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El Salvador

Mossack Fonseca permitió a clientes salvadoreños crear en Panamá más de 200 compañías opacas

Millones de documentos muestran a jefes de Estado, políticos, empresarios, criminales y celebridades que usan escondites en paraísos fiscales. El nexo común es la firma panameña de abogados Mossack Fonseca, un emporio con oficinas en todo el mundo, que ha facilitado y tramitado una compleja y opaca red. Clientes salvadoreños han usado este bufete para esconder sus negocios y hacer transacciones monetarias en Panamá o las Islas Vírgenes Británicas.

Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), César Castro Fagoaga y Jimmy Alvarado

 
 

Una masiva fuga de documentos ha sacado a la luz bienes de empresas y sociedades que operan en paraísos fiscales, conocidas como “offshore”, de al menos once líderes mundiales actuales y pasados y revela, por ejemplo, cómo asociados del presidente ruso Vladimir Putin movieron en secreto hasta 2 mil millones de dólares a través de bancos y compañías secretas. La filtración también da detalles sobre los negocios financieros secretos de 128 políticos y funcionarios públicos alrededor del mundo.

Para el caso de El Salvador, los registros indican que más de 220 empresas offshore fueron creadas bajo la sombrilla de la firma panameña de abogados Mossack Fonseca, que entre 2000 y 2015 trabajó con al menos 33 clientes salvadoreños. Las empresas, creadas para garantizar el anonimato de sus propietarios, han sido usadas para efectuar transacciones de cientos de miles de dólares, compra de inmuebles en El Salvador o para celebrar convenios con municipalidades salvadoreñas. Todo fuera del radar de las autoridades locales.

Un banco de datos de 11,5 millones de registros internos de Mossack Fonseca muestra cómo una industria global de firmas legales y grandes bancos vende secretos financieros tanto a políticos y traficantes de drogas así como a billonarios, celebridades y estrellas deportivas.

Estos son algunos de los hallazgos clave de una investigación de un año coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), abierta por el diario alemán Süddeutsche Zeitung y desarrollada por más de 100 medios de comunicación de todo el mundo, incluido El Faro.

Conocidas como offshore (o fuera de costa), estas empresas se registran en territorios donde no desarrollan ninguna actividad económica. Mossack Fonseca, tal como lo demuestra la documentación obtenida, ha ofrecido tres ventajas a sus clientes: protección de activos, ventajas fiscales y anonimato. Bajo el auspicio de la firma panameña, las empresas con beneficiarios salvadoreños se asentaron mayoritariamente en paraísos fiscales como Islas Vírgenes Británicas, Panamá y el estado de Nevada (Estados Unidos).

Los archivos, además, exponen compañías offshore controladas por los actuales primeros ministros de Islandia y Pakistán, el rey de Arabia Saudí y los hijos del presidente de Azerbaiyán. También incluyen a 33 personas y compañías puestas en la lista negra del gobierno de los Estados Unidos a partir de evidencia de que han hecho negocios con capos mexicanos de la droga, organizaciones terroristas como Hizbulá y naciones como Corea del Norte e Irán. Una de estas compañías proveyó combustible para las aeronaves que el gobierno de Siria utilizó para bombardear y matar a miles de sus propios ciudadanos según acusaciones hechas por las autoridades de Estados Unidos.

Los datos filtrados cubren casi 40 años, desde 1977 hasta el final de 2015, y permiten una mirada inédita al interior del mundo de los paraisos fiscales y las empresas offshore, y revelan cómo día a día, década a década, el dinero sucio fluye por el sistema financiero global, generando crimen y despojando a las tesorerías nacionales de ingresos por impuestos.

Los registros filtrados —que fueron revisados por un equipo de más de 370 periodistas de 78 países— vienen de una poco conocida pero poderosa firma legal con base en Panamá, Mossack Fonseca, que tiene sucursales en Hong Kong, Miami, Zurich y más de 35 otros puntos alrededor del globo.

La firma es una de las principales creadoras de compañías de coraza en el mundo, conocidas como “shell”, estructuras corporativas que pueden ser usadas para esconder la propiedad de bienes. Los archivos internos filtrados de esta firma legal contienen información sobre 214,488 entidades offshore conectadas a personas en más de 200 países y territorios. El ICIJ publicará la lista completa de compañías y personas vinculadas a ellas a principios de mayo.

Los datos incluyen correos electrónicos, formularios financieros, pasaportes y registros corporativos que revelan a los propietarios secretos de cuentas bancarias y compañías en 21 jurisdicciones offshore, desde Nevada a Singapur y las Islas Vírgenes Británicas.

