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Entrevista con Jaime Hill:

“Comprendo y comparto los motivos por los que me secuestraron”

Jaime Hill es hoy el director de FUNDASALVA, institución que libra una batalla contra la adicción a las drogas, de las que él mismo fue víctima. En 1979 fue secuestrado por el ERP. Pasó cuatro meses y medio en un cuarto de dos metros por dos, donde una espada de Damocles pendía sobre su vida. Su familia fue obligada a pagar una cuantiosa suma por su rescate. Una vez terminada la guerra, buscó a sus captores para invitarlos a cenar a su casa.

Carlos Martínez
cartas@elfaro.net
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Fue un 31 de octubre. Como a las cuatro de la tarde yo estaba en mi oficina que quedaba en la Rubén Darío, cuando oí unos balazos y creí que era la policía siguiendo a un ladrón. Cuando los escuché cerca, pensé que el ladrón se había metido en la oficina. Por el peligro que corríamos, había mandado a poner unas puertas blindadas. Cuando oí que estaban tirándole a la puerta con ametralladora G-3, pues dije “¡esto es un secuestro!”. Entonces me fui a gatas, armado. Hacia el baño. Allí entraron ellos, eran cinco.

Venían disfrazados de policías, así lograron desviar todo el tráfico de la Rubén Darío. Entonces yo estaba en el baño armado, pero cuando ellos rompieron la puerta y me comenzaron a gritar, sentí que la pistola pesaba 30 libras. Me dijeron que tirara el arma y yo les dije “no la puedo tirar porque no tiene seguro y me da miedo que se dispare”. Llegó uno, me la quitó de la mano, otro me dio vuelta dentro del baño y me puso una capucha. Me llevaron con esposas puestas, me sacaron de la oficina y me metieron en un pick up. Lo vi porque aún no estaba bien vendado.

En ese carro habré andado unas tres horas, porque al llegar al lugar escuché una radio que decía: “el resultado del partido es Independiente cero, Marte, cero, diez minutos del segundo tiempo”. Los partidos empezaban a las seis de la tarde, entonces eran como las siete y diez, contando el medio tiempo. Hasta que llegamos a Chalchuapa, donde estuve secuestrado.

Primero que todo dije: “Qué bueno que no voy a consumir alcohol por un tiempo y no voy a fumar”. Yo iba pensando en decirles a ellos que estaba en problemas, porque no me llevaba bien con mis hermanos y estaba en pasos de divorcio con mi esposa que era de apellido Girola. Y que no fueran a querer sacarle dinero a ellos porque no les iban a sacar nada, ¡porque me estaba divorciando de su hija!

Al llegar me hicieron quitarme la venda y vi tres personas armadas paradas frente a mi con pasamontañas. Uno me preguntó si yo sabía de qué se trataba. Y les dije: “miren, estoy un poco confundido porque no sé si se trata de una fiesta de día de brujas o de un secuestro”. Uno de ellos me dijo: “como que tenés una lengua de víbora”. Yo les dije que no, que lo que quería es hacer el secuestro lo más amigable posible y que se dieran cuenta que tenían un ser humano.

Allí pasé cuatro meses. Salí el 17 de marzo. Estuve en condiciones muy buenas. Comía sin grasa, pescado, verduras, frutas... o sea que era una dieta muy sana y el cuarto era de dos metros por dos metros. Al día siguiente me preguntaron cómo había pasado la noche y me dijeron que perdonara la incomodidad porque no había sábanas ni almohada y me las llevaron. Solo les pedí que me dejaran bañarme, porque me decían que me iba a bañar cada ocho días. Al final los convencí de abrirle un hoyo a la pared y meter por allí una manguera. Tenía para afeitarme, desodorante... me trataron bien.

Me decían, de hecho, que si no quería tomar algo, una Cuba Libre o un Whisky. Les pregunté que si tomaban y como me dijeron que no, pues les dije que yo no tomaba solo. Lo que sí hice fue fumar.

Me hice amigo de cuatro personas. Uno de ellos le puse el ‘chief’, porque era como el jefe; el ‘Sacri’, porque él me tomaba fotos para mandarle a mi familia y yo conocía un fotógrafo que había sido sacristán y así le decíamos; ‘el callado’, porque no le sacaba palabra y el otro era ‘el aeróbico’, el que me ayudaba a hacer ejercicio. Y a mi me decían Jimy Carter.

Todos eran del ERP. Las fotos que me tomaban era con la bandera del ERP atrás. Todas las noches hablábamos de política, de Dios, del amor, del matrimonio, pláticas bonitas, les enseñé a jugar poker abierto.

