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NOTICIAS De fiesta con las fuentes
Daniel Valencia/ Fotos: Edu Ponces y compañeros
de fiesta
Al llegar, una colega me preguntó: ¿no vas a servirte comida? respondí que mejor iría a pedir un trago. “Dale, aprovechá”, dijo otro colega, “de todos modos ya todo está pagado”. Veinte minutos más tarde, tras dos juegos en los que los ganadores recibían como premios toallas o galones de pintura, un joven fotógrafo de un medio impreso gritó: “¡el momento esperado!”. La rifa de los regalos inició.
Luego, platiqué con otra colega y le pregunté si no creía que este tipo de fiestas iban en contra de la ética periodística. Su respuesta fue tajante: silencio y una mirada fría, como diciendo “¿y vos quién te crees?”. Tras varios segundos sólo me preguntó “¿y no fuiste a la fiesta del COENA? fue hoy en la tarde (lunes 24)”. “No nos invitaron”, respondí. “Nos la perdimos”. Hora y media más tarde, seguía la repartición de regalos, La presidenta de la gremial, María Elena de Alfaro, bailaba con un periodista de televisión en la discoteca y los miembros de la junta directiva se reían. Nos sacamos una foto con De Alfaro y bailamos “La Bala” y un par de merengues en la discoteca, junto a dos de las anfitrionas. A las las 9:40 de la noche ya mareados por los rones y un par de cervezas -Edu dice que no llegó a ese estado-, salimos sin regalos, pero con una lista parcial del resto de fiestas a las que teníamos que asistir en la semana. “Nosotros ya tenemos armada la semana. Si te enterás de algo nos avisás”, alcanzó a decirnos un amigo fotógrafo. “La mejor es la fiesta del Ministerio de Agricultura y Ganadería, el viernes”.
Visitamos cuatro hoteles cinco estrellas de la capital, tres gremiales, un ministerio, un local alquilado por la alcaldía de Santa Tecla y un bar con karaoke. Conocimos a muchos colegas, nos tomamos fotos, ganamos premios y terminamos con un cansancio físico que todavía, en la redacción del periódico, no se lo creen. ¿Un periodista debe permitir que le celebren su día? ¿Un periodista puede asistir a una fiesta organizada por las fuentes, por el poder? ¿Por qué las fuentes le celebran su día al periodista? ¿Se puede o no aceptar regalos? ¿Se puede o no comer y beber en éstas fiestas? ¿Cuál es la relación de la fuente con el periodista? ¿Hasta dónde llegan los límites éticos? Todas las anteriores preguntas fueron planteadas por la redacción de este periódico, y se convirtieron en la guía básica para realizar esta cobertura. Sin embargo, tras la primera fiesta, decidimos ya no intentar dar respuestas al juicio ético y ponernos el traje de “delegados fiesteros de El Faro” para contar, desde adentro, cómo en una semana el gremio cambia las libretas, grabadoras y cámaras por los canapés, la bebida, el baile y la diversión.
El martes por la noche, mientras degustábamos tres camarones al ajillo, puré de papa, pollo relleno con hongos y crema de espinacas, más de 200 personas aplaudían a los ganadores del premio a la investigación periodística del Sistema de Formación Profesional del Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP). En uno de los salones del Hotel Sheraton, nueve periodistas recibieron sus trofeos por haber publicado en radio, prensa y televisión noticias en las que la palabra INSAFORP se repetía más de una vez (La versión oficial dice que participan aquellas notas o reportajes que traten sobre la institución). Los tres primeros lugares se llevaron mil 500 dólares.
En la rama de prensa, los periodistas de El Diario de Hoy, Mauricio Cáceres y Lorena Baires, se hicieron acreedores, además del premio, a una nota de reconocimiento en su medio. Minutos después, Edu y yo nos terminábamos una copa de vino y escuchábamos con atención las anécdotas de un grupo de colegas de la televisora estatal. “Imagínense qué poca importancia tiene Canal 10 para el gobierno que una vez ni siquiera nos dejaron entrar a Casa Presidencial porque no aparecíamos en la lista (de medios acreditados), jajaja”, dijo uno de ellos mientras, al fondo del salón, tocaba una orquesta sinfónica.
