El Faro http://elfaro.net Periodismo independiente y audaz de El Salvador y Centroamerica con noticias, reportajes, investigac es Copyright 2020, El Faro Fri, 03 Jul 2020 23:38:25 +0100 El Faro En respuesta a los ataques contra El Faro http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000028059.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24610/En-respuesta-a-los-ataques-contra-El-Faro.htm Ante los señalamientos contra este periódico hechos en una serie de artículos anónimos el jueves 2 y viernes 3 de julio, y difundidos de manera irresponsable por el presidente de la República y otros funcionarios, El Faro aclara a sus lectores y la sociedad salvadoreña:

Que es categóricamente falso que en un encuentro en el que participó parte de nuestro equipo de redacción en octubre de 2017, o en cualquier otro espacio de convivencia laboral de este periódico, haya habido una violación o un intento de violación.

Denunciamos que estas publicaciones son parte de un intento interesado por desacreditar el trabajo periodístico de El Faro, especialmente las investigaciones que en las últimas semanas han dado a conocer posibles casos de corrupción y nepotismo en la gestión del actual Gobierno.

El Faro ha sido objeto durante el último año de una serie de ataques de diversa índole en contra su labor periodística, que pretenden dañar la credibilidad que durante 22 años hemos construido con nuestro trabajo editorial. Creemos que cualquier ataque al periodismo, a la disidencia de criterios o al debate plural es un ataque a la democracia.

El Faro condena rotundamente cualquier actitud de violencia contra la mujer, en el seno de nuestra organización y en la sociedad, y está comprometido en combatir estas prácticas históricamente normalizadas tanto en la sociedad salvadoreña como en los espacios laborales. Aun así, reconocemos que El Faro y algunos de sus integrantes, en ciertos momentos, no hemos tenido el comportamiento que se espera en materia de igualdad de género y respeto a las mujeres.

Entre finales de 2017 e inicios de 2018, recibimos quejas por prácticas sexistas discriminatorias y acoso dentro del periódico. Entre ellas, una sucedida en el citado encuentro de convivencia en Coatepeque, en el que hubo un comportamiento indebido de un periodista de nuestra redacción contra una de nuestras compañeras. Todos los casos, incluido ese, fueron investigados y recibieron una respuesta institucional, tanto en forma de acompañamiento a las personas denunciantes, como en sanciones administrativas, cuando lo ameritaron. Estas quejas desencadenaron, además, un proceso de reflexión y debate interno en el que participaron toda la redacción y el resto de áreas del periódico, y que derivó en la creación de una Política de Género e Inclusión, en vigor desde junio de 2019, que incluye protocolos para evitar que estas prácticas se repitan o reproduzcan.

En los últimos tres años, el periódico ha formalizado procesos institucionales que han resultado en mayor diversidad en nuestra redacción y en los espacios de toma de decisiones. Además, evaluamos en forma constante el funcionamiento de los mecanismos establecidos en busca de la mejora permanente de nuestras dinámicas como institución y nuestra propuesta periodística.

Clave para que esto suceda es nuestro Comité de Género e Inclusión, que incluye asesoría externa permanente y está encargado de velar por el cumplimiento de esa Política, de seguir impulsando el debate y las transformaciones institucionales, y de la formación continua de nuestro equipo en este campo.

Nuestros lectores conocen nuestro compromiso de mejorar como periódico, como espacio de equidad, como plataforma de debate y reflexión, y como institución. Estamos dispuestos a colaborar, en cualquier caso, con las autoridades competentes. De igual manera nos reservamos el derecho de tomar acciones legales contra quienes, con calumnias, quieran desprestigiar el trabajo y el ejercicio periodístico de El Faro.

Seguiremos resistiendo los ataques a nuestra credibilidad y haciendo periodismo de investigación independiente, fiscalizador e incómodo.

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Columnas Fri, 03 Jul 2020 19:40:12 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24610/En-respuesta-a-los-ataques-contra-El-Faro.htm
El hambre blanca http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_2000_1333/images%7Ccms-image-000034003.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/el_salvador/24602/El-hambre-blanca.htm Las banderas blancas, que alguna vez significaron paz, son ahora el SOS en las puertas de miles de salvadoreños. Visibilizan el hambre, consecuencia de una enfermedad crónica de desigualdad, miseria y vulnerabilidad ante la que el estado salvadoreño solo ha respondido, gobierno tras gobierno, con placebos. El coronavirus, con su parálisis económica, ha convertido el hambre en hambruna. Pero las banderas blancas han encontrado una respuesta espontánea de la sociedad civil. 1.- Dino

En una vida anterior, Dino Safie era cantante de un grupo de música católica llamado Totus Tuus, muy conocido en los círculos carismáticos en Centroamérica. A principios de marzo el grupo se fue de gira por Guatemala y el sur de México. Regresaron a El Salvador por tierra el 12 de marzo, cuando el gobierno ya había impuesto cuarentena obligatoria para los retornados. Los llevaron al centro de contención de Jiquilisco, uno de los primeros, en el que no había ni protocolos sanitarios ni mascarillas ni papel higiénico ni nada, apenas unas colchonetas pegadas a otras y a otras donde cientos dormían hacinados y unos baños con un letrero en la puerta que decía “NO SIRVE”.

Safie comenzó a publicar en redes sociales las condiciones de los retenidos en Jiquilisco; solicitó comida, pidió mascarillas, alcohol gel, ropa y medicinas para los enfermos. Y papel higiénico. En poco tiempo se convirtió en portavoz de los retenidos y referencia obligada para quien quisiera saber qué pasaba en los centros de contención, en contraste con un gobierno que se negaba a informar sobre la situación de miles de salvadoreños internos en esos lugares.

En unos cuantos días sus redes crecieron exponencialmente. Pasó de 200 seguidores en Twitter a 17,000. En Instagram aumentó de 2,000 a 45,000. Dino Safie se convirtió en un personaje.

Dice haber recibido llamadas de funcionarios de gobierno pidiéndole que bajara el tono de las críticas. “Les dije que si traían a la (ministra de Vivienda) Michelle Sol a Jiquilisco, en vez del hotel boutique donde se tomaba fotos tomando Starbucks, yo cerraba mis redes sociales, me callaba y me quedaba voluntariamente dos meses en Jiquilisco. Por supuesto, eso no sucedió”.

Las quejas por las condiciones de hacinamiento, falta de higiene y nulos protocolos de sanidad llevaron al cierre del centro de Jiquilisco. Cuando Safie salió, el 10 de abril, ya estaba convertido en el principal vocero de los 2,000 salvadoreños recluidos en centros de contención.

“Me seguían enviando mensajes de los centros y de los hospitales, pidiendo que denunciara sus necesidades y sus carencias, pero también afuera me seguían llegando donaciones. Era tanto lo que había que hacer que un día abrí un grupo de whatsapp y le pedí a la gente en redes que quien quisiera ayudarme a llevar donaciones se metiera en el whatsapp”. Ese mismo día reclutó a 20 voluntarios. Bautizó a su improvisada organización como Solidaritón y abrió una cuenta en GoFundMe, una página web donde la gente puede donar a proyectos. Allí le han depositado más de $60,000. Ha recibido además cientos de donaciones en especie. Hasta hoy, dice, ha distribuido más de 3,000 canastas de víveres.

Dino Safie (derecha) en una ferretería de Verapaz, San Vicente. En el lugar compró láminas y cemento para ayudar a construir una vivienda a una mujer de la zona rural de Verapaz. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Dino Safie (derecha) en una ferretería de Verapaz, San Vicente. En el lugar compró láminas y cemento para ayudar a construir una vivienda a una mujer de la zona rural de Verapaz. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

No es el único que distribuye canastas. En las redes sociales se han disparado las fotos de ciudadanos ayudando a víctimas del hambre.

También el gobierno, que ha hecho desfilar a ministros distribuyendo canastas y los ha retratado en producciones profesionales cuyo detrás de cámaras ha circulado también en redes: dos ministros cargando ayuda y a su alrededor una docena de camarógrafos y fotógrafos capturando la escena desde todos los ángulos; personas vestidas humildemente que, sonriendo, reciben una bolsa con alimentos del gobierno. Devuelven la bolsa y sonríen nuevamente y la vuelven a recibir y repiten la escena hasta que el director de cámaras se siente satisfecho. Esta administración presupuestó para el 2020 más de $15 millones en publicidad que no fueron reorientados por la emergencia.

Safie también se hace fotos entregando ayuda, pero las suyas son selfies.

A principios de mayo, cuando el gobierno suspendió el transporte público, Dino Safie tomó parte del dinero que le han donado y alquiló varios microbuses para ofrecer transporte gratuito a personal médico, de los hospitales a sus casas y de sus casas a los hospitales. Casi de inmediato, ante la necesidad, amplió el servicio a enfermos que requieren servicios vitales, como quimioterapias o diálisis, y que no tienen cómo asistir a sus tratamientos sin transporte público. Subió a sus redes las fotos de enfermeras en las camionetas, de los enfermos en los microbuses. Las donaciones se multiplicaron.

Ahora hay unas 30 personas trabajando en Solidaritón, la mayoría voluntarios, aunque a algunos los ha contratado para que conduzcan los microbuses. Los demás coordinan la distribución de donaciones, las rutas de transporte médico o la compra de materiales para quienes han perdido su casa o necesitan colchonetas. Del trabajo de escritorio (revisar la página de GoFundMe, redes sociales, tramitar solicitudes de ayuda, coordinación, recepción de donaciones etc…) se encargan los voluntarios. Safie prefiere la calle. Él lleva todos los días canastas con víveres y ropa a comunidades hambrientas en todo el país. “Así se bajan las banderas blancas”, dice.

Dino es un joven menudo que parece estar siempre de buen humor. Dice que aún vive de las regalías que le dan en los sitios de streaming musical por sus canciones, pero la ligera fama entre grupos juveniles católicos que adquirió como vocalista de Totus Tuus es un juego de niños comparada con la que ha adquirido en la pandemia. Ahora también promociona productos en sus redes sociales, lo cual le genera más ingresos. Es una figura pública que da buena imagen a cualquier marca. Y él lo sabe.

Le llamé un día de mayo para conocer su operación. Nos quedamos de ver en su centro de logística, un estacionamiento en un pequeño centro comercial, junto a las bodegas San Jorge. Los locales están cerrados, salvo por un minisúper que tiene estos días por cliente único a Solidaritón, que compra allí los productos para armar sus canastas. Pero si uno pasa cualquier día verá el estacionamiento lleno, con los vehículos de voluntarios, los microbuses de las rutas médicas, y de donantes.

Allí me encontré con Safie un mediodía de mayo. Llenó con canastas la parte trasera de un pickup y partimos rumbo a Ilopango. Me contó que Maribel López, trabajadora social en la alcaldía de ese municipio y líder comunitaria del cantón Changallo, lo había contactado un par de días antes. Su comunidad estaba hambrienta y desamparada.

Maribel nos encontró arriba, frente a la alcaldía, adelante de las escuelas de aviación que dan servicio al aeropuerto contiguo. Ella y su esposo, Santos González, nos guiaron calle abajo, serpenteando laderas. Pasamos frente a un polígono de tiro, el único lugar desde el que se ve el lago cráter, y seguimos bajando por la calle, vestida solo a uno de sus costados, por banderas blancas, afuera de viviendas paupérrimas que parecen estar en coma. Con paredes de láminas oxidadas y desprendidas, sin una parte del techo, con bolsas de plástico para tapar algún hoyo. A un lado las casas al borde del precipicio; al otro el muro natural que desciende sobre uno, que es el precipicio de los de arriba.

En la bajada nos detuvimos en algunas viviendas con banderas blancas, para que Safie les entregara bolsas con víveres. Como en buena parte del país, aquí el hambre se ha propagado con mayor velocidad que el coronavirus.

Una casa de Changallo que ya había sufrido con las lluvias de 2019 terminó cediendo ante la tormenta Amanda. De pie solo quedo una parte de la pared y la puerta. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Una casa de Changallo que ya había sufrido con las lluvias de 2019 terminó cediendo ante la tormenta Amanda. De pie solo quedo una parte de la pared y la puerta. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

2.- El hambre también es un virus

Yo ví las primeras banderas blancas a mediados de abril, sobre la Avenida Juan Pablo Segundo, en mi primera salida para reportear desde que comenzó la cuarentena. Salí de casa con la intención de ver, por primera vez en mi vida, el centro vacío. Ya estaba instalado el cerco sanitario así que tuve que pasar dos retenes policiales y militares, cerca de la Biblioteca Legislativa, e ingresé en las extrañamente desiertas y silenciosas calles del centro. Vi muchas banderas blancas afuera de los mesones. Banderas que nadie, salvo quienes tenían algún tipo de autorización –como los periodistas– para pasar el cerco, podían ver.

Los mesones son viejas casonas del centro de San Salvador, que hace medio siglo ya estaban venidas a menos. Suelen estar subdivididas en decenas de cuartos que sirven de vivienda a vendedoras de verduras y ropa, mecánicos, choferes de buses, electricistas etc… Los cuartos sin ventana cobran $3 diarios y los más grandes, en los que caben tres colchonetas, $5. La mayoría de mesones tienen baños comunitarios.

Me detuve a hablar con los hambrientos de los mesones del centro, que me preguntaron si no venía de la alcaldía o de un partido político, porque dos días antes habían llegado empleados municipales que condicionaron la entrega de víveres a cambio de que bajaran las banderas blancas. Según les dijeron, lo de las banderas era un plan de políticos enemigos del gobierno.

El mensaje fue incluso propagado por funcionarios de esta administración. Las banderas blancas, dijo Pablo Anliker, ministro de Agricultura, las sembraban opositores para hacer quedar mal al gobierno. “Es una bajeza política”, escribió en un Twitter. Su prueba era un chat de una mujer que le decía que a su vecina unos desconocidos le habían colocado una bandera blanca en su casa, en un lugar que ella no alcanzaba, y que no la podía bajar. “¿Qué clase de personas son? ¡Sinvergüenzas!”, escribió el ministro.

Como confirmé en los días siguientes, bastaba conducir un automóvil en cualquier dirección para verlas en la ciudad. O para verlas camino al Puerto de La Libertad. O en Chalatenango. O en Ahuachapán. O en Usulután. O en San Vicente. O en la carretera de Oro o en la carretera a Comalapa o en la del Litoral hacia oriente u occidente o en Quezaltepeque o en Santa Lucía o en Soyapango o en Verapaz o en La Unión o en los Talpas o en Los Naranjos o en el Bajo Lempa o en Lourdes Colón, Ayutuxtepeque, Olocuilta. Yo las vi.

Y en todos esos lados, si uno se detenía, podía confirmar que la verdadera oposición, el verdadero virus, era invariablemente el hambre. Es el hambre, en presente, que he visto durante los tres meses en los que he reporteado este material. Ya estamos en julio y las banderas siguen ondeando en todo el país. Las banderas vivirán mientras viva la pandemia. Porque millones de salvadoreños tienen hambre.

Hambre rural, hambre urbana, hambre semiurbana, hambre semirural, hambre costera y hambre de montaña y hambre de los volcanes y de las quebradas y de las fincas y de los cantones y de las veredas y de las avenidas.

El hambre de los niños de la señora Gloria García, que vive en una comunidad junto a la vía férrea llamada Las Seiscientas Uno, en Sonsonate; que se dedica a vender ropa usada pero que en mayo llevaba dos meses sin ropa que vender ni nadie que le compre ni transporte público para ir a comprar la ropa ni para venderla. Que tiene dos nietos a su cargo, pero no tiene luz ni agua y como no tiene luz ni agua no recibió el bono del gobierno y como vive en una comunidad a espaldas de la carretera nadie se había detenido a darles nada, salvo alguien que le regaló “una bolsa de pan francés”. Llevaba tres días, según me dijo, amortiguando el hambre de sus nietos apenas con azúcar diluida en agua.

Pero a toda acción corresponde una reacción y, a veces, esa regla se cumple incluso en El Salvador. A las banderas blancas, muchos salvadoreños han respondido con solidaridad. Posteé en redes sociales una foto de la comunidad con sus banderas blancas. En corto tiempo recibí tres mensajes preguntándome dónde era y qué necesitaban; algunas personas llevaron ayuda.

No es que esos salvadoreños no supieran que en este país siempre hay hambre, es que las banderas visibilizan el hambre. No es lo mismo saber que en El Salvador hay pobreza que ver la bandera y tomar acción para calmar estómagos ajenos. La ayuda es un paliativo, capaz de mitigar la hambruna pero no de erradicar el hambre. Lo que sí puede, en algunos casos, es cambiar la vida de los solidarios. Como la de Dino Safie. Por eso quise conocer su operación.

Familias de la comunidad Las Seiscientas Uno salen todos los días, desde el inicio de la cuarentena, para pedir alimentos en la carretera a Sonsonate, a la altura de Lourdes en el municipio de Colón, La Libertad. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Familias de la comunidad Las Seiscientas Uno salen todos los días, desde el inicio de la cuarentena, para pedir alimentos en la carretera a Sonsonate, a la altura de Lourdes en el municipio de Colón, La Libertad. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

Camino al lago de Ilopango tomamos un desvío en el puesto policial conocido como Changallo. Allí ingresamos al caserío del mismo nombre hasta topar con el río Chagüite, un flujo de agua color malva, combinación de la contaminación de sus aguas y el sedimento arenoso. Allí la comunidad ha construido una cancha de fútbol que es además lugar de encuentro de sus pobladores. Allí nos estacionamos y de la ribera del río comenzaron a salir decenas de vecinos, en busca de una bolsa de víveres.

Como viven en un lugar al que no llegan automóviles ni gente extraña, no tiene ningún sentido colocar un trapo fuera de su casa. Su bandera blanca tiene nombre: Maribel López de González. Ella los ordenó y Dino les repartió toda la carga de la camioneta. No alcanzó para todos. Nunca alcanza.

Safie se hizo varias fotos entregando ayuda, que terminarían minutos después en sus redes sociales. Antes de irnos, Maribel y su esposo, Santos González, nos invitaron a conocer la tercera etapa de Changallo, al otro lado del río. Cruzamos a pie un pequeño puente peatonal y nos internamos en un pequeño camino rural de tierra, hasta llegar a un terreno con dos árboles de mango, un barril oxidado a la intemperie y una construcción de bahareque rodeada de una barricada de tierra. Afuera vi a un viejo, de rostro inofensivo y exhausto. Ese viejo se llama Felipe Reyes.

3.- Ilopango

El hambre de Felipe Reyes es anterior al virus. Diez años, los que tiene de no ver, por hacer la cuenta corta; o 76, los que tiene de vida, por hacer la otra. La suya es un hambre heredada. Antes, dice, recorría las calles de Ilopango empujando un carretón de minutas. Fue perdiendo de a poco la vista hasta que, hace una década, ya no supo distinguir entre un cliente y un asaltante.

Es un viejo menudo del color del rubor, que camina con las manos en los bolsillos del pantalón. Vive solo, en este caserío de unas cuarenta viviendas instaladas en una delgada lengua de tierra entre el río Chagüite y un muro natural de unos veinte metros de altura, que forma parte de los pliegues externos del cráter del volcán de Ilopango. Es decir, en un barranco, asediado por las posibilidades del desborde del río y un deslizamiento de tierra.

La vivienda de Felipe Reyes es una estructura de una pieza, con paredes de barro y cañas ya podridas que al apretarlas se deshacen en las manos; el piso es de tierra, como casi todas las casas de aquí. Adentro hay tres pantalones y cuatro camisas colgadas de una pita de tendedero y una Biblia y una pequeña hornilla y una cacerola tatemada y una cuchara doblada y una taza de aluminio y un televisor de bulbos que no sirve y un radio que tampoco sirve y un banquito y una colchoneta sobre la que duerme. En su hornilla, que es su cocina, solo hay sal.

Las palabras que en otras casas son indispensables aquí no significan nada porque de nada sirve nombrar cosas que no existen. Palabras como sillón, comedor, chinero, refrigerador, alacena, closet, trapeador -¿de qué sirve un trapeador en una casa con piso de tierra?-, servilleta, regadera o adornos. Nada de eso existe aquí. Aunque, a decir verdad, sí hay un adorno: Una vieja y destartalada máquina Singer de coser, de las de pedal, que tampoco funciona. Su única herencia. Está junto a la entrada y sirve de mesa, de percha, de adorno. Felipe Reyes tiene un adorno en su casa.

La colchoneta sobre la que duerme está mojada y apesta y el piso es un lodazal en el que se hunden mis pasos al entrar. Hongos y esporas se han adueñado de lo poco que hay aquí adentro y saturan el aire. La casa de Felipe Reyes es inhabitable.

La cocina al interior de la casa de Felipe Reyes. El único ingrediente que había para cocinar era una bolsa con sal. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
La cocina al interior de la casa de Felipe Reyes. El único ingrediente que había para cocinar era una bolsa con sal. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

Sucedió una noche reciente: Un río de lodo bajó desde el cerro y se metió por debajo de la puerta. No fue durante la tormenta Amanda sino en una tan insignificante que ni nombre alcanzó a tener, que cayó dos semanas antes. Con un poco de agua bastó para que la tierra suelta del cerro encontrara cauce hasta la puerta de su casa.

“Esta casa yo la hice”, me dice y pienso que hace unos años tal vez lo habría dicho con un poco de orgullo y no como lo dice hoy, que no es un tono amargo ni dramático sino el de la resignación de una pérdida más. En este lodazal siguió durmiendo los días siguientes, porque para dónde. “Me prestaron una pala y saqué el lodo que pude, pero cuesta, porque no veo”. Ese lodo lo acumuló frente a la entrada, a manera de trinchera, esperando que la desgracia sirviera de protección contra la próxima lavada del cerro. “Pues sí, ahorita duermo mojado. Pero para dónde”. Para dónde.

Me habla sin mascarilla. Y yo, que he pasado un mes encerrado y que he llegado hasta aquí con guantes y mascarilla y dos litros de alcohol gel en el carro, lo notaré algunas horas después, cuando vea en mi teléfono la foto que le hice. Aquí hasta el coronavirus parece fuera de contexto. Las urgencias de toda la vida no permiten reconocerle.

Le pregunto a Felipe Reyes si tiene energía eléctrica y enciende una luz blanca, trémula, que cuelga de un cable sobre la hornilla de la casucha que hoy es un foco de infección. ¿Cómo paga la luz? No la paga. Este foco ahorrador es lo único que consume energía. El subsidio estatal le queda debiendo.

El agua es comunitaria. Su conexión es un tubo de plástico blanco que culmina en un chorro que flota afuera de su casa sobre un barril oxidado, podrido, que le sirve de pila, porque ANDA no es muy regular en la distribución y aquí “a veces cae y a veces no”.

Esta es la segunda casa que pierde Felipe. Desde el portal señala al fondo de su pequeño terreno, un rincón donde ha crecido monte.

-Allí estaba la casa antes.

-¿Antes de qué?

-De que se la llevara el Mitch. No quedó nada.

Felipe Reyes se instaló en este terrenito a finales del siglo pasado. Llegó aquí con su mamá, proveniente de Santiago Texacuangos, el municipio contiguo, al sur de Ilopango. No recuerda, o no quiere recordar, exactamente por qué se fueron de allá. “Aquí me gustó porque eran lotes. Yo estaba pagando el mío pero el dueño, un señor llamado Jesús Navarrete, se endeudó con el banco y le embargaron. El banco es dueño de estas tierras. ¿Pero para qué quiere un banco estos barrancos?”. Termina de decir esto y se agacha, los dedos corriendo por la pierna, a amarrarse los zapatos, sus únicos zapatos, negros y con cintas, cubiertos por una capa del lodo seco. “Lo único es que no tengo zapatos para la lluvia”, dice.

No recibe ingresos desde que dejó el carretón. Tras la muerte de su madre se quedó solo. No tiene más familia. Está registrado en el fondo para adultos mayores, que le debería entregar $50 al mes. Con eso no alcanza ni para la canasta básica pero menos alcanza si no se los entregan. En lo que va de año, ni Felipe ni ninguno de los 14 adultos mayores de Changallo registrados para recibir esa ayuda ha visto un solo centavo.

Él vive ahora de vender o canjear mangos, que cuando es temporada caen por costaladas de los dos árboles que tiene en su patio. Con eso “paga”, por ejemplo, los rastrillos con que se ha rasurado esta mañana. Cuando no hay más mangos, los rastrillos, la comida y todas sus otras necesidades son producto neto de la solidaridad de sus vecinos, que viven en casas de piso de tierra y paredes de bahareque y techos de láminas agujereadas, pero que tienen la vista buena para recoger chatarra o botellas de plástico o sacan y venden arena del río o tienen un pariente que les manda dinero. Esos vecinos comparten su comida con él.

Pero la solidaridad de los vecinos también se ha reducido, porque su situación ha empeorado desde marzo, cuando El Salvador entró en cuarentena.

Viven principalmente del reciclaje y de la extracción de arena del lecho del Chagüite. Pero hoy no hay ni qué reciclar ni cómo llevarlo a las recicladoras. En tiempos normales, los que sacan arena del río hacen sus montículos y los venden a camioneros que a su vez los llevan a construcciones en todo el país. Pero con la cuarentena se paró la construcción así que todo Changallo está también parado. Recluido en este rincón del país, el viejo Felipe Reyes hoy tiene más hambre porque se detuvo la construcción de algún edificio en Santa Elena que él jamás verá. Porque casi nunca sale de Changallo, de su casa podrida y rota en la que ya no se puede vivir.

Dino Safie pregunta cómo puede ayudar al viejo Felipe. Maribel y Santos le cuentan que, algún tiempo atrás, la Asociación de Desarrollo Comunitario de Changallo aprobó construirle una nueva casa. Ya tenían el diseño, autoría de Santos: piso de cemento, base de paredes de ladrillo de concreto, ventanas y lámina para el techo. Pero deudas de la comunidad les imposibilitaron comprar los materiales. Dino dijo que podía donar los materiales si la comunidad se encargaba de la construcción. Sellaron el acuerdo.

Allí mismo supo Dino Safie que, con el dinero que le donaban, podía hacer algo más que repartir canastas y transportar gente: podía construir casas.

Felipe Reyes se despide de Dino Safie. En el lugar, gracias a la iniciativa de Safie, se construye una casa de ladrillos para Felipe. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Felipe Reyes se despide de Dino Safie. En el lugar, gracias a la iniciativa de Safie, se construye una casa de ladrillos para Felipe. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

4.- Amanda

Cuando el agua cayó, El Salvador llevaba más de dos meses en cuarentena, con la economía paralizada y en medio de una crisis política profunda. En las casas pobres de un país pobre, casi nadie había recibido ingresos en diez semanas.

Entre el 29 de mayo y el 1 de junio, la tormenta Amanda devoró viviendas de frontera a frontera. Junto a quebradas, lagos, volcanes, ríos, cerros. En la costa y en las ciudades. Más de 3,000 viviendas dañadas, muchas irreparables. En cada una vivía una familia que ya estaba desamparada.

La lluvia cayó sobre un país colmado de banderas blancas. O de objetos que representan banderas blancas: Un trapo, una camisa, una bolsa de yute, tela o plástico, lo que sea, pero que sea blanco, amarrado a una rama, una escoba, un tubo, una viga. Un palo. Objetos blancos que representan una bandera que significa: Tenemos hambre. Yo llevaba varios días recorriendo el país y viéndolas por todos lados.

A mediados de mayo subí a redes sociales un par de fotos de gente ondeando trapos blancos. Un periodista norteamericano, que pasó algún tiempo en El Salvador durante los años de la guerra, me escribió: “¿Qué significan esas banderas blancas? Me recuerdan a la gente huyendo de Soyapango, en la ofensiva. Querían decir No Disparen. ¿Qué significan ahora?”

Le dije que en el fondo querían decir lo mismo: Queremos vivir. Pero ahora lo que necesitan es comida. Después de la tormenta, las cosas solo empeoraron.

Entre el 29 de mayo y el 1 de junio, la lluvia acumuló en algunos lugares hasta 850 milímetros. Es decir, casi la mitad del total de agua que cae cada año en El Salvador. Los meteorólogos dijeron que Amanda siguió su camino, que atravesó Guatemala y llegó un día después al Golfo de México. Pero aquí siguió lloviendo. Treinta personas murieron. 30,000 familias resultaron damnificadas.

Decenas de ríos desbordados, deslizamientos e inundaciones desnudaron nuevamente la vulnerabilidad del país. Solo en la zona costera de La Libertad se desbordaron cinco ríos.

La tormenta entró en su fase más intensa la noche del sábado 30 de mayo. En la madrugada del domingo, ya los daños eran mayúsculos. Las redes sociales se inundaron de videos del desastre: carros arrastrados y casas deslizándose en San Salvador; calles convertidas en efluvios navegables; bordas cediendo a la fuerza del agua. Seres humanos aferrándose a un lazo o un poste. Las dimensiones del desastre fueron tales que, por primera vez en más de dos meses, en El Salvador no se habló del coronavirus. Sino de Amanda.

5.- Náufragos en la costa

Abrieron los ojos de golpe poco después de las tres de la mañana. Ya estaban mojados los tres y el piso era una charca con fondo de lodo espeso. Empapadas, la cama y las dos colchonetas quedaron inservibles. También la cocinita y casi toda la ropa que tenían. La mesa enclenque de madera fue la última en perderse. Chuy, el menor de la familia Obispo, comandó el rescate de lo poco que quedó salvable: una silla y la ropa colgada en un cable. Nada más. Su casa había naufragado.

La tormenta Amanda fraguó la catástrofe 15 kilómetros atrás: Nutrió el río Grande desde su nacimiento con tanta agua que se fue llevando árboles a su paso, lavando las riberas hasta derribarlos desde sus fundamentos. Troncos, ramas y bulbos masivos de raíces macizas se acumularon en la bóveda del puente sobre la carretera del litoral, y el agua siguió creciendo, en carrera imparable hacia el mar. Obstaculizada por los árboles atorados bajo el puente, la correntada ganó altura y atravesó la carretera como un tsunami. No necesitó desviarse mucho para arrasar con la casa de la familia Obispo. Chuy, su papá y su hermano mayor se refugiaron en el gallinero, construido sobre una elevación del terreno.

Jesús Obispo Rivera tiene 17 años de edad y vive en la comunidad Río Grande de Tamanique, La Libertad. La tormenta tropical Amanda dejó en ruinas la casa en la que Jesús vive con su padre y hermano. Foto de EL Faro: Carlos Barrera
 
Jesús Obispo Rivera tiene 17 años de edad y vive en la comunidad Río Grande de Tamanique, La Libertad. La tormenta tropical Amanda dejó en ruinas la casa en la que Jesús vive con su padre y hermano. Foto de EL Faro: Carlos Barrera

Una hora después, tras asimilar la pérdida, al padre de Chuy se le bajó la presión. Ninguno había comido nada en todo el día anterior. Llovía con más fuerza y las aguas del río Grande les llegaban en oleadas. Chuy consiguió un ajo, la única medicina que pueden pagar, y pidió ayuda a los vecinos para que alguien lo llevara a una clínica. Su hermano mayor acompañó al papá. Una hora después, estabilizado, lo trajeron de regreso.

Aún caía agua al día siguiente, primero de junio, y el cielo era una declaración de guerra. Pero las gotas eran delgadas e incapaces siquiera de mover una hoja. Como si las nubes descansaran del torrente previo. Encontré a Chuy limpiando el techo del gallinero sin gallinas al que la correntada perdonó la vida. Con una escoba evacuaba tierra y rocas de las canaletas de asbesto. Es el hogar temporal de la familia. La tarde anterior consiguió una colchoneta seca, donde duermen ahora los tres. “Apretados”, dice.

Esta comunidad, que comparte nombre con el río, es la línea de casas previa a la playa del Tunco, la más turística del país. El Tunco está cerrado y a punto de quebrar. Los pobladores de Río Grande, que vivían de servicios a turistas y casas de verano, han sacado banderas blancas.

Como muchos de los cipotes de esta costa, Chuy Obispo practica el surf y dice que no lo hace tan mal, aunque tenga ya más de dos meses de no meterse al mar, desde que cerraron las playas por la pandemia. Es un chico de 17 años que parece de 15. Flaco, pequeño y con el cabello rubio, tiene ese ritmo relajado del mar, un paso por debajo de la velocidad de los citadinos, con el que me contó sin dramatismos el drama de estos días.

La familia llevaba ya dos meses sin ingresos cuando la tormenta Amanda los acabó de romper.

-Mi mamá murió hace más de un año. Mi papá es ayudante de albañil y yo también ayudo cuando hay, pero desde que empezó lo del virus no hay para nadie”.

-¿Y de qué han vivido todo este tiempo?

-De lo que nos dan. El alcalde, el gobierno, la gente. Hoy vinieron unas personas a dejarnos desayuno. Más tarde nos dijeron que nos van a venir a dejar almuerzo. ¿Quiere ver cómo quedó la casa?

La casa era una base de ladrillos hasta la altura de la cintura, completada con bahareque. En el lugar de las ventanas hay un plástico negro, dos pares de láminas oxidadas y calaceadas y un cuarto espacio desnudo, por el que circula brisa cuando hay o tempestad cuando cae. Si la lluvia hubiese llegado despacito tampoco habría encontrado obstáculos para entrar. Cuando esta casa fue exigida, hizo agua por todos lados. En la sala quedó la cama del papá, con base y todo. Una buena cama perdida en la tormenta. El piso, de tierra, hoy es una trampa pantanosa de lodo y charcas. No tienen luz desde hace dos meses y el pozo de agua se tapó. Aquí ya no se puede vivir.

Volvemos al gallinero. Veo la silla que rescataron. Sigue lloviendo. Los Obispo de Río Grande llevan dos meses con hambre y un día sin casa.

