Plática /

“Empecé escribiendo una autobiografía pero no me gusté como personaje”

Reconocido hoy como poeta y ensayista, Miguel Huezo Mixco incursiona en la narrativa literaria. La ficción nos llevó a conocer más sobre algunos personajes y hechos reales: la cara severa de Salvador Sánchez Cerén cuando era el comandante 'Leonel', momentos con la hija secuestrada de José Napoleón Duarte, la confesión de un desertor fallido, las dudas de un joven y atormentado poeta guerrillero dedicado a la propaganda subversiva.


Jueves, 13 de marzo de 2014
Élmer L. Menjívar / Fotos de Mauro Arias

Miguel Huezo Mixco es uno de los personajes más camaleónicos de la historia reciente de El Salvador. Eso mismo, un camaleón. Hoy en día se mueve entre los más altos representantes diplomáticos en el país, y los funcionarios del gobierno de turno tienen que escucharle porque es un oficial de las Naciones Unidas que por un buen tiempo ha manejado la comunicación de esta institución llevando el contenido de sus informes y análisis a los oídos renuentes de los burócratas. Pero Miguel Huezo Mixco no siempre fue diplomático. Esta versión actual de Miguel Huezo Mixco era imposible de imaginar cuando era el encargado de la propaganda de las Fuerzas Populares de Liberación, las FPL salvadoreñas, y más difícil aun si lo hubiéramos visto cargar sacos de balas en el frente de batalla como un combatiente más del ejército guerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Sí, Miguel Huezo Mixco estuvo en el frente de batalla durante 10 de los 12 años que duró la guerra civil salvadoreña. En realidad, también esa versión guerrillera de Miguel Huezo Mixco es difícil de imaginarla hoy si uno ve sus fotos de juventud: escuálido, perdido entre la holgura de sus ropas, cargando libros, usando lentes, con pinta de poeta, de un frágil poeta.

Miguel Huezo Mixco fue concebido por estos días de marzo, pero en 1954. En nueve meses cumplirá 60 años, el 21 de diciembre. También por estas fechas, hace un año, Miguel Huezo Mixco parió su primera obra narrativa, obra que nació con una debatida identidad de género. Pero no fue el género el que acaparó las expectativas cuando anunció que publicaría un libro de ficción narrativa de corte autobiográfico. Es que Miguel Huezo Mixco ha sido parte y contraparte en muchos de los acontecimientos más relevantes de El Salvador, ha convivido y conocido de muy cerca a muchos personajes de la vida política nacional, en la guerrilla estuvo bajo el mando directo del comandante 'Leonel', es decir, de Salvador Sánchez Cerén, que acaba de ser elegido presidente de la República para el período 2014 - 2019. Y 'Leonel', como aún lo llama, aparece en muchas de las anécdotas que suele contar a los amigos, entre las copas, en conferencias, o en entrevistas cuando le tiran de la lengua. Pero 'Leonel' es solo uno de los nombres que desfilan en el anecdotario de Miguel Huezo Mixco, un anecdotario que repasa el secuestro de la hija de José Napoleón Duarte, presidente de El Salvador entre 1984 y 1989 –apareció con ella en la revista Time–, el asesinato del poeta Roque Dalton, su amistad con escritores y artistas de la región, su participación en movimientos culturales de posguerra, aventuras de todo tipo y –poeta tenía que ser– aventuras con mujeres, a quienes suele aludir con memoria de caballero. 

'Pero este libro es una ficción, y me parece importante insistir en eso', se apresura a decir cuando hablamos de Camino de hormigas, su libro publicado por editorial Alfaguara, aunque acepta que es una ficción biográfica y que algunos hechos son ejercicios de memoria y otros son creaciones literarias. En esta plática, el libro sirvió como pretexto para probar suerte, como quien juega lotería para completar un cartón cuyo premio es descifrar las claves de la vida tras el nombre compuesto de Miguel Huezo Mixco.

 

Miguel Huezo Mixco, en el patio de su casa, el 5 de marzo de 2014. / Foto de Mauro Arias.
Miguel Huezo Mixco, en el patio de su casa, el 5 de marzo de 2014. / Foto de Mauro Arias.

Ayudanos a hacernos expectativas sobre Camino de hormigas... Tenés un historial como poeta guerrillero, luego como un intelectual que en la postguerra ha participado en muchas iniciativas periodísticas y literarias junto a grandes figuras académicas y literarias de la región, un crítico columnista y que ahora trabaja en las Naciones Unidas… Ante este historial uno se pregunta: ¿qué va a contar Miguel Huezo Mixco cuando se decida a escribir sobre su vida?... Pero quiero empezar a preguntarte sobre el género que escogiste. ¿Qué es este libro: una novela, un relato, una autobiografía testimonial?
En términos formales es una novela, así se ha decidido llamarla.

¿Quién decidió llamarla novela?
Lo decidimos con (la editorial) Alfaguara. Pero el libro tiene una organización que no es exactamente una novela en el sentido clásico, y bueno, incluso en el texto de la contraportada que hizo Horacio Castellanos Moya, él se refiere al libro como un libro de relatos.