Alcanzamos a ver a varios presentadores de televisión, maquillistas, a uno de los galardonados en los premios INSAFORP, a una reportera que también estuvo en la fiesta de la Cámara y al grupo de periodistas que nos avisó de la fiesta (los mismos que un día antes nos dijeron que ya tenían su agenda hecha). “Hoy, la noticia más importante eres tú” El miércoles en la noche asistimos a nuestra cuarta fiesta y debo confesar que cuando recibí el ticket para la rifa, en la entrada del salón, me puse nervioso. Le dije a Edu que no quería entrar porque, si había periodistas, lo más seguro es que todas serían mujeres. Edu también dudó un poco y me dijo: “A esta seguro no nos dejan entrar”. El homenaje a los comunicadores era organizado por la cadena de productos de belleza AVON: cosméticos, lencería y joyas de fantasía, entre otros. Tras varios cafés y cigarros –y cruzar miradas con colegas fiesteros- nos enteramos de que el agasajo era organizado “en alianza” por AVON y por el Hotel Hilton Princess, sede del evento. “¡Porque hoy, la noticia más importante eres tú!”, informó el maestro de ceremonias. Hubo baile, show artístico (el grupo de danza moderna Ecos del Mundo bailaba con gracia y alegría), orquesta, comida, bebida y la rifa. Ya en la entrada nos habían regalado a cada uno un perfume: “Mesmerize for men”. Tras el sorteo, me gané también una canastita de mimbre en la cual venían los siguientes productos: dos brochas aplicadoras, una cajita con “joyería AVON”, dos brillos labiales, una crema intensiva antiarrugas, una crema facial, un perfume, dos lápices delineadores, una colonia y tres “Be Spontaneous, Eau de Toillette en spray”.
Recibir ese premio generó dos debates. El primero fue entre Edu y yo antes de irnos de esa fiesta. Estaba claro que todo regalo que nos dieran quedaría en la mesa o en el suelo o donde fuera, pero que no se iría con nosotros. A mi me surgió una duda. Ese regalo, en lugar de dejarlo tirado, ¿no lo podía regalar a una conocida de la fiesta? Un minuto de reflexión fue suficiente para salir con canastita en mano, dirigirme al baño y dejarla sobre la taza del inodoro. El segundo debate fue con nuestro director y algunos compañeros de la redacción. ¿Por qué habíamos recibido ese regalo? ¿Por qué no dijimos “no, gracias, no lo puedo aceptar”? ¿Por qué no lo dejamos en la mesa en lugar de salir con él y dejarlo en el baño? Edu y yo argumentamos que el regalo no lo aceptamos: lo recibimos para poder contar que lo recibimos. Como delegados fiesteros, teníamos que asumir un rol, y ese rol pasaba por jugar a todo. Y jugar a todo incluía pararnos a recibir un premio frente a más de 40 personas que aplaudían mientras sonreíamos para la foto. El debate sobre si fue correcta o no nuestra decisión aún sigue abierto (para nosotros, al menos). Una foto, un almuerzo sin hambre y otro premio El jueves por la mañana teníamos que asistir al desayuno para la prensa organizado por el presidente Antonio Saca y nos quedamos dormidos. Tanta fiesta. Por suerte, cuando llegamos al hotel Real Intercontinental el mandatario todavía estaba ahí. Apenas y logramos tomarnos un jugo antes de abordarlo. Desde hace tres meses, El Faro solicitó formalmente una entrevista con él y ha seguido haciéndolo, pero aún no hemos recibido respuesta del mandatario que, sin embargo, sí tuvo a bien invitarnos a su fiesta. “Presidente, bonito agasajo. Mire, quería preguntarle, ¿qué pasó con la entrevista? Nos debe una entrevista, presidente”, le dije.