Las huellas de Mossack Fonseca están en el tráfico de diamantes de África, el mercado internacional de arte y otros negocios que se benefician del secretismo. La firma ha servido a suficientes miembros de la realeza del Medio Oriente para llenar un palacio. Ha ayudado a dos reyes, Mohammed VI de Marruecos y el rey Salman de Arabia Saudí, a salir al mar en lujosos yates.

Prestanombres para clientes salvadoreños

Los contratos de Mossack Fonseca con clientes salvadoreños se remontan a principio de la década pasada. El proceso fue similar en casi todos los casos: empresarios, funcionarios públicos, financistas de políticos y excandidatos solicitaron los servicios de Mossack Fonseca a través de firmas legales intermediarias con sede en El Salvador.

En El Salvador, según los registros obtenidos, hay tres firmas de abogados que han servido y sirven como conexión con el bufete panameño. Los abogados salvadoreños aparecen como “clientes” en los registros de Mossack, aglutinando muchas compañías. Sin embargo, una búsqueda minuciosa en los archivos filtrados permite llegar hasta los verdaderos beneficiarios de las compañías inscritas en Panamá, Islas Vírgenes, Bahamas o las Seychelles.

El funcionamiento es complejo pero repetitivo: un beneficiario se pone en contacto con Mossack, a través de su intermediario-abogado, para crear una empresa offshore, digamos, en Panamá. Mossack pone la lista completa de directores de la nueva empresa, generalmente empleados de la misma firma, residentes en colonias de clase media de la capital panameña, que además aparecen como directivos en otros cientos de empresas offshore. La nueva empresa, inscrita en el registro público panameño con esa junta directiva fantasma, depende de otra empresa más grande, una empresa shell creada también por Mossack Fonseca mediante un procedimiento similar. Las reuniones de la junta directiva se hacen, según las actas, siempre en las oficinas del despacho panameño, desde donde se aprueban acuerdos para emitir acciones o poderes a los verdaderos dueños.

Entre los millones de documentos y la cadena de empresas fachada creadas por Mossack Fonseca, El Faro ha podido detectar hasta 33 clientes salvadoreños, la mayoría abogados, que han servido de escudo para crear más de 220 empresas offshore inscritas en siete diferentes paraísos fiscales como Panamá, Seychelles, Bahamas o Nieu.

Hay un número mucho menor —ocho clientes—, que han buscado directamente a Mossack para crear sus compañías en Panamá. Es el caso de un empresario ligado al primer gobierno del FMLN, otro gran empresario salvadoreño con participación en política, un diputado del partido Arena, y diversos medios de comunicación, que crearon por esta vía fundaciones en Panamá y más de una docena de empresas offshore en Nevada. El Faro publicará los detalles de estos casos a lo largo de las próximas dos semanas.

En Nevada, según muestran los registros, la firma legal trató de protegerse a sí misma y a sus clientes de las consecuencias de una acción legal en la Corte de Distrito de Estados Unidos removiendo registros en papel de su sucursal en Las Vegas y haciendo que sus técnicos borraran registros electrónicos de teléfonos y
computadoras.

Los archivos filtrados muestran que la firma ofreció con regularidad a sus clientes fechar incorrectamente documentos para ayudarles a obtener ventaja en sus asuntos financieros. Era algo tan común que en 2007 un intercambio por email muestra a empleados de la firma hablando de establecer una estructura de precios: los clientes pagarían $8,75 por cada mes que la fecha de un documento corporativo fuera atrasada. Un caso similar ocurrió con una offshore de un empresario salvadoreño ligado al negocio de la seguridad: a través de un despacho intermediario solicitó a Mossack un poder con seis meses de retroactividad.

Una firma bajo escrutinio

En una respuesta por escrito a preguntas del ICIJ y sus socios, Mossack Fonseca dijo que “no alberga o promueve actos ilegales. Sus alegatos de que proveemos a los accionistas con estructuras supuestamente diseñadas para esconder la identidad de los verdaderos propietarios son completamente infundadas y falsas”.

La firma añadió que poner fechas atrasadas en documentos “es una práctica bien fundada y aceptada” que es “común en nuestra industria y cuyo objetivo no es encubrir o esconder actos ilegales”. Mossack dijo que no podía responder preguntas sobre clientes específicos por su obligación a mantener la confidencialidad de sus clientes.

El cofundador de la firma, Ramón Fonseca, dijo en una entrevista reciente en la televisión panameña que la firma no tiene responsabilidad por lo que los clientes hacen con las compañías offshore que Mossack Fonseca ofrece. Comparó a la firma con una “fábrica de autos”, cuya responsabilidad termina una vez que el auto es producido. Culpar a Mossack Fonseca por lo que la gente hace con sus compañías sería como culpar a la fábrica de autos “si el auto se usa en un robo”, dijo en un video difundido por diferentes medios panameños.

