Oportunidades y amenazas de la "tregua"Por Luis Enrique Amaya Publicado el 26 de Noviembre de 2012
Desde que la MS-13 y la Barrio 18 alcanzaron una tregua en el país, a partir del mes de marzo de este año, han brotado preguntas como: ¿En verdad se trata de una tregua o ha habido una negociación? Si se negoció, ¿quién negoció con quién? ¿Qué se negoció? ¿Qué sostenibilidad tiene esta situación sin precedentes? Los funcionarios del Gobierno de El Salvador han ofrecido respuestas cambiantes y contradictorias a estas interrogantes, yendo de la negación a la aceptación de la negociación que habría dado paso a la tregua, y de la negación a la aceptación de su participación en todo el proceso, llegando en última instancia a asumir incluso su autoría intelectual. Esto ha generado señalamientos hacia la falta de transparencia acerca de esta audaz estrategia, la que por mucho ha sido la más eficaz para reducir de forma significativa las cifras de homicidios desde la firma de los Acuerdos de Paz. El discurso oficial parece estar saturado y estático. El enfoque que vulgarmente podría llamarse “empresarial” ha resultado prometedor para fines de describir, explicar y hasta predecir e intervenir sobre el comportamiento del crimen organizado. Esta perspectiva de análisis sostiene que las bandas del crimen organizado se manejan como empresas, con todo lo ilícitas que puedan ser. Así, estos grupos, y en específico sus liderazgos más destacados, constituyen agentes racionales que toman decisiones orientadas a elevar sus ganancias, fortalecer sus cadenas logísticas, construir alianzas con diferentes actores, respetar jerarquías de mando flexibles debido a la rotación de su personal derivado de su carácter ilegal, emplear la violencia como cualquier recurso sólo cuando es preciso y se justifica, etc. Pero esta lógica admite matices, por cuanto atiende a ciertos perfiles concretos dentro de las maras o pandillas, no a todos, por lo que no se niega que, por ejemplo, entre los pandilleros “rasos” exista un genuino interés en disminuir la violencia, producto de la acumulación de cansancio respecto de los riesgos e inconvenientes –para ellos y sus familias– de estar activos y de que no es veraz que las pandillas les garanticen su supervivencia económica. Se trata de quienes no han sacado demasiado provecho de la actividad criminal de las maras o pandillas ni han adoptado todavía la mentalidad empresarial. Estos perfiles, no obstante, no son los que están encabezando y marcando las condiciones de la negociación y la tregua, sino otros para los que con certeza sería mucho más difícil renunciar a un lucrativo estilo de vida delictivo que han fraguado durante años. Desde este punto de vista, y con la ventaja que da el paso del tiempo para hacer una lectura en retrospectiva, se puede plantear lo siguiente: 1) ¿En verdad se trata de una tregua o ha habido una negociación? La tregua es sencillamente impensable sin una negociación. En términos muy simples, hacer una tregua supone cesar hostilidades entre enemigos, posponiendo la continuación y eventual finalización de un conflicto. Esto requiere realizar algún tipo de negociación, implícita o explícita, con o sin la asistencia de un tercer actor en calidad de parte interesada o de mediador externo, a fin de arribar a un cierto acuerdo básico de entendimiento nuevo. La posible existencia de una tregua, por tanto, no es excluyente con la ocurrencia de una negociación; de hecho, la primera no puede suceder sin la segunda. 2) Si se negoció, ¿quién negoció con quién? Si se acepta que la negociación ha sido el camino más seguro hacia la tregua, o como mínimo el más probable, en principio ésta pudo acaecer de manera voluntaria entre las pandillas o pudo estar orquestada por el Gobierno. Los hechos llevan a presumir que la posibilidad de que en algún momento las maras o pandillas y el Gobierno, ambos con una actitud de pragmatismo, se sentaran a la mesa de negociación es la más plausible, puesto que los dos han obtenido réditos sustanciales y han asumido como propia la defensa del proceso. 