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México

Los migrantes centroamericanos nutren a Los Zetas

Deborah Bonello (AFP) / El Faro
El Faro / Publicado el 19 de Julio de 2013
Según el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, que ha empeñado su vida en la protección de los migrantes centroamericanos, el cártel de Los Zetas absorbe de una u otra manera al 10% de todos los indocumentados que viajan clandestinamente en los trenes de carga hacia la frontera con Estados Unidos.

Huehuetoca, MÉXICO. Durante su travesía por riesgosas vías férreas de México hacia Estados Unidos, el indocumentado hondureño Samuel Alberto Centeno recibió una oferta de salario mensual, mujeres y drogas para incorporarse a Los Zetas, el sanguinario cártel cuyo líder, Miguel Ángel Treviño, fue capturado el lunes 15 de julio.

Los sujetos armados que lo abordaron a él y a otros migrantes le ofrecieron un sueldo de 1,000 dólares mensuales. “Ellos querían que nosotros trabajáramos con ellos”, explicó Centeno a la agencia AFP fuera de un albergue para migrantes en Huehuetoca, estado de México, vecino de la capital mexicana.

El pago de Los Zetas para el joven de 19 años era a cambio de participar en asesinatos, tráfico de drogas, secuestro y extorsión.

Según Alejandro Solalinde, un reconocido sacerdote defensor de los derechos de los migrantes, Centeno corrió con suerte porque en varias zonas del país Los Zetas ya realizan reclutamientos masivos y forzados entre los indocumentados.

“El reclutamiento es obligado. Ahí le entran o le entran, o los matan”, dice tajante Solalinde, quien dirige otro refugio en Oaxaca y el año pasado tuvo que abandonar temporalmente el país por amenazas de muerte.

Según estimaciones de los responsables de los refugios para migrantes, Los Zetas “se quedan con el 10%” de todos los indocumentados que viajan clandestinamente por México en trenes de carga hacia la frontera con Estados Unidos, añadió el clérigo.

Activistas han relatado reclutamientos forzados, por ejemplo en Saltillo, Coahuila. “Ahí mismo cuando los bajan de un camión (autobús) los prueban”, obligándoloes a matar a sus propios compañeros de viaje (...). “Los que lo hacen son los que se van con ellos” y los demás son asesinados, narra Solalinde.

Se calcula que más de 140,000 extranjeros indocumentados ingresan anualmente a México, principalmente por la frontera con Guatemala, para tratar de llegar a la frontera norte. En México han sido víctimas por años de asaltos y extorsiones por parte de autoridades corruptas y también de secuestros por el crimen organizado, que reclama después cantidades que rondan los 2,000 dólares a las familias para liberarlos.

Captura de Z-40, un “alivio momentáneo”

Los Zetas, señalados como el principal grupo secuestrador de migrantes, es el cártel más violento de México. Controla las actividades delictivas en grandes extensiones del país, aunque su futuro está en una encrucijada después de que su líder, Miguel Ángel Treviño (a) Z-40, fuera detenido el lunes por la Marina Armada.

La captura de Z-40 representa “un alivio momentáneo” para los migrantes porque el cártel se va debilitando, aunque está lejos de ser neutralizado porque tiene presencia en una veintena de estados mexicanos, consideró Solalinde.

El Gobierno mexicano acusa a Treviño de ordenar la masacre de 72 migrantes en un rancho del estado de Tamaulipas en agosto de 2010. El único sobreviviente de la matanza, un inmigrante de Ecuador, declaró que las víctimas fueron asesinadas después de que se negaran a trabajar para Los Zetas.

La mayoría de los indocumentados que llegan a México abandonaron sus países por las malas condiciones económicas y de seguridad, y muchas veces ven difícil resistirse a la oferta de empleo de los narcotraficantes.

“Yo les dije que no, pero otros dijeron que sí”, relata Centeno en el refugio, instalado en forma de campamento en las vías de tren de Huehuetoca para recibir a los migrantes.

“A veces, sí lo hacen (aceptar el trabajo ofrecido por delincuentes) porque no tienen dinero (...) no les queda de otra. No te quieres morir” de hambre, añade otro hondureño que prefiere no dar su nombre.

A su vez, muchos migrantes tienen que emprender el camino de regreso a casa por las cada vez más costosas extorsiones que les exigen las organizaciones criminales para permitirles subir al tren, alrededor de 100 dólares por trayecto.

“El reclutamiento se está volviendo, digamos, otra forma también de pago para estos grupos (...). Te reclutas con el grupo o te asesinan a ti o a algún miembro de tu familia”, dijo Nancy Pérez, directora de la oenegé Sin Fronteras.

En los últimos años también ha habido reportes en los medios sobre centroamericanos detenidos en el marco de la lucha contra las drogas en México, aunque la Fiscalía federal no pudo detallar en qué número.

© Agence France-Presse

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