Hasta hace poco, Mossack Fonseca operaba principalmente en las sombras. Pero se ha visto bajo creciente escrutinio a medida que distintos gobiernos han obtenido filtraciones parciales de los archivos de la firma, y autoridades de Alemania y Brasil comenzaron a indagar en sus prácticas.

En febrero de 2015, el periodico alemán Süddeutsche Zeitung reportó que agencias alemanas habían lanzado una serie de redadas apuntando a uno de los principales bancos del país, Commerzbank, en una investigación de evasión de impuestos que las autoridades dijeron podría conducir a cargos criminales contra empleados de Mossack Fonseca.

Fachada de la firma panameña de abogados Mossack FonsecaUna investigación del ICIJ revela la creación de miles de compañías opacas en paraisos fiscales de todo el mundo, al servicio de líderes políticos, empresarios, artistas o deportistas. al menos 33 clientes salvadoreños utilizaron esta firma para crear empresas en Panamá fuera del control de las autoridades de El Salvador. #panamápapers

Entre 2000 y 2015, al menos 33 clientes salvadoreños utilizaron la firma de abogados Mossack Fonseca para crear en Panamá empresas opacas fuera del control de las autoridades de El Salvador.

En Brasil, la firma se ha vuelto un blanco en una investigación de sobornos y lavado de dinero denominada “Operación Lavado de Autos” (“Lava Jato”, en portugués), que ha conducido a cargos criminales contra destacados políticos y una investigación al popular expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. El escándalo amenaza con sacar de la oficina a la actual presidenta Dilma Rousseff. En enero, fiscales brasileños llamaron a Mossack Fonseca un “gran lavador de dinero” y anunciaron que elevaron cargos criminales contra cinco empleados de la oficina brasileña de la firma por sus roles en el escándalo.

Mossack Fonseca niega haber incumplido la ley en Brasil. Las revelaciones halladas dentro de los archivos filtrados de la firma expanden dramáticamente sobre previas filtraciones de registros offshore que ICIJ y sus socios han revelado en los últimos cuatro años.

En la colaboración mediática más grande jamás producida, periodistas trabajando en más de 25 lenguas investigaron el manejo interno de Mossack Fonseca y rastrearon los negocios secretos de los clientes de la firma alrededor del mundo. Compartieron la información y persiguieron pistas generadas por los archivos filtrados utilizando archivos corporativos, registros de propiedad, declaraciones financieras, documentos de corte y entrevistas con expertos en lavado de dinero y oficiales de la ley.

Reporteros del Süddeutsche Zeitung obtuvieron millones de registros de una fuente confidencial y los compartieron con ICIJ y otros socios, entre ellos El Faro. Los medios que han colaborado en la investigación no pagaron por los documentos.

Antes de que Süddeutsche Zeitung obtuviera la filtración, las autoridades fiscales de Alemania compraron una serie más pequeña de documentos de Mossack Fonseca de un informante, algo que impulsó las redadas en Alemania a principios de 2015. Esta serie menor de documentos fue luego ofrecida a las autoridades del Reino Unido, los Estados Unidos y otros países, de acuerdo a fuentes con conocimiento sobre el tema.

La serie más grande de archivos obtenida por las organizaciones de noticias ofrece más que un breve vistazo de uno de los métodos de negocios de la firma o un catálogo de sus clientes más reprochables. Permite una amplia vista al interior de una industria que ha trabajado para mantener sus prácticas ocultas, y ofrece pistas sobre por qué los esfuerzos por reformar el sistema han fallado.

La historia de Mossack Fonseca es, en muchas formas, la historia del mismísimo sistema offshore.

Los negocios secretos de los amigos de Putin

El 10 de febrero de 2011, una compañía anónima en las Islas Vírgenes Británicas llamada Sandalwood Continetal Ltd. Prestó $200 millones a una igualmente misteriosa firma basada en Chipre llamada Horwich Trading Ltd. Al día siguiente, Sandalwood asignó los derechos a recolectar pagos por el préstamo –incluyendo intereses- a Ove Financial Corp., una misteriosa compañía de las Islas Vírgenes Británicas. Por esos derechos, Ove pagó $1.

Pero el rastro de dinero no terminó allí. Ese mismo día, Ove reasignó sus derechos a recolectar por el préstamo a una compañía de Panamá llamada International Media Overseas.

Esta también pagó $1.

