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La tercera irreverencia de Will Wilfredo Salgado obtuvo cerca del 60% de los votos válidos.
La amplia ventaja sobre los demás candidatos le permitió
agenciarse la alcaldía de San Miguel por tercera ocasión
consecutiva con su tercer partido político. Carlos Martínez
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La carretera Panamericana atraviesa un paisaje árido a medida
que se interna en el oriente del país. Por esta época
del año, la vegetación es apenas existente y a ambos lados
se extienden hileras de árboles que parecieran haber sido abrasados
muchas veces.
Kilómetros después del río Lempa, la vista está
dominada por el Chaparrastique, un apagado volcán en el que,
a pesar del clima, aún sobreviven escasos parches verdes. A sus
faldas se extiende la ciudad de San Miguel, plana y calurosa.
Justo después del rótulo que marca el límite entre los municipios de Quelepa y San Miguel, la carretera Panamericana comienza a ser un surtido muestrario electoral. Resulta suficiente para ilustrar a cualquier visitante medianamente informado. Contrario a lo que podría esperarse, el rostro del ya célebre alcalde Wilfredo Salgado no aparece sino hasta algunos kilómetros adentro. La carretera, en cambio, está flanqueada por grandes vallas que muestran al candidato de ARENA, Nelson López, y al competidor del FMLN, Otto Bonilla.
Al entrar a la ciudad, la Panamericana comienza a llamarse Avenida Roosevelt, la madre de todas las calles migueleñas. La primera vez que aparece el rostro del alcalde es en una valla que lo muestra con sonrisa grande, mientras muestra los tres dedos de la mano derecha en señal de su tercera competencia por la alcaldía. En la imagen, lleva el azul de su partido de turno: el Partido de Conciliación Nacional (PCN).
En la parte de atrás de la misma valla aparece Sandra Salgado, hermana del alcalde, vestida de camiseta y gorra azul. Ella es la primera candidata a diputada del PCN en el departamento, gracias a los buenos oficios de su hermano.
San Miguel es tierra de tránsfugas: los colores partidarios no pasan de ser distintivos eventuales. No es la primera vez que Nelson López y Will Salgado se enfrentan en las urnas. La diferencia es que hace tres años, en la última elección de alcaldes, López competía por el azul del PCN y Salgado con el tricolor arenero. Ahora, la historia es a la inversa.
Para dejarse “fichar” por el PCN, Salgado impuso dos condiciones. La primera no admitía discusiones: No quería tener jefes, por lo que fue nombrado máximo representante del partido en todo el departamento. En segundo lugar, quería a su hermana como primera diputada. Dicho y hecho. Desde su proclamación como candidato, Salgado se convirtió en director departamental pecenista y Sandra Salgado relegó al tradicional diputado migueleño, Juan Sorto, a un riesgoso segundo lugar en la planilla de diputados azules.
Salgado, el alcalde, no se complica con explicaciones al respecto: “¿Por qué la impulsé? ¿¡Y no es mi hermana, pues!?”
“Yo le dije a Juan Sorto que si quería ir de primer lugar me trajera agua de Marte y piedras de la Luna”, asegura el alcalde. En la versión de Sorto, fue él quien decidió ceder el primer lugar en la planilla. “¡Yo lo dejé de segundo!”, contradice Salgado.
“Will”, como conocen al alcalde en San Miguel y en medio El Salvador, se negó rotundamente a que entrevistara a su hermana. Dijo que jamás lo permitiría. “A mi hermana a vos no te la presto, no está preparada. Es que es necia, yo le digo que hable tres minutos, pausado, que diga que representa a las mujeres. Pero se le va la onda y habla diez, ¡tres minutos bien y siete de caca! Entonces mejor le digo que ya no hable nada”.
El puesto que ocupa Sandra Salgado en la planilla pecenista es casi una garantía de que durante tres años ocupará una curul en la Asamblea Legislativa.
