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Plática con Francisco Emilio Mena Sandoval, "Manolo"

"Yo era más de derecha que d'Aubuisson"

Conoce la guerra como nadie, desde los dos bandos, y la cuenta como si hubiera entendido lo que muchos otros siguen tratando de adivinar: que como todas las guerras no tuvo el sentido que se le quiso dar. Mena Sandoval, el mítico oficial del Ejército que se marchó a la guerilla con los códigos secretos de comunicaciones bajo un brazo y, según defiende, con su dignidad bajo el otro, recapitula y reparte elogios a Monterrosa y desdenes a quien durante la guerra fue su ídolo, Joaquín Villalobos. Llega a Punto Literario con algo de retraso, tal vez porque en Barcelona, al contrario de lo que muchos quieren creer, tampoco se es demasiado estricto con los relojes. Frente a la carta, comenta con admiración que en España todo el mundo tiene habilidad para conversar mientras se come, algo que él nunca consigue. Como prueba de verdad pide unas tortas de pescado, las olvida, y se lanza a hablar, y a hablar. Parece que hace años que nadie le pregunta nada, y es una lástima a tenor de su relato.
Christian Guevara y José Luis Sanz/ Fotografías de Walter Sotomayor
cartas@elfaro.net
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Francisco Emilio Mena Sandoval, "Manolo"

¿Estás aquí por nostalgia o por trabajo?
Normalmente vengo una vez al año, pero traigo trabajo relacionado con las cosas que hago en Barcelona. Allí estudié un Master en Cooperación y Desarrollo, y cuando pasé a segundo año comencé a dar clases en primero. Ahora doy clase en todos los cursos, y cuando yo estaba en último año vinimos dos equipos del master a hacer la tesis. El año pasado vinimos por primera vez y salió todo muy bien.

¿Desde hace cuánto vives en Barcelona?
Desde hace tres años y medio. Es que me quedó la semilla de Barcelona, con los compañeros y compañeras cuando estuve de responsable del Frente en Europa, cuando acababa de terminar el conflicto.

¿Así que regresas por trabajo y no por nostalgia?
La nostalgia está siempre presente, y es la nostalgia la que me va a traer de regreso. Lo que pasa es que aprovecho. Yo vengo aquí en mi espacio de vacaciones, pero quizá trabajo más acá que cuando estoy en la universidad. Así que vengo para revisar el proyecto de la organización de Barcelona y también reviso el proyecto que formula el equipo que está acá.
Lo que me interesa es que ese grupo del master de Barcelona venga acá para hacerse su propia opinión tocando la realidad. Porque no es solo es venir y hacer un proyecto en una comunidad; se tiene que conocer toda la situación económica, social y política, porque si no la gente no interpreta la teoría que aprende en el master. La gente, cuando viene acá, se impresiona...

¿Qué les impresiona?
No hemos hecho una reunión final, pero siempre habían pensado, y más ahora que el euro está por encima del dólar, que al llegar aquí habría una diferencia económica muy sensible. Sin embargo, dicen que entran a un supermercado y que han comprado esto y lo otro al mismo precio que está en Barcelona. La vida acá está en crisis, es demasiado cara...

¿Les ha sorprendido saber que la vida está tan cara como en Barcelona?
Y también a uno le impacta. Pongo un ejemplo: nosotros, los que nos hemos criado alimentándonos con aguacate… cuando ves un aguacate allá te dan ganas de comer. Llegan aguacates principalmente de México, aunque también de Brasil y de otros lados. Pero cuando vi cuánto valía se me quitaron las ganas. Un aguacate allá puede costar dos o tres euros, que es más de tres dólares.
Pero acá también es increíble. Ayer, que estábamos con unos amigos en el Biggest, nos pusimos a hablar de que una taza de café vale seis o siete colones. Hace unos años, una taza de café a ese precio era bastante difícil.

¿En que países de Europa has estado?
He tenido la suerte de estar en casi toda Europa. En el momento de los Acuerdos de Paz yo fui el representante del Frente, pero viví en Barcelona, y trabajé más en España e Italia… y de ahí en Alemania y Suecia. El único país que no conozco es Luxemburgo. Y ahora, en España… bueno, tiene muchos lugares adonde ir de vacación.