3) ¿Qué se negoció? Resulta imposible suponer que el basamento de la negociación y posterior tregua habría sido la obtención de beneficios sociales para los miembros de las maras o pandillas y sus familias. De haber sido así, estos grupos –o sus liderazgos– serían pésimos negociadores, ya que objetivamente eso no es algo que el Gobierno pueda cumplir en el corto plazo. Las limitaciones políticas, técnicas, administrativas y financieras del aparato gubernamental siguen siendo las mismas antes y después de la tregua. En ese escenario, las maras o pandillas habrían entregado resultados inmediatos a cambio de promesas, algo poco probable. Es más probable que se haya tratado de una negociación de beneficios directos para ambas partes. Lo que el Gobierno sí puede hacer es, por ejemplo, suavizar el régimen penitenciario y en especial facilitar el ordenamiento de los mercados delictivos, lo que desembocaría –como ha sucedido– en una reducción de los delitos violentos, pero no de los no violentos. No estoy argumentando que sea esto lo que en efecto hizo el Gobierno, sino sugiriendo ejemplos de cosas que sí tendría sentido que éste brindara en la mesa de negociación. 4) ¿Qué sostenibilidad tiene esta situación sin precedentes? La cuestión de la sostenibilidad de la tregua ha sido puesta en entredicho por la ausencia de transparencia a lo largo del proceso. Quien hace esa valoración encuentra una conexión innecesaria y extrema entre la calidad de la negociación y su ventilación pública; asimismo, olvida que hubiese sido contraproducente abordar abiertamente desde el comienzo la opción de la tregua, puesto que se habrían producido resistencias razonables en distintos sectores, las cuales han sido manejadas solamente gracias a los resultados que se han venido registrando. Por ahí no va el asunto. En realidad, la sostenibilidad del proceso depende de dos aspectos compatibles: a) La prosperidad empresarial que en varios mercados ilegales descubran las maras o pandillas en este nuevo statu quo (dentro de los cuales, sin ser el único, despunta el del narcotráfico); y b) La capacidad de intimidación que puedan tener los pandilleros recluidos en las cárceles sobre los que están en la calle, utilizando un mecanismo de control muy clásico entre las pandillas, de conformidad con el cual los miembros que están en la calle deben colaborar con aquellos que guardan prisión debido a que en algún momento caerán en el sistema penitenciario y una vez ahí se pueden saldar deudas del pasado. Y es que la cárcel y la calle conforman un binomio, una mancuerna que funciona como conjunto, a veces con más eficiencia que en otras. En una frase, la sostenibilidad de la tregua depende de que se mantengan los términos de la negociación. La negociación y tregua con y entre las pandillas ha generado oportunidades para la sociedad, tales como la disminución de los delitos violentos –en particular el homicidio– y la consecuente apertura para que el Gobierno recupere su presencia territorial por medio de programas sociales en zonas que eran inaccesibles. Sin embargo, a la vez se sobrevienen amenazas como el avance en la consolidación de las maras o pandillas como grupos del crimen organizado, con el subsecuente incremento de delitos no violentos como la corrupción política (por medio de la penetración del Estado) y el lavado de activos (a través de la legalización de los negocios de las pandillas y del contubernio con empresarios deshonestos). Esto implicaría, entre otras posibilidades, un decrecimiento de su membresía dura –especialmente entre los perfiles “rasos”–, la ampliación de su base de aliados y la reafirmación de sus actuales liderazgos. Si no se les da tratamiento a estas amenazas, las vidas que hoy se están salvando tendrían un precio que se pagaría con muertes y otras dificultades en el futuro, malogrando las bondades de la tregua. Esta estrategia, en suma, ahí donde se ha empleado –El Salvador no es el único caso– sin ninguna duda ha sido efectiva para el manejo del problema, aunque no de su solución, sobre todo si se le impulsa desligada de otras medidas. La solución sigue pasando por llevar adelante, entre otras acciones, programas sociales ambiciosos (al estilo del histórico Plan Marshall) y medidas de fortalecimiento institucional, particularmente orientadas a la profesionalización de la investigación criminal y al combate de la corrupción política y del lavado de activos. Teniendo en cuenta eso, cabe la pregunta: si las soluciones definitivas son siempre de mediano y largo plazo, ¿qué hacemos mientras tanto? Con la tregua se ha dado una buena salida para el manejo de la problemática, con un éxito sin antecedentes ni parangón en el país. No hay duda de que el “mientras tanto” también es importante. |
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En esa oscuridad hay luz… suficiente para ver.
