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NOTICIAS Entrevista con Juan José Daboub, director ejecutivo del Banco Mundial: “No hay ningún país en el mundo, ni Inglaterra, ni Estados Unidos, ni Burundi, ni El Salvador, que no deba seguir haciendo reformas”Durante la administración de Francisco Flores (1999-2004) ocupó al mismo tiempo dos de los puestos más importantes del gabinete: ministro de Hacienda y Secretario Técnico de la Presidencia. Domina el tema pero evita cualquier tipo de valoración respecto al gobierno de Antonio Saca. “En términos de principios para mí sí hay una diferencia muy fuerte. Pero eso es una cosa más filosófica”, dice Daboub cuando levemente se aproxima a comentar los subsidios que la actual administración otorga en la rama social. El nuevo director ejecutivo del Banco Mundial, “el segundo de Wolfowitz”, como él mismo se denomina, defiende en esta entrevista las reformas económicas que mandó el consenso de Washington, asegura que éstas siempre son necesarias y dice que si alguna no funcionó en Latinoamérica dependió más del país llamado a implementarla que del organismo internacional que la sugirió. Carlos Dada / Foto:
Christian Acosta
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No creo que reivindicación sea la palabra. Creo que es un reconocimiento al trabajo en el que tuvimos algo que ver con el presidente Cristiani, en CEL; con el presidente Calderón, en ANTEL; y con el presidente Flores, en Hacienda y la Secretaría Técnica. Es una validación de que las reformas en las que participamos han producido resultados y el Banco Mundial está interesado en que otros países las puedan experimentar. Pero (Paul) Wolfowitz no está contratando a un país o a un gobierno, está contratando a Juan José Daboub.
Lo pregunto porque al final del gobierno de Francisco Flores no recibieron el reconocimiento que algunos esperaban. Ni siquiera el partido ARENA tomó muy en cuenta al ex presidente.
Desde que empezamos el Instituto América Libre, en junio de 2004, lo hicimos ante la demanda de muchos países, de gobiernos o fundaciones interesadas en que compartiésemos las experiencias vividas durante el último periodo de gobierno. Entonces el reconocimiento, al menos a nivel internacional, sí se dio de manera significativa. No por una muestra de cariño, sino un reconocimiento por mantener el grado de inversión del país, por ser la segunda economía más libre, cuando, a pesar de los terremotos, se logra tener un superávit fiscal en 2003. En el país, el principal reconocimiento a la gestión del presidente Flores es que pudo alguien del partido del presidente gobernar otra vez. Ahora, si tu pregunta va por diplomas o cócteles...
No, me refería a que lo han dejado incluso fuera de algunos
eventos del partido.
No, siempre, siempre lo han invitado.
¿Es decir que nunca se han sentido marginados o subestimados?
No. En mi caso, no llegué ahí para un reconocimiento. Mi
mayor satisfacción era hacer de la mejor manera posible lo que
se me había encomendado. En base a eso me atrevería a pensar
que la mayoría de los miembros del equipo sabían que habría
un principio y un final, y que en política no necesariamente todo
lo que uno hace es reconocido en su justa dimensión y se encarga
la misma historia de reconocer. Siento que es el Banco Mundial, en particular
Paul Wolfowitz, y los 184 países que toman la decisión para
escoger a un director ejecutivo, los que están validando en buena
medida lo que en ese periodo se hizo.
¿Cómo ve su rol en el Banco Mundial?
La función principal del Banco es reducir la pobreza en el mundo.
Soy director gerente del grupo del Banco Mundial. Mi responsabilidad son
todas las organizaciones del Banco, eso quiere decir que después
del presidente hay un equipo gerencial, del cual soy el director ejecutivo.
Mi trabajo es operativo, es decir, todo lo que las organizaciones del
Banco realizan a través de las 35 vicepresidencias, se reportan
al director gerente. El banco está constituido por 184 países,
en 100 de los cuales hay operaciones periódicas todos los años.
Hay un directorio conformado por 24 directores. A El Salvador en este
momento lo representa España, y a toda Centroamérica. A
la mitad de Sudamérica la representa Perú y a la otra mitad
Brasil. Esos directores forman la junta directiva que da los lineamientos
anualmente y es el presidente de la institución, Paul Wolfowitz,
el que tiene que velar por que se cumplan las decisiones del directorio.