Me advirtieron de la posibilidad de mi muerte, aunque no lo querían, ellos querían el dinero para seguir haciendo la guerra, pero que si mis hermanos no cumplían o avisaban a la policía, ellos tendrían que asesinarme, pero no era la intención. Estaba muy consciente y especialmente un día.

Ellos me llevaban los periódicos y un día que dijeron que no había llegado el periódico me pusieron las noticias de canal dos, las del medio día. Al final dijeron que iban a pasar un mensaje humanitario y vi a mi esposa pidiendo que por favor no me mataran, que le dieran más tiempo para conseguir un poco más de dinero, que estaba haciendo lo humanamente posible por pagar lo que pedían y yo sabía que había una amenaza de muerte sobre mi.

Luego me quitaron el televisor. Me quedé nervioso y escuché que llegó el “Chief” en la noche, que usualmente no llegaba todos los días, sino solo los fines de semana y ese día era a mitad de semana. Me quedé pensando cómo salirle al “Chief”. Me portaba mal, diciéndole que no ha cumplido con su palabra, o me porto como un marica, pidiéndole que no me mate, o me le comporto casual... pues casual, para ver qué camino agarrar. Entonces llegó y le dije:

-Hola ‘Chief’, ¿Qué tal?
-Bien ¿y vos?
-Preocupado, porque estoy viendo que la casa se está llenando de zopilotes.
-Ya se están empezando a ir, el mensaje de tu señora nos ha llegado y hemos dado otra oportunidad-... Así fue la cosa.

Seguimos allí y de pronto escuché gente que llegaba corriendo y eran los tres ellos, menos el ‘Chief”, y me dieron un abrazo y me dijeron que el secuestro había sido entregado a satisfacción y que yo me podía considerar un hombre casi libre. Mi hermano lo había entregado. Eran cuatro millones de dólares.

Luego de eso, yo caí en la drogadicción por el stress post traumático que yo tenía en mi mente. Yo creía que estaba bien, pero no, estaba yo mal. Entonces, en vez de buscar un psicólogo busqué a un cantinero y luego empecé a consumir cocaína, porque mi temor era acostarme a las diez de la noche y despertarme con pesadillas horribles. Sufrí el stress de la guerra. ¿Qué creés que está pasando con las pandillas ahora? Han visto a sus padres ser castrados o a sus madres violadas y tenían ocho años... ahora tienen 22 y tienen odio aún adentro.

En el 86 me tomé el último trago de mi vida. El dos de enero. Uno de los pasos de los Alcohólicos Anónimos es perdonar a quienes te han ofendido. Yo expresaba que tenía un gran odio contra Joaquín Villalobos y Ana Guadalupe. A ella la había visto sin máscara durante mi secuestro.

Yo fui a ver a una persona que me ayudó mucho a salirme de las drogas, Jorge Vitelio Luna, y le dije: “fíjese que tengo un deseo de venganza contra este hijo de puta de Joaquín Villalobos y Ana Guadalupe, he pensado hasta matarlos”. Me dijo que antes que yo sacara la pistola ellos ya me habrían dado un tiro. Siempre pensaba en cómo vengarme de ellos. Me dijo: “perdonalos”. -¿¡Perdonarlos!? ¿Después que me han hecho pasar cuatro meses zampado allí, sin ver a mis hijos, de caer en las drogas? ¿Qué me ha visto cara de culero o qué?- Me dijo que allí estaba mi error, que los que no perdonaban eran los culeros. Que perdonar era un acto de hombría y honorabilidad.

Yo me estaba matando a mi mismo. Mi perdón es egoísta, porque el que estaba bien jodido era yo. Cuando perdoné a Villalobos me quité un peso de encima. No digo que amo a Joaquín, pero he estado en su casa, cuando nació su hijo lo fui a ver, cuando viene nos saludamos. No te digo que lo escogería para que fuera mi testigo de bodas, pero si me llama lo recibo y viceversa.

Al acabar la guerra, una novia que yo tenía en canal 12 me preguntaba si al verlos no tendría yo ganas de agarrarlos del buche, y yo le decía que yo creía que no. Entonces una vez que los comandantes llegaron al canal, ella se le acercó a Villalobos y le dijo: “comandante, usted y yo tenemos algo en común, los dos conocemos a Jaime Hill”. Allí arregló con él que yo lo invitaba a cenar a mi casa, con la condición que llegara con Ana Guadalupe.

