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Fin de invierno se acerca sin obras de mitigación concluidas

A dos semanas de que termine el invierno, los trabajos de mitigación que harían frente a los posibles estragos de la época lluviosa de 2006 continúan, en muchos casos, en etapa de construcción. Las proyecciones que en mayo dio el Ministerio de Obras Públicas para finalizar las obras perfilan extenderse ahora, en puntos como el de la quebrada La Lechuza, hasta diciembre.

Edith Portillo y Rodrigo Baires Quezada
Fotos: Silvia Gutiérrez

cartas@elfaro.net
Publicada el 23 de octubre - El Faro
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La selección salvadoreña de fútbol sub-17 le ganaba 2-1 a Guatemala. Era miércoles 18 de octubre y media comunidad El Progreso celebraba. Miguel Ángel, de 12 años, veía por la televisión cómo el partido estaba a punto de terminar en el estadio Cuscatlán bajo una fuerte lluvia, la misma que escuchaba caer sobre el techo de lámina de su vivienda.

Pero los últimos 15 minutos del encuentro dejaron de ser festejo para Miguel y su familia. Por el balcón al final de su pasaje y el muro trasero de su vivienda empezó a entrar una corriente de agua proveniente de la quebrada La Lechuza, que pasa a un costado de la comunidad El Progreso.

Por primera vez este año, la quebrada se desbordaba sobre los muros de las casas más bajas de esta comunidad. “Desde el (huracán) Stan que no teníamos un susto como el de ayer”, recuerda la noche de ese miércoles doña Evelyn Ventura de Osorio, madre de Miguel Ángel.

En otro pasaje de la comunidad, Marlene ha terminado, a la tarde del jueves, de limpiar el lodo que llenó su patio y su pila para lavar ropa. Sus dos hijas, de 11 y 9 años, miran la televisión desde el colchón de abajo del camarote del que fueron levantadas la noche anterior, cuando el agua de La Lechuza también se empezó a meter a su casa, un espacio de unos 5 por 3 metros.

“Aquí dicen que esto nos va a ayudar, pero desde junio que están aquí y yo no veo que avances ni que nos ayude en nada”, dice Marlene, asomándose por la ventana de su patio y señalando hacia la quebrada, donde varios hombres con camisetas amarillas del Ministerio de Obras Públicas (MOP) trabajan con maquinaria pesada.

Las obras de mitigación en este lugar iniciaron en mayo pasado y consistirían, bajo una inversión de 2.7 millones, en la reconstrucción de la bóveda de la Alameda Manuel Enrique Araujo. La empresa contratada para trabajar en este punto, donde en junio pasado murió un trabajador, es Multipav.

Según la descripción del MOP para este proyecto, implicaría “la demolición de bóveda existente y reconstrucción de caja doble rectangular de concreto, muros antes del cauce, edificación y reparación de muros posteriores al cauce, muros cabezales, losas antes de entrada, readecuación de cauce posterior a la salida, muros guarda niveles y conformación de taludes en linderos”.

A cinco meses de iniciada la obra y cumpliéndose entonces el plazo que el MOP había previsto para finalizarla, ni los mismos trabajadores y responsables en el lugar se confían de que el trabajo esté listo para antes de que termine el invierno cuyos efectos sobre las comunidades vecinas, en teoría, ayudaría a frenar. El evidente retraso en las obras, según comentaron algunos encargados a El Faro, incluso ha llevado al MOP a exigirles que no comenten el tema con los medios.

“Mire, honestamente, lo que pasa es que del Ministerio nos han pedido que no digamos nada porque, como esto se ha retrasado, entonces pues sí, ellos temen que les afecte la imagen del Ministerio”, dijo la semana pasada un ingeniero supervisor de Multipav, que pidió no ser identificado. “Lo que sí nos han dicho ya es que para diciembre vamos a estar entregando todo”, le complementó uno de los trabajadores.

Un avance a medias

La obra a cargo de Multipav no es la única que está retrasada, según la proyección de alrededor de cinco meses que, al inicio de los trabajos, dio el Ministerio de Obras Públicas.

El primer contratiempo, según ha indicado el MOP, fue la falta de dinero en el Fondo para Mitigación de Riesgos, que se creó el año pasado y que se alimentó en ese entonces con 4 millones de dólares donados por Francia.

Para contar con el monto necesario para ejecutar todas las obras de mitigación “se esperó a que el gobierno reorientara fondos (del presupuesto general)  para dar inicio a 44 licitaciones, 22 de construcción e igual número de supervisión y, luego  cumplir con una serie de requisitos que la ley exige, para dar inicio a las obras. En todos estos trabajos de mitigación de riesgos, el gobierno invierte más de 80 millones de dólares”, cita un informe balance del MOP sobre estas obras, fechado el 10 de octubre pasado.

De acuerdo con este balance, las obras de mitigación de taludes están al 80%, las de drenajes secundarios a un 40% y las realizadas en la zona del arenal Montserrat, al sur de San Salvador, a un 92%. Las “obras especiales”, que comprenden el destape del desagüe del lago de Ilopango y los trabajos de mitigación en la cordillera El Bálsamo, están a un “52% de avance general”.

En el caso de la bóveda de la avenida Manuel Enrique Araujo y la de la Avenida La Revolución, la primera que recibe la corriente de La Lechuza, unos 800 metros quebrada arriba, “el avance general de ambas es del 65%”.