Hablaba de la misión de reducción de la pobreza.
Es el fundamento del banco, pero no reducción de la pobreza únicamente
con ayuda y asistencia, sino en crear y hacer las reformas que vayan haciendo
que puedan ir saliendo de la pobreza.
Pero eso es algo muy abstracto. ¿Qué políticas
impulsará para eso?
Creo firmemente en algo que dijo el presidente Wolfowitz, que se tenía
que trabajar para liberar las energías y la libertad de las personas
para poder alcanzar estas metas. El Banco no tiene el rol de intervenir
en las políticas de un país pero sí tiene un fuerte
compromiso en presentar y asociarse con los países que quieran
hacer las cosas bien y con transparencia. Irlanda es un ejemplo en cuanto
a los niveles de desarrollo en los últimos 25 años, igual
Taiwán, Chile, Singapur, que hace 25 años tenían
un nivel de pobreza similar al de nuestros países. La misión
del Banco es que si nos piden ayuda le decimos que con gusto, para agua,
para telecomunicaciones, para electricidad, le ayudo pero permítame
sugerirle lo que ha funcionado en otros países. Los países
pueden o no aceptar, igualmente el Banco acepta o no colaborar. No vamos
a colaborar con algo que no será transparente o no va a alcanzar
la misión de reducción de pobreza.
A ver, menciono países que han avanzado en el desarrollo.
¿Qué ha pasado en América Latina?, ¿Qué
salió mal?
Hablar de todo un continente es muy difícil. Sería más
justo un análisis caso por caso, aunque hay cosas que son un hilo
conductor. Una de las cosas que ha faltado es hacer las reformas correctas,
y hacerlas bien. Continuar haciendo reformas, porque no es un punto de
llegada, es un punto de mejora continua. Hay que hacer una segunda generación
de reformas, como abrir la economía a la competencia.
¿Eso se hizo?
Creo que uno de los errores en general que han tenido algunos países
en el mundo y en Latinoamérica en particular es que no ha habido
continuidad en políticas acertadas, aun cuando ha habido en algunos
casos continuidad partidaria. Entonces das dos pasos para adelante y a
veces das uno para atrás, y creo que eso nos ha afectado en Latinoamérica,
falta de continuidad en las cosas buenas.
Hay incluso funcionarios del Banco Mundial y del FMI que admiten
que a lo mejor no hicieron las cosas bien en América Latina, que
podríamos estar viendo un viraje pendular en Sudamérica,
votando por modelos distintos como reacción a los modelos que no
funcionaron.
Hay cosas que se pudieron haber hecho mejor, y ahí depende tanto
de las personas que el Banco envió para hacer las recomendaciones
como de la capacidad de los gobiernos de implementar las reformas de la
mejor manera posible. Pero concuerdo en que evidentemente se dieron cosas
que probablemente no se hicieron bien. La apertura del sector telecomunicaciones
se dio con una concesión de exclusividad por diez años en
algunos países, lo que obligó a los consumidores a seguir
pagando precios altos. En el Salvador y Chile la competencia se abrió
desde el día uno. Algunos países probablemente fueron bien
aconsejados pero no pudieron implementar políticamente lo que se
tenía que hacer o quizás fueron mal asesorados y los resultados
están ahí. Creo que fue más lo primero. Hay cosas
que o no se profundizaron o no se hicieron con la seriedad necesaria o
no fueron sostenibles en el tiempo o simplemente ha llegado alguien que
al ver que una reforma te toma cinco o seis años en dar resultados
prefiere un discurso demagogo y la gente se deja llevar por cantos de
sirena. A mi juicio en el largo plazo eso va a regresar al punto de partida.
A veces algunos tiranos, populistas, demagogos, te ofrecen pan para hoy,
pero hambre para mañana.
Por eso preguntaba si no ve estos cambios en Sudamérica
como un rechazo a las políticas del consenso de Washington, que
les ofrecieron algo que no dio resultados.
Es que decir que me ofrecieron esto implica que en esos países
se hicieron bien las cosas, y algunos no hicieron bien las cosas y por
lo tanto esos resultados que dijeron que se iban a lograr no se lograron.