Luego llamó Joaquín diciendo que no lo querían dejar ir los comandantes si no iban también los otros. Entonces el día pactado sonó el timbre y allí estaban. Vi a Ana Guadalupe primero y la reacción que me salió fue darle un abrazo: “¡Hola Ana Guadalupe!, qué bonita que está, ¡Púchica!, la última vez que nos vimos fue en el 79”. Y ella me presentó a Joaquín y le dije: “Creo que ya nos conocíamos”, porque yo pensaba que él era el ‘Chief’, pero me aclaró que no. Llegaron todos los comandantes menos Schafik. Estuvimos hablando con ellos de cómo nos sentíamos uno frente al otro, de mi decisión de perdonarlos, etc...

Platicamos hasta las dos de la mañana. Joaquín y Sancho se estaban secreteando cuando les dije: “Híjole, ya se les pasó la hora, los va a regañar Schafik”. Y me dijeron que les había gustado la plática y que jamás pensaron que se daría eso con un empresario que ellos habían secuestrado. Me dijeron que me querían pedir un favor: querían cenar otra vez pero, esta vez, 20 del FMLN y 20 de la empresa privada. Para conocernos.

Llegaron 17 de la empresa privada y 20 del Frente. Roberto Murray Meza, Dicky Simán, Roberto Vilanova, Chaco de Sola.... yo había puesto cinco mesas de ocho y cuando vi, no había ninguna mesa llena sólo de empresarios o de guerrilleros. El 70% se despidieron de abrazo.

Llegó Roberto Ortiz Ávalos, que había sido compañero de pupilaje de Shafick y se saludaron. Shafick comenzó a hablar y dijo: “para demostrar que la empresa privada está de acuerdo con los acuerdos de paz, nosotros queremos que el 10% del capital social de las empresas representadas aquí sean pasadas al FMLN”. Me dijo que yo le pasara el 10% de CESSA, que Roberto Ortiz le pasara el 10% del Banco Cuscatlán, que Roberto Murray le diera el 10% de La Constancia. Entonces Roberto Ortiz se molestó y le dijo: “mirá, yo he venido porque le tengo un gran cariño a Jaime, porque sabía, y esto me lo está comprobando, de que esta junta no tendría ningún beneficio”. Entonces Schafik le dijo: “Robertío, vos nunca cambiás, siempre andás bravo, preguntale a Coqui Zablah por qué te estoy pidiendo esto, ¡Te estoy pidiendo como turco para que me tratés como cristiano, hombre!” Nos reímos. Eso rompió el hielo y empezamos a conversar. Teníamos que olvidarnos de lo que había pasado y reconstruir un nuevo El Salvador.

Yo creo que la gente que piensa que para perdonar es necesario saber quién cometió el hecho no deja de tener razón, pero se está haciendo un mal a él mismo, porque si él no ha perdonado vive con odio adentro y el odio hasta da cáncer. ¿Por qué no perdonar y poner las cosas en manos de Dios? Yo no pudo responderle porque yo sí los conozco hasta de cara.

Si a mi hijo lo hubieran atropellado y lo dejan paralítico -Dios no lo quiera- ¿Qué me saco yo echando maldiciones, queriendo saber quién es y gastando dinero y mente y tirando odio? Si perdona, el odio desaparece. Si no perdono el jodido soy yo.

Creo que esta es una sociedad más que reconciliada. Me parece que comenzar a señalar a todos los que hicieron cosas durante la guerra... Porque el salvadoreño ama la paz, pero también es violento y si alguien fuera a saber quién mató a Ellacuría, eso trae más venganza, más guerra, más resentimientos. Yo perdonaría el acto y dejaría que Dios los juzgara.

Comprendo y comparto los motivos por los que me secuestraron. En el 72 aquí ganó Duarte, le robaron a Joaquín Villalobos, a Eduardo Sancho, las elecciones. Entonces vinieron ellos y dijeron: “si no podemos obtener democracia por las buenas, vamos a construir la democracia por la fuerza” y se fueron a las montañas y allí estaban comiendo raíces, ¡necesitaban hacer una revolución! Porque los militares y el capital no querían entender que tenía que haber cambios. ¿Qué se necesita para la guerra civil? Armas ¿Cómo se consigue dinero? Secuestrando un pendejo, y el pendejo fui yo. Tan sencillo como eso.

De qué me sirve pensar “¡puta, madre! ¿Y si tuviera los cuatro millones de dólares?” Tuviera una casa bien vergona, no hubiera dejado de jugar polo, tuviera una casa en Coatepeque... total ya me los quitaron, los ocuparon para recuperar el robo que nosotros les habíamos hecho a ellos, el robo de las elecciones del 72.

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