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Plática con Manuel Carreira, sacerdote y astrofísico "La astronomía es tan perfectamente inútil como la poesía"
Por Diego Murcia y Carmen Elena Villacorta / Fotos: Roberto Orellana
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Después de encontrar una mesa donde la luz de la noche colabore con la fotografías de Roberto, vamos creando ambiente. Uno de los camareros han depositado el menú de este día sobre la mesa. Al lado, cae la primera pregunta.
¿Qué es la astrofísica?
El estudio del universo como sistema físico. Uno no se preocupa
mucho, por ejemplo, de las órbitas de los planetas, sino que se
pregunta cosas elementales como: ¿por qué brilla una estrella?
Tuvimos que esperar muchos años para que se pudiera saber sobre
la energía nuclear y poder responder esta sencilla pregunta.
Hay que saber sobre física nuclear para hablar de astrofísica,
entonces
Sobre la teoría al menos. Cuando a principios de siglo XX se preguntaba
la gente por qué brilla el sol, la mayoría de personas habría
contestado que porque se estaba quemando algo. Supongamos que ese algo
que se quema es carbón de alta calidad: sabemos cuánta masa
y peso tiene el sol, eso gracias a la órbita de la tierra. Ahora,
veamos ¿cuántas calorías se pueden sacar de una tonelada
de carbón? Tantas. ¿Cuántas calorías produce
y cuántas toneladas de carbón se queman, por segundo, en
el sol? Con el tamaño y la masa que tiene el sol, ¿Cuánto
duraría? Cuatro mil años. Eso no basta, porque hay vida
en la tierra de hace mil millones de años, y cuatro mil años
son poca cosa.
Lo que parecía obvio, no respondía tan fácilmente
a esta pregunta tan sencilla. Hubo que sustituir el carbón por
una nueva fuente de energía: la nuclear, que por cada kilo de combustible
da más un millón de veces que el kilo de carbón.
Entonces, el sol ahora en lugar de durar cuatro mil años, dura
cuatro mil millones de años. Pero este es un ejemplo de astrofísica,
de querer saber por qué sucede con las estrellas, cómo se
forman, cómo mueren, etc
(Carreira se acomoda un poco, como dando a entender que este es uno de sus temas favoritos y que la conversación puede ir por buen rumbo)
¿Qué es la ciencia para un astrofísico?
La ciencia es el estudio del comportamiento de la materia. Esta es la
diferencia de ella con otras materias que no ocupan aparatos experimentales
para sus oficios. La ciencia estudia la materia que se puede comprobar
mediante un experimento, y eso implica conocer de las leyes biológicas
y químicas
¿En qué momento entra la concepción de Dios en
la ciencia?
No entra en la ciencia, pero tampoco reniega de ella. ¿Qué
dificultad hay en que a uno le guste la ciencia y escribir una novela?
Ninguna, y por eso no hay problema. Todas esas cosas son diversos modos
de conocer la realidad y se pueden complementar perfectamente. Por ejemplo,
yo he dado clases de filosofía durante cerca de 30 años
y al mismo tiempo estudiaba astronomía y física.
¿Alguna vez ha llegado a reñir Dios con la ciencia?
Nunca, porque la física no me dice nada de lo que no puede experimentar,
y ningún experimento me va a decir nada de teología.
¿Y qué dice la teología sobre la ciencia?
Nada.
¿No se hablan?
¡Son cosas distintas! Es como decir: ¿qué dice la
literatura acerca de la física? Cada una de ellas tiene un campo
y un modo de trabajo distinto.
¿Pero existe diálogo entre los saberes?
Existe diálogo entre las personas que tienen los mismos intereses;
pero, ¿qué le voy a decir a un teólogo por mucha
física que sepa? Probablemente nada. Ahora, puede haber algunos
puntos en los que puede haber una coherencia que se ayude mutuamente.
