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Plática con Ana Murcia, ex directora de Las Dignas "No queremos ser mujeres de hierro"Christian Guevara y Walter Sotomayor/ Fotografías de Walter Sotomayor
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Ana comenzó a lucha por sus derechos a los 30 años, cuando se unió de manera radical a los movimientos de mujeres. Durante tres años fue la directora de Las Dignas, uno de los grupos feministas más conocidos del país, y contínuo referente de polémica en una sociedad poco dada a compartir los pantalones. Pero Ana también es una mujer de confianzas: confía en sí misma, en lo justo de la lucha por la reivindicación de las mujeres, en que algún día habrá una sociedad equitativa y, sobre todo, al mismo tiempo, inspira confianza. Hasta al más machista. Segura de sus armas y aficionada al pulso verbal, de las presentaciones de cortesía la ex presidenta de Las Dignas pasó rápidamente al "fijate vos". Por si quedaban dudas de quién tomaba las decisiones, fue ella la que de buenas a primeras botó todo formalismo y construyó una atmósfera relajada. El resto, solo dejamos hacer. Esta es la conversación entre dos hombres y una mujer que vale por mil.
¿Cómo es que te inicias en el feminismo?
En realidad me inicié durante un evento muy importante en El Salvador,
el Sexto Encuentro Latinoamericano de Feministas. Yo llegué como
una colaboradora, como una técnica para las computadoras, para
digitar la inscripción de las casi mil 300 mujeres que vinieron,
y desde entonces me comencé a involucrar más.
¿En que año fue eso?
En el 93.
Estaba incipiente el feminismo en el país
Sí. La primera vez que se menciona al movimiento feminista como
tal es después de los Acuerdos de Paz. Anteriormente, las mujeres
participaban más en una línea de exigir Derechos Humanos,
en la búsqueda de desaparecidos, exigencias por el contexto político
de la época. Ya habían feministas, pero no funcionaban como
un colectivo. Actuaban por su cuenta.
¿Y cuándo nacen Las Dignas?
En 1990.
¿Eras digna ya de pequeñita? ¿En tu infancia
o adolescencia tuviste algún acercamiento con movimientos feministas?
Sí, ya en esos años comienzan a aparecer algunas ideas de
reivindicación, en parte por las condiciones de pobreza en las
que yo nací, por la injusticia social, porque sentía discriminación...
Sentía todo eso, pero no le daba nombre.
Eso suena más a exigir una reivindicación de izquierda.
Es que el movimiento de mujeres como colectivo tiene gran parte de sus
orígenes en los movimientos sociales de izquierda.
¿No temen que las vinculen con un partido político?
Es decir, ahora vez al movimiento de mujeres acompañando marchas
de sindicatos y hasta del FMLN.
Es que Las Dignas nacen de un partido político-militar del
FMLN, la Resistencia Nacional. Al inicio eso daba temor, pero Las Dignas
nacen con la rebeldía de la autonomía y se independizan
de ese partido. Posteriormente se trabaja con las mujeres, independiente
de su partido político o movimiento social. Hubo un momento en
que Las Dignas éramos ubicadas dentro del FMLN, pero con movimientos
como las APRISAS (un movimiento que agrupa a todas las mujeres con participación
en la política, independientemente de su partido o afiliación
ideológica) ya nos comienzan a cuestionar con eso de que si seguís
en la izquierda, si sos de centro o sos de derecha.
Al final nosotros determinamos que el planteamiento de la democracia es
un planteamiento radical, porque significa conciliar todas esas diferencias.
Y es que el feminismo recupera mucho el concepto de la diferencia y la
diversidad, porque una mujer no puede hablar por las otras, tiene su propia
experiencia.
¿Pero cómo puede trabajar una feminista con otra mujer
que se siente conforme con su rol tradicional de ama de casa, con aquella
que dejó de estudiar para dedicarse a su esposo, con la que no
quiere trabajar por cuidar a sus hijos?
Haciendo reflexión de la realidad y cuestionándole si se
siente cómoda porque lo ve natural o porque lo ha elegido. Por
ejemplo, la violencia contra la mujer se veía como algo natural
y no era que las mujeres se sintieran conformes, siendo violentadas, pero
no lo cuestionaban. Hay que cuestionar si la vida que lleva esa mujer,
su proyecto de vida, es fruto de una opción, de la posibilidad
de decidir. Y ahí te vas dando cuenta de que para muchas mujeres
algunas cosas han sido impuestas, aunque otras hayan sido elegidas.
¿Qué cosas te cuestionaste tú y a quién
se lo cuestionaste?
En realidad, para mi fue bastante reciente, porque me encuentro con el
movimiento feminista cuando ya tengo 30 años. Eso me cuestionó
la vida y me la cambió. Te cuestiona hasta tu propia familia. Por
ejemplo, yo tengo un hijo y una hija adolescentes y tuve que cambiar la
relación con ellos.
¿Y en tu familia te decían el "barrer y el trapear
para las niñas", "sírvale a su papá",
"juegue sólo con muñequitas"?
Me provocó un conflicto asumir no sólo esa división
del trabajo, sino hasta la relación que tenía conmigo misma,
con mi cuerpo. Las mujeres desconocemos nuestro cuerpo porque hay muchos
tabúes sexuales y reproductivos. No entendía cómo
uno puede ser feliz cuando tenés una sexualidad reprimida. Yo siento
que mi principal conflicto fue con respecto a la sexualidad.
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¿Y ahora ya has superado ese conflicto?
