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Estancamiento económico: motor de las migraciones salvadoreñas

La presentación del nuevo informe de desarrollo humano del PNUD plantea un nuevo reto al gobierno salvadoreño: la urgencia de un nuevo modelo de crecimiento económico que detenga el flujo migratorio. “Las migraciones son una hemorragia del desarrollo humano”, sostiene Naciones Unidas.

César Castro Fagoaga. Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net

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El Salvador ha caminado hacia atrás en los últimos diez años. Desde 1995, el crecimiento económico se estancó. Ese mismo periodo ha coincidido con una nueva oleada de migración hacia el exterior, que, según los cálculos más conservadores, supone que mil 70 personas han abandonado el país cada día. Son salvadoreños que han encontrado en su nuevo país, principalmente los Estados Unidos, una calidad de vida sesenta veces superior que la que tendrían en El Salvador.

No hay cifras definitivas, el gobierno salvadoreño lo reconoce como una de sus deudas, pero se estima que en los Estados Unidos viven cerca de 2.5 millones de salvadoreños, 40% de la población que vive en El Salvador de acuerdo al Ministerio de Relaciones Exteriores para 2002. Son personas que se dedican en su mayoría a los servicios (camareras, las mujeres, y obreros, los hombres), que viven como un habitante de Chile y que ganan seis veces más que un salvadoreño promedio.

Los datos, extraídos del Banco Central de Reserva, ministerios del gobierno salvadoreño, Naciones Unidas y censos y encuestas realizadas en el país y los Estados Unidos, son la base que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) utiliza para la conclusión que lanza en su informe de Desarrollo Humano (IDH) de este año: las migraciones han transformado tanto a El Salvador que las estrategias para conducir al país no se adecuan ya más. “Se continúa diagnosticando y planificando un país que ya no existe”, se lee en el informe.

Durante la presentación hecha la semana pasada del IDH 2005, Beat Rohr, representante residente del PNUD en El Salvador, antepuso un “no queremos criticar a personas o instituciones” al mensaje de fondo del informe titulado “Una mirada al nuevo nosotros. El impacto de las migraciones”. El PNUD lo dice abiertamente a largo de las más de 500 páginas del documento: se necesita un nuevo modelo de crecimiento económico. El fenómeno migratorio es el hilo conductor para decirlo.

En palabras del coordinador del IDH, William Pleitez: “Nos hemos convertido en uno de los pocos países que consume más de lo que produce. Por eso ve que los malles (centros comerciales) están llenos y está es una lógica de subdesarrollo y a eso nos ha llevado estar aplicando un modelo que no se acopla a la realidad del país. El país tiene que prepararse para cuando la migración y la remesa deje de crecer, si no lo hacemos el país podría experimentar un verdadero colapso”. (Ver entrevista).

La presencia de la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar en la elaboración del IDH 2005 legitima el respaldo del gobierno a lo expuesto en el estudio. “Este informe se convierte en una herramienta que necesitamos para hacer un mejor diseño de políticas públicas. Es un estudio muy objetivo”, dice Escobar para zanjar la duda si el mensaje enviado por las Naciones Unidas ha sido comprendido.

Crecimiento estancado

El crecimiento económico alcanzado en la administración Cristiani, posterior a la firma de los Acuerdos de Paz, fue de 5.9% para ese quinquenio (1989-1994). Esta tendencia alcista, según datos del BCR, se frenó luego del primer año de la administración Calderón Sol: 3.9% para el periodo 1994-1999. El estancamiento se consolidó con la llegada de Francisco Flores, la economía del país creció 1.9%.

El lento crecimiento económico ha tenido efectos directos, según el PNUD, en el ámbito laboral. Citando al BCR, el IDH 2005 señala que las tasas de desempleo se han mantenido casi invariables desde 1991 y las de subempleo han aumentado levemente. Paralela también ha sido la disminución de salarios. De acuerdo a datos del ministerio de Economía, los salarios medios reales, entre 1989 y 2004, se redujeron un 12%, mientras que el salario mínimo decayó un 17%.

El crecimiento de las importaciones sobre las exportaciones es un elemento más que abona para sustentar la petición del PNUD. Las exportaciones, incluyendo maquila, no superan el 20% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que las importaciones superaron, para 2004, el 40% del PIB.