Porque un físico puede decir: el universo existe desde cuándo
hay estrellas y cuándo desaparecerán, pero no puede explicar
el porqué de la existencia del universo.
El conocer la realidad de una manera satisfactoria no lo hace un único
modo de saber. Hay que buscar preguntas y respuestas en distintos lugares
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¿Se identifica más con el astrofísico o con el
teólogo?
Igual. Me gustan las dos cosas y cuando tengo un deseo de tratar un tema,
hay cosas que se ven mejor desde ambos puntos de vista.
¿Y el astrofísico y el teólogo, suelen hablar?
Escribo y escribo sabiendo dónde están los límites
de cada manera de conocer. No mezclemos el reducir todo a una única
forma de conocer porque es imposible, y también es imposible en
la vida humana. Por ejemplo, un padre de familia, que, además,
es físico, no será ni mejor padre ni mejor físico
por conocer de cada cosa, en los campos que no correspondan.
Usted habla de los límites del conocimiento
Todo conocimiento es una manera parcial de ver la realidad, por eso quien
tenga la visión, puede sentir mayor satisfacción y de la
realidad tiene más sentido.
¿De qué manera explica la realidad el astrofísico,
para que tenga sentido?
La realidad
no la explica, explica qué hacen las estrellas
y qué hace la materia en el universo, pero no explica la vida,
él la vive, vive a su familia y a sus responsabilidades, pero no
porque sea astrofísico, sino porque la persona humana no es de
una sola dimensión. A mí, entre otras cosas, me gusta pintar,
hacer mis propios telescopios y tomar fotografías
¿Por
qué se va a limitar uno? Je, je, je.
(El catedrático hace un rápido recuento de sus otras actividades, entres las que menciona la lectura, la poesía, la astronomía, los viajes, y sus clases en diferentes universidades. Además, nos confiesa que no ve televisión, porque es una pérdida de tiempo)
¿Sería válido decir que la ciencia se ha vuelto,
hoy día, más humilde, que en sus orígenes? Lo digo
porque ya otras ramas del conocimiento le han criticado una cierta arrogancia
a la ciencia. ¿Cómo se siente usted al respecto, como científico?
(A estas alturas del partido, nuestro invitado se siente más cómodo.
Hace gala de su retórica y da sus palabras solemnidad, como dispuestas
a dar una cátedra, aunque en su rostro se dibuja una mueca de complicidad
anecdótica)
Yo creo que la ciencia tal vez mereció que se le reprochase arrogancia
en el siglo XIX, pero no en el XX. En el siglo XIX había científicos
que creían que ya se sabía todo, incluso en la tecnología.
Hay datos concretos de un jefe de la oficina de patentes, en Estados Unidos,
que escribió a sus superiores sugiriéndoles que cerraran
esta dependencia, porque ya todo había sido inventado.
Pero volviendo al siglo XIX, pensaban que todo se podía explicar
en términos naturales. Había una tendencia a querer explicar
todo a partir de las leyes de la mecánica, porque se habían
logrado explicar el calor y la luz como formas de energía mecánica.
Había una cierta euforia con ello, pero, también, había
puntos negros, que los científicos más serios se dieron
cuenta de ello.
Cuentan que alguien visitó un laboratorio de uno de los primeros
científicos que empezó a trabajar en electricidad y estaban
haciendo cosas que parecían juegos de salón. Le daban vueltas
a una manivela, que cargaba eléctricamente una esfera, que producía
chispas y cosas así por el estilo, y el visitante, que era una
persona importante le preguntó al científico: ¿y
eso para qué sirve? Y él científico le respondió:
"¿Y para qué sirve un bebé?". Eran los
primeros balbuceos de esta ciencia que hoy nos permite vivir con ciertas
comodidades.
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Pero antes, estos avances eran vistos con recelo, sobre todo desde la
iglesia. ¿Se ha vuelto más tolerante la religión
al abordar este tipo de temas?