Los porcentajes de avance que maneja el mismo Ministerio, las proyecciones de los encargados de las obras y la percepción de los vecinos de las mismas distan de los plazos originalmente programados. “Cuando empezaron nos dijeron que en agosto (iban a terminar), de ahí que en octubre, hoy han dicho que en diciembre, pero así como van capaz que llegan a febrero con esto”, reclamaba la semana pasada Ana Rosario Castro, al tiempo que se quejaba del temblor que provoca el paso de un tractor atrás de su casa, sobre el cauce por el que el día anterior se había desbordado la corriente de La Lechuza.

Desde la Asamblea Legislativa, el diputado efemelenista Gaspar Portillo, presidente de la Comisión de Obras Públicas, estima  también que la velocidad con la que se ha trabajado no ha sido satisfactoria: “Lamentablemente, hasta hoy no se ha cumplido con los procedimientos adecuados para evitar inundaciones en muchas partes del país (…) Aun en el Gran San Salvador, tenemos el lago de Ilopango, que en 2001 se dio un préstamo de más de 10 millones de dólares para crear un desagüe y, sin embargo, no se hizo”. Las labores en Ilopango, según el MOP, están a un 45%.

Su compañero de comisión del partido oficial, el diputado de ARENA Carlos Reyes, matiza en tanto que ha habido avances importantes, citando el caso del arenal de Montserrat, donde los trabajos sí superan el 90%.

Bajo las lluvias

El estar realizando las obras en plena época de invierno también es un punto en el que coinciden empresas y afectados, al momento de señalar los motivos de los retrasos. “Si aquí cada cosa que hacen la lluvia se las deshace”, dice Ana Castro.

El ingeniero de Multipav lo confirma, justo un día después de que parte de uno de los muros de la obra fuera derribado por la corriente que La Lechuza arrastró el miércoles 18 por la noche.

“Ayer fue un día negro para nosotros, ese muro que teníamos ya casi listo, que ya estaba en proceso solo para llenarlo, con la tormenta de anoche se nos cayó, la corriente de la quebrada nos lo botó”, se lamentaba el jueves.

Al menos hasta el mes de septiembre, según la información del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), la cantidad de lluvia que caída sobre el territorio nacional había superado en 14.5% el promedio de los valores históricos registrados entre 1971 y 2000.

“El invierno ha sido más lluvioso entonces, por lo menos lo que se tiene hasta septiembre, que los años anteriores, solo que por octubre, que en el año pasado tuvimos Stan, entonces 2005 podría finalmente ser más lluvioso que 2006 (…) Para este año estaríamos esperando que la época lluviosa vaya terminando en los últimos días de octubre, dando inicio a la época de transición, en la que puede haber lluvias ya solo esporádicas”, explica Luis García, meterológo del SNET.

Nelson Maldonado, de E.S. Constructores y encargado del control de calidad de los trabajos en la avenida Revolución, se suma al reconocimiento de los atrasos por los contratiempos de las lluvias, pero también por factores administrativos.

“Nosotros aquí en este punto creo que terminamos ya la otra semana, pero tuvimos como dos meses de retraso por el invierno mismo y otras cuestiones ya de aspectos administrativos, contractuales, por unos aspectos de diseño que hubo que cambiar en el camino”, dijo a El Faro la semana pasada.

La Diego de Holguín y sus primeros impactos

Aun con el impacto del invierno que señalan los involucrados, especialmente la tormenta que cayó sobre la capital el día 17, los registros del SNET indican que las precipitaciones de ese día en cuatro puntos del Gran San Salvador correspondieron a los de una “lluvia moderada”, asociada a un fenómeno de abundante nubes de convergencia tropical cerca de El Salvador: 19.3 milímetros en Ilopango, 39 en la estación de Procafé (Santa Tecla), 29 en el Boquerón y 35.5 milímetros en el pluviómetro instalado en el SNET, a unos 300 metros de la comunidad El Progreso y el paso de La Lechuza.

Para el experto en urbanismo Carlos Umaña, que participó también en el Plan Maestro de Desarrollo Urbano (PLAMADUR), la explicación para la crecida que tuvo esta quebrada debe buscarse desde las quebradas que la alimentan.

La Lechuza es el resultado de la confluencia de cinco quebradas que bajan del volcán de San Salvador (en el Norte) y de otra proveniente de la zona Sur. Estas son Suncita, Buenos Aires, Santa Teresa, El Triunfo y El Pirro, que se juntan para formar La Lechuza justo atrás del Museo Nacional de Antropología, poco antes de los trabajos realizados sobre la avenida La Revolución.

Las primeras tres quebradas mencionadas, además, coinciden en algún punto con el trazo del boulevard Diego de Holguín, sobre el cual se talaron numerosas manzanas de árboles el mes pasado. Para Umaña, la pérdida de la capacidad de filtración en ese trazo provoca que las aguas lluvias se corran entonces hacia estas quebradas, acumulando más de lo habitual.

“Aquí vemos entonces, sin lugar a dudas, que la Diego de Holguín tiene una incidencia directa sobre La Lechuza, el impacto hidráulico es directo”, explica Umaña.

Rony Alas, un joven de 23 años que tiene 20 de vivir al lado de la quebrada, no haya explicaciones para la crecida que lo obligó a salir de su casa esa noche y ayudar a sus vecinos de las viviendas más afectada. “A saber qué pasó que esta vez sí se creció el montón”, dice, “pero lo que sí es que estas noches, si llueve, nos va a tocar estar más pendientes porque ya quedamos con miedo”.

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