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Plática con Germán Cáceres, director de la Orquesta Nacional de El Salvador

"Entre más tonta y estúpida es la letra y la música, más éxito tiene"

Cuando se piensa en la Orquesta Sinfónica Nacional, no se puede dejar de lado a la figura tras la batuta: Germán Cáceres. De origen capitalino, ha sido uno de los valores salvadoreños que nuestro país ha tenido la suerte de conservar para provecho de las nuevas generaciones. Tras el semblante serio y sereno, se esconde la huella del lector voraz y del apasionado por su trabajo, pero también está el ser humano común y corriente. El mismo mortal que salía en las madrugadas acompañando a amigos y próximos a desvelar los sueños de una muchacha malvada, con cantos de amor, a orillas de un ventanal arrogante.
Por Diego Murcia / Javier Espinoza / Fotos: Roberto Orellana
cartas@elfaro.net
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La entrevista estaba pactada a las doce del día, sin embargo, nuestro invitado tuvo que sortear nuevos caminos para llegar a la cita con nosotros, a causa de una manifestación en las calles capitalinas. Cuando llegó, nosotros intercambiamos impresiones de lo abarrotadas que habían estado las calles y que no hacía mucho que lo esperábamos en Contempo. Luego de explicarle la dinámica de nuestra estancia en el lugar, procedimos a hurgar en su vida, aunque no fue fácil, hay que confesarlo, íbamos prejuiciados con la idea de sería difícil arrancarles las respuestas. Al menos esa era su fama


¿Cómo fue su encuentro con la música?

Mi papá, que no era músico, era un hombre de negocios, pero fue un gran amante de la música, de las artes… Así que escuché música desde siempre. Desde antes de nacer, quizá. A mi papá le gustaba tener su colección de música clásica, al tiempo que combinaba con ella, su afición por la lectura. Fue ahí que me inicié en esta rama del arte.

También, cuando tuve la vocación de ser músico y compositor, él mismo alentó ese deseo en mí. Cuando yo salí de bachiller, yo había decidido ya que iba a estudiar, profesionalmente, música, así que me fui a estudiar a Nueva York, en Julia. Ahí estudié desde 1973 hasta 1979. Años después, por una beca Fulbrigth, realicé un doctorado en composición en la Universidad de Cincinnati. Estuve dos años ahí.

Y cuándo se graduó del colegio, ¿pensó que podía vivir de la música?
No sé si pensé eso. La tendencia general es estudiar algo para que te dé de vivir. Pero yo creo que uno debe estudiar lo que uno quiere, y no, por ejemplo, medicina, pensando que te vas a hacer rico. Sino la vida se te vuelve insoportable, porque te vas a estar levantando, todos los días, a hacer algo que no te gusta, aunque te produzca mucho dinero…

Y nunca le dio miedo tomar esa decisión en su vida. Menciono esto por el dicho popular de que el se dedica a ser músico, o artista, en general, se muere de hambre…
Nunca sentí ese miedo. Todavía no me he muerto de hambre… ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! La verdad es que no pensé mucho en eso cuando me fui a estudiar al extranjero, y menos cuando regresé a El Salvador. De hecho, luego de volver, no me fue difícil encontrar trabajo.

¿En la sinfónica?…
No, primero estuve en el CENAR, en 1979, como director del departamento de música. Lo de la Sinfónica fue hasta en 1985.

Comenzaban a vislumbrarse tiempos de guerra…
Si, efectivamente. La primera vez que regresé, ya se daban los primeros disturbios. Pero yo me radiqué, definitivamente, en el país, hasta 1983.

¿Fue difícil, para usted como músico, vivir en medio de ese conflicto armado?
Esa época fue difícil para todo el mundo, en mayor o menor medida. Pero, nunca dejaron de realizarse conciertos, aunque estos se realizaban más temprano de lo habitual. Por ejemplo, antes de la guerra, la regla era hacer los conciertos a las 8 de la noche, sin embargo, cuando el conflicto armado se fue haciendo más evidente, se empezaron a realizar a las cinco o seis de la tarde.

A veces, depende de cómo estaba la situación, la asistencia de público variaba. Los conciertos se hacían en el teatro presidente y en el Teatro Nacional. Pero, lo que pasaba, también, era que el centro se había vuelto un lugar bastante conflictivo para la época. Y aún, cuando siempre existía la tensión de que podía suceder algo, seguimos tocando.

