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Plática con Margarita Velásquez Pavón, "Juana La Loca", poeta "Dios ya la caga"Llega dispuesta a jugar, como juega con la vida, como la vida ha jugado con ella. Margarita, Juana, Juana La Loca, se sienta y empieza a desnudarse ante la grabadora. Desde la primera palabra, desde la primera mirada a los ojos. Normalmente un entrevistado se esconde entre las respuestas. Juana, la poeta hondureña del dolor, de la marginalidad, símbolo centroamericano de las mujeres en lucha, madre, huérfana, madre de tres niños huérfanos, se lanza en batalla sin cuartel contra las preguntas y casi se entrevista a sí misma. Nació en 1945, y sigue llorando con una sonrisa en cada poema. Reconoce que hay días que le duelen, pero decide regalar y regalarse alegría. La suya será sin duda la más vital de las pláticas.Christian Guevara y José Luis Sanz/ Fotografía cortesía de la poetisa
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Bienvenida. ¿Cuánto tiempo llevas en El Salvador?
Solo algunos días.
¿Cómo lo has pasado?
De maravilla. Disfruto cada vez que vengo.
¿Y qué tal los salvadoreños?
Los adoro. Aprendo un montón cada vez que hablo con ellos. Por
ejemplo, estos días me han entrevistado dos muchachos muy jóvenes
y me dije: que inteligentes son. Me imagino que han de haber muchos jóvenes
inteligentes acá
Claro, habrá algunos que son estúpidos.
Pero gracias a Dios no me he topado con ninguno de ellos.
También hay mucha calidad humana. Como en todos lados del mundo,
también habrá personas soberbias, pero la mayoría
son humildes, y los humildes son la gente más linda.
¿Vienes seguido?
Con esta vez creo que son veinte veces las que he venido (Juana sonríe
como recordando alguna picardía pasada). Claro, de joven venía
con mis amigos, a pasear, un poquito a molestar.
Alex, el mesero de Punto Literario, llega con el menú y ofrece
como plato del día un exquisito plato de salmón. Juana lo
piensa dos veces, y acaba por aceptar la recomendación, casi con
despiste).
¿Saben?, desde hace dos años que no como pescado.
¿Por qué no comes pescado?
Es que soy muy capciosa. Ja, ja, ja, lo que pasa es que hace dos años
me intoxiqué con carne de pescado y desde entonces prometí
no volverlo a comer.
(Alex le garantiza que el salmón es fresco y, ya ganado el
voto de confianza de la entrevistada, le pregunta a Juana qué desea
beber. La respuesta llega veloz como un rayo).
¡Una Pilsener!
¿Qué es lo que tiene Honduras que no tenga El Salvador?
Bananos.
Ja, ja, ja.
Es que creo que son dos países que se parecen muchísimo,
en lo bueno y en lo malo, aunque creo que la gente de El Salvador es más
erótica.
¿Más erótica?
Allá en Honduras lo que abundan son los poetas vanguardistas. Es
que nosotros no hemos sufrido esa experiencia tan espantosa de la guerra,
así que creo que todavía se está en la etapa del
esnobismo revolucionario.
¿El erotismo es una etapa posterior?
Puede ser.
¿Y tú en qué etapa estás?
Yo no creo que esté en ninguna de las dos etapas, ni en el erotismo
ni en el esnobismo, porque mi poesía es una poesía vivencial
de protesta, aunque ideológicamente yo no estoy ni en la izquierda
ni en la derecha.
Yo no sirvo para eso de las ideologías. Mi poesía es fácil
de entender. La entiende hasta la gente más humilde
no, mejor
llamémosle "gente sencilla de las capas sociales". Es
que utilizo el sentido común. A mí no me gusta ser protocolaria,
de aquellas cosas todas serias. A mí me gusta ser espontánea
y ser así... (Juana hace une sus manos cerca del pecho y las libera
rápidamente hacia el cielo, simbolizando libertad).
Anda, acá puedes ser espontánea.
Gracias, ustedes son bellos. ¿Saben?, estuve en La Luna.
¿Te gusta La Luna?
Sí, me gusta mucho. Ahí me entrevistaron para hacerme una
crónica, y me gustó porque fueron muy cálidos.