Horacio Castellanos me dijo, literalmente, que se trataba de 'cuentos con vasos comunicantes, no es una novela'...
Y Sergio Ramírez dice que es 'una gran crónica', ja, ja, ja...

LA TIENDA DE EL FARO

CAMINO DE HORMIGAS (Novela, 2014) | Miguel Huezo Mixco (El Salvador) | $16.00

Al menos el género ya trae polémica. ¿Creés que se mantenga la polémica con el contenido?
Yo creo que estamos en un momento en el que los géneros están siendo abolidos. Estaba leyendo recientemente a un norteamericano, Sherwood Anderson, que es uno de los grandes maestros de autores como William Faulkner, él ya hacía a mitad del siglo XX lo que yo intento hacer ahora: a partir de una serie de relatos organizar un gran relato, pero cada uno de esos relatos tiene vida por sí solo.

¿Cuándo terminaste de escribir el libro?
Lo terminé hace un año, en abril...

El primer capítulo se llama 'San Francisco, 1 de abril de 2013', ¿es esa la fecha exacta en que escribiste?
Exacto, el primer capítulo lo feché en la fecha en que yo empecé a cerrar el libro. El primer capítulo es el último que yo escribí, y estaba en San Francisco.

Y en ese abril de 2013, cuando pusiste el punto final, ¿con qué sensación te quedaste, que habías escrito una novela, unos relatos, una crónica o ninguno de los anteriores...?
Ahí fue cuando comencé una discusión con algunas de las personas a quienes les di a leer el libro. Pero mi intención era escribir un libro único, no un libro de relatos. La forma como llegué a él fue escribiendo el libro en trozos desordenados, es decir, no fue a, b, c, d... sino que fui d, f, t, a... y luego lo fui organizando. Las primeras personas que leyeron el libro fueron María Tenorio, Sergio Ramírez y Horacio Castellanos Moya. María me dijo 'esto es una novela', y es que se le dice novela a relatos breves que tienen cierta complejidad narrativa. Sergio me dijo que era un crónica, pero que no importaba cómo se se llame, 'no importa qué color tenga el gato, lo importante es que cace ratones'.

Sergio dice 'crónica' en la contraportada del libro y con eso lo primero que se me viene a la mente es la palabra 'realidad', 'hechos reales', pero en el primer capítulo el narrador advierte que el libro está lleno de mentiras...
El libro es una ficción, todo. Tiene un componente de realidad, desde luego, así como también lo tienen las películas que tratan sobre el espacio exterior. Pero este libro es una ficción, y me parece importante insistir en eso porque sin duda va a existir la tentación de ver en esos textos una especie de autobiografía porque es una narración en primera persona...

Playlist de Camino de hormigas.

No solo por la primera persona, sino porque aborda hechos asociados directamente a tu biografía...
Sí, sobre hechos que yo viví o que yo conocí, donde están mezclados hechos que tienen que ver con la realidad con otros que no tienen nada que ver con la realidad, diálogos que no ocurrieron, personajes que no existieron tampoco, unos se parecen a otros que sí existieron. Al final es un mural de sucesos que está construido más como un álbum de canciones que como un libro, es decir, cuando escuchás un álbum de música encontrás una unidad rítmica, temática, musical, vos sabés que tenés un álbum que es diferente a un disco de grandes hits. Te pongo este ejemplo porque, de hecho, el libro es una especie de álbum con diferentes canciones, tanto es así que un lector curioso podría hacer la banda sonora de esta novela –o de estos relatos– porque la música está presente en cada capítulo... Es como lo que hace Tarantino en sus películas, la música está muy relacionada con cada pieza del relato...


Decís que es ficción y que los personajes se construyen basados en personajes reales... ¿podés darme algunos nombres reales de personajes reales que inspiraron a tus personajes ficticios?
Un personaje de la vida real es el narrador, y es un personaje que no tiene nombre, nunca lo dice, aunque se lo pregunten, y cuando dice un nombre advierte que se lo ha cambiado, pero nunca dice su nombre 'real', ese personaje tiene como hilo conductor mi experiencia personal, soy yo, o más bien, basado en mí. Otro personaje que tiene un nombre real, y que es una persona que existió, es una mujer griega de nombre Aria, que está presente en uno de los primeros relatos y aparece para presentar a otro personaje que se llama Begoña, un personaje que está basado en la personalidad de tres mujeres reales, pero esos nombres no te los voy a decir... ja, ja, ja… Pero el resultado es una voluntaria española que está trabajando primero como educadora y luego como sanitaria en un campamento en una zona guerrillera. Ella es el segundo gran personaje del libro que junto con el narrador le va dando coherencia al resto de los relatos. De ahí los demás personajes no tienen una relación tan directa con nadie conocido...

En la guerra, en el campo de batalla, vos estuviste bajo las órdenes directas del comandante 'Leonel', o sea el presidente electo Salvador Sánchez Cerén. ¿Hay alguna aparición suya en el libro?
No, en ningún momento. Aparece un mando sin ser muy delineado, es un mando con el que el personaje tiene eventualmente algunas relaciones, porque la novela no se desarrolla en la guerra, la guerra está ahí presente, pero no es una novela de la guerra...

