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NOTICIAS Las nuevas generaciones y lo poco que saben sobre la guerra y la paz en El SalvadorA 15 años de celebrados los Acuerdos de Paz, los jóvenes salen ahora del bachillerato acaso con un recuerdo muy vago de lo que fue la guerra civil salvadoreña y el proceso de paz, temas que han visto como parte de sus estudios, pero a veces sin textos escolares que los aborden a profundidad. El Faro hizo un sondeo entre 40 bachilleres recién graduados para ver qué tan frescos tenían sus conocimientos sobre ellos. El 40% no supo decir qué se celebra este 16 de enero. Edith Portillo
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Manuel tiene 18 años y se graduó de bachiller general el año pasado. De figura alta y encorvada, pelo desordenado y con un cigarrillo en la mano, espera a un amigo en la banca de una universidad privada en la que acaba de inscribirse y se ríe cuando le explico de qué se trata el sondeo. “Ay Dios, ni perdás el tiempo conmigo mejor, ja, ja, ja. Lo que pasa es que eso creo que lo vi en primer año (de bachillerato) y tampoco creás que vi mucho, así que mejor te digo de una vez que no sé nada porque me vas a ponchar”.
De nueve preguntas (ver recuadro) que incluía el sondeo, Manuel contestó correctamente tres, al resto respondió con un “no sé” o con una risa seguida de un “¿viste que te dije? Si es que en serio casi no me acuerdo”.
Las preguntas del sondeo |
¿Qué se celebra en El Salvador este 16 de enero? |
El resultado de Manuel no anda muy alejado de los obtenidos por el resto de los 40 bachilleres generales recién graduados, tanto de institutos nacionales como de colegios privados, entre los que se aplicó el sondeo. La mayoría, el 58%, respondió correctamente cuatro o menos preguntas, lo que supone un “reprobado”, y solo el 42% contestó bien entre 5 y 7 preguntas. Ninguno llegó a las ocho o nueve.
La respuesta a la primera pregunta, “¿Qué se celebra este 16 de enero?”, fue acertada por el 60% de los estudiantes, que también supieron decir que los Acuerdos de Paz se firmaron en México. Otros, por más que se los dijeron en sus cursos preuniversitarios para explicar el asueto nacional de este martes 16, no lograron acordarse. “Ayyy, si hace dos días nos dijeron, si por eso es que no vamos a venir a clases ese día, ¿verdad?, pero púchica no, no me acuerdo”, decía, apenada, una bachiller.
De los 40 participantes del sondeo, la mitad sabe que la guerra civil iniciada en los ochentas duró 12 años, otros no saben o, confundiéndose con la de Honduras, dicen que duró 100 horas; solo una recuerda que el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, actuó como mediador en las negociaciones de paz; tres creen que los Acuerdos fueron firmados entre El Salvador y Honduras; solo ocho saben qué es el Informe de la Comisión de la Verdad y el 65% menciona las instituciones creadas a partir de los Acuerdos de Paz.
De los presidentes que gobernaron El Salvador durante la guerra, el 60% recuerda solo a Napoleón Duarte (PDC) y a Alfredo Cristiani (ARENA), pero tres de ellos creen también que durante la época gobernó el general Maximiliano Hernández Martínez, cuya dictadura se dio entre 1931 y 1944.
Al consultar qué partido surgió de la guerrilla, la mayoría acierta al decir que fue el FMLN; cuatro (el 10%), sin embargo, creen que fue ARENA.
Los primeros intentos
En 1992, cuando recién se habían firmado los Acuerdos, una de las primeras reflexiones sobre cómo había que abordar el tema de la guerra civil y el proceso de paz desde la educación ocurrió en un foro de intelectuales. Así lo cuenta la ex ministra de Educación en ese momento, Cecilia Gallardo, que hoy coordina el trabajo en el área social del gobierno.
“Una de las conclusiones a la que llegamos fue que había que plasmar en documentos lo que había sido la guerra y los Acuerdos de Paz, porque un país sin historia es un país sin memoria, entonces se hace el esfuerzo. Y fue algo complejo porque en esa época era un tema de gran sensibilidad, porque la historia es subjetiva”, dice la funcionaria.