-¿Por qué no se van a un albergue?

-Nos da miedo por la situación de ahorita, que nos vayamos a enfermar con el virus”.

Jaime Abarca golpea un saco en lo que quedó del pequeño gimnasio que tenía en su casa, en la comunidad Río Grande, de Tamanique, La Libertad. La vivienda de Jaime se inundó debido a la tormenta tropical Amanda. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Jaime Abarca golpea un saco en lo que quedó del pequeño gimnasio que tenía en su casa, en la comunidad Río Grande, de Tamanique, La Libertad. La vivienda de Jaime se inundó debido a la tormenta tropical Amanda. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

6.- Banderas en el litoral

En La Libertad me encontré con Salvador Castellanos, el periodista televisivo reconocido por su trabajo como corresponsal de la cadena Univisión. Me mostró los daños en la zona costera de Tamanique, en la que se encuentran decenas de caseríos y varios ríos que allí alcanzan la mar.

La misma tarde que Chuy perdió su casa, Castellanos solicitó, vía Twitter, ayuda para el albergue instalado en el Centro Escolar San Alfonso. Decenas de damnificados necesitaban de todo: ropa, comida, colchonetas. Pocas horas después ya le habían contactado del ministerio de Turismo y de otros lugares para ofrecer ayuda, y la enviaron pronto.

Aquí las cosas funcionaron mejor que en otros lugares. La experiencia anual del desborde de ríos, y el sentido de comunidad, permiten a los costeños reaccionar rápidamente. A pesar de que este gobierno decidió no involucrar a Protección Civil en la pandemia, la red local se activó automáticamente con la tormenta. Pobladores y coordinadores se reunieron en el centro escolar, como todos los años; agentes de la PNC y representantes de salud local llegaron también para hacer su trabajo.

Al día siguiente, cuando visité el lugar, dos policías custodiaban la escuela albergue y voluntarios distribuían comida a decenas de damnificados. Ya para entonces dormían en las colchonetas que Castellanos consiguió.

“No creo en el asistencialismo permanente sino en la formación y oportunidades”, dice Castellanos. “Pero esto es una emergencia y necesitamos responder todos”. Él y su familia, todos amantes del surf y cristianos, crearon hace una década la organización Christian Surfers y establecieron contacto con redes internacionales de personas con esas mismas vocaciones. “Es difícil predicar a un estómago vacío”, dice Castellanos. Su red imparte talleres de surf, de computación y de inglés a habitantes de esta zona del país. Esta red le ha permitido también activarse en emergencias como Amanda.

“La tormenta solo vino a agravar la situación en que ya estaba mucha gente aquí. Desde el inicio de la cuarentena ya estaba lleno de banderas blancas toda la zona, de gente que tiene hambre”. Antes de la tormenta, su red ya había distribuido unas 1,500 canastas de víveres. Pero sus llamados en redes sociales también atrajeron a nuevos altruistas.

Cuando terminaba de conversar con Chuy, el joven surfista, una enorme camioneta negra ingresó a la pequeña calle de tierra del caserío Río Grande. Toda la parte posterior estaba llena de bolsas de ropa y alimentos. Cuatro jóvenes, menores de 30 años, se bajaron a distribuirlas. Pregunté quiénes eran. Uno de ellos, llamado Will Álvarez, de 28 años, me dijo que venían de San Salvador, por cuenta propia. “En un chat de amigos comenté que quería ayudar y me ofrecieron más ayuda. En un ratito conseguimos $400 dólares en comida y más de 100 paquetes de ropa. Los andamos distribuyendo”. Le pregunté desde cuándo andaba repartiendo ayuda. “Comenzamos ayer”, dijo, al ver en redes sociales el desbordamiento de los ríos y el mensaje de Salvador Castellanos.

Cuando terminaron de repartir bolsas se fueron. A su salida se cruzaron con otra camioneta, de vecinos del puerto, que llegaban a distribuir comida caliente.

Pero en El Salvador, la necesidad es siempre mayor que la capacidad de ayudar. Solo uno de cada cinco salvadoreños económicamente activos tiene un empleo formal. Los otros viven de lo que hacen cada día. Si no salen no comen. Y llevan ya tres meses sin salir. Para empeorar la situación, el 20 por ciento de la población, los clientes de todos los demás, pasa también hoy por su peor momento.

Según Ricardo Castaneda, director Ejecutivo del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, ICEFI, la actual crisis económica desatada por la pandemia y las tormentas podría provocar la pérdida de más de 200,000 empleos formales. La economía salvadoreña, según las últimas estimaciones del Banco Central de Reserva, se contraerá entre 6,5% y 8,5%, una caída que no se veía desde los inicios de la guerra. Pero esos números tan impersonales que suelen arrojar las estimaciones económicas se traducen en salvadoreños en desgracia.

Ahora mismo, dice Castaneda, hay 800,000 personas en riesgo de caer en pobreza porque, además de la caída de la economía y los daños causados por las tormentas, hay que agregar que las remesas, el principal ingreso para cientos de miles de salvadoreños, también han sufrido una caída estrepitosa. “Es la tormenta perfecta”, dice. En las tormentas perfectas el primero en perderlo todo suele ser el que menos tiene.

El hambre vive en medio de la miseria que no es atribuible al coronavirus sino a otros males ancestrales que se llaman desigualdad, abandono, pertenencia a la casta más baja. Durante esta pandemia los más necesitados han llegado a un nivel de desesperación tal que han comenzado a gritar, y las banderas son su voz de auxilio. Y han funcionado.

“Cuando comencé a ver las primeras banderas blancas dije ‘qué vergón, la gente por fin se dará cuenta, cuando pase por la carretera, de que adentro hay familias que viven en malas condiciones’ –dice Castellanos–. El hambre en este país no es nueva. Las banderas lo que hacen es visibilizarla para quienes se han negado a verla”.

7.- Hágase la luz

A Verapaz no venía desde febrero de 2001, cuando una avalancha de rocas bajó del volcán de San Vicente a rematar algunas de las decenas de viviendas que ya se habían caído con el terremoto del 13 de febrero. Casi la mitad de los habitantes del departamento de San Vicente resultaron damnificados por aquel terremoto. Muchos perdieron completamente sus viviendas. Los tres pueblos más afectados fueron Guadalupe, San Cayetano y esta Verapaz.

Ya no se ve aquel paisaje compuesto por las rocas que obstaculizaban la carretera y los techos de las casas en el suelo. Pero, dos décadas después, los efectos de aquel terremoto no se han ido del todo.

Las viviendas temporales instaladas en terrenos baldíos de la alcaldía se convirtieron por inercia y por miseria en viviendas permanentes. La formalización del proceso terminó anclada en dos colonias de casas de piso de tierra y techo de lámina que hoy tienen banderas blancas en la puerta. En una de ellas, la más pobre de las casas pobres, vive Santos Ventura, un viejo sordo de 77 años al que la vida nunca le ofreció mucho.

Fue de los últimos en instalarse y lo hizo en un terrenito de esquina en las márgenes de la colonia que la municipalidad entregó a los damnificados de los terremotos. Él vino después, hace quince años, a comenzar de nuevo tras cumplir unos años en prisión “por un clavo que no era mío, que me lo sembraron”, dice, y es lo suficientemente sordo como para no escuchar cuando le pregunto de qué lo acusaron. Tampoco puede ver. “Se me hace una sombra negra enfrente”. Pero es difícil para cualquiera ver algo en la húmeda oscuridad de su casa, porque Santos Ventura no tiene luz.

Las láminas que componen su vivienda están oxidadas, corroídas por años de prestar servicios. Es la versión vicentina de la casa de Felipe Reyes que es la versión de Changallo de miles y miles de casas igualitas extendidas por todo El Salvador. En la casa de Santos Ventura todo está podrido: La madera de una única mesita que no parece dispuesta a aguantar un tropezón o siquiera el apoyo de un antebrazo; las patas de la base de su colchoneta; la colchoneta debajo de la cual guarda su DUI y que saca velozmente cuando llegamos y nos lo muestra por si acaso somos del gobierno y venimos a regalarle algo.

Santos Ventura tiene 77 años y vive en la colonia Nuevo Verapaz, del municipio de Verapaz, San Vicente. La vivienda de Santos está construida de láminas en un terreno que pertenece a la alcaldía del municipio. Al lugar llegaron los voluntarios de Solitaritón SV y proveyeron al anciano con alimentos básicos. También se coordinó la construcción de una vivienda digna para Santos. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Santos Ventura tiene 77 años y vive en la colonia Nuevo Verapaz, del municipio de Verapaz, San Vicente. La vivienda de Santos está construida de láminas en un terreno que pertenece a la alcaldía del municipio. Al lugar llegaron los voluntarios de Solitaritón SV y proveyeron al anciano con alimentos básicos. También se coordinó la construcción de una vivienda digna para Santos. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

Llegamos a su casa porque una trabajadora social de la colonia se puso en contacto con Solidaritón. Dino cargó su camioneta de bolsas con víveres y emprendimos el camino a San Vicente. Nos acompaña también Héctor Silva Hernández, el joven político del partido Nuestro Tiempo, que colabora como voluntario en Solidaritón. Tras ver las condiciones en las que vive el viejo Santos, Safie coordina allí con los organizadores comunitarios:

-¿Cuántas láminas necesitaríamos para reconstruirle toda la casa?

- Calculo que unas quince ya con el techo.

-¿Si yo se las compro usted se la construye?

-Sí, delo por hecho.

-¿Y tal vez también le ponemos la luz?

El terreno sobre el que Santos Ventura se instaló pertenece a la alcaldía. La compañía de electricidad no le puede conectar la luz, porque lo tiene que solicitar la municipalidad que considera a Santos Ventura un usurpador.

Dino pregunta de qué partido es el alcalde. De Arena. Consiguen el teléfono de un diputado pecenista, Roberto Angulo. Dino le explica la situación de Santos Ventura. 15 años viviendo aquí sin luz. Terreno de la alcaldía. Cuelgan. El diputado llama de vuelta cinco minutos después con una buena noticia: el próximo lunes, la alcaldía le conectará la luz al viejo. Los vecinos le dan un par de palmadas en la espalda. El viejo Santos Ventura no escucha, así que no se ha enterado de la conversación. “Hoy Dios le mandó a estos muchachos, don Santos”, le dicen los vecinos. Esos muchachos se ríen, con falsa modestia.

Yo pienso otras cosas: Que Santos Reyes ha envejecido a oscuras, durante 15 años, estando a tan solo una llamada de tener energía eléctrica. Que Santos Reyes lleva toda una vida muy, muy lejos de esa llamada.

También pienso que, incluso habiendo hecho la llamada, es muy posible que el diputado Angulo dijera cualquier cosa a estos muchachos, por salir del paso; o que el alcalde se comprometiera con el diputado de su partido, también por salir del paso. Diputado y alcalde tienen la posibilidad de cambiar la vida a Santos Reyes. Si ellos quieren, el lunes este señor tendrá luz eléctrica.

Le pregunto después a Dino Safie si se mira en la política, porque en las redes se especula con su doble intención.

–En Solidaritón hay voluntarios que son militantes del FMLN, de Nuevas Ideas y, como Héctor, de Nuestro Tiempo, pero les pido que no utilicen esto para hacer campaña y han cumplido. A mí ya me ofrecieron de dos partidos lanzarme para diputado, pero no tengo interés en eso. Sinceramente he descubierto que a mi lo que me gusta hacer es esto, ayudar.

Le digo que la política también sirve para ayudar, si los políticos son honestos. Y que él, que sube todos los días varias fotos suyas entregando ayuda, de alguna manera también está en campaña.

–Claro, si no fuera por lo que subo en las redes no recibiría tanta ayuda. Funciona en dos vías: a los que contribuyen les muestro qué hago con su dinero y a los demás los invito a donar. Las redes sirven para eso.

–También sirven para crear personajes. Influencers, como les llama tu generación.

–Uno puede influenciar hablando de videojuegos o puede influenciar así. Yo he descubierto en las redes la posibilidad de hacer algo que nunca me hubiera imaginado, que es conseguir ayuda para mucha gente.

La figura de Dino ha crecido a tal grado que la Unión Europea lo ha nombrado uno de sus voceros del programa de Respuesta Global al Coronavirus; y Coca Cola lo seleccionó como una de las figuras de su nueva campaña internacional “Dedicado a la humanidad”.

Le pregunto qué hará cuando pase la pandemia. Safie parece tener muy claro su futuro: “Quiero convertir Solidaritón en una fundación, con personería jurídica. En este país hay demasiadas necesidades”.

Una tarde lo acompañé a una de las colonias en las afueras de San Vicente. Es la capital del departamento con el mismo nombre, el cuarto más pobre del país. Proyecciones conservadoras indican que al terminar el año 55 por ciento de los vicentinos vivirá en pobreza. Una pobreza visible a pocas cuadras del centro de la capital: Calles de tierra en las que hay que esquivar rocas y basura. Las viviendas iguales a las de Changallo y Verapaz y Sonsonate, pero en otro lugar. Columnas de palo y paredes de bolsas plásticas o lámina. Y banderas blancas. San Vicente está rodeado de caseríos con banderas blancas.

Nos detuvimos en un pequeño vado y, en poco tiempo, cientos de vecinos se acercaron esperando recibir una bolsa con víveres. La ayuda que Safie transportó desde San Salvador en la parte trasera de un pickup fue insuficiente. Había que tomar una decisión: a quién dejar con hambre y a quién darle comida. Safie optó por la solución de los marineros: mujeres y niños primero, ancianos después. Pero ni para ellos alcanzó. “Nunca alcanza para todos”, me dijo. No. Nunca alcanza para todos.

María Magdalena vive en lo que queda de un camión a las afueras del casco urbano del municipio de San Vicente. Hasta ese lugar llegaron los voluntarios de Solidaritón SV para donarle alimentos. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
María Magdalena vive en lo que queda de un camión a las afueras del casco urbano del municipio de San Vicente. Hasta ese lugar llegaron los voluntarios de Solidaritón SV para donarle alimentos. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

8.- Los vulnerables

Amanda pegó duro en Changallo. La avalancha de lodo que se vino abajo golpeó la primera línea de casas. Alcanzó a llevarse tres viviendas e inutilizó una docena más, pero no hubo víctimas que lamentar.

El lodo volvió a la casa de Felipe Reyes, que se encuentra en la segunda línea si contamos del cerro para abajo, pero no tocó los cimientos ni la base de ladrillo de concreto de su nueva casa que, desde unos días antes, la comunidad comenzó a construirle en otra parte de su terreno, con los materiales donados por Solidaritón.

“Es que toda esta tercera etapa de Changallo es muy vulnerable”, dice Maribel López, la trabajadora social de la alcaldía que coordina toda la emergencia. Y sí. Esta es una zona muy vulnerable en uno de los países más vulnerables a desastres naturales.

Pero la vulnerabilidad ya no es solo la de vivir junto al cráter de un volcán que hizo erupción por última vez apenas hace 13 décadas; o de vivir en un país sobre una falla geológica cuyos frecuentes acomodos producen terremotos. O la de las sequías o la de epidemias. No. Su vulnerabilidad es la del desborde del río, ya contaminado por fábricas y residenciales ladera arriba. Es la de los deslizamientos de las mismas laderas. Es la de las tormentas y los flujos de lodo que descienden por aquí. Es la de las viviendas de barro y caña brava, o de hoja de lámina, construidas en este barranco. Es la de la vulnerabilidad a los desastres no naturales: los de la violencia, los del abandono, los de la marginación. Es la vulnerabilidad de la pobreza. Aquí solo viven los que no tienen dónde más vivir.

Antes de la guerra, Changallo era una finca de café. Comenzó a poblarse por colonos que huían de territorios en conflicto, por desplazados de la guerra de Morazán y Usulután. “Mi papá fue de los primeros en llegar”, me dice Maribel. “Un amigo se lo trajo a trabajar a la hacienda, que estaba donde hoy está el predio Changallo. Él se fue trayendo gente de su pueblo, Berlín”.

Maribel pertenece a la primera generación nacida y crecida en el caserío de Changallo, en la ribera este del Chagüite, cuando el río aún traía agua limpia.

Ella y Santos, su marido, involucrados siempre en la vida comunitaria, decidieron formalizar su actividad comunitaria involucrándose en la Adesco. “La comunidad le debía como $4,000 a Anda y hubo asamblea general. Santos se metió. Yo le decía que no se metiera porque dos años antes habían matado a dos tesoreros de la directiva. A uno lo dejaron en la casa comunal”. Al presidente de la Adesco, Germán Murcia, lo asesinaron en 2015, en medio de una ola de violencia y enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y pandilleros, en los inicios del gobierno de Salvador Sánchez Cerén (2014-2019). “En vez de hacerme caso, Santos me involucró como vocal”, dice Maribel, que ahora es promotora social de la Alcaldía.

Es una mujer con mucha energía y carácter suficiente como para comandar estas emergencias en Changallo. Al día siguiente de Amanda, instaló dos albergues, con ayuda de la Adesco, y coordinó las donaciones provenientes de oficinas del gobierno, de empresas locales y de fundaciones y movimientos ciudadanos. Su esposo, junto con el presidente de la Adesco, Pablo Navarro, dirigieron la evacuación de los habitantes atrapados entre el lodo que dejó Amanda. Ellos coordinan también la construcción de la casa de Felipe Reyes.

Maribel López camina junto a Dino Safie y Héctor Silva en las calles de Changallo, Ilopango. Maribel es trabajadora social de la alcaldía de Ilopango y coordina ayuda para las familias damnificadas de Changallo. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
Maribel López camina junto a Dino Safie y Héctor Silva en las calles de Changallo, Ilopango. Maribel es trabajadora social de la alcaldía de Ilopango y coordina ayuda para las familias damnificadas de Changallo. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

La Adesco impuso un cobro comunitario a las areneras ($1 o $2 por camión de arena) que ha servido no solo para pagar la deuda de Anda, sino también para la construcción de la cancha que hoy es lugar de encuentro de la comunidad; y del puente de concreto que atraviesa el Chagüite; y están reparando la escuela local.

Amanda los obligó a evacuar a 140 familias. Ocuparon la escuela, de acuerdo con los planes de contingencia, como albergue. Pero no cabían tantos. Maribel López improvisó: se tomó iglesias y la casa comunitaria y los colocó a todos. A una familia la hospedó en su casa. Y consiguió ayuda.

La fui a ver después de Amanda y caminamos por la zona. Llegamos hasta la última casa de la ribera oeste del Chagüite, justo después de donde el río cae en cascada. Es un pequeño terreno contraminado por el cerro, a la espalda, y el río al frente. Allí vive Reynaldo, un vigilante privado, junto con su esposa, su suegra, cuatro hijas y tres nietos. Cuando llegamos, su esposa y su suegra hervían agua en una cacerola sobre una pequeña parrilla calentada por leña que han colocado a medio terreno. Una de ellas sostenía tres bulbos de yuca que acompañados de tortillas serían el almuerzo para toda la familia.

Él, su esposa, tres de sus hijas y sus nietos viven en un cuarto de lámina en el que también duermen tres perros y tres cachorros. Aquí comenzó la familia y aquí duermen ahora, unos pegados a otros, distribuidos en tres colchonetas. Aquí hacen tareas unos, aquí se reproducen los otros, aquí guardan su ropa en bolsas de plástico. Harta de la promiscuidad, su suegra, María del Carmen, construyó un cuarto aparte, a un metro de distancia, con palos de madera y lámina. Allí duerme con su nieta, que está embarazada. Es una mujer delgada, pequeña pero con brazos largos y huesudos cubiertos por una piel muy delgadita. Tiene los ojos chiquitos y una melena blanca.

–$40 me sacaron por hacerme esta casa -me dice la abuela-. ¡¿De dónde iba a sacar yo 40 dólares?!

–¿Y de dónde los sacó?

–Tuve que pedir prestado para completar.

El lodo se detuvo justo antes de derribar la casa, milagrosamente. Le pregunto al vigilante por qué no se va a un albergue y me dice que porque sus hijos son muy traviesos y no quiere que nadie los regañe.

Vuelvo dos días después y toda la familia de Reynaldo, incluyendo a su suegra María del Carmen, ha tenido que albergarse, porque la cola de Amanda, a la que los meteorólogos llamaron Cristóbal, terminó alcanzando la casa. Maribel López y los directivos de la Adesco local van de un albergue a otro, en frenesí. Es imposible satisfacer todas las necesidades de tanta gente, sin recursos. Pregunto por Felipe Reyes y me dicen que está en su terreno. Voy a verlo.

Su casa ahora es una bodega de lodo. Le pregunto qué hace allí.

-Yo allá duermo, en el albergue, pero de día me vengo a cuidar mis cosas.

-¿Teme que le roben algo?

-Las láminas que me trajo Dino. Y mi ropa que está aquí.

-¿Por qué no se lleva su ropa al albergue?

-Porque cuando salga del albergue ya tendré la casa nueva, y la quiero pasar de un solo.

Miro los pies de don Felipe, calzan unas botas de hule. Alguien le cumplió su deseo. De los paquetes de donaciones consiguió otro par de zapatos, que colocó al lado de la hornilla para que no se le mojen.

En el terreno de enfrente veo una cabra trepadas a una rama de mango, comiéndose la fruta. otra más trepa la ladera. Solo las cabras y el árbol quedaron de pie. La casa no opuso resistencia al deslave.

De vuelta al albergue, pregunto a Maribel si ya tiene algún plan para toda la gente que se ha quedado sin casa. Me revela que Dino encontró un terreno, a dos cuadras de la escuela, que pertenece a unos religiosos. Que está negociando para comprárselos.

Dino me lo confirma esa misma tarde: “Sí, estoy negociando el precio con ellos y creo que allí podemos construir sesenta casas y pasar a la gente que vive al otro lado, en el barranco. Antes de que se les venga el cerro encima la próxima lluvia”. Dino quiere construir sesenta casas en Changallo. Le pregunto de dónde sacará el dinero para construirlas y me dice que del mismo lugar de donde ha sacado para todo lo demás: de donaciones. Necesita casi $250 mil dólares para construirlas. No sé si los va conseguir, pero su optimismo es contagioso: No tiene un centavo para construirlas aún pero ya reclutó a un grupo de arquitectos que han comenzado los diseños de las casas, sin cobrar un centavo por su trabajo. Y a un topógrafo que ya inició las mediciones del terreno.

En cuatro meses, Safie ha pasado de cantante confinado de música carismática a constructor de casas para damnificados. Nada mal para una pandemia.

Llamo a Maribel López antes de cerrar esta nota. Emocionada, me cuenta que Felipe Reyes estrenará su nueva casa este fin de semana. Que ya está casi terminada.

Recuerdo entonces al otro viejo, Santos Ventura. Ha pasado más de un mes desde la visita a Verapaz y la llamada al diputado Angulo para conectarle la luz. Llamo a Silva y le pregunto si se la conectaron. “No llegó nadie. Nos dieron paja”, me dice. Tampoco construyeron la nueva casa, porque la comunidad usó las láminas para parchar otras casas dañadas por Amanda.

El viejo Santos Ventura sigue a una llamada de que le pongan la luz, con un trapo blanco afuera de su casa.

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El Salvador Thu, 02 Jul 2020 16:59:42 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/el_salvador/24602/El-hambre-blanca.htm
Cadena de favores http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_857_598_1924_1307/images%7Ccms-image-000034022.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/el_farolero/24605/Cadena-de-favores.htm La mirada de Otto a las contrataciones irregulares en el Ejecutivo. El Farolero Thu, 02 Jul 2020 14:02:29 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/el_farolero/24605/Cadena-de-favores.htm Control constitucional en emergencia - Por Roberto Turcios http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/360grados/24606/Control-constitucional-en-emergencia---Por-Roberto-Turcios.htm 360 grados Thu, 02 Jul 2020 13:29:58 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/360grados/24606/Control-constitucional-en-emergencia---Por-Roberto-Turcios.htm Nuevos rostros, mismas mañas electoreras http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000034021.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24604/Nuevos-rostros-mismas-mañas-electoreras.htm Siendo los precandidatos miembros de un partido que ha prometido “dignificar la manera de hacer política”, han sido poco respetuosos de los criterios fijados por el Tribunal Supremo Electoral en los últimos siete años. Es evidente que, pese a lo establecido en la Constitución, ya estamos en medio de una campaña electoral. Según el artículo 81, la campaña inicia formalmente dos meses antes del día de la jornada electoral para diputados y un mes antes para concejos municipales. Pero eso parece importarle poco a los precandidatos y partidos que día a día violan la ley ante la mirada impávida del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Desde hace un par de semanas hemos visto a funcionarios del gabinete actual, secretarios y ministros, que, prevaliéndose de su cargo, han anunciado su interés por busca una candidatura como alcaldes o diputados. Algunos han utilizado, incluso, canales oficiales y recursos gubernamentales para hacer pública su decisión. Mario Durán, por ejemplo, hizo el anuncio en medio de una conferencia de prensa a la que se había convocado a los medios para informar sobre los avances de la carretera hacia Quezaltepeque; mientras que José Urbina, jefe de comunicaciones del Ministerio de Salud, ha ocupado las instalaciones de la red de hospitales públicos para hacer su spot de campaña. Ellos son parte de un total de siete miembros del gabinete que han anunciado hasta hoy, 2 de julio, su precandidatura.

En su defensa, cualquiera de los precandidatos o de sus seguidores podría alegar que es parte del desarrollo de las elecciones internas para pretender eludir la regulación sobre las campañas adelantadas. Sin embargo, siendo miembros de un partido que ha prometido “dignificar la manera de hacer política” han sido poco respetuosos de los criterios fijados por el TSE en los últimos siete años.

En noviembre 2013, el TSE consideró como propagada electoral todo mensaje en el que “se aluda, haga referencia o se prometa la realización de políticas públicas, programas o acciones específicas que solamente pueden materializarse desde un cargo de elección popular”, identificando al partido o candidato que llevará a cabo tales acciones de ser electo. Un mensaje de estas características, señala el tribunal, lleva “implícita la solicitud de apoyo futuro, que solamente puede darse a través del voto ciudadano.

Posteriormente, en sentencia emitida en enero de 2014, los magistrados ampliaron el criterio al establecer que “la propaganda electoral no solo tiene por finalidad buscar apoyo para una propuesta electoral, partido o candidato, sino también la de evitar que los adversarios no logren más simpatías o pierdan su caudal de apoyo electoral”. Esta  fue la primera vez que el Tribunal se pronunciaba sobre la propaganda negativa, correspondiendo el análisis sobre un spot del partido GANA contra el partido ARENA, conocido bajo el expediente DJP-DE-10-2013/EP2014.

Al poner en firme estos dos criterios, la máxima autoridad electoral sobrepasó aquella permisiva postura sentada por Walter Araujo, expresidente del TSE, y los magistrados Julio Moreno y Mario Salamanca, para quienes si el mensaje emitido no decía “vote por”, no era equivalente a hacer campaña electoral. Una posición muy conveniente en época del mediático expresidente Saca.

Bajo esa jurisprudencia, para el proceso electoral de 2014, el propio expresidente Funes fue sancionado por el TSE por ser el responsable de la emisión de mensajes que “objetiva y razonablemente posicione o devalúe una oferta electoral o candidato contendiente” así como por la emisión de publicidad gubernamental fuera del período establecido.

En la sentencia de 28 de febrero 2014 dictada en la Inconstitucionalidad 8-2014, la Sala de lo Constitucional, después de las resoluciones del TSE, sentó criterio sobre el artículo 218 de la Constitución, el cual regula que los funcionarios y empleados públicos “No podrán prevalerse de sus cargos para hacer política partidista”. Los constitucionalistas consideraron que hacerlo implica “abusar de los elementos tangibles de la condición de servidor público”, de los elementos materiales y un “aprovechamiento indebido de los elementos intangibles” de ser un funcionario, como la respetabilidad, autoridad social, consideración, estima o tratamiento que el cargo implica. La finalidad para la que han sido nombrados, pues, se ve desviada mientras no renuncie a su puesto y, por tanto, beneficia intereses partidarios.

Cuatro años más tarde, en 2018, el TSE emitió una medida cautelar durante la campaña interna del partido ARENA, a partir de las francas violaciones de dicho partido, que incluían spots publicitarios de los candidatos en medios de comunicación y eventos públicos. En la resolución del 22 de junio de ese año, se ordenó suspender la campaña, ya que consideró que las elecciones internas eran ejercicios democráticos de exclusiva competencia de los ciudadanos que se encuentren en el padrón de cada partido político y que, por tanto, las ofertas electorales deben ir enfocadas hacia ellos. Además, el tribunal razonó en su sentencia que “de conformidad con el principio de equidad en la contienda, una elección interna no puede legitimar la posibilidad de desarrollar una campaña electoral anticipada, violentando el límite temporal del artículo 81 Cn; ya que con ello podría generarse una ventaja indebida por parte de una o varias personas respecto de otros ciudadanos que pretendan también ejercer su derecho a optar a un cargo público en condiciones de equidad y se sometan a un proceso de elecciones internas partidarias”.

Si bien el TSE consideró que el anuncio o manifestación del interés de  participar en elecciones internas de un partido político cualquiera o de postularse para un cargo de elección popular no es, por sí mismo, constitutivo de propaganda electoral, si aclaró que dicha acción será considerada propaganda electoral si se acompaña de “actos que pueden ser considerados, desde una perspectiva objetiva, como de promoción de la propia imagen, de la promesa de realizar políticas públicas, programas o acciones específicas que solamente pueden materializarse de tener la oportunidad de desempeñarse en el citado cargo en un período determinado y su difusión se realiza de forma masiva”.

Con esta jurisprudencia como antecedente, el TSE cerró un círculo importante de criterios sobre de propaganda electoral (positiva y negativa) y los límites de la campaña interna. Sin embargo, dado lo que hemos visto circular en redes sociales en las últimas semanas, es importante que queden aún más claros los límites establecidos por el propio TSE.

Aunque aún no hay procesos sancionatorios por propaganda en redes sociales, es claro que cualquier publicidad pagada implica que la publicación llegue a ciudadanos que no son parte del partido político del precandidato, quedando obligados a ser receptores de sus mensajes de posicionamiento. Esto podría ser sancionado por el TSE como propaganda anticipada.

Si un ministro, por ejemplo, se prevalece del cargo usando su tiempo de servicio, competencias laborales, redes interpersonales creadas o destinadas al desarrollo de la función o utiliza recursos, fondos, bienes públicos y objetos similares para favorecer a un partido político; o si se usan canales oficiales para difundir anuncios partidarios, el artículo 226 del Código Electoral (CE) establece como sanción la suspensión o destitución del cargo. También son sujetos de ser sancionados aquellos que utilizan los anuncios de obras públicas para promocionar sus precandidaturas. No importa si la justificación es que otros lo hicieron antes, no podemos seguir normalizando que los comunicadores institucionales utilicen las redes sociales gubernamentales para anunciar precandidaturas o que un funcionario revele en medio de un evento institucional su precandidatura.

Otra conducta que puede ser sancionada es la promoción de un partido político utilizando elementos de publicidad gubernamental. Promocionar la imagen de un partido es constitutivo de infracción, y está recogida en el artículo 175 del Código Electoral. 

Un método usual para hacer campaña fuera de los tiempos establecidos es la distribución de artículos de limpieza, reparación, entre otros, con los nombres de los alcaldes, lo cual supone otra clara promoción de la imagen prevaliéndose del cargo, ya que se utilizan recursos públicos para sus campañas en búsqueda de una reelección. No es legal que en estos tiempos de crisis sanitaria los funcionarios regalen desinfectante y que el recipiente tenga una etiqueta con su nombre.

Las campañas de descrédito también son otro mecanismo de propaganda anticipada que debe ser sancionada. Y esta, recordemos, no necesariamente viene del candidato en cuestión, sino de aliados que, valiéndose de su caudal político y de su cargo, buscan potenciar la imagen de otro. Aquí se aplica el aprovechamiento de la condición de empleado o funcionario que estableció la Sala en 2018, que acusa a quienes se postulen como candidatos siendo funcionarios y mantengan su promoción de imagen, de prevalerse de su cargo.

Nuestro país ha avanzado poco a poco, y a regañadientes, en el control de la propaganda. Para este nuevo evento electoral, habiendo visto que el gobierno central es prolijo en romper los límites legales establecidos y ante las evidentes violaciones, el TSE tendrá que asumir las riendas del control, de lo contrario los partidos políticos y precandidatos tendrán campo abierto para continuar violentando a sus anchas la normativa, rompiendo el escasísimo equilibrio y condiciones de equidad de un proceso electoral, en el que a todas luces un actor esencial será el Ejecutivo.

El TSE tiene un gran reto, sí, pero la ciudadanía también. La presión social ha demostrado ser efectiva para mover las palancas de la institucionalidad de control. Y este tema, espero,  no será excepción.

Ruth Eleonora López es abogada, máster en Derecho Electoral por las Universidades de Castilla La Mancha y Valencia y en Derecho Societario por la Universidad de Barcelona. Cursó sus estudios de pregrado y una  especialización en Asesoría Jurídica  en la Universidad de La Habana. Fue asesora jurídica de la presidencia del TSE y de la Dirección General del ISSS. Actualmente es consultora y parte del cuerpo docente de la UCA. 
 
Ruth Eleonora López es abogada, máster en Derecho Electoral por las Universidades de Castilla La Mancha y Valencia y en Derecho Societario por la Universidad de Barcelona. Cursó sus estudios de pregrado y una  especialización en Asesoría Jurídica  en la Universidad de La Habana. Fue asesora jurídica de la presidencia del TSE y de la Dirección General del ISSS. Actualmente es consultora y parte del cuerpo docente de la UCA. 