¿Novela de qué es entonces?
Es el viaje iniciático de este hombre que comienza su historia contándola cuando ya está muy viejo y que ha terminado limpiando establos en San Francisco. El relato lo que trata de hacer es indicarnos cómo fue que llegó ahí, cuál fue el recorrido que este hombre hizo para terminar en San Francisco. Ese personaje, por ejemplo, tiene rasgos autobiográficos, pero no soy exactamente yo, yo no vivo en San Francisco...

¿Nunca has limpiado un establo?
No, ja, ja, ja... De hecho, los fui a conocer a Headlands, que está en la zona donde estuve alojado en San Francisco para escribir el libro, ahí los conocí y ahí se me ocurrió la idea...

¿Por qué un limpiador de establos? Que aunque lo presentás como un trabajo muy noble a uno lo que se le viene a la cabeza es el estiércol de caballo...
Este es un hombre que tuvo un quiebre muy drástico en su vida y tuvo la necesidad de salir de El Salvador, él está perseguido por una pesadilla personal muy potente... pero no te voy a dar muchos detalles porque por ahí va la trama del libro, pero es tal el tormento que decide huir hacia Estados Unidos. El mismo personaje da la pista cuando dice que cree que va a terminar sus días como una especie de Hércules de la inopia, y hace alusión a los siete trabajos de Hércules que recoge la tradición griega, y uno esos trabajos es limpiar los establos, es la gran prueba que tiene que pasar, y ahí el valor simbólico de este trabajo, pero claro, mi personaje es un hombre común, y en San Francisco hace distintos trabajos y al final se estabiliza con la crianza de caballos... Esto está ligado con el epígrafe de Kafka que abre el libro 'Ah, si uno pudiera ser un piel roja, siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida...'

 

Si decís que no es una novela sobre la guerra, pero el personaje se desarrolla antes, durante y después de la guerra, ¿qué sabremos de la guerra salvadoreña al leer la novela? ¿Muy poco? ¿Nada?
Primero vas a conocer parte de lo que fue la vida cotidiana y la construcción de las relaciones afectivas al interior de los campamentos guerrilleros. En el libro no hay grandes batallas ni heroísmo, tiene más que ver con cómo los hombres y las mujeres construyeron en la guerra su vida personal y cómo esas relaciones, a pesar de que se hablaba de que se estaba construyendo un 'hombre nuevo', son relaciones a menudo marcadas por la traición, el engaño, la mentira, como en la vida normal, ¿no? Este es un personaje que anda espantando su soledad corriendo de una relación a otra, las narraciones están construidas a partir de sus relaciones afectivas fundamentalmente.

Esto en el contexto de tu militancia guerrillera durante los 80...
Exacto. La historia comienza en una localidad que es real, en Arcatao, en el norte de Chalatenango, y el libro es el relato de una larga caminata de varios años, del oriente al poniente de Chalatenango, y hacia el sur hasta llegar al volcán de San Salvador, y de San Salvador, donde termina la guerra, él sale para Guatemala y de ahí para Belice, y de Belice para México, y luego para Estados Unidos. Entonces, lo que también conocés en el texto es cómo comía la gente, los nombres de los árboles, el paisaje que te puede recordar a los textos de Ambrogi, pero también te presenta el ambiente urbano de esos días, por ejemplo cuando el protagonista está haciendo una 'observación' de vigilancia de un personaje al que tienen que perseguir y él lo observa desde una parada de buses donde se encuentra a una prostituta que fue su compañera de vida durante un tiempo, pero ella no lo reconoce, y ahí se remonta a contar la historia de cómo, cuando él era un estudiante, vivía con esta mujer y ahí aparece la ciudad...

A la izquierda, Miguel Huezo Mixco a los 20 años, en 1974, en una foto de Arquímides Batres. A la derecha, en primera fila, tercero desde la derecha, en Arcatao, con el equipo de Radio Farabundo Martí. Circa, 1990. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.
A la izquierda, Miguel Huezo Mixco a los 20 años, en 1974, en una foto de Arquímides Batres. A la derecha, en primera fila, tercero desde la derecha, en Arcatao, con el equipo de Radio Farabundo Martí. Circa, 1990. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.

Hay un recurso “metaliterario” en el primer capítulo: el protagonista explica cómo escribió esa novela, y aparece el juego de la lotería de tarjetas, y de hecho cada capítulo viene nombrado con el nombre de una tarjeta de la lotería, y la lotería es un juego de azar… ¿eso es ficción o así nació la novela?
Te voy a ser bien franco: eso tiene que ver con la postura del libro, tiene que ver con la idea de usar el azar como un motivo central. De hecho, tiene que ver con las narraciones, porque el protagonista dice que el azar lo ha llevado a experiencias que de otra manera no le hubieran ocurrido. La idea de la lotería se me ocurrió como se cuenta en la presentación, en ese primer capítulo.

Él jugaba solo, ¿verdad?
Él es un hombre solitario. Jugaba solo y nunca completaba el cartón. Ante el primer cartón que completa dice “Esta es mi jugada”, y cada una de las fichas de ese cartón se convierten en los capítulos de su vida. Por ejemplo, “La mano” te lleva a una historia que tiene que ver con que una mujer se hiere la mano en medio de un combate en el que él va con ella, y ella se queda herida, la columna se parte y el esposo de ella se va en otro grupo y ellos empiezan una relación.

