| |||
![]() |
|||
|
|
NOTICIAS El sueño salvadoreño: el anzuelo del dólar Más de 16 mil nicaragüenses trabajan en El SalvadorEn Santa Rosa de Lima, La Unión, emigrantes de Nicaragua
trabajan ilegalmente, pretenden acogerse a un tratado de protección
temporal y ocupan, por menos salario, los trabajos que los salvadoreños
no quieren. Sergio Arauz / Fotos Edu Ponces
Santa Rosa de Lima es un pueblo de migraciones. 45.1% de los habitantes reciben remesas, un porcentaje similar de hogares se mantiene con ese dinero que viene del exterior en un municipio donde habitan cientos de nicaragüenses que trabajan por menos de 155 dólares al mes. Los carpinteros, los vendedores ambulantes, los trabajos de campo y los oficios domésticos son, en su mayoría, puestos para emigrantes de Nicaragua. Son trabajos que, en la zona oriental, los salvadoreños no quieren hacer. Este municipio de La Unión recibe 571 mil dólares al mes en concepto de remesas, según el informe de desarrollo Humano del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y se cuenta entre los lugares que reporta mayor ingreso de nicaragüenses, según la organización no gubernamental Cáritas. Cáritas realizó “El censo de población nicaragüense residente en la zona oriental de El Salvador” para obtener un perfil del emigrante. Los datos aún no oficiales, pero respaldados por la oficina de Migración y Extranjería del país, revelan que hay más de 16 mil nicaragüenses trabajando en El Salvador, la mayoría de ellos indocumentados. Rigoberto Cano pertenece al uno por ciento de los emigrantes que ya están legalizados. Tiene más de 12 años de vivir en El Salvador y dice ser “uno de los pocos” que no fue atraído por el dólar. “Antes no éramos tantos, todo empezó con la dolarización”, explica en referencia al incremento de visitantes nicaragüenses que trabajan en la zona oriental y en Santa Rosa de Lima. Cano tiene un taller de bordado y presidió la desaparecida Asociación de Nicaragüenses Residentes en El Salvador. La organización de extranjeros buscaba informar y hacer lobby entre las cancillerías de El Salvador y Nicaragua para difundir un acuerdo migratorio firmado por ambos gobiernos en 2003. Este documento, desconocido entre la mayoría de emigrantes, es la piedra angular para el trabajo de la Iglesia y Cáritas con los ilegales. El tratado de protección temporal, que facilita los trámites para conseguir el permiso de trabajo a los nicaragüenses, también es desconocido por las autoridades. El documento de tres páginas firmado por los cancilleres de ambos países permite a los nicaragüenses obtener su permiso de trabajo si comprueban que tienen un empleo informal o formal en El Salvador. Cáritas y la Iglesia de Santa Rosa trabajan por informar de ello a los empleados de fronteras y a los mismos nicaragüenses. “Si mucho del trabajo que hacemos para estudiar la situación en que viven se dificulta por el miedo que tienen de ser deportados. Piensan que le vamos a pasar la información a Migración”, explica Rosa Aminta Flores, encargada de la Pastoral de Movilidad de Cáritas, que realizó una encuesta a 800 nicaragüenses. El miedo parece infundado, pues en diez años, El Salvador solo ha deportado a 10 nicaragüenses, según los reportes estadísticos de la oficina de Migración de Nicaragua. Solo ocho de los 800 nicaragüenses consultados por Cáritas cuenta con “permiso de trabajo” en El Salvador. Más de 50% de los emigrantes provenientes de Nicaragua ingresan por la frontera de Amatillo, a través de Honduras. El flujo, según reportes de Migración, ha llegado a los 16 mil nicaragüenses. La ruta de los nicaragüenses que buscan “el sueño salvadoreño” es corta y marca diferencias evidentes con respecto al viaje que realizan los salvadoreños que viajan a Estados Unidos. Salir de Nicaragua, entrar a Honduras y llegar a la frontera con El Salvador tarda un día.
Ella y su esposo viajan cada mes a su casa en Nicaragua y regresan a trabajar. “Nosotros no necesitamos que nos tramiten nada”, responde Izaguirre al preguntarle si pagan honorarios a un coyote. La encargada de Cáritas resume el proceso así: “Entran con el CA-4, trabajan noventa días, o el tiempo que autorice migración, y se van a dejar el dinero… luego regresan”. El CA-4 es un acuerdo que permite a los centroamericanos circular en la región con solo presentar un documento de identificación que respalde su nacionalidad. Costa Rica es el único país que no ha suscrito el acuerdo. Como una versión más amable de las autoridades migratorias estadounidenses, la migración salvadoreña, según la encuesta de Cáritas, sí acepta tratos “debajo de agua” para dejar pasar emigrantes extranjeros. “En las reuniones (con nicaragüenses) que hemos tenido hay denuncias de que la policía pide $20 de multa”, explica la encargada de la organización. Los retenes de migración sirven para revisar los permisos CA-4. Sin embargo, el permiso de trabajo no es solicitado.