Alex llega con lo encargado. Juana se alegra con su cerveza y comienza
a corear un estribillo de un anuncio publicitario de La Constancia que,
según ella, oyó cuando era joven y estaba de visita en El
Salvador.
"Esto merece Pilsener... es una gran ocasión... sirva cerveza
Pilsener... por favor". La cerveza no se pide por favor, la cerveza
se pide inmediatamente. Eso lo aprendí cuando viví un tiempo
acá.
¿Cuánto tiempo viviste en el país?
Como tres meses.
¿Piensas romper tu promesa de no comer pescado?
Creo que sí, lo que ha dicho este muchacho se oye delicioso y me
dice que está fresco y como yo soy una fresca...
En España, ser fresco es ser descarado.
También en Honduras.
¿Eres descarada?
A veces. (Sonríe con ese gesto de picardía que ya se nos
hace familiar)
¿Y tu poesía es descarada?
Es gruesa. Bueno, así le dicen todos esos grandes doctos del arte
que la han estudiado. Siempre he tenido buena aceptación entre
los críticos, y hay quienes la han catalogado de poesía
pura. Ja, ja, ja, pero son sólo términos que se inventan.
Es que la gramática para mí no es muy importante y yo no
tengo esa belleza literaria que le llaman. Mi poesía es dura. Así
como hablo escribo. Yo no ando inventando términos exóticos
y metáforas incoherentes.
¿Escribes en el momento? ¿De un tirón?
Escribo de un solo y no lo corrijo. Es que lo mío es el verso libre.
Hay poetas que dicen que lo más importante es la belleza del lenguaje,
pero creo que eso le quita el sentimiento al poema. Cuando he corregido
un poema, siento que ya no es igual al que pensé. Claro, me salen
con un montón de errores y adjetivos, pero lo importante es lo
que entiendan.
¿Te importa mucho llegar a la mayor cantidad de gente?
Exactamente. Eso es lo importante, que te entiendan, que conozcan parte
de mi vida, porque esos poemas son vivenciales.
Tu poema más conocido, Juana La Loca, ¿es autobiográfico?
No exactamente. Es vivencial, tiene algunas partes de mi vida nada más.
En ese poema mencionas a Dios, a Roque Dalton y a Carlos Marx.
"Amo a Dios y admiro a Carlos Marx", es que ahí está
lo contradictorio. Lo poco que he leído de Marx, porque en un momento
sí me dio por leerlo, pero después me aburrí....
¿Es aburrido Marx?
Sí, me aburrí. Claro, tiene unos grandes pensamientos. También
Lenin. Eran pensamientos que hubieran podido servir de solución
para estos países. Yo creo que el socialismo es tan perfecto que
no se puede llevar a cabo, es utópico. Entonces admiraba eso como
un ideal. Yo estaba con el proletariado, pero los comunistas siempre me
cayeron mal.
¿Por qué te caen mal?
Porque siempre andan de comunistas.
Ja, ja, ja, gran argumento.
Es que vi que la actuación de los comunistas de mi país
no era la mejor. Eran comunistas bajeros. Pero también conocí
comunistas bellos y humanos en la relación de persona a persona.
Veo a que a ti no te importa lo que sea o lo que digan de una persona.
Te importa la persona como tal.
A mí me importa la persona tal como es. No soy muy elocuente para
esas cosas, soy ignorante en eso de las ideologías. Ahora estoy
leyendo un libro que debí de leer hace años, pero hasta
ahorita me lo han regalado: La Madre, de Máximo Gorki. Ahora pienso
que debió de llegar antes.
¿Qué hubiera pasado si llega antes?
Pienso en la Juana de hace treinta años. Tal vez habría
tenido un ataque de rebeldía.
¿Cuáles son tus autores preferidos?
Antonio Machado, Vallejo
Pablo Neruda es sorprendente. De mi país
me gusta mucho Roberto Sosa. (Juana nos ve a la cara y ataca a quemarropa).
Ya van a decir que todos son poetas de izquierda y que me estoy contradiciendo.
No hemos dicho nada, ja, ja.
Pero son poetas bellos. Amanda Carrillo es también una buena poeta
hondureña y es poeta de vanguardia.
¿La derecha puede ser bella?
Claro. Hay un poeta de derecha peruano que siempre me gustó mucho.