¿Ese proceso que me contás fue tu proceso de escritura o el del personaje?
Del personaje.

¿No tiene nada que ver con tu proceso real de escritor?
No, nada. Es un proceso que tiene que ver con el personaje. Es un proceso de la ficción.

¿Por qué Miguel Huezo Mixco, que tiene una vida que no necesita de la ficción para ser interesante, decide escribirla en ficción?
Te voy a confesar que yo comencé escribiendo un relato autobiográfico y no conseguí hacerlo. Me traicionaba mucho la personalidad del que estuvo participando directamente en el proceso de guerra. Tendía a ser bastante ideológico, autojustificativo…

Pero las biografías son eso.
Sí, pero no me sentía conforme con esa posición.

¿Qué te incomodaba?
Estaba mirando mi vida y mi pasado tratando de explicar cómo lo hice, por qué lo hice. No me dejaba satisfecho como personaje, si lo vemos así, no me gusté como personaje.  

¿No te dejaba satisfecho tu Yo personaje?
Buena pregunta. No me dejaba satisfecho como autor, más que cualquier otra cosa.

Pero es tu vida…
Ajá, pero no me dejaba satisfecho el tono del relato. Yo no me sentía identificado ya con él. Yo tomé una decisión literaria, este libro que se está publicando es el intento de cumplirla. El primer intento de escribir algo así lo comencé recién terminada la guerra y lo borré, me quedé sin nada; del segundo intento conservé algunos pedazos que fueron introducidos en este tercer intento, pero en el segundo ya traté de hacerlo desde un ángulo diferente.

¿Cómo encontraste ese ángulo?
A través de estos relatos. Te trataré de explicar: tomando con los amigos uno empieza a contar anécdotas, y un día me planteé una pregunta: ¿Cuál es el punto de arranque para contar un anécdota de tu vida? ¿Cuál es la perspectiva de la que se debe comenzar? Entonces comencé el experimento con la ficción, que tiene que ver más con el oficio de escribir, y comencé a sentirme cómodo. Ahí hay un relato de correalidad y me daba el permiso de mentir, porque la memoria es traicionera y había cosas de las que no me recordaba exactamente de cómo habían pasado y en qué fecha, la ficción me daba permiso de poder crear una historia con elementos del paisaje, personajes que no estuvieron ahí presentes pero que le daban un colorido diferente.

Las autobiografías conllevan una responsabilidad muy dura de asumir, porque incluyen nombres reales, hechos reales... Desde esa perspectiva, es una postura mucho más cómoda escribir una novela, una ficción…
Creo que es una postura más respetuosa. Hay algunos hechos que se relatan desde una perspectiva bastante cínica y, sin duda, nombrar a las personas con su propio nombre y relatar las circunstancias exactas podría resultar un poco doloroso para estas personas. La ficción alude a la realidad, pero alguien que se reconozca en un personaje puede enmascararse y decir 'no soy yo'.

Tu vida tiene la particularidad de estar poblada de personajes activos de la política nacional, hasta probablemente a un presidente de la república si Sánchez Cerén resulta el próximo gobernante… ¿eso te intimida como escritor?
No, porque los personajes relevantes del libro no son sujetos de poder.

Miguel Huezo Mixco. Foto Mauro Arias
Miguel Huezo Mixco. Foto Mauro Arias

 

Pero no hablo de este libro, vos tenés mucho que contar de tu relación con muchos personajes activos de la política activa, que de alguna manera los salvadoreños merecemos conocer mejor y  tu experiencia con ellos tiene mucho que aportar a eso.
Este libro es un esfuerzo de relato, de la ficción, pero aún falta escribir muchos libros para poder hacer eso que decís.

¿Está en tus planes?
Sí. A ver, yo quiero seguir con la ficción. Vos sabés, Élmer, no he publicado nunca un libro de ficción narrativa. He sido curador de arte, inclusive, pero nunca he escrito ficción. Este es el primer intento de eso y estoy muy contento con el resultado, aunque es el público quien al final lo va a decidir. Usualmente uno se siente muy contento con las cosas que uno escribe, no es el mejor juez, pero sí quiero incurrir en el campo de la ficción. Eventualmente, más adelante, probablemente sí quiera escribir algo diferente, mejor documentado, aunque no tenga que ver directamente con mi relación con estos dirigentes, pero sí he hablado de eso con un editor potencial.

¿Tenés en mente algunos hechos concretos que te gustaría abordar?
Sí, hechos como el proceso de entrega de Inés Guadalupe Duarte, eso es una crónica fantástica… Fueron cuatro días que estuve con ella desde que la conocí, aparecimos juntos fotografiados en la revista Time, por la última entrevista que le hicieron en Tenancingo. Es un relato que lo debés construir conversando con ella nuevamente, con la gente que estuvo a su alrededor, con los que la 'detuvieron' y la retuvieron.