En 24 horas el préstamo había, en papel, atravesado tres países, dos bancos y cuatro compañías, volviendo prácticamente imposible de rastrear el dinero en el proceso. Había varias razones por las que los hombres detrás de la transacción podían haber querido disfrazarla, incluyendo el hecho de que el rastro del dinero venía desde demasiado cerca del líder ruso Vladimir Putin.

El Banco Rossiya, con base en San Petersburgo, una institución cuyo dueño mayoritario ha sido llamado uno de los “cajeros” de Putin, estableció Sandalwood Continental y dirigió el flujo de dinero. International Media Overseas, donde los derechos a los pagos con intereses del préstamo de $200 millones parecen haber acabado, era controlada, en papel, por uno de los más viejos amigos de Putin, Sergey Roldugin, un chelista clásico y el padrino de la hija mayor del presidente ruso. El préstamo de $200 millones era una de las docenas de transacciones que sumaban al menos $2 mil millones halladas en los archivos de Mossack Fonseca que involucran a personas o compañías relacionadas a Putin. Formaron parte de una operación del Banco Rossiya que ganó influencia indirecta sobre un principal accionista en la principal fabricante de camiones de Rusia y amasó acciones secretas en una propiedad mediática clave de Rusia.

Los documentos secretos sugieren que gran parte del dinero prestado vino originalmente de un banco en Chipre que por entonces tenía como dueño mayoritario al VTB Bank, controlado por el Estado ruso. En una conferencia de prensa telefónica hecha la semana pasada, el portavoz de Putin, Dmitry Peskov, dijo que el gobierno no responderá a “consultas dulcemente redactadas” de ICIJ o sus socios, ya que contienen preguntas que “se han preguntado cientos de veces y respondió a cientos de veces”.

Peskov agregó que Rusia tiene “disponible todo un arsenal de medios legales, en el ámbito nacional e internacional, para proteger el honor y la dignidad de nuestro presidente”.

No se hacen preguntas

Bajo leyes nacionales y acuerdos internacionales, las firmas como Mossack Fonseca que ayudan a crear compañías y cuentas bancarias están obligadas a estar en alerta por clientes que puedan estar involucrados en lavado de dinero, evasión de impuestos u otros delitos. Se les requiere que presten especial atención a “personas políticamente expuestas”, funcionarios gubernamentales o sus familiares o asociados. Si alguien es un “PPE”, los intermediarios encargados de crear sus compañías deben revisar sus actividades cuidadosamente para asegurarse de que no están envueltos en corrupción.

Mossack Fonseca dijo a ICIJ que ha “establecido políticas y procedimientos para identificar y manejar los casos en que individuos califican como PPEs o están relacionados a ellos”.

A menudo, Mossack Fonseca parecía no percatarse de quiénes eran sus clientes. Una auditoría interna de 2015 halló que la firma conocía las identidades de los dueños reales de solo 204 de las 14,086 compañías que había incorporado en Seychelles, un paraíso fiscal en el Océano Índico.

Las autoridades de las Islas Vírgenes Británicas multaron a Mossack Fonseca por US $37,500 por violar reglas antilavado debido a que la firma incorporó una compañía para el hijo del expresidente egipcio Hosni Mubarak pero no identificó la conexión, incluso después de que padre e hijo fueran acusados de corrupción. Una evaluación interna de la firma concluyó que “nuestra fórmula de análisis de
riesgo es seriamente imperfecta”.

En total, un análisis de los archivos de Mossack Fonseca por parte de ICIJ identificó a 58 familiares y asociados de primeros ministros, presidentes y reyes. Los registros muestran, por ejemplo, que la familia del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, utilizó fundaciones y compañías en Panamá para sostener acciones secretas en minas de oro y bienes raíces en Londres. Los hijos del primer ministro paquistaní Nawaz Sharif también poseían bienes raíces en Londres a través de compañías creadas por Mossack Fonseca, indican los registros de la firma.

Los familiares de al menos ocho miembros actuales y pasados del Comité del Politburó de China, el principal cuerpo gubernamental del país, tienen compañías offshore manejadas a través de Mossack Fonseca. Está incluido el cuñado del presidente Xi, quien estableció dos compañías en las Islas Vírgenes Británicas en 2009.
Representantes de los líderes de Azerbaiyán, Pakistán y China no respondieron a pedidos de comentarios.

La lista de líderes mundiales que utilizaron a Mossack Fonseca para establecer entidades offshore incluye al actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, quien era director y vicepresidente de una compañía de las Bahamas manejada por Mossack Fonseca cuando era un empresario y alcalde de la capital argentina. Un vocero de Macri dijo que el presidente nunca fue personalmente propietario de acciones en la firma, que era parte de los negocios de su familia.

