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Las políticas de combate a las pandillas no han podido doblegarlas. El porcentaje de homicidios atribuidos a las llamadas maras ha aumentado, según las cifras de la Policía Nacional Civil, a un 43,5 por ciento. A pesar de que, según la misma PNC, casi la tercera parte de sus miembros se encuentran en las cárceles, estos grupos se han fortalecido y están hoy mejor organizados que hace un año.
“Los miembros de pandillas se están convirtiendo cada vez más peligrosos, más sofisticados, están cruzando nuestras fronteras. Es importante que nosotros mandemos un mensaje juntos”, dice Alice Fisher, fiscal adjunta del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que vino a El Salvador para participar en la II Convención Antipandillas. Su mensaje es ese: perseguir y procesar pandilleros.
San Salvador fue la semana pasada sede del encuentro regional para el combate a las pandillas. 200 policías de México, Estados Unidos y Centroamérica compartieron sus experiencias en una cumbre que básicamente versó sobre las formas de capturar a los miembros de pandillas.
La oportunidad sirvió para que la Policía Nacional Civil (PNC) salvadoreña presentara un informe estadístico sobre los homicidios: De acuerdo con sus datos, en 2005, el 43.5% de los homicidios fueron cometidos por pandilleros. Si se atienden las cifras policiales, los homicidios perpetrados por pandilleros han aumentado pese a los planes gubernamentales por detenerlos. Hace un año, la PNC dijo que para 2004 los homicidios causados por pandilleros alcanzaban el 35%.
Los números de homicidios también han aumentado. Marzo registró 286 homicidios, según la PNC, un 14% más que en el mismo periodo del año anterior.
Enero, febrero y marzo sumaron 839 asesinatos, 31 más que en 2005 pero un 42% más que en 2004. El promedio de muertes violentas, al cumplirse cien días de la llegada de Rodrigo Ávila a la dirección de la PNC, es de diez diarias.
El Salvador registra un índice de homicidios de 55 por cada 100 mil personas, casi el doble del promedio latinoamericano.
El plan “Mano Dura” comenzó durante la administración de Francisco Flores, en 2002. Su primicia era capturar a los pandilleros y meterlos a la cárcel. La PNC considera que en el país hay nueve mil 500 pandilleros, de los cuales tres mil 353 están en las cárceles.
Las pandillas, según la embajada de Estados Unidos en el país, se han involucrado fuertemente también en el narcotráfico. Su página web informa que en 2005 la policía salvadoreña capturó a 973 pandilleros por este tipo de delitos, de los cuales 778 fueron condenados.
Los pandilleros, según informó el director de la PNC, Rodrigo Ávila, se han sofisticado tanto que han sido capaces incluso de infiltrar a la propia policía. “Nosotros en la Policía tenemos tristemente que admitir, que incluso miembros de la institución policial son reclutados por las pandillas”, dijo.
En palabras del presidente de la República, Antonio Saca, los pandilleros se han convertido en el principal problema de seguridad nacional y regional. “Son los terroristas del futuro”, dijo. Los datos de la policía señalan el involucramiento de estos grupos en tráfico de drogas y de seres humanos, en sicariatos y cobros de “impuestos”, secuestros, controles territoriales y manejo y posesión de armas de alto calibre.
El subdirector de la PNC, Pedro González, informó que el 70 por ciento de todos los crímenes del país se cometen en 20 municipios de los 262 en que se divide El Salvador.
La viceministra de Gobernación, Silvia de Aguilar, participó también en la convención. Ella, como en anteriores ocasiones lo ha hecho el director de la PNC, el ministro de Gobernación o el mismo presidente Saca, prefiere no calificar de fracaso el plan Súper Mano Dura, nombre acuñado por Saca como secuela del Mano Dura original.
“Para Gobernación significa más trabajo. El porcentaje de homicidios es el problema de pandillas. Tienen recurrencia”, dice la funcionaria. Aguilar, sin embargo, no detalla ninguna nueva acción desde el gobierno para contrarrestar un problema que crece cada mes.
La primera convención antipandillas concluyó que era mejor abandonar las capturas masivas de pandilleros y en su lugar atacar a los grupos como organizaciones de crimen organizado. La segunda convención plantea la creación de bases estratégicas regionales contra estos grupos. Sin embargo, como detalla el comisionado Douglas García Funes, encargado de los grupos especiales de la PNC, pocos avances se han dado para desarticular a las pandillas desde sus cabecillas. “Infiltrar pandillas es difícil porque tenés que ganar su confianza. Es más fácil que ellos te infiltren a ti”, dice.
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