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Columnas Thu, 02 Jul 2020 13:23:12 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24604/Nuevos-rostros-mismas-mañas-electoreras.htm
Control constitucional en emergencia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000031851.jpg http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24601/Control-constitucional-en-emergencia.htm La presidencia ignora controles constitucionales, la Fuerza Armada aumenta su presencia y los derechos ciudadanos disminuyen. Esas realidades, que se encuentran en el corazón de la democracia, han sido historia caliente de nuestra política. Una cuarentena a nuestra democracia se formó en los últimos cuatro meses. Entramos en convulsión el 9 de febrero; aumentó la temperatura por la pandemia, los temores asociados a su mortalidad fulminante y los mensajes del presidente Bukele en marzo. Una sentencia trató de imponer la sobriedad constitucional el 8 de junio. No lo consiguió. Entonces, estábamos en una situación asombrosa de novedad histórica, letalidad inminente y democracia amenazada. Ahora estamos peor: vivimos un drama hospitalario, aunque tenemos mujeres y hombres que luchan por nuestras vidas.

El coronavirus se ha llevado a más de 500 mil personas, muchas de ellas en los Estados Unidos, sin que todavía sepamos cuántos parientes hemos perdido allá. Además, la tormenta Amanda completó nuestro cuadro crítico, y las pandillas expusieron su argumento irrebatible de ejecuciones sumarias: en un fin de semana mandaron al otro mundo a 58 personas, el mismo número de víctimas de la pandemia durante ochenta días de cuarentena, según datos oficiales. Hasta en el país que estila el lenguaje de la muerte, la pandemia causó temores razonables.

Con la incertidumbre por la pandemia, las advertencias inapelables del presidente, la cancelación de derechos ciudadanos, los decretos legislativos y las resoluciones constitucionales que quedaron en el aire se ha formado una triple emergencia: sanitaria, ambiental y política. En la primera, dependemos de las decisiones presidenciales, las opiniones del ministro de Salud y las indicaciones de los asesores venezolanos. En otros países existen consejos con especialistas para atender esas emergencias sanitarias y ambientales. Entre nosotros, con la dictadura primero y el autoritarismo después se implantó la reverencia al poder, a la autoridad, al Hombre –como decían antes–. Bajo esa visión del mundo, la ciencia y sus practicantes no eran prioritarios. Y eso que en la dictadura y el autoritarismo los titulares tuvieron entre sus aliados a intelectuales sobresalientes. 

La otra emergencia es política, con una encrucijada de tres vertientes, por lo menos: los controles constitucionales, la Fuerza Armada y las libertades ciudadanas. La siguiente etapa política quedará definida por las opciones que tomemos ahora, adoptando la afirmación democrática o el renacimiento autoritario. Si con las emergencias sanitaria y ambiental vivimos una letalidad inminente, con la política experimentamos una democracia en cuarentena, pues la intolerancia ha tendido a dominar la coyuntura.

Historia caliente
En la elección de 2019, un ciclón barrió a los partidos que durante un cuarto de siglo obtuvieron las principales cuotas del poder e impusieron con éxito sus hegemonías. La corriente encabezada por Nayib Bukele los dejó desconcertados por las votaciones que los vapulearon en la primera ronda.

El presidente ha mostrado una arrolladora vocación de poder. Lo ha hecho con el sustento de una victoria contundente, moldeada con inteligencia, a partir del hartazgo de la gente con los partidos que lideraron la posguerra. Él captó el enojo de la población votante, lo procesó, consiguió aliados, fijó su trinchera y desde ahí mandó obuses contundentes sin piedad: “los mismos de siempre”, “devuelvan lo robado”; mientras asumía amnesia sobre su procedencia y la de sus socios. Él les dijo a las dirigencias de izquierdas y derechas lo mismo que la gente quería gritarles. Y así labró su victoria absoluta, pero parcial, porque no podía cambiar la composición de la Asamblea.

La pandemia no alteró los obuses presidenciales. Bajo esa lógica tan peculiar, con el éxito obtenido y los objetivos pendientes: ¿por qué no seguir lanzando obuses, si no ha aumentado su poder ni ha anulado las cuotas de ARENA y FMLN? La andanada no ha tenido reparos con la democracia constitucional, un logro histórico de la posguerra. Al presidente no parece importarle ese acontecimiento fundamental, porque estaría mirando hacia una vaga reforma constitucional. No hay tales; a partir de lo visto el 9 de febrero, estaría configurándose un autoritarismo clásico con apoyo popular.

Desde hace un año, tenemos tendencias constantes: la presidencia ignora controles constitucionales, la Fuerza Armada aumenta su presencia y los derechos ciudadanos disminuyen. Esas realidades, que se encuentran en el corazón de la democracia, han sido historia caliente de nuestra política. Durante la dictadura no tuvieron razón de ser, porque el general Hernández Martínez era la ley, su palabra era acatada por los comandantes y magistrados. En 1938, la Constitución impedía que el general siguiera en el cargo; entonces, cambió la Constitución. Y decidió ya no ir a elecciones, ¿para qué, si era el líder indiscutido? No estaba desactualizado el general, porque cosas parecidas ocurrían en Alemania, Italia y España, a partir de la gran crisis mundial.

A mitad del siglo XX, con la derrota de la dictadura, en 1944, se cambió el régimen político por un formidable movimiento ciudadano. Nadie pensó en la Constitución del general: su procedimiento había sido fraudulento y su contenido era una imposición del poder arbitrario. En 1950, el nuevo régimen proclamó una Constitución con promesas de democracia y revolución. El texto constitucional representó un viraje: abandonó el liberalismo clásico, adoptó el bienestar social y postuló límites a la propiedad. Catorce diputados opositores firmaron la Constitución junto a 38 oficialistas: parecía nuestro ingreso a la democracia. ¡Error! En 1952 hubo una operación represiva contra dirigentes opositores; así se instaló el proceso del autoritarismo, con promesas de democracia y fórmulas de represión.

Durante las décadas autoritarias, la vigencia de la Constitución dependió de los humores políticos de los comandantes. El régimen tenía como principio central la autoridad: el jefe ostentaba el mando y el derecho a disponer sobre la sociedad. Sin embargo, a diferencia de la dictadura, había elecciones periódicas, partidos opositores y apertura informativa limitada, aunque, al final, se imponían la autoridad, el fraude y la represión.

Rutas de tragedia
Hemos forjado nuestra historia con intolerancia. Lo vemos hoy cuando una tragedia no nos sosiega, sino que aumenta nuestros desatinos. Ahora la intolerancia del poder parece desplegada por completo. Eso no ocurrió durante el autoritarismo, menos en la transición a la democracia, después de los Acuerdos de Paz. El general era otra cosa: él era la ley, él no cometía ilegalidades, porque si criticaba una ley, cambiaba la ley.

Una de las tendencias del siglo XX fue la concentración del poder, en especial desde que se instaló la dictadura. Noventa años después, justificándose en la pandemia, el presidente Bukele ha exigido más facultades y menos reconocimiento a nuestros derechos. En el mundo, hoy sobresalen dos tendencias: una, la de los titulares que quieren más poder; otra, la de la ciudadanía que demanda más control. En la emergencia, ha planteado John Keane, los gobiernos van de “la torpe demagogia al control autoritario”, advirtiendo la fragilidad de nuestras democracias y “la necesidad de ejercer el escrutinio ciudadano como nunca antes”.

En las últimas décadas, la Fuerza Armada no ocupó el lugar que tiene hoy. El ministro de Defensa ha hablado con una lógica incondicional al comandante. Tal vez durante la dictadura hubo comportamientos parecidos; no durante el autoritarismo, porque los jefes de los cuarteles no eran incondicionales, pues formaban una mesa de iguales con el presidente. Los Acuerdos que terminaron la guerra más larga de nuestra historia pusieron en su sitio a la Fuerza Armada, al autoritarismo y a la dictadura. Una guerra con setenta mil muertos abrió el proceso negociador que llevó a esa excepción: nunca se había puesto firme el cuerpo militar ante la norma constitucional, sino hasta 1992. Todo eso está cambiando hoy, cuando los militares han vuelto a ser agentes de una arbitrariedad sistémica.

En el autoritarismo, tres grupos formaron los bloques de poder: los militares, los empresarios y los intelectuales, en general, sin mujeres, y con los primeros como los dirigentes. La idea de que los militares eran sirvientes de los empresarios no tiene consistencia. En aquel periodo parece improbable, por ejemplo, que Tomás Regalado González, millonario, con padre presidente y abuelo materno presidente, llamara al coronel Óscar Osorio para darle una orden en CEPA, donde Osorio lo había nombrado. ¡Ellos eran socios en un bloque de poder!

El autoritarismo manejó con habilidad una fórmula de reforma y represión. Lo hicieron plegados a la Casa Blanca, contra Guatemala revolucionaria, primero, y Cuba socialista, después. El régimen autoritario fue anticomunista y posdictatorial; la Fuerza Armada fue su baluarte y el partido del presidente, el aparato para la competencia electoral, el fraude y el arribismo burocrático.

Los Acuerdos de Paz reformaron la Constitución, dándole otra configuración a los poderes del Estado. En primer lugar, por la jerarquía que tomaron los derechos de la ciudadanía; y en segundo lugar por la restructuración de la Fuerza Armada, que quedó subordinada al Ejecutivo y al respeto a los derechos ciudadanos. Casi todo parece desbaratado por la pandemia, la tormenta Amanda y la intolerancia. Entre el ejercicio del poder, buscando más poder, y la vigencia constitucional, el presidente Bukele estaría optando, desde antes del 9 de febrero, por la ruta hacia un renacimiento autoritario. Parece hacerlo con su exitosa estrategia binaria (conmigo o contra mí), amparado en el respaldo de sus seguidores y de los comandantes de la Fuerza Armada.

Antes, con esa fórmula tuvimos fervores de intolerancia, fuimos a la guerra contra Honduras, en 1969, y entramos al peor periodo del autoritarismo. No resolvimos nuestros problemas, agudizamos una crisis, mientras el mando de la Fuerza Armada ocupó más poder, en 1977. Así ingresamos a una gran tragedia.

Roberto Turcios es historiador salvadoreño. Es egresado de la Licenciatura en Ciencias Jurídicas de la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador y Licenciado en Filosofía por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, UCA.  Fue director del Centro de Estudios Tendencia y de la revista Tendencias (1992-2000) y asesor del Secretario Técnico de la Presidencia de la República (2009-2014). Es autor de los libros
 
Roberto Turcios es historiador salvadoreño. Es egresado de la Licenciatura en Ciencias Jurídicas de la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador y Licenciado en Filosofía por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, UCA.  Fue director del Centro de Estudios Tendencia y de la revista Tendencias (1992-2000) y asesor del Secretario Técnico de la Presidencia de la República (2009-2014). Es autor de los libros "Los años del general", "Rebelión" y "Autoritarismo y Modernización".

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Columnas Wed, 01 Jul 2020 13:04:48 +0100 http://www.elfaro.net/es/202007/columnas/24601/Control-constitucional-en-emergencia.htm
De regreso al clóset durante la pandemia José Isaí http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000026929.JPG http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24598/De-regreso-al-clóset-durante-la-pandemia.htm Yo, aunque siento mucho orgullo de ser quien soy, he tenido que pasar los últimos cuatro meses escondiéndolo. Estoy confinado y a salvo de la covid-19, pero el encierro me ha privado del disfrute de mi identidad. El pasado 28 de junio se conmemoró el Día Internacional del Orgullo LGBTI y vi con mucha envidia cómo en redes sociales conocidos y amigos subían sus fotos con banderas arcoíris admitiendo con mucho orgullo su orientación e identidad. Yo, aunque siento mucho orgullo de ser quien soy, he tenido que pasar los últimos cuatro meses escondiéndolo. Estoy confinado y a salvo de la covid-19, pero el encierro me ha privado del disfrute de mi identidad.

En junio 2019 fui por primera vez a la Marcha del Orgullo LGBTI, y esperaba con ansias poder repetirlo este año, porque estoy convencido de que la visibilidad que nos permite esta manifestación es vital en un país machista y conservador como este, y en especial para quienes, como yo, todavía estamos con un pie adentro del clóset.

Activistas celebran los 21 años del Orgullo Gay, durante la marcha 2017, que se desarrolló el pasado 24 de junio. Foto: Víctor Peña
 
Activistas celebran los 21 años del Orgullo Gay, durante la marcha 2017, que se desarrolló el pasado 24 de junio. Foto: Víctor Peña

Este año iba a ser mi segunda vez, era un día que estaba esperando con muchas ansias. Pero me tocó celebrarlo a mí manera, sin colores ni canciones alegóricas, porque aún no he podido salir del clóset por completo.

A veces me dan ganas de contarle a alguna de mis hermanas sobre mi orientación, pero algo me dice que no es el momento. Sé que sí alguna de ellas se enterara lo primero que haría es juzgarme. Siempre me preguntan que si tengo novia y ya se les hace raro que a mis 21 años no haya llevado una a casa todavía. La cuarentena ha hecho más constantes estos comentarios, sobre todo de parte de mis tías “José  es el único que te traerá nuera", “bendito sea entre las mujeres". Este tipo de pláticas me ponen incómodo porque no tengo respuesta a las tantas preguntas que me hacen, y ahora no tengo razón para salir y evadirlas.

La pandemia en realidad vino a cambiar todo, quizás a retrocederme un poco, porque no puedo en mi familia ser la misma persona que soy con mis amigos. Aquí tengo que ser lo menos expresivo posible. Extraño tanto a mi otra familia. Estos casi cuatro meses de encierro me han deprimido, desesperado. A veces quisiera salir corriendo, pero sé que no es lo correcto. Es una situación que no está en mis manos y me toca ser fuerte. Mantener la calma y pensar que algún día todos saldremos y celebraremos como se debe.

Sé que no todos los de la población LGBTI vivimos en una familia armónica, a otros nos toca aguantar los propios rechazos de nuestra familia y esta cuarentena contribuye a esos tipos de sucesos que a veces nos ponen entre la espada y la pared, sin escapatoria. Lo sé, lo he vivido, pero he sabido caminar con esa carga. Una carga injusta, porque nadie tendría que ser como los demás quieren que seas.

A los siete años supe que era diferente a los demás. No era el típico niño que jugaba a la pelota. Siempre fui aquel niño que prefería jugar a las casitas con mis hermanas, aunque casi nunca me dejaban jugar con ellas. Mi mamá me decía que eso era de niñas y que yo debía jugar con carritos, pero había algo dentro de mí que también me atraía a las Barbie, así que a escondidas agarraba las muñecas de mis hermanas y jugaba a peinarlas.

Toda mi vida he tenido que aparentar frente a mi familia que soy “normal”, porque de un total de seis descendientes soy el único hijo varón, y aunque no soy el mayor, por tradición se supone que soy quien tiene por “misión” heredar el apellido. Mis padres se llenaron de niñas buscando otro hombrecito para tener “parejitas”, pero fui el único. A veces pienso que si tuviera un hermano no recaería toda esa presión sobre mí. Sobre todo desde hace un par de años que me convertí en "el hombre de la casa" cuando mis papás se separaron. No es lo mismo una familia donde solo mamá tiene que trabajar. Por eso tengo que esforzarme por sacar a mi familia adelante.

Las expectativas impuestas socialmente por ser el único hombre entre cinco hermanas es el muro que me detiene para no declararme libremente gay. Por eso he decidido que todo tiene que ir a su tiempo, calmado, paso a paso. Sé que no va a ser fácil. Estoy consciente de que el día que salga del clóset con mi familia explotará una bomba y las secuelas serán muchos enemigos. Mi familia es tan conservadora que cree que ser gay es un pecado. Durante muchos años me cuestioné, lloré y grité; pero con el paso del tiempo aprendí que no tengo por qué reprocharme por ser quien soy desde que nací. Yo no decidí ser gay, la orientación sexual no es algo que se prefiere de la noche a la mañana. Aprendí que ser diferente ayuda a entender el mundo de una manera más profunda, desde donde pocos pueden ver.

La primera vez que me enamoré de una persona de mi mismo sexo fue en bachillerato; era mi mejor amigo. Con él pasé muy buenos momentos: salíamos a comer, a caminar y siempre andábamos juntos. Él no era gay, pero supo darme su afecto y cariño como un buen amigo. Aunque nunca le conté sobre mi orientación sexual, sé que más de una vez se dio cuenta que yo no lo miraba con los mismos ojos que él a mí. Pero supo estar allí siempre. A diferencia de los demás compañeros de escuela que se encargaron de que mis tiempos de estudiante fueran muy dolorosos. Como persona LGBTI me dolieron las palabras “culero”, “maricón” “poco hombre”. Pero a él, por el contrario, me defendió más de una vez y nunca me dijo nada al respecto. Pero la vida tenía destinos diferentes para nosotros y él tuvo que irse a Estados Unidos. 

En 2016 mi vida dio un giro rotundo. Ese año entré a la universidad a estudiar Periodismo. Allí fue donde decidí cambiar, despojarme del joven tímido y antisocial, para convertirme en alguien más amigable. La universidad fue el primer lugar donde decidí decirles a mis amigos que era gay, y esta vez no hubo insultos ni apodos dañinos; me aceptaron como soy. Para mí, saberme aceptado, fue como extender por primera vez mis alas y aletear con el viento.

En estos cinco años en la universidad me di cuenta de que me había perdido de muchas cosas: salir con mis amigos gais, intercambiar historias, experiencias y momentos que son únicos. Era lo que siempre había querido y por fin lo estaba viviendo. Por eso aprecio mucho que entre nosotros podamos apoyarnos y alzar la voz tan fuerte que no haya nadie que nos pueda callar, pues también somos seres humanos y quizás más que aquellos que piensan que somos “locos”, “raros”.

En 2018, uno de mis compañeros de la universidad me habló de su experiencia en la Marcha del Orgullo que se realiza en San Salvador. Yo, como vengo de un pueblo rural, ni me enteraba de este tipo de actividades. Me amigo me invitó, pero no me animaba a ir por no saber cuál sería mi reacción participando en ella y porque siempre había tenido el temor de que alguien me viera o le contará a mi familia. Al año siguiente, en 2019, decidí darle poca importancia a eso y fui con un grupo de amigos. Hace un año, mientras marchaba pude respirar libertad, ver a muchas personas siendo felices, sintiéndose seguras y, sobre todo, sintiéndose orgullosos y orgullosas de quien realmente son.

En la marcha escuché por primera vez What’s up, de 4 Non Blondes una canción que me gustó mucho, sobre todo cuando dice “Entonces algunas veces lloro cuando estoy recostada en cama, tan solo para sacar todo lo que está en mi cabeza, y yo soy francamente un poco peculiar”.

Cada día en esta cuarentena me levanto con la esperanza de que habrá un mañana donde todo será diferente. Me siento como un ave que desea extender sus alas mientras desde su jaula mira a otras sobrevolar libremente el cielo azulado. Tengo 21 años y desde muy pequeño me siento como en una jaula sin poder extender mis alas, sin poder ser quien en realidad soy.


José Isaí es un seudónimo elegido por el autor para compartir, desde el anonimato, su relato desde el clóset impuesto durante la pandemia.

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Columnas Tue, 30 Jun 2020 19:09:11 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24598/De-regreso-al-clóset-durante-la-pandemia.htm
La nueva epidemia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_36_115_1113_832/images%7Ccms-image-000034002.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/el_farolero/24599/La-nueva-epidemia.htm La mirada de Otto al anuncio de las precandidaturas para alcaldes y diputados 2021. El Farolero Tue, 30 Jun 2020 16:37:29 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_farolero/24599/La-nueva-epidemia.htm De regreso al clóset durante la pandemia - Por José Isaí http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24600/De-regreso-al-clóset-durante-la-pandemia---Por-José-Isaí.htm 360 grados Tue, 30 Jun 2020 13:33:59 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24600/De-regreso-al-clóset-durante-la-pandemia---Por-José-Isaí.htm Ministerio de Salud compró $3 millones en mascarillas a un vendedor de porcelana y cerámica http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_2000_1333/images%7Ccms-image-000034000.JPG http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24597/Ministerio-de-Salud-compró-$3-millones-en-mascarillas-a-un-vendedor-de-porcelana-y-cerámica.htm El Gobierno pagó millones de dólares para adquirir 1.5 millones de mascarillas KN95 a Lasca Design LLC, una empresa con sede de Miami, Florida, especializada en cerámica y porcelana. El dueño de la empresa y firmante de las órdenes de compra es un argentino de 49 años que se presenta a sí mismo como experto en construcción, diseño de interiores y distribución de cerámica y porcelana. Uno de los dos principales proveedores de mascarillas KN95 al gobierno de El Salvador durante la pandemia de Covid 19, Lasca Design LLC, es una empresa con sede de Miami, Florida, especializada en cerámica y porcelana. Esta empresa recibió en abril la adjudicación de un contrato por 3 millones de dólares con el Ministerio de Salud para la provisión de 1.5 millones de mascarillas fabricadas en China, a un precio de $2 la unidad. El dueño de Lasca Design y firmante de las órdenes de compra es Ariel Lasca, un argentino de 49 años que se presenta a sí mismo como experto en construcción, diseño de interiores y distribución de cerámica y porcelana.

La orden de compra a Lasca Design está firmada por el ministro de Salud, Francisco Alabi. El documento, etiquetado con el número 161/2020, contiene el nombre de la empresa, su dirección en Weston 33327, Florida, Estados Unidos, un número telefónico y un correo. En él se asigna al producto el código 10900019 y se incluye su descripción: “Mascarilla KN95, con adaptador facial, posee sujetadores elásticos y no posee válvula de exhalación”. Para la entrega, el documento señala el Aeropuerto Internacional San Óscar Arnulfo Romero.

El documento establece la cantidad de mascarillas a adquirir y el precio: “Cantidad: 1,500,000. Unidad de Medida: C/U. Precio Unitario: $2.00 Valor total: $3,000,000.00”. Una nota de aclaración en la orden señala que el proveedor entregaría 1,786 cajas con 840 mascarillas por caja, lo que da un monto exacto (que no aparece en la orden) de 1,500,240.00 mascarillas.

El Faro marcó el teléfono y escribió mensajes al correo que aparece en la orden de compra, pero no hubo respuesta. El domingo 21 de junio El Faro logró contactar por teléfono con el CEO de Lasca Design: “Buenas tardes. ¿Hablo con Ariel Lasca?”, le preguntó El Faro a la persona que tomó la llamada. “Sí, ¿quién le habla?”, contestó. “Le habla Jimmy Alvarado, periodista de El Faro, en El Salvador. Necesito hacerle unas consultas sobre unas mascarillas que vendió al gobierno de El Salvador”. Lasca colgó la llamada.

El Faro llamó dos veces más a ese número y envió un cuestionario a Lasca por la aplicación de mensajería Whatsapp. En él se le pregunta si ya ha hecho la entrega de las 1.5 millones de mascarillas y cuándo; si el producto salió de Estados Unidos hacia El Salvador o se envió desde otro país; el nombre de la empresa china de manufactura a la que compró las mascarillas; el tipo de certificación del producto; y si tenía experiencia vendiendo esta clase de insumos médicos al Gobierno de El Salvador o a otros clientes. Al cierre de esta nota no se había recibido respuesta.

El Gobierno de El Salvador tampoco ha querido dar respuesta a esas preguntas, ni ha transparentado el criterio de adjudicación del contrato o de valoración del precio de compra de las mascarillas. Entre el 31 de marzo y el 28 de abril, El Faro solicitó información sobre los expedientes de compra al Ministerio de Salud, pero la Oficina de Información y Respuesta no admitió las peticiones argumentando que los plazos administrativos estaban suspendidos a consecuencia de la emergencia. Luego de un seguimiento a las solicitudes, el 19 de junio esa oficina misma oficina respondió que posiblemente tramitará las gestiones en el mes de julio.

El 22 de junio, El Faro pidió una entrevista con el ministro de Salud al jefe de comunicaciones José Urbina, quien no contestó los mensajes. Ese mismo día, a la salida de un evento en el Instituto Nacional de Salud, El Faro preguntó al ministro Francisco Alabí por qué adjudicó un contrato de 3 millones de dólares a un distribuidor de porcelana y cerámica. También se le preguntó si el producto había llegado ya a El Salvador. Alabí se rehusó a responder y personal de su equipo bloqueó el paso al periodista para que no siguiera formulando preguntas. A continuación, miembros del equipo de prensa del Ministerio de Salud tomaron fotos y videos del periodista de El Faro. Los miembros de la prensa oficial, tres hombres y una mujer, se negaron a dar sus nombres al periodista cuando este les pidió identificarse.

Cinco días más tarde, el sábado 27 de junio, El Faro intentó de nuevo hacer preguntas sobre este contrato durante una conferencia de prensa, pero el ministro Alabí evadió dar respuestas.

 

Posible sobreprecio

El Faro logró conversar con dos proveedores de mascarillas, que aportan documentos que evidencian además un posible sobreprecio en el contrato con Lasca Design. Un proveedor que en el pasado hizo negocios con el gobierno de El Salvador y proveyó este mismo tipo de productos, dice que se enteró de que el Ministerio de Salud ya estaba comprando mascarillas fuera del país y desistió de ofertar. Asegura sin embargo que compró mascarillas para vender al público y distintos proveedores, intermediarios con las fábricas en China, le ofrecían en los momentos más críticos de escasez cada mascarilla KN95 a $1.50 por unidad en compras mayores a las cinco mil mascarillas.

Para sustentarlo, mostró a El Faro una cotización fechada el 28 de abril de este año, diez días después de que se emitiera la orden de compra a Lasca Design. La oferta la hace Jeesina, una fábrica del mercado de Shenzhen, uno de los centros industriales y comerciales más grandes de China. El documento recoge el precio de $1.50 por mascarilla, subraya que el producto cuenta con certificaciones de la FDA y asegura que el tiempo de entrega varía entre los 3 y 5 días.

Este mismo proveedor mostró a El Faro una segunda cotización, con fecha del 10 de abril de este año, de otra fábrica en China, Hefei Becoer Mask Co, situada en la zona industrial de Luyang. En esta se incluye un abanico de precios: $1.5 por unidad en pedidos mayores a las 1,000 mascarillas y menores a las 3,000; $1.4 por por pedidos mayores a las 3,000 unidades y menores a los 100,000. Para pedidos mayores al millón de unidades establece un precio aún más bajo: $1.2 dólares por unidad. La cotización no incluye el costo de envío desde Shanghai.

Actualmente en el portal Ali Express, gigante de las exportaciones de China y cuyo dueño donó al gobierno de El Salvador 100,000 mascarillas hace pocas semanas, los precios son aún más competitivos: por compras de más de un millón de unidades ofrece mascarillas fabricadas con certificación de la FDA, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, por 1.29 dólares la unidad.

Otro proveedor, con experiencia en la venta de insumos médicos al Estado y que compra productos en China, asegura haber ofertado a la unidad de compras del Ministerio de Salud un pequeño lote de mascarillas KN95 en los día previos al contrato con Lasca Design. Se trata de mil mascarillas compradas a un intermediario, Shenzhen Agilmind E-Comerce CO.LTD. La factura, a la que tuvo acceso El Faro, muestra que el proveedor obtuvo el mismo producto descrito en la orden de compra del Gobierno por un precio de $1.60 por unidad, más 226 dólares por envío, hasta hacer un total de 1.82 dólares por mascarilla. “Yo solo pedí mil, pero si pide a partir de cinco mil, el precio baja aún más”, dijo a El Faro este empresario, que pidió no revelar su nombre porque es proveedor de otros productos al Ministerio de Salud y teme perder la posibilidad de nuevos contratos con el gobierno en un futuro. El documento, fechado en marzo de 2020, cuando el mercado internacional de este producto tenía más demanda y por tanto los precios eran mayores a los de abril, registra la compra de 1,000 mascarillas KN95, el precio y las condiciones de envío: “Ship method: DHL. Ship Fee: 226”.

Esta fuente asegura que al inicio de la emergencia la unidad de compras del Ministerio hacía las cotizaciones y resolvía futuros contratos vía telefónica. “La primera oferta se hace vía teléfono, si ellos me hubieran dicho que sí, yo hubiera concretado vía correo electrónico”, dice. La fuente afirma que incluso en contratos mucho menores que el de Lasca Design, el precio pagado por el Ejecutivo pudo haber sido menor: “Ya con (un contrato por) 100,000 yo gano bastante si las doy a $1.95 por mascarilla”, asegura. Esta empresa, no recibió finalmente contratos para proveer mascarillas a Salud, pero sí firmó uno para proveer al gobierno otro tipo de insumo médico.

El 23 de marzo la Asamblea Legislativa, con la intención de abaratar los precios de los insumos médicos durante la emergencia, incluyó en los artículos 1 y 2 del decreto 606 que todas las donaciones y compras de insumos médicos para atender la pandemia estaban excluidos del pago de los impuestos “a la Transferencia de Bienes Muebles (IVA) y a la prestación de servicios” así como tampoco pagarían “gravámenes de naturaleza fiscal o municipal”.

La práctica de los sobreprecios en insumos médicos durante esta pandemia ha sido documentada en varios países de América Latina. En Argentina, el periódico Perfil publicó el 22 de abril que el ministerio de Salud de ese país hizo dos licitaciones para comprar 15,000 unidades de mascarillas y las declaró desiertas, y después llevó a cabo una contratación directa por $45 millones de pesos argentinos (641,440 dólares) a una empresa que le proveyó solo 1,600 mascarillas, al triple del precio cotizado para las primeras dos cotizaciones.

La Red Palta, que reúne a diferentes equipos de periodismo de investigación en el continente, y de la que forma parte El Faro, analizó contratos en Argentina, Colombia, México, Perú y Uruguay relativos a la compra de un total de 70 mil mascarillas N95, un modelo de fabricación estadounidense y sustancialmente más caro que las KN95. El análisis concluyó que las mascarillas costaron a esos gobiernos dos veces más que el valor unitario promedio en el resto de la región, estimado en $6.63. El periódico La Diaria, de Uruguay, documentó que durante la pandemia organismos públicos de ese país han pagado por mascarillas quirúrgicas descartables 18 veces más que en 2019.

En El Salvador, una investigación del proyecto Salud con Lupa reveló que el Ministerio de Salud compró protectores faciales a dos proveedores: SYGM Asesores y a la empresa Insema, propiedad del presidente del Fonaes, Jorge Aguilar, pagando a ambas un sobreprecio del 121%. Solo en esos dos contratos, el Ejecutivo pagó 548 mil dólares por encima de los precios de mercado. El 23 de junio, El Diario de Hoy publicó que los dueños de SYGM Asesores son empleados de una empresa del viceministro de Ingresos de El Salvador, José Alejandro Zelaya.

Un artículo del 6 de abril del New York Times, titulado “Es la ley de la selva en el mercado de las mascarillas”, explica cómo en marzo de este año la sobredemanda de mascarillas alteró los precios de este producto al entrar en la competencia una serie de intermediarios (vendedores con contactos en el mercado Chino que se cambiaron de rubro) que compraron barato y vendieron más caro.

Una importadora de cerámica vende mascarillas

El 28 de abril de 2020, Lasca Design consignó en su reporte anual, entregado al Registro de Florida, a los esposos Ariel Lasca y María de Luján Fernanda Castillo como directivos de la empresa; y como administrador a Tim Suazo. En su perfil de Linkedin, Ariel Lasca se describe a sí mismo como un “creador y desarrollador de empresas”, como un “comercializador y visualizador de oportunidades, de estrategias comerciales y de dirección de compañías”. También dice ser el director comercial de la empresa Osimo Ceramiche y, de mayo de 2017 a la actualidad, el CEO de Lasca Design LLC, empresa domiciliada en Weston Florida, a la que describe como "distribuidora mayorista, minorista y online de porcelanatos".

En una entrevista para TV Radio Miami, publicada el 20 de enero de este año, Ariel Lasca dice ser un inversor que junto con su esposa acaba de abrir un negocio en Florida: Osimo Ceramiche, dedicada a la construcción y a la cerámica con diseño italiano. Como dirección de la empresa menciona en la entrevista el mismo domicilio que Lasca Design reportó al Ministerio de Salud de El Salvador y que quedó consignado en la orden de compra de mascarillas. “Después de 32 años de experiencia, eso nos permite trasladar todo nuestro conocimiento aquí en Florida. Es un desafío importante. Hemos hecho inversiones como socio en los rubros sobre todo del porcelanato”, dice Lasca en la entrevista.

Registros recopilados por Import Genius, un portal con información de importaciones y exportaciones de Estados Unidos, muestran que las importaciones de Lasca Design Llc a ese país entre octubre de 2018 y noviembre de 2019, fueron de materiales de cerámica para pisos traídos desde Bélgica, Italia, Reino Unido, India y España. Hasta junio de 2020, Lasca Design no reportaba ninguna exportación de ningún tipo de mercancía de Estados Unidos hacia otros países.

La última importación de Lasca Design a Estados Unidos es del 18 de noviembre de 2018 cuando importó por barco cinco contenedores con un peso de 120,412 kilogramos de Bélgica hasta el Puerto de Everglades en Florida. El contenido de los contenedores incluía paletas de azulejos cerámicos color esmaltado; azulejos de piso cerámico; tallas de piso cerámico; tablas de piso cerámico y azulejos cerámicos.

Que empresas no especializadas en insumos médicos y dedicadas a otros rubros hagan negocios de mascarillas o ventiladores mecánicos ha sido una práctica habitual durante los últimos meses en muchos países de América Latina. En el caso de El Salvador, el Ejecutivo no ha explicado el proceso de identificación o selección de estas empresas, las garantías o referencias que pidió a las mismas o la forma en que se determinaron los montos necesarios o si estos se segmentaron en varios contratos o proveedores.