¿Qué relación tuviste con ella durante el secuestro?
Casi ninguna. Yo fui designado con un grupo de personas para hacer el acompañamiento del séquito que venía para entregarla en Tenancingo. Mi trabajo era hacerle una entrevista y hacerle fotografías con otros dos colegas y ya. Inclusive entre la marcha del cerro de Guazapa y Tenancingo, apenas la vi. Andaba muy escoltada, muy vigilada. La primera noche que estuvimos en el mismo lugar cayó una tormenta de esas que se ven venir a lo lejos. Nos metimos en un zacatal y nos refugiamos en los escombros de una iglesia. Yo me acosté al pie del altar todo sucio para ponerme ropa seca y entonces entró ella, con unas escoltas que eran mujeres, la llevaron a la zona de sacristía y ahí la tuvieron. Cuando fue el encuentro en Tenancingo con los mediadores fue que pude saludarla y conocerla. Ella estuvo en un grupo muy cordial, donde estaba el embajador de Alemania, de México, el arzobispo de San Salvador, gente de la Cruz Roja Internacional, del FMLN y yo como comunicador en medio de todos ellos. Cuando ya estábamos en el proceso de entrega le dije que quería hacerle una entrevista final. Entonces nos fuimos a un recodo, a un lugar muy bonito que ya habíamos preparado para las fotos, y tuvimos una conversación muy larga con ella sobre cómo había vivido la experiencia y luego eso se transmitió. Algunas personas dijeron que ella había desarrollado el síndrome de Estocolmo porque había hablado tan bien de su secuestro y que lo que estábamos haciendo era explotar maquiavélicamente eso…

¿Por qué le hicieron una entrevista ustedes a una secuestrada por ustedes?
Nosotros debíamos guardar eso porque no se le había grabado absolutamente nada en todo el proceso. Necesitábamos que ella diera una declaración desde su perspectiva, libremente, siendo fotografiada, sentada, que pudiera decir cómo lo había vivido.

¿Sabían que iba a hablar bien? O sea, ¿contaban con el síndrome de Estocolmo o no?
Yo el síndrome de Estocolmo lo conocí hasta que la prensa nacional habló de él. Yo tenía la impresión de que ella iba a hablar bien porque la relación que tenía ella con el grupo que la escoltó era muy afable, de mucha familiaridad, de mucha simpatía, muy amigable, gente de mucha confianza. Entonces, dije yo, que se había terminado sintiendo cómoda. Desde luego. estar secuestrada no ha de ser una cosa muy agradable, por muy bien que te traten.

¿Y si hablaba mal de la guerrilla, hubieran publicado la entrevista?
Recordate que en ese momento mi trabajo era el de un propagandista, algo de lo que no me avergüenzo, sino todo lo contrario. Entonces desde luego que queríamos propagandizar que nosotros estábamos cumpliendo con normas humanitarias esenciales con el trato de una prisionera.

Bueno, quien lea esta plática se va a dar cuenta de que tu vida real da para varios libros...
Pero conste que eso no está en la novela, ja, ja, ja...

Miguel Huezo Mixco, radio en mano junto al cmte. Germán Serrano, durante transmisión de Radio Farabundo Martí durante la entrega de prisioneros del ejército a la Cruz Roja Internacional, en La Laguna Chalatenango. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.
Miguel Huezo Mixco, radio en mano junto al cmte. Germán Serrano, durante transmisión de Radio Farabundo Martí durante la entrega de prisioneros del ejército a la Cruz Roja Internacional, en La Laguna Chalatenango. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.

Siguiendo por la línea de tu biografía literaria, hasta ahora sos conocido como poeta, incluso tenés también un libro de poesía recién publicado…
Pero te voy a decir algo: mis últimos dos libros de poesía son de ficción. Yo me propuse en mis dos últimos libros de poesía escribir ficción, y es una historia muy parecida: un solitario vagando por el mundo, en el caso de Comarcas, que hace una especie de viajes astrales a la guerra de los romanos en contra de la Galia, y está del lado de Jenofonte… En otro lado, el personaje está con Sandino, en Veracruz, cuando trabaja en campos petroleros, está la guerra nacional nicaragüense cuando están enfrentándose con Walker. El personaje se convierte en un chico que toca redobles en las tropas gringas invasoras, se convierte en un coronel nicaragüense que está sepultado en Granada y que oye pasar permanentemente a los ejércitos... entonces son ficciones y en algunos casos hay desgarramientos que son muy personales.

Eso parece un canto a lo griego…
Ajá, exacto. Es una construcción muy ficcionada. En los últimos dos libros han sido construcciones de ficción y en este último una buena parte es sobre un migrante que se anda moviendo en partes de Estados Unidos.

Entonces tu migración a la ficción empezó en la poesía.
Sí. Eso podríamos verlo como una tentativa de mirar la realidad de una manera más inocente.

Y más evasiva...
Sí, es verdad. Es entrar en el terreno de la inocencia. Una forma de enfrentar tus demonios.