Ah, se me ha olvidado, es que no es muy conocido
pero ya me voy
acordar aunque padezco de amnesia. También está Vargas Llosa,
que es de derecha y a mí me fascina.
¿De tus colegas poetas de Centroamérica, a quién
admiras o lees?
Me gusta Roque Dalton, me fascina Silvia Elena porque es muy erótica,
Federico me encanta y ¡es derecha!, pero tiene tanta ternura...
¿Federico, el diputado?
Sí, el diputado. Con Federico somos muy amigos, él me hizo
una entrevista la primera vez que nos vimos. Hasta me fue a ver a Honduras
con Ciro (Ciro Granados, periodista).
¿De tus poemas, cuál es el que más te gusta?
Siempre me han hecho esa pregunta. Pero es que mis poemas todos me gustan,
por eso los he publicado. Aunque yo digo que el poema que más me
gustaría no lo he escrito, siempre ando en la búsqueda de
mejorar.
Ja, ja, ja, no vayan a creer que mi poesía me encanta, me fascina,
que me creo que soy la mejor poeta del mundo. Pero como son momentos cruciales
cuando yo escribo mis poemas, entonces me impactan. Cuando agarro un lápiz,
prefiero que nadie me interrumpa...
Viniendo de una mujer con tanto carácter, eso suena a una amenaza.
Es que la musa se me va.
¿Y es musa o muso?
Puede ser de los dos, porque la poesía no tiene sexo.
Eres religiosa.
Mi poesía es la religiosa.
Pero hablabas de amar a Dios en tus poemas.
Pero no voy a las iglesias. ¿Saben?, yo tengo una hija de un cura.
¿De un sacerdote católico?
Sí, él me ayudó a comprender mucho la existencia
de un Dios. Pero luego me di cuenta de que ese cura no creía completamente
en Dios, pues durante mi embarazo me insinuó que hiciera cosas
contra las que la iglesia predica.
¿Te pidió que abortaras?
Sí, y le respondí: "solo si hubiera sido tu madre te
hubiera abortado". Yo nunca he pensado en abortar, yo respeto a la
vida.
(Juana sonríe con gesto audaz, como si en cada frase estuviera desafiando a su pasado. Comienza a hablar más despacio, pero no baja la mirada ni por un instante).
¿Cuántos años tenías cuando saliste embaraza
del cura?
Treinta años. Ya había tenido dos hijos antes. Yo me ponía
a pensar en el bebé, en aquella cosita tan linda...
Cuando era chiquita era muy cruel, pero yo no lo sabía. Yo no pensaba
en el dolor de los demás. Cogía a unos gusanitos y los iba
a tirar a los hoyos de las hormigas, y me encantaba ver cómo se
retorcían del dolor.
¿Alguien ha sido cruel contigo?
Sí, pero he tenido mucha gente más hermosa cerca, y eso
condona la crueldad.
¿Cuántos hijos tienes?
Tres hijos de tres padres distintos. Es que tener hijos con un solo padre
es muy aburrido.
¿Qué tal madre eres?
Nunca me desempeñé como madre, nunca tuve esa oportunidad.
Por mi posición económica, casi la de un indigente, por
mi inmadurez, porque nadie me protegía, pues los tuve que dar.
Pero comencé a madurar como a los cincuenta años.
¿Cuántos años tienes?
Ya tengo 58 años.
Bueno, ya llevas 8 años con la cabeza sentada...
Los años te ayudan a ser sabia. Varias veces metí la pata,
hice sentir mal a la gente.
¿Dónde están tus hijos?
Viven en Honduras. Ellos me conocieron hasta que ya estaban adultos, porque
los di en adopción. (Juana hace una pausa y nadie se atreve a romperla.
Se hace el silencio en la mesa). No me gusta hablar de ellos, es muy doloroso.
¿Comenzaste a escribir por causa del dolor?
Yo escribía desde chiquita. Le escribía al Niño Dios,
porque ese era el entorno en el que me criaba. Pero el dolor influyó
mucho, la cólera, la impotencia y la amargura.
A mí me decían siempre que era una inadaptada, y yo les
respondía que no me podía adaptar a su mierda, solo a la
mía. Siempre fui muy directa. Hablé lo que pensaba. A mí
me castigaban mucho por esos contratiempos, porque era muy tremenda. (Vuelve
a hacer una pausa, que en realidad es un giro). Voy a contar en Honduras
que ya probé el pescado.