En los últimos meses, la empresa de cerámicas Lasca Design aparece con cuatro asignaciones para proveer bienes al gobierno de El Salvador, según documentos del sitio de Compras Públicas: el 14 de abril, la ministra de Educación Carla Hananía firmó una orden de compra por $66,000 para proveer a Educación de 200 mil “mascarillas quirúrgicas de doble forro” ($0.33 por cada unidad). El 18 de abril, el Ministerio de Salud eligió a Lasca como uno de los principales proveedores de mascarillas KN95 : 1.5 millones de mascarillas ($2 cada una), a un costo de $3 millones de dólares. El 21 de abril, Salud compró 1000 termómetros ($41.50 cada uno) por 41 mil 500 dólares. Todas de abril. Según el sitio de compras públicas, entre el 24 y el 27 de marzo, Salud compró a Lasca 1.5 millones de mascarillas quirúrgicas ($0.33 cada una), por $495,000, pero de esta última adquisición no subió ninguna orden de compra.

Un Informe del Ministerio de Salud entregado a la Asamblea Legislativa el 24 de abril, muestra que Lasca Design LLC en total facturó con Salud $3,536,525, que se desglosan de la siguiente manera: $495,000 por el “suministros de mascarillas quirúrgicas doble forro” y $3,041,525 por la entrega de “mascarillas KN95 y termómetros infrarrojos”.

El pago a este proveedor está consignado en órdenes de compras originales publicadas en el portal oficial de compras gubernamentales Comprasal, en documentos de la Corte de Cuentas enviados por Presidencia de la República y en el portal de Casa Presidencial. El Faro llamó al teléfono de la oficina de la administradora de la orden de Compra, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta. También envió una solicitud de entrevista al correo electrónico que la administradora incluye en la orden de compra, detallando algunas de las preguntas que se le quieren hacer: ¿Con qué criterio se definió la compra a un distribuidor de cerámica y porcelana? ¿El gobierno ya recibió las mascarillas de Lasca Design? ¿Cuándo? ¿Dónde las distribuyó? Al cierre de este reportaje no se había recibido respuesta.

El pago de las mascarillas KN95 se hizo anticipado a la entrega, prometida 7 días después de realizada la transferencia cablegráfica de fondos provenientes de la Unidad Financiera Institucional del Ministerio de Salud. “Fuente de financiamiento: Donaciones-FondoFOPROMID”, dice el documento, en el que también aparece la firma y sello del contratista, Lasca Desing LLC, bajo cuyas siglas aparece Ariel Lasca como CEO.

Los dueños de Lasca Design, un matrimonio argentino, también tienen otra empresa registrada con domicilio en Rosario, Argentina. En el registro de compras de El Salvador, Comprasal, Lasca Design LLC aparece con dos etiquetas: “Micro empresa” y “Gran Empresa”, aunque no hay explicación del motivo que usa el sitio de compras del gobierno para darle dos categorías distintas.

Lasca Design es un local en un centro comercial de Estados Unidos, ubicado en 2950 Glades Circle, Unit 10, en Weston, Florida 33327.
 
Lasca Design es un local en un centro comercial de Estados Unidos, ubicado en 2950 Glades Circle, Unit 10, en Weston, Florida 33327.

Escasos controles

La compra a proveedores internacionales de insumos médicos fue posible durante la emergencia gracias a la aprobación del decreto 606 (del 23 de marzo) y a los “Lineamientos Específicos para compras de Emergencia, por la pandemia COVID-19” emitido por Hacienda. Este lineamiento es el que consigna la autorización para pagar por anticipado a proveedores de insumos médicos internacionales sin pasar por la Ley de Adquisiciones y Contrataciones (Lacap). Es decir, permite hacer sondeos de precios y proveedores pero no exige competencia para elegir al mejor proveedor. Esos procedimientos le abrían la puerta al gobierno para buscar directamente a los oferentes que estaban en la capacidad de proveer los bienes y servicios requeridos.

El día que fue aprobada la reforma al decreto de emergencia que avaló las compras de urgencia sin necesidad de usar la Lacap, el 24 de marzo, el secretario privado de la presidencia, Ernesto Castro, explicó el sentido de esta modificación: “Nosotros lo que queremos es agilizar las compras”. Diputados de Arena explicaron en aquel momento que la idea era transferir el dinero para acceder a los suministros médicos antes de que Estados Unidos acapare las existencias. El Faro tuvo acceso a un chat de Whatsapp entre diputados de Arena, y en uno de ellos un diputado menciona el propósito de la Plenaria: “Es una plenaria extraordinaria para comprar de forma directa a una empresa de Brasil 300 respiradores artificiales y se está negociando con una empresa en Suiza la compra de 120,000 dosis de un medicamento (sic) el cual lo quiere acaparar todo Estados Unidos".

Esas normativas, vigentes del 23 de marzo hasta el 16 de mayo, relajaron los controles a los oferentes nacionales y aún más a los internacionales. “Excepcionalmente, en el caso de proveedores internacionales, la institución podrá justificar, prevaleciendo el interés público, la no requisición de la manifestación anterior (el sondeo de mercado), o de garantías, en función de tiempos, escasez de proveedores”.

En Estados Unidos, según el Centro para el Control y Prevención de las enfermedades, CDC, referente en esta pandemia, en los entornos de salud se usan las mascarillas N95 aprobadas por el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de los Estados Unidos (NIOSH por sus siglas en inglés), una mascarilla de filtrado para proteger a quienes los usan de las partículas en el aire que incluyen virus como el que da nombre a la enfermedad Covid 19.

El etiquetado de las mascarillas cambia según los estándares de cada región. Todas son, técnicamente, respiradores de pieza facial filtrantes, conocidos como FFR por sus siglas en inglés, pero tienen estándares y nombres distintos según el país de fabricación: los fabricados en Estados Unidos se identifican como N95; los producidos en Europa son conocidos como FFP2, los australianos P2, los producidos en Korea KMOEL, los japoneses DS, y los fabricadas en China KN95.

Lasca Design no es el único proveedor extranjero del gobierno de El Salvador cuyo giro empresarial no estaba relacionado con insumos médicos o equipo hospitalario antes de la emergencia por la pandemia de covid-19. Según información disponible en un Informe que Salud entregó a la Asamblea Legislativa el 24 de abril, el Ejecutivo ha hecho compras por 11.9 millones de dólares en distintos productos de emergencia a Javi Performance Parts SL, una empresa domiciliada en Madrid que, como ya publicó El Diario de Hoy el 19 de junio, durante los últimos años se ha presentado como vendedora de repuestos y accesorios para carros.

A Javi Performance Parts SL Salud le compró mascarillas KN95 y quirúrgicas por $1,422,000; trajes de protección por $1,775,000.00; termómetros infrarrojos de proximidad, por $1,300,025; insumos médicos sin determinar por $5,085,000; medios de transporte de virus por $125,000; y mascarillas KN95 por $2,220,025. Lasca Design y Javi Performances Parts fueron, según el informe de compras del Ministerio de Salud, los principales proveedores de mascarillas durante los primeros dos meses, marzo y abril de 2020, de la emergencia provocada por el Covid-19. En tercer lugar, aparece la empresa Shanghai Beyond Import And Coexport Co LTD con un contrato para proveer mascarillas quirúrgicas por $495,000.

El gobierno de El Salvador también ha comprado a empresas salvadoreñas cuyo giro principal no estaba relacionado con insumos médicos o equipo hospitalario antes de la emergencia. El 25 de abril, el gobierno reportó también la compra de 300,000 protectores faciales por $750,000 ($2.50 la unidad) a SYGM Asesores, una compañía que el 1 de octubre de 2019 había reportado al Registro de Comercio que su finalidad era: “la prestación de servicios de consultorías y asesoría empresarial, pudiendo realizar cualquier acto jurídico, que conlleve al cumplimiento de su finalidad social”. Uno de los socios de SYGM Asesores, Rogelio Cabrera, es según una publicación de El Diario de Hoy socio del viceministro de Ingresos del Ministerio de Hacienda en la empresa SCI Audit Tax Advisory.

El 25 de junio, El Faro reveló que el Ministerio de Salud pagó 344,000 dólares por un lote de 800,000 mascarillas quirúrgicas desechables a Grupo GME Inversiones, una empresa que tiene registrado como rubro principal, según su acta de constitución, la informática. La empresa fue fundada por el diputado René Gustavo Escalante Zelaya y su hermano Manuel José. Según los documentos inscritos en el registro, el legislador, que renunció al partido Arena a inicios de junio después de meses aplaudiendo las acciones del gobierno de Nayib Bukele, es administrador único suplente de la empresa. El precio de venta de estas mascarillas al Gobierno de El Salvador fue, según contrato, de 43 centavos de dólar por unidad, $0.17 por encima del precio de venta al público autorizado en aquel momento por el mismo Ejecutivo, a través de la Defensoría del Consumidor.

Al día siguiente, el viernes 26, el Centro de Asesoría Legal Anticorrupción, organización no gubernamental especializada en transparencia, denunció ante el Tribunal de Ética Gubernamental a la exministra de Salud, Ana Orellana Bendeck, a quien acusa de firmar la orden de compra que favoreció a la empresa Grupo GME Inversiones a pesar de que la Constitución prohíbe que diputados sean contratistas del Estado. Cuatro días antes, la misma organización denunció al actual ministro de Salud, Francisco Alabí, sucesor de Bendeck, por favorecer con otra orden de compra de máscaras faciales a la empresa del entonces presidente del Fondo Ambiental de El Salvador (FONAES), Jorge Aguilar Jorge Aguilar, separado de su cargo gubernamental tras conocerse el contrato.

La Fiscalía General de la República anunció también el 26 de junio que ha abierto investigaciones por las compras del Ministerio de Salud a las empresas vinculadas a Aguilar, Zelaya y el diputado Gustavo Escalante.


 

Este reportaje forma parte de una investigación regional, liderada por la red de Periodistas de América Latina para la Transparencia y la Anticorrupción (Red PALTA), que integran La Diaria de Uruguay, OjoPúblico de Perú, Datasketch de Colombia, La Nación de Argentina, PODER de México, OjoConMiPisto de Guatemala y El Faro de El Salvador, apoyada en parte por Hivos y Open Contracting. Para leer sobre el sistema de compras y contrataciones de América Latina también puedes ingresar al sitio de la Red Palta.
 
Este reportaje forma parte de una investigación regional, liderada por la red de Periodistas de América Latina para la Transparencia y la Anticorrupción (Red PALTA), que integran La Diaria de Uruguay, OjoPúblico de Perú, Datasketch de Colombia, La Nación de Argentina, PODER de México, OjoConMiPisto de Guatemala y El Faro de El Salvador, apoyada en parte por Hivos y Open Contracting. Para leer sobre el sistema de compras y contrataciones de América Latina también puedes ingresar al sitio de la Red Palta.

Las compras de la pandemia - Red Palta

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El Salvador Tue, 30 Jun 2020 08:55:41 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24597/Ministerio-de-Salud-compró-$3-millones-en-mascarillas-a-un-vendedor-de-porcelana-y-cerámica.htm
El traslape de dos épocas - Por Edmundo Jarquín http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24596/El-traslape-de-dos-épocas---Por-Edmundo-Jarquín.htm 360 grados Mon, 29 Jun 2020 13:05:04 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24596/El-traslape-de-dos-épocas---Por-Edmundo-Jarquín.htm El traslape de dos épocas http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033996.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24594/El-traslape-de-dos-épocas.htm Ahora, con la universalización de la economía de mercado, la tensión política ha derivado a la polarización entre democracia y autoritarismo, como noción genérica que a veces encubre dictaduras, como Ortega en Nicaragua. Pocos centroamericanos, en una región en la que predominan las personas menores de 50 años, recordarán directamente la ferocidad de las guerras que se libraban hace cuatro décadas en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Y, de rebote, también en Honduras, único país en el que existían tres ejércitos, como entonces decía el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Jorge Arturo Reina, aludiendo a la presencia de los Estados Unidos en la base militar de Palmerola, la “contra” nicaragüense y el propio Ejército hondureño. 

Luchas semejantes ocurrían en otros países del mundo, porque en el contexto de la Guerra Fría se enfrentaban concepciones ideológicas excluyentes, comunismo y capitalismo, y  Estados Unidos y la Unión Soviética estaban dispuestos a suministrar armas y recursos para el enfrentamiento armado y político. Con el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979, las luchas se incrementaron. Los países del conocido Triángulo del Norte estaban regidos por dictaduras militares, y el triunfo de la Revolución Sandinista alentó la lucha armada en esos países; en el caso de Honduras, la presencia militar asociada a la misma.

Cuando empezó a menguar la Guerra Fría, que finalizó en el quiebre de los años 80 a 90 del inmediato siglo pasado, los países al norte de Centroamérica habían celebrado elecciones y a lo mismo se encaminaba Nicaragua. Esa era la esencia del Acuerdo de Esquipulas, que puso fin a los conflictos armados: un cierto trueque entre democracia y la desmovilización de las fuerzas irregulares, lo que se consiguió en Nicaragua en 1990, El Salvador en 1992 y Guatemala en 1996. 

La Revolución Sandinista, aunque no era su propósito, terminó incentivando los procesos democráticos en Centroamérica, Nicaragua incluida. En el breve período de construcción democrática, iniciado por Violeta Barrios de Chamorro (1990-97), se alcanzaron los más elementales fundamentos de un Estado moderno. En primer lugar, el monopolio legal de la fuerza con la institucionalización del Ejército y Policía. Antes, solamente había existido ejército sandinista, guardia somocista, y ejércitos liberales y conservadores, según el gobierno de turno. En segundo lugar, configuración de un Estado de derecho, con independencia del poder Judicial en relación al caudillo de turno; finalmente, sistema electoral creíblemente democrático, que nunca habíamos tenido.

Ahora, con la universalización de la economía de mercado, la tensión política ha derivado a la polarización entre democracia y autoritarismo, como noción genérica que a veces encubre dictaduras, como Ortega en Nicaragua. Este resumen histórico anticipa un libro, Nicaragua, el cambio azul y blanco, que publicaremos mañana 30 de junio 2020 entre varios autores, que trata exclusivamente sobre diversas dimensiones de la crisis política que se inició en abril de hace dos años. 

La crisis se explica porque Ortega, desde que regresó al poder en 2007, interrumpió y revirtió el incipiente proceso de construcción democrática que había durado poco más de 15 años. No solamente revirtió el proceso democrático, sino que empezó a configurar una férrea dictadura dinástica, privatizando familiarmente al otrora Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y acumulando agravios en contra de una amplia heterogeneidad de clases sociales. Esos agravios, en determinado momento, se sincronizaron en protestas de los jóvenes que fueron acompañados por una gigantesca pluralidad social y política en la rebelión cívica de 2018, que se arropó en la bandera azul y blanco de Nicaragua para subrayar esa pluralidad.

Esas manifestaciones de protesta fueron reprimidas sangrientamente. A cargo de la represión estuvieron las viejas fuerzas de choque del FSLN, devenidas en bandas paraestatales o paramilitares, como son conocidas, con el amparo, complicidad y acción directa de la Policía en la represión. El Ejército no desarmó a esas fuerzas irregulares, aunque era su deber constitucional, pero ha insistido en varios comunicados que respalda una solución pacífica de la crisis.

El desafío para Nicaragua y la región centroamericana es doble. Completar la democratización inacabada, y obstruir que las fuerzas paramilitares deriven a la captura por el crimen organizado que termine formando un corredor controlado por el mismo desde Colombia hasta México. Nuestra apuesta, en el libro, es enfrentar ambos desafíos, y la única posibilidad es la remoción de la dictadura de Ortega por medios pacíficos, que implican presión nacional y de la comunidad internacional para la creación de condiciones que posibiliten elecciones creíblemente democráticas. El subtítulo del libro, Dejando atrás el régimen de Ortega, anticipa ese futuro.

Edmundo Jarquín es abogado y economista nicaragüense, especializado en políticas públicas y temas de reforma del Estado. Coordinador y coautor del libro Nicaragua, el cambio azul y blanco. Dejando atrás el régimen de Ortega.
 
Edmundo Jarquín es abogado y economista nicaragüense, especializado en políticas públicas y temas de reforma del Estado. Coordinador y coautor del libro Nicaragua, el cambio azul y blanco. Dejando atrás el régimen de Ortega.

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Columnas Mon, 29 Jun 2020 13:00:29 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24594/El-traslape-de-dos-épocas.htm
Desde una prisión de Daniel Ortega - Por John Cerna http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24595/Desde-una-prisión-de-Daniel-Ortega---Por-John-Cerna.htm 360 grados Mon, 29 Jun 2020 12:58:48 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24595/Desde-una-prisión-de-Daniel-Ortega---Por-John-Cerna.htm Decisiones impostergables para El Salvador pospandemia http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000032863.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24593/Decisiones-impostergables-para-El-Salvador-pospandemia.htm El Salvador pospandemia dependerá de las decisiones que tomemos en los próximos meses. Esto significa, en primer lugar, considerar los impactos futuros de la respuesta actual a la pandemia y, posteriormente, de la apertura económica. Muchos historiadores han registrado los intentos de la humanidad por alcanzar la inmortalidad en los últimos siglos. Uno de los esfuerzos más recientes proviene del famoso gerontólogo Aubrey De Grey, quien desde 2005 ha propuesto e intentado desarrollar una estrategia de recuperación de tejido humano para prolongar el envejecimiento de manera indefinida. Aunque la inmortalidad parece lejos de alcanzarse en el corto plazo bajo las circunstancias actuales, el mundo ha aumentado los niveles de esperanza de vida con el arribo de todos los nacidos durante las últimas décadas, y así continuará haciéndolo hacia final de siglo. Todo esto ha sucedido, en parte, gracias al desarrollo tecnológico y a los avances en vacunación de los últimos años. Y durante este tiempo la humanidad también ha batallado contra enfermedades consideradas mortales en su momento.

Gran parte del mundo se ha detenido a causa de un nuevo virus y con ello se han pausado, momentáneamente, conversaciones pertenecientes a la agenda de la humanidad. Ningún país estaba preparado para afrontar la necesidad de paralizar la economía, declarar el encierro repentino y aislado como medida de prevención y, más recientemente, reactivar la economía sin descuidar la protección de la salud. El Salvador no fue la excepción. Y ante la necesidad de asumir que la vida económica y social continúan a pesar del virus, el país posee la oportunidad de impactar positivamente en sus generaciones presente y futura.

El país que encontró el virus era uno ya lleno de privaciones socioeconómicas para las familias salvadoreñas. En El Salvador, más de 544 000 hogares -donde residen más de 2.1 millones de personas- son pobres multidimensionales; más de 1.3 millones de hogares registra al menos una persona sin acceso a seguridad social y en 61 de cada 100 hogares habita al menos una persona en situación de subempleo e inestabilidad laboral, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2019. La crisis por covid-19 no solamente visualizó aceleradamente estas carencias, sino que probablemente exacerbó las privaciones para aquellos salvadoreños que no pudieron continuar sus trabajos desde casa. Dentro de estas, la necesidad de garantizar el acceso al agua a todos los hogares ha tomado una especial relevancia. Resulta complicado lavarse las manos como medida de prevención de contagio si no se cuenta con un acceso regular al agua.

Los procesos de transformación humana y laboral que impactarán en nuestro futuro tampoco se han paralizado. La automatización, por ejemplo, lejos de estancarse, parece haberse acelerado mediante el desarrollo de procesos digitales y sistematizados que garantizan la implementación de protocolos sanitarios, además de cambios en los patrones de consumo. En abril de 2020, el McKinsey Global Institute calculó que cerca de 57 millones de empleos eran vulnerables al reactivarse la economía en Estados Unidos y 59 millones de trabajos adicionales lo eran en la Unión Europea, Suiza y el Reino Unido. Estos son trabajadores que podrían no encontrar sus plazas una vez la actividad económica se reanude. Para el caso de El Salvador, incluso antes de la covid-19, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyectaba que el 79 % de trabajadores salvadoreños poseía empleos en sectores de baja productividad y que el 67 % de ocupaciones en el país se encontraba en riesgo de ser automatizadas.

Transitar hacia un nuevo estado de normalidad pospandemia requiere implementar una agenda humana desde el presente y el futuro. En el presente resulta indiscutible utilizar la mejor cantidad de recursos para combatir la pandemia, pero también para asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de las familias salvadoreñas, sin descuidar el estado de la salud mental dentro de los hogares. Por otro lado, el país no puede ignorar los efectos que nuestras decisiones económicas y sociales presentes marcarán en el futuro de las próximas generaciones, entre estos una recuperación lenta de los ingresos perdidos durante la crisis.

El Salvador pospandemia dependerá de las decisiones que tomemos en los próximos meses. Esto significa, en primer lugar, considerar los impactos futuros de la respuesta actual a la pandemia y, posteriormente, de la apertura económica. Desde un punto de vista proactivo, el país tiene la oportunidad de tomar decisiones que no solamente nos permitan adaptarnos al virus, sino también invertir en el recurso más importante que tiene este país ante la automatización: su gente. Bajo la perspectiva de un futuro cada vez más automatizado y precavido ante un nuevo virus, vale la pena cuestionarse dónde y en qué trabajará la futura fuerza laboral de este país: las niñas y niños de El Salvador. En este contexto, resulta irrenunciable continuar invirtiendo en el desarrollo de capacidades que garanticen, en el futuro, un empleo decente y competitivo que brinde prosperidad a las familias salvadoreñas.

La manera más rentable para lograr esto es a través de una agenda humana que priorice, como mínimo, la implementación de una política social con niveles de inversión efectivos en las distintas etapas de la vida. Y dentro de esta política, El Salvador debe impulsar intervenciones relacionadas al desarrollo infantil temprano, que no solamente permiten transformar de mejor manera los trayectos de vida, sino que proveen las mejores herramientas humanas para adaptarse a la época de la automatización. Uno de los ejemplos más claros es el caso de los países nórdicos, quienes no solamente invierten cerca del 1 % de su PIB en los primeros 3 años de vida, sino que también otorgan mejores licencias de maternidad y paternidad e implementan programas garantizan estimulación temprana para un desarrollo cerebral efectivo. En comparación, El Salvador invierte el 0.03% de su PIB.

Las medidas de cuarentena domiciliar han requerido que los padres y cuidadores asuman nuevos roles dentro de sus hogares, tanto para garantizar la salud de sus hijos, como para ser partícipes de los procesos de educación a distancia. Esto abre la oportunidad de reconocer formalmente el trabajo de cuido dentro de los hogares y ofrecer herramientas y programas para que la generación actual de niños reciba un servicio de calidad dentro de sus hogares, con programas y prácticas adecuadas. Ante la interrogante sobre cuánto durará un nuevo estado de normalidad, valdría más la pena preguntarse y decidir cómo obtendremos el mejor provecho de este. Hoy más que nunca, es primordial que la agenda humana de El Salvador pospandemia no deje a ninguna generación atrás.

Jaime Ayala es economista graduado de la Escuela Superior de Economía y Negocios. Ha colaborado en el diseño de propuestas de políticas públicas con enfoque de ciclo de vida  y posee experiencia como consultor para agencias e implementadores de fondos de cooperación internacional. También acumula trabajo como investigador y asistente en temas de sustentabilidad, prevención de violencia, transparencia y desarrollo humano. Foto: Fred Ramos.
 
Jaime Ayala es economista graduado de la Escuela Superior de Economía y Negocios. Ha colaborado en el diseño de propuestas de políticas públicas con enfoque de ciclo de vida  y posee experiencia como consultor para agencias e implementadores de fondos de cooperación internacional. También acumula trabajo como investigador y asistente en temas de sustentabilidad, prevención de violencia, transparencia y desarrollo humano. Foto: Fred Ramos.

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Columnas Mon, 29 Jun 2020 11:27:11 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24593/Decisiones-impostergables-para-El-Salvador-pospandemia.htm
Diario de un doctor que se enfrenta a la pandemia en primera línea http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_1996_1332/images%7Ccms-image-000033967.JPG http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24581/Diario-de-un-doctor-que-se-enfrenta-a-la-pandemia-en-primera-línea.htm Estos son los diarios de un médico internista del Seguro Social que se enfrenta a la pandemia de covid-19. Son un retrato vívido de las angustias y los trajines de alguien que está en primera línea, bregando con una enfermedad que hasta hace unos meses era desconocida. El doctor Benjamín Pompilio Coello es médico internista del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) y trabaja en primera línea de atención a pacientes con diagnóstico o con sospecha de haber contraído covid-19. 

La carrera profesional del doctor Coello está íntimamente relacionada con el ISSS, donde completó su especialidad como médico internista entre 1994 y 1996, para incorporarse posteriormente al staff de doctores de planta. En 2014 fue nombrado subdirector de salud, hasta abril de 2016, fecha en que dejó de trabajar en la institución. Fue recontratado posteriormente en 2018 como médico internista del hospital Zacamil, aunque realiza turnos nocturnos y de fines de semana en el hospital general del Seguro Social. 

Desde inicios de junio de 2020, el doctor Coello comenzó a escribir una especie de diarios de campo a los que tituló con sobriedad “Anécdotas de una pandemia” y que publicó en su propia cuenta de Facebook. En ellos narra sus propias vivencias y las de sus colegas en el combate cotidiano contra el virus que ha postrado al mundo.

Sus diarios son una narración íntima, llena de frustración, cansancio y tesón. Coello asegura que son un retrato de las circunstancias que vive la totalidad del personal de salud pública del país.

El Faro retomó sus diarios, con alteraciones mínimas, y bajo la autorización explícita del médico, para publicarlos en esta pieza. Los relatos del doctor Coello comprenden el período entre el 4 y el 23 de junio.

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Miembros de Comandos de Salvamento atienden a un paciente, frente a la puerta de emergencia del hospital Rosales, la noche del 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Miembros de Comandos de Salvamento atienden a un paciente, frente a la puerta de emergencia del hospital Rosales, la noche del 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Jueves 4 de junio. “¿Y si no te vuelvo a ver?”

Estoy transcribiendo las indicaciones de los pacientes positivos o sospechosos de Covid-19 en lo que hasta hace dos semanas era un consultorio de pediatría y hoy es una especie de centro de comando de médicos y enfermeras. Nuestra emergencia es ahora un área contaminada y medianamente aislada. Somos la primera línea de choque. Allí recibimos todo lo que huela al virus más conocido del mundo: fiebre; diarrea y fiebre; fiebre y tos, y dificultad para respirar; ese temido cansancio que hace saltar a todos, correr, tener miedo, protegerse y respirar hondo, si es que se puede respirar hondo debajo de las mascarillas, las caretas y el temor.

Estoy transcribiendo las indicaciones cuando llega una colega, asustada y agitada, y me dice: "¡Doctor! ¡Voy a pasar un paciente a la máxima (urgencia)!". Ella es médico general, y yo soy el especialista oficial de la emergencia.

El paciente es un adulto mayor, 74 años, gordito, cansado. Es incapaz de avanzar caminando desde la puerta hasta la recepción, y tengo que sacar una camilla de máxima urgencia para salir al encuentro. "¡Satura 76!", grita la colega de puerta (una medida del grado de la falta de oxígeno en sus tejidos). Apenas oye. Jadea. Usa una mascarilla quirúrgica casi desecha, que le dificulta más respirar, la cual retiro de inmediato. Sus manos y sus labios se ven de un tono morado, y se estremece al respirar. Le colocamos una máscara que le suministra oxígeno, y se aferra a ella con las fuerzas que le quedan. Intenta decir algo, pero le aconsejo que no hable, que respire, que viva. No tolera estar acostado, así que le acomodo el respaldo de la camilla para que permanezca sentado, mientras corremos de prisa a la máxima urgencia. Una enfermera le coloca rápidamente un catéter en una vena en su mano izquierda, toma muestras de sangre de venas y arterias, y cumple los primeros medicamentos.

Afuera está la esposa. Tiene miedo. Me cuenta que don Juan (nombre ficticio) tiene una semana de tos, fiebre, diarrea y vómitos. Tiene tres días de que le falta el aire y al fin acepta ir al hospital. "No quería venir, porque decía que lo iba a dejar morir aquí, y ya no podría verlo", solloza ella. Pregunto si han estado cumpliendo la cuarentena, y dice que su esposo ha salido un par de veces al mercado a hacer las compras. Trabajó como motorista en el Ministerio de Educación y viven de su pensión de hambre. No han recibido subsidio del gobierno ni canasta alimentaria. Viven solos y fue él quien salió de casa, porque no quería que ella contrajera el virus. Después de 51 años años de vida juntos, se protegen uno al otro como pueden.

La radiografía muestra ese daño severo en los pulmones que rogaba a Dios no ver. Mientras analizo la radiografía y los resultados de sus análisis sanguíneos siento que una loza pesada me destroza el ánimo. Todo pinta mal. Muy mal.

Unos minutos de oxígeno hacen milagros. El tono de su piel ha mejorado y es capaz de hablar. "¿Qué tengo, doctor? ¿Es el virus?", pregunta. Y yo trato de explicar de la manera más sencilla y benevolente que eso parece. A falta de pruebas, asumimos que lo es, aunque no cuente en las estadísticas oficiales. "No quiero morir aquí", dice con voz suave, y yo finjo no escuchar.

Cuando tenemos todo listo para su ingreso, le indico a doña Rosa (nombre ficticio) que pase a despedirse y sacar sus cosas personales: Él se quita el anillo de matrimonio y ella se lo coloca en su dedo como quien coloca un bebé dormido en su cuna.

-¿Y si ya no te vuelvo a ver? -pregunta él.
-Dicen que aquí no se te puede visitar -dice ella-, pero yo te voy a venir a espiar.
-No vayas a andar saliendo, que te vas a enfermar -dice él.
-No hables mucho y cómete todo lo que te den -contesta ella.

Doña Rosa se acerca, abraza como puede a su esposo, y dice algo en voz baja que no alcanzo a escuchar. Luego intenta mostrarse fuerte y se despide diciendo: "Vas a estar bien". Pero cuando sale, tiene los ojos llenos de lágrimas y la angustia la hace respirar peor que él. Y antes de que yo pueda decir algo, me suplica que cuidemos de don Juan, pues es todo lo que le queda en la vida... "Si se me muere, no lo voy a poder enterrar"...

Hoy ha sido otro día difícil. Después de tanto tiempo, no he podido asumir la muerte como debería. Como médico, además de aliviar el sufrimiento físico, debo aliviar también el sufrimiento emocional, y creo estar perdiendo esa batalla.

 

Personal médico del hospital San Rafael, en el municipio de Santa Tecla, observan hacia la plaza principal, donde un grupo de jóvenes realizaban una campaña de oración, el 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Personal médico del hospital San Rafael, en el municipio de Santa Tecla, observan hacia la plaza principal, donde un grupo de jóvenes realizaban una campaña de oración, el 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Lunes 8 de junio. Sólo un médico.

Estoy en la guardia diurna del fin de semana en el hospital insignia del Seguro Social. Esta vez, en la emergencia "normal" (es decir, para pacientes sin sospecha de covid-19). Se supone que allí el estrés y el ritmo de trabajo es distinto, pero no es así. El protocolo exige nivel de protección 2 –mascarilla quirúrgica, gorro desechable, gafas protectoras y gabachón de tela–, pero los colegas usamos lo que tengamos a nuestro alcance: caretas protectoras, mascarillas N-95, guantes, hasta botas especiales algunos... Es que, definitivamente, en medio la epidemia, en nuestros hospitales ya nada parece normal.

Asistir a mi turno me genera toda clase de emociones: satisfacción, ansiedad, valor, compasión, incertidumbre, frustración, orgullo... Trato de darme ánimo imaginando que la gente me ve con admiración por las calles rumbo al hospital; pero ¡qué va! Las calles están vacías a esta hora temprana de domingo, y los que andan por allí igual que yo, seguro que tienen también sus propios demonios con los que luchar... Así que conduzco, me estaciono y ya. No fue difícil, No será difícil tampoco hacer lo que más me gusta.

En mi lugar de trabajo, con toda la vestimenta extraña por fuera y toda la adrenalina dentro, voy viendo toda clase de pacientes y molestias: dolores abdominales, azúcar alta, dolores de cabeza, molestias urinarias, vómitos intratables, mareos insoportables... Hasta que más temprano que tarde recibo a una mujer de mediana edad, enfermera, destacada en este mismo hospital, que tiene palpitaciones y dolor en el pecho. La entrevista no tarda mucho en enfocarse:

-¿Desde cuándo tiene dolor en el pecho? -pregunto
-Tengo dos semanas de tenerlo; pero desde hace tres días me ha empeorado -responde ella.
-¿Y no siente que le falta el aire cuando hace algún esfuerzo físico? -agrego.
-Sí, siento que me falta el aire, pero sobre todo por las noches.
-¿Duerme bien?
-No, doctor. Llevo varias noches sin dormir.
-¿Y cómo está el apetito?
-¡Mal! No estoy comiendo nada.
-¿Se siente triste?...

La última pregunta es obvia; a medida que voy interrogando, noto como su semblante ha cambiado, sus ojos se humedecen, baja la mirada y hasta el tono de su voz se vuelve trémulo...

-¡Se siente triste?- insisto.

La respuesta es llanto franco. Allí no tengo ni un pañuelo desechable que ofrecerle, sólo trato de verle con la mirada más compasiva y las palabras más amigables que me brotan: “No es la única, no sienta pena. Todos estamos mal...”

Rápidamente me cuenta la tortura que es para ella trabajar en medio de los pacientes de covid-19, aún de los que no lo son. Tiene pánico de regresar a su casa y acercarse a sus hijos adolescentes y contagiarlos. Alguna vez ha percibido la discriminación de los vecinos porque temen que ella sea portadora. Hace tres días falleció su compañera y amiga, enfermera, con quien compartió la mitad de su vida en ese mismo hospital en tantas jornadas interminables de desvelo y entrega a sus pacientes, contagiada de covid-19. Y a estas alturas, no sabe si ella será la próxima...