A mediados del año pasado, cuando Salgado pasó a integrar las filas azules, los números de este partido sufrieron una beneficiosa alteración. Salgado siempre se ha jactado de que las cifras que lo acompañan no le pertenecen a nadie más que a él. Ganó la alcaldía por tercera vez consecutiva con casi un 60% de la votación, cerca de 12 mil votos más que Otto Bonilla, candidato del Frente.
Aeróbicos y un río de sangre
El centro histórico de la ciudad bien podría ser una caricatura del poder migueleño. Justo frente al viejo edificio de la alcaldía, en el otro extremo de la plaza central, se encuentra una de las sucursales de “Almacenes Salgado”, propiedad del alcalde. En sus paredes se lee el eslogan que él creó: “El imperio del mueble”.
Will Salgado es habilidoso para las frases de impacto. Se hace llamar “El Huracán” y en una de las pasarelas sobre la avenida Roosevelt se ve la cara del alcalde acompañado de su hermana: “Will y Sandra ¡más fuertes que nunca!”.
El alcalde es uno de los empresarios más vigorosos de la zona. Tiene nueve sucursales, incluida una en pleno centro de Santa Tecla, donde se dispensan todo tipo de artículos para el hogar. Desde bicicletas hasta comedores. El comercio es la principal actividad económica de San Miguel, seguido por la ganadería y la agricultura. El municipio se ha convertido en el mayor centro de oferta de servicios y de acopio agrícola de la región.
Hace algunos meses, en un intento por explicar el éxito electoral de Salgado en las urnas, uno de los jueces de la zona me explicaba que Will se preocupa por mantener una constante presencia pública, independientemente de si esto lo consigue a través de escribir su nombre en las nueve sucursales de su almacén o en vallas publicitarias. Además, aseguraba que el alcalde se encarga de que la gente sepa bien quién es el responsable de cada obra hecha.
El estadio Miguel Charlaix es uno de los más recurrentes adornos en el discurso del alcalde. El lugar es una enorme extensión de terreno en pleno centro urbano. Los migueleños lo recuerdan como un oscuro nido de hampones antes de la llegada de Will a la alcaldía. Es difícil hoy en día imaginarlo así. Ahora luce una amplia pista pavimentada que circunda una cancha de fútbol con medidas oficiales. A las seis de la tarde, la pista es un hervidero de jóvenes trotando o de señoras con largos vestidos y tenis dando lentos paseos.
El parque cuenta además con varios quioscos de venta de refrescos y golosinas, abarrotados de estudiantes uniformados y de ancianos que miran a los deportistas. Hay una cancha de fútbol rápido y un amplio salón que anuncia clases de aeróbicos y baile gratis. Dentro del salón, pude ver no menos de sesenta personas, hombres mayores y obesos, muchachas con ajustados atuendos deportivos, señoras con amplias bermudas. Todos siguiendo –o intentándolo- los pasos del instructor de aeróbicos. Hace algunos años, incluso hubo algunos instructores puertorriqueños dirigiendo los ejercicios. El parque está abierto desde muy temprano hasta las diez de la noche y cuenta con buen número de agentes armados de la seguridad municipal.
En el salón de aeróbicos, justo detrás de donde el instructor imparte sus clases, está colgado un gran afiche con el rostro del alcalde y, a la entrada del parque, se anuncia en letras blancas sobre un fondo azul: “Alcalde Will Salgado”.
Un día, mientras recorríamos la Avenida Roosevelt en su auto, ironicé diciéndole que él sí que sabía dónde colocar su nombre. Se rió y me amplió la explicación con una sonrisa burlesca: “Siempre pongo mi nombre allí antes de las elecciones, porque es centro de votación, y como mínimo me gano media página gratis en todos los periódicos, con todo y foto”. Se refería al hecho de que la ley prohíbe cualquier tipo de propaganda en los centros de votación.
Si el parque Charlaix es una de las fotos que a Will le gusta mostrar, el rastro municipal es una a la que no se refiere voluntariamente.
El rastro está ubicado en pleno centro histórico, apenas a cuatro cuadras de la catedral y de la alcaldía (y del Almacén Salgado). Se trata de un antiguo terreno desolado que está siempre invadido por una nutrida bandada de buitres, que se agolpan como moscas gigantes sobre los restos de ganado. De forma regular, el rastro vacía varios galones de sangre sobre la quebrada Tiscuco, una de las afluentes del Río Grande.