¿Cuál es tu comida preferida?
Las pastas y los frijoles con mantequilla y queso de mi pueblo.
¿Ahora, con los años, cómo te ve la gente de
tu pueblo?
En mi pueblo siempre me han tenido mucho aprecio. Yo no crecí en
mi pueblo, solo nací ahí... Les voy a contar la novela de
mi vida: en el pueblo siempre supieron que yo no era una niña común
y corriente, que era una niña especial. Mis padres se fueron a
trabajar al pueblo donde yo nací en el 45. Ellos no eran de ahí.
Mi papá era un maestro de Tegucigalpa. Cuando comenzó a
trabajar en una compañía gringa que estaba construyendo
la Carretera Panamericana, mi mamá salió embarazada. Pero
él era alcohólico y cuando le pagaban se iba a beber semanas
y meses.
En una de esas idas a beber, mi mamá me dio a luz y se murió
en el parto, porque le faltaban tres meses para cumplir quince años.
Mi papá llegó al mes a verme a la clínica. Le dijeron
que su mujer había muerto y que tenía una niña. Él
se puso a beber y a beber y me fue a reclamar, pero el doctor le dijo
que borracho no me podía entregar. Él se regresó
a Tegucigalpa y se murió poco después, de una intoxicación.
Eso me han contado las gentes del pueblo.
¿Y quién te crió?
El doctor Mata, quien me vio nacer, me adoptó. Pero ese era el
tiempo de la lucha política, y el doctor Mata, que era liberal,
tuvo que salir exiliado en la época de Tiburcio Carías.
Ya las comidillas decían que yo era hija del doctor y su esposa
se molestaba. Así que antes de salir exiliados, cuando yo tenía
dos años, me llevaron a un hospicio de Tegucigalpa. Ahí
me botó, me encarceló.
Cuando regresó, yo tenía 13 años y me fue a internar
a un colegio de monjas. En eso empezó mi tragedia: el doctor Mata
murió y agarré la calle. Me iba a los bares con mis amigos
y no tenía donde vivir. Mis amigas de buenas costumbres me señalaban
y me decían que era puta
pero yo seguía siendo virgen.
Claro que les coqueteaba a los hombres y me ponía unas grandes
borracheras.
¿Le dabas un valor especial a la virginidad?
Es que las monjas me lo machacaron. Yo seguía siendo inocente,
porque nadie me había profanado. Para mí era una virtud
bella. Después me di cuenta de que era una estupidez, mi inteligencia
me lo hizo ver. Después salí embarazada de mi primer hijo
y estaba en la calle completamente.
Yo me iba a acostar con hombres para que me dejaran con mi hijo en el
hotel. Ese era el pago. Aunque yo sabía que estaba destruyendo
mi vida y la de mis niños.
(De repente, Juana se quiebra. Apenas unos segundos
Aprieta
los labios y trata de frenar con los ojos una lágrima que ya se
ha escapado. Se seca la mejilla con la mano y se burla).
No me gusta que me vean llorar. Van a pensar que la niña está
llorando.
(Apagamos la grabadora con complicidad. Juana se refugia en el plato
y da un bocado al pescado. Dos, tres segundos, y comienza a hablar de
nuevo).
Esto por le color parece salmón.
Es salmón.
¿Ves? ya lo decía yo. Una vez le dije a un periodista que
me iba a hacer salvadoreña. "No podés renunciar a tu
nacionalidad", me contestó. "Si renuncié a mis
hijos, puedo renunciar a cualquier cosa", fue mi respuesta. (Ya no
hay lágrimas a la vista
solo queda el desafío, el
impulso, el descaro
)
Es que los artistas queremos mucho a la gente de El Salvador. Pero es
mentira que yo renunciaría a ser hondureña, lo dije porque
era un momento de cólera, de rabieta.
¿De qué vives ahora?
Sobrevivo de mis recitales, pero no siempre me salen. Así que soy
una subempleada.
¿Pero estás satisfecha materialmente?
Estoy totalmente insatisfecha. Yo merezco más. Pero he pasado peores
momentos. He pasado de la indigencia a una época de mayor bonanza.