¿Siente usted que ha existido un incremento de la actividad cultural, desde esa época hasta hoy?
Creo que sí. Si te das cuenta, la actividad cultural se mantiene a lo largo del año, aunque siempre es bueno que sea más. Y, en todo este tiempo, se ha ido formando un buen público. Por eso creo que ahí se rompe el mito que dice que el arte contemporáneo, produce una barrera entre el artista y la audiencia. Eso ha ido desapareciendo con el paso de los años.

Usted tuvo la oportunidad de presenciar, groso modo, tres momentos de la historia salvadoreña, las tres veces que decidió regresar a El Salvador. ¿Pudo percibir algún cambio en el desarrollo musical salvadoreño? ¿Ha sido para bien o para mal?
Algunas cosas han ido para bien, otras, para mal. Si hablamos del aspecto académico, creo que no se ha resuelto eso. Se ha vuelto problemático. Hace falta la creación de una carrera de música, a nivel universitario. No hay una licenciatura en música.

He participado en muchos proyectos, pero todavía no hay una institución que se decida a hacerlo. La demanda existe, pero posiblemente haya temor financiero con este tipo de carreras. Por ejemplo, la UCA dio por cerrada la carrera de letras, quizá basada en ese temor. El mismo destino parece tener en otras instituciones.

Y aunque existe, por otro lado, el Centro Nacional de Artes (CENAR), la verdad es que, desde hace años, parece sufrir de un "impase". No estoy muy seguro de qué es lo que se está haciendo ahí…

(Por un momento, Cáceres pareció perderse en sus recuerdos, posiblemente de cuando ejerció funciones en dicho instituto).

De las cosas buenas, yo diría que la Orquesta Sinfónica (fundada en 1922, por Paul Müller), ha crecido, a través de los años. Aunque en las artes en general, antes hubo más apoyo. Si ustedes revisan la historia, nos damos cuenta que había una vida cultural en El Salvador y en el mundo muy activa.

También podremos ver que los mandatarios y ministros que hubo en el siglo XIX, en el país, estaban más interesados en el desarrollo de la cultura de lo que están los jefes de estado de la actualidad. Si nosotros vemos el caso del presidente salvadoreño Rafael Zaldivar, nos encontramos con que el protegió a Rubén Darío, aunque después se le quitó la protección porque se dio cuneta de que la vida de Darío era de constante parranda. Quiere decir que Zaldivar tenía interés por la cultura, de igual forma, podemos ver cómo otras tantas personalidades estaban interesadas en aspectos artísticos, y lo comparamos con la actualidad, vemos que este interés ha decaído muchísimo, no solo en el país sino en el mundo.

Pero tal y como usted lo pinta, parecería que estamos hablando de una apreciación de las artes de élite…
Bueno, sí, tal vez lo era. Pero también, en la música, la cantidad de conciertos públicos que se hacían, en el siglo XIX, en los parques, eso no era de élite, eso era un espectáculo para todo mundo…

(De repente el foco se nos encendió. Fue un destello originado por el morbo, pero necesario. Hará ya razón cinco meses, los integrantes del Orquesta Sinfónica realizaron una especie de concierto, a manera de serenata, en la afueras de la Honorable Asamblea Legislativa. La razón de tan poco usual escenario, era para pedir más recursos monetarios para la subsistencia de los orquestantes Así que teníamos la "duda entre ceja y ceja", y no nos podíamos quedar con la duda. Queríamos saber qué fin tuvo esa velada. La muchacha, ¿salió a la ventana o se hizo la interesada?)

Y hablando de apoyo actual, ¿cómo está la situación de la Orquesta?

Bueno, la asamblea le dio un aumento salarial a la Orquesta, tras la presión de los músicos. Ese fue un logro. Pero, ahora hay un impasse ya que hay cosas que no quedaron claras en el dinero. Y entiendo que el presidente de CONCULTURA ha escrito una carta pidiendo que se le aclare cómo van ser manejados esos fondos. Por ejemplo, se espera que se discuta quién va a pagar las "AFP" de los músicos y cosas así por el estilo.

(Intermedio para preguntar por primera vez, si alguien desea ordenar… "¿Y ustedes qué va a ordenar?", pregunta sin tener mayor respuesta que la duda del "aún no tenemos hambre, pediremos más tardecito". Al final, ni el invitado ni nosotros nos pusimos de acuerdo, y seguimos con la plática)

Volviendo al tema de la educación, hay quienes le apuestan a la tecnificación más que a la docencia…
Pero esa es una visión. Creo que lo técnico es importante, pero tengo la impresión de que algunas universidades están pensando en términos económicos. Algunas universidades ven la educación superior más como un negocio. Y claro, la carrera es cara. Se debe contar con los espacios adecuados y debe estar bien equipada.

