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La fiebre por los premios Oscar no es taquillera en El Salvador

La gala de los premios Oscar provoca una fiebre mundial y fanatismo en todo el mundo, pero descubrimos que en El Salvador los infectados son solo una nimia minoría quejumbrosa que reclama la ausencia de las candidatas en las carteleras comerciales. Cinemark y Cinépolis hacen público su diagnóstico y, de paso, nos revelan cómo es que se configura la oferta cinematográfica para nuestro país.


Sábado, 1 de marzo de 2014
Rebeca Monge, Andrea Orellana y Élmer L. Menjívar

Desde el mes de octubre del 2013, las cadenas de salas de cine con mejor posicionamiento en El Salvador, Cinemark y Cinépolis, estrenaron Gravity, que el 16 de enero de este año sería uno de los filmes nominados para competir por el premio a Mejor Película de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. A partir de entonces, ambas compañías han proyectado en sus teatros en San Salvador un total de seis películas de las nueve que componen la lista de nominaciones en esa categoría.

Sin embargo, los resultados de la taquilla exponen claramente que se trata de un pequeño grupo de cinéfilos el que ha asistido a las proyecciones de las nominadas al Oscar a mejor película que se han exhibido en el país en los últimos cinco meses, que a Gravity se suman Philomena, Escándalo Américano (American Hustle), 12 años de esclavitud, Capitán Philips y El club de los desahuciados (Dallas Buyer Club). Un día antes de la ceremonia quedan sin estrenar en el país Her, Nebraska y El lobo de Wall Street. Vale decir que este ha sido un buen año en ese sentido, comparado por ejemplo con el 2013 que solo una de las nominadas se había estrenado antes de la premiación. 

No es que a los salvadoreños no nos guste ir al cine, acudimos en masa cuando hay 2 x 1 y en días festivos o de paga. Lo que parece suceder es que somos adictos a las producciones en las que prima el entretenimiento por sobre el arte y las buenas historias bien contadas. Al repasar la lista de películas que los administradores de las salas de cine colocan como las más taquilleras de los últimos años, descubrimos dos tendencias claras y dos públicos muy específicos: joven y adulto contemporáneo, entre 18 y 40 años, y niños, que vienen en combo familiar.   

El primer grupo, en los últimos dos años, ha dado llenos totales a decenas de funciones de las sagas de Rápido y Furioso, Crepúsculo, Harry Potter, The Hunger Games, Iroman, Los vengadores, El Hobbit, y se acaba de agregar Robocop. De todas esas, solo una ha recibido una nominación a los premios de la Academia de este año, El Hobbit con tres nominaciones técnicas: efectos visuales, sonido y edición de sonido. Es curioso que las películas con más valores técnicos de este tipo son las que más se cuelan en el gusto del salvadoreño. 

Sobre el otro grupo, Mario Bolaños, supervisor de operaciones de Cinemark, quien se encarga de analizar los ingresos de la empresa a nivel local y regional, ofrece datos bastante claros: “lo que siempre vende más en todas las sucursales de Cinemark en El Salvador son las películas para niños, que están dobladas al español”.

Bolaños también lanza el baldazo de agua fría a los fanáticos de los premios Oscar: son una apabullante minoría. “Las nominadas al Oscar siempre son las menos taquilleras”. Y explica también cómo, cuando alguna película nominada al Oscar logra llegar a cartelera comercial, la falta de público y de rentabilidad se compensa con esas otras de gran envergadura, como Lego, por ejemplo, que ha sido una de las más taquilleras en lo que va del año.