Escrito el 2012-12-08 15:47:14 por Rigoberto Cruz
Obviamente la tregua entre pandillas llevó a un “toma y daca” con el gobierno, se suaviza la presión de los lideres pandilleriles de Zacatraz y posterior traslado, se eliminan registros austeros, se normalizan las relaciones familiares e intimas para los reos y se dan prerrogativas en los diferentes centros penales en donde están los pandilleros en espacial en donde están concentrados, de uno y otro bando, los líderes. Todo lo anterior no lo podía proporcionar ninguno de los mediadores involucrados, pues a pesar de mostrar liderazgo en la mediación- siempre he sostenido hubo negociación – no contaban ni cuentan con el poder para ceder a esas demandas satisfechas a los cabecillas en prisión. También es obvio que las pandillas se dan cuenta que la propaganda gubernamental y mediática les afectaba mucho, son los bandidos de la película por tanto había que suavizarla, disminuyendo los operativos policiales en su contra, permitiéndoles desplazarse con mayor facilidad y manejar efectivamente sus ingresos. Evitando desgastarse más en vidas y económicamente, además mostrar su rostro político para tratar de recalar en ese contexto y afianzarse como posibles inversores económicos en el mercado nacional. El gobierno gana prestigio por detener la barbarie de homicidios, tanto nacional como internacionalmente, aunque no logra la credibilidad de los inversores internacionales y nacionales, que continúan estáticos. La población ya no está con la zozobra de los homicidios y que quede en fuego cruzado por las disputas pandilleriles, aunque extorsiones, robos, intimidaciones y asesinatos ocultos crezcan. La pandilla logra mejorar su imagen ante la población, muestra su fuerza negociadora, contacta políticamente y con políticos, hace que el gobierno busque salidas con la empresa privada que no encuentra y hasta ahora continúa con su presión sobre el gobierno con su mensaje a la población de la disposición a negociar las rentas, entrega de armas, otros delitos… pero a cambio de… eso no lo sabemos solo lo suponemos como lo sugiere el articulista. Debido al éxito de la baja de homicidios comienzan a flotar las contradicciones en el gobierno, ya el general Munguía Payes puso nombre y apellido a la estrategia y su origen… pero continúa con la cantaleta de que el gobierno no negocia… y èl de quien forma parte… hay mucho que analizar, pero en el ambiente flota mucho de donde tomar… así está la cosa.
buen analisis
Escrito el 2012-11-27 15:08:56 por Jose Mijango Cortez
Este tema da mucho para hablar, el analisis es bueno, simplemente bueno, refleja algunos aspectos sobre la relidad del surgimiento de la tregua y un poco sobre el futuro, dejando como enseñanza que asi como estamos la solución puede ser a mediano y corto y que el mientras fue medio exitoso, olvidamos que las soluciones de los problemas estar en atacarlos desde la raiz, eso pasa por aceptar la delincuencia organizada que ejecutan las pandillas como un problema de origen social y muy promovido por el crimen Organizado,(el comun y el del cuello blanco)y la corrupción, una aparato de justicia que no tenga fines politicos partidarios se hubiera formado un equipo ciudadano y estatalintegral y transparente, asi la población hubiera entendido muchas cosas de las tregua con facilidad, la oscuridad nunca es buena para estar despierto.
tregua
Escrito el 2012-11-27 12:37:56 por Rafael Rivas
este es un excelente analisis. Las Universidades no estan aportando nada en este tema. la UCA no ha dicho nada que valga la pena en esta area desde que se fue Miguel Cruz.
Oportunidades y amenazas
Escrito el 2012-11-26 21:59:59 por Rolando FLORES
Ese artículo identifica lo que está pasando en este momento con el problema de las pandillas. Es importante tener en cuenta lo que el autor logra capturar del momento actual.
Muy buen artículo
Escrito el 2012-11-26 18:40:10 por Edmundo Ramirez
Con esta claridad y puntualidad no se había analizado/escrito nada relacionado con el tema en cuestión. Muy buena perspectiva y además oportuna. Yo estuve en esa cátedra de Realidad Nacional y no se dijo nada ni cercano a lo que acá se escribe. Si no te publican, cualquiera reclama las ideas del publicado...
me suena familiar esto...
Escrito el 2012-11-26 15:19:17 por Ingrid Portal
Estos arugmentos me suenan bastante familiares a los que se comentaron producto de una cátedea de realidad nacional en la UCA. No le veo nada nuevo...