¿Será que no cumplimos con las condiciones adecuadas, en el país, para generar buenos músicos?
Talento hay, de eso no hay duda. A través de los años yo he observado que muchos jóvenes que deseaban estudiar música, tuvieron que estudiar otra carrera porque no se les ofrecía la oportunidad. Otros han tenido suerte y han podido salir del país y desarrollarse…

Si, pero una vez han salido del país y han visto posibilidades reales de desarrollarse, ¿cómo podrían integrarse al que hacer musical salvadoreño? Si comparamos, a veces no resulta tan atractivo el panorama para volver…
Bueno, es difícil de responder. Lo que sucede es que hay un círculo vicioso. Ellos podrían ser profesores en el departamento de música en alguna universidad, pero no lo hay. Muchos de los que fueron a estudiar música fuera del país no regresaron por eso. Hay músicos salvadoreños que están viviendo en diferentes países y ejercen su profesión como compositores y como músicos.

Pero, no hay una fórmula que te obligue a regresar a tu país si no cuenta con las condiciones para que te desarrolles.

¿Qué lo motivó a usted a regresar?
No sé. A mí los Estados Unidos me gustan. Me parece que tiene muchas cosas buenas y que hay una vida cultural muy extensa, pero la verdad, para vivir, nunca me atrajo, creo que no es mi mundo. Pero eso es un caso muy personal.

No fue la nostalgia por las pupusas, pues…
¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! No. Lo que pasa es que creo que no hubiera sido feliz viviendo en Estados Unidos.

(Justo en ese momento, ya que el tema cayó sobre la mesa, como quien no quiere la cosa, cada cual empezó a hacer uso del lenguaje corporal punitivo que poseemos a los meseros, para ver si se acercaban a la mesa y nos ofrecían el menú que habíamos rechazado hacía un rato. Luego de pedir algo "ligero" y muchas "naranjadas", volvimos a entrar en materia).

Hay algo que me gustaría saber. ¿Qué tan cierto es aquello de que nuestra cultura salvadoreña tiene sus orígenes poco definidos y que de repente guarda características similares con otros países? ¿Qué opina usted?
Bueno, este es un tema un tanto complicado. Si nosotros pensamos, por ejemplo, en la música pre colombina, la mayor parte de ella se perdió en el tiempo. ¿Por qué? Había varios problemas, uno de ellos fue la notación musical.

Ahora bien, no solo pasó con la música pre colombina, de igual forma la música griega, de la que conocemos muchos conceptos teóricos gracias a los pensadores del momento: Pitágoras, Ptolomeo, Platón, Aristóteles, etc. Pero, ¿cómo sonaba esa música griega?

En el caso de la música precolombina, sabemos su importancia en la realización de ritos: religiosos, paganos, etc. Sabemos, además, de esos músicos mexicanos que llevaron a la corte de Carlos V y que se maravilló con la habilidad de estos artistas para ejecutar sus instrumentos. ¿Pero cómo era esa música? ¿Quién sabe? No tenemos nada que nos pueda explicar cómo era esa música.

¿Y entonces que es lo que hemos heredado nosotros?
Ahí viene la cuestión. Cuando los españoles llegan a América, se produce un mestizaje no solo racial sino cultural. Entonces, la música que sobrevive a esa época es una música mestiza, que tienen muchos elementos no solo pre colombinos y europeos sino que, también, africanos.

Pero eso va variando y cambiando con el paso del tiempo. Si nosotros pensamos en la música del pito y del tambor, no solo es de nuestro país, sino que pertenece a una región mesoamericana. Pero, ¿cómo era esa música hace cien años? De seguro que no es la misma. Ha ido cambiando, porque esa es una música equivalente a la tradición oral, que se transforma con el tiempo.

Ahora, sí hay una música popular, vernácula o cómo quieran llamarla, lo que sucede es que debemos recordar que las divisiones de los países, son artificiales. Eso no existe. Lo que existe es la región mesoamericana. Es como cuando hablamos del mundo Maya. Y cualquiera podría decir: "si Copán está en Honduras", pero el mundo Maya también abarca a Guatemala y a El Salvador.

