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NOTICIAS Saravia niega que odontólogo haya matado a RomeroEl ex capitán, en entrevista con El Nuevo Herald, pidió garantías de seguridad para revelar el verdadero nombre de quien disparó contra el arzobispo de San Salvador en 1980. El presidente Saca dijo la semana pasada que cualquier información que pueda brindar Saravia es importante, pero “que lo haga para cerrar heridas”. Edith Portillo
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“Estoy cansado de que me culpen de todo, de que yo le disparé a Romero, que yo fui el autor intelectual, que hice todo”. Esta es la razón por la que, según dijo al periodista Gerardo Reyes, de El Nuevo Herald, el ex capitán de la Fuerza Aérea de El Salvador, Álvaro Rafael Saravia, está dispuesto a revelar detalles sobre el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, justo 26 años después de su muerte.
Dentro de esos detalles está el nombre de la persona que disparó al arzobispo de San Salvador, quien fue transportado por el motorista personal de Saravia, amado Antonio Garay, hasta la capilla del Hospital Divina Providencia donde Romero oficiaba una misa.
El nombre del tirador y el de otros que estuvieron involucrados en el asesinato, dijo Saravia en esa entrevista, los dará a conocer solo si tiene garantías de seguridad.
“Sí (sé quién le disparó), pero no lo voy a revelar hasta que no tenga garantías (…) Yo me opuse a que usaran a mi conductor. La operación no la manejaba yo, y por eso tuvimos una discusión”, reconoció.
Saravia negó la participación del Dr. Héctor Antonio Regalado a quien Garay identificó en 1987, ante la Comisión de Investigación de Hechos Delictivos (CIHD) instalada por el gobierno de José Napoleón Duarte, como el que más se parecía al hombre de barba al que condujo ese 24 de marzo de 1980. A esta conclusión llegó Garay cuando, como parte de las pesquisas de la CIHD, se le pintó una barba a una foto de 1969 de Regalado, quien también se encuentra actualmente en la clandestinidad.
A Regalado, un odontólogo de profesión, se le considera que fungió como guardaespaldas del fundador del partido ARENA, Roberto d`Aubuisson.
Asimismo, el ex capitán aseguró que tampoco disparó Walter “Musa” Álvarez, a quien el informe de la “Comisión de la Verdad” señala de haber recibido un pago de mil colones junto con el asesino de barba.
“La descripción física que hizo Garay del tirador no coincide con la de Regalado ni con la de Musa. El motorista dice que era un hombre alto, moreno, de barba, y el doctor Regalado es chaparro y jorobado”, dijo Saravia.
Pese a reconocer su participación en la planificación del asesinato y revelar además que las armas las compraban a norteamericanos, el ex capitán insistió en que hay otros cuya participación fue más directa y hoy gozan de libertad: “Sí, no lo puedo negar (que tuvo un nivel de responsabilidad en el hecho). Pero no el que me están atribuyendo. Aquí hay más gente. Ellos están llevando una vida libre de remordimientos habiendo sido los más comprometidos (…) Los americanos (nos vendían las armas), por $200 más del precio del mercado conseguíamos lo que queríamos. Había un americano llamado Andy que nos conseguía las armas”.
La huida hacia Centroamérica
Saravia había desaparecido hasta ahora de California, Estados Unidos, luego de que en 2004 se abriera un juicio civil en su contra en ese país. Al final de este juicio, el ex militar fue condenado en ausencia a resarcir económicamente a la familia de Romero con 10 millones de dólares, convirtiéndose en el primer procesado por este caso.
El proceso fue impulsado en Fresno, California, por un grupo de abogados del Centro para la Justicia y la Responsabilidad (CJA), que lo consideró un “conspirador clave” en el asesinato. “La demanda alega que Saravia obtuvo armas, vehículos y otros elementos para el asesinato, ordenó a su conductor que llevara al asesino a la capilla donde Monseñor Romero fue asesinado, y pagó al asesino una vez concluido el crimen”, apunta la CJA en el resumen del caso disponible en su página web.
En todo ese tiempo, relata Reyes en su artículo, el ex capitán cruzó vía terrestre México y se instaló en la capital de Honduras, Tegucigalpa, donde abrió un negocio hasta que, al enterarse de la condena que pesaba en su contra, “abandonó la ciudad para refugiarse, solitario, en una desolada playa de Centroamérica”.
En el artículo no detalla si Saravia aún se encuentra en Centroamérica, sino que indica solamente que la entrevista fue hecha “en un lugar de Latinoamérica” que el ex capitán pidió que no fuera identificado.
“Para cerrar heridas”
El presidente de la República, Antonio Saca, opinó sobre las declaraciones de Saravia que primero hay que confirmar los datos que ofrezca, pero que “si alguien quiere contribuir con su patria, que lo haga, pero que lo haga para cerrar heridas”.
“Si el señor Saravia tiene alguna información que ayude a conocer estos datos históricos, yo creo que es importante no solo adelantar que lo va a decir, sino que lo diga. Eso es importante para el país, son momentos dolorosos de la historia, son páginas tristes”, agregó el mandatario.
En ese sentido y pese a considerar importantes los detalles que pueda esclarecer Saravia, el presidente subrayó entonces el contenido de la Ley de Amnistía aprobada en 1993 para los crímenes cometidos durante la guerra, y con la cual el mismo Saravia quedó beneficiado. “Al final de cuentas, eso le dio tranquilidad al país y se pudo hacer el acuerdo de paz”, dijo.
Así lo consideró también el actual arzobispo de
San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, quien expresó a este
medio que “La Iglesia quiere que haya un conocimiento de los hechos
y además que haya justicia. Esto también ayuda para la buena
marcha del proceso de canonización de Monseñor Romero”.
(Ver entrevista)
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