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Europa oriental

El dictador Ceausescu, nueva atracción turística de Rumania

Mihaela Rodina (AFP) / El Faro
El Faro / Publicado el 4 de Septiembre de 2013
El déspota dictador Nicolae Ceausescu, fusilado en 1989 con la caída del régimen comunista, se ha convertido en una atracción turística en Rumania: después de su casa natal y de sus villas, el lugar donde fue ejecutado pronto estará abierto al público.

Nicolae Ceausescu, presidente de la República Socialista de Rumania de 1967 a 1989. Foto cortesía Fototeca online a comunismului românesc.

Nicolae Ceausescu, presidente de la República Socialista de Rumania de 1967 a 1989. Foto cortesía Fototeca online a comunismului românesc.

Targoviste, RUMANIA. La antigua base militar en Targoviste, situada a 100 kilómetros al noroeste de la capital, Bucarest, se transformará en un museo y recibirá sus primeros visitantes en setiembre. “Hemos recibido muchas peticiones de gente que quería ver el cuartel donde Nicolae Ceausescu y su esposa Elena fueron fusilados el 25 de diciembre de 1989”, dice el director del Museo de Historia de Targoviste, Ovidiu Carstina.

En diciembre de 1989, con la caída de la Cortina de Hierro que marcó el fin de los regímenes comunistas de Europa del Este, Ceausescu fue derrocado por un levantamiento popular y huyó con su esposa, considerada la número dos en el poder.

Detenida por el Ejército en Targoviste, la pareja presidencial fue condenada a muerte en un rápido proceso ante un misterioso tribunal, y ejecutada de inmediato. Las imágenes de televisión dieron la vuelta al mundo, mostrando el final de más de dos décadas de un régimen represivo caracterizado por el culto a la personalidad, el nepotismo y la vigilancia de la omnipresente policía Securitate y sus decenas de miles de empleados e informantes.

“Nuestro objetivo es mostrar las cosas como sucedieron, sin hacer comentarios sobre el proceso, la vida de la pareja o el culto a la personalidad”, dice Carstina mientras abre la puerta de la pequeña habitación donde Nicolae y Elena fueron sometidos a un juicio sumario.

El banquillo de los acusados, donde la pareja Ceausescu, con sus abrigos con cuellos de piel, escuchó las acusaciones, y los bancos del abogado, el fiscal y el juez, serán colocados nuevamente para recrear el escenario del proceso.

En una habitación contigua siguen estando las camas de hierro donde los Ceausescu pasaron sus tres últimas noches. Y en el patio interior, en la pared amarilla contra la cual la pareja fue fusilada aún se ven las marcas de las balas.

Las imágenes televisadas del juicio, que plantearon en su momento dudas sobre el cumplimiento de los procedimientos judiciales, se transmitirán en una pantalla.

Aunque admite que las opiniones sobre la iniciativa de las autoridades locales de transformar el cuartel en un museo están “divididas”, Carstina destaca la importancia de abordar un “momento que cambió la historia de Rumania”.

Para el sociólogo Vasile Dancu, “cada pueblo debe asumir su historia, sin ocultar ciertas cosas; no se puede borrar la imagen del simulacro de juicio que refleja la caída de la sociedad rumana de ese tiempo”.

Un grupo de turistas suecos que ya ha reservado entradas para el museo, dice Carstina.

Delirios de grandeza

Otros emblemáticos lugares relacionados con Ceausescu ya atraen a turistas en Rumania. Entre ellos, el enorme Palacio del Pueblo, que el dictador hizo edificar en la década de 1980 después de arrasar con una de las zonas más bellas del centro histórico de Bucarest.

Símbolo de los delirios de grandeza de Ceausescu, a quien le gustaba ser ser llamado el Genio de los Cárpatos, y segundo edificio más grande del mundo después del Pentágono en Estados Unidos, este palacio es ahora el principal destino de los turistas que visitan la capital rumana. En 2012, recibió más de 144,000 visitantes, incluyendo 110,000 extranjeros.

En su momento, 40,000 personas fueron desalojadas para permitir la construcción de 350,000 metros cuadrados habitables, en una época en que los rumanos sufrían de escasez de alimentos y cortes de energía.

Para Lucia Morariu, presidente de la asociación de operadores turísticos rumanos, convertir a Ceausescu en “marca turística” no es una buena idea. “¿Por qué fomentar la nostalgia?”, se pregunta, y añade que Rumania cuenta con atractivos naturales excepcionales, como el delta del Danubio, declarado Patrimonio de la Humanidad, y el Parque Natural de Retezat, en el corazón de los Cárpatos.

Traian Badulescu, consultor turístico, cree en cambio que Rumania “debe maximizar los ingresos del turismo, incluso destacando su historia”. “Nos guste o no, Ceausescu dejó su marca en la historia de Rumania y hay muchos turistas que quieren seguir sus huellas”, dice.

El dictador creó un culto a la personalidad sin igual en Europa del Este: para su cumpleaños, todas las empresas públicas y sus empleados debían enviarle cartas de felicitación llenas de elogios.

En Scornicesti, un polvoriento pueblo en el sur, muchas personas actualmente se detienen delante de la pequeña casa de adobe donde Ceausescu nació en 1918. Perfectamente conservada, con su piso de tierra, sin electricidad ni agua corriente, la casa es abierta al público por el sobrino de Ceausescu, Emil Barbulescu, que vive al lado.

Complacido por el interés de los turistas en esta pequeña casa, frente a la cual se instaló un busto de Ceausescu en 2010, Barbulescu, un exjefe de la milicia comunista temido en la región, siente nostalgia de los “buenos viejos tiempos”. Según él, “se han dado pasos para establecer la verdad” sobre su tío. “La historia le dará el lugar que merece”, dice Barbulescu, de 55 años.

Encantadas de encontrar la puerta abierta, dos elegantes señoras de Bucarest dicen que vienen a ver la propiedad “por respeto y para sentirse más cerca” del Conducator, título oficial del dictador rumano. Un hombre y su esposa también detienen su coche delante de la casa.

“Había un montón de restricciones” bajo el régimen comunista, dice Ioan Donga, de 58 años, añadiendo sin embargo que a su familia “no le faltó nada”. La ejecución, sin embargo, sigue siendo una herida abierta en Rumania. “Por supuesto que merecía ser fusilado, pero no es así que se debía haber actuado”, dice.

© Agence France-Presse

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