Adiós, La Luna

  • Foto: Rodrigo Dada
    Durante casi 21 años las paredes de La Luna Casa y Arte resguardaron el trabajo de artistas que encontraron en este lugar una ventana para exhibirse, convirtiéndose en una especie de museo de arte alternativo que probablemente era ajeno a lo que se exponía en galerías y museos formales. Una selección de libros, pinturas y artesanías estuvieron expuestas y a la venta el día de la fiesta de cierre, con el propósito de que los asistentes se llevaran una pieza de La Luna.
  • Foto: José Carlos Reyes
    Un grupo de artistas encendió la pista de La Luna con una rutina de malabares con fuego mientras sonaba la “Batucada del Cuarto Creciente”, primera agrupación con este tipo de instrumentos de percusión en El Salvador, fundada por Beatriz Alcaine y Gonzalo Sarmiento. Beatriz fue la encargada de inaugurar el show, momento que aprovechó para hacer gala de sus habilidades para manipular el fuego.
  • Foto: José Carlos Reyes
    Uno de los puntos más altos de la noche fue la incorporación de una banda circense, liderada por el payaso Chisito, que inyectó energía a La Luna Casa y Arte. Al mezclar instrumentos musicales con pelotas de contacto y elementos luminosos hicieron reír y bailar a los asistentes que se aglutinaban para ver mejor el espectáculo.
  • Foto: Rodrigo Dada
    Los muros de La Luna fueron intervenidos por artistas, como el caso de este mural del pintor Antonio Bonilla. Esta casa sufrió una serie de transformaciones que la mantuvieron viva durante un poco más de dos décadas, convirtiéndola en un icono de la cultura y las artes. "Es imposible renacer si antes no se ha pasado por la agonía de la muerte", dice Beatriz Alcaine.
  • Foto: José Carlos Reyes
    Roberto Salomón, director del Teatro Luis Poma, entregó un regalo memorable a Alcaine: el guion original de Sócrates Light, iniciativa que dirigió en 1994 a la que se sumó la música de Álvar Castillo y las actuaciones de actrices como Isabel Dada. Salomón aprovechó el momento para hacer la reflexión al público de la necesidad de la trascendencia de apuestas culturales como La Luna.
  • Foto: José Carlos Reyes
    El final feliz estuvo cargado de la emoción del reencuentro de amigos y la nostalgia de los recuerdos que la música y las anécdotas llevaron. Alcaine tarareó un fragmento de la canción “La vida es un carnaval”, de Celia Cruz, e hizo mención de todas las personas que hicieron posible los 20 años de ese espacio para las artes.
  • Foto: Rodrigo Dada
    Las paredes de La Luna también hicieron espacio para una galería de fotos y recuerdos de los artistas que alunizaron en el escenario, en conciertos, en obras de teatro, en performances o con el proyecto "La Luna Danzante". También hubo dónde poner recortes de periódicos que recogían los momentos que hicieron de La Luna un referente de la vida cultural de la posguerra en San Salvador.
  • Foto: Rodrigo Dada
    Beatriz Alcaine describió la noche del 29 de septiembre como “un viaje por los sentidos” en donde artistas y amigos hicieron un recorrido anecdótico de los movimientos artísticos que encontraron en La Luna un espacio para expresarse y difundir su forma de pensar, entre ellos el grupo de breakdance los Moonbreakers.
  • Foto: Rodrigo Dada
    “Heresies” es un proyecto de grooove death metal que nació en 2010 en La Luna Casa y Arte, y tiene la particularidad de que dos de sus integrantes son hijos de Kike Huezo y Herenia Castellón, quienes han hecho equipo con Beatriz Alcaine en el mantenimiento y administración de este lugar en los últimos años. Entre canción y canción, la vocalista, Olga Castro, agradeció al público que en los últimos años se mostró receptivo a un género que no es fácil de aceptar y asimilar en El Salvador.
  • Foto: José Carlos Reyes
    La última noche de La Luna se estremeció con las interpretaciones musicales de Heresies, Nativa Geranio, Claudia López, La Baukada Original, La Banda de Chisito y Tambak, que fueron del metal a la música brasileña. La ubicación de este espacio causó, desde su apertura, eternos problemas con los vecinos y autoridades por el excesivo ruido, a quienes Alcaine se dirigió en el final feliz: "Hoy no pueden cerrarme por que yo me le adelanté y cerré primero".
  • Foto: José Carlos Reyes
    Cerrado el micrófono para las interpretaciones musicales, Beatriz Alcaine convocó a amigos y artistas que a las 2 a.m. aún disfrutaban del "final feliz" a posar para una fotografía de grupo. Aglomerados frente al escenario, pidieron a Alcaine que se lanzara sobre sus manos como un gesto de agradecimiento por mantener vivo este espacio que por casi 21 años los arrulló con música, arte, letras y teatro.
  • Foto: José Carlos Reyes
    Sentimientos encontrados y muestras de afecto inundaron los rostros de quienes se juntaron para compartir el cierre de La Luna. Durante cada interpretación, músicos y artistas declararon su gratitud a los impulