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Plática con Eva María Dimas "Ya no puedo pasar inadvertida" (II) Rafael Flores y Rodrigo Arias
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Su tío participó en los Juegos Olímpicos de 78,
en México. Supongo que había alguna afinidad...
Sí, fue mi consejero, es mi apoyo, es mi padre en el deporte.
Toda la vida he tenido, gracias a Dios, el apoyo de mi familia.
Cuando se ríe, da la impresión de que no le pesa...
Ajá, realmente, yo cuando vea la foto, como si estoy posando. Como si las pesas fueran de algodón. Para mí es la cargada la que más cuesta.
¿Qué tan importante es la concentración en ese momento?
Es muy importante. No sé si se han fijado cómo son los felinos. Ellos están tranquilos, pero nada que ver cuando atacan, y así tratamos de ser nosotros. Yo me considero una persona tranquila, pero como que cuando uno comienza a calentar la adrenalina se despierta y uno
se empieza a despavilar.
Usted parece atípica cuando sonríe. Uno está acostumbrado a ver atletas europeos con una cara de hielo, y de repente usted sale con una sonrisa, como si no le costara lo que hace.
Es que la sonrisa me sale cuando estoy contenta del logro. En ese momento sólo estoy pensando en que el juez del centro me dé la señal de la bajada... ya lo demás es pan comido.
¿Era frustrante ver pasar los días y que las medallas no llegaran para El Salvador?
Realmente, nosotros íbamos en la segunda tanda. Lo primeros 45 atletas se fueron y los demás habíamos quedado aquí. Era terrible ver los periódicos con noticias tristes en vez de positivas. Éramos 85 en la selección, pero es que los Panamericanos
no son juegos, es casi tocar el cielo, pero yo sé que todos mis compañeros dieron lo mejor en cada una de las disciplinas, pero se sentía en la villa como un funeral. Púchica, las esperanzas estaban cifradas en unos atletas. Bueno, pues dos días antes de mi competencia,
algunos de los periodistas allá me dijeron que sobre mis espaldas caía toda la responsabilidad y que en el 99 pasó lo mismo. Pero yo decía que no podía ser así de que no lográbamos medalla, yo iba tranquila, iba positiva, ya ni miraba los periódicos,
porque yo tenía que estar bien. No lo miraba yo como una presión sobre mí. Yo trabajé con mi psicólogo eso, y nunca lo traté de ver como si yo fuera la única.
¿Te soltó un poco la plata de Claudia Landaverde y el bronce de los arqueros?
Claudia compitió el jueves y yo el viernes. Ese día fue una gran alegría en la villa. Me emocioné y como que lo llena a uno de entusiasmo. La medalla de Claudia fue emocionante.
Bueno, al final las dos venían con trencitas de allá...
Sí, es que yo dije que no me venía de allá sin hacerme las trencitas. Desde 2001 quería hacerlo porque fuimos a competir. En ese entonces estaban bien baratas, como a cinco dólares. Esta vez estaban como a 30 ó 25 dólares, pero logramos que nos las
hicieran por siete porque nos hicimos 12 personas: las de karate, las de nado, todas veníamos con trencitas.
¿Cuándo se las deshizo?
El lunes pasado, porque ya se me estaba haciendo caspa... el champú no entraba.
Entonces no le dolió quitárselas
Como no, porque me las quería dejar más tiempo.
Eva, por primera vez usted no fue como abanderada...
Yo fui la abanderada al final.
Pero no en el desfile inaugural, como ya se estaba haciendo costumbre
Pues, eso fue al principio, después yo fui la abanderada. El INDES siempre hace eso, de cambiar. Como que hay atletas nuevos que la gente los empieza a reconocer, y no siempre al mismo le va a tocar. Es importante que sientan que es un gran compromiso llevar la bandera, también ganársela.
¿Qué les dice usted a los atletas nuevos?
Bueno, que cuesta llegar hasta ahí, luchar, hay que sacrificarlo todo. Cada vez que nos vemos con algunos, nos contamos los problemas, porque no es fácil.
¿Es una presión extra llevar la bandera?
Es más una emoción y un compromiso bien lindo que se disfruta también. Es como una ilusión competir, pero ser abanderado es algo muy emocionante, y el corazón no deja de palpitar.
Y el deporte la ha llevado a varias partes del mundo.
Pues, cada viaje es diferente. Dos veces me quisieron cambiar por camellos.
A uno eso le suena cómico.
Sí, pero para ellos es normal. Pero quizá yo sería la número 20 del harem.
¿La molestó?
No, a mí no, a mi novio quizá un poco. Pero la primera vez fue con mi mamá y mi tío. Estábamos en Israel en un lugar santo, y un musulmán se acercó a mí en una tienda de artesanías. Me empezó a preguntar que de dónde era.
Le conté que había llegado a una competencia de pesas. Y todos los hijos del dueño empezaron a hacer una rueda. Mi mamá se acercó y, al final de todo, le dijeron a ella que querían comprarme por 80 camellos solamente. Mi tío se dio cuenta, nos subimos
al carro y nos fuimos rápido. Todos nos pusimos rojos.
¿Cuántos años tenía?
Creo que 26. La segunda vez fue en Juegos Olímpicos, en Sidney. Ahí fueron 100 camellos y dos pozos de petróleo.
Pues ya iba subiendo de precio. ¿Qué hubiera hecho su mamá con 100 camellos?
Mi novio le decía bromeando que los pusiera desde el Masferrer hasta La Tiendona en chorrera. Cada sitio es diferente. Por ejemplo en Estela (Nicaragua), en 1992, mi primer viaje fuera del país, estábamos en la despedida de un evento y comenzaron las ametralladoras. Nos metieron
a los buses y fuimos a una casa, creo que del alcalde. Todos estábamos asustados, sobre todo los de Costa Rica, que nunca habían oído un triquitraca. Hubo explosiones. Nuestro entrenador era un húngaro, Tamas Feher.
¿Verdad que su entrenador fue Alexander Alexandrov?
Sí. ¿Lo conoce?
Era vecino mío, pero yo era amigo del hijo, Alex. Él llegaba al parque de la colonia a jugar basquetbol. Entonces ahí me ponía a platicar con él.
¿En inglés o en español?
En inglés. Es que no le gustaba el español. Recuerdo que una vez me dijo una frase bien bonita: "Hablar otro idioma es tener otro ojo más".
¿Eso le dijo?
Sí. Era bueno para hablar. ¿Qué tal era como técnico?
Muy bueno, cada entrenador me ha llevado hasta cierto nivel. Primero tuve a mi tío, luego a Tamás del 92 al 94, después un nicaragüense, luego un cubano, después Tamás otra vez, después un búlgaro, otro búlgaro y luego el profe.
¿Qué tienen los búlgaros que no tienen otros?
Son diferentes. Te prueban con pesos muy fuertes. Te exigen física y mentalmente. Se trabaja más duro con ellos.
Fuera del levantamiento de pesas, ¿hace algo más?
Hago fortalecimeiento en otros gimnasios, pero no en periodo competitivo.
¿Tiene pasatiempos?
Me gusta mucho ir al mar, me fascina la tranquilidad. Soy piscis. Me gusta cocinar postres, pero de vez en cuando.
¿A qué playa va?
A Suncita, aunque a veces voy aunque sea al Centro Español a nadar un poco.
| "Ya no puedo pasar inadvertida" (III) |
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