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NOTICIAS Zona Norte, la franja desconectadaRecorrer los municipios del Norte de El Salvador puede ser una travesía frustrada. La mala condición de los caminos rurales en la zona, o la inexistencia de ellos, es un problema que coinciden en señalar sus líderes y habitantes. La posibilidad de la Carretera Longitudinal del Norte es, por ahora, la principal apuesta de desarrollo que apoyan y ven más cercana. Edith Portillo. Foto: Edu Ponces
“Ayyy, dios, si es que de aquí para allá ya no se puede pasar en invierno porque el río se crece”. El “aquí” al que se refiere Juan Arreola, un anciano que comienza a mojarse con la lluvia que cae ese martes a las cuatro de la tarde, es el municipio de Santa Rosa Guichipilín, en Santa Ana, justo en la línea divisoria entre este departamento y el de Chalatenango. El “allá” es el territorio al otro lado del río Lempa, donde en teoría continúa el camino para poder llegar al primer municipio de Chalatenango siguiendo ese recorrido: Nueva Concepción. Pero el Lempa ha recibido las lluvias de cinco meses de invierno y el paso donde transitan los vehículos 4 x 4 en verano está ahora cubierto por la corriente del río. Un puente de hamaca es entonces, por casi la mitad del año, la única vía de comunicación entre los dos departamentos. Tras hora y cuarto en caminos de tierra y grava, en terreno montañoso desde Metapán, la opción más cercana es volver a esta ciudad, tomar la carretera que viene desde Santa Ana e intentar entrar por la calle que conduce al municipio de Masahuat. Sobre caminos rurales en la misma condición, el tramo hasta el cantón Llano La Majada ha sumado ya otra hora y media al recorrido. Llueve. Justo en el desvío para seguir el camino a Nueva Concepción por otra vía hay una pendiente que luce igual que un río lodoso. Resulta imprudente bajar. Son casi las siete de la noche y salir de Santa Ana ha sido imposible en cuatro horas, habiendo estado, en condiciones de buena conectividad vial, apenas unos 10 minutos. La única vía razonable luego del intento frustrado: retornar por la carretera que de Santa Ana conduce a San Salvador, tomar el desvío de San Juan Opico, llegar hasta Apopa, desvío de Amayo y subir entonces hacia la ciudad de Chalatenango, un recorrido que toma aproximadamente dos horas. “¿Ves cómo es de importante el proyecto? Si es que no hay forma de pasar (entre ambos departamentos), por eso es importante también que sean los alcaldes quienes se apropien de esto, porque es a ellos a quienes les beneficia”, decía convencida al día siguiente Sandra de Barraza, coordinadora de la Comisión Nacional de Desarrollo (CND), luego de una reunión con alcaldes de Chalatenango. En ella justamente se discutía parte de los proyectos enmarcados en la propuesta que El Salvador presentó a la Corporación del Reto del Milenio (MCC, por sus siglas en inglés) en mayo pasado, para obtener 441.1 millones de dólares en calidad no reembolsable de Estados Unidos. La Carretera Longitudinal del Norte (CNL), que atravesaría los 330 kilómetros de esta región a lo largo del país, más el mejoramiento de caminos aledaños, conforman el componente que más costo implica dentro de la estrategia de desarrollo de la Zona Norte presentada a la MCC: 233.5 millones de dólares. El monto de la cuenta del Milenio asignado para El Salvador será confirmado hasta el 8 de noviembre, pero las autoridades de la MCC aseguraron el mes pasado que sí habrá un contrato con el país para impulsar la propuesta. Las expectativas El convencimiento de la coordinadora de la CND, que dirigió las consultas ciudadanas y sectoriales para crear la propuesta, es compartido por los alcaldes y habitantes de la zona. La carretera es, de hecho, el componente sobre el que más centran sus esperanzas al momento de pensar en el posible desarrollo de sus municipios. “Yo he oído que parece que sí van a hacer una carretera y que cabal aquí van a pavimentar (…) Y eso por supuesto que nos ayudaría un montón a nosotros aquí”, dice Ciro Monterrosa, un albañil del cantón Tihualapa, entre Metapán y Santa Rosa Guichipilín, tramo que está considerado como parte de la Longitudinal del Norte en un trayecto preliminar trazado para la carretera. Transportar los materiales de construcción por los caminos de tierra y grava de la zona, retrata Monterrosa, “friega mucho y atrasa”. Pensar en transportarlos desde Metapán, sede de Cementos de El Salvador (CESSA), hacia Chalatenango es impensable. El alcalde de Chalatenango, José Rigoberto Mejía, tampoco duda a la hora de enumerar los posibles beneficios que podría traer la carretera, aun cuando 40 kilómetros de su departamento (el tramo entre Nueva Concepción y ciudad de Chalatenango) no son absorbidos por el proyecto presentado a la MCC. Por su buena condición, este trayecto seguirá mantenido únicamente por el Ministerio de Obras Públicas, con el impuesto para el fondo vial (FOVIAL), de modo que de los 330 kilómetros de la carretera, 209 los absorbería el fondo proveniente de la Cuenta del Milenio. “En la conectividad nos vemos sumamente beneficiados porque Chalatenango no tiene una conexión directa con la zona occidental del país y esta carretera lo va a hacer hacia Metapán, igual hacia Cabañas, para conectarnos con Ilobasco, entonces nos conecta internamente, pero también hacia la región (…) Nosotros en Chalatenango tenemos una buena producción de artesanías, pero si ven, además de aquí, solo se venden en San Salvador y con la carretera se va a poder sacar hacia las otras regiones; otra ventaja es que con calles en buen estado también hay menos depreciación de los vehículos porque se dañan menos, y eso es economía, pues ”, dice Mejía. Hacia los municipios de la zona oriental, la conectividad tampoco es la más afortunada. El camino que va de Chalatenango hasta Ilobasco, pasando por Potonico y Jutiapa (Cabañas), es un terreno montañoso, recorridos sobre tierra y tramos empedrados, algunas pequeñas quebradas y un río que en invierno solo es posible pasar con un 4 x 4. “Si se quiere ir al (departamento) de Morazán lo mejor es irse hasta Apopa (San Salvador), agarrar San Martín y luego hasta San Miguel”, continúa Mejía.
Impacto ambiental, la preocupación persistente El posible daño ambiental que pudiera causar el 15% de apertura de nuevos caminos y la ampliación del 85% de los caminos ya existentes ha sido la reserva más recurrente alrededor de la carretera, tanto por parte de algunas organizaciones ambientalistas como del partido de oposición FMLN, que en su momento llegó a plantear que se sustituyera el componente de conectividad de la propuesta por uno de protección de la cuenca alta del río Lempa. Sobre el territorio, la preocupación por el impacto ambiental persiste, pero aparentemente con la certeza de que este no será tan sensible y que, junto a la carretera, también hay formas “de compensar el impacto que pueda haber”. El alcalde de Potonico, Arnoldo Recinos, es de esa idea. “Para alcanzar parte del desarrollo necesitamos una vía de acceso en mejores condiciones y, conociendo la dimensión de la CNL, no creo que pueda haber un mayor daño al ambiente, ya que no es una súper carretera, como inicialmente se manejó (…) Muchas veces cuando se desconoce las dimensiones es cuando se habla, pero cuando se tiene un conocimiento uno puede cuantificar el daño y hay que reconocer que todo proyecto de desarrollo ocasiona un daño al ambiente, pero existen otro tipo de proyectos con los cuales se puede compensar”, opina el alcalde miembro del FMLN. Recinos es uno de los alcaldes del Frente que más ha insistido en la necesidad de la Longitudinal y que incluso forma parte del equipo coordinador de seguimiento para la gestión de la carretera, que tendrá dos carriles de 3.25 metros cada uno y hombros exteriores de 1.5 metros. El municipio de Potonico, según el trazo preliminar, no está dentro de los que atravesaría la Longitudinal, sino que esta pasaría unos kilómetros más al norte. Pero el alcalde es optimista. “Estamos dispuestos a apoyar el proyecto de la carretera para