Como parte de mi oficio es preguntarte por tus demonios… No me quiero ir de esta plática sin preguntarte directamente por Salvador Sánchez Cerén, el comandante 'Leonel', tu comandante durante la guerrilla...
Sí, ajá…

Desde esa vista privilegiada, ¿cómo nos harías un breve perfil de este personaje? ¿Cómo era 'Leonel' cuando era tu superior militar dentro de las filas guerrilleras?
Te lo voy a decir de una manera muy personal… Leonel fue la persona con la que yo mantuve, a lo largo de mis 10 años en la guerrilla, debates muy interesantes de los cuales no siempre salía yo airoso, sino que la mayor parte de las veces era él el que salía airoso. Te lo voy a resumir con un ejemplo que habla de literatura: creo que era el año 1986 o 1987, yo estuve en una reunión en su zona de campamento, del común, que era en el occidente de Chalatenango. Era un día anterior al fin de año, entonces Leonel me invitó para que viéramos las reuniones ordinarias. Yo tenía que rendir cuentas a este comité periódicamente, y era Leonel la jefatura del partido, y esa vez me dijo que me quedara ahí, que iban a matar gallinas, y eso era una comida extraordinaria para la dieta que nosotros teníamos. Pero le dije que no, que debía regresar a Arcatao, que estaba a dos o tres días de camino, porque tenía una especie de presentimiento. Entonces no me quedé con ellos, me fui caminando hasta Arcatao, que es una caminada maratónica, y me fui a encontrar con que la mujer que era mi compañera de vida en ese momento, que se apodaba 'Mireya', estaba hospitalizada y que estaba a punto de perder la vida. No te voy a dar muchos detalles, pero ella murió frente a mí mientras le hacía una transfusión de sangre en un hospital de campaña, después de un operativo. Desde luego, esta experiencia fue algo muy duro para mí. Entonces yo busqué de nuevo a Leonel para decirle que necesitaba que me diera permiso porque me sentía emocionalmente muy golpeado y quería ver si me daba permiso para salirme del frente de batalla. Te voy a reproducir ese diálogo, que fue clave para esa relación:

—¿Para qué vas a salir?- me dijo

—Yo necesito escribir, voy a ponerme a escribir -le dije yo.

—¿Escribir? ¿Qué escribís?

—Escribo poesía -le dije yo.

—¿Sos un poeta? –me preguntó.

—Sí, soy un poeta.

—A mí no me consta, yo nunca he visto publicado nada tuyo. Lo que sí me consta es que sos un revolucionario porque yo te he visto trabajando aquí con todo esta gente. ¿Vas a salir del frente de guerra a encerrarte a un cuarto a estar evocando tu dolor y escribiendo cosas?... Yo mejor te hago un desafío: que actués como un revolucionario, y si sos poeta, que actúes como poeta revolucionario, escribí aquí tu poesía. Y cuando lo escribás y lo publiqués, mostrámelo y para que yo pueda decir que efectivamente sos un poeta. ¡Permiso denegado!

¿Y le hiciste caso? ¿Escribiste ahí? ¿Te funcionó la fórmula?
¡Sí! Eso es lo que te quiero decir. Después de eso no fue una relación conflictiva por el hecho de que no satisfizo mi demanda de huir de esta circunstancia…

Fue un poco cruel, ¿no?...
Sí, era cruel, en ese momento fue doloroso y terrible para mí que debía seguir haciéndome cargo de mis tareas. Mis expectativas eran que me iba a decir 'pobre hombre, ve y descansa', pero me dijo que no, y me tuve que quedar. Ahí escribí buena parte de un libro que luego publicó la Editorial Universitaria, un poquito antes de que terminara la guerra…

 

¿Cómo se llamaba el libro?
Tres pájaros de un tiro... Y hay una anécdota anterior. La persona que a mí me dijo que debía ir al frente de guerra fue él. Yo estaba destacado en comandancia, pero en San José, Costa Rica, haciendo un trabajo de propaganda internacional. Estábamos haciendo documentales cinematográficos, hicimos una película que ganó el premio Gran Coral de La Habana en 1981, trabajábamos en una revista a favor del movimiento revolucionario. En eso estábamos involucrados yo y tres personas más que son muy reconocidas ahora: Manlio Argueta, Róger Lindo y Horacio Castellanos Moya. Costa Rica es un lugar pacífico, agradable, yo estaba muy cómodo alla, pero entonces me mandan a llamar a Managua para decirme que tenía que irme para Chalatenango porque la persona que era designada para hacer la tarea de propaganda había sido capturada. El segundo en la línea era yo. Fue Leonel quien me llamó a Managua:

—Tenés que irte -me dijo.

—No, no me voy -le dije yo.

—Sí, te vas.

Entonces comenzamos un debate sobre el asunto de por qué yo estaba tan decidido a no irme...

¿Y cuál era la otra alternativa si no le hacías caso?
Hacer lo que muchos compañeros hicieron, irte a México, a Estados Unidos, o llegar a San Salvador y pedir apoyo a tus padres.

O sea, desertar.
Ajá, desertar. Y me dio vergüenza. Me dio vergüenza después del debate que tuve con Leonel. Porque nosotros habíamos introducido al sector obrero al movimiento, a la lucha armada, y qué tal que ahora que me decían a mí 'te vas para adentro, a la lucha armada', yo decía que no. Fue un cuestionamiento fuerte. Leonel siempre fue conmigo bastante cuestionante... te lo pongo en esos dos casos y te lo podría poner en dos más, pero no quiero hacer más larga la entrevista.