Por ejemplo, por citar una pieza, el "Torito Pinto" es nuestro, pero también existe un "torito" costarricense, y ellos dicen que es suyo, y tienen razón. Todos tienen razón. Lo que pasa es que la música pertenece a una región, no a un país.

No hay fronteras "culturales", pues…
Es que pertenecemos a una región. El Salvador es una cosa artificial, no existe culturalmente. Entonces, habrá muchas cosas que nos sean comunes, pero también que nos diferencian. Por ejemplo, la música de México es más identificable, pero, también, a la llegada de los españoles a Tenochtitlán era el centro del imperio y el señorío de Cuzcatlán era menos relevante. Eso lo podemos apreciar por el tipo de construcciones que caracterizaban a estas dos "ciudades".

¿Y qué tipo de relación podría existir entre el desarrollo de la arquitectura y la música? Digo, ¿no era lo mismo los pipiles haciendo música que los mayas haciendo música?
No sé. Volvemos a lo mismo, la misma incógnita se repite.

Vaya, pero si ponemos un caso actual, digamos lo que se produce en Europa y en América, ¿no guarda ninguna similitud?
No, es diferente. Lo que sucede es que nosotros pertenecemos a la cultura occidental. Pero la cultura occidental tiene muchos matices. No hay una cultura occidental. Esta ha absorbido a otras culturas desde la época de los griegos hasta ahora.

En el caso de la cultura americana hubo un quiebre en el siglo XVII, porque se ha generado un "barroco norteamericano", en Estados Unidos. Uno se puede encontrar en esas construcciones a ángeles tocando maracas, en el barroco clásico europeo jamás se verá nada igual. Por otro, el de la música, tenemos compositores barrocos, como Juan de Araujo que utilizan la figura europea del villancico, para componer canciones usando textos escritos en dialectos de las cofradías de negros en el Perú.

Luego de esto, creo que, con el paso del tiempo, los compositores del continente americano, son menos interesantes, ya no son originales. Se da una cierta decadencia en el arte Latinoamericano, porque se convierten en meros imitadores de lo que viene de Europa.

¿La decadencia se dio por la falta de creatividad?
Bueno, no sé. Hay muchos factores, no solo de índole estético, también hay un montón de elementos sociológicos de los que podríamos hablar y que afectan a todo el mundo de las artes.

El hecho es que después de eso, los artistas se convirtieron en meros imitadores y no fue sino hasta principios del siglo XX cuando hay una reacción, que es el Nacionalismo. Es ahí donde los compositores y los artistas latinoamericanos, logran un lenguaje propio del continente, dándole una cierta originalidad.

A partir de esos movimientos nacionalistas, los compositores latinoamericanos van creando un lenguaje que ya puede ser identificable. También sucede otra cosa, no hay un estilo latinoamericano. ¡Hay un montón de estilos latinoamericanos!

¿Entonces, nosotros cómo podríamos entender el fenómeno que se ha venido gestando, por ejemplo, de la fusión del rock con la ópera, dos géneros que antes eran, a todas luces, antagónicos para algunas generaciones?
Ese es otro fenómeno bastante complejo y difícil de entender y analizar. Si nosotros vemos, a principios del siglo XX, la brecha entre la música académica y la popular, no es grande. Nosotros tenemos, por ejemplo, a los Strauss, que fueron compositores de música popular. En su haber tiene la autoría de muchos valses, que en aquel entonces era la música del pueblo, no es música clásica, como muchos le llaman. Esa era la música que se ocupaba para animar las fiestas. Era lo que estaba de moda.

Ahora, si nosotros echamos un vistazo al pasado, vamos a ver que la música académica se ha nutrido, en varias ocasiones, de la música popular. Así que cuando ya entramos al siglo XX de las nuevas tecnologías y las comunicaciones, se empieza a gestar una brecha enorme entre lo clásico y lo popular, o mejor dicho, lo comercial.

¿Y cuál es la diferencia? Digo, porque yo conocí a Carmina Burana, no por mi afición temprana por lo clásico, sino por la película "El Exorcista"…
Es que no están peleadas las cosas. Pero a lo que yo iba, es que hay música que la hacen para venderla y tener grandes ganancias, y entre más tonta y estúpida es la letra y la música, más éxito tiene. Y eso no existía antes, esa tipo de música que más estúpida no puede ser. Es algo deplorable, destinado para idiotas.