En ese momento me es difícil ser sólo un médico. Puedo dar un tranquilizante y ya. Pero yo también soy humano y la entiendo. Siento las mismas cosas que ella. A veces me faltan las fuerzas y flaqueo, y hasta soy grosero con las gentes a mi alrededor. También soy cristiano y le comparto mi fe, esa confianza que en Cristo todo puede soportarse, y que confiando en Él se halla la paz, después de toda esta tormenta infinita, después de la rabia y las lágrimas, después de todas las emociones humanas imaginables, también hay paz...

Sé perfectamente que este virus no es sólo una cuestión infecciosa. Allí, en una emergencia normal que no tiene nada de normal, en las entrañas de esa batalla terrible entre la vida y la muerte, puedo ver cómo va minando el aliento, la respiración, el carácter, el ánimo, la tolerancia, la fe. Y por momentos siento que no puedo contra todo eso. Ejerciendo la profesión que es mi pasión y mi vocación, siento que no puedo sólo. Así que llego a casa a orar, por mí y mis colegas, mis compañeros de profesión, enfermeras, ordenanzas, camilleros, terapistas, laboratoristas, recepcionistas, pacientes, todos, para que Dios tenga compasión de cada uno. Amén.

Viernes 12 de junio. ¿De qué están hechos los héroes?

Hoy es viernes. Ha sido una semana difícil, con altibajos, con momentos de tensión y momentos de recobrar ánimos, como cuando se logra dar el alta a algún paciente recuperado. Los días pasan y la fatiga se acumula. Pero la disposición no falla.

Llego puntual a recoger la vestimenta especial y los implementos de trabajo. Ya está casi todo el personal de este turno, y la jefe de enfermeras da indicaciones:

-¿Quienes van a entrar hoy?

Los programados levantan la mano rápidamente. Algunos ya se están colocando los trajes. La gente no se amilana y pone todo de su parte.

-Tenemos un fallecido de las 6 am. Urge mover el cadáver, así que a apurarse.

Suena feo, pero en las precariedades de equipo y espacio en que hemos quedado inmersos a medida que la epidemia crece en nuestro hospital, cada cama y cada monitor cuenta. Me toca revisar el censo de pacientes, los fallecidos, las altas, los traslados, los ingresos, los delicados, los críticos, los estables. Debo revisarlo todo muy pronto, para organizar el trabajo y repartir esfuerzos. Un par de enfermeras van saliendo de la sala de aislamiento y cuentan que "estuvo feo". Se les ve agotadas. Pero todos sabemos que estarán allí de nuevo cuando les toque en el plan de trabajo, como si nada, o como si todo, pero igual. Estamos allí, y todo lo que hacemos es vital para ayudar a evitar los efectos colaterales de la epidemia.

No ha pasado ni una hora cuando llega el fatídico aviso: "¡Hay una máxima!". Por fortuna, hay más colegas especialistas que pueden acudir, así que termino mis labores en el centro de comando instalado provisionalmente en un consultorio de Pediatría. Pero no han pasado 20 minutos cuando llega otro aviso: “¡Hay otras dos máximas!" Toca correr... Esto apenas comienza...

En la sala de máxima urgencia hay dos pacientes: un hombre (que ya recibe atención y se ve más o menos estable) y una señora que recién ingresa, con la piel morada, fría e impregnada de sudor. Parece pez fuera del agua, y repite con voz muy suave: "¡me muero!". Necesita oxígeno, pero el único empotrado al oxígeno central está ocupado por el paciente de la par, así que toca improvisar: el cilindro portátil de oxígeno para transporte de pacientes es nuestra salvación, y la suya, pues le suministra el aliento de vida casi perdido en la batalla con el virus. En el frenesí y la adrenalina del momento todos somos de todo: yo tomo una vena y las muestras sanguíneas, el enfermero acondiciona el único monitor para dos pacientes, mi colega especialista es el secretario que llena boletas. Todo es tan rápido para nosotros, pues los segundos cuentan, y entre más pronto comencemos el protocolo de tratamiento, más esperanzas tenemos de vencer. Nadie tiene otra cosa más en la cabeza: tenemos que evitar que se nos vaya. Nadie se queja de las precariedades, nadie objeta hacer lo que no le toca. Somos equipo y estamos allí para lo que estamos.

La tercera máxima es un colega, médico familiar, a quien aprecio muchísimo. Me golpea el ánimo verle así, indefenso, del otro lado. Me cuesta verle como paciente y las emociones me inundan. Es un gran profesional, es una persona recta, es médico de vocación. No se merece esto. Pero hoy le tocó a él y mañana seré yo. En el equipo de salud lo sabemos y lo asumimos. Es el precio de ejercer esta profesión, es lo que nos enorgullece, es lo que nos motiva.

Los pacientes siguen llegando y, sin darnos cuenta, hemos atendido cuatro máximas urgencias en pocas horas. Antes que podamos recobrar el aliento, se escucha en los parlantes del hospital: "¡Código 1 en máxima urgencia! ¡Código 1 en máxima urgencia!". Y es otra vez correr, dar maniobras de resucitación (la paciente viene casi fallecida), establecer en la marcha el equipo de paro –“¡Dirija usted, Dr. Flores!”–, asegurar vía aérea, la rutina del ACLS tantas veces aprendida y ensayada, hasta agotarlo todo, para nada. Se declara fallecida después de todos los esfuerzos, allí, con los familiares de espectadores, con la tensión que ello representa. Todos lloran, pero uno de ellos, el mayor, nos da las gracias. Nos ven agotados, tristes también, y lo agradece. Y no sabe cuánto nos reconfortan sus palabras, porque, en silencio, necesitamos de esas palabras para resistir.

Así es: la muerte ronda nuestras salas y nuestros pasillos. No sabemos hasta cuándo. Falta mucho aún para que la tormenta amaine, pero estaremos todos allí mientras podamos. Veo a mis colegas y al resto del personal cada día, y no puedo dejar de sentir orgullo de estar allí junto a ellos. No sé lo que signifique para los gobernantes de turno la palabra héroes, pero para mí son más que eso. En estos momentos tan duros y agotadores, he podido ver de qué realmente están hechos.

Lunes 15 de junio. Juan.

Don Juan, ¿recuerdan?, mi paciente de hace una semana falleció este día a las 4:00 am. Luchó aferrado a un ventilador de transporte hasta que se le vencieron las fuerzas... Hizo una falla renal terrible y al final su corazoncito se doblegó. Todos los días venía al hospital con la ilusión de verle salir bien, pero los designios de nuestro Señor son otros... Su corazón ya no dio más y el mío también se parte un poco. No tuve valor de avisarle a su esposa... Lo siento.

Martes 16 de junio.  El oxígeno.

Hace qué, ¿cuántos, cuatro días?, tuvimos un día fatigoso, física y mentalmente en nuestra emergencia. Varias máximas urgencias en pocas horas, varias demandas de temple, autocontrol, sobreesfuerzo y vocación, de golpe, para medir la voluntad y la entrega del equipo. Cada paciente que recibimos y atendemos, cualquiera sea su condición, nos hace sentirnos útiles, nos hace renovar energías...

Ayer fue un día un poco más tranquilo. Pero nuestros pacientes no todos mejoran como desearíamos. Algunos, por el contrario, van perdiendo la batalla, van perdiendo el aliento, van quedándose sin fuerzas. Ayer salimos del hospital preocupados, a sabiendas de que si alguno de ellos empeora, estaremos atados de manos, en nuestra grave escasez de equipos e insumos, como para darles soporte vital.

A pesar de que tengo poco tiempo de estar en este hospital, el esfuerzo de todo el equipo me ha hecho sentirme fuertemente unido a ellos. Gente que pone el servicio al paciente antes que su propio bienestar es gente con la que me identifico plenamente. En medio del ajetreo, en el afán cotidiano, en el trabajo solidario de cada uno, no tengo dudas: soy uno de ellos. Así que, aunque los días pinten difíciles, pueden más las emociones que el cansancio, y nos encaminamos a nuestro trabajo dispuestos a darlo todo. Mi esposa está a cargo del triaje (selección) en la emergencia covid-19; usa equipo de protección nivel 2 como la mayoría. Y sabedora de que ésta no sólo es una epidemia viral, sino tremendamente emocional, recibe a cada paciente, le dedica tiempo, le examina, le organiza en su espera, aunque no le quede ni un minuto de descanso, para que la ansiedad del paciente disminuya a su llegada. Ella es la que, además, da la voz de alarma cuando hay una máxima urgencia. Sabe que tenemos poco margen de maniobra, porque a diferencia de otros hospitales del ISSS destinados para pacientes exclusivamente Covid-19, donde reciben un número determinado de pacientes y ni uno más, acá no podemos dejar de recibir a ninguno.

Al llegar a la emergencia encontramos lo que tanto hemos temido: ya no tenemos camillas en el área de aislamiento; hay tres pacientes en malas condiciones en la máxima urgencia sin poder ser ingresados, y ya no hay de dónde tomar oxígeno para un solo paciente más. El estrés es enorme. Lamentamos, maldecimos, nos resignamos, pero los deseos de ayudar nos obligan a todos a "rebuscarnos": un par de cilindros de oxígeno en sala de operaciones, una camilla de sala de procedimientos de partos, un manómetro de oxígeno de terapia respiratoria, todos son un botín incalculable. Serán pocas cosas, pero ya no tenemos las manos vacías. Porque el paciente de más ya está allí, jadeando, sentado, con su gorra amarilla, su camisa gris, su pantalón de lona y sus sesenta y tantos años escapándose en cada jadeo... Y tras él, el siguiente, de 45 años, y otro más…

Dios quiso esta vez que varios de los hospitalizados se hayan recuperado para poder darles el alta. Ello nos permitirá ingresar este excedente de pacientes y solventar, por un momento, la necesidad de fuentes de oxígeno. Aunque a esta hora, ya tenemos otra vez tres pacientes en la máxima urgencia sin poder ingresarlos. Poco a poco, la epidemia nos va ganando, a pesar de nuestros esfuerzos por conservarles la vida a todos los que acuden a nosotros, la epidemia nos va ganando el pulso. Con varios colegas enfermos y graves, los que vamos quedando seguiremos dándolo todo, hasta donde Dios nos lo permita. "Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán". Isaías 40:31

Jueves 18 de junio. Cuestión de horas.

Ayer fue día del padre y la epidemia nos rebasó ya de largo. No es necesario preguntarle a nadie, pero intuyo que éste ha sido el día del padre más triste de nuestra historia: sólo en lo que va del mes, en nuestras instalaciones han fallecido más pacientes que en todo el año pasado; en su mayoría, hombres de mediana edad. Y, como ya es costumbre, nos recibe el recuento de bajas: tres pacientes sólo en la jornada nocturna.

Estamos en la penosa tarea de apurar los trámites y la papelería para el descargo de los cadáveres, y una enfermera exclama:

-¡No se lleven el expediente del fallecido de la (cama) 14!
-¿Por qué?- replica alguien.
-Porque ese señor, antes de que se pusiera peor y lo intubaran (colocarlo en un respirador artificial), hizo una nota para su familia... Allí la pusimos en el cuadro...

En medio de todo el bullicio y el trajín del centro de comando, se hizo un silencio sobrecogedor. Por unos breves segundos nadie dijo nada. Es nuestro pequeño homenaje a todos los pacientes que se nos han ido, y a todos los que aun luchan contra la muerte en nuestra presencia.

Una carta escrita por un padre y esposo moribundo, despidiéndose de sus hijos de la manera más tierna. No tienen idea lo doloroso que es para todos.

* * *

Viernes. No he terminado de llegar, y una enfermera me pide hablar con una colega suya, pues su esposo está ingresado allí en condición grave, y quiere saber si puede hacer algo para ayudarle. Me cambio la vestimenta y salgo a hablar con ella: es una cipota y está angustiada, terriblemente angustiada.

-Soy el Dr. Coello. ¿En qué puedo ayudarle?
-Doctor, mi esposo está ingresado en la cama 21. Dicen que no hay medicinas de las que necesita (ya no tenemos antirretrovirales); ¿será que si las compro y las traigo se las pueden dar?
-Si usted consigue medicina para su esposo por supuesto que se la daremos. Pero es casi imposible obtenerlas en las farmacias, son medicamentos que se compran a través de organizaciones como OPS o Naciones Unidas.... Pero dígame, ¿qué edad tiene su esposo?
-43 años.
-¿Y su esposo padece de alguna otra enfermedad?
-¡Sí! Es diabético tipo 1, usa insulina desde niño…

Escuchar eso me descorazona un poco, pues los pacientes con comorbilidad tienen peor pronóstico. Pero trato de darle ánimo:

-Su esposo tiene una ventaja, está joven, y las personas jóvenes resisten mejor estas enfermedades. Ore, pida a Dios con fe, y espere en Él; pida misericordia para que pueda estar en casa..
-¡Sí, doctor! ¡Estamos orando! Toda la iglesia está orando por él. Yo sé que va a salir, pues tiene por quién seguir viviendo: tenemos una niña de 40 días de nacida (dice con lágrimas en los ojos) y él estaba loco con la niña.

Allí no sé qué más decir.

No es agradable, definitivamente, comenzar así el día. No puedo dejar que las emociones me embarguen. Hay tantas responsabilidades que cumplir, y todo es urgente. Cada tarea que hay que hacer pareciera que es muy tarde. De hecho, gran parte del trabajo cotidiano ha tenido que ser improvisado, y en el cenit de la crisis, a veces siento que hemos sido abandonados a nuestra suerte. Cunde la ansiedad, el temor, la incertidumbre. Pero los pacientes llegan sin cesar. Y para hacerlo todo más difícil, este día tendremos que laborar sin trajes nivel 3, pues ya se agotaron y nadie vende en este país, y en su lugar lo haremos con vestimenta equivalente, digamos nivel dos y medio.

Algunos colegas se niegan a entrar al área de aislamiento, que en realidad es un área de observación reconvertida en sala de hospital, pues tienen temor de contagiarse o contagiar a sus familias. Y los entiendo. A estas alturas la cantidad de colegas positivos, enfermos, hospitalizados y críticos es inmensa. Pero no comparto esa decisión. Si estudié esta profesión es para esto. Tengo temor, por supuesto que sí, pero ningún paciente tiene la culpa de las carencias de nuestros hospitales. Y mi deber es estar allí y atenderlos. Y como cristiano, debo estar dispuesto a poner mi vida por mi prójimo, por amor a Cristo, y sólo para su gloria. De todas maneras ya estaba muerto, y con su muerte en la cruz Él me dio vida eterna.

Usar esta otra vestimenta también tiene sus ventajas, sofoca menos. Entramos junto con otra colega, y el panorama es desolador. Un paciente agoniza en la cama 6. Es un hombre corpulento, con la mirada perdida y jadeando desesperadamente. Rápido, indico una dosis baja de sedación, pues en su agonía está agitado, lo que vuelve su respiración menos eficiente. Le hablamos y le adecuamos el respaldo y la máscara –no hay respiradores disponibles– y lo pasamos a la habitación más alejada, pues el espectáculo es groseramente cruel para el resto de pacientes a su alrededor. Allí parece respirar un poco más tranquilo, pero yo sé que es cuestión de horas...

La señora de al lado suyo (antes de moverlo) está fallecida. Estaba conectada a un respirador, pero no resistió. Reviso el monitor, reviso pulsos, y no hay nada. Apago el monitor, el respirador y las bombas de infusión. Las enfermeras colocan biombos para aislar un poco. Aún quedan cinco pacientes más en esta sala, y todos ellos tratan de no mirar. Y yo trato de actuar con naturalidad.

La paciente de la cama uno es una señora mayor, y está muy mal. Ya recibe el máximo de oxígeno posible por su mascarilla, y satura 86%. Dice que no ha logrado dormir, y que le duele la espalda (el uso incesante y extraordinario de todos sus músculos para respirar ya se siente). Justo enfrente está otro paciente un poco mayor, aunque parece en mucha mejor condición que ella; satura bastante bien, aunque con dosis altas de oxígeno. Cuando me acerco me dice que su hermana es la señora de enfrente, y es verdad: tienen los mismos apellidos. No había reparado en ello. Me pregunta por su hermana, me dice que como ella está muy mal no se ha dado cuenta de que él también está allí. Ha escuchado decir que no hay algunas medicinas, así que me suplica que, si hay necesidad de escoger pacientes para administrarlas, que se las pongamos a ella, y me pide un último favor: que le diga a su hermana que no está sola...

Al terminar en esa sala me dirijo a la siguiente. El paciente de la cama 21 acaba de fallecer también: es un hombre de 43 años, diabético tipo 1... ¡Dios, dame fuerzas!

* * *

No escribo este diario para que me feliciten o para que me tengan lástima. Y, aunque necesito de las oraciones de cada uno por mí y mi familia, y lo agradezco infinitamente, también creo que las personas deben saber lo dramático de esta epidemia. Es cruel e implacable. Yo, que durante tantos años he presumido de tener temple y carácter, me siento impotente. Y lo hago también porque necesito expresar lo que siento; mi corazón se estruja día a día, y desahogar con ustedes también me consuela. Dios bendiga a cada uno por su apoyo. Y yo también les suplico que oren por nuestro país, que El Señor tenga misericordia de nosotros.

 

Personal médico del hospital San Rafael, en el municipio de Santa Tecla, observan hacia la plaza principal, donde un grupo de jóvenes realizaban una campaña de oración, el 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Personal médico del hospital San Rafael, en el municipio de Santa Tecla, observan hacia la plaza principal, donde un grupo de jóvenes realizaban una campaña de oración, el 18 de mayo de 2020. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Martes 23 de junio. Vulnerable

Hace tres días comencé a sentirme mal. Y no es el ánimo, que tiene sus altibajos, que me hacen depender constantemente de mi fe, sino mi cuerpo. Las molestias que ninguno de los que estamos allí deseamos para nosotros ni para nadie, porque hacen presagiar lo peor. La epidemia nos ha mostrado su poder mortal, día tras día, con cada paciente que fallece, y allí, indefensos e impotentes, todos nos sentimos vulnerables, infinitamente vulnerables.

Fue sin previo aviso. No he tenido fiebre, no he perdido el olfato, no he estado tosiendo. Si acaso mucha fatiga física –lo cual consideraba consecuente al esfuerzo de todos los días– pero ninguna señal de alerta para tomar previsiones. Y de la nada, un fuerte dolor de cuerpo, y cierta dificultad para respirar con la más mínima actividad física. Del baño a mi cama, un trayecto de pocos pasos, me hizo sentir esa sensación de falta de aire de subir a una cumbre. Fue algo transitorio, pues recostarme en la cama me hizo recobrar el aliento, pero también me hizo despertar mis suspicacias: soy internista, puedo discernir cuando algo no anda bien, y aunque uno no tenga certeza de un diagnóstico, sabe reconocer el peligro.

Estando en la emergencia del hospital en medio de mis pacientes covid-19, sospeché estar contagiado. Pensé en todos mis amigos y colegas que me antecedieron en su enfermedad; algunos han perdido la batalla, lo que incrementa el dolor y la angustia, algunos aún hospitalizados, aislados, solos, sin que podamos estar allí, a su lado, ayudando o dando ánimo. Esta epidemia es cruel, pues no sólo te hace desfallecer, sino también te aísla de tu familia y seres queridos. Se vienen tantas cosas a la mente con el menor síntoma, lo que hace más difícil lidiar con ello.

Me costó volver a conciliar el sueño de madrugada. Me era difícil hacerlo acostado. Logré dormir un poco con la ayuda de varias almohadas hasta quedar semisentado. Sentía cómo el aire fluía en mis pulmones, y sentía mi corazón palpitar con fuerza, pero logré dormir.

Intenté ignorar esa molestia al levantarme. Sin embargo, bañarme, vestirme, bajar las escaleras, me volvía hacer sentir lo mismo. Es incómodo. Y sin embargo no me impide hacer mis actividades cotidianas. Así que dispuse hacer lo de siempre, sin mucho esfuerzo. Pero el resultado es desconsolador: con la sensación de disnea (falta de aire) y además taquicardia (el corazón acelerado). Me puse un saturómetro en mi dedo (un aparato que mide el oxígeno unido a los glóbulos rojos en los capilares) y, aunque la saturación está bien, mi pulso llega a 100 por minuto. Definitivamente no estoy bien.

Ya me tomaron radiografías y exámenes. Inicié tratamiento para covid-19 este mismo sábado, y me he refugiado en casa, confinado en mi cuarto, en reposo absoluto, con mascarilla las 24 horas. Esta mañana acudí nuevamente al hospital, a mi hospital, para realizarme la prueba del hisopado. Fue descorazonador: al acercarme a la recepción para registrarme como paciente, vi ocho expedientes de pacientes fallecidos recién. Pasé por la máxima urgencia: seis personas aferradas a sus mascarillas, luchando por vivir. Hay 26 pacientes ingresados, todos graves. Ciertamente soy afortunado: mis síntomas me permiten caminar aún. Ellos están indefensos.

Me enviaron a casa para reponerme esta semana, a la espera de los resultados. Será una semana dura. No tanto porque tenga o no tenga el virus; en lo personal ruego a Dios tenerlo, curarme y quedar inmune. Pero las necesidades en el hospital son inmensas, cada vez hay menos personal disponible, los que están siguen dándolo todo; y siento que en casa soy inútil. Yo debo estar allí, sirviendo. Es lo que mis convicciones y mi fe me enseñan; es lo que pido al Señor me conceda: hacer su voluntad, no de la manera egoísta y cruel que nuestros dirigentes lo han hecho, sino de acuerdo a su ejemplo de amor al prójimo. 

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El Salvador Sun, 28 Jun 2020 17:08:34 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24581/Diario-de-un-doctor-que-se-enfrenta-a-la-pandemia-en-primera-línea.htm
Rica tiene que jugar a ser Ricardo http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033993.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/ef_tv/24591/Rica-tiene-que-jugar-a-ser-Ricardo.htm Rica Pineda es una mujer transgénero con una pasión: el sóftbol. Su habilidad la llevó de jugar en potreros y canchas improvisadas a jugar en el estadio oficial de sóftbol de El Salvador. Para que le permitan hacerlo, eso sí, debe sacrificar una cosa: al entrar al terreno de juego, debe dejar de verse como una persona trans. Esta es la historia de una atleta transgénero que busca abrirse paso en el deporte, en un país donde no puede ser reconocida legalmente como mujer.

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EF TV Sun, 28 Jun 2020 12:15:55 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/ef_tv/24591/Rica-tiene-que-jugar-a-ser-Ricardo.htm
Desde una prisión de Daniel Ortega http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033994.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24592/Desde-una-prisión-de-Daniel-Ortega.htm ¿Dónde están la paz y el amor que pregonan a diario en los medios de la dictadura? ¿Cuánto nos van a seguir quitando a costa de sus intereses miserables? Escribo estas palabras desde una celda en la cárcel nicaragüense de "La Modelo".

Casi todos me conocen como Tigrillo. Era estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería en 2018, cuando estallaron las protestas estudiantiles. Estaba terminando el quinto año de Ingeniería Civil y me expulsaron cuando me uní a las protestas. Casi muero allí esos primeros días, cuando la Policía me disparó a quemarropa. 

Luego me atrincheré en la UNAN Managua, donde estuve apoyando al puesto médico. De allí pasé a vivir como si me estuvieran cazando. Pude continuar mis estudios en la UCA, a pesar de complicaciones médicas producto no solo de la persecución en mi contra, sino también de las capturas frecuentes de otros compañeros. Los estudiantes hemos sido los más sacrificados en esta coyuntura.

Tengo 24 años y, al igual que muchos con los que ahora comparto encierro, nuestro único error fue haber crecido creyendo en la posibilidad de un país en donde tengamos oportunidad de salir adelante por nuestro trabajo y no por "el partido". Fui capturado el 28 de febrero de este año, tras un operativo de "inteligencia nacional". Pero no se las dejé fácil, pude mandar un SOS y avisar. Me acusaron de tráfico de drogas, un delito que no cometí, pero qué hacemos en el país de "la normalidad", además de correr el riesgo de que nos maten por creer en algo. Me condenaron a 12 años y 6 meses. 

Estoy en una celda con reos comunes, junto a acusados de violación, de feminicidio, de tráfico de estupefacientes, de robo. Aquí hay entre 18 y 24 reos por celda. Cocinamos sobre un ladrillo de barro con una resistencia. A veces nos dan 15 minutos de “sol”, pero casi todo el tiempo pasamos encerrados.

En los primeros días soñé con una "nube” (mensaje escrito en papel) que decía: "Ya logramos tu libertad". Al despertarme seguía preso tras estos barrotes oxidados. 

El encarcelamiento que ahora vivo es peor que el que nos reportaban los compañeros hace dos años. Han muerto presos en las diferentes galerías por “complicaciones respiratorias” o cualquier excusa, menos el virus. 

Las autoridades tomaron medidas, pero han sido tardías. Rocían con cipermetrina las celdas a diario, toman la temperatura y te fotografían; no hay consultas médicas, mucho menos medicamentos. Racionan la comida.

Desarticularon la galería de los viejitos porque murieron tres a mediados de mayo; improvisaron un indulto para liberar a los demás. La situación es tan grave que los mismos funcionarios del penal están falleciendo de covid-19, pero por necesidad los que quedan siguen trabajando. Ahora restringen las visitas y se ha limitado a un familiar por presidiario. 

El sistema nos afecta a todos por igual y está viciado por doquier. A los reos comunes los deja a mitad de proceso por largos períodos, los acusan e inculpan injustamente, les reducen los beneficios y si se los devuelven es para congraciarse con las familias, jugando con la dignidad humana. "La prisión también cambió desde 2018", le escuché decir a uno un día de estos. 

Mi papá murió tres semanas antes de que me capturaran. En mi última conversación con él me dijo: "Tenés grandes propósitos... Aunque nunca te voy a entender". Yo le refuté: “Ahí vas a tener mis dos cartones (títulos)”. Lo único que él quería era verme con un mejor futuro. Era mi héroe.

Lamentablemente a la "juventud, divino tesoro" de Darío le ha tocado pagar los platos rotos de los más longevos, como todo mal augurio en esta Latinoamérica; como Neomar Lander en Venezuela y Alvarito Conrado aquí. Una vez le dije a alguien que mi mayor miedo es "no ser suficiente". 

Días antes de ser apresado, casi muero ahogado con un amigo al que la crisis, los problemas y la depresión lo estaban matando. Habíamos ido a la costa para despejar la mente un poco y sonsacarlo de esas ideas destructivas. A cien metros de la orilla y hundiéndose en el agua, descubrió que quería seguir viviendo. Nos rescataron unos pescadores. Siempre intento ayudar a los míos en lo que pueda. 

A principios de este año me tocó llorar a la Valentina "Toretto", una compañera de lucha, con quien estuve en la toma de la rotonda Rigoberto López Pérez, frente a la UNAN, en 2018. Como ella escribió después, en aquellos primeros días de lucha, en aquella rotonda, creíamos que la dictadura agonizaba. Valentina se quitó la vida el 6 de enero de este año. Día de Reyes. Poco antes subió a su blog una carta de despedida, en la que escribió:

La verdad es simple: ya me cansé de sufrir y de ver sufrir. Ya no estoy esquivando balas todos los días en una barricada, y no concibo nada igual de importante que hacer… No veo plausible para mi país la libertad y la equidad social que se reivindicó con la anarquía en 2018. Soy realista. Estoy viviendo en una dictadura pero mi vida es mía, y no tengo por qué seguir soñando con los cadáveres que he visto. No quiero saber nada de reunioncitas de salón con discursos melosos; la moralidad performática de ese juego político se reduce a espejos del ego y anhelos de poder. Solo eso queda. 

Intento ahora ayudar a los chavalos en crisis, porque ha sido muy difícil para nosotros. Me envían mensajes, ellos allá afuera y yo aquí adentro. “Estás donde no deberías estar, pero fundamentalmente no estás”, me decía alguien en uno de esos mensajes. Pero aquí estoy.

Entre las peores cosas que he sentido es el dolor de que una vida se me vaya entre las manos, como cuando levanté a Chester Chavarría, en la Unan Managua, o una prima que dejaron morir porque, en julio 2018, en los hospitales públicos preferían darle la sangre a los heridos del Gobierno que a los pacientes de oncología.

¿Dónde están la paz y el amor que pregonan a diario en los medios de la dictadura? ¿Cuánto nos van a seguir quitando a costa de sus intereses miserables? El difunto Tomás Borge lo dijo: "Podremos perderlo todo, pero nunca el poder", ignorando que tres cuartas partes de la población votante es menor de 40 años, conscientes de todo lo ocurrido a la fecha. 

El día en que "limpiaron" la Unan, le dije al cardenal Leopoldo Brenes en la iglesia Divina Misericordia: “¿Qué vas a negociar con tu verdugo? ¿La manera en que te mata?” 

De entre los presos políticos han "priorizado" a unos 37 de los casi 100, por problemas médicos, nos han sacado a chequeos bajo la supervisión del Comité Internacional de la Cruz Roja. Pero en realidad solo es protocolo para asegurar que sus "monedas de cambio" estén vivos y "sanos". En una ocasión hablé con la encargada del Comité, quien me aseguró que venían porque las "autoridades" lo piden.

A cuatro meses de mi detención, nunca nadie me ha atendido por el déficit respiratorio, una costilla rota sin sanar completo, la luxación crónica del hombro y un charnel de escopeta que cargo conmigo en la sien izquierda, como remanente de esta lucha. 

No somos la moneda de cambio por la absolución de crímenes de lesa humanidad. Así se lo han querido vender al mundo creando una Ley de amnistía, ignorando tanto daño hecho. Tampoco queremos salir y vivir con miedo en un Estado policiaco, con patrullas a cada esquina. Para ser honesto, quiero que Nicaragua sea un lugar donde mis hijos no tengan que vivir lo mismo que yo.

Hemos intentado negociar nuestra liberación, pero también hay intereses de por medio. La empresa privada insiste en jugar un doble rol, no han querido confrontar con el régimen. El verdadero "paro nacional" jamás ocurrió, y no pueden decir que tienen demasiado que perder, porque sus activos dependen de sus empleados. En algún momento rendirán cuentas de sus negocios con el Gobierno y, como cita el refrán: unos a la bulla y otros a la cabuya. Los empresarios son otros que se han aprovechado de las circunstancias para su propio beneficio.

Hay más de cien mil nicaragüenses que fueron forzados a dejar su lugar, sin destino fijo, que han pasado dificultades, esperando poder retornar a casa, con garantías de no repetición y de que el Estado vele por ellos, ya que su seguridad es primero. Para lograrlo es necesario una memoria completa, justicia transicional, procesos de reconstrucción a todos los niveles, responsabilizar a los asesinos por el daño causado, reformas electorales y autonomía universitaria. De momento esto parece  una utopía, pero un día será de día.

Hoy le toca a nuestra generación hacer la historia. Desde la cárcel, ahora soy yo quien dice lo que antes, frente a otra dictadura, dijo Carlos Fonseca: ¡Yo acuso a la dictadura!

John Cerna is a Nicaraguan engineering student and one of the student leaders who participated in the revolt against the regime of Daniel Ortega that began in April 2018. Photo: AFP.
 
John Cerna is a Nicaraguan engineering student and one of the student leaders who participated in the revolt against the regime of Daniel Ortega that began in April 2018. Photo: AFP.
 
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Columnas Sun, 28 Jun 2020 11:51:31 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24592/Desde-una-prisión-de-Daniel-Ortega.htm
Imparable http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033992.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/el_farolero/24590/Imparable.htm La mirada de Otto al Día internacional del orgullo LGBTI El Farolero Sat, 27 Jun 2020 16:02:39 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_farolero/24590/Imparable.htm Juez de El Mozote envía inspectores a buscar los archivos que el Ejército niega http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000032849.JPG http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24589/Juez-de-El-Mozote-envía-inspectores-a-buscar-los-archivos-que-el-Ejército-niega.htm El juez del proceso por la masacre de El Mozote ordenó que se realicen búsquedas de archivos en ocho lugares, incluido el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, y el Archivo General de la Nación. A la base de la búsqueda está la sospecha de ocultamiento de información y el señalamiento de “irregularidades” en la documentación que el Ejército ya entregó al juzgado. El juez de Instrucción de San Francisco Gotera, Jorge Guzmán, ordenó el 15 de junio la realización de inspecciones en ocho archivos militares, para que los querellantes y expertos en archivos busquen planes militares y documentos administrativos relacionados con la masacre de El Mozote (1981), la mayor masacre de civiles de la guerra salvadoreña, con casi mil víctimas reconocidas en un censo oficial.

A petición de la querella, el juez ordena inspecciones en cuatro lugares en San Salvador: el ministerio de Defensa Nacional, el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, la Fuerza Aérea y el Archivo General de la Nación; uno en La Libertad, la Brigada de Artillería “Teniente Coronel Óscar Osorio”; uno en San Miguel, la Tercera Brigada de Infantería; uno en Morazán, el Destacamento Militar Número Cuatro; y en los archivos de la Unidad de Relaciones Públicas de la Fuerza Armada y el Comité de Prensa de la Fuerza Armada (COPREFA), de cuya ubicación el juez pide un informe al presidente Nayib Bukele.

La orden implica la búsqueda de los archivos del Batallón Atlacatl, y las brigadas militares de San Miguel y Morazán, y la Fuerza Aérea, implicadas en la masacre. Pero también se autoriza la búsqueda en otras unidades como los conjuntos I, II, III y IV del Estado Mayor, del Batallón Ramón Belloso, la Primera Brigada de Infantería, Coprefa y el Archivo General de la Nación. La lógica con estas otras, según el juez, es que la información “podría poner en evidencia una práctica sistemática de encubrimiento de violaciones a los derechos humanos” y “para confirmar o descartar un aparato de poder organizado que cumplía con la implementación de una política de Estado”. 