Le respondí que en cinco minutos no se hace una entrevista para evaluar su gestión y le volví a preguntar que cuándo nos la daría. Luego, le pedí que posara junto a nosotros para la foto, a lo cual accedió con un “cómo no, faltaba más”. De la entrevista sólo recibimos un “hablen con Julio (Rank)”. Sí, con Julio hemos hablado varias veces en estos meses. Con él y con varios empleados de comunicaciones de Casa Presidencial. Pero nada. Al menos, esta vez, sacamos la foto. Mucho antes de que llegáramos, y antes del desayuno típico (huevos, fríjol, plátano, queso, crema, pupusas), Saca dijo en su discurso que en el país se gozaba de una absoluta libertad de prensa. “Ningún funcionario del estado, alcalde, diputado, militar o presidente, puede cambiar ni siquiera una coma de lo que escriben los periodistas, de lo que transmiten en la televisión, las radios y cualquier otro medio existente”, agregó. El desayuno del presidente fue muy concurrido. Asistió una buena parte de los periodistas del país y también directores de medios de comunicación, que departían alegremente con miembros del gabinete mientras algunos de sus empleados buscaban afanosamente declaraciones de funcionarios. Hora y media más tarde, estábamos haciendo cola en un buffete instalado en la terraza de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social. Nos sentamos, charlamos con un reportero de televisión y con otros dos de radio, y escuchamos decir al presidente de FUSADES, Antonio Cabrales, entre risas, que el agasajo no era para “que después nos saquen en los medios”, sino para “agradecer” por la importante labor que los periodistas hacen en el país.
Con él, y su grupo de amigos, nos reencontramos en la fiesta organizada por la Asociación de Industriales de El Salvador (ASI). En la mesa éramos siete y los siete ganamos un premio en la rifa. Edu y yo: un bolsón y dos gorras cortesía de Cementos de El Salvador (CESSA), que terminaron igual que la canastita AVON. Otros tres se llevaron un guacal repleto de alimentos; otro, una bolsa llena de ampolletas de Virogrip. Uno se ganó un fajo de tela color gris y otro un paraguas. Esa noche, una colega que vimos en casi todas las fiestas nos señaló con el dedo índice: “En algo andan ustedes dos”. Otro de los colegas con quienes departíamos nos preguntó, directo: ¿verdad que ustedes van a sacar algo de las fiestas? Los he visto estos días y ya me eché el rollo”. De ese evento nos fuimos luego de comer tortas, tacos y sopa de tortilla, y de bebernos un par de rones; y justo después de escuchar barras cada vez que algún colega salía a recibir su premio. Para las mujeres hubo “¡mamacitas!” y silbidos.
Si al desayuno con el presidente Saca llegamos tarde, al desayuno organizado por la Asamblea Legislativa llegamos tardísimo. En un salón del Hotel Real Intercontinental sólo estaban los encargados de comunicaciones de la Asamblea. Un par de colegas nos comentaron que fue el evento “más tranquilo” de todos, con desayuno típico, jugo y café; que llegaron algunos de los diputados miembros de la junta directiva y los jefes de fracción de tres partidos políticos (ARENA, PCN y FMLN), y que se repartieron sobres en cuyo interior había cupones de descuento de Almacenes Simán. Nos encontramos ahí con Rodrigo Baires, periodista asignado a la cobertura legislativa de El Faro. “Ya conseguí las declaraciones que necesitaba”, nos dijo. Como él no era delegado fiestero, no tuvo ni desayuno ni regalos. Nosotros tampoco, por llegar tarde. Esa mañana pagamos nuestro desayuno típico en el Biggest, el cual, según nos contó un reportero de televisión, hizo una fiesta una semana antes y regaló televisores, “entre otras cosas”, a los que bailaran mejor. “Me gané con otra colega un televisor y le dije que teníamos tres opciones: o nos casamos o lo partimos a la mitad o lo vendemos y nos repartimos el pisto, jajaja”. El reportero sigue soltero, pero obtuvo $50 dólares a cambio de su mitad del televisor. Por la noche, Óscar Ortiz y los empleados de la alcaldía de Santa Tecla organizaron todo un evento que tuvo, en algún momento, el brillo de una gran fiesta. Un salón equipado con más de 35 mesas en el Hogar del Niño Adalberto Guirola, orquesta, bebidas, carne asada, camarones, arroz, chirimol, pan y un termito térmico con pajilla de “cortesía”. De todos los regalos que vimos en la semana, ese termito fue el único que nos tentó. Parecía muy práctico. Luego de comer y beber vino, y de observar que no había siquiera un 20% de asistencia, decidimos marcharnos. En la entrada, Ortiz ya tenía más de media hora de esperar a unos agasajados que nunca iban a llegar. El alcalde efemelenista cometió el error de programar su fiesta a la misma hora y el mismo día en que se celebraba la fiesta más esperada por todos: la del MAG. “Ya van a regresar”, dijo el edil. “Así fue el año pasado”. Poco después de que llegamos a la otra fiesta, la de Agricultura, uno por uno fueron llegando también los mismos periodistas que estaban en la de Ortiz.