Pero el pecado no son las reformas, no es abrir a la competencia. Algunos
hicieron muecas de hacer los cambios. La reacción es ante la falta
de los resultados, pero no porque las reformas fueran equivocadas. Cuando
le das libertad a la gente haciendo bien las cosas los resultados se dan.
Pues hoy estará en la dirección del Banco Mundial.
Sí.
Tendrá más poder que el presidente de la República.
No lo veo así. Uno es una cosa política y el otro es un
trabajo más técnico. La parte política no es una
función del Banco, eso le compete más a las Naciones Unidas
y a foros ad hoc del Banco para problemas políticos. Lo que sí
es cierto es que Paul Wolfowitz y la administración tienen que
responderle a 184 países miembros, y por tanto al mundo. En ese
sentido la responsabilidad y el rendimiento de cuentas son muchas veces
más que un solo país. Yo no diría que es más
poder, sino que los niveles de responsabilidad son diferentes. Uno es
a tu país, que es sumamente importante, y otro es a 184 países.
Cualquier teoría política, y hasta empresarial,
te dice que a mayor responsabilidad más poder y al revés.
Eso puede leerse de otra manera. Tengo que aclarar que la función
del Banco, del presidente y mía como su segundo a bordo es de proveerle
servicios a los países, no imponer. Somos servidores de todos los
países socios y eso implica una gran responsabilidad. Se pueden
hacer comparaciones entre organizaciones afines. El Banco Mundial con
el BCIE, o con el BID, o con el Banco de África, evidentemente
las responsabilidades y la incidencia desde el Banco Mundial tiene más
repercusiones. Además, hay una estrecha relación por la
Agencia de Desarrollo del Banco Mundial con las Naciones Unidas, son las
organizaciones más grandes del mundo.
Hizo reformas en su paso por el Ministerio de Hacienda y la Secretaría
Técnica. ¿Ha habido continuidad en El Salvador?
Me parece que en temas de apertura comercial se les ha dado continuidad,
como el TLC que se negocia durante el periodo del presidente Flores y
este gobierno logra su aprobación en la Asamblea. También
he visto continuidad en una buena parte de la política exterior,
específicamente en la que tiene que ver con nuestros compatriotas
en el exterior y nuestra participación con las tropas en Iraq.
Creo que en la mayoría de otras áreas, los acentos y las
prioridades son diferentes a las que hubo en los tres gobiernos anteriores
en los que pude participar.
¿En materia fiscal?
Durante nuestro periodo tuvimos quizás el impacto más fuerte
en las finanzas públicas fueron los terremotos y la inversión
en reconstruir lo destruido. Sufrimos la caída de los precios del
café que llegó a niveles históricamente bajos, y
al mismo tiempo un alza espectacular en los precios del petróleo,
de $9 dólares el barril a $40 dólares, es decir, cuatro
veces más. Son cosas en las que el Estado no podía tener
ningún control. En donde sí podíamos incidir es el
tema de pensiones. Nos toca a nosotros en los últimos dos años
de gobierno los desembolsos más fuertes al pago de pensiones en
la transición del sistema antiguo al sistema nuevo. Se hizo un
par de reformas más para que ese impacto se achatara.
¿Y este gobierno?
Ha tenido que enfrentar otra realidad. El petróleo ha seguido subiendo,
el café subió a $113 el quintal cuando a nosotros nos tocó
un bajón que llegó hasta a $40. Pero en la parte en que
tienes algún control, el gobierno actual decidió una política
diferente en cuanto al apoyo a los sectores más necesitados. Nuestra
política iba más en la línea de remover obstáculos,
de crear oportunidades, de invertir en salud, en educación. De
hecho históricamente hasta el momento la inversión más
alta en materia social se hizo durante el gobierno del presidente Flores.
Ahora se hace diferente, es un esquema más enfocado a los subsidios
a la ayuda directa, y eso es una forma diferente de atacar el problema.
¿Hay alguno que sea correcto y otro no? En términos económicos
la historia lo va a decir. En términos de principios para mí
sí hay una diferencia muy fuerte. Pero eso es una cosa más
filosófica. Respeto lo que ellos están intentando hacer
y ojalá que los resultados positivos primero se den y segundo sean
sostenibles en el tiempo.
