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Editorial

Lecciones de primera vuelta

El Faro
El Faro / Publicado el 3 de Febrero de 2014

La primera vuelta ha sido una elección tranquila, ordenada, que transcurrió en calma. Fuera de unos pocos incidentes, insuficientes para empañar las votaciones, los salvadoreños confirmaron sus convicciones cívicas y su capacidad de imponerse a los discursos incendiarios de los líderes políticos nacionales. Los ciudadanos han adquirido más madurez política que los políticos.

Es importante que ninguna fuerza haya ganado en esta primera vuelta. La imposibilidad de conseguir el apoyo de siquiera la mitad de los votantes debería obligar a ambos partidos a asumir la segunda vuelta y un eventual gobierno con mayor humildad, conscientes de que gobernarán habiendo apenas convencido a una minoría de los salvadoreños.

El FMLN intentó por todos los medios, incluyendo aquellos mismos de los que antaño se quejaba de Arena, alcanzar la victoria en primera vuelta. Han llevado a cabo una campaña engañosa, donde el trabajo sucio lo ha hecho el presidente Funes, y que culmina con el anuncio de su candidato, Salvador Sánchez Cerén, en el mitin de celebración: la alianza para una segunda vuelta con el expresidente Elías Antonio Saca, el hombre al que acusaron de corrupción, de malversación, de derroche de fondos públicos, de utilización del Estado para hacer campaña, de falta de transparencia, de atropello al sistema político, cuando este estaba en el poder y aquellos en la oposición. El anuncio de alianza con Saca es maquiavélico y confirma cuánto está dispuesto el FMLN a sacrificar sus principios a cambio de poder. Y esto es una amenaza a la democracia.

Para Arena, en cambio, esta es la mayor derrota de su historia. Apenas cinco años después de haber perdido la presidencia, el partido ha mostrado su incapacidad de reformarse, de democratizarse, de ofrecer una nueva manera de hacer las cosas a una ciudadanía que se cansó de sus viejas maneras. A pesar de las celebraciones del equipo de campaña, y a pesar de las acusaciones, algunas muy justas, contra Funes y el FMLN, lo cierto es que este resultado es una debacle que encuentra explicaciones en otro lado: en su renuencia a purgarse, a limpiar un armario lleno de cadáveres que sus oponentes han sabido explotar, en su incongruencia. Arena no ha podido dirimir sus conflictos internos, que el poder siempre hace más fáciles, ni separarse de sus malas compañías. Es difícil saber cuánto ha afectado el caso en el que está involucrado el expresidente Flores, pero es más difícil aun entender a una dirigencia partidaria incapaz de separarse de aquella administración.

Si la democracia será, es necesario que, mientras avanzamos en el proceso de consolidación institucional, el partido en el gobierno tenga enfrente a una oposición fuerte, sensata, decente y capaz de negociar. En todo eso necesitará convertirse Arena si pierde en la segunda vuelta.

Y finalmente la primera vuelta deja también lecciones sobre el TSE: se ha consolidado como un árbitro cuyos resultados son eficientes, oportunos y confiables; y cada elección cumplen con su mandato. Hace falta, sin embargo, que se convierta en garante no solo de la elección, sino de todo el proceso. El Tribunal no puede seguir siendo espectador de campañas abusivas y de violaciones al código electoral. Debe intervenir de manera firme, como lo hizo a última hora de este domingo, prohibiendo que los medios de comunicación siguieran pasando los anuncios de la presidencia. Pero debe hacerlo de manera oportuna, durante todo el proceso electoral.

A cinco semanas de la elección definitiva, y con solo dos candidatos en contienda, los ciudadanos merecemos que, ahora sí, nos digan qué visión de país nos ofrecen en caso de ganar la presidencia. Y esto merece, para resarcir el superfluo primer encuentro, un debate de verdad. Es hora de demostrar su verdadero compromiso con la democracia.

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