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Las balas frente al Radisson

La noche del miércoles 15, manifestantes del FMLN llegaron al hotel Radisson para exigir al Tribunal Supremo Electoral que declarara a Violeta Menjívar como alcaldesa de la capital. Hubo disparos, mucha tensión y acusaciones de fraude.
César Castro Fagoaga / Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
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Las puertas del hotel Radisson estaban completamente abiertas para que el aire circulara. Adentro, el gas pimienta aún picaba en los ojos. En el lobby, los huéspedes, la mayoría rubios turistas avivados por la acción, se mezclaban con los activistas políticos, funcionarios y periodistas que se movían nerviosamente y comentaban lo que sucedía en las calles aledañas del hotel. El reloj marcaba las 8:45 de la noche.

La atención pronto se centró en la puerta. Rodrigo Ávila, director de la Policía Nacional Civil (PNC), entró custodiado por dos agentes antimotines que superaban, ambos, el metro noventa de estatura. Los militantes del FMLN pronto se congregaron y mostraron su indignación a través de insultos. Un grito desde el grupo caldeó el ambiente: “Sacá a esos policías si no querés que te los saquemos nosotros”. Ávila siguió derecho y buscó con quién negociar.

Loreña Peña, Sigfrido Reyes y Jorge Schafik Hándal, tres dirigentes del FMLN, flanquearon al director. Ninguno estaba apacible. Ávila habló primero y se dirigió al hijo de Schafik Hándal: “Vengo a pedir que se calmen, ha habido hasta disparos con armas de fue…” No terminó la frase. Alrededor suyo se habían apelotonado por lo menos veinte militantes del FMLN que gritaban “¡fraude!, ¡fraude!” una y otra vez. El director de la PNC hizo un ademán a los dos antimotines para que abandonaran el hotel, al tiempo que intentaba, sin éxito, responder a todos: “Por mí esto debería haber acabado desde hace ratos”.

La meleé se prolongó cinco minutos: Sigfrido Reyes y Lorena Peña acusaban; Rodrigo Ávila se defendía y también acusaba; Schafik hijo guardaba silencio. “Están provocando al pueblo”, decía el vocero del FMLN mientras apuntaba su dedo índice a escasos centímetros del rostro de Ávila. El director estuvo a punto de perder la cordura. Tras un breve intercambio de miradas, los cuatro decidieron parar el espectáculo que daban a los periodistas que poco a poco ingresaban al lobby ahuyentados por la violencia que ocurría cerca. Se fueron a negociar en privado, los del FMLN prometieron calmarse; Ávila, una investigación del trabajo de sus fuerzas. Fuera del hotel, manifestantes y policías de disparaban.

La toma del Radisson

Media hora antes de la entrada de Ávila al lobby ocurrió lo anunciado. La manifestación convocada por el FMLN para exigir al Tribunal Supremo Electoral (TSE) la proclamación de Violeta Menjívar como alcaldesa de San Salvador había recorrido desde el centro capitalino y se topaba con las barricadas que la PNC. Marchaban exaltados, molestos por la “decisión del TSE en dar el triunfo a Samayoa”. Radio Mayavisión, afín al FMLN, acompañaba la protesta y llamaba a la insurrección.

Todo lo que sucedió después fue una sorpresa dentro de lo esperado. Una media hora intensa, donde hubo piedras y balas de goma. Nadie, sin embargo, esperó los disparos de balas reales. Fueron en total cuatro, detonados desde la marcha y dirigidos a los pelotones policiales. La PNC respondió con gases y más balas de goma. El gas llegó incluso al hotel, a pesar que el enfrentamiento era dos cuadras abajo.

Desde un balcón del hotel, varios directivos y militantes del FMLN gritaban consignas para apoyar a sus simpatizantes. Aplaudían y alzaban sus puños izquierdos. En el mismo balcón, a pocos metros, el director departamental de ARENA para San Salvador, Adolfo Torrez, estuvo a punto de perder los estribos. Con la cara roja, comenzó a avanzar en dirección a los directivos efemelenistas con el dedo medio alzado en su mano derecha. Iba decidido, hasta que otro arenero lo tomó por la espalda y le dijo “Hey, chele, calmate hombre, vas a armar un relajo”. Abajo seguían las detonaciones de arma de fuego y de morteros pirotécnicos.

El director de la PNC informaría después: dos heridos y catorce detenidos.

Los manifestantes no quisieron hablar con la procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos. Cuando Beatrice de Carrillo se les acercó le tiraron piedras. En ese momento diez minutos pasaban de las ocho y la procuradora se dirigió a Sigfrido Reyes en el lobby del hotel. Le dijo “¡Quiero hablar con usted ya!”. Le dijo que había un grupo en el que iban algunos encapuchados, armados con piedras y que ya se estaban enfrentando con la UMO en la barricada.

“Yo eso lo desconozco, nosotros no tenemos a gente encapuchada”, le contestó Reyes.

La procuradora volvió al portón principal del hotel y junto a colaboradores comenzaron a hacer llamadas telefónicas para confirmar si era cierto el rumor de que el coordinador general del FMLN, Medardo González, había sido herido. La información resultó falsa, pero se hablaba de al menos una persona herida, que ya había sido trasladada por una ambulancia.

La procuradora dijo “sería bueno que el Tribunal empezara a hacer lo que tiene que hacer. Voy a ir a hablar con Araujo ahorita”. Se dirigió al salón del hotel donde estaban reunidos los magistrados Walter Araujo, Mario Salamanca, Francisco Monge y el secretario general del TSE, José Heriberto Alvayero. La reunión no duró más de 10 minutos, Beatrice no quiso hablar sobre lo discutido y los magistrados continuaron en el salón.

Cuando la procuradora salió de ese salón, se encontró en el lobby a Norma Guevara, dirigente del FMLN. Eran ya las 8:35 de la noche. Hablaron en secreto y se fueron del brazo a tocar de nuevo la puerta donde estaban los magistrados. Norma Guevara, todavía del brazo con la procuradora, le pidió a Araujo que retirara a la policía. Encogiéndose de hombros y con una expresión de desaprobación a la solicitud, Araujo sólo respondió que esa no era una decisión que pasara por sus manos.

“Perdóneme, pero la policía está bajo su mando”, insistió Guevara. “No, Norma, yo no tengo ningún control sobre la policía”, siguió Araujo. La procuradora le dijo entonces a Norma que se fueran a hablar solo ellas dos y se quedaron en una de las áreas del restaurante. Norma hizo pronto una llamada desde su celular y se le escuchó diciendo “Es mi opinión y la de la procuradora, mejor que se retire la marcha”.

Luego de unos tres minutos salió Araujo desde la sala donde estaba reunido, haciendo también una llamada por su celular: “Si por eso te digo, es mejor que te vengás para acá”. Ávila llegó 20 minutos después.

En los pasillos, dos areneros conversaban: “hubieran entrado a ver cómo nos tocaba”, decía uno. El otro respondía: “Si no pasa nada, es como en los viejos tiempos”.

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