Que eso no te preocupe… ja, ja, ja...
Ja, ja, ja... me tiene que preocupar... pero bueno, la relación fue de ese tipo. Yo tenía actitud, en general, bastante rebelde dentro de la organización, yo creo que fueron bastante tolerantes conmigo, me perdonaron bastantes cosas. Hice el mejor trabajo que pude porque me entregué completamente, pero en dos momentos claves el debate con Leonel fue fundamental: uno, en la decisión de venirme para el frente de guerra en Chalatenango, que fue un conflicto que tuve que resolver hasta con llanto, porque tenía una novia allá. La segunda fue por la pérdida que ya te conté y que quería optar por la poesía. Esto no está escrito en la novela, pero se hace una relación de estas características.

¿Creés que a los escritores, a los artistas o a los poetas en concreto, se les veía con reparos en la guerrilla? Está la gran anécdota trágica de Roque Dalton, que no sé si sembró alguna predisposición negativa hacia el espíritu del poeta.
No, yo creo que en general el movimiento revolucionario que surge alrededor de los 70 intenta hacer una ruptura muy radical con los revolucionarios que por la bohemia tampoco hacían demasiado. Yo creo que el esfuerzo de la lucha armada en El Salvador requirió de una disciplina espartana. Si no hubiese sido por eso, ese movimiento hubiera fracasado en los primeros años. Entonces, cuando tú estás por esa disciplina, debes de someterte a ella de la mejor manera posible.

¿Dalton no se sometió?
El caso de Dalton es muy particular y hay entretelones que tienen que ver con su captura y la presencia de un agente de la CIA, pero son cosas que van más allá del micromundo del poeta, cosas vinculadas de este a oeste. De mi propia experiencia te voy a decir que los dirigentes de las FPL a mí no me conocían como poeta. Yo ingresé como un estudiante universitario. No quise militar en la universidad, en el UR19 de la UCA, porque no me atraía la política universitaria.

¿Qué fue lo que te cautivó?
Lo que a mí realmente me cautivó fue el mirar a los trabajadores, obreros, campesinos empoderados. Esas movilizaciones multitudinarias que comenzaron en el 75 fueron la mejor propaganda para decir que aquí estaba pasando una cosa que era completamente diferente. Y comenzabas a cuestionarte tu propia posición. Es decir, en mi casa, donde nos reuníamos los grupos de poetas, nosotros hablábamos de la independencia del lector frente a la realidad. ¿Comprometerse o no ser orgánicos? Fue algo conflictivo para mi grupo tomar esa decisión, debatirla. En un momento fue un paso casi natural, no tenías otra opción que irte al exilio o sobrenadar la realidad aquí, sin decir nada y cuidándote las espaldas, o sumándote al movimiento revolucionario.

¿Cómo recibía el movimiento revolucionario a los poetas universitarios de la UCA?
Como te digo, ni Roger Lindo ni yo fuimos conocidos como poetas revolucionarios dentro de las filas del conflicto armado. El prejuicio era de otro tipo, y de eso habla el libro: que las personas urbanas éramos pequeños burgueses y teníamos un impedimento especial que no nos permitía asumir plenamente la realidad del pueblo y meternos a fondo con él. Entonces, en mi caso, como el de Roger y otros, fuimos sometidos a un proceso de proletarización. Cuando yo me incorporé al movimiento armado la primera cosa que hicieron fue sacarme de mi casa y mandarme a un barrio obrero en Santa Marta, que es ahora una zona de pandillas tremenda. Me mandaron a ganar el salario de menos de un obrero, en una casa con un grupo de obreros donde teníamos una célula clandestina de trabajo, en un período atroz, el del golpe del 15 de octubre del 79.

¿Cuál era el objetivo de la proletarización de los poetas?
Había un esfuerzo de reeducación que no tenía nada que ver con los poetas en específico. Creo que esa es una construcción de autoconmiseración de los poetas nada más, ja ja ja… Yo te voy a decir, la primera vez que yo estuve en una circunstancia de guerra muy difícil, en marzo de 1982, que fue la primera retirada táctica en la que yo participé, cuando llegué a ese lugar llamado caserío Laguna Seca, lo vi completamente destruido, les habían tirado granadas, habían matado animales en los campos... ¡apestaba a muerte! Había un cadáver que los soldados habían encontrado en una zanja y lo habían decapitado, yo había pasado casi cinco días sin comer, inmediatamente me hospitalizaron porque se me bajó el azúcar, pero bueno, me había tocado llegar con mi equipo de propaganda cargando sacos de balas. Entonces yo me acordaba de aquella canción de Silvio Rodríguez que decía 'cambiar cuerdas por un saco de balas', y yo decía '¡este tipo no tiene idea de lo que es esto!'... ja, ja, ja...

Ja, ja, ja es que Silvio es poeta...
Poeta, exacto. Y tocaba andar con esos sacos en la madrugada para que en el día no nos encontrara un helicóptero de la Fuerza Armada. Esa vez yo llegué a un momento en que me dije 'no puedo más', y tiré los sacos. Tenía un compañero de extracción similar a la mía y me dijo '¡caminá!', 'no', le dije yo. Me dijo que ahí me iban a agarrar y que me iba a joder. Entonces él agarró mi saco y se lo echó él al hombro y me dijo 'vení, te voy a ayudar', y me levanté por vergüenza, porque ahí mismo me dije '¡hasta qué punto he llegado!'