Durante los días más sangrientos de la invasión rusa de la región Donbas de Ucrania, en 2014, los documentos muestran que representantes del líder ucraniano Petro Poroshenko buscaron con urgencia una copia de una factura de servicios, a nombre del ahora presidente ucraniano, para completar el papeleo para crear una compañía en las Islas Vírgenes Británicas.

Un vocero de Poroshenko dijo que la creación de la compañía no tenía relación con “eventos políticos o militares en Ucrania”. Los consejeros financieros de Poroshenko dijeron que el presidente no incluyó a la firma de las Islas Vírgenes en su declaración financiera de 2014 porque ni esa compañía ni dos compañías relacionadas en Chipre y Países Bajos tenían bienes algunos. Dijeron que las compañías eran parte de una reestructuración corporativa para facilitar la venta el negocio de confección de Poroshenko.

Cuando Sigmundur David Gunnlaugsson se convirtió en primer ministro de Islandia, en 2013, ocultó un secreto que podría haber dañado su carrera política. Él y su esposa compartían la propiedad de una compañía offshore en las Islas Vírgenes Británicas cuando él entró al parlamento en 2009. Vendió su parte de la compañía a su esposa meses después, por $1.

La compañía tenía bonos que originalmente valían millones de dólares en tres grandes bancos islandeses que colapsaron durante la crisis financiera global de 2008, lo que la hacía acreedora en sus bancarrotas. El gobierno de Gunnlaugsson negoció un acuerdo con los acreedores el año pasado sin revelar el interés financiero de su familia en el resultado.

Gunnlaugsson ha negado recientemente que los intereses financieros de su familia hayan influenciado su postura. Los registros filtrados no dejan en claro si las posiciones políticas de Gunnlaugsson beneficiaron o redujeron el valor de los bonos poseídos por medio de la compañía offshore.

En una entrevista con Reykjavik Media, medio asociado de ICIJ, Gunnlaugsson negó haber escondido bienes. Cuando se le confrontó con el nombre de la compañía offshore a la que se lo vinculaba —Wintris Inc.— el primer ministro dijo “me estoy empezando a sentir raro con estas preguntas porque parece que me estás acusando de algo”.

Poco después, se levantó y dio por terminada la entrevista.

Cuatro días después, su esposa hizo público el asunto, publicando una nota en Facebook afirmando que la compañía era de ella, no de su esposo, y que ella había pagado todos los impuestos. Desde entonces, miembros del parlamento de Islandia han cuestionado por qué Gunnlaugsson jamás reveló la compañía offshore, y un legislador pidió que el primer ministro y su gobierno renuncien. El primer ministro regresó al tema y en una declaración de ocho páginas argumentó que no estaba obligada a informar públicamente de su conexión con Wintris porque, según él, fue realmente propiedad de su esposa y porque era “meramente un holding, no es una empresa dedicada a la actividades comerciales”.

Filtraciones de documentos desveladas por ICIJ y sus medios asociados han impulsado a la legislación y a investigaciones oficiales en docenas de países, y sembrado miedo en clientes offshore que se preocupan por que sus secretos puedan ser revelados.

En abril de 2013, luego de que ICIJ publicara sus artículos de “Filtraciones Offshore”, basadas en documentos confidenciales de las Islas Vírgenes Británicas y Singapur, algunos clientes de Mossack Fonseca escribieron a la firma pidiendo que se les asegurara que sus bienes offshore estaban a salvo del escrutinio.

Mossack Fonseca dijo a sus clientes que no se preocuparan. Dijo que su compromiso con la privacidad de sus clientes “siempre ha sido prioridad, y en respecto a eso su información confidencial se almacena en nuestro centro de datos de alta tecnología, y toda comunicación dentro de nuestra red global se lleva a cabo a través de un algoritmo de encriptación acorde a los estándares de clase mundial más altos”.

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*Esta historia fue reporteada y escrita por los miembros del ICIJ Bastian Obermayer, Gerard Ryle, Marina Walker Guevara, Michael Hudson, Jake Bernstein, Will Fitzgibbon, Mar Cabra, Martha M. Hamilton, Frederik Obermaier, Ryan Chittum, Emilia Díaz-Struck, Rigoberto Carvajal, Cécile Schilis-Gallego, Marcos García Rey, Delphine Reuter, Matthew Caruana-Galizia, Hamish Boland-Rudder, Miguel Fiandor y Mago Torres.

 

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Martha M. Hamilton (ICIJ) y El Faro

 
Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ)

 

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