que cuando toque llegar a la Asamblea Legislativa no haya problema. Podrán haber objeciones, porque nada es perfecto, eso es natural, pero estamos convencidos de que la CNL es un proyecto de desarrollo y de beneficio para la zona, independientemente de por dónde pase”, dice Recinos. Mejía, su alcalde vecino de Chalatenango y miembro de ARENA, respalda también que tanto la carretera como los otros componentes de la propuesta (desarrollo humano y productividad) son trabajados en consenso por los alcaldes de la zona, sin importar la bandera partidaria. Sus reservas sobre el impacto ambiental también están presentes y por eso pide que los alcaldes sean tomados en cuenta cuando se tenga el diseño definitivo. “En 2007, cuando ya se tenga el diseño de la carretera, vamos a saber realmente. Nosotros lo que pedimos es que cuando se haga el diseño se nos invite como alcaldes a participar, ya que nosotros conocemos la geografía y podemos decir, por ejemplo, que aquí no conviene porque aquí hay una zona urbana con tantas familias y así”, ejemplifica. Las garantías esperadas Las bases para la licitación del estudio de factibilidad y diseño final de la CNL fueron retiradas en septiembre pasado y, según detalló el encargado del componente de conectividad por parte del equipo salvadoreño para la Cuenta del Milenio, Alfonso Salazar, son seis las empresas participando actualmente del proceso. Este diseño no será financiado con fondos de la Cuenta del Milenio, sino con dinero del Fondo Salvadoreño para Estudios de Preinversión (FOSEP). “Esperamos que para noviembre podamos tener la empresa (…) Lo que se va a hacer es que se reciben dos sobres, uno con la oferta técnica y el otro con la oferta económica. En un proceso que dura unos tres días. Se evalúa la oferta técnica y se selecciona la mejor y hasta entonces es que esta tiene derecho a que se abra su sobre de oferta económica”, explica Salazar. Con este proceso se espera también garantizar que se cuente con la mejor oferta que asegure, además, el menor impacto posible sobre el medio ambiente, una tarea que luego le tocará supervisar al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), encargado de velar por las obras de mitigación alrededor de la obra. La gerente de gestión ambiental del MARN, Zaida Romero, asegura que, en ese sentido, el ministerio está reforzando con recurso humano su unidad de auditoría ambiental, un equipo creado hace dos años y que, al menos hasta julio pasado, contaba con apenas tres auditores para supervisar todo el país. “Ese es uno de los puntos en los que la MCC ha insistido mucho, el poner como condiciones previas la parte ambiental, y por eso las instituciones tienen que mejorar su capacidad para dar esas garantías”, dice Salazar. Sobre el impacto social que también podría tener la carretera, por su posible paso sobre o cerca de actuales asentamientos humanos, Salazar asegura que también tendrá que ser analizado en el estudio de factibilidad, pero que, con la información con la que se cuenta ahora en base al trazado preliminar, “el impacto es mínimo”. La posibilidad de concesionar el mantenimiento de la carretera, como se estudia actualmente para futuras obras en El Salvador (ver nota aparte), también es descartada por el MOP, dado que los fondos asegurados en calidad de donación no obligan a que sea una empresa privada la que tenga que asumir los costos de construcción y luego recupere su inversión cobrando por su uso a través de peajes. Hoy por hoy, aunque concientes de que debe ponerse atención sobre el impacto ambiental y social que puede generarse, lo que parece generar más ansias a los salvadoreños de la zona Norte es que el proyecto de la carretera se concrete. Eliseo López, síndico de la alcaldía de Nueva Concepción, lo ilustra de esta manera: “Con la Longitudinal ya no vamos a ser un municipio solo con entrada, porque por el mismo lado se entra y se sale, por fin vamos a dejar de parecer un bolsón y tener más chance de desarrollo”.
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