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NOTICIAS Cómo se vendieron 55 manzanas de reserva forestalEl terreno en donde el Club Campestre Cuscatlán quiere ampliar su campo de golf perteneció, hasta julio de 2002, a la Cooperativa de la Reforma Agraria El Espino de R.L. Las 55 manzanas fueron traspasadas a seis cooperativistas, y éstos las vendieron, posteriormente, al club. Las autoridades de la cooperativa dicen que el Ministerio de Agricultura les recomendó vender para poder pagar una deuda acarreada desde 1980. Daniel Valencia
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Carlos Nelson Alfaro, José Luís Elías, Juan René López, Mario Ramírez Cañas, Óscar Armando Solís y Salvador Urías, todos miembros de la Cooperativa El Espino, llegaron a la sucursal del Banco Cuscatlán “La Pirámide”, en Santa Tecla, el mismo día y al mismo cajero. Era 12 de marzo de 2003. Ahí realizaron, uno por uno, la presentación de un proceso individual de compraventa –realizados, todos, en julio de 2002, según las autoridades de la cooperativa-, que más tarde quedaría reflejado en el Centro Nacional de Registros, delegación de Santa Tecla. Se trataba de terrenos de la finca El Espino que la cooperativa les había vendido, y que ese mismo día cambiarían de dueño.
Por ejemplo, Josué Luis Elías Escalante realizó una transacción bancaria a las 12:16 P.M., con la cual registró a su favor la porción F (desmembración) del Cantón Puerta de La Laguna, segregado de la Finca El Espino, de una extensión de 69,890.97 metros cuadrados, según consta en el número de presentación 200305006127. Esa misma porción de terreno, 15 minutos más tarde, quedó registrada bajo el nombre del Club Campestre Cuscatlán, según consta en la presentación 200305006136 del Centro Nacional de Registros (CNR). Los otros cinco cooperativistas realizaron similares transacciones (ver recuadro).
A los seis los acompañó el entonces presidente de la cooperativa, Pablo Ramos, y un “presentante”, figura que sirve como especie de testigo en el proceso de compraventa para ambas partes, al cual Pablo dice no recordar muy bien. En los 16 números de presentación que registran ambas compraventas (de la cooperativa a los seis cooperativistas y de éstos al Club Campestre) de las porciones de terreno A, F, B, G, D, E, H e I, aparece el mismo presentante: Julio Guillermo Bendek.
“No me pregunte sobre eso, no lo recuerdo bien”, dice Ramos, luego de explicar que dentro de la cooperativa hablar de la venta de terrenos de la Finca El Espino es un tema que “a nadie le gusta tocar”.
Oscar Armando Solís, actual presidente de la cooperativa y uno de los que participaron en las transacciones, comparte la preocupación de su antecesor y en voz baja dice: “Usted sabe cómo es esto, todo lo que implica que El Espino se mantenga como está, cómo presionan políticamente, medioambientalmente”.
Hasta mediados de 2002, dice Solís, las 686 manzanas de terreno, otorgadas con la reforma agraria de 1980 a la cooperativa, eran el sostén de 450 familias, herederos de los antiguos colonos que trabajaban esas tierras cuando eran propiedad de la familia Dueñas.
El principal cultivo de El Espino es el café orgánico. Según datos de la cooperativa, al año se producen aproximadamente 35 mil quintales/uva de café; y si la cosecha es buena, se puede hacer una venta de hasta 750 mil dólares.
En la finca trabajan unos 400 recolectores durante la época de cosecha, que pueden llegar a ganar hasta $10 dólares al día, dependiendo de la cantidad de arrobas de café que recolecten. La cooperativa también produce un café de exportación llamado “Café orgánico El Espino”. La presentación de la libra de café viene con un perico dibujado en el centro, ave símbolo de la zona y que emigró tras la destrucción de su hábitat con la construcción del Bulevar Orden de Malta y los centros comerciales Las Cascadas y Multiplaza. En el empaque también aparece el logo de la cooperativa y un sello de certificación de café “orgánico”. La bolsa es de papel metálico color verde. Su precio, en los supermercados nacionales, es de $2.29 de dólar. Sólo $0.56 centavos menos de lo que le costó al Club Campestre cada vara cuadrada de las 55.52 manzanas que compró a los cooperativistas.