Rafael Bustillo muestra el Informe de la Comisión de la Verdad. Bustillo se retiró del juzgado de San Francisco Gotera, luego de dar su declaración durante las audiencias sobre la masacre de El Mozote. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Rafael Bustillo muestra el Informe de la Comisión de la Verdad. Bustillo se retiró del juzgado de San Francisco Gotera, luego de dar su declaración durante las audiencias sobre la masacre de El Mozote. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Los principales objetivos de la búsqueda son el “plan militar de la operación Rescate de 1981”, el nombre del operativo que terminó en la masacre, los “planes de operaciones militares en el país entre 1980 y 1984”, así como “planes militares de nivel nacional durante la guerra y sus anexos”. También se persigue “normativa militar durante la guerra”, tal como reglamentos y decretos ejecutivos o manuales de formación y de funciones; “Órdenes Generales del Estado Mayor”, “análisis de inteligencia militar”, “informes periódicos de operaciones, informes de supervisión y control de operaciones, disponibilidad de recursos para desplegar operaciones” y otros  “documentos administrativos vinculados” al operativo de El Mozote y otros cantones y caseríos aledaños.

Desde que se reabrió el proceso de El Mozote, en septiembre de 2016, la presidencia de la República ha respondido seis veces al Juzgado de Instrucción de San Francisco Gotera que no existen documentos de planes militares relativos al Mozote en sus archivos. 

Pero el juez no cree que no hayan archivos útiles resguardados por la Fuerza Armada. Tiene varias razones.

El 16 de febrero de 2018, comparecieron ante el tribunal el mayor Noé Pineda Martínez, jefe de Archivo General de la Fuerza Armada, y el coronel José Rolando Morales Belloso, jefe de Personal del Estado Mayor conjunto del Ejército. En su comparecencia, “dejaron claro la existencia de información pertinente y útil para la investigación y esclarecimiento de los hechos suscitados en El Mozote y sitios aledaños (...) en el Archivo General de la Fuerza Armada y Archivo General de la Nación”. El mayor Pineda dijo además que había “unas cajas con planes de guerra y planes de campaña”. 

Otra de las sospechas es por inconsistencias que parecen evidentes en la investigación. Por ejemplo, en la hoja de servicio (una especie de currículo militar) del coronel Domingo Monterrosa, no se registra su participación en la Operación Rescate de Morazán, en diciembre de 1981. Monterrosa era el comandante del Batallón Atlacatl, la principal unidad encargada de la masacre, y tanto testigos sobrevivientes como dos soldados que declararon bajo régimen de protección lo ubican físicamente durante el desarrollo de la masacre.

El juez Guzmán duda también de otras hojas de servicio. “Llama la atención que, en las hojas de servicio, únicamente aparece información que han participado en la operación Rescate militares que han fallecido y, por obvias razones, no pueden ser juzgados”, dice el juez.

Finalmente, el juez reiteró lo que ha señalado en otras resoluciones respecto a los archivos. Considera “del todo inexcusable” que una institución como el Ejército, caracterizado por el orden y la disciplina, no haya cumplido con su obligación legal de llevar registros de sus planes. El juez dice que, si en una unidad militar se registran hasta las entradas y salidas de personas, con mayor razón deben plasmarse en documentos las operaciones y campañas.

“Son inadmisibles las tesis de que los planes militares requeridos para esta investigación nunca existieron —dice el escrito— y que ‘la operación Rescate’ surgió de forma espontánea y en el territorio, en las mentes de los oficiales que las dirigieron, dibujando y esquematizando en improvisados papeles que luego fueron desechados, las posiciones y desplazamientos de las unidades militares que participaron”. 

Juramentación de peritos

Este 26 de junio, el juzgado de Instrucción de Gotera juramentó a los peritos Jorge Juárez Ávila y Fernando Rafael Díaz Alejandro, como colaboradores técnicos para que participen en las inspecciones de los archivos militares.

Juárez Ávila es salvadoreño, y doctorando historiador. Ha sido director del Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador, y coordinador de la Unidad de Investigaciones sobre la Guerra Civil (UIGCS). Mientras que Díaz Alejandro, también es salvadoreño y, según los atestados presentados al tribunal,  tiene ocho años de experiencia en archivística y gestión documental. Tiene un diplomado en Archivística y gestión documental del Instituto Técnico Salvadoreño de Archivo y Microfilm.

También estaba programada la juramentación de Velia Muralles Bautista, archivista guatemalteca, y representante del Archivo Histórico de la Policía Nacional (AHPN) de Guatemala. Muralles será la coordinadora del equipo de peritos archivistas. Sin embargo, los abogados de la defensa presentaron un incidente a su juramentación porque se iba a realizar de forma virtual, debido a que las fronteras nacionales están cerradas para extranjeros, por la pandemia de covid-19. La juramentación de Muralles se pospuso.

Durante la audiencia, los peritos Juárez y Díaz presentaron una propuesta de calendarización y metodología para las inspecciones que el tribunal evaluará.

El juez también ordenó que los peritos que ya son parte del proceso, Terry Karl y Clever Alberto Pino, brinden su opinión y asesoría técnica durante las inspecciones. Karl es, probablemente, la mayor experta en el mundo en archivos de la guerra salvadoreña y, además del caso de El Mozote, ya ha comparecido como testigo experta en Estados Unidos en los juicios por el asesinato de monseñor Romero, y procesos civiles contra el coronel Nicolás Carranza, el general Eugenio Vides Casanova y el general Guillermo García, este último imputado en la causa de El Mozote. Además, Karl es testigo experta en el juicio que desarrolla la Audiencia Nacional de España por la masacre de seis sacerdotes jesuitas y sus colaboradoras.

A petición del abogado defensor Roberto Girón Flores, el juez también nombró al General Nelson Iván Saldaña Araujo y al Mayor Óscar Alberto Quiteño Guevara, para que realicen un peritaje militar en la rama de Artillería. Girón Flores dijo al juez que el peritaje será sobre “el modo de operar de la artillería en el tiempo del conflicto armado, en especial en Morazán” y servirá para “establecer responsabilidades penales” en el caso. 

El episodio más reciente de la pelea por los archivos militares

La pelea por los archivos ha sido una de las taras del proceso. Todos los gobiernos de El Salvador, desde 1990 cuando se abrió por primera vez una investigación de la masacre, han negado que existan los documentos o se han rehusado a entregarlos, pese a la existencia de órdenes judiciales para su búsqueda.

Según el juez, las inspecciones se justifican por “la negación histórica a colaborar”, brindando información o abriendo archivos. De acuerdo con el escrito, esta renuencia “hace presumir la ocultación, alteración de registros, o tergiversación de alguna información que se ha proporcionado”.  

En la primera respuesta oficial del gobierno de Bukele, en noviembre de 2019, el presidente también dijo que no había archivos pero abrió la puerta a las inspecciones.  De esa última respuesta, el juez Guzmán señala que Bukele “autoriza el ingreso de personal de este juzgado y de expertos en la búsqueda de documentos en archivos militares”. 

Archivos sobre la masacre de El Mozote y lugares aledaños. Juzgado de San Francisco Gotera, en el departamento de Morazán. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Archivos sobre la masacre de El Mozote y lugares aledaños. Juzgado de San Francisco Gotera, en el departamento de Morazán. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Si los peritos logran ingresar a los archivos que resguardan esas oficinas y guarniciones militares, el Gobierno de Bukele se distanciará de los dos gobiernos del izquierdista FMLN. Tanto el ex presidente Mauricio Funes como Salvador Sánchez Cerén dijeron estar a favor del conocimiento de la verdad, pero terminaron aupando al entonces ministro de Defensa David Munguía Payés cuando este se negó a permitir el acceso a los archivos militares en investigaciones por otros crímenes investigados por la Fiscalía General de la República; o por resoluciones del Instituto de Acceso a la Información. 

Hasta que ocurran los peritajes, el Gobierno de Bukele solo ha respondido al juez como también lo hizo la administración anterior. Escritos de la secretaría de Asuntos Jurídicos de Casa Presidencial del 14 de diciembre de 2017, 17 de abril y 5 de diciembre de 2018; 25 de abril, 30 de mayo y 18 de noviembre de 2019 dicen que la información solicitada no existe. Todas las respuestas corresponden a la administración de Salvador Sánchez Cerén (FMLN), menos la última.

Una de esas órdenes más recientes vino en 2018, como parte de una resolución de seguimiento de la Sala de lo Constitucional a la eliminación de la ley de Amnistía. “La institución armada debe eliminar o evitar todos aquellos obstáculos o prácticas burocráticas que impidan el conocimiento de la información”, dijo la Sala, y reiteró que el ministerio de Defensa, el presidente de la República y el Alto Mando de la Fuerza Armada están “obligados a contribuir al esclarecimiento” de graves violaciones a derechos humanos.

No parece, sin embargo, que la realización de estas inspecciones vaya a ser un mero trámite. El Ejército en este nuevo Gobierno ya ha negado a la Fiscalía General y, más recientemente, en marzo de este año, al Instituto de Acceso a la Información Pública, acceso a sus instalaciones para buscar archivos, aún con la existencia de órdenes judiciales. 

El 3 de diciembre de 2019, el ministro de Defensa, René Merino Monroy, dio una entrevista que el juez cita en su resolución. “Vamos a poner a disposición toda información que requieran las autoridades competentes, siempre cumpliendo con la ley. (Pero) tenemos artículos de la Constitución, el 168, que nos obliga a nosotros a conservar alguna información que son planes de guerra, planes secretos”, dijo Merino. Según el juez, tal interpretación constitucional es “inadmisible” y contrasta con la apertura que ha mostrado Bukele.

El 1 de noviembre de 2019, el presidente Bukele prometió abrir los archivos militares. “Estamos por que se conozca la verdad en todo su espectro: de la A a la Z. Es más, si el juez nos pide de la A a la F, nosotros vamos a hacer hasta la Z”, respondió Bukele en una conferencia de prensa, a una pregunta de El Faro. El juez retoma esa frase y dice que, “por jerarquía”, la orden de Bukele debe imponerse a la interpretación hecha por su ministro de Defensa.

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El Salvador Fri, 26 Jun 2020 20:19:53 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24589/Juez-de-El-Mozote-envía-inspectores-a-buscar-los-archivos-que-el-Ejército-niega.htm
Un escritor que crea gobernando - Por Sergio Ramírez http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24588/Un-escritor-que-crea-gobernando---Por-Sergio-Ramírez.htm 360 grados Fri, 26 Jun 2020 11:59:16 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24588/Un-escritor-que-crea-gobernando---Por-Sergio-Ramírez.htm Un escritor que crea gobernando http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_114_2362_1689/images%7Ccms-image-000024217.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24587/Un-escritor-que-crea-gobernando.htm En la literatura se crean mentiras que deben ser creíbles. En la política se crean verdades que deben hacer creíble el oficio de gobernar. En julio de este año deberíamos haber celebrado el festival literario Centroamérica Cuenta en Guatemala, pero la pandemia paralizó nuestros planes, como tantas otras cosas en el mundo. De modo que decidimos tomar provecho del tiempo muerto de los encierros, y de la imposibilidad de verse cara a cara, creando un foro de conversaciones constante, al menos tres sesiones a la semana, que hemos llamado Autores en cuarentena.

Empezamos en marzo y a estas alturas hemos tenido ya 35 encuentros con más de 60 participantes de unos 20 países, entre escritores, periodistas, académicos, editores, libreros y traductores, que han visto más de 700 mil personas; y el programa previsto para el resto del año es intenso. Una experiencia muy rica que nos señala que la naturaleza de los festivales literarios ha sufrido un cambio sustancial, y que, en adelante, tendremos formatos de participación en vivo, en línea y una combinación de ambos.

La semana pasada tuvimos una variante bastante inusual en estos diálogos, cuando compareció el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, para conversar conmigo sobre literatura y política, y sobre su propia obra literaria, con la mediación del periodista Arturo Wallace de la BBC de Londres.

Se trata de un presidente que cuando ganó las elecciones en 2018 no fue sólo el más joven en la historia del país en alcanzar el cargo, con 38 años, sino que, además, tenía ya una carrera literaria en marcha, con tres novelas y un libro de cuentos publicados. Y cuando deje la presidencia al final del período de cuatro años para el cual fue electo, seguirá siendo un escritor joven, o un político joven, según su escogencia. Pero, en cualquier caso, podrá seguir creando.

Una de las cosas claves que dijo durante la conversación, de la que estuvieron pendientes 6 mil personas, es que para él la literatura y la política son formas de crear, aunque prefiere mantenerlos aparte como oficios: “ambas, la literatura y la política, son ejercicios creativos, transformadores, pero en frascos separados. A mí no me gusta necesariamente traslaparlos”.

La política como acción creativa, tal como él la explica, puede darse en un país como Costa Rica, donde la participación democrática se halla establecida de manera permanente, arraigada en las instituciones y en el espíritu de los ciudadanos. De manera que gobernar, según recuerda el presidente Alvarado, se convierte en un ejercicio constante de diálogo y transacción, de persuasión y búsqueda de consensos; es en eso que reside el carácter creativo de la política.

Del otro lado lo que queda es la imposición y el arbitrio, la falta de fiscalización de la acción pública y el ejercicio del poder desde la sombra, donde no se rinde cuentas y, por tanto, se engaña y se pasa sobre las leyes, o se compran las mayorías parlamentarias. No pocas veces se llega a confundir la artimaña del engaño y las formas de imponer la mano dura, con el talento político creativo. Pero es poca la inteligencia que se necesita para acumular poder en una sola mano, si faltan los escrúpulos, se reprime a los disidentes y se pone precio a las voluntades.

En la literatura se crean mentiras que deben ser creíbles. En la política se crean verdades que deben hacer creíble el oficio de gobernar. “Creo que la dimensión de la verdad y lo ficticio en la literatura tiene un componente y en la política la verdad tiene que ser la verdad”, ha dicho el presidente Alvarado. “Y creo que el espacio de ficción no debe existir ahí. Procuro por eso guardar mucho el ejercicio de la política en la política y de la literatura en la literatura”.

No es usual encontrarse a un presidente entregado a un diálogo literario, capaz de hablar de su formación como escritor, de sus lecturas de los primeros años en el oficio, y de sus escritores de cabecera, entre los que se cuentan Hemingway, Heinrich Böll, Günter Grass, Mario Vargas Llosa. En un tuit emitido al tiempo que se estaba dando el diálogo, el periodista salvadoreño Carlos Dada, fundador de El Faro, ha escrito con divertido asombro: “¿Un presidente centroamericano hablando cómodamente de literatura?: Sí, ahora mismo”.

Tampoco es usual que un presidente que viene de la literatura termine su período y entregue el mando a su sucesor. Escritores gobernantes ha habido pocos en América Latina, y se me viene el recuerdo de Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela derrocado en 1948 por la casta militar, y el de Juan Bosch, presidente de la República Dominicana, derrocado en 1963, también por la casta militar. Ambos habían sido electos legítimamente y duraron los dos en el poder exactamente nueve meses.

La diferencia es que en Costa Rica no hay Ejército que le pueda dar un golpe de Estado a un presidente, porque las fuerzas armadas, para bien de los recursos dedicados a la educación y la salud, fueron abolidas en 1948 tras la revolución que encabezó José Figueres. Y para bien de la democracia.

Es una democracia, bajo la presidencia de este escritor que ahora ocupa todo su tiempo en los asuntos de gobierno, la que ha hecho frente con éxito relevante a la pandemia. Costa Rica y Uruguay, ambos países ejemplo de alternancia democrática, son los que mejor han enfrentado la emergencia sanitaria del virus.

Cuando le propuse hace algunas semanas al presidente Alvarado este diálogo, algunos de sus asesores le aconsejaron que no se vería bien que, en tiempo de crisis, él apareciera hablando de literatura. Pero pensó que valía la pena. “Pensé que en estos tiempos en el que estamos muy ocupados haciendo muchas cosas, la literatura y el arte son muy importantes…son momentos difíciles ciertamente, pero hay que defender esa comarca que es la literatura que lleva consuelo, bienestar, imaginación, vitalidad a tantas personas en un momento como la cuarentena”.

San Isidro de la Cruz Verde, junio 2020

Sergio Ramírez, escritor nicaragüense. Premio Carlos Fuentes, Premio Alfaguara de Novela y Premio Miguel de Cervantes.
 
Sergio Ramírez, escritor nicaragüense. Premio Carlos Fuentes, Premio Alfaguara de Novela y Premio Miguel de Cervantes.

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Columnas Fri, 26 Jun 2020 11:56:03 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24587/Un-escritor-que-crea-gobernando.htm
Las salvadoreñas fueron las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_3_1828_1222/images%7Ccms-image-000033989.jpeg http://www.elfaro.net/es/202006/ef_academico/24586/Las-salvadoreñas-fueron-las-verdaderas-pioneras-del-voto-femenino-en-Latinoamérica.htm La lucha por el derecho al voto se libró en El Salvador en 1921, a cien años de la declaración de Independencia. El clamor provino de todos los niveles, desde señoras de la élite en el occidente del país hasta las vendedoras del mercado; todas volcaron su entusiasmo hacia el unionismo, el antimperialismo y la facultad de las mujeres para votar. Por décadas se ha difundido en los libros de historia que fue Ecuador, en 1929, el primer país latinoamericano en donde las mujeres obtuvieron el derecho al sufragio. A esto se suma la afirmación de que las salvadoreñas no pudieron votar sino hasta 1950. El hallazgo del documento que se presenta a continuación nos obliga a revisar lo que creíamos saber. La lectura revela que las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica fueron las salvadoreñas.

Las mujeres de El Salvador ganaron el derecho a votar gracias a una lucha ardua, sostenida y políticamente astuta. En 1921, la conmemoración del centenario de la Independencia produjo una coyuntura política que mujeres organizadas aprovecharon para aumentar su participación en la vida política del país.

Una caricatura de la época sugiere la visión patriarcal de que el voto femenino emasculaba a los hombres. Fuente: Diario del Salvador, 3 de septiembre de 1921, p. 2
 
Una caricatura de la época sugiere la visión patriarcal de que el voto femenino emasculaba a los hombres. Fuente: Diario del Salvador, 3 de septiembre de 1921, p. 2

La proximidad del centenario llegó a países centroamericanos inseguros sobre el futuro de su soberanía. Desde finales del siglo XIX, Estados Unidos estaba construyendo un imperio en el Caribe. Cuba, Puerto Rico y Panamá recibían órdenes traducidas del inglés. Además, desde 1912 el gobierno de Nicaragua era poco más que un títere del gran poder del norte. El imperio se estaba instalando en el istmo. La vulnerabilidad ante el poderío estadounidense provocó sentimientos antimperialistas y renovó el sueño de la unión de Centroamérica. Los cinco países unidos tendrían más posibilidades de resistir con éxito las ambiciones del imperio.

Las mujeres participaron con entusiasmo y liderazgo en los movimientos antimperialistas y unionistas. Al mismo tiempo, algunas seguían de cerca los movimientos sufragistas en Inglaterra y Estados Unidos. Ya en 1911, un artículo que apareció en el periódico Vox Populi titulado Habla una señorita abogaba por la participación de la mujer en la solución de los grandes problemas sociales y políticos de la región diciendo que “Puede la mujer centroamericana terciar de algún modo en la persecución del gran ideal que se ventila en la actualidad, como es el de la Unión Centroamericana.”

En los 10 años siguientes aumentaron el número, la intensidad y el alcance de las organizaciones de mujeres a todo nivel social. En 1920, agrupaciones como la Sociedad de Mujeres Trabajadoras Costureras ofrecían un apoyo entusiasta al unionismo. Ese mismo año, señoras de la élite de Ahuachapán escribieron a los diputados de la Asamblea Nacional urgiéndoles para que apoyaran la unión de Centroamérica. El año siguiente, doña Victoria Magaña de Fortín, la famosa feminista que desde principios de siglo promovía su causa en la prensa santaneca, asumió la presidencia del Comité Femenino Unionista en una reunión a la que asistieron sesenta señoras y señoritas. Las vendedoras de los mercados eran ardientes unionistas. La identificación de las mujeres con la causa del unionismo era tal que La Prensa se refería a ellas como “las gentiles musas de la Federación Centroamericana”.

Ellas elaboraron un discurso que vinculaba el destino de la mujer con el de la patria grande. Una de las activistas más prominentes, Prudencia Ayala, concluyó una de sus conferencias diciendo: “¡Viva el triunfo del patriotismo femenino! ¡Viva la gloriosa unión de nuestra amada patria Centro América! ¡Vivan los gobernantes que cumplen con su deber de realizar la causa!

De hecho, el antimperialismo y el unionismo fueron las causas que animaron la primera etapa de la vida política de Prudencia Ayala. Primero como escritora, publicando artículos unionistas y antimperialistas en el Diario de Occidente a partir de 1913. Luego como valiente organizadora dispuesta a arriesgar su libertad, como lo hizo en 1919, cuando terminó en prisión en Guatemala por sus actividades en el movimiento unionista que buscaba derrotar al presidente Estrada Cabrera.

La caída del dictador guatemalteco en 1920 y la llegada al poder de los campeones del unionismo hicieron posible el Pacto de Unión que firmaron El Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica en enero de 1921.  Este importante acontecimiento abrió oportunidades para mujeres como Ayala. El Pacto requería la discusión de una nueva constitución federal donde se podrían redefinir los derechos de la mujer. Estaba claro. Había llegado el momento de redoblar esfuerzos. Activistas como Prudencia Ayala pronunciaban conferencias sobre el tema del unionismo. El público aplaudía con entusiasmo sus presentaciones en el Teatro Principal. El Partido Unionista decidió organizar una convención en Santa Ana para discutir el futuro de la federación que contemplaba el Pacto. Una de las delegadas fue Ayala, quien alzó su voz para presentar la moción de incluir el sufragio femenino en la Constitución que se iba a escribir.

Cuando se reunió una Asamblea Constitucional en el Teatro Nacional de Tegucigalpa para redactar la Constitución Federal, no era posible soslayar el tema del sufragio. Las “musas de la Federación” habían sido un apoyo importante para el frágil proyecto de unión, el cual tenía grandes enemigos dentro y fuera de la región. La discusión del sufragio femenino despertó pasiones. Un reportaje en el Diario del Salvador describe cómo el público llenaba los corredores y las galerías del teatro para alentar a sus oradores favoritos. Había muchos que se oponían a la idea. El guatemalteco José Astúa Aguilar se opuso diciendo que las damas sufragistas “eran muy feas”, idea que atribuyó a “pensadores ingleses” para darle legitimidad. Su intervención recibió tantas críticas que tuvo que retractarse. Miguel Navarro, de Honduras, dijo que “Para las mujeres que fuman puro, ¡para esas, señores, será el voto! El derecho que pretendemos otorgar ahora a la mujer es ridículo y criminal”. Pero había otras intervenciones más ilustradas. Otro hondureño, Ricardo Alduvín, argumentó que “Por muy mal que desarrolle sus funciones políticas [la mujer] nunca lo hará tan mal como los hombres de Centroamérica. Que una mujer, por ladrona que sea, no podrá robar tanto como han robado nuestros Administradores de Rentas”. La barra en la galería recibió sus palabras con estruendosos aplausos y pidió que siguiera. “Habrá de seguro más nobleza política en cualquiera de nuestras mujeres que en un diputado que pide, para votar, instrucciones al presidente de la República o vende su voto a compañías extranjeras” continuó Alduvín. Para concluir señaló que había “Contemplado en Santa Ana, El Salvador, un formidable movimiento político unionista encabezado por un gran número de mujeres. Ellas tienen en las luchas políticas algo que casi siempre carecemos los hombres: patriotismo y serenidad”.

La Constitución Federal estuvo lista para el 15 de septiembre de 1921. Su aprobación representaba la forma más significativa de conmemorar el centenario de la Independencia. El artículo 29 de la nueva Carta Magna decía que “Podrán ejercer el derecho de sufragio las mujeres casadas o viudas mayores de 21 años, que sepan leer y escribir; las solteras mayores de 25 que acrediten haber recibido la instrucción primaria, y las que posean capital o renta en la cuantía que la Ley Electoral indique”.

Los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras ratificaron la Constitución Federal de forma que por unos meses del año del centenario volvió a existir, aunque fuera de forma parcial, la República Federal. El siguiente paso después de ratificar la Constitución era elegir a las autoridades ejecutivas y legislativas del nuevo gobierno federal. En El Salvador se organizaron de forma apresurada unas elecciones que se llevaron a cabo a finales de octubre y principios de noviembre. En las semanas previas, los periódicos y las autoridades debatieron si ante la ausencia de una ley electoral federal podían votar las mujeres. Había una contradicción, pues, entre la nueva Constitución y la ley electoral salvadoreña. La duda se mantuvo hasta el último momento.

Los periódicos no cubrieron la votación, posiblemente porque el gobierno de Jorge Meléndez, que mantenía una fuerte censura de prensa, era hostil a los unionistas que incluían a los grupos más progresistas del país, pero las salvadoreñas votaron. En 1921, muchas mujeres en El Salvador se registraron como ciudadanas y acudieron a las urnas, ocho años antes que las ecuatorianas.

El siguiente documento revela lo que ocurrió en las elecciones. Se trata de un artículo firmado con el seudónimo de Floriano en un periódico que era parte de la propaganda política previa a las elecciones presidenciales de 1923. Lo publicaban los partidarios del Dr. Alfonso Quiñónez, uno de los candidatos. La presencia del artículo de Floriano en el material de campaña de Quiñónez refuerza su credibilidad. Los quiñonistas eran hostiles al unionismo y durante la campaña política atacaron físicamente a las mujeres organizadas. A finales de noviembre de ese año, la Liga Roja, las fuerzas de choque de la campaña de Quiñónez, atacó a golpes a un grupo de mujeres de Izalco que apoyaban la candidatura del otro candidato, Miguel Tomás Molina. Peor todavía fue el comportamiento de la Liga Roja unas semanas más tarde, cuando protagonizó la famosa masacre de Navidad en San Salvador. En esa ocasión atacó con armas blancas y de fuego la manifestación de mujeres a favor de Molina dejando en la calle a numerosos muertos y heridos. En este ambiente político, el artículo del quiñonista Floriano, abogando por el sufragio femenino, resultaba valiente y no podía inventar detalles de algo tan importante como la votación del año anterior. El contenido del escrito demuestra que las salvadoreñas fueron las verdaderas pioneras del voto femenino en Latinoamérica.

El 29 de Agosto era un órgano de difusión de la campaña presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina. Este documento apareció en su edición del 2 de diciembre de 1922, p. 2. 
 
El 29 de Agosto era un órgano de difusión de la campaña presidencial del Dr. Alfonso Quiñónez Molina. Este documento apareció en su edición del 2 de diciembre de 1922, p. 2. 

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EF Académico Fri, 26 Jun 2020 10:26:56 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/ef_academico/24586/Las-salvadoreñas-fueron-las-verdaderas-pioneras-del-voto-femenino-en-Latinoamérica.htm
Gobierno compró $344 mil en mascarillas a empresa del diputado Escalante y su familia Gabriel Labrador y Nelson Rauda http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_115_2000_1449/images%7Ccms-image-000033981.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24578/Gobierno-compró-$344-mil-en-mascarillas-a-empresa-del-diputado-Escalante-y-su-familia.htm Una empresa de la que el diputado Gustavo Escalante es fundador y administrador junto con miembros de su familia recibió uno de los contratos de emergencia del Ministerio de Salud para enfrentar la covid19. Escalante anunció hace apenas unas semanas su renuncia al partido Arena y ha expresado desde hace meses su apoyo al gobierno de Nayib Bukele. El Ministerio de Salud pagó 344,000 dólares por un lote de 800,000 mascarillas quirúrgicas a Grupo GME Inversiones, una empresa fundada por el diputado René Gustavo Escalante Zelaya y dirigida por él y su hermano Manuel José, pese a que esta no figura en la base de datos de proveedores de esa cartera de Estado y antes de la emergencia por covid-19 nunca había vendido insumos médicos. La empresa de los hermanos Escalante, según aparece en la escritura de constitución inscrita en el Registro de Comercio, tiene como rubro principal la informática.

El contrato, fechado el 20 de marzo, fija además el precio al por mayor de las mascarillas en 43 centavos de dólar, $0.17 por encima del precio autorizado en aquel momento por el Gobierno para la venta al público. El hermano del diputado Escalante confirmó a El Faro el negocio, y defiende el sobreprecio con el argumento de que en aquellos días "todas las personas vendían las mascarillas más o menos a ese precio".

El proceso de adjudicación duró apenas unas horas. La mañana del viernes 20 de marzo el Ministerio de Salud invitó a Grupo GME Inversiones a participar en el proceso de contratación directa llamado "Adquisición de mascarillas quirúrgicas", mediante el memorándum GS No. 2020-8400-1453. "Para efectos de presentación de la oferta del presente proceso de Contratación directa por Estado de Emergencia Nacional, será en las oficinas de la UACI o podrá ser remitida por correo electrónico a partir de las 11:00 a.m. hasta las 03:00 p.m. del día 20 de marzo", se lee en la misiva, que fue firmada por Manuel de Jesús Corea Barahona, jefe de la Unidad de Adquisiciones y Contrataciones Institucionales (UACI). 

La carta fue recibida por uno de los empleados de la empresa, Daniel Avendaño, un concejal de Arena de la alcaldía de San José Villanueva, municipio del departamento de La Libertad, bastión político del diputado Escalante. Grupo GME Inversiones envió una cotización dentro de ese plazo, y horas más tarde, siempre el 20 de marzo, el mismo Daniel Avendaño firmó el contrato.

El expedito proceso de contratación culminó con la orden de compra 84/2020. En aquel momento la ministra de Salud era la doctora Ana Orellana Bendek, que fue separada del cargo y sustituida por Francisco Alabí siete días más tarde.

Según el contrato, la empresa debía proveer “cubrebocas plisado con barrera microbiana e hidrofóbica”, que “bloquea gérmenes patógenos con una efectividad del 99%”, “resistente a desgarres y elongaciones del material”; “antiestático e impermeable”, entre otras características. El precio de oferta fue de $0.43, IVA incluido, por cada una de las mascarillas, que son parte del cuadro básico de productos de salud del ministerio. El 17 de marzo, tres días antes de la firma del contrato, la Defensoría del Consumidor había establecido precios máximos de mercado para insumos de alta necesidad en el contexto de la entonces epidemia del Covid 19 (la declaración de pandemia por parte de la OMS sucedería unos días después). El precio máximo para la venta al público de mascarillas quirúrgicas se fijó en 0.26 centavos de dólar incluyendo IVA. La Defensoría impuso estos lineamientos para “defender los intereses de los consumidores y la preeminencia del interés público sobre el interés privado”, según un comunicado de la institución.

En el caso de esta contratación directa, sin embargo, el Estado no aplicó ese estándar y pagó $0.17 centavos más por cada mascarilla, pese al volumen de la compra. 

 

El Faro buscó al Ministerio de Salud para obtener explicaciones de dicho contrato y para contactar a la exministra Orellana Bendek. Un comunicador de la institución dijo que trasladaría las interrogantes al ministro Francisco Alabí y al equipo responsable del contrato, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta. Acerca del precio por unidad, el comunicador José Urbina solo dijo que los altos costos de los productos se registraron a nivel mundial: "Acordate que había escasez en todo el mundo", dijo Urbina, antes de comprometerse a trasladar la solicitud de entrevista o respuesta a sus superiores. En diversos comunicados, la Defensoría del Consumidor modificó posteriormente los precios máximos para productos como la mascarillas quirúrgicas. Una semana después de aquel contrato, el precio unitario máximo subió a 87 centavos por pieza.

Este periódico buscó también a través de una llamada telefónica a la doctora Ivonne Palacios, quien aparece como administradora del contrato por parte del ministerio. Cuando el periodista se presentó y explicó la razón de la llamada, la conexión se cortó y después Palacios ya no contestó el teléfono ni mensajes de Whatsapp. El Faro también buscó a la exministra Bendek a través de dos médicos cercanos a ella (un amigo personal y el actual asesor del ministro Alabí, Hervin Recinos, quien fue también asesor de Bendek) pero las gestiones fueron infructuosas. 

Gustavo Escalante no contestó a las llamadas y mensajes de El Faro. El diputado, que renunció al partido Arena el pasado 8 de junio después de 16 meses de choques con su partido, ha tenido desde febrero de 2019 un progresivo acercamiento al gobierno de Nayib Bukele y ha apoyado la mayoría de las propuestas legislativas del presidente en el último año. El Faro intentó obtener una reacción suya, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta.

Su hermano y, junto con él, administrador de Grupo GME Inversiones, Manuel Escalante, sí respondió a preguntas de este periódico. El menor de los Escalante argumenta que no hay ningún violación de ley en la contratación y que su hermano no ha entrado en ningún conflicto ético dado que vendió sus acciones en la sociedad a él y a su padre en 2015, cinco días después de haber fundado la compañía. En el Registro de Comercio, sin embargo, El Faro comprobó que el diputado Escalante mantiene el cargo de administrador único suplente de GME Inversiones.

Tres abogados consultados por El Faro aseguran que aun cuando el diputado se hubiera desprendido de las acciones, su vínculo actual con la empresa mantiene vivo un conflicto de interés. Según los expertos, la venta de sus acciones no implica la terminación en el desempeño de su cargo como administrador suplente. Para ello debió presentar la renuncia al cargo e inscribirla en el Registro de Comercio o, por otro lado, que en asamblea de socios se hubiese nombrado un nuevo administrador suplente. Este cambio también debió quedar inscrito en el Registro. Los abogados aseguran que, no habiendo sucedido ninguna de esas opciones, Escalante continúa vinculado a la sociedad con todas las responsabilidades, limitaciones y derechos.

