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Sánchez Cerén pide unidad para hacer “reformas estructurales”

El segundo gobierno del FMLN arranca con la intención de desmarcarse de la difícil herencia de Funes y anuncia un proceso de reestructuración del Ejecutivo. Sánchez Cerén promete 'honradez y austeridad' en un evento oficial que se convirtió en un mitin efemelenista.


Fecha inválida
José Luis Sanz y Sergio Arauz

Salvador Sánchez Cerén, un excomandante guerrillero que dentro de dos semanas cumplirá 70 años, encarnó durante décadas, para la derecha salvadoreña, uno de esos ogros que en aras del comunismo destruye puentes no solo simbólicos sino, en las cantinelas de la propaganda antisubversiva, físicos. La izquierda del FMLN fue hasta hace poco, en los spots del partido Arena y de sus cuatro gobiernos consecutivos, la de los comeniños, la de los matavacas, la de los botapuentes.

En su acto de toma de posesión como presidente, sin embargo, como un viejo maestro de escuela que recita para niños una lección importante, Sánchez Cerén repitió nueve veces un lema tan cordial como simple: 'unidos crecemos todos', y convocó al diálogo y la negociación a todo El Salvador, a la oposición, a los sindicatos, incluso a las iglesias. El político de línea dura al que la campaña sucia arenera calificó en 2009 como 'el mayor asesino en la historia de El Salvador' por sus decisiones durante la guerra, regaló palabras balsámicas en medio del crispado escenario político que hereda de su antecesor, Mauricio Funes.

En los últimos dos años, el presidente saliente ha hecho de su programa sabatino de radio un púlpito de denuncias no siempre probadas contra el partido Arena, identifica en sus discursos a la empresa privada con la 'derecha oligárquica' y está tratando de llevar a juicio por difamación a dos diputados de oposición. Conocido por no ser un gran orador, aferrado a la guía de un teleprompter, el que hasta hace 22 años fuera el comandante guerrillero Leonel González se desmarcó este 1 de junio de esa estela, con un discurso sin brillos pero plagado de gestos amables, reivindicaciones históricas y contenido político.

'La realidad que vive y que vivimos nos exige consensuar, buscar acuerdos y soluciones', dijo. 'Debemos encontrar siempre los puntos que tenemos en común, las necesidades colectivas (...). Solo así lograremos una verdadera reconciliación nacional'. Con Sánchez Cerén en la presidencia, el FMLN aspira a impulsar algunas de las reformas económicas y de estructura del Estado que durante los últimos cinco años reclamó sin suerte a su predecesor. Funes, que en 2009 llegó al poder bajo la bandera del Frente pero no es miembro orgánico del partido, ha desarrollado un gobierno de cortos pero evidentes avances en transparencia, inclusión y políticas sociales. Se le recordará sin embargo por sus arbitrariedades, sus favores a amigos cercanos y su carácter personalista y estridente.

'El discurso del nuevo presidente es un señal de paz, un mensaje para bajarle el volumen a la confrontación', explica Marcos Rodríguez, que fue subsecretario de Transparencia durante el gobierno de Funes y con Sánchez Cerén será Secretario de Participación Ciudadana y Transparencia. 'Veamos cómo reaccionan los sectores que estaban involucrados en la confrontación con el expresidente Funes'

Entre las reformas que pretende ejecutar y para las que precisará apoyo de la oposición, el nuevo mandatario anunció en su discurso de toma de posesión del 1 de junio la concentración en el ministerio de Gobernación de la mayoría de atribuciones relacionadas con desarrollo local, un plan no especificado de 'modernización del Estado' gerenciado por la Secretaría Técnica, y un 'férreo combate a la corrupción, a la evasión de impuestos y a la elusión fiscal', tradicional punto de choque con las gremiales y el partido Arena. La Asamblea Legislativa discute de hecho, desde hace dos semanas, un paquete de reformas fiscales presentado por el gobierno saliente y que ya cuenta con la oposición de la Asociación nacional de la Empresa privada (ANEP).

Sánchez Cerén se convierte en el primer exguerrillero salvadoreño que llega a la Presidencia. El FMLN ya lo había intentado en 1999, con Facundo Guardado, y con 2004 con Schafik Hándal.

El nuevo presidente de El Salvador fue parte de la comandancia general del FMLN que negoció los acuerdos de paz con la administración de Alfredo Cristiani. En la guerra civil, heredó la dirección de una de las principales organizaciones de la guerrilla, las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), que surgieron en 1970 cuando un sector del Partido Comunista de El Salvador convencido de que ya era inútil seguir la lucha por la vía de las urnas, se deslindó para tomar las armas.

En su discurso, Sánchez Cerén recordó su rol como negociador de la paz, y dijo que por eso él comprendía la importancia del diálogo al que estaba invitando a construir en el país.

En eso será clave el nuevo secretario técnico de la presidencia, Roberto Lorenzana. En cuanto a desarrollo local, Lorenzana explicó que el ministerio de Gobernación cobrará mayor peso político y concentrará atribuciones que hasta ahora tenían la Secretaría Técnica, como el programa como 'Territorios en progreso' o aquellos ejecutados por el Instituto Salvadoreño de Desarrollo Municipal (ISDEM). Adelantó también la decisión de dotar a las gobernaciones departamentales de mayores responsabilidades. 'Hoy son una simple formalidad, no representan realmente al presidente', dijo. 'Estamos todavía en desarrollo, porque hay otras instancias que todavía no van a ser englobadas, como el FISDL, que creemos que tiene más largo aliento.'

En cuanto a modernización del Estado, Lorenzana anticipó la idea de restar facultades al ministerio de Economía. 'Pasa la mayor parte de su tiempo repartiendo subsidios, y pensamos que eso puede hacerse desde otras instituciones para que el ministerio se concentre en hacer política económica'. También se fijó como objetivo la modernización de la función pública a través de una carrera del servicio civil: 'hay muchas contradicciones en el sector laboral, pero tenemos que ver si llegamos a un acuerdo'.

Hace pocas semanas, Lorenzana, pronosticaba en una entrevista concedida a El Faro Radio que lograr acuerdos con la derecha política y las gremiales empresariales iba a resultar más sencillo para este gobierno que para el de Funes, 'porque ahora la derecha iba a negociar con el verdadero poder del Frente', sin intermediarios.

El acto de traspaso de mando, sin embargo, no terminó de encajar en ese supuesto objetivo. El evento, supuestamente solemne, se convirtió un mitin partidario del FMLN y una fiesta de las izquierdas latinoamericanas, personificadas en la presencia del presidente ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales y el vicepresidente cubano Salvador Valdés, los más aplaudidos por un público prácticamente copado por simpatizantes efemelenistas. En el anfiteatro de la feria Internacional, donde se celebró el evento, el corazón de la militancia del FMLN se empeñó en contradecir la meditada prudencia de su nuevo presidente: desde el público se gritaron una y otra vez consignas revolucionarias de los años 80, se llegó a cantar entero el himno del Frente y se jaleó varias veces de forma atronadora 'No volverán, no volverán!' en referencia a cuatro gobiernos consecutivos de Arena entre 1989 y 2009.

Los recursos del pueblo

Salvador Sánchez Cerén arrancó su discurso de toma de posesión con una promesa: ejercer la presidencia con 'honradez, austeridad, eficiencia y transparencia'. Lo que en otro contexto sonaría a diatriba de manual se interpretó inevitablemente como un mensaje de distancia con el persidente saliente: el descontrol en el gasto ha sido uno de los principales reclamos de la oposición hacia la administración de Mauricio Funes, a quien una investigación de El Faro atribuyó solo una semana antes de que dejara el cargo una serie de actos arbitrarios para favorecer a personas de su entorno.