Roger Manzano es el director del Sistema Regional de Información (SRI) de San Miguel. El SRI es una instancia que tiene una improvisada oficina con separaciones de madera dentro del campus de la regional oriental de Universidad de El Salvador. Es, quizá, la institución mejor documentada del área. Manzano señala como una de las principales deficiencias de la gestión municipal actual la escasa, o nula, preocupación por el medio ambiente.
A menos de diez kilómetros del caso urbano está el botadero municipal que recibe a diario cuatro camiones de basura. Se trata de unas ocho manzanas de terreno sobre las que gravita un ambiente espeso, un aire que casi se puede tocar. Todos los días, un empleado municipal prende fuego a los desechos ya secos, que producen un humo negro y maloliente. La basura está expuesta al aire libre sin ningún tipo de tratamiento.
Todas las aguas negras de San Miguel desembocan, sin ninguna medida atenuante, en el Rio Grande.
“Si me das el dinero yo arreglo eso”, se excusa el alcalde que insiste en que la creación de una planta de tratamiento de basura significaría un incremento de 800% en las tasas que pagan los migueleños.
“Hace dos años teníamos doce millones de colones y pasé dos días, dos horas diarias, en la tele, preguntando qué hacer con ellos. Y la gente escogió pavimentar la calle antigua a la Unión. Como de mil llamadas, solo 80 fueron para mover el rastro –explica Salgado-. Aquí la gente manda”.
En las horas de mayor tráfico, la carretera Panamericana, la principal entrada a San Miguel desde la capital del país, se atiborra de vehículos que esperan turno a lo largo de un tramo de más de tres kilómetros. Hay más de 15 rutas interurbanas, sin contar con el hecho de que San Miguel es la principal estación de rutas terrestres para todo el oriente del país.
Manzano asegura que el éxito de Will Salgado se basa en proyectos de alto impacto en la comunidad. Obras visibles, como el parque Charlaix. Sin embargo, cree que al alcalde le tienen sin mucho cuidado los temas de desarrollo de más largo aliento.
Raúl Rivas, rector de la Universidad Gerardo Barrios, una de las más importantes universidades privadas de San Miguel, y Marta Villatoro, investigadora de la sede regional de la Universidad de El Salvador, coinciden en que Salgado se preocupa porque sus obras se luzcan lo más pronto posible, y que esa es la razón por la que no le interesan los proyectos a largo plazo.
Todos los miércoles, el alcalde saca un escritorio a uno de los patios de la alcaldía y atiende a todo aquel que quiera tener una audiencia. “Cambio 200 dólares en billetes de uno y de cinco y al final del día ya no tengo nada”, asegura Salgado.
“La gente sabe que los políticos son corruptos y mentirosos. Eso a la gente no le importa en tanto encuentren a alguien que se preocupe por solucionar sus problemas inmediatos. En eso radica su liderazgo, en satisfacer necesidades primarias de la gente”, razona Marta Villatoro. El 58% de la población del municipio vive en cantones del área rural, según los registros del SRI. Para el director de esta institución, gran parte del éxito electoral de Will se debe a ese porcentaje de electores rurales.
Salgado no oculta el desdén con el que mira los intentos de asociarse que han tenido varios municipios aledaños a San Miguel ni las especificaciones del Plan Nacional de Ordenamiento y Desarrollo Municipal.
“Fui a un par de reuniones con los alcaldes, pero para tomar
cualquier decisión tienen que reunirse mil veces a tomar café.
Mientras no tengan pisto va a ser pura jodarria eso, así que
ya no voy. Mando a un delegado. Sobre el ordenamiento: vivimos en El
Salvador, no en Europa. De qué me sirve poner leyes que digan
que en una parte solo puede haber quintas ¿Quién putas
tiene el pisto aquí para comprar quintas? ¿Quién
putas va a querer invertir?”, argumenta.
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