Ni la religión ni la ciencia han cambiado. Han cambiado algunas
personas, que tenían ideas miopes, y que no se daban cuenta de
que las cosas eran más complejas de lo que parecen. Pero, ¿quién
fue el primer astrofísico?: un jesuita, de Roma, él fue
el primero en estudiar la composición de las estrellas, y, además,
las ubicó. ¿Quién fue el primero que sentó
las bases de la genética?: un párroco agustino, en el siglo
XIX. ¿Y quién fue el primero en hablar sobre la teoría
del Big Bang?: un sacerdote belga. Lo que pasa es que hay muchas ideas
equivocadas y mucha ignorancia.
Se puede afirmar, a partir de esto, que la fe no nos libra de la curiosidad,
que como seres humanos, sentimos por conocer y entender y el orden de
la vida. O por el contrario, los datos que nos dan las ciencias no nos
quitan la necesidad de tener fe
No sólo eso. Hay historiadores de la ciencia, que hacen notar que
ésta, después de los griegos, sólo se desarrolló
dentro del ambiente cristiano. No se desarrolló la ciencia en China,
ni en la India, ni en los países árabes: se desarrolló
en la Europa cristiana, donde la iglesia fue la que fundó las universidades.
Hay muchas cosas de estas que la gente no sabe, y por eso se dicen muchas
tonterías.
Pero esto no tiene que ver con que la ciencia forme parte del mundo
occidental, donde se gestó la cultura griega, y que tiene las características
judeo cristianas
Pero forma parte, por que dentro del cristianismo hay una idea de que
el universo debe ser ordenado porque es obra de un creador sabio y omnipotente.
Como dice Einstein, para hacer ciencia lo primero que uno tiene que tener
es la convicción de que el universo es ordenado. Si no, no se puede
hacer ciencia.
Yéndonos a los márgenes de la ciencia, ¿cabe
la posibilidad de que no exista tal orden?
No, no cabe esa posibilidad, porque el trabajo científico no es
hipótesis, es comprobación de hechos. La única forma
de mostrar la veracidad de los datos en mediante la comprobación
experimental.
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Aún así, los datos experimentales han tenido equívocos
(Rápidamente, ante la insistencia en el desorden, el semblante
amable de nuestro invitado se torna férreo y severo. Por suerte,
la intervención oportuna de uno de los meseros pidiendo nuestra
orden apacigua el momento: un café americano para él y capuchinos
para nosotros)
No, no es así. Lo que muestran es que todo dato experimental tiene
un margen de error y eso se tiene en cuenta cuando se hace un experimento
correctamente. Cuando yo daba clase a mis alumnos de física, en
el primer día del curso les daba una barra de acero para que me
dijeran cuánto medía y ellos respondían que tres
centímetros de diámetro. Pero no es así. ¿Cómo
saber de cierto que no mide más o menos una centésima de
milímetro? Y así en todo lo demás. La ciencia es
muy exigente en lo que trata.
¡Hoy está de moda decir que todo es opinable¡ ¡Es
mentira! Los datos nos son opinables, sino comprobables. No se puede afirmar
alegremente las cosas son así. Demuéstrelo y dígame
cuáles son los márgenes de error y las circunstancias en
las que se realizó el experimento. Sólo podemos hacer suposiciones
y en base a eso hacemos aplicaciones. Eso es ciencia: conocer los límites
de lo que uno sabe. Uno no puede hacer afirmaciones sobre el descubrimiento
de vida extraterrestre si uno no puede comprobar ni demostrar lo que afirma.
¿Cree en la vida extraterrestre?
No.
¿Por qué?
Porque no tengo razones para creer.
¿Podría existir vida en otros planetas?
Podría. Y podrían ser verdes y tener antenas. Podrían.
Pero eso es perder el tiempo, porque como no hay datos
(En vista de que los enanitos verdes no van tomar parte de la charla,
hacemos un rápido cambio de juego y nos vamos por la banda izquierda)
¿Cuál es el papel de la ciencia en la sociedad actual? Sobre
todo, tomando en cuenta que el pensamiento de los seres humanos ha cambiado
mucho desde el siglo XIX y lo mismo ha pasado con la forma de concebir
la ciencia.