“Para identificarlos, oigales el tono”, cuenta Agustín, un anciano de 80 años que no tiene inconvenientes con los visitantes extranjeros. Asegura que hay demasiada prostitución y delincuencia, pero no pone nacionalidad a los autores. “Así nos dicen a nosotros en los Estados Unidos y no nos gusta”, reflexiona. A la par de la banca del parque central donde el anciano escucha la misa celebrada en honor a la patrona de Nicaragua está sentado José Guerra, quien si se queja de los extranjeros. Es 7 de diciembre, más de 500 emigrantes se han tomado la plaza para celebrar el día de la virgen Purísima. El jornalero malhumorado es uno de los salvadoreños de Santa Rosa que no quiere viajar a los Estados Unidos a buscar mejor suerte y por eso sigue buscando mejor vida en El Salvador. “Algunos chochos (nicaragüenses) trabajan hasta por 6 ó 7 dólares al día”, dice el desempleado que aparenta más de 60 años. Guerra espera desde hace meses que su hijo mande las primeras remesas desde los Estados Unidos. “Pero cuando las empiece a recibir, seguiré buscando trabajo”, aclara antes de señalar que la fiesta celebrada frente a la iglesia de Santa Rosa de Lima servirá de incentivo para que más nicaragüenses ingresen a El Salvador.
El día de la fiesta, el 7 de diciembre, la aglomeración de extranjeros contó con el aval tácito de las autoridades locales. Ningún agente de la Policía ni de Migración pidió identificaciones a ningún nicaragüense. Para el párroco, que se ha convertido en la referencia de los nicaragüenses que llegan a Santa Rosa, la competencia por trabajar es relativa y el pueblo ya asimilado a los nuevos habitantes. Un pueblo con un comercio interno intenso. Los 12 mil 771 habitantes que reciben remesas tienen un promedio de 171 dólares cada mes, según el informe del PNUD. “Nosotros (los salvadoreños) no queremos hacer el trabajo más pesado por tan poco dinero”, explica el padre. La aceptación y el rechazo de los nicaragüenses por parte de los limeños fue evidente el día de la fiesta de la Purísima. “Nosotros tratamos a los nicaragüenses como nos tratan a los salvadoreños en los Estados Unidos”, reflexiona, Lorenzo Cruz. La relación entre los pobladores nativos y los visitantes depende de quién haga la valoración. Para el alcalde de Santa Rosa, Anastasio Benítez, la mayoría de nicaragüenses son personas trabajadoras y se esfuerzan mucho. José Guerra, más desconfiado, augura que la delincuencia subirá y qué un día “la fiesta de los chochos” absorberá las fiestas patronales de Santa Rosa, celebradas en agosto. “Cuando nos demos cuenta ya serán más que nosotros”, continúa. A parte de los calificativos y las desconfianzas, el salario por el que están dispuestos a trabajar los extranjeros se convierte en un factor predominante. Jorge, otro nicaragüense que vive en Santa Rosa, se gastó 10 de los 30 dólares en comer pollo Campero. “Es el día de la Purísma y nunca había ganado tanto dinero”, cuenta el nicaragüense, que por primera vez recibe un salario en El Salvador. En una semana ganó lo que en su país tardaba un mes en recolectar. Nicaragua ocupa el último lugar en Centroamérica, tanto en el PIB global como per cápita, según el último informe de desarrollo humano de la Naciones Unidas. El escaso ingreso de dinero a los bolsillos de los nicaragüenses del sector rural provocó la migración masiva hacia Costa Rica y Honduras. El perfil de los emigrantes que ingresan por la zona oriental del país es muy similar al de los salvadoreños que viajan a Estados Unidos. Solo el 15% de los nicaragüenses encuestados por Cáritas terminó el bachillerato, el resto dejó a mitad los estudios básicos. Según la encargada de Cáritas San Miguel, el total de las personas viene a trabajar a El Salvador en el sector rural: “en una ganadería de Concepción de Oriente, Jocoso o Pasaquina, casi un 90% de trabajadores son nicaragüenses”, detalla. Santa Rosa de Lima, Pasaquina, El Sauce, Concepción de Oriente, Anamorós son algunos de los municipios con mayor número de emigrantes.
*El cuadro registra las migraciones por país y reflejan la circulación
en la región |
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro |
| EL FARO.NET
(Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador) |