Aquí tenemos un español, no le subas el ego.
No lo sabía, pero mejor que no empecé sólo con las críticas, ja, ja, ja, ja.

¿Qué hacías como representante del FMLN?
Buscaba el apoyo de la solidaridad y en España siempre la hubo hacia El Salvador. Bueno, ¿tú de dónde eres?

Valenciano.
Entonces no hay mucha diferencia con el catalán. Conocer la realidad de Barcelona cuesta, con esos problemas del nacionalismo, con el idioma… ¡y una de contradicciones! Por eso mejor le pregunté, porque si es de Madrid hay que tener más cuidado

Ja, ja, ja.
Es que es increíble, no sólo cuando juegan el Bar a y el Madrid, que es un antagonismo a nivel histórico. Incluso, aunque Madrid es muy bonito, a los de Barcelona no les gusta que haya cosas interesantes en Madrid.

Lógicamente, ya eres del Bar a.
Fijate que no. Es que acá en El Salvador yo era del Real Madrid, pero estando uno allá… como que se le pega el antagonismo. Es increíble. Es como el problema de la izquierda: hay muchas divisiones.

¿Tú sigues vinculado, por lo menos emocionalmente, al FMLN?
Es un poco difícil salirse completamente del FMLN, y tú mencionas la palabra emocionalmente. Además, uno siempre pensó que se podían realizar cambios. Yo, siendo militar, siempre pensé en hacer cambios, sin tener una idea clara de una ideología de izquierda. Es más, yo, al contrario, tenía una ideología anticomunista.
Al dedicarle tantos años de lucha, uno difícilmente puede desvincularse de que haya cambios en el país en justicia social. Cuando yo me fui, acababa de salir de la Asamblea Legislativa como diputado. Pero con todo eso de la Aritmética de la Asamblea… uno no sale tan satisfecho con el papel jugado, más cuando conocés que el voto vale dinero.

¿Dinero?
Cuando se dio el voto del IVA fue una experiencia muy dura para mí, porque yo voté en contra de eso, pero mi partido votó a favor. Eso demuestra que los votos acá no son por el bienestar de la gente. Acá se aprobó una cosa que a nivel técnico era necesario, de eso no hay ninguna duda, pues para hacer un presupuesto el gobierno tenía que imponer el IVA, pero hay otros instrumentos.
Así que cuando salí de ese período, yo no quería ni podía optar por una de las tendencias del FMLN. Desde que yo me integré, yo pensé que la cosa tenía que ser unitario, que había que unir esfuerzos. Eso me hizo irme, pensé que podía estudiar algo.

¿En qué año te fuiste?
En el 99, yo salí de diputado en el 97, y después de un año me salió la oportunidad con esos amigos de Barcelona. Ellos me incitaban, me decían: te va a caer bien, descansá unos dos años… Pero pasaron esos dos años, terminé el Master, y vi que la situación acá no había cambiado nada.
Si lo vemos ahora, esos problemas internos han hecho que el partido no se dedique a resolver los verdaderos problemas que tiene el país.

¿Cuáles son las señales visibles de esas disputas internas?
Yo creo que el problema es que no podemos hablar de que son posiciones ideológicas, lo que hay son intereses. Y algunos sectores que se salen creen que pueden obtener apoyo en el extranjero, y parece ser que es más interesente el apoyo que seguir luchando por el proceso en el que en un momento se creyó.
Está bien que uno entre con algunas ideas y después cambien. Uno se puede preguntar cómo hay militares que se integran a un partido de una izquierda marxista leninista. Pero nosotros no teníamos nada de marxistas leninistas o estalinistas, el problema es que acá, en ese momento, nosotros estábamos visualizando una situación concreta del país.
Ahora, esa palabra que siempre me dicen, traidor a la patria, es más fácil que los otros militares la entiendan. Es un paso que yo di, y no es que yo sea el número uno o el que se merece el trofeo, jamás lo digo en ese sentido, pero es una decisión que ha costado mucho. Me costó mi futuro económico, mi seguridad, mi patrimonio, mi familia… Aunque nunca me he arrepentido

"Yo era más de derecha que d'Aubuisson" (II)


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