Los documentos en los que se plasmaron los hechos de esta época fueron entonces los libros “Historia de El Salvador”, tomos I y II. Es en este segundo tomo que, en los dos últimos capítulos, se dedican 30 páginas a la guerra civil de los ochentas y al proceso de las negociaciones que culminaron en la firma de la paz.
“Convocamos a un equipo de historiadores pluralistas y recabamos la historia de El Salvador, pero también uno de los requisitos que pusimos fue que esos dos capítulos se sometieran a consulta de ideólogos de las fuerzas políticas y de los militares. De ARENA me acuerdo que se le enseñó a Ricardo Valdivieso y del FMLN a Nidia Díaz, Gerson Martínez y creo que también a Eugenio Chicas”, recuerda Gallardo.
Uno de los coordinadores del equipo de autores del libro fue el historiador Knutt Walter, que asegura también que se buscó elaborar una historia lo más completa y plural posible, incorporando elementos que antes no se tocaban en los textos oficiales, como la masacre de indígenas de 1932 o la misma guerra civil.
El libro, que se gestó a lo largo de 1993, tuvo una sola impresión de 200 mil ejemplares en 1994, gracias a una donación del gobierno mexicano. Desde entonces hasta ahora, no ha habido desde el Ministerio de Educación (MINED) un material re editado, tampoco se ha re impreso y el texto, que en aquel momento se pensó como un libro de carácter obligatorio para la materia de Estudios Sociales en bachillerato, ha quedado relegado a un material de consulta.
“Nosotros lo usamos una miseria, quizás en un 10%. Usamos más el libro de Estudios Sociales de Héctor Samour y Armando Oliva (elaborado según el programa del MINED de 1998) y otros libros que dejamos de referencia, como De la Locura a la Esperanza y el Informe de la Comisión de la Verdad (…) Diversidad de libros para consultar hay, lo que no sé es si a disposición de todos. Lo que ha faltado es quizás un poco de profundidad en los análisis, los libros son aceptables, no perfectos, pero que el MINED sugiera conciencia crítica es minarse”, dice Gabriel Fuentes, profesor de Estudios Sociales y Cívica de primer año de bachillerato en el colegio Externado de San José.
En el Instituto Nacional Francisco Morazán, el “Central de Señoritas”, la historia no es muy distinta. “Ese libro lo tenemos como una referencia bibliográfica nada más, solo lo usamos como unos tres años, pero ahora ocupamos uno del Equipo Maíz y otro de la UCA. El programa lo que nos exige es cierta cantidad de horas para los temas de la guerra y los acuerdos, pero no hay ningún libro obligatorio, entonces nos hemos readecuado al programa con esos libros”, cuenta la coordinadora académica del instituto, Vilma de Zelaya.
Luego de la reforma educativa de 1997, el nivel de bachillerato se dividió en técnico y general, y este último se dejó con una duración de dos años, en lugar de tres. Es en el primero de estos que se dedican dos de las seis unidades vistas en el año a los temas de la guerra civil y los Acuerdos de Paz.
“Al poco tiempo de editado el libro, con los cambios que hubo, se quita la materia de historia nacional, entonces el texto se ha usado como material de consulta, como material optativo”, lamenta Walter.
La existencia de pocos ejemplares también ha contribuido en este punto y Cecilia Gallardo insiste en la necesidad de recuperar su importancia: “Es natural, si ya no tienen los textos, si no hay suficientes, es bastante lógico que no lo puedan ocupar como texto obligatorio. Hay obviamente la necesidad de rehacer esos textos (…) Incluso los libros habría que replantearlos, estaban programados para revisarse de cinco a ocho años después, pero no se ha hecho”.
José Luis Guzmán, actual viceministro de Educación, responde a este desfase asegurando que se está por hoy en un proceso de actualización curricular en el que se deben seguir profundizando los contenidos y modernizar los programas. Y ya que no hay un libro de texto obligatorio en el programa, sino más bien bibliografías sugeridas, se trabajará en un “cuaderno de lecturas y una actualización del programa que esperamos pueda empezar a implementarse en 2008”.
Una materia con distintas interpretaciones
Al lado de las limitaciones en existencias y la cantidad de contenido dedicado al tema en los programas curriculares de bachillerato, la guerra civil y los Acuerdos de Paz también han sido sujeto de debate en cuanto al enfoque con el cual deben ser enseñados a los estudiantes.