¿Nunca pensaste desertar?
A eso voy… vuelvo a la escena en que llegamos a ese caserío. Logramos hacer frijoles y yo, muy cansado e impresionado, digo: 'Yo voy a desertar'. Mi truco sería agarrar los anteojos y quebrarlos, y decir que no veía nada, que estaba ciego, que me tenían que sacar... Y lo pensé muy bien, quería una coartada creíble, es que no tenía ni un año de haber llegado y ya estaba al límite.

¿Lo hiciste?
No. Empecé a ver que la gente que venía tan cansada como yo comenzó a limpiar, a abrir fosas para enterrar a los caballos muertos, a limpiar las tejas, a poner plásticos a las casas. Yo veía que esa gente no tenía retaguardia. Yo podía regresar a San Salvador y decirle a papá y mamá 'sáquenme de aquí', o volver a Costa Rica con mi novia. Entonces decidí que me iba a quedar… entonces, para contestar a tu pregunta, no creo que haya habido un prejuicio en contra de los poetas. Creo que hubo casos de disciplina abusiva, pero que era necesaria para una situación en la que se necesitaba ser duro para aguantar.

En la novela hacés, desde la ficción, este recorrido con tu personaje…
Todo lo que te acabo de contar está dicho en la novela pero no con carácter biográfico. Está enfrentado en escenografías que este tipo conoce.

Quiero cerrar la entrevista con una visión menos ficticia de esa realidad, con tu apreciación del proceso completo. Ahora sos funcionario de las Naciones Unidas, que es una mirada, digamos, mucho más diplomática, pero tu biografía te persigue, y en buen sentido creo yo, por eso quiero preguntarte: ¿cómo valorás esta posguerra como resultado de la guerra que peleaste?
El país cambió. Hemos hecho posible que el país cambiara. Ustedes son jóvenes, quizá no entiendan que en los años 70 andar con un libro en la calle era peligroso. La oportunidad de conversar sobre cualquier tema, que haya una representación mayor, una diversidad que no conocimos antes de la guerra, yo todo eso lo considero un logro bastante importante. Ahora bien, los procesos no siempre tienen la velocidad que uno quisiera porque el patrón de la democracia trata de hacer posible que todos los intereses se vean representados y se puedan encontrar puntos de acuerdo, y eso es muy, muy dificil y muy, muy lento.

¿Qué tan lejos estamos de esos acuerdos?
Yo creo que el país está llegando a una nueva situación límite y necesita hacer un viraje, y ese viraje no debe hacerse tan despacio. Debe hacerse pronto.

¿Creés que se pueda hacer tan pronto como se necesita?
Técnicamente, sí. Lo que se necesita es un liderazgo muy valiente, y no solo al frente del Estado, sino en los sectores decisivos. De lo contrario, el país va a continuar con esta inercia que nos va a volver a defraudar. Valentía se necesita.

¿Creés que Sánchez Cerén será tan valiente como el comandante 'Leonel'?
No lo conozco como estadista. Cualquier persona que llegue al gobierno los próximos cinco años, sin duda, tiene un desafío tremendo. El peor error que puede hacer quien gane es cerrarse sobre su partido y sus aliados inmediatos. Tiene que quitarse esa idea. Se debe mostrar una apertura más grande que la que se ha mostrado en los últimos 25 años. Necesitamos gente con mucha disponibilidad, creatividad, ganas de innovar, y con ganas de jugársela con ciertos riesgos. De lo contrario, la inercia nos comerá.

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CAMINO DE HORMIGAS (Novela, 2014) | Miguel Huezo Mixco (El Salvador) | $16.00

¿Cómo ves a la derecha a la que vos combatiste desde la guerrilla?
Creo que le está costando aprender pero lo está haciendo. La derecha que estamos viviendo son varias derechas, al interior de ellos mismos también hay una tendencia hacia nuevas posiciones. He tenido la suerte de hablar con esa gente por mi trabajo, que tiene mucha receptividad a la idea de que las cosas vayan avanzando. En administraciones pasadas ha habido gente con papeles decisivos, como Cecilia Gallardo, para darle un viraje al tratamiento del problema de la pobreza y del cómo solventarlo. Ahora necesitamos nuevas soluciones. Pero ese viraje fue por una persona conservadora, y la pongo como ejemplo porque demuestra que sí es posible, sí hay personas en todo ámbito de la sociedad salvadoreña que podrían usar el poder para empezar a hacer las cosas diferentes para dar ese giro urgente. Estamos al borde de la crisis fiscal y hay que buscar soluciones.

¿Esas soluciones vendrán de la izquierda o de la derecha, cuáles son las garantías?
No, no. Es un momento de prueba. Ante quien quiera que gane, como ciudadanos debemos tener la actitud crítica, como la del periodismo, y debemos estar sacando tarjeta amarilla o tarjeta roja, nos toca hacer eso por el bien del país.

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