Sirva para ilustrar la sexta edición de la celebración del Día del Cine realizada el domingo 23 de febrero. Ambas cadenas de cine, Cinemark y Cinépolis, festejaron rebajando los precios de todos sus boletos a menos del 50 % del precio regular. De acuerdo a los datos proporcionados por Cinemark La Gran Vía, que tiene la cartelera más extensa y diversa de las tres sucursales de la franquicia en el país, de todas las películas en 2D, 3D y XD, la más vendida fue Lego con un total de 657 boletos. Robocop, película para adultos jóvenes, obtuvo el segundo lugar en ventas, con un total de 643 boletos vendidos. En el tercer y cuarto lugar se ubicaron las únicas dos películas nominadas al Oscar que están en la cartelera, American Hustle y 12 Years a Slave, con 446 y 415 boletos vendidos ese día, respectivamente.

Más popcorn y menos cine: el argumento del negocio

Otra detalle, quizá obvio, en el caso de Cinemark es que los ingresos de las empresas dedicadas a la exhibición de películas se dividen entre las ganancias por venta de comida (que está clasificada en su registro como “concesiones”), ventas en taquilla, y boletos de SuperSavers, que son los que se venden a las empresas que distribuyen promociones a sus empleados o consumidores. En 2013, el 40 % del total de ingresos vino solo de las ventas de concesiones (comida). El 60 % restante se obtuvo de las ventas en taquilla y Supersavers, pero parte de ese porcentaje fue dirigido a las distribuidoras, lo que nos dice que la empresa del cine en el país sobrevive no por el cine, sino por la comida que se vende en los teatros.

El negocio de la comida es bastante simple y, para este reportaje, ciertamente menos interesante que el de la industria cinematográfica. Por eso nos concentramos en entender cómo es que funciona, y nos guiaron los expertos.

El público salvadoreño es asiduo consumidor de cine, sin embrago, el negocio principal de las salas de cine es la comida y la dulcería. El cine para niños es el gancho perfecto porque casi siempre asiste la familia completa y casi siempre entran con sus palomitas de maíz, gaseosas y dulces. / Foto de Élmer L. Menjívar.
El público salvadoreño es asiduo consumidor de cine, sin embrago, el negocio principal de las salas de cine es la comida y la dulcería. El cine para niños es el gancho perfecto porque casi siempre asiste la familia completa y casi siempre entran con sus palomitas de maíz, gaseosas y dulces. / Foto de Élmer L. Menjívar.

Para empezar, las decisiones respecto a la oferta de cartelera para los salvadoreños se toman afuera del país. Todas las películas que llegan a la región centroamericana, incluyendo a El Salvador, pasan por el filtro de los film buyers y las distribuidoras independientes ubicadas en cada país. Los primeros se encargan de ser el enlace entre las las distribuidoras independientes localizadas en cada país de la región, y las distribuidoras que los estudios de cine en Estados Unidos, como Warner Bros Studio, Walt Disney Records, Summit Entertainment, Paramount Pictures, Universal Pictures, y 20th Century Fox Studios, tienen en cada país. Las dos principales distribuidoras de los estudios fílmicos de la industria hollywoodense con las que establecen nexos las distribuidoras salvadoreñas están ubicadas en México y Panamá.

En El Salvador solo hay tres distribuidoras independientes que se encargan de proveer a las franquicias de salas de cine las películas que han traspasado su colador de compra para ser exhibidas en el país: Séptimo Arte; VideoMark, de Imprecen Media Group; y Casa Otaegui, S.A. de C.V. Son estas empresas las que determinan qué películas se exhiben en las carteleras de cine nacionales.

El botín de los ingresos que se obtienen con la exhibición de las películas se reparte entre las distribuidoras independientes que compraron a los estudios hollywoodenses y las cadenas de salas de cine. Los porcentajes de ganancias que corresponden a cada uno por la exhibición de cada película están determinados, al menos para la primera semana de proyección, en un contrato que firman ambas partes.

Se trata de un juego en el que todo depende de la respuesta del público a la película, pero ninguno de los jugadores será perdedor. El gane de ambos en la primera semana de exhibición de una película está asegurado. Si la película resulta ser taquillera, su lugar en la cartelera puede permanecer por un período de hasta seis semanas, en la que se ha adquirido distintos porcentajes de ganancia significativos, tanto para las distribuidoras como para las salas de cine.