Ante los más de 6 mil asistentes que escucharon su primer discurso como presidente, Sánchez Cerén dijo que los recursos del pueblo 'son sagrados y sólo se utilizarán para favorecer el desarrollo y el bienestar del mismo'. 'Continuaremos con el compromiso de no más corrupción', exclamó luego.

En su mensaje, que duró un poco más de media hora, el presidente repitió sus principales promesas de campaña, anuncio sus primeras acciones como jefe del Ejecutivo y explicó sus intenciones de cara a los cinco años en los que ocupará el cargo. Insistió, principalmente, en buscar 'grandes acuerdos de nación' que 'faciliten las construcción de cambios estructurales'.

Sánchez Cerén enumeró como las prioridades de su gobierno la seguridad, el empleo y la educación. 'Veo un El Salvador donde la vida esté libre de riesgos, donde las ciudades sean espacios seguros de convivencia, donde los ciudadanos se encuentren protegidos', dijo, y anunció que, durante su gestión, él mismo se pondrá al frente del 'Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana', a pesar de que durante las últimas semanas se especuló con que esa responsabilidad podría recaer en el vicepresidente, Óscar Ortiz.

El presidente pidió al resto de fuerzas políticas unidad para trabajar contra el crimen organizado, el narcotráfico, las extorsiones y toda expresión de violencia, pero asentar una política de Estado para combatir la inseguridad será una de las promesas más complicadas de cumplir para este gobierno. Sánchez Cerén recibe el país con una tendencia al alza en la cifra de homicidios y embarcado en un complicado proceso de pacificación -la polémica tregua con las pandillas- iniciado y después abandonado a su suerte por el gobierno de Funes, y objeto hasta hoy de fuertes tensiones entre el Ejecutivo, la Fiscalía General de la República y un amplio sector de Arena.

El discurso del mandatario no mencionó expresamente a las pandillas ni a la tregua, ni incluyó una meta concreta con respecto a la disminución de homicidios y extorsiones, pero sí adelantó algunas medidas que parecen tomar nota del intenso debate público sobre políticas de seguridad vivido los últimos años: el presidente prometió fortalecer y depurar la PNC, dijo que llevará 'educación, empleo e inversión a las comunidades' para atacar las 'causas estructurales' de la violencia, y se atrevió a anunciar que su gobierno modernizará el sistema penitenciario para revertir las condiciones de hacinamiento y combatir el ocio carcelario con un esquema de trabajo que capacite a los internos, les ayude a sostener a sus familias y a largo plazo ayude a su reinserción.

En este punto, el ministro de Seguridad, Benito Lara, explicó que pretende desarrollar un programa con el Ministerio de Obras Públicas que permita que los presos puedan trabajar en la construcción de obras del Estado.

El nuevo presidente reivindicó también el campo y la agricultura como 'parte de nuestra identidad nacional', permitió la ampliación de los paquetes escolares a estudiantes de bachillerato y afirmó que los servicios públicos 'deben ser para todos', en una reivindicación implícita de la salud y educación universales. También anunció la creación de un ministerio de Cultura en 2015 y otro de la Mujer, así como la integración de las distintas instituciones públicas involucradas en el sector vivienda.

En política exterior, Sánchez Cerén anunció una apuesta firme por la integración centroamericana como 'el mejor camino', aunque tropezó al presumir de sus avances: 'Un ejemplo es el esfuerzo que El Salvador, Honduras y Nicaragua, tres naciones hermanas, estamos haciendo en la región del Golfo de Fonseca. Trabajamos en un importante acuerdo, que convertirá a esa región en una zona de paz y beneficio económico para todos', dijo. En el anfiteatro, olvidó decir, no había ningún representante oficial del gobierno de Honduras por decisión expresa del presidente Juan Orlando Hernández, que protestó así por los choques diplomáticos relacionados con la soberanía sobre la Isla Conejo, en ese mismo golfo.