Hay diferencias...
Hay diferencias, y en parte vienen originadas por los eventos exógenos
que nos afectan, pero por otro en función de los acentos o mayores
énfasis que un presidente versus otro le quiere dar.
Acaba de salir un ministro de Hacienda que estaba dispuesto a
profundizar reformas, entra uno nuevo cuyas primeras declaraciones son
que no habrá más reformas y que su misión es revertir
la apatía de la empresa privada. ¿Son necesarias más
reformas o no?
Como te dije antes, siempre es necesario hacer más reformas pero
en la dirección correcta, con metas medibles y alcanzables. No
hay ningún país en el mundo, ni Inglaterra, ni Estados Unidos,
ni Burundi, ni El Salvador, que no deba seguir haciendo reformas. Porque
las necesidades o se incrementan o se modifican. Algunos de los países
sudamericanos que han caído en manos asistencialistas se ha incrementado
el nivel de pobreza, lo que te demanda más recursos del fisco para
atender esa dificultad. En África la pobreza se ha ido acompañando
de enfermedades como la malaria y el Sida que te demandan recursos que
antes no eran necesarios. Todos los países, y El Salvador no es
la excepción, debe mantener una regla muy sencilla: no gastar más
de lo que tienen. Debes tener recursos disponibles, y jerarquizar de acuerdo
a las necesidades. ¿Qué es más importante? ¿Darle
un subsidio directo a alguien, que le va a beneficiar a una persona? ¿O
construir un albergue que en momentos de desgracia puede beneficiar a
cinco mil personas o más? Al ministro de Hacienda le corresponde
velar por la estabilidad macroeconómica del país y buscar
recursos o persuadir a los que gastan para que gasten menos. Este proceso
demanda siempre reformas en la dirección de tener la cantidad de
recursos necesarios para hacer aquello que le compete al estado hacer,
como seguridad pública, relaciones exteriores y ayuda a los grupos
vulnerables. Todo lo demás se puede descentralizar y permitirle
a la sociedad civil...
No menciono salud y educación.
Como no, te lo puse en la ayuda a los grupos vulnerables. Nosotros ampliamos
el programa Educo hasta tener la mitad de las escuelas públicas
del sector rural. En la parte en la que el Estado va a participar hay
que hacer reformas de la manera más eficiente y no repartir por
repartir.
Pero concretamente, en las condiciones actuales, ¿qué
reformas son necesarias para tener unas finanzas públicas sanas?
Bueno, son cuatro grandes áreas. En la parte de los ingresos, ampliar
la base tributaria, formalizar a los informales, cerrar los agujeros y
combatir el contrabando. La segunda serie de reformas van en la parte
de los egresos, que ya no es tanto una facultad de Hacienda, sino con
el resto del equipo, que es en qué vas a invertir tu dinero. Pero
eso te lo tiene que contestar cada gobernante. Nosotros lo respondimos
con los Educo, los SIBASI, los Fovial. La tercera pata de esto es el desprendimiento
de activos que posee el estado y que por su naturaleza pueden perfectamente
desarrollar las alcaldías o la sociedad civil, que somos todos
los que no estamos en el gobierno. Por ejemplo en la generación
de la energía eléctrica el Estado todavía tiene un
papel grande. En la parte de agua he visto que se va a avanzar en la descentralización,
lo que me parece acertado. El Estado es dueño de muchos activos,
como propiedades que eran del IRA o derechos de vía o concesiones
de los puertos. El último es en la política de endeudamiento.
Se busca tener un portafolio de deuda que sea manejable y te permita manejar
tu calificación de riesgo de inversión y que jamás
te vaya a permitir dejar de pagar una deuda. Hay que decidir cuál
es la mejor forma de endeudarse, si es a largo o corto plazo, bilateral
o multilateralmente o en el mercado de bonos.
¿Es necesaria una nueva reforma fiscal?
José Luis Trigueros era el ministro cuando se hizo un nuevo código
tributario. Luego se hizo otra reforma hace dos años. Puede ser
que ahora sea necesario evaluar si estas reformas son suficientes. En
otras palabras nunca se llega a la cumbre. Siempre tenemos que buscar
nuevas y mejores metas. Y no va a suceder por chance o por suerte.
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