Como en todo proceso de compra y venta, las películas que llegan a El Salvador a través de las distribuidoras, dependen de la demanda que se rige acorde al gusto de los salvadoreños.

Aunque el área de mercadeo de Cinemark no cuenta con un perfil que logre definir y segmentar a su público consumidor y sus gustos, Bolaños describe al sector que más consume cine en las sucursales de La Gran Vía y Metrocentro como “familias de padres, madres, hijos e hijas que viven en la zona metropolitana de San Salvador, que buscan entretenimiento y escogen películas para niños”. En segundo lugar están los jóvenes y adultos. Los horarios con más afluencia de personas varían por cada sucursal. El primer público prefiere las películas para niños, mientras el segundo escoge las películas de acción, comedia, comedia romántica, terror, y drama.

Los mismos procedimientos para la distribución y proyección de películas funcionan en Cinépolis, la franquicia mexicana de cines. Eder Morales, gerente de operaciones de Cinépolis, amplía el panorama sobre cómo funciona el procedimiento de esta industria, cómo se llega desde los estudios fílmicos internacionales hasta el espectador que disfrute de la película cómodamente en su butaca, con palomitas de maíz.

Las mismas distribuidoras son las encargadas de decidir qué películas son las que vendrán a El Salvador, cuáles son las que se estrenaron ya y son aptas para proyectarlas aquí, o hacer estrenos mundiales (cada película que se proyecta a media noche en el país es un estreno mundial, como fue el caso de The Hobbit y Harry Potter).

Las películas llegan a las salas porque son compradas a las distribuidoras internacionales, que son las encargadas de hacer los negocios con los estudios grandes del mundo del cine (Universal Pictures, Warner Brothers, Columbia, Disney, etc.). La travesía de las películas que llegan a El Salvador hacen una escala en la base de distribución que se encuentra en Panamá. Luego, el filtro se extiende también en Costa Rica, donde se aprueba que las películas lleguen al país. Tal vez por ello no es de extrañarse que en Costa Rica se realicen festivales de cine con proyecciones de todas las nominaciones de los premios de la Academia. En El Salvador, las películas caen a cuentagotas.

Por ser el producto más vendido, las películas aptas para menores de edad constituyen uno de los principales factores que definen la programación disponible en carteleras, y es uno de los criterios que determinan la compra que hacen las distribuidoras a los estudios de cine. Se compra lo que más vende. Y lo que no se vende, como las películas nominadas al Oscar, se recupera con lo que sí, es decir, con las películas infantiles.

La posibilidad de que una película llegue a El Salvador también puede estar determinada por el éxito en taquillas que haya tenido en otros países con públicos similares. Después de que se estrena por primera vez en Estados Unidos una película que cumple con las características que atraen al público salvadoreño, el film buyer y los distribuidores observan la evolución de ventas en ese país y determinan si la película puede tener éxito o no en la región centroamericana.

Luego se hacen las negociaciones, que pueden tomar varias semanas. De ahí que una película tome meses en llegar a las salas de cine en el país.

Cuando las películas ya están en el país, es cuestión de que el jefe de programación les asigne una sala y un horario. No hay parámetros de contenido muy certeros en la adquisición de películas, pero en este mundo todo es negocio y no hay que olvidarse de ello. Morales afirma que el motivo más fuerte para comprar o vender películas es, obviamente, que generen más ganancias. El contenido en sí no es muy relevante si no el margen de ganancias que deje su proyección. Es exitosa si te hace ganar dinero, porque, en fin, de eso se nutre la “industria” del cine. De eso también depende la estadía de una película en cartelera: entre más tiempo está, puede que más ganancias genere. Las distribuidoras dejan al libre albedrío de la cadena esta estrategia de ganancias.

La cuota de películas que se proyectan por año están abarcadas en un programa que las distribuidoras envían nombrado Competitive, el cual contiene las películas a estrenar y es repartido a las cadenas de cine anualmente.