Me conformo con una casa, mi computadora y mis libros... nunca he tenido
mucho.
¿Qué es la felicidad para la ti?
Para mí es una utopía, porque mi felicidad ha sido efímera,
no ha sido una felicidad total. Pero he aprovechado esos momentos raudos.
Trato de ser feliz, siempre me estoy riendo y trato de que la gente ría.
A mis amigos les gusta estar conmigo, excepto cuando les insulto... Es
que yo me peleo con todo el mundo.
¿Guardas algún deseo de venganza?
No. En el momento en que me hacían las cosas sí, pero yo
no soy rencorosa. Sigo siendo una niña en eso. No creo que me haya
durado un rencor más de cinco días.
¿Estás agradecida con Dios?
Sí, pero a veces siento que me abandona y me descuida. Una vez
me dijo un obispo amigo que esos momentos eran pruebas. Pero no, Dios
ya la caga, me está probando desde que era niña. Y no lo
digo como irreverencia, lo digo como un reclamo a un amigo.
¿Miras a Dios a los ojos?
Sí, siempre lo veo a los ojos. Yo le he suplicado de rodillas que
no me abandone... y ¡me abandona! ¿Será que las mujeres
estamos marcadas por un signo trágico o nefasto?
¿Saben?, me vine sin papeles, es que unos días antes me
asaltaron y me dejaron sin papeles. Yo no me llamo Juana, me dicen así
por mi poema. Mi verdadero nombre es otro.
¿Y entraste por la frontera?
¿Cómo no voy a entrar, papito? ¿Y no hay un montón
de salvadoreños que se pasan así nomás?
¿Cómo te gustan que te llamen: Juana o Margarita?
Juana. Es que las Margaritas todas son gordas, blancas, con dinero y sumisas.
En cambio las Juanas somos Juana de Ibarborou, Juana de Arco o Juana La
Loca. Cuando me muera quiero que me recuerden como Juana La Loca, como
alguien alegre.
¿Y cómo firmas?
En los papeles oficiales firmo como Margarita, pero como todos me dicen
Juana a veces meto la pata y firmo así. Creo que en eso de cambiar
el nombre me parezco a las monjas y a las putas.
Ja, ja, ja.
Estaba pensando que mi poema "Mamita querida" ha sido traducido
al francés, al irlandés y al alemán porque les ha
impactado. Lo que no me gusta es que en francés suena muy modosito.
En alemán ha de sonar mejor.
Ja, ja, ja, puede ser.
¿Crees que ha habido un boom de la literatura centroamericana?
Sí, así es. Aunque en Honduras solo un periódico,
de los cuatro que hay, le da un pedacito a la poesía. Sacan más
cosas del fútbol. En Costa Rica sí sacan diariamente algunas
secciones culturales.
Y es que la poesía vende menos. Un pintor puede hacer un cuadro
en una semana y le van a dar 150 mil lempiras. A mí nadie me va
a dar eso por un poema, ni siquiera por un libro.
¿Cuánto es lo más que te han pagado por un libro?
En una subasta, una mujer hondureña que vive en Miami pagó
$500 dólares por un poemario original mío. Eso es lo más
que me han pagado.
Una pregunta más. Juana, ¿estás enamorada?
No, ya no, ya no estoy para esas cosas. Estoy cansada de tanta verga.
Pero la última vez que me enamoré fue hace unos años.
Era un muchacho que trabajaba como agregado cultural de la Embajada de
Francia en Honduras. Me acuerdo de la pasión con la que hacíamos
el amor. Él era mucho más joven que yo, y yo sabía
que estaba comprometido en Francia. Yo sabía que iba a terminar,
que esa relación no iba a durar, pero disfruté lo que pude.
Una vez vino su prometida y me imagino que sabía que tenía
un romance conmigo. Ja, ja, ja, me puse a pensar que ella no sabía
que yo era una bruja, que hacía unas cosas en la cama con él...
(Entre guiños se consume el salmón, pero sigue viva
la poesía de la conversación aún unos minutos. Juana
Viaja hoy mismo de regreso a Honduras. Un beso de despedida, unas risas
de adolescente, las suyas por supuesto, y hasta la próxima, que
la traerá el viento o una frontera hecha para ser cruzada, legal
o ilegalmente).
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