8, TV Agape, y el estatal 10 transmitieron en vivo el acto oficial.

Cinco mesas a la izquierda, Jaime Meléndez, de 39 años, sonríe al hablar de los Acuerdos de Paz. Recuerda la firma en Chapultepec, el cese del enfrentamiento armado y reconoce que ahora existe libertad para decir cosas por las que “antes te mataban”. “Pero no hay reconciliación en la sociedad salvadoreña. Por eso es necesario celebrar esta fecha todos los años, para que la gente no olvide que se ganó un poco con la firma de los acuerdos y que todavía falta más”.

“Hoy día los salvadoreños pueden pensar como quieran, creer sin restricciones, opinar abiertamente, organizarse y movilizarse sin cortapisas, trabajar conforme a sus propias decisiones personales, y progresar con el único límite de su propia voluntad y esfuerzo. Nunca antes habíamos tenido en el país tanta libertad y tanto espacio para expresarnos, para emprender, para construirnos nuestro propio destino a través del trabajo”, diría el presidente de la República, Antonio Saca, en su discurso oficial.

Yanira tiene otra opinión. Junto a ella, otras seis vendedoras se discuten los clientes que caminan hacia el parque San José a tomar los microbuses que se dirigen a Apopa. “Ellos, los que firmaron, están bien tranquilos… están en el gobierno o son diputados con sueldazos. Pero aquí, en la calle, la cosa es diferente. ¿Cómo puede hablar de paz cuando dicen que nos van a desalojar de los puestos, que nos vamos a quedar sin trabajo?... lo más triste es que parece que ellos no se dan cuenta de eso”, dice y mira a su hija Yanira, de seis años. “Mañana (miércoles 17) vamos a ir a Casa Presidencial a reclamar por que no nos quiten el trabajo, por que no creo que puede haber paz en este país cuando uno tiene que hacer milagros para darle de comer a sus hijos”. 

                                                                                           

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