Es un conocimiento todavía en proceso. Porque cada vez te encontrás
con otros descubrimientos y siempre te das cuenta que vivís en
una ignorancia de lo que es propio. Pero al mismo tiempo esa es la riqueza
de este proceso.
¿Y tu pareja cómo ha tomado ese cambio de vida?
En primer lugar hubo un conflicto, porque hay que dialogar si hay insatisfacciones,
porque le decís cómo querés vivir tu sexualidad y
tu vida. Yo tuve la ventaja en esa etapa de mi vida, porque no todo el
mundo lo logra, de hacer ese diálogo. Hay que renegociar intereses
y necesidad.
¿Qué renegociaron ustedes?
Cuándo quería y cuando no quería tener relaciones,
por ejemplo. Le pude decir a mi pareja cosas que no me gustaban.
¿Y antes no podías?
Antes lo vivía con mucha carga, porque pensaba que se iba a molestar
o lo iba a inhibir. Pensaba mucho más en sus reacciones. Pero hubo
algo importante también: me di cuenta de sus insatisfacciones.
Es bonito decir tus insatisfacciones, pero que tu pareja te las diga...
(Ana no encuentra la palabra para describir ese momento. Tal vez no existe, así que decide expresarlo de la manera más convincente posible: simulando que traga algo amargo y que cuesta que pase por la garganta).
¿Cuánto tiempo tenés de haber dado ese giro?
Doce años.
¿Y cómo ve ese cambio tu familia política?. Es
decir, se me viene a la cabeza que tu suegra te puede acusar de no querer
a tu pareja porque no cumplís ese rol tradicional de ama de casa.
Me trajo conflictos, claro. Debía seguir unos parámetros
para comportarme como buena compañera de su hijo y yo intentaba
no provocar mucha discusión, porque hay que entender que esas personas
no han tenido esa reflexión. Hay que entender que esas reacciones
son normales y tratar de vivir sin esa carga, sin enojarte.
¿Pero alguna vez tu suegra te acusó?
Sí, me dijo que yo no era mujer porque no le cocinaba.
¿Es él el que cocina?
¡Es que él siempre ha cocinado!
Ja, ja, ja, te lo buscaste ya hecho un chef.
A él siempre le ha encantado cocinar.
(Hay un pequeño espacio en la plática sobre comentarios culinarios. Walter afirma que conoce hombres que no saben hacer un huevo... y ¡sorpresa! Resulta que Christian admite que le cuesta cocinar hasta un par de huevos a la ranchera. Ana sonríe. Sabe que en el movimiento feminista la diversidad es importante y admite hasta a aquellos hombres que huyen del reino de las ollas y las cacerolas).
¿Qué otros oficios domésticos compartís
con tu pareja?
La cocinada, y él apoya mucho en la limpieza, porque le gusta mucho
el orden de la casa. Ahí colaborábamos mútuamente.
Yo tuve muchas ventajas con él, porque no tuve que renegociar los
oficios domésticos. Lo que pasa es me separé de él
cuando iniciaba mi momento de reflexión, pero fue por otras causas.
¿Y en Las Dignas se oye de mujeres que se quejan porque su
pareja no acepta renegociar?
Sí, hay algunas quejas. Lo que pasa es que los hombres que se acompañan
con una mujer que ya pertenece a Las Dignas, pues... como que ya están
concientes de dónde se van a meter.
Ja, ja, ja... Ana, ¿tienen casos de una pareja que se haya
separado porque fue imposible llegar a ponerse de acuerdo?
Es que una relación de pareja es construir vidas, y hay que hallar
muchos caminos. Tenés que decidir si querés seguir en esa
relación, sin han cambiado los sentimientos, si te ha cambiado
la manera de ver la vida y si crees que es necesario tomar otras decisiones.
Yo me separé del padre de mi hijo y de mi hija con mucho dolor,
pero buscando dialogar, que todo saliera bien, que él me respetara
y yo lo respetara. Eso fue una experiencia rica, porque nos seguimos encontrando
como amigos, tenemos pláticas distintas... A veces, esa ruptura
cuando la mujer es ya propiedad del hombre no te ayuda a hacer rupturas
tranquilas y terminás con dolor y con conflictos. Haber comprendido
y superado eso es una de las grandes cosas que el feminismo me ha dado.
¿Cómo vivieron tus hijos esa separación?
Mi hijo ahora tiene 17 años, pero en el momento de la separación
tenía 12. Él lo vivió con mucho dolor y costó
conversarlo con él. Hoy lo conversamos y ya está más
tranquilo. Fue difícil, porque se juntaron muchos cambios a la
vez, como cambiarse de casa... es como que se te rompa por en medio la
casa, que se rompa la familia. Mi hija también lo vivió
mal. Todos lo vivimos mal.
¿Ahora sos una madre soltera?
No, me volví a acompañar y él también lo hizo.
Ahora lo que hacemos es compartir los hijos y nos reunimos con el papá,
con el niño y la niña.
Así que este último ya sabía en lo que se metía.
Ja, ja, ja... sí, ya lo sabía.
(Llega el momento de almorzar. Ana se decide sólo por alimentos naturales y saludables: una ensalada y un refresco de fruta).
¿Sos vegetariana?
No, pero me gusta e intento comer cosas saludables y frescas. Como carne
y me gusta mucho el cerdo y la res, pero sólo la como cuando tengo
muchas ganas, de ahí trato de comer solo vegetales y ensaladas,
por mi salud. Es cuestión de autodisciplina.
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