Ese fenómeno es el que hace que hace que la brecha se vuelva algo enorme. Ahora, en lo que respecta a la música de películas, hay de todo tipo de películas. Hay música que puede ser buena o mala.

Por ejemplo, ustedes ven el gusto musical de Stanley Kubrick, él ha tomado, para sus películas, mucha música de compositores de la vanguardia de los años 60 y 70, como Christov Tendersky o Luigi Nono. Por citar un par de casos, en "The Shining" y "Odisea 2001", Kubrick utiliza música de vanguardia.

Pero igual, existe la ingenuidad sentada sobre el vacío, como pasó con las declaraciones que vi de este… ¿el que era parte de "Los Beatles"?

¿Paul McCartney?
Sí, McCartney. Él dijo que había hecho una sinfonía, con estas palabras: "las melodías, me las armonizó fulano de tal, la orquestación, me la ha hecho no sé quién, etc.". Entonces resulta que la pieza no es de él y habla con una ingenuidad tremenda de estar confesando que esta es mi sinfonía pero que lleva la firma del trabajo de otro.

Pero a mí también me sorprende como piensa cierta gente, que, se supone, tiene una cultura enorme. Por ejemplo, Carlos Fuentes en su libro "El Espejo Enterrado", es un libro que intenta hacer un recuento de lo que es la cultura de la hispanidad, es una cosa enciclopédica, o al menos, el libro pretende serlo.

Fuentes habla de muchos aspectos, pero lo que me llama la atención es que cuando llega a la música, él no menciona a ninguno de los autores del Barroco americano, no existieron para él. Tampoco menciona a ninguno de los autores y compositores del nacionalismo mexicano, a propósito que él es de ahí. Y después dice que, en la música latinoamericana, es importante "Miami Sound Machine", "la Gloria Estefan", y uno dice: ¿y este es Carlos Fuentes?

Y hablando de compositores olvidados, ¿quiénes son los compositores olvidados de El Salvador?
Todos. ¡Je! ¡Je! Lo que pasa es que si no existe alguien interesado en rescatar esa historia musical, el compositor cae en el olvido. Yo estoy tratando de recoger esa información, de forma tal, que no quede en el olvido a través de unos "cuaderno de música", que contiene partituras salvadoreñas.

Por ejemplo, una de las composiciones que recién publicamos es una sinfonía que escribió Escolástico Andino. Él era un músico guatemalteco que fundó la primera orquesta de El Salvador, en 1850, y para esa orquesta escribió varias sinfonías. Él inclusive fungió como gobernador y alcalde de San Salvador.

¿Y cómo fue que logró sobrevivir Pancho Lara ante el olvido de la historia salvadoreña?
Ese es otro fenómeno. La canción de "El Carbonero", si nos ponemos analizarla técnicamente, nos vamos a encontrar con se trata de una composición de una pobreza enorme, pero, por alguna razón misteriosa, el pueblo se identificó con ella, le gustó y la hizo sobrevivir, convirtiéndola en casi un segundo himno nacional.

Pero eso es así. Lo mismo sucedió con la "Marcelleza", cuando iban a liberar a los que estaban cautivos en la bastilla. Al parecer marchaban cantando este canción, inventada por algún militar, para darse ánimos o qué se yo, y luego llegó a convertirse en el himno de Francia.

Dicen que el de El Salvador es uno de los tres más bellos a nivel mundial…
Algo oí yo de eso también, pero no sé si es cierto. Aunque, debo decir que el himno nuestro está bien hecho. Aberle, era un músico que tenía una formación muy buena, y no solo el himno escribió, también incursionó en cámara, orquesta y otros. Pero, sobre esos rumores, bien podrían ser apreciaciones subjetivas.

(De pronto nos dimos cuenta que la cinta había dejado de correr. Y los temas seguían avanzando, aunque sin mayores escrutinios. Cáceres habló sobre sus días (¿o madrugadas?) de serenata y de la nostalgia de aquellas épocas en que la nota era "LA menor" y servía para interpretar a José Alfredo Jiménez. "Eso se acabó con la guerra, recordaba con sonrisa en los labios". Pero, también, seguimos hablando sobre los instrumentos hechos de barro, de hueso y de calabaza, y de la inmortalidad del cangrejo. Y, de repente, nos soltó una mirada furtiva y nos dijo: ¿y ustedes cómo andan de serenatas con las cipotas?; pero eso ya es otra historia…).


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