El patrón quiere volver

  • Foto: Mauro Arias
    Masiel Moreno, de 1 año, observa la calle desde la verja de madera de una casa del antiguo casco para trabajadores permanentes de la finca El Espino. En el Caserío El Espino, en Antiguo Cuscatlán, hay 85 familias que siguen esperando por el proyecto habitacional que el Estado salvadoreño les prometió en 1995. Muchos tuvieron familiares que trabajaron para los Dueñas como mandadores, administradores o peones en la finca de café de más de mil manzanas de extensión.
  • Foto: Mauro Arias
    Jesús Rivas, de 69 años, nació en uno de los cerros aledaños a la finca El Espino, en un lugar llamado El Clavel. Cuando ella tenía 14 años, su mamá consiguió un lugar para vivir justo en la entrada de lo que ahora es el Caserío El Espino, entre la Escuela Militar y Cancillería. Ella, como pocos habitantes del Caserío, reciben una pensión de $27. La Cooperativa comenzó a dársela cuando su esposo murió.
  • Foto: Mauro Arias
    Por esta ventana se realizaban los pagos a los recolectores de café luego de pesar el grano recolectado durante el día. Unas 100 personas abandonaron el Caserío a partir de mayor de 2009 cuando la Cooperativa comenzó a ofrecerle a los habitantes dos opciones: que agarraran $8,000 o que aceptaron una parcela de 105 metros cuadrados (150 varas cuadradas). Muchas casas de quienes se fueron quedaron abandonadas.
  • Foto: Mauro Arias
    Esta es la calzada que atraviesa el Caserío El Espino, desde la entrada por el bulevar Cancillería hasta el límite que colinda con el edificio del ministerio de Relaciones Exteriores. Los habitantes cuentan que durante mucho tiempo lo único alrededor eran cafetales y que la calle más grande era la Panamericana. A la Chiltiupán de entonces la llamaban la Cascajosa.
  • Foto: Mauro Arias
    Con el traslado de 100 familias que decidieron abandonar el predio del Caserío, llegó la oportunidad para otras personas de reconstruir algunas viviendas que habían quedado deshabitadas. La mayoría de casa de la comunidad El Espino son de láminas.
  • Foto: Mauro Arias
    Esta es la antigua casa señorial del Casco de la Hacienda de la finca El Espino de la familia Dueñas. Estaba rodeada de jardines y de los patios de secado del café. Ahora está abandonada y derruyendose. Por la contrucción del bulevar Diego de Holguín, el Estado devolvió estas tierras a la familia Dueñas, quien a su vez le permitió al Estado el uso de otras tierras para que pudiera construir la Diego de Holguín.
  • Foto: Mauro Arias
    Vilma Rivas cuida a la menor de sus 5 hijos que viven en esta casa de láminas en la comunidad El Espino. De los 126 asociados de la Cooperativa El Espino que había para 2008, 96 eran hombres y el resto, mujeres. Entre las tareas que deben realizar es el cuidado de los familiares. Las circunstancias no siempre son las más fáciles, sobre todo en una comunidad sin servicios como el agua potable o la electricidad.
  • Foto: Mauro Arias
    En el pasado de la finca El Espino este edificio era parte de la enorme cocina donde se preparaban los alimentos para los cortadores de café. La alimentación era parte del pago y así lo estipulaba la ley.Los habitantes del Caserío que no quisieron marcharse con los $8,000 o el lote de 150 varas cuadradas que ofreció la presidencia de la Cooperativa tuvieron que sufrir los cortes de servicios básicos, según cuentan. Hoy en día, las conexiones ilegales abundan en la comunidad. Hace décadas los Dueñas facilitaron la vivienda para sus colonos.
  • Foto: Mauro Arias
    Empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores y otras instituciones vecinas a la comunidad aprovechan los precios bajos de los almuerzos de este comedor en el corazón del caserío El Espino. Entre los vecinos del caserío El Espino está Cancillería y de instituciones más recientes como la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (ILEA). Los pobladores cuentan que por décadas lo único que rodeaba sus casas eran cafetales.
  • Foto: Mauro Arias
    Roberto Miguel y Miguel Arturo Dueñas Herrera han interpuesto una demanda de usurpación contra colonios y sus descendientes. La familia Dueñas recuperó el lote denominado "el casco de la hacienda", al cual pertenece esta vivienda abandonada, tras una permuta de tierras con el Estado para que este finalizara el bulevar Diego de Holguín.
  • Foto: Mauro Arias
    Las bebes gemelas Eileen Nicole y Adriana Betsabe duermen en hamacas separadas en el interior de la casa de sus abuelos que se comparte con varios miembros de la familia Alfaro. La vida en el Caserío siempre obligó a las familias a cobijarse bajo el mismo techo.
  • Foto: Mauro Arias

    Palmeras reales marcan el trazo donde pasaba la calle que conectaba, en linea recta, al casco de la finca El Espino con la zona de El Salvador del Mundo, donde terminaba San Salvador. Los habitantes recuerdan que el camino estaba rodeado de grandes y antiguos árboles. Esta parcela ahora está a la par del bulevar Diego de Holguín, con el cual colinda hacia el norte.

  • Foto: Mauro Arias
    Steven Ramírez, de 2 años, esconde su rostro para no ser fotografiado con su camiseta del F.C. Barcelona. Hace al menos 50 años, para la vivienda de los colonos y sus familias, los dueñas construyeron un mesón. Luego, con el tiempo, sustituyeron esa edificación con casitas que aun guardan vestigios de arquitectura de principios del siglo XX. Esta ventana era parte de la cocina para los cortadores de la finca. 
  • Foto: Mauro Arias
    El viejo portón de la zona de pesaje del café cortado está abandonado en medio de la vegetación silvestre. El terreno tiene gran plusvalía por estar entre la carretera Diego de Holguín y el blvd. Cancillería por lo que el destino de toda una comunidad de cientas de personas es muy incierto.
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La Reforma Agraria en El Salvador fue una iniciativa de disolver los grandes latifundios propiedades de pocas familias para repartir esas tierras entre los trabajadores del campo y sacarlos de su profundo nivel de pobreza. Antes de la reforma existían en el país 238 propiedades de más de 500 hectáreas. El estado expropió el 25% de la tierra agrícola que eran latifundios y se la vendió con créditos cómodos y se crearon cooperativas, como la de El Espino que pertencía a la familia Dueñas. Hoy en día, los descendientes de los Dueñas recuperaron parte de su propiedad y han demandado por usurpación a las familias pobres que viven en ella, porque en teoría la gente tendría que estar viviendo en otro lugar por viejos acuerdos del Gobierno.
Publicada el 12 de Noviembre de 2012
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