La caída del precio
La crisis del café, que afectó a los países productores desde el comienzo de la década de los noventas, según el Informe Sobre Desarrollo Humano de 2003 del PNUD, fue uno de los factores que más incidió para que la cooperativa viera crecer la deuda agraria con el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) y la deuda bancaria con el Banco de Fomento Agropecuario (BFA), que al final los empujó a vender.
“Para el 2002 ya nos habían advertido que si no pagábamos podían quitarnos toda la finca”, dice Solís.
Santos López era el secretario del consejo de administración de la cooperativa cuando se vendieron las ocho porciones de terreno a los seis cooperativistas. Su nombre aparece en las resoluciones archivadas en el CNR. Él señala que funcionarios del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) recomendaron a la cooperativa realizar ese trámite para vender los terrenos (vender a cooperativistas para que éstos, luego, vendieran nuevamente las tierras sin ninguna dificultad) porque “el trámite de subasta que también se puede hacer sería más tardado”.
El Faro intentó conocer la versión del director general de recursos naturales renovables del MAG, Julio Alberto Olano, pero al cierre de esta nota aún no se había recibido respuesta de su despacho. Olano dictaminó -en la fecha de compraventa- acatar las siguientes recomendaciones para el uso del suelo de los terrenos vendidos: “Mantener el uso agrícola y de ser posible incrementar áreas boscosas ya sea con café u otras especies forestales”.
En los registros del CNR también consta que el MAG “advierte que el terreno es de una densa cubierta vegetal y que cualquier alteración provocaría un impacto negativo al medio por lo que se requiere un estudio de impacto ambiental aprobado por la autoridad competente. Para realizar cualquier acción. Aclara en el mismo dictamen no autoriza la tala de ningún árbol”.
“Nosotros llegamos a un acuerdo con todos los asociados en el que nos propusimos vender una parte de la finca para conservar el resto. Era mejor que perderlo todo”, explica Solís.
“Justo en esa fecha, aparecieron los señores del Club Campestre Cuscatlán para hacer ofertas. Nosotros buscábamos compradores y ellos fueron los primeros”, agrega.
Ramos, Solís y Santos López aseguran que, si no hubiesen corrido el peligro de perder por completo toda la finca, no hubieran vendido. Y los tres añaden que, aún cuando vendieron, los problemas de la finca no acabaron.
Según Solís, cuando se dieron las negociaciones de venta de los terrenos al Club Campestre la cooperativa pedía 37 colones por cada vara cuadrada. “Y cada manzana posee 10 mil varas cuadradas. Al final vendimos 55 manzanas a un precio menor: 25 colones ($2.85) por cada vara cuadrada…Debíamos 15 millones de colones al BFA como deuda bancaria y 12 millones de deuda agraria al ISTA. Con lo que recibimos del Club y descuentos otorgados por ambas instituciones por haber pagado de inmediato apenas y salimos de eso”, se lamenta.
Pablo culpa de “la mala suerte” de la cooperativa al decreto 432 que, irónicamente, protege a las 618 manzanas de terreno, de las cuales 55 ahora son del Club. “Es como estar entre la espada y la pared”, dice. “Por un lado, la finca aunque la queremos, aunque la cuidamos y no queremos que desaparezca apenas y nos ayuda a sobrevivir con la cosecha de café. Y por otro, si vendemos, siempre es a un precio muy por debajo de lo que sería un precio de mercado debido a que los compradores saben bien que existe ese decreto y ahí no pueden hacer nada que no esté contemplado en ese decreto. Mire el Club: ¿cuándo construirá el campo de golf?”.
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