El cine independiente de la piratería

Eder Morales, de Cinépolis, comenta que ha notado la disminución en la afluencia de clientes al cine debido a la piratería. La gente prefiere quedarse en la comodidad de su casa viendo las películas y además las obtiene con anticipación antes de la exhibición oficial. Cuando las películas se muestran en carteleras, para mucha gente ya no son estrenos.

Al menos 7 de las 9 monimadas al Oscar 2014 en la categoría de Mejor Película se podían encontrar desde finales de enero en los puntos fijos de películas piratas, todas con subtítulos en español, buena calidad de imagen y casi todas con la leyenda
Al menos 7 de las 9 monimadas al Oscar 2014 en la categoría de Mejor Película se podían encontrar desde finales de enero en los puntos fijos de películas piratas, todas con subtítulos en español, buena calidad de imagen y casi todas con la leyenda 'Esta copia es exclusivamente para verse con el objetivo de votar en la temporada de premiaciones. Prohibida su reproducción con otros fines'.

Sin embargo, las cuentas aún no resultan alarmantes como para que las salas de cine definan estrategias para competir con la ilegalidad trayendo más pronto las películas. La afluencia de gente se monitorea en dos categorías: temporadas altas y temporadas bajas. En Cinépolis se percibe –y se contabiliza– que las temporadas altas se dan en diciembre debido a las vacaciones, en Semana Santa y durante las vacaciones agostinas. Le siguen los días feriados y los fines de semana. Mientras la afluencia del público se mantenga en las expectativas de negocio, no suenan las alarmas.

Cuando se habla del cine independiente es la piratería la que no tiene competencia, porque las salas de cine rara vez se meten en ese rubro, y es lógico, si esas películas atraerán poco público y si ese poco público se comporta como fanático tratará de conseguir las películas a cómo dé lugar (en la piratería local o en Internet), entonces, quizá su aparecimiento tardío en salas no resulte rentable.  

A pesar de esos cálculos, la cadena Cinépolis anualmente exhibe en sus salas los festivales internacionales de cine “Ambulante” (México) y el “Ícaro” (Centroamericano), además acoge varios festivales de cine de varias nacionalidades dando apertura a la proyección de un cine más independiente que el de las industrias que proyectan, las cuales se rigen -en su mayoría- por Hollywood. También sostienen que cualquier persona, compañía o productora tiene las puertas abiertas a proyectar cualquier tipo de cine, solo tiene que entablar negociaciones con el departamento de Asuntos administrativos, y estos a su vez tratan con las distribuidoras. Las salas pueden ser alquiladas pagando el número de entradas que se vendan. Como prestación adicional, las entradas se venden más baratas. En este tipo de casos el generador de ganancias sigue siendo la comida y la dulcería. La modalidad de festivales, es decir, concentrar la oferta en una semana, por ejemplo, también la ofrece Cinemark, y es como se prestan a dar un aporte artístico y variado a ese pequeñísimo sector del público cinéfilo salvadoreño. Pero estamos lejos de poder presumir una cartelera con opción permanente para el cinéfilo más exigente.

La cultura cinematográfica de un país incluye todos los componentes que aquí hemos mencionado. Es un negocio, una industria cultural y también es arte y expresión. El público es el elemento configurador, pero este, a su vez, es configurado por la oferta, es educado, por así decirlo, por los empresarios. El Estado también es un actor principal, que desde el sistema educativo debería aportar criterios de apreciación artística y cultura general para que existiera un público más sensible a los valores estéticos y lo narrativo, y no solo a los efectos especiales. También podría, como en otros países, intervenir en la oferta comercial y por lo tanto también en la educación cinematográfica del público. En ateproyecto de La ley de cine que lleva algunos meses en poder de los políticos contempla algunas medidas en este sentido: Cuotas de pantalla para el cine nacional, por ejemplo, o la creación de fondos para la producción y educación visual para la población. Pero aún no se ha llegado al punto de la discusión seria.

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