Cuando en 1994 se imprimió el “Historia de El Salvador, tomo II”, Gallardo recuerda que el proceso de consulta con las fuerzas políticas y los militares hubo temas sensibles para cada una de las partes: “La derecha tuvo que reconocer en el libro de texto realidades como la masacre del Mozote, fueron realidades la muerte de Monseñor, todas las muertes que hubo. La izquierda con los niños de la guerra, incluso en el libro hay una fotografía de niños que el mismo Frente la da. Y la verdad es que eso sí se nota en los contenidos, pero en ese momento también fuimos lo suficientemente prudentes, hubo que entender que el principal objetivo era plasmar la historia sobre la base de acuerdos básicos porque si no el libro de historia seguramente no iba a salir”.
Walter, aun con estas dificultades, rescata lo importante que fue que al equipo de autores se le diera “carta blanca” para trabajar el libro. “Trabajamos responsablemente, reconociendo que tenía que ser balanceado. Hasta visualmente hay balance, están todos los actores: está Monseñor Romero, están guerrilleros, soldados, Roberto D’Aubuisson, Alfredo Cristiani, Ignacio Ellacuría, las Naciones Unidas, no sé qué se pudo haber quedado fuera”.
Pero en aquel momento, ni la composición visual fue del completo agrado de quienes participaban de la historia escrita en el texto. En una Plática en La Ventana realizada en 2005 con el pintor Roberto Huezo, coordinador general de dicha publicación, contó de las dificultades que tuvo la aprobación del libro por parte del ex presidente Alfredo Cristiani.
“Hicimos el libro de historia de El Salvador y se lo presentamos al presidente Cristiani en la residencia presidencial, junto a don Roberto Llach y doña Margarita, y cuando vio el último capítulo, el de la guerra, dijo ‘por este último capítulo van a pagar todos los demás’ (…) Era tan polémico porque nadie había escrito sobre eso. Había fotos de Monseñor Romero y de Ellacuría, y también de D’Aubuisson, de gente de ultraderecha, de derecha, de izquierda”, recordó en esa entrevista.
¿Es posible un nuevo consenso?
A 15 años de estas discusiones, la posibilidad de re escribir una actualización del texto consensuada entre las partes que lo avalaron en ese entonces, según Gallardo, es remota.
Para la ex titular de Educación, es más factible y, quizás más necesario, que surjan varios libros de historia nacional, que tengan distintos enfoques históricos que vayan dando criterios más amplios que el enfoque oficial.
“Hoy la dinámica del país es bastante más complicada, tengo la impresión de que después de los Acuerdos teníamos un momento que se aprovechó, donde había más disposición de acercamiento. (….) pero en el gobierno del presidente Flores se empieza a polarizar el país, es ese el ambiente que veo; talvez sí es posible, pero lo veo complicado”, valora.
Walter, aun con los “nuevos conocimientos existentes sobre el pasado”, no cree que estos pudieran cambiar radicalmente el contenido de los textos. Para él, tampoco sería tan difícil llegar a acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas sobre temas básicos como la importancia de haber logrado la paz y un proceso de democratización, así como los retos a futuro que debe plantearse El Salvador como país.
Para el viceministro Guzmán, lo que deberá buscarse entonces en los cambios curriculares que estudia actualmente el MINED es “fomentar la capacidad crítica y valorativa” de los nuevos estudiantes. “La clave está en el balance y la multiplicidad de perspectivas, no se trata de indoctrinar estudiantes, sino de crear una visión de que la realidad es compleja. Ya la particularidad ideológica de un profesor o de una familia es otro tema, pero desde el MINED creemos que la clave es esa”, dice.
En medio de años de debates académicos y hasta políticos sobre el aprendizaje de estos temas en la educación secundaria, las nuevas generaciones parecen tener una menor memoria histórica sobre los hechos anteriores a la fecha celebrada este 16 de enero.
Manuel, riéndose de sus apenas tres respuestas acertadas en el sondeo, insiste: “Yo te dije que no iba a saber nada de eso”. ¿Y en los periódicos o en los noticieros no has visto nada en estos días tampoco? “No, si ni leo periódicos y los noticieros tampoco los veo. Te soy sincero: no es algo en lo que me haya interesado alguna vez”
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