Según el hermano del diputado, Escalante ya no es administrador único suplente de la sociedad. El Faro le pidió pruebas que demuestren esa desvinculación, pero al cierre de esta nota no había dado nueva respuesta. 

El diputado Gustavo Escalante pertenece a las comisiones de Medioambiente y Cambio Climático y de Asuntos Municipales. Foto cortesía de la Asamblea Legislativa. 
 
El diputado Gustavo Escalante pertenece a las comisiones de Medioambiente y Cambio Climático y de Asuntos Municipales. Foto cortesía de la Asamblea Legislativa. 

Conflicto legal y de interés 

La Constitución salvadoreña prohíbe a los diputados ser contratistas de servicios u obras pagadas con fondos del Estado. En teoría, la empresa de la cual el diputado Escalante es administrador no podría haber vendido mascarillas al Gobierno. 

Su hermano sostiene en cambio que no hay ninguna ilegalidad: "Él cedió las acciones a un pariente. Quizá desde hace año y medio no tiene nada que ver con la empresa. Lo hizo precisamente por el tema político", dijo Manuel Escalante a El Faro la noche del 23 de junio, por teléfono.

Manuel Escalante envió una fotografía de un documento sellado por una notaria, y en la imagen se consigna una venta de las 10 acciones que el diputado Escalante tenía según el acta de constitución, y que representaban el 50 % del total de acciones de Grupo GME Inversiones. En el documento se lee que vende ocho acciones a su hermano Manuel José y dos a su padre, René Gustavo Escalante Durán. El documento está fechado “6 de octubre de 2015”. Es decir, hace más de cuatro años y no “un año y medio”, como aseguró vía telefónica el hermano del diputado. La fecha que consigna el documento, además, es apenas cinco días después de la fundación de la empresa y su inscripción en el CNR.

En el acta de constitución de Grupo GME Inversiones, el diputado Escalante y su hermano se reparten los únicos dos cargos del gobierno de la empresa: Manuel Escalante recibe el nombramiento de administrador único propietario, y Gustavo Escalante el de administrador único suplente. El hermano del diputado aseguró que al vender las acciones, Gustavo Escalante también se desprendió de su cargo en la administración de la sociedad. 

Sin embargo, hasta el 23 de junio 2020, en el Registro de Comercio el diputado Escalante mantenía, sin modificaciones, su cargo como administrador único suplente de la empresa. "Ese cambio entiendo que debió de haberse inscrito en el CNR, mi contador sabe eso", dijo Manuel Escalante. Después de la llamada, se le preguntó a través de Whatsapp si la nueva credencial -sin el cargo de administrador a favor del diputado diputado- estaba inscrita en el registro, pero ya no respondió.

Según el documento enviado por Manuel José Escalante a El Faro, el padre de ambos no solo compró las acciones del diputado sino que también ocupó su puesto como administrador suplente. El padre de los hermanos, René Gustavo Escalante Durán, se afilió al partido del presidente Nayib Bukele, Nuevas Ideas, a finales de 2019. En noviembre, el diputado subió la fotografía de su padre mostrando su hoja de afiliación a Nuevas Ideas y en el texto que acompañaba la imagen escribió: “Papá, tú siempre enseñándome donde está el lado correcto de la historia”.

Esa fue la segunda aparición destacable de Escalante Durán. La primera ocurrió cuando el diputado Escalante fue citado por la dirigencia de Arena, en julio de 2019, para ser notificado de las acusaciones en su contra en un tribunal disciplinario. Padre e hijo asistieron a las oficinas del partido, en la colonia Flor Blanca. Los dirigentes habían demandado al diputado, y a otros tres legisladores tricolor por haber votado a favor de una iniciativa del presidente Bukele para reorientar a la reconstrucción de escuelas fondos que estaban destinados para construir un edificio del Órgano Legislativo. “Mi papá siempre fue de izquierda, y nosotros siempre de derecha. En las familias es así”, dice Manuel José. 

Manuel Escalante pidió que no se mencionara en este artículo la identidad de su padre, su nuevo socio, por tratarse, dijo, "precisamente por el tema político". "Es accionista minoritario, solo está apoyando porque uno cuando necesita apoyo busca primero a la familia", alegó. “Quien toma las decisiones en la empresa soy yo”, insistió. El Faro le explicó que hacer constar los nombres de los que él señala como nuevos accionistas de la empresa familiar es necesario en un reportaje sobre el posible conflicto de interés en la compra que el Gobierno hizo a Grupo GME Inversiones.

El Faro preguntó a Manuel Escalante si no veía una violación ética en el hecho de que la contratación de su empresa suceda en un momento en el que su hermano ha mostrado en la Asamblea su apoyo al gobierno Bukele. "Usted puede ver que no hay ningún incumplimiento a ninguna ley", dijo. 

Abogados consultados por El Faro sostienen que sí hay conflictos legales en el caso del diputado Escalante. Ambos sostienen que la prohibición constitucional se aplica a este contrato, pero también las prohibiciones establecidas en la Ley de Ética Gubernamental en lo relacionado a los conflictos de interés. La ley de ética ordena a los funcionarios a excusarse de intervenir o participar en asuntos en los cuales ellos mismos, sus parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad o sus socios tengan un conflicto de interés. 

Roberto Burgos, abogado con amplia experiencia fiscalizando la función pública, dice que los diputados que son accionistas o directivos de una sociedad caben dentro de la prohibición de hacer negocios con el Estado. "La prohibición no es solo para los diputados accionistas de empresas, sino también se refiere a los que son directivos, porque estos administran un servicio que eventualmente podrían también fiscalizar", dice.

El consultor y docente de derecho constitucional German Rivera sostiene además que los diputados suelen tener información privilegiada con la cual podrían terminar beneficiando a su empresa: "La Asamblea tiene que hacer controles a la administración pública; por ejemplo, para citar a un ministro de Salud. Entonces estos diputados ya tienen un conflicto de interés. No lo pueden negar", dice Rivera.

Un contrato no informado a la Asamblea

En el momento de firma del contrato, el 20 de marzo, el Gobierno ya había suspendido clases y cerrado fronteras; no se había reportado aún ninguna muerte por covid-19 en El Salvador y apenas había tres casos confirmados. Seis días antes, la Asamblea Legislativa había aprobado el Estado de Emergencia Nacional, que facultó al Ejecutivo y a las municipalidades a realizar contrataciones directas o adquisiciones “relacionadas a la prevención, tratamiento, contención y atención de la pandemia”. Esta ley, que contó con el voto del diputado Escalante, abrió la puerta para que el Ministerio de Salud contratara por vía directa a la empresa que fundó junto a su hermano. 

El ministerio de Salud invitó a la empresa Grupo GME Inversiones S.A. de C.V. a presentar una cotización para la provisión de mascarillas, el 20 de marzo de 2020. Ese mismo día, horas después, el contrato de 344,00 dólares fue asignado de manera directa. La empresa, sin embargo, no tenía experiencia vendiendo insumos médicos. El documento fue enviado a El Faro por Manuel Escalante, administrador único propietario de la sociedad.
 
El ministerio de Salud invitó a la empresa Grupo GME Inversiones S.A. de C.V. a presentar una cotización para la provisión de mascarillas, el 20 de marzo de 2020. Ese mismo día, horas después, el contrato de 344,00 dólares fue asignado de manera directa. La empresa, sin embargo, no tenía experiencia vendiendo insumos médicos. El documento fue enviado a El Faro por Manuel Escalante, administrador único propietario de la sociedad.

Los 344,000 dólares que el Gobierno entregó a la empresa de los Escalante provienen, según detalla el contrato, de "donaciones de fondos Fopromid". Se trata del Fondo de Protección Civil Prevención y Mitigación de Desastres que, según su propia ley aprobada en 2005, solo pueden utilizarse en situación de desastre. Los fondos Fopromid también permiten al Gobierno hacer compras directas sin pasar por los filtros de la Ley de Adquisiciones y Contrataciones Públicas (LACAP). 

Sin embargo, el Estado de Emergencia votado por la Asamblea sí exigía a las distintas carteras del Ejecutivo rendir cuentas a la Asamblea, de la que Escalante es parte, por los gastos realizados durante la emergencia, incluidos los hechos a través del Fopromid. Aun así, en un informe presentado a la Asamblea por el Ministerio de Hacienda el 30 de abril no aparece la compra hecha por Salud a la empresa de la familia Escalante. Las primeras compras detalladas en el informe estaban fechadas el 24 de marzo. En un informe similar presentado a la Asamblea por el Ministerio de Salud el 24 de abril tampoco aparece consignado el contrato por 344,000 dólares con Grupo GME Inversiones. El contrato está disponible en la página de Transparencia del Ministerio desde el 13 de junio.

Grupo GME Inversiones tenía 15 días corridos, tras la firma del contrato, para entregar las 800,000 mascarillas a Salud. La empresa no cumplió el plazo. "Fue un atraso de cinco días nada más”, dice Manuel Escalante. Explica que, como no era su rubro habitual, la compañía tenía que importar las mascarillas, y asegura que les afectó que el aeropuerto de El Salvador llevara ya semana y media cerrado para turistas, aunque seguía abierto para el transporte de carga. “Fue imposible cumplir con el tiempo por el tema de la importación, porque la pandemia afectó el funcionamiento del aeropuerto", dijo a El Faro. 

Según Manuel Escalante, la entrega ocurrió el 8 de abril. Dos días antes, el día 6, la entonces ministra Orellana ya celebraba la llegada de insumos médicos al país en sus redes sociales: "Han empezado a entrar al país las mascarillas que hemos gestionado. Esta semana vendrán 600,000 más. Pedimos a la población general que haga uso de las mascarillas", publicó Orellana aquel lunes en su cuenta de Twitter @AnaOrellanaB. Aquel fue su último tuit. Desde entonces, la cuenta permanece inactiva.

Ese mismo día, por el lado de los Escalante, el diputado aplaudía al presidente Bukele: "Al presidente Nayib Bukele le puedo decir lo siguiente: "Si los perros ladran es señal de que va avanzando". Habrán detractores a los que sólo les interesen sus finanzas personales y querrán boicotearlo, pero hay un pueblo que lo apoya porque la salud es su único capital", dijo en un tuit desde su cuenta @Escalantesv.

Los Escalante importadores

Grupo GME Inversiones fue fundada en 2015 por los hermanos Escalante, que aportaron un pequeño capital inicial. Según la escritura de constitución de la compañía, redactada el 22 de septiembre de 2015 e inscrita en el Centro Nacional de Registros (CNR) el 1 de octubre de ese año, tanto Gustavo como Manuel aportaron el 25 % del total de acciones que les correspondía. Cada uno aportó 250 dólares de los 1,000 dólares que le tocaba, Eso correspondía al 24 % de sus 10 acciones por cabeza, y se comprometieron a aportar el 75 % del dinero faltante (1,500 dólares) entre ambos, en el plazo de un año.

En la escritura también quedó consignado el gobierno de la compañía para los siguientes cinco años: Manuel José y René Gustavo se autonombraron administradores únicos, propietario y suplente respectivamente. En el momento de la fundación el hermano menor, arquitecto, tenía un año de haber terminado estudios de posgrado en Madrid. El mayor, Gustavo, cumplía su quinto mes de su segunda legislatura en la bancada de Arena.

Manuel José Escalante (al centro, pantalón beige) trabaja como Gerente de Desarrollo Urbano de la Alcaldía de San Salvador, dirigida por Ernesto Muyshondt (camisa blanca). Foto: tomada de redes sociales de la Alcaldía de San Salvador. 
 
Manuel José Escalante (al centro, pantalón beige) trabaja como Gerente de Desarrollo Urbano de la Alcaldía de San Salvador, dirigida por Ernesto Muyshondt (camisa blanca). Foto: tomada de redes sociales de la Alcaldía de San Salvador. 

Grupo GME Inversiones tiene sus oficinas en la residencia del hermano del diputado, en la Residencial Veranda, una urbanización de reciente construcción ubicada junto al bulevar Monseñor Romero. “Para reducir costos”, dijo Manuel José. La compañía tiene como rubro principal, según el acta de constitución, la informática, aunque en el mismo documento aparecen enumeradas varias otras actividades secundarias como la investigación de estudios de mercado, la importación de aparatos eléctricos, y, finalmente, "la importación de todo tipo de bienes".

Fuera del documento firmado con el Ministerio de Salud, Grupo GME Inversiones no aparece con otro contrato del Estado en el sitio de compras públicas Comprasal. Manuel Escalante admite a El Faro que su empresa no tenía antes de marzo ninguna experiencia en la distribución de insumos médicos. Su acercamiento a este negocio, explica, fue "porque el grupo que representamos, por la pandemia, decidió incursionar en esa área".

Según Escalante, GME Inversiones había importado en el pasado grandes lotes de juguetes para venderlos al por mayor, y ahora distribuye las mascarillas de Grupo Textil Providencia, de México, una empresa de una familia de negocios de apellido Torre, del Estado de Tlaxcala. "Tenemos la representatividad de ellos aquí en El Salvador desde el año pasado (2019)", dijo.

La empresa mexicana distribuye mascarillas “Biomsk”, según su página web. Providencia tampoco aparece en la base de datos de proveedores del Ministerio de Salud, pero la cuenta oficial de esta cartera publicó un tuit el 30 de abril en el que agradeció la donación de 5 mil mascarillas para niños. “Recibimos 5,000 mascarillas por parte de Grupo Textil Providencia”, se lee en el tuit. El Faro intentó contactar a la compañía, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta. 

Un documento proveído por Escalante reseña que GME Inversiones posee la representación de Providencia en El Salvador desde enero de 2020, mes en el que el Ministerio de Salud comenzaba a prepararse para enfrentar la covid-19, según han confirmado proveedores, mandos medios de esa institución y miembros del gremio médico que fueron convocados por el Ministerio para hacer un primer plan de atención de la emergencia.

Sobre la manera en que consiguieron el contrato, Escalante dijo que "pasamos pendientes” de las convocatorias hacía el Gobierno en el sitio de compras oficial Comprasal y también en los periódicos. Sin embargo, después de colgar la llamada, envió la copia de un memorándum de invitación de la UACI del Ministerio de Salud. Es decir, que GME Inversiones no llegó al contrato porque aplicó a una convocatoria como dijo Escalante, sino porque fue invitado de manera directa. Al preguntarle en un mensaje de texto cómo es posible que, pese a su inexperiencia en el rubro, fueran invitados por el Ministerio a hacer una oferta para este contrato, Escalante dijo que Salud los había buscado gracias a su trabajo de promoción: "Hemos tratado de hacer conocer nuestro producto por diferentes medios. Me han contactado de diversas instituciones y empresas", escribió por Whatsapp. 

En esa segunda conversación, Escalante cambió su versión sobre cómo obtuvo el contrato. En lugar de decir que estuvo pendiente de las convocatorias oficiales del Gobierno, dijo que Salud los buscó porque "Providencia es una empresa grande, muy conocida, que incluso exporta a Estados Unidos". 

El Faro le preguntó si habían competido con otras empresas: "No lo sé, firmamos la orden de suministro y ahí fue donde... donde... (sic) porque nos enteramos de la solicitud que nos hizo el ministerio, pues", dijo.

La persona que firmó el contrato es, como hasta hace pocos días lo era el diputado, miembro del partido Arena. Daniel Avendaño, además de ser el apoderado legal de Grupo GME Inversiones, firmó en mayo de 2019 junto a diputados areneros una carta en la que pedían la renuncia inmediata de la dirigencia de su partido.

El diputado Gustavo Escalante ha sido diputado desde 2012 bajo la bandera de Arena. Desde febrero de 2019, sin embargo, con el gane de la presidencial por parte de Nayib Bukele, se ha apartado de su partido a tal grado que ya dice haber renunciado. Es en este contexto que una empresa suya, cuyo rubro principal es la informática, recibió un contrato de un tercio de millón de dólares para darle al Gobierno mascarillas. Foto: cortesía de la Asamblea Legislativa. 
 
El diputado Gustavo Escalante ha sido diputado desde 2012 bajo la bandera de Arena. Desde febrero de 2019, sin embargo, con el gane de la presidencial por parte de Nayib Bukele, se ha apartado de su partido a tal grado que ya dice haber renunciado. Es en este contexto que una empresa suya, cuyo rubro principal es la informática, recibió un contrato de un tercio de millón de dólares para darle al Gobierno mascarillas. Foto: cortesía de la Asamblea Legislativa. 

Cada vez más cerca de Bukele

La carrera política del diputado Escalante se ha visto marcada por las sospechas sobre su lealtad con Arena y su relación familiar con Milagro Navas, su suegra, alcaldesa de Antiguo Cuscatlán desde 1988, y una influyente figura del partido Arena, especialmente en municipios de La Libertad, el departamento al que Escalante representa en la Asamblea. 

Gustavo Escalante tenía 30 años cuando ganó su primer escaño con Arena, en 2012. Su campaña la hizo recorriendo universidades, donde decía que la inspiración para meterse en política la había sacado de su abuelo. En uno de sus spots se presentaba como “licenciado en gerencia e informática, empresario e inversionista especializado en proyectos inmobiliarios”. En su primera campaña, ganó pese a que compitió en la casilla 6 de 10, una posición desventajosa en la papeleta, cuando los partidos tenían más libertad para decidir el orden de las candidaturas porque las elecciones internas todavía no estaban reguladas.

El 11 de noviembre de 2012, Escalante denunció a la Fiscalía que era víctima de captación de comunicaciones, daños y amenazas. Más tarde ese mes, denunció un intento de soborno durante el proceso de elección del fiscal general. Seis meses después, Escalante se declaró “independiente”, en una carta que difundió el 8 de mayo de 2013, aduciendo diferencias con el manejo de Arena, presidida en aquel momento por Jorge Velado. El precedente del intento de soborno generó sospechas, sobre todo porque un mes antes del anuncio de Escalante, en abril, cinco diputados habían dejado Arena para formar la bancada “Unidos por El Salvador”. Dos de esos cinco disidentes, Rigoberto Soto y Adelmo Rivas, ahora son diputados propietarios de Gana; y uno más, Jesús Grande, es diputado suplente de Gana.

Escalante no renunció esa vez pero fue el protagonista de un episodio extraño en el Salón Azul. Debido a la carta en la que se denominaba independiente, supuestamente por las amenazas y las presiones que esperaba recibir de su bancada, se hizo acompañar de un abogado, un empleado de la alcaldía de Antiguo Cuscatlán, todo el tiempo en el que duró la sesión plenaria.

Escalante volvió sin embargo a ser candidato por Arena en 2015. Dos miembros del partido que trabajaron en campañas legislativas y municipales en La Libertad entre 2015 y 2018, dijeron a El Faro que las estructuras controladas por Milagro Navas trabajaron a favor de Escalante en esos años. “En Talnique, Comasagua y Jayaque, ella alineó a los alcaldes para apoyar a Gustavo”, dijo un precandidato a alcalde en La Libertad que participó en el proceso de 2018. 

Para ese entonces, Nayib Bukele ya era el alcalde estrella del FMLN. En junio de 2013, Escalante le había escrito en Twitter a Bukele: ”podemos diferir en ideologías, pero convergemos en que somos salvadoreños y buscamos lo mejor para nuestro país. Éxitos”. No hay en las redes sociales de Escalante otra a Bukele hasta 2016, cuando lo felicitó por el proyecto de iluminación de San Salvador. Pero para aquel entonces, el discurso de Escalante no estaba todavía alineado con el del hoy presidente de la República.

Durante la campaña presidencial de 2019 se difundió una foto de Escalante junto a Bukele y al diputado Guillermo Gallegos, de Gana, el partido con que el presidente ganaría la elección. Aparecen juntos, sonrientes, en un restaurante. Escalante explicó a Revista Factum que se trató de una coincidencia: “Yo estaba almorzando en el mismo restaurante donde estaba haciendo una reunión la gente del partido GANA, justo en el momento en que Nayib estaba entrando a participar con ellos”. Semanas después, en su felicitación por la victoria presidencial, Escalante incluyó un mensaje de contraloría para el mandatario electo: “Por el bien de todos los salvadoreños, seremos celosos y vigilantes del Estado de Derecho y trabajaremos de la mano con el nuevo Gobierno para todo aquello que beneficie a nuestro país”.

Al menos en público, el punto de inflexión ocurrió muy poco después: en febrero de 2019, Escalante apoyó la propuesta de Bukele de reorientar 16 millones de un préstamo destinado a la construcción de un nuevo edificio legislativo para, en su lugar, construir 50 escuelas. “Las buenas propuestas deberán ponerse por encima de cualquier interés político”, tuiteó Escalante esa vez. Fue el primer gran conflicto de Bukele, aún presidente electo, con la Asamblea Legislativa y los partidos de oposición.

Desde entonces, las muestras de cercanía de Escalante y otros diputados de Arena con el nuevo gobierno solo aumentaron. Escalante felicitó a Bukele por recibir una carta de la Casa Blanca —”Es increíble ver cómo en un par de días está mejorando una relación que otros dañaron durante los últimos 10 años”, dijo— y apoyó la idea de Bukele de jurar su cargo en la Plaza Barrios, donde los diputados fueron abucheados el 1 de junio.

Aunque nunca destacó por sus iniciativas de ley (en 2013 propuso que se le entregara una pensión vitalicia al exjugador de fútbol Jorge “Mágico” González) Escalante ha comprometido su voto con ideas de Bukele en varias ocasiones. Lo hizo cuando el presidente propuso “una reforma completa al sistema de transporte”, y en esa ocasión también ofreció los votos de otros cuatro diputados areneros: David Reyes, Arturo Magaña, Felissa Cristales y Milena Mayorga. Esta última renunció al partido el 4 de junio. 

Escalante también ofreció su voto cuando el presidente pidió un préstamo de $91 millones para el plan de seguridad, y a hacer una lectura acomodada de los hechos del 9 de febrero de 2020, cuando Bukele militarizó la Asamblea Legislativa y convocó a sus seguidores a protestar contra los diputados. En la versión de Escalante, “mientras el pueblo pedía insurrección contra la Asamblea, el Presidente Nayib Bukele calmó las aguas, y pidió prudencia”. 

Después, ha respaldado cada medida que ha pedido el gobierno para atender la pandemia de covid-19. En tres ocasiones, Escalante acudió a convocatorias del gobierno de Bukele para discutir leyes de emergencia, durante la pandemia mientras los partidos Arena y FMLN exigían que esas reuniones se celebraran en oficinas legislativas: el 17 y 23 de mayo y el 11 de junio. El primero de junio, con ocasión de su primer año de gobierno, el diputado dedicó un panegírico a Bukele: “es empático, sabe trabajar en equipo, sabe dar retroalimentación, y principalmente, recibirla, sabe reconocer méritos, innovador, sabe pedir ayuda, es una persona accesible, gobierna con el ejemplo”.

Hoy, luego de 16 meses de desencuentros con el partido que lo llevó a la Asamblea, el diputado Escalante ya ha salido de Arena. Por sus expresiones, y por su apoyo a propuestas de Bukele en votaciones clave, contra la línea de su partido, Arena le abrió un proceso disciplinario interno en julio de 2019, por incumplir reglamentos y dañar la imagen del partido y de sus autoridades. Ese proceso no tiene una resolución hasta la fecha. Con todos esos antecedentes, la renuncia de Gustavo Escalante a Arena el pasado 8 de junio fue muy poco sorpresiva.

Su hermano, Manuel José, es Gerente de Desarrollo Urbano de la Alcaldía de San Salvador dirigida por el alcalde Ernesto Muyshondt, también de Arena. Muyshondt, al igual que el diputado Escalante, recientemente se ha visto más cercano al Gobierno Bukele que a su propio partido y ha llegado a decir que Arena no es “opción ni van a ser opción si siguen debiéndose a los intereses mezquinos de esos pequeños grupúsculos de poder”.

*Con reportes de Jimmy Alvarado.

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El Salvador Thu, 25 Jun 2020 19:52:40 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24578/Gobierno-compró-$344-mil-en-mascarillas-a-empresa-del-diputado-Escalante-y-su-familia.htm
Un ritual para volver a lo humano - Por David Rocha http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24584/Un-ritual-para-volver-a-lo-humano---Por-David-Rocha.htm 360 grados Thu, 25 Jun 2020 15:40:12 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24584/Un-ritual-para-volver-a-lo-humano---Por-David-Rocha.htm La feroz batalla por la posibilidad de refugio http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033978.png http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24583/La-feroz-batalla-por-la-posibilidad-de-refugio.htm En diferentes partes del mundo, las organizaciones, los movimientos sociales y, sobre todo, la gente común, se encuentran en una feroz batalla contra los ACA y otras políticas que buscan destruir los sistemas de asilo. Hace casi dos décadas, la Organización de la Naciones Unidas decidió que a partir de entonces el 20 de junio se conmemoraría el Día Mundial de las Personas Refugiadas. 

Aunque la palabra refugio se lanza de un lado a otro a medida que las políticas de asilo y los flujos migratorios aparecen masivamente en titulares y segmentos de noticias de todo el mundo, el concepto de protección de las personas refugiadas está sorprendentemente ausente de la discusión.

Quizás esto se debe a que es un concepto relativamente intuitivo. La idea de proporcionar asilo a las personas que se ven obligadas a huir de sus hogares se puede encontrar a través de distintas tradiciones y religiones desde la antigüedad. En su esencia, el asilo ofrece una alternativa a la situación de guerra, u otras amenazas que las personas podrían estar sobrellevando en sus hogares, al ofrecer la posibilidad de encontrar seguridad en un nuevo lugar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los países del mundo se juntaron para formar las Naciones Unidas y establecieron el marco internacional para la protección de las personas refugiadas. Mediante un tratado internacional adoptado en 1951, los países acordaron ofrecer protección a aquellas personas obligadas a huir de sus países de origen debido a la persecución basada en su religión, opinión política, raza, nacionalidad u otras características sociales.

En las palabras del poeta Warsan Shire: "Solo sales de tu hogar cuando tu hogar no te permite quedarte". Y es entonces cuando entra en juego la protección internacional de las personas refugiadas, cuyo fin es garantizar que otro país abra sus puertas y permita la entrada de las personas que requieran protección.

Durante más de medio siglo, los países han implementado una serie de mecanismos y procedimientos, cada uno con sus propios matices y deficiencias, para garantizar la protección internacional de las personas refugiadas. Recientemente, sin embargo, esa protección se ha convertido en el objetivo de un ataque concertado, que enfrenta golpes continuos producidos por políticas regresivas alrededor del mundo.

ACA: un portazo a la protección internacional

En las Américas, los Acuerdos de Cooperación sobre Asilo (ACA, por sus siglas en inglés) son una de las armas más potentes utilizadas para desmantelar la protección internacional de las personas refugiadas. En 2019, bajo presión explícita de la Administración de Trump, los gobiernos deGuatemala,Honduras yEl Salvador firmaron uno de estos ACA con los Estados Unidos, y con ello cerraron de manera efectiva la puerta de acceso para la protección internacional de las personas refugiadas más vulnerables de la región.

Los términos de los acuerdos son uniformes: cuando una persona refugiada llega a la frontera de los Estados Unidos solicitando protección internacional, Estados Unidos puede transferir a esa persona a uno de los tres países con los que existe un ACA, de modo que el país receptor asuma la responsabilidad de proporcionar protección internacional. O al menos esa es la teoría, porque en realidad tienen una capacidad sumamente limitada para brindar esa protección.

Se sabe que los tres son países de los cuales las personas huyen en cantidades récord debido a la persecución generalizada y las violaciones sistemáticas de sus derechos básicos. El Salvador,Guatemala yHonduras se caracterizan por tener algunas de las tasas de homicidios más altas del mundo, violencia de género generalizada y una creciente agresión y control por las pandillas criminales y transnacionales. Según las estadísticas de la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 180 000 personas huyeron de los tres países en 2019 para buscar asilo en los Estados Unidos, colocándolos dentro de los diez principales países de origen para las personas que buscan refugio en el país norteamericano.

Los ACA ignoran que los tres países carecen de un sistema de asilo capaz de procesar adecuadamente solicitudes de protección internacional. Las estadísticas de la ONU confirman que El Salvador tiene una población total de 52 refugiados, Honduras tiene 76 y Guatemala tiene 416; mientras que los países acogen respectivamente a 33, 110 y 632 solicitantes de asilo con casos pendientes. Esto es un marcado contraste con los Estados Unidos, que, según la misma fuente, alberga a más de 340 000 refugiados y a más de 840 000 solicitantes de asilo con casos pendientes. Con estos números, es claro que Guatemala, Honduras y El Salvador no son capaces de brindar protección internacional a las personas refugiadas que llegan a Estados Unidos.

Es importante destacar que los ACA reconocen expresamente que este mecanismo no se puede utilizar para devolver a una persona refugiada a su país de origen; es decir, las personas guatemaltecas no pueden ser retornadas a Guatemala, ya que esto violaría la esencia misma de la protección reconocida legalmente como principio de no devolución. Sin embargo, en la práctica los ACA resultan en que las personas refugiadas regresen a lugares donde sus vidas están amenazadas y, en la mayoría de los casos, al no encontrar posibilidades en los países centroamericanos, estas personas se ven obligadas a regresar a sus países de origen.

Por un lado, muchas de las mismas pandillas y redes de narcotráfico son transnacionales y operan en los tres países, lo cual les permite seguir y encontrar a sus víctimas incluso a través de las fronteras nacionales. Por otro lado, un acuerdo de movilidad entre países centroamericanos permite a las personas moverse entre estos países sin visa o pasaporte, lo cual facilita que abusadores individuales u oficiales corruptos persigan y ataquen a las personas refugiadas que huyen de un país – digamos Honduras – desde dentro de los países vecinos – en este caso, Guatemala o El Salvador.

Las personas que fueron transferidas bajo los ACA no solo enfrentan riesgos profundos y continuos a su vida y su seguridad, sino que quedan completamente desprotegidas. El gobierno de Guatemala, el único país donde los acuerdos se han implementado hasta la fecha, no brinda absolutamente ninguna asistencia a las personas que recibe bajo el acuerdo. En cambio, son las organizaciones religiosas y de la sociedad civil las que han asumido velar por el alojamiento, la alimentación y la atención de otros servicios y necesidades básicas de esta población.

Según el New York Times, durante los meses en que Estados Unidos y Guatemala implementaron el acuerdo, Estados Unidos transfirió a Guatemala a más de 900 solicitantes de asilo. Más del 95 % de estas personas finalmente se vieron obligadas a regresar a los países de donde habían huido para salvar sus vidas.

En el contexto actual de la pandemia ocasionada por el nuevo coronavirus, la implementación de los ACA con Guatemala se ha puesto temporalmente en pausa, mientras que las autoridades han aprovechado el momento para ajustar los últimos detalles de los marcos legales para implementar el acuerdo con Honduras y El Salvador. Se espera que la implementación de estos acuerdos se reanude una vez que se levanten las restricciones de movilidad implementadas como medida de salud pública.

Defender la protección internacional: una lucha por seguridad

En diferentes partes del mundo, las organizaciones, los movimientos sociales y, sobre todo, la gente común, se encuentran en una feroz batalla contra los ACA y otras políticas que buscan destruir los sistemas de asilo.

Desde dentro de Guatemala, el Procurador de los Derechos Humanos presentó una demanda ante la Corte de Constitucionalidad impugnando los ACA incluso antes de que el acuerdo se firmará. Por su parte, organizaciones locales como Casa del Migrante y Refugio de la Niñez están proporcionando albergue, alimentación y orientación a las personas solicitantes de asilo que han sido transferidos a Guatemala sin suficiente información. Otras organizaciones en Guatemala, a través del Grupo Articulador de la Sociedad Civil en Materia Migratoria, han emprendido una constante defensa contra los acuerdos.

En Estados Unidos, la ACLU, el National Immigrant Justice Center, el Center for Justice and Refugee Studies y Human Rights First están litigando enérgicamente contra la legalidad de los ACA ante los tribunales federales de los Estados Unidos. Organizaciones como Refugees International y Human Rights Watch han realizado investigaciones de campo, entrevistas y análisis en profundidad para documentar los efectos del acuerdo. Y las y los ciudadanos preocupados están alzando su voz.

Incluso hay esfuerzos transnacionales, como el que está siendo coordinado por la Red de Solidaridad con el Pueblo de Guatemala (NISGUA, por sus siglas en inglés), que vinculan las voces de América Central y los Estados Unidos para levantar las voces en contra de los acuerdos.

Quizás lo más poderoso; sin embargo, es que las personas transferidas a Guatemala bajo los ACA han contado sus historias. Han relatado a periodistas, investigadores y defensores cómo la puerta de acceso a la protección internacional se cerró en su camino y su vida, y al hacerlo, han atizado el movimiento contra estos acuerdos.

Independientemente de dónde se encuentren o de las estrategias que utilicen, y a pesar de que la mayoría de estas personas no se conocen, todos estos y muchos otros grupos e individuos están unidos por un propósito común. Luchan para garantizar que las personas refugiadas aún puedan encontrar seguridad en el mundo. Luchan por preservar la posibilidad de protección. Luchan para garantizar que la responsabilidad de ofrecer protección siga siendo parte de nuestra conciencia colectiva.

Y por el bien de nuestra humanidad, debemos asegurarnos de que ganen.

Kavita Kapur es abogada en El Centro de Justicia y Derecho Internacional, donde trabaja en temas de movilidad humana en Centroamérica y México.
 
Kavita Kapur es abogada en El Centro de Justicia y Derecho Internacional, donde trabaja en temas de movilidad humana en Centroamérica y México.