La situación económica se refleja en la opinión pública salvadoreña. La encuesta presentada por el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP) en mayo de este año entrelaza la economía con las migraciones. Según el estudio, el 55% de la población considera que la situación económica ha empeorado con el gobierno del presidente Saca. Cinco de cada diez salvadoreños, según el IUDOP, quieren irse del país.

La población que quiere abandonar El Salvador no proviene únicamente de municipios pobres. De acuerdo a un estudio del Banco Mundial (BM) sobre migración internacional y remesas difundido a finales de octubre, tres de cada diez salvadoreños con un título universitario dejan el país. El BM ha denominado ya el fenómeno como “fuga de cerebros”.

El IDH 2005 es enfático cuando señala que las migraciones son contradictorias al desarrollo humano. Irse a vivir fuera es una antítesis de ello, advierte el PNUD. William Pleitez lo resume así: “Las migraciones son una hemorragia del desarrollo humano”.

El PNUD, sin embargo, no es la única institución que advierte sobre la necesidad de un nuevo modelo crecimiento económico. También el BM ha apuntado en el tema. “El Salvador es un país que ha aplicado tantas políticas buenas como ha sido posible, que tiene una capacidad institucional relativamente buena y que a pesar de ello el crecimiento no solo no ha tenido un despegue sino que ha sufrido una desaceleración significativa paralela a la mencionada transformación”, reza un informe del BM de 2003.

Siendo aún candidato presidencial, Antonio Saca habló con El Faro sobre el estancamiento económico. En esa ocasión, enero de 2004, Saca aseguró que al llegar al gobierno su principal apuesta sería el crecimiento económico, la generación de empleos para evitar seguir expulsando salvadoreños al exterior. “Esperaría que el modelo ahora sí dé réditos”, dijo Saca en esa oportunidad.

De eso no ha ocurrido nada. Un año después, ya en la presidencia, el propio Saca reconoce que lo prometido aún es deuda. El PNUD retoma una cita suya durante un encuentro de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), en febrero de este año: “Hemos hecho todo lo que indica el manual para que los países crezcan; sin embargo, al final del día tendremos una deuda, el crecimiento económico, y esa deuda tenemos que saldarla lo más pronto posible. No hay fórmulas mágicas, no hay atajos ni caminos fantásticos, la única forma de combatir la pobreza es generando empleos y así lo hemos entendido todos. ¿Cómo crecer? Esa es la gran pregunta a responder para que nuestra gente esté medianamente satisfecha”.

La diáspora ignorada y las remesas

Hay un hecho: el fin de la guerra no cesó el flujo migratorio. Las remesas tampoco. Según muestran las estadísticas del BCR, en 1978, de cada cien dólares que entraban a El Salvador, 80 provenían de las agroexportaciones tradicionales como el café, y únicamente ocho de las remesas. Empero, 26 años después, en 2004, los porcentajes se han invertido: 70 de cada 100 dólares que entran son producto de las remesas y cinco de las exportaciones.

Las remesas son imprescindibles para la economía salvadoreña. Las remesas, que totalizaron dos mil 548 millones de dólares para 2004, representan el 655% de la inversión extranjera, 140% de la carga tributaria, 91% del presupuesto general de la nación y 202% del gasto social.

Según el IDH 2005, 22% de los hogares salvadoreños reciben remesas y ochenta centavos de cada dólar recibido se destina al consumo.

El estudio señala que las migraciones han creado un nuevo sujeto económico y relacionan el impacto de las migraciones, en sus dimensiones cultural, económica y social, con el surgimiento de los criollos. Sin embargo, las transformaciones producto de las migraciones aún no alcanzan la esfera política, pues de los 2.5 millones de salvadoreños que vive en los Estados Unidos, según Relaciones Exteriores, es la minoría más grande sin derecho al voto. El proyecto de voto en el exterior sigue congelado en la Asamblea Legislativa, mientras que el voto residencial será posible en las elecciones de 2004, únicamente en seis municipios, solo después de por lo menos cinco años de discusiones.

Tanto el BM como el PNUD en su informe sostienen que las remesas reducen la pobreza. Hasta ahora, empero, el gobierno aún no logra una fórmula mágica para que las remesas se traduzcan en motores de desarrollo locales.

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