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"Gringo Iracundo", Roque Dalton y su padre

La relación entre Roque Dalton y su padre era mucho más estrecha de lo que se creía. El conocimiento de esta relación complica y enriquece la lectura de sus escritos. El autor y periodista Roger Atwood lleva años haciendo investigaciones para un libro sobre Roque Dalton. A continuación presentamos una primicia de su importante trabajo.

Por Roger Atwood *

 
 


Al leer la obra de Roque Dalton, uno no puede dejar de notar la frecuencia con que aparece la figura de su padre, Winnall Dalton. Es actor de reparto constante – solemne, taciturno, a veces violento – que surge como un viejo alguacil de película entre los amigos, amantes, activistas y bohemios quienes pueblan la obra del gran escritor salvadoreño.

En sus primeras obras, Winnall se presenta como un padre ausente y distante, útil sólo para la entrega de dinero y jamás de amor. Es “mi padre, o un padre, en fin, sin posesivos”, como la caracteriza Roque Dalton en “La ducha”, en La ventana en el rostro (1961). En Taberna y otros lugares (1969), es una figura remota y parca en el conmovedor ensayo “El día que conocí a mi padre”, en que el progenitor aparece en la casa de la madre del joven Roque con “un sobre blanquísimo” lleno de dinero. En el poema “Los extranjeros”, del mismo libro, Winnall aparece como un inglés colonial mal adaptado al calor fatigante del trópico, en una escena teatral que recuerda al británico E.M. Forster.

La imagen del padre no era fija y no necesariamente se ajustaba a la realidad. Dalton iba modulándola de acuerdo con sus pensamientos y prioridades en diferentes etapas de su vida y, en efecto, sus obras posteriores, escritas principalmente en Cuba, dan una imagen bastante más malévola de Winnall. 

En la novela Pobrecito poeta que era yo, Winnall y uno de sus hermanos aparecen en la narrativa de Roberto del Monte, alter ego del propio poeta, como un par de pistoleros quienes estafan a Pancho Villa a punto de pistola. En 1968, un año antes de que Taberna ganase el premio Casa de las Américas, se estrenó una obra de teatro en la televisión cubana escrita por Dalton y la dramaturga californiana Nina Serrano cuyo título resumió la nueva visión que ofrecía el poeta salvadoreño de su progenitor: Dalton y Cía.: Donde se cuenta la vida y milagros, las aventuras económico-morales y las malandanzas de los nunca bien ponderados Hermanos Frank y Winnall Dalton en las hermosas (aunque inestables) tierras centroamericanas de Guatemala y El Salvador, pobladas como siempre de generales y mariposas. En 1973, ante su retorno inminente a El Salvador para unirse a la incipiente guerrilla, escribió un capítulo de una novela que aparentemente nunca terminó que narra las andanzas delictivas de los hermanos Dalton, ya convertidos en la imaginación daltoniana en simples criminales, en su paso desde el Far West hacia Centroamérica.

En 2006 y 2007, como investigador (visiting researcher) de la Universidad de Georgetown, hice un estudio sobre quién era en verdad Winnall Dalton. En el transcurso de esa investigación, hallé datos que indican una cercanía inesperada entre Roque Dalton y su padre que, a su vez, abre paso a una nueva lectura de parte de su obra. Mi estudio se basó en la revisión de archivos de la familias Dalton y Ronstadt en Arizona; la correspondencia privada de Dalton en el archivo familiar de los Dalton en San Salvador; y correspondencia y documentos inéditos en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI). El artículo que resultó del estudio presenté en el Congreso de la Latin American Studies Association (LASA) en Rio de Janeiro en 2009 y salió en 2011 en la revista académica Latin American Research Review, publicada en la Universidad de Pittsburgh. Dos años después salió en idioma español en la revista Realidad, de la UCA, bajo la edición de Luis Alvarenga. El título del artículo vino de un fragmento de poesía titulado “A lo que íbamos” que se encontraba en el MUPI:

Bueno mi padre como
era un gringo iracundo,
Mister Dalton […]
Yo esperándolo
saboreando a sorbetes
porque había que pagar la casa
el Colegio tan caro como
la enfermería (esta es mi mamá)
no podía dar para todo.

En el transcurso de la investigación, descubrí que, tal como sospechaban los hijos y algunos amigos de Dalton, la historia de su ascendencia de una mara de legendarios pistoleros era pura ficción. La idea de que guardaba parentesco con los hermanos Dalton, temidos delincuentes de Kansas de fines del siglo 19, aparece reiteradamente en ensayos, libros, y elogios póstumos sobre el poeta y se ha convertido en parte arraigada de su reputación. En verdad, Winnall era de una respetable familia burguesa, otrora prominente pero venida a menos a causa de algunas malas inversiones de su padre ya para el año 1916, cuando se marchó el joven Winnall de la gentil ciudad de Tucson a Centroamérica. Su madre era la mexicana María Jesús Vásquez. Hablaban español en la casa, sobresalían en la vida cultural y cívica de Tucson y no tenían prontuario delictivo alguno. Años después, a la muerte de Winnall Dalton en San Salvador en 1962, cuando Roque Dalton intentó recibir ejercer su derecho sobre parte de su inherencia, los “legítimos” sucesores de Winnall negaron su parentesco con el objetivo de privarle a Roque de su porción.


Al releer la obra literaria de Roque Dalton a la luz de estas verdades, uno comprende mejor la ambivalencia que expresaba respecto a la figura del padre y, hasta cierto punto, la ficcionalización de su vida. Uno entiende porque escribía, en los renglones arriba citados, que estaba “esperándolo…para pagar la casa” para después presentarlo rabiosamente como la encarnación de un imperialismo despiadado.

Es curioso que esta versión más convencional del linaje de Roque Dalton sale a la luz justo cuando la veracidad de otros aspectos dramáticos de su vida se confirma. Está, por ejemplo, está el intento de reclutamiento por parte de la CIA y su escapatoria de la cárcel de Cojutepeque en 1964. Dalton narra estos episodios con lujo de detalle en Pobrecito poeta que era yo. Una serie de documentos desclasificados de la CIA desde 1999 relatan cómo efectivamente un agente de nombre Swenson interrogaba y amenazaba a Dalton cuando éste estaba detenido y lo desconcertado que quedaban las autoridades norteamericanas en San Salvador al enterarse de su repentina huida de la cárcel, como reveló recientemente Charles Lane en la revista mexicana Letras Libres. Queda claro que Swenson no logró doblegarlo. Aunque el retrato de su padre variaba, los principios de Dalton continuaban firmes hasta sus últimos días.


* El escritor independiente Roger Atwood es frecuente colaborador de la prestigiosa publicación londinense Times Literary Supplement. Estudió en la Universidad de Massachusetts y en la Universidad Johns Hopkins.

** Una versión más amplia de éste material apareció en inglés como "Gringo Iracundo: Roque Dalton and His Father", Latin American Research Review, Tomo 46, Número 1, 2011. Siga este link.

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