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Columnas Thu, 25 Jun 2020 15:35:36 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24583/La-feroz-batalla-por-la-posibilidad-de-refugio.htm
Bandesal dio crédito a hermana de comisionada presidencial pese a detectar conflicto de interés http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_2000_1333/images%7Ccms-image-000033972.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24582/Bandesal-dio-crédito-a-hermana-de-comisionada-presidencial-pese-a-detectar-conflicto-de-interés.htm El Banco de Desarrollo de El Salvador, comercialmente conocido como Bandesal, benefició a dos hermanos de la comisionada presidencial, Carolina Recinos: a uno lo contrató como gerente de fondeo y cooperación; mientras que a otra le aprobó un préstamo de $22,514 para montar una cafetería en el Ministerio de Hacienda, pese a las advertencias internas de un conflicto de interés. Otros dos hermanos de la comisionada fueron contratados por esta administración en la Cancillería y en el Centro Nacional de Registro (CNR). Susana Elizabeth Recinos Montes ganó el contrato para operar la cafetería interna del Ministerio de Hacienda, pese a que no tenía la capacidad económica para prestar ese servicio. No tenía ni el equipo ni el capital de trabajo para el proyecto. Por eso, luego de asegurar el negocio con Hacienda, la señora Recinos Montes presentó un legajo de documentos al Banco de Desarrollo de El Salvador, conocido comercialmente como Bandesal, para solicitarles un crédito del estatal Fondo de Desarrollo Económico (FDE).

Según los documentos, la señora Recinos Montes necesitaba $22,514.02 para financiar la compra de equipo y el capital de trabajo, un monto que representaba el 75% de la inversión para operar la cafetería. Eso significa que al Ministerio de Hacienda no le hizo ruido que, al momento de adjudicar el contrato, la empresaria no tuviera la capacidad para proveer los alimentos para los empleados. El Faro llamó y dejó mensajes en el celular del ministro Nelson Fuentes, para pedirle una explicación de este proceso de adjudicación, pero al cierre de esta nota aún no había respondido. Según los documentos de Bandesal, ella manifestó en su solicitud de crédito que tenía adjudicado ese negocio con Hacienda.

La solicitud del crédito encendió las alertas del banco. El Comité de Créditos de Bandesal consideró que la petición generaba un conflicto con las normas de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF) y con un manual para prevenir el lavado de dinero y activos. Las alertas eran generadas por las relaciones familiares de la solicitante. Susana Elizabeth Recinos Montes es hermana de un gerente de Bandesal y también es hermana de Martha Carolina Recinos de Bernal, una de las mujeres más poderosas del gobierno de Nayib Bukele.

El Ministerio de Hacienda adjudicó la administración de la cafetería a una hermana de Carolina Recinos, la comisionada presidencial. El ministro Fuentes (de saco) no ha explicado por qué se seleccionó a una empresaria que no tenía capacidad económica para prestar ese servicio. Esta foto fue tomada el 15 de julio de 2019. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
El Ministerio de Hacienda adjudicó la administración de la cafetería a una hermana de Carolina Recinos, la comisionada presidencial. El ministro Fuentes (de saco) no ha explicado por qué se seleccionó a una empresaria que no tenía capacidad económica para prestar ese servicio. Esta foto fue tomada el 15 de julio de 2019. Foto de El Faro: Víctor Peña.

Carolina Recinos ha formado parte del círculo de confianza del presidente durante los últimos años. Fue asesora del despacho cuando Bukele era alcalde de Nuevo Cuscatlán (2012-2014); trabajó como apoderada de Starlight, una de las empresas de Bukele que recibió $1.9 millones de Alba Petróleos (2014). Formó parte del comando de campaña y, cuando Bukele tomó las riendas del gobierno (junio 2019), fue nombrada Comisionada Presidencial para Operaciones y Gabinete de Gobierno. Participa en temas económicos, de salud, de agua potable, en reuniones de asuntos diplomáticos y es interlocutora en negociaciones con los diputados.

Dos meses después del nombramiento oficial de Carolina Recinos, en agosto de 2019, según el portal de Transparencia del Gobierno, Bandesal contrató como gerente de fondeo y cooperación a Herbert Orlando Recinos Montes, hermano de la comisionada presidencial.

Cuando Bandesal contrató al hermano de la comisionada presidencial, el banco era presidido por Juan Pablo Durán Escobar, un hombre que desfiló por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y por Cambio Democrático (CD), al cual abandonó tras un cruce de acusaciones de corrupción con el entonces secretario general, Oscar Kattán. Durán Escobar también tuvo un paso fugaz (junio 2009-abril 2010) por la presidencia de la Lotería Nacional de Beneficiencia (LNB), cargo que dejó tras denuncias de comportamiento indecoroso. El expresidente Mauricio Funes le recordó algo de ese pasado cuando Durán Escobar fue nombrado presidente de Bandesal por el actual Gobierno: “Cómo es posible que un banco que fue creado para facilitar el acceso al crédito de sectores tradicionalmente excluidos del sistema financiero, entre ellos las mujeres, será dirigido por un acosador sexual”, cuestionó Funes, prófugo de la justicia salvadoreña, el 2 de junio de 2019.

El crédito y los conflictos de interés

El sistema bancario está obligado a cumplir protocolos para prevenir el lavado de dinero. Uno de los protocolos es activar alertas cuando el cliente es una Persona Expuesta Políticamente (PEP). “La debida diligencia para el ciudadano común no se le hace a Personas Expuestas Políticamente. Es una diligencia ampliada y se le exige más documentación. Los primeros que deben activar este mecanismo de prevención son los ejecutivos de ventas, luego el oficial de cumplimiento del banco debe estar monitoreando el proceso”, explicó un exfiscal antilavado que pidió hablar bajo anonimato.

Susana Elizabeth Recinos Montes era una PEP por partida doble. En la solicitud del crédito, para un plazo de 60 meses, con un período de gracia de seis meses y una tasa de interés del 10%, solicitó “la firma solidaria de su esposo Alejandro Rivera a modo de respaldo financiero”, según documentos de Bandesal a los que tuvo acceso El Faro. Alejandro Rivera fue viceministro de ingresos del Ministerio de Hacienda, manejó los ingresos, los impuestos internos y de aduanas durante el gobierno de Salvador Sánchez Cerén (2014-2019).

“Lo que se hace es una evaluación y se van poniendo como banderitas rojas, como alertas para que la solicitud sea evaluada por una autoridad superior”, explicó una fuente de Bandesal. En su reporte, el Comité de Créditos consignó un posible conflicto de interés indirecto por la siguiente razón: “La solicitante del financiamiento es considerada una Persona Políticamente Expuesta (PEP) por su relación familiar (hermana) de Martha Carolina Recinos de Bernal, Comisionada Presidencial de Operaciones de Gabinete de Gobierno, de la Presidencia de la República de El Salvador (sic)”, consigna uno de los documentos del banco.

No fue la única advertencia de conflicto de interés. “Esta operación sería relacionada pues la solicitante del financiamiento es hermana de un gerente del DBES (sic)”. El documento bancario no revela el nombre de ese gerente, pero este periódico ha documentado que en agosto de 2019, Bandesal contrató a Herbert Orlando Recinos Montes, hermano de la señora que pedía el crédito y hermano de la comisionada presidencial, como gerente de Fondeo y Cooperación. La tarde del miércoles 6 de junio, El Faro llamó a la oficina del gerente en la colonia Escalón, pero la persona que atendió la llamada dijo que no se encontraba en ese momento. “La señora Susana Recinos es hermana de un gerente de Bandesal, lo que implica según el comité, un conflicto de interés directo (sic)”, se lee en un segundo documento.

Juan Pablo Durán, presidente de Bandesal. Foto de El Faro: Cortesía de Presidencia.
 
Juan Pablo Durán, presidente de Bandesal. Foto de El Faro: Cortesía de Presidencia.

Para dejar constancia de sus alertas, el Comité de Crédito citó una norma de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF): “Son personas relacionadas con un banco, aquellas que tienen la capacidad de influenciar las decisiones de otorgamiento de crédito o que tiene conflicto de intereses al tener relación o vínculo puede ser por la participación en la administración del banco (sic)”. También invocaron el manual de operaciones de prevención y detección de lavado de dinero, para que fuera la junta directiva de Bandesal la que tomara la decisión de establecer o no una operación financiera con una persona identificada como PEP.

Bandesal inició operaciones el 19 de enero de 2012 y administra el Fondo de Desarrollo Económico (FDE) para financiar micros, pequeñas y medianas empresas. Según uno de sus últimos reportes, durante el primer semestre de 2019, otorgó créditos a este sector por $49.3 millones. La bolsa de créditos para las micros, pequeñas y medianas empresas es manejada por la Gerencia de Negocios de Primer Piso. Esta oficina recibió la solicitud de crédito de la señora Recinos Montes y, pese a las alertas de conflicto de interés, pidió a la junta directiva aprobar el préstamo.

El 11 de febrero de 2020, la junta directiva aprobó por unanimidad el crédito a favor de la señora Recinos Montes. Y, aunque enunciaron las disposiciones del Manual para la Prevención del Lavado de Dinero y las normas de la SSF, los directores no argumentaron por qué autorizaban la operación financiera con una Persona Expuesta Políticamente. Tampoco confirman o descartan que haya un conflicto de interés por el parentesco con el gerente de Bandesal. “Hacen una narración del contenido del Comité de Crédito, pero no hay una justificación de por qué aprueban el crédito”, explicó la fuente de Bandesal.

Bandesal intentó ocultar toda la información relacionada al crédito de la señora Recinos Montes. El banco subió al portal de transparencia el acta de reunión de la junta directiva del 11 de febrero de 2020, pero colocó un filtro para que la información del crédito otorgado a la hermana de la comisionada presidencial no esté disponible al público. El Faro, sin embargo, tiene una copia del acta de sesión ordinaria JD-05/2020, así como otros documentos bancarios.

La falta de argumentación de por qué otorgaron un crédito a una PEP o la falta de pronunciamiento para confirmar o descartar el conflicto de interés entre la solicitante y el gerente de Bandesal, o entre la solicitante y la comisionada presidencial, no son los únicos vacíos en la decisión que tomaron los directivos.

El Código de Gobierno Corporativo de Bandesal dice que las instancias de aprobación de créditos tienen la responsabilidad de “velar porque los riesgos que se están tomando sean procedentes”. En el caso del préstamo a la hermana de la comisionada presidencial, el acuerdo no detalla una garantía o una capacidad económica del cliente para pagar la deuda. El respaldo del préstamo es el compromiso que la deudora tiene con el Ministerio de Hacienda. “La señora Recinos tendrá la capacidad de ampliar su capacidad de respuesta ante la recién adjudicada solicitud de proveer de alimentos preparados a los empleados del Ministerio de Hacienda dentro de la cafetería interna (…) La señora Recinos cuenta con más de ocho años de experiencia en la elaboración y venta de alimentos preparados y posee buena relación con los proveedores que le facilitan la materia prima”, justificó la directiva de Bandesal.

La mañana del 6 de junio, El Faro llamó y dejó mensajes en los celulares de la comisionada presidencial y del presidente de Bandesal. Carolina Recinos aún no ha contestado, mientras que Juan Pablo Durán Escobar respondió por la aplicación WhatsApp: “Con gusto puedo recibirlo hoy a las 2 pm aca en BANDESAL, si usted me proporciona el nombre del supuesto familiar, ya ke tendría información al respecto (sic)”, respondió al mediodía.

"El préstamo es a nombre de Susana Elizabeth Recinos Montes. Llegaré a Bandesal a las 2 pm. Gracias", respondió El Faro.

Cuando un equipo de este periódico se desplazaba hacia las oficinas de Bandesal, el presidente de esa institución dijo que cancelaba la entrevista por un imprevisto de última hora. “Tenga la certeza que los Procesos Crediticios de BANDESAL se realizan en estricto cumplimiento de Normas y Políticas Aprobadas por nuestra Junta Directiva (…) En base al artículo 232 de la Ley de Bancos y 92 de la Ley de BANDESAL tenemos la prohibición de revelar información de nuestros clientes (sic)”, escribió Durán Escobar en dos mensajes, el último recibido a la 1:51 de la tarde, nueve minutos antes de la entrevista pactada.

Acta de acuerdo de sesión extraordinaria de junta directiva de Bandesal del 11 de febrero de 2020, donde aprueban el crédito de la hermana de Carolina Recinos. 
 
Acta de acuerdo de sesión extraordinaria de junta directiva de Bandesal del 11 de febrero de 2020, donde aprueban el crédito de la hermana de Carolina Recinos. 

La cónsul y el jefe de seguridad

En su primera semana de gobierno, el presidente Bukele despidió a una veintena de familiares de dirigentes del FMLN que tenían contrato con instituciones del Ejecutivo. Entre los despedidos figuraban familiares del expresidente Sánchez Cerén, del excanciller Hugo Martínez, del exvicepresidente Óscar Ortiz y de las diputadas Nidia Díaz y Norma Guevara. “No entendía la indignación de este diputado del FMLN por los despidos de evidentes casos de nepotismo”, escribió Bukele en su cuenta de Twitter el 5 de junio de 2019, minutos antes de ordenar a la ANDA, también vía Twitter, el despido de Mireya Lazo, esposa del diputado del FMLN, Víctor Hugo Suazo.

El presidente Bukele levantó la bandera contra el nepotismo, pese a que él también había nombrado a parientes en su gabinete recién nombrado.

Dos meses después del nombramiento de Carolina Recinos como coordinadora del gabinete y dos meses después de la ola de despidos en Twitter por nepotismo, varios de los familiares de la funcionaria fueron contratados en instituciones estatales. En agosto de 2019, Bandesal contrató como gerente de fondeo y cooperación a Herbert Orlando Recinos Montes, hermano de la comisionada presidencial.

Cuatro meses después del nombramiento de Carolina Recinos como coordinadora del gabinete y cuatro meses después de la ola de despidos en Twitter por nepotismo, el 16 de octubre de 2019, otra hermana de la funcionaria fue contratada por el Ministerio de Relaciones Exteriores como cónsul en Charlotte, Carolina del Norte, en Estados Unidos. Ella se llama Emilia Antonia Recinos Montes y, según información del documento de identidad, es bachiller comercial. El Faro intentó documentar en el portal de Transparencia la experiencia diplomática de Emilia Antonia, pero en el apartado dedicado a su currículum se leía el siguiente mensaje: “Nombramiento reciente. CV en proceso de elaboración”. Este periódico también escribió al correo electrónico de la diplomática y llamó al consulado de Charlotte, pero nadie atendió la llamada telefónica.

Oficinas de Bandesal sobre la alameda Roosevel en San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Oficinas de Bandesal sobre la alameda Roosevel en San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

Emilia Antonia fue esposa de José Roberto Hernández Sánchez, exconcejal de la Alcaldía de San Salvador durante la gestión de Carlos Rivas Zamora (2003-2006), expulsado del FMLN por no apoyar la candidatura presidencial de Shafick Handal. Cuando Hernández Sánchez era regidor, su cuñada Carolina Recinos, era la gerente general de la Alcaldía. Emilia Antonia no es la única familiar de la comisionada presidencial que trabaja en Cancillería. Efrén Arnoldo Bernal Chévez, esposo de la comisionada presidencial, es el embajador en Rusia desde el gobierno de Sánchez Cerén. Bernal Chévez presentó sus cartas credenciales ante Vladimir Putin en abril de 2018 y es uno de los nombramientos efemelenistas que el presidente Bukele no ha cambiado.

Cuatro meses después del nombramiento de Carolina Recinos como coordinadora del gabinete, cuatro meses después de la ola de despidos en Twitter por nepotismo y dos días después del nombramiento de la hermana de la comisionada presidencial como cónsul en Charlotte, el 18 de octubre de 2019, otra institución estatal contrató a un cuarto hermano de Carolina Recinos. Ese día, Julio Alexander Recinos Montes, un expolicía que fue jefe de la subdedelegación en Berlín, Usulután, fue contratado como jefe de seguridad del Centro Nacional de Registro (CNR).

El Faro mandó un correo electrónico y también llamó a la oficina de Recinos Montes en el CNR. “En este momento no se encuentra, pero le voy a dar su mensaje”, respondió Saúl, el hombre que atendió la llamada en la oficina de seguridad del CNR. Hasta el cierre de esta nota, no había correspondido la llamada.

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El Salvador Wed, 24 Jun 2020 23:22:00 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24582/Bandesal-dio-crédito-a-hermana-de-comisionada-presidencial-pese-a-detectar-conflicto-de-interés.htm
Batman vende mascarillas en San Jacinto http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop_0_0_2000_1333/images%7Ccms-image-000033940.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24577/Batman-vende-mascarillas-en-San-Jacinto.htm Las secuelas económicas de los casi tres meses de cuarentena obligatoria se sintieron desde las primeras semanas. Algunos han salido reconvertidos de esta crisis que aún está lejos de acabar. Stanley, por ejemplo, tuvo que convertirse en Batman y salir a las calles enmascarado a vender mascarillas. Batman termina de hacer unas costuras a su atuendo en la comunidad Modelo 1 de San Jacinto. Se ajusta el traje, le queda flojo, le sobra en la cintura y brazos, y también en el torso y por todos lados más bien. Lo único que le va justo es la máscara. Apenas llena el resto con su cuerpo. Batman es flaco y bajito.  

Son las 3 de la tarde del 12 de junio del 2020 y el mundo entero sigue en prueba y error para intentar sacar cabeza en medio de la emergencia causada por la covid-19. En El Salvador, a esta fecha, van más de 70 muertos. Es el último viernes de cuarentena obligatoria y algunos negocios informales en las afueras de la plaza San Jacinto, en la capital, ya están abiertos. Dentro de la plaza hay un supermercado y afuera se genera una fila de personas que intentan entrar bajo las normas de capacidad limitada. Este día, por disposición del Gobierno, solo pueden comprar aquellos cuyo documento de identidad termine en 0, 1 y 2. Pero aquí parece que todos los vecinos vinieron. La fila abarca la cuadra entera y da vuelta en la esquina.

Durante casi toda la cuarentena Batman se ha movilizado en los alrededores de la Plaza San Jacinto para vender las mascarillas que elabora en su casa. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Durante casi toda la cuarentena Batman se ha movilizado en los alrededores de la Plaza San Jacinto para vender las mascarillas que elabora en su casa. Foto de El Faro: Carlos Barrera

En medio del murmullo de la gente se escucha una voz que capta la atención de todos: “Proteja a su familia, use mascarilla”. Batman ha aparecido de entre la multitud, mide 1.65, es trigueño, se nota en el cuello y las manos, las partes que el traje no cubre. De la cara solo se distinguen sus ojos color café, la boca de este Batman no se ve, la lleva cubierta con una mascarilla negra. “Proteja a su familia, use mascarilla, es a dólar”, grita Batman. La sensación térmica es fuerte, bajo sus párpados se ven las gotitas de sudor. En sus manos carga una regla de madera de donde cuelgan más de una docena de barbijos. “No son de las que usan los doctores, pero algo es algo”, se sincera Batman ante una señora interesada en hacerse de una de las mascarillas. Esta tarde, Batman solo ha vendido tres mascarillas. Llegó a la Plaza San Jacinto a la 1:00 de la tarde, lleva casi tres horas de trabajo y pretende seguir durante tres más.

Antes de vender mascarillas, hace poco más de tres meses, Batman no era Batman. 

Stanley Gómez es un hombre de 28 años de edad, nació y creció en Soyapango. A su padre, un guardia de seguridad, lo asesinaron en un tiroteo mientras cuidaba un negocio en el bulevar de Los Héroes. Stanley tenía cuatro años. Al cumplir 12, se separó de su madre. Para ese tiempo, era casi un adolescente y las constantes mudanzas de su familia, por falta de pagos, le causaban problemas. Ser joven y cambiar de domicilio no es fácil en un país como El Salvador. El acoso de las pandillas llevó al niño Stanley a separarse de su madre y vivir con su tía en un lugar que no es del todo seguro, pero es lo mejor que ha tenido.

Stanley Gómez y su tía Misaela Pérez en su casa ubicada en la comunidad Modelo 1 de San Jacinto. Durante la cuarentena ambos se quedaron sin ingresos y la venta de mascarillas se convirtió en el sostén para los dos. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Stanley Gómez y su tía Misaela Pérez en su casa ubicada en la comunidad Modelo 1 de San Jacinto. Durante la cuarentena ambos se quedaron sin ingresos y la venta de mascarillas se convirtió en el sostén para los dos. Foto de El Faro: Carlos Barrera

El alter ego de Stanley no se parece al Batman de las películas, de ninguna de ellas. Basta con ver su traje de tela para que eso quede claro. Y, aunque Stanley perdió de niño a sus dos padres, su historia nada tiene que ver con la de Bruce Wayne. Tras el asesinato de su padre y el abandono de su madre, Stanley siguió siendo lo que ya era: pobre.

Estudió hasta bachillerato y, al ser mayor de edad, por algunos años trabajó en una maquila del municipio de San Marcos, donde aprendió el oficio de costurero. Esos años de maquila se los pasó ahorrando de lo poco que ganaba, $240 mensuales. Cuando fue despedido, compró una máquina de coser. En 2016, al quedarse sin empleo debido a un recorte de personal, emprendió un negocio, compró algunos trajes viejos de superhéroes, los reparó y empezó a animar fiestas. Se vestía de payaso, de superhéroe, hacía decoraciones, alquilaba sonido para todo tipo de eventos y daba empleo a otros jóvenes que como él buscaban una oportunidad para ganarse la vida. Durante cuatro años, la animación de eventos se convirtió en el sostén económico de Stanley. “Cuatro hermosos años”, dice Stanley.  

Para él, este 2020 pintaba bien. Los primeros meses hizo eventos en los que le quedaban $500 de ganancia y podía dar empleo hasta a cinco personas más. Pero el coronavirus llegó con fuerza a los países de América. Para el 21 de marzo, cuando Stanley vivía los mejores tiempos de su negocio, se declaró la cuarentena domiciliar en El Salvador, se prohibieron los eventos públicos y las reuniones. Él, al igual que su tía, una anciana de 76 años llamada Misaela Pérez, que vendía pupusas en Merliot, se quedaron sin ingresos. 

Stanley trabaja en la elaboración de mascarillas para venderlas y poder obtener dinero. El taller lo tiene en su habitación, la labor la realiza desde que inició la cuarentena y no pudo seguir animando fiestas. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Stanley trabaja en la elaboración de mascarillas para venderlas y poder obtener dinero. El taller lo tiene en su habitación, la labor la realiza desde que inició la cuarentena y no pudo seguir animando fiestas. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Desde ese día, la sociedad salvadoreña empezó a utilizar mascarillas para andar en la calle. Una tarde de marzo, Stanley sacó $50 de sus ahorros y compró tela para hacer mascarillas en su casa. “Mi guarida”, dice él, asumiendo su personaje. Desde entonces personifica a Batman. Dice que fue con el deseo de ayudar a salvar vidas haciendo mascarillas y también, obviamente, para ganar un poco de dinero.

Desde marzo hasta mediados de junio, Stanley confecciona mascarillas de tela y elástico. Las fabrica en su casa, en la comunidad Modelo. 

La casa está clavada en una colina que acaba en el río Matalapa, el que cruza el Zoológico Nacional y que, un par de kilómetros río abajo, se une con el Arenal de Monserrat. Sobre la carretera, Stanley ha instalado una cámara de vigilancia que compró en las ventas de objetos usados del Centro Histórico. El dispositivo de su “guarida” no funciona, la tormenta tropical Amanda la dañó el 31 de mayo. Según cuenta, nunca ha sido víctima de ningún delito en el lugar, pero prefiere ser un hombre precavido. La zona está bajo el control de las pandillas y el último suceso violento del que hay registro no ocurrió hace mucho: en enero de 2020 el cadáver de un hombre asesinado con arma blanca fue encontrado en la etapa tres de la comunidad, dentro de una de las casas. 

Stanley Gómez en el pasillo que lleva a la entrada principal de su casa ubicada en la comunidad Modelo 1 de San Jacinto. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Stanley Gómez en el pasillo que lleva a la entrada principal de su casa ubicada en la comunidad Modelo 1 de San Jacinto. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Para llegar hasta la casa de Stanley hay que bajar 30 escalones y cruzar un pasillo oscuro que parece una cueva: “Aquí es la guarida de Batman”, dice con orgullo Stanley, a quien el juego de palabras le entusiasma. Una sonrisa se marca en su cara. A su encuentro salen tres perros criollos, Tuto, Titi y Perrín, que es el más agresivo. Junto a su tía, dice Stanley, esos perros son lo que más quiere. La anciana de baja estatura y de piel morena nos recibe con un par de cafés. Stanley los toma y va directo a la máquina de coser. Le han hecho un pedido de 20 mascarillas que debe entregar los más pronto posible. 

Después de unos días vendiendo barbijos en la calle, la gente ya lo reconoce en la zona de San Jacinto. Si bien en las calles de San Salvador muchos vendedores ambulantes se pasean ofreciendo mascarillas, encontrarse a Batman anunciándolas a dólar es memorable. 

Algunas personas le hacen pedidos particulares, con estampados de caricaturas o con colores estridentes. Entonces, Stanley vuelve a su casa, se quita el disfraz y se compenetra en la máquina de coser.  

El taller de Stanley es su cuarto al lado del río sucio que se acrecentó con las tormentas de este invierno, hasta casi llegar a su ventana. No le preocupa, lleva 16 años viviendo en este lugar. 

Stanley Gómez experimenta con diseños nuevos y personalizados. Cada día invierte hasta tres horas en elaborar las mascarillas que luego vende en las calles de San Jacinto. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Stanley Gómez experimenta con diseños nuevos y personalizados. Cada día invierte hasta tres horas en elaborar las mascarillas que luego vende en las calles de San Jacinto. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Los últimos tres meses han sido los más difíciles. Le preocupa más el hambre que la pandemia. Desde mediados de marzo, ha vendido unas 300 mascarillas a dólar cada una. Restando la inversión de material, que fueron $50, Stanley ha logrado ganar $250. 

Vuelvo a visitar a Stanley tres días después del encuentro en la plaza. Es 15 de junio. La cuarentena obligatoria ha finalizado. Stanley abre la puerta de su casa. Lleva puesta la máscara de Batman y viste un pantalón de lona azul, un centro desteñido y con pequeños agujeros. Desde hace dos días no se ha convertido del todo en Batman, una infección estomacal le imposibilitó salir a vender y se quedó en casa zurciendo mascarillas. 

La preocupación de Stanley ahora es el futuro: se pregunta cuándo podrá volver a animar fiestas. Le explico que, según el plan de reapertura gubernamental, anunciado por el presidente Bukele la noche del sábado 13 de junio, la fase cuatro contempla los espectáculos públicos y se ejecutará a partir del 6 de agosto. “Puta, estoy jodido, más de dos meses faltan”, dice mientras se lleva las manos a su cabeza y baja la cara. Termina su café y se dirige a su cuarto, se pone el traje de Batman y me pide que lo lleve a la plaza San Jacinto. Necesita vender. La espera de dos meses le parece eterna y de algo tienen que vivir su tía y él. Stanley no dijo ni una palabra durante los cinco minutos de viaje. Al llegar a la plaza, dijo lo que era obvio que diría: "La venta es baja y de aquí a que pueda ir a animar un evento falta mucho". 

Batman llama la atención, dos mujeres le pidieron una fotografía y el accedió. Después de eso le ofrecieron animar un cumpleaños para finales de agosto. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Batman llama la atención, dos mujeres le pidieron una fotografía y el accedió. Después de eso le ofrecieron animar un cumpleaños para finales de agosto. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Quejándose estaba Batman cuando unas mujeres lo llaman para hacerle una fotografía. Él acepta, pero también les vende dos mascarillas y les ofrece una tarjeta con su número y nombre de "agencia de animación", que este Batman no sobrevive del anonimato. Las dos mujeres parecen interesadas y él se nota contento, ríe y está atento. Tras unos minutos, las mujeres se van. Stanley ha conseguido trabajo para finales de agosto, animará un cumpleaños, eso le dijeron. Hasta entonces, Batman tendrá que seguir vendiendo las mascarillas que Stanley hace en una pequeña casa de la comunidad Modelo.

 

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El Salvador Tue, 23 Jun 2020 14:58:01 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/el_salvador/24577/Batman-vende-mascarillas-en-San-Jacinto.htm
Inseguridad jurídica: receta de una crisis innecesaria - Por José Marinero Cortés http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24575/Inseguridad-jurídica-receta-de-una-crisis-innecesaria---Por-José-Marinero-Cortés.htm 360 grados Tue, 23 Jun 2020 10:54:56 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24575/Inseguridad-jurídica-receta-de-una-crisis-innecesaria---Por-José-Marinero-Cortés.htm Un ritual para volver a lo humano http://elfaro.net/images/cache/555x370/crop/images%7Ccms-image-000033939.JPG http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24574/Un-ritual-para-volver-a-lo-humano.htm Si bien la virtualidad propicia nuevas estéticas de la escena, la experiencia como espectadores es diferente. Volver a la escena, a ese espacio de relación, de diálogo, se convierte en una necesidad imperiosa. El “Quédate en casa”, la regulación de desplazamiento humano y el distanciamiento social ha suscitado diversos debates en los medios artísticos, ha mostrado las distintas percepciones de corrientes filosóficas del arte escénico, ha enfrentado las miradas generacionales entre artistas y ha puesto sobre la escena pública las políticas culturales que los Estados han construido desde la desigualdad. El Salvador no ha sido la excepción.

En primera instancia, el cierre de los espacios de representación escénica ha puesto en crisis tanto las formas de vivir los fenómenos artísticos como las formas de representación y producción de los mismos. El internet ha sido la punta de lanza de los medios de escenificación virtual de diversos fenómenos teatrales. Asistimos a espectáculos pregrabados o a representaciones transmitidas en vivo. Nuestra experiencia como espectadores de artes escénicas ahora está mediada por la tecnología, la experiencia del convivio teatral ha sido extrapolada a la experiencia del tecno-vivio.

Esta mediación tecnológica ha producido la resistencia de muchos creadores escénicos que afirman que esto deshumaniza un arte que tiene al humano como centro, y apuntan que el teatro no puede perder su naturaleza de reunión, de cercanía, de estrechez humana. Por otro lado, hay quienes afirman que estamos ante un cambio de paradigma y que es momento de replantearse una nueva concepción de la teatralidad, de los fenómenos escénicos, sacar provecho de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y de las posibilidades de la teatralidad como espacio contaminante, abierto a los cruces.

Más allá de las visiones de los creadores, aparentemente enfrentadas, todos hemos apostado para que el teatro no desaparezca ante la inminente crisis. Hemos puesto en práctica y teorizado sobre los recursos creativos que tenemos, las formas de producción de nuestros trabajos y las formas en que queremos relacionarnos después de la pandemia. En este sentido, observo la coincidencia de que todos queremos volver a entablar esa relación cuerpo a cuerpo con nuestras audiencias.

En todas las civilizaciones antiguas del mundo el arte escénico tiene orígenes rituales. Esta ritualidad se ha mantenido en el devenir de la historia de la humanidad. La palabra teatro tiene su origen en la palabra griega Theatron, que no es más que el espacio desde donde se observa, desde donde se ve. Esto me lleva a pensar en la premisa que para que exista el teatro deben haber, como mínimo, estos dos componentes: un fenómeno escénico y una audiencia.

Si bien la virtualidad propicia nuevas estéticas de la escena, la experiencia como espectadores es diferente. Desplazarnos a los espacios de representación escénica, ya sean plazas, salas de teatro, auditorios o cualquier territorio que funcione para construir ficción teatral, es, en sí mismo, un acto de socialización, de acercamiento con otros, de convivio entre diferentes. Como espectadores del acontecimiento teatral in situ podemos escoger la forma de observación del mismo, moviendo nuestra mirada en detalles particulares que solo nosotros elegimos ver; asistimos a los espectáculos para divertirnos, para sentirnos cuestionados, para aprender o desaprender, para ser interpelados por otros seres humanos que utilizan diversos recursos expresivos, diversas estéticas de construcción de una realidad efímera, de una realidad poética.

Ahora, con los procesos de la “nueva normalidad” se plantean otros retos que sin duda van a cambiar nuestros modos de construir esa relación humana entre artistas y audiencias, esa relación que se produce en el espacio llamado teatro. Sin embargo, volver a la escena, a ese espacio de relación, de diálogo, se convierte en una necesidad imperiosa, puesto que es una práctica atávica de la humanidad. Volver a los espacios de representación escénica es volver al afecto, volver a la humanidad.

David Rocha es un actor titiritero, crítico teatral e investigador cultural nicaragüense. Cuenta con una Maestría en Estudios Culturales por el IHNCA/UCA (2016) y una Licenciatura en Arte Teatral, con especialidad en Teatrología por el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba (2013). Actualmente reside en El Salvador y colabora con el Teatro Luis Poma
 
David Rocha es un actor titiritero, crítico teatral e investigador cultural nicaragüense. Cuenta con una Maestría en Estudios Culturales por el IHNCA/UCA (2016) y una Licenciatura en Arte Teatral, con especialidad en Teatrología por el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba (2013). Actualmente reside en El Salvador y colabora con el Teatro Luis Poma

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Columnas Tue, 23 Jun 2020 09:45:24 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/columnas/24574/Un-ritual-para-volver-a-lo-humano.htm
Resolución sobre DACA: un respiro para continuar la lucha - Por Óscar Chacón http://www.elfaro.net/themes/publication_1/theme_1/img/logo_rsi.jpg http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24571/Resolución-sobre-DACA-un-respiro-para-continuar-la-lucha---Por-Óscar-Chacón.htm 360 grados Mon, 22 Jun 2020 16:59:43 +0100 http://www.elfaro.net/es/202006/360grados/24571/Resolución-sobre-DACA-un-respiro-para-continuar-la-lucha---Por-Óscar-Chacón.htm