“Siempre hay fiesta, guaro y si tenés suerte te podes llevar un tu quintal de maíz o fríjol”, nos dijo otro colega entre carcajadas. Pero no había ni gallinas, ni quintales de nada, ni pescados fritos. De comer había pupusas y pan dulce y de beber sólo cerveza en lata –que se acabó rápido- y cerveza de barril, que era depositada en picheles dentro de los cuales había pan francés “para que se vaya la espuma”, según me explicó Freddy, el mesero, mientras detenía el pan con sus dedos para que no cayera en mi vaso a medio llenar. Un par de vasos de cerveza con pan –Edu logró conseguir de lata-, de escuchar barras cada vez que alguien ganaba un premio en la rifa, y luego de ver bailar a los colegas a un ritmo “con sabor a cumbia, con sabor a PNC (combo de la Policía Nacional Civil)” nos fuimos. Con esa, la del MAG terminamos el recorrido fiestero. Nos sentamos a recordar la semana y concluimos que la mejor fiesta, sin duda, fue la de la Cámara de Comercio. Pero aún no había nada que celebrar. Nos faltaba la fiesta organizada por la Asociación de Periodistas de El Salvador. Ésta fue en el Hotel Holiday Inn, el lunes 31, día del periodista salvadoreño. Inició luego de que se declarara al empresario Roberto Murray Meza como presidente honorario del Círculo de informadores Deportivos y de la APES, “por su contribución al periodismo salvadoreño”. Vino luego media hora de un foro sobre la experiencia de cuatro periodistas en el mundial de Alemania. A cambio de tantas fiestas, éste fue uno de los pocos espacios para debatir sobre periodismo. La misma APES organizó, días antes, un foro titulado Periodismo y acceso a la información, y las estaciones de radio 102.9 y el Grupo Radio Estéreo abrieron programas para discutir sobre el quehacer de los medios de comunicación. El Sistema de Integración Social Centroamericano y el INCAE también organizaron un foro de dos días titulado “La Responsabilidad de los Comunicadores Sociales en el Desarrollo de la Región Centroamericana”, en el que participaron varios comunicadores de Guatemala, Honduras y El Salvador. Pero nada compitió con las fiestas. En la de la APES hubo otro homenajeado (el empresario Pablo Tesak, con la distinción de “honorable amigo”), y se nombró a la nueva Junta Directiva de la gremial. Este día íbamos con la idea de preguntarles a los mismos colegas que vimos una y otra vez en las fiestas a las que asistimos sí era ético o no aceptar regalos, asistir a fiestas pagadas por las fuentes, disfrutar del pan y el circo. Tras casi tres horas de estar ahí, Edu y yo ya no le vimos sentido a hacer esas preguntas. Coincidimos en que, a juzgar por las reacciones y el comportamiento que vimos durante toda esa semana, nadie estaba pensando en si lo que hace es ético o no. Fuimos parte de un gremio que se reúne a contar sus penas o alegrías mientras bebe y come gratis y mientras es consentido. Feliz día del periodista.
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