Hay que distinguir, primero, entre ciencia y tecnología. La ciencia
es puro conocimiento. La tecnología es la aplicación de
ese conocimiento a un objeto. Yo no puedo asegurar que la ciencia, de
por sí, hace otra cosa que enriquecer nuestra cabeza de conocimiento.
Son las aplicaciones de la ciencia las que tienen necesidad. La ciencia
biológica es la que puede hacer grandes contribuciones en la creación
de alimentos o de grandes avances en la medicina.
En cambio, la astrología no. En cierta ocasión, les decía
a mis alumnos que la astronomía tiene la gloria de ser perfectamente
inútil. Y aunque esto les parecía extraño, sobre
todo cuando quien lo decía era su profesor, yo les remataba diciendo
que sí, que es tan perfectamente inútil como la poesía.
No le va a aumentar a nadie el Producto Interno Bruto, pero la vida parecería
muy pobre si no hubiese poesía, aunque esta no produce nada de
valor monetario.
¿Qué opina del uso que se le ha dado a ciencia en el
siglo XX?
Todas las cosas que se hacen, prácticamente, pueden usarse bien
o pueden usarse mal. Cuando se inventó el fuego, fue un gran adelanto,
lo que estuvo mal fue que se le quemara la casa al vecino, cuando él
aún estaba adentro. Pero eso no significa que el fuego sea malo.
Los humanos somos libres y por lo tanto responsables de la utilización
tanto de las cosas como de las personas a nuestro alrededor. Pero no les
echemos la culpa a ellas. No hay que ver mal la tecnología, esta
no es mala. Cuando está en manos irresponsables y que pueden causar
cien veces más daño a través de ella, no caigamos
en el primitivismo de pensar que estaríamos mejor sin tecnología.
¿Le gustaría, si tuviera la posibilidad, viajar al espacio?
Me gustaría, aunque sé que no lo haré. Ver a la tierra
desde fuera, aunque fuese en una foto, ya pensaba yo en ello desde que
tenía siete años
Y ya ahora la he visto muchas veces.
¿Y a dónde le gustaría ir en su viaje?
Yo no sé qué posibilidades hay en este siglo que no sea
la de viajar a la Luna o Marte; pero cualquiera de ellos sería
un viaje interesante. Aunque, vistas las posibilidades, para hacer un
viaje a Marte, nos tardaríamos un año, al menos.
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¿Pero y si nos volviéramos poetas y soñáramos
(al menos para esto nos puede servir la poesía), qué sitios
le gustaría visitar?
Cualquier sitio tiene, sin duda, un atractivo de lo desconocido y probablemente
lo más interesante es lo que uno no se imagina qué se va
a encontrar. Yo veo casi todos los días las imágenes de
los paisajes de Marte que están enviando las sondas que están
alrededor de ese planeta. Y ahora estamos a punto de ver imágenes
de Saturno y de uno de sus satélites, Titán, dentro de cuatro
días. Se habla mucho de Titán porque es uno de los satélites
que tiene atmósfera muy densa, el doble que la terrestre, y es
casi todo nitrógeno y se especula que puede haber lagos de nitrógeno
líquido y formaciones raras.
Todos los planetas tienen algo muy especial. El más bonito es probablemente
Saturno con sus anillos, pero tiene que ser visto desde fuera, porque
si se mete dentro ya no ve nada por las nubes. Con Júpiter ocurre
igual.
("¿Y la leche? Éste es el primer café americano que pruebo sin leche", dice Carreira al tiempo que prueba si su bebida no necesita más azúcar y nos habla de sus días en Estados Unidos. Un par de minutos después, llegan con nuestros ansiados capuchinos. Nosotros reanudamos la plática ahora más a gusto, más nostálgicos. Debe ser la brisa que entra por la ventana)
¿Cuál ha sido la experiencia más memorable que
recuerda que le haya dado la Astrofísica?