Anfiteatro de rojo

Las dos horas y media que duró el acto oficial sirvieron para escenificar los principales rasgos del mapa político del país. El público aplaudió la entrada del presidente saliente, que logró rentabilizar en las encuestas su apuesta por la polarización y ha cerrado su mandato con un altísimo grado de popularidad. Mientras ingresaba al escenario, los asistentes del anfiteatro deletrearon en coro su apellido: '¡F-U-N-E-S! ¡F-U-N-E-S! ¡F-U-N-E-S!'. El ahora expresidente entró por una puerta lateral caminando muy lentamente, con una ostensible cojera fruto de sus recientes operaciones de cadera y apoyado en un bastón. A su lado iba su esposa, Vanda Pignato, que lo ayudó a subir las escalinatas hasta la mesa principal. En un gesto infantil pero que resultó mínimo en aquel foro entregado, los diputados de la bancada de Arena no le aplaudieron y se giraron hacia el lado contrario del anfiteatro con el fin de darle la espalda.

No fue la única escenificación de desprecio político de la mañana. El otro lo protagonizaron el presidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, y el presidente en funciones de la Corte Suprema de Justicia, Florentín Meléndez. Cuando Meléndez llegó a la tarima principal no intercambió saludo alguno con Reyes, cuyo asiento estaba junto al suyo. Ni una mirada. Reyes tampoco hizo amago alguno de saludo. La militancia y los simpatizantes del FMLN hicieron más estridente esa diferencia cuando cambiaron sus aplausos por abucheos en el momento en que fue anunciado por megafonía el ingreso de la delegación de la Corte Suprema de Justicia. Azuzados por los discursos de Funes y de Reyes, las bases del Frente consideran a los magistrados parte de la trinchera arenera. Esta vez, sin embargo, quienes ingresaban en medio de abucheos no eran los magistrados de la Sala de lo Constitucional -salvo Florentín Meléndez-, sino 10 magistrados entre quienes destacaban dos muy apreciados por los efemelenistas: Ovidio Bonilla y Salomón Padilla, ambos convertidos fugazmente en presidentes de la Corte, pero destituidos producto de sendas sentencias de la Sala de lo Constitucional formada por Meléndez, Belarmino Jaime, Sidney Blanco y Rodolfo González. Estos últimos tres no acudieron a la ceremonia.

El enfrentamiento entre la Asamblea Legislativa y los magistrados de la Sala de lo Constitucional empezó en 2011, cuando la Asamblea Legislativa aprobó un decreto que intentó desarmar una Sala de lo Constitucional que estaba transformando el sistema electoral del país a partir de sentencias de inconstitucionalidad que permitieron el voto por rostro y el desbloqueo de las listas de candidatos a diputados. El FMLN, que controla desde hace cuatro años la Asamblea en alianza con Gana, ha encadenado desde entonces roces con la Sala de lo Constitucional. Este 1 de junio el público del acto de toma de posesión que incluía amplios grupos de representantes de organizaciones afines al FMLN como el Frente Sindical Salvadoreño (FSS), actuó como una barra deportiva y convirtió el evento protocolario en una exhibición de militancia que no se corresponde con el verdadero balance político en el país. Al fin y al cabo, Sánchez Cerén ganó el 9 de marzo pasado la presidencia de la república por una diferencia de votos minúscula, de apenas 6,000 sufragios, una cifra inferior al número de personas que asistieron a su toma de posesión.

El del CIFCO el 1 de junio era, en todo caso, un escenario preparado para maquillar esa realidad y hacer olvidar aquellos apuros electorales a base de euforia. Cómo sino explicar que tras el discurso protocolario de Salvador Sánchez Cerén entrara al anfiteatro una larga fila de niños y niñas con camisas blancas y bandas con la bandera, simulando cantar el jingle de uno de los spots de campaña electoral más populares del Frente en la pasada campaña presidencial. La toma de posesión convertida en un mítin glorioso.

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