Una hermana mía, profesora de una escuela primaria, una vez que
iba yo de camino a dar un conferencia, en una ciudad cercana, me dijo
que si me atrevía a darles una clase de astronomía a sus
niños de ocho años. Y los demás profesores de la
escuela se enteraron y llenaron un salón grande y escogí
unas 50 diapositivas de cosas que, me pareció, podían entender.
Han sido de los mejores oyentes que he tenido. No perdían palabra.
Les dije que nos íbamos a ir de viaje por los planetas en un cohete.
La primera foto era del Estrecho de Gibraltar y los niños iban
reconociendo, en el mapa, los países vistos desde el cielo. Y los
niños hacían preguntas muy emocionados, con una gran viveza,
decían: ¡Fuimos al sol, pero estuvimos muy poco porque quemaba
mucho! Lo vivieron y hasta me hicieron prometer que iba a regresar el
próximo año. Y así lo hice.
¿Cualquiera puede dedicarse a la astronomía o es una
actividad que requiere mucho gasto de dinero?
En Estados Unidos, hace mucho tiempo, para mis alumnos, decidí
que una de las cosas que les podía gustar era utilizar los prismáticos
para ver el cielo, porque con ellos se ven miles y miles de estrellas
en la Vía Láctea, pero es muy incómodo. Entonces,
hay dos remedios: uno, tumbarse en el suelo, con el riesgo de cansar las
manos; o, lo segundo, que es algo obvio que parece increíble que
alguien no lo haya hecho antes, que es colocar en un soporte los prismáticos,
que están mirando a un espejo de buena calidad óptica, como
los de las fotocopiadoras, y uno ve al cielo sin moverse y de manera cómoda.
Por ello me dieron una patente, que una compañía, en Cleveland,
está vendiendo. Y eso ya le permite ver al cielo con poco dinero.
¿Y ya le ha dado regalías su patente?
Para cuando llegaron a comercializarlo ya había caducado la patente,
pero en una revista de astronomía muy importante en el mundo mencionaron
este invento como uno de los más importantes del año.
(De pronto, el inventor se pierde en sus recuerdos. Nosotros hemos
hecho una pausa y aprovechado el silencio para cambiar casete y ubicar
mejor la grabadora, por aquello de los ruidos de la calle, que ya está
en la hora pico del tránsito vehicular)
Mañana me llevan a ver un poco de El Salvador. ¿A
qué distancia estamos de la costa?
A media hora, más o menos
¿Aún no ve las
estrellas del cielo salvadoreño?
Hay muchas nubes. Pero la luna está muy bonita hoy. Cuando mejor
se ve es cuando la luna está a medias. La Luna es una esfera y
cuando ella está llena no hay sombras. Entonces apenas se ven relieves.
Cuando hay sombras es cuando se ven relieves, montañas, etc.
¿Y siempre ha construido sus propios telescopios?
Cuando yo era un adolescente una persona vecina se cambió de casa
y olvidó su gafas. Tuve la suerte de que aquella persona tenía
vista cansada pero no astigmatismo. La lente, que tenía poquito
aumento, la puse en un tubo de cartón que a mi hermana le habían
dado en la tintorería cuando le devolvieron un vestido envuelto
en él, y en el otro lado coloqué un lupa que encontré
en la casa, y con eso ya vi los cráteres de la Luna.
¿Cuál ha sido el fenómeno celeste que más
le ha impactado?
De todos los que se ven, el eclipse total del sol, que casi dan escalofríos,
los pájaros se callan, amaina el viento y hay una sensación
de misterio
y entonces se ve una luna negra cubierta por halos de
llama del color del sol, y se le dibuja una corona como penacho de luz
blanca extendiéndose en todas direcciones, y, al mismo tiempo,
el eclipse parece que dura muy poquito, pero parece que dura mucho tiempo.
El primero que vi, creo que duró un minuto y cuarenta y cinco segundos.
A través de la historia se ha criticado la arrogancia de la
ciencia, sobretodo por parte de los filósofos racionales, que aseguran
que mediante ella se ha generado un pensamiento dominante sobre las personas
Puede haber gente que exagere una u otra cosa, pero han hecho más
daño los filósofos que los científicos, empezando
por los locos como Kant, Hegel y Schopenhauer y continuando con Marx
Esos han hecho más muchísimo más daño a más
personas con sus ideas que cualquier científico con su arrogancia.
Al científico arrogante los otros científicos se le echan
encima muy pronto y le bajan la arrogancia. Por el contrario, un filósofo
nunca se desdice o le cortan las alas, por muchas burradas que haya dicho.
Todavía siguen haciendo tesis sobre Kant, pero ¿qué
ha dicho Kant que valga dos reales? Yo no sé de nada. ¡Está
más loco que una cabra! Y lo mismo es verdad de Hegel, Schopenhauer
y Nietzsche, que estaba como para que lo atasen. Entonces, ¿qué
tienen que decir de los científicos los filósofos?
Habrá sus excepciones
Muy pocos. Ya decía Cicerón que no hay burrada tan grande
que no la haya dicho algún filósofo. Lo que pasa es que
a un filósofo nunca se le rechaza porque diga alguna burrada: "No,
es que es muy profundo", dicen. Y se acabó.
Se cuenta de un filósofo español que escribía algo
y luego se lo leía a la señora que le hacía la limpieza
en la casa, para preguntarle si lo había entendido. Y cada vez
que la señora le decía que sí, él decía:
"ahora vengo, tengo que volver a escribirlo".
¿Y era amigo suyo?
No, pero era muy profundo.
Ja, ja, ja.
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Me acuerdo yo de que, al poco tiempo de empezar las clases de Filosofía
de la naturaleza, en Madrid, me enteré de que el que parecía
el filósofo español por excelencia, Zubiri, llegaba a dar
una serie de conferencias sobre el espacio en la Universidad Central de
Madrid, y yo estaba tratando ese tema con mis alumnos. Entonces, decidí
ir a la conferencia para ver si les decía a mis alumnos que fueran.
Y estaba todo el salón de la exposición lleno de gente,
comenzando por la Familia Real y terminando por los estudiantes de la
universidad. Junto a mí, en la parte de atrás del salón,
estaba un alumno, con un refajo de hojas y un bolígrafo, dispuesto.
Empezó la conferencia, luego de que el señor Zubiri hiciera
su reverencias, durante una hora estuvo leyendo su ponencia, que había
llevado en un mazo de papeles, sin levantar la vista en toda la conferencia.
Y el chico que estaba ahí no escribió ni una palabra de
la ponencia, no se enteró de nada, y yo pensé que, si les
decía a mis alumnos que vinieran a la ponencia, me tiraban al río,
vamos
Ja, ja, ja
Pero, fuera de esa conferencia, ¿qué opinión
le merece Zubiri?
En cuestiones en que yo he comparado sus ideas con otras y con las mías,
la tendencia a usar un lenguaje y unos términos que él se
inventa y que nunca define y que, casi nunca, sabe uno qué quiere
decir
Por ejemplo, en lugar de hablar del espacio, él habla
de la "espaciosidad", pero nunca dice a qué se refiere
con esta palabra. Así, se la pasa hablando varias páginas
hablando sobre la espaciosidad, y al final uno no sabe de qué está
hablando.
Y conste que a mi me trató muy cortésmente las dos veces
que nos vimos y me dio ánimos para que publicara las cosas que
yo digo en mis conferencias, pero yo le dije que no había nada
que publicar, que era bien conocido, y nos hicimos una foto, que le gustó
mucho, y quedamos de buenos amigos, pero no me atrae Zubiri, porque yo
lo encuentro ininteligible en las materias en que yo lo he tratado de
ver.
Hay un tema, por ejemplo, en el que los mismos discípulos no están
de acuerdo en si dijo que sí o que no, que es la cuestión
de cómo aparece la inteligencia en los seres humanos. Ellos dicen
que "emerge", y hablan del "emergentismo", y con uno
de mis compañeros jesuitas, muy zubiriano, yo le he dicho: ¡vamos
a ver!, dime, ¿qué emerge, dónde estaba sumergido
y cómo se las arregla para emerger? Y no me dice. No lo sabe. Lo
único que hace es mover las manos, mientras dice: ¡Emerge!
¡Emerge! Ja, ja, ja.
(Un nuevo silencio nos detiene en medio de la plática. Las risas iban cargadas de remordimiento por aquellas noches de desvelo tratando de entender las tesis kantianas y las teorías deontológicas de nuestra academia. Pasados unos segundos, buscamos platicar sobre algo más cotidiano, menos catastrófico. ¡Craso error¡)
¿Qué opina sobre el horóscopo?
Mayor tontería no hay. Es una estupidez primitiva, de hace cuatro
mil años, de pensar que las estrellas influyen en la vida de cada
día. ¡Hace falta ser tonto!
¿Por qué cree que hay gente que cree en él?
Porque hay mucha gente que quiere echarle la culpa a las estrellas por
las cosas que ellos no hacen. Es mucho más fácil decir que
las cosas me salieron mal porque estaba mal Centauro que decir que fui
un zángano, que me levante tarde y no fui al trabajo y no puse
el empeño que debía.
¿Y esa afición es propia de la modernidad?
Es algo de siempre, y basta ver, el que no sea tonto, que el horóscopo
de este señor es igual al del otro y el otro y el otro, y dicen
las mismas generalidades o se contradicen entre ellos. Da igual.
Hace algunos años, en Estados Unidos, me parece que era unos sociólogos
o sicólogos, los que se pusieron en contacto con gente que se dedicaba
a escribir horóscopos. Les mandaron una propuesta de investigación
en que querían que se comprobara, de una vez por todas, si el horóscopo
tiene algún valor o no. Y les propusieron un método de trabajo:
escoger a cien personas, que nunca hayan estado con un psicólogo
y nunca hayan consultado un horóscopo.
Dividieron al azar al grupo. Una parte les enviaba a los astrólogos
su fecha y hora del nacimiento y a partir de allí, harían
el perfil psicológico de ellos. Al otro grupo lo enviaron con los
sicólogos y le armaron su perfil psicológico. Luego iban
a comparar las respuestas, para ver si los astrólogos reconocían
a las personas a las que ellos, a partir de las fechas y nombres, habían
hecho los perfiles.
Se les había advertido, por las variables que manejaron en el experimento,
que no superarían el 30 por ciento de los aciertos. Y lo único
que obtuvieron fue el 32 por ciento
¿Por qué será que son tan populares los horóscopos
entonces?
¡Ja! Hay una historieta que es muy bonita. Una vez un periodista
entrevistó a un dueño de un famoso circo, que se había
hecho rico con su espectáculo, y le preguntó: ¿Cuál
es el secreto de su fortuna y de su éxito? Es muy sencillo, le
dijo el cirquero, cada minuto nace un tonto. Ja, ja, ja. Por eso nunca
faltan clientes.
(El "Bueno, ¿me lleváis a casa?", nos cogió
por sorpresa. El tiempo se pasó volando y en el rostro de Carreira
ya se empezaban a trazar los rastros del cansancio. La grabadora se apagó
y Carmen lo llevó a su casa. Mientras tanto, nosotros buscamos
el transporte a la nuestra, y en tanto, aprovechamos el tiempo viendo
si las nubes nos dejaban ver el cielo lleno de estrellas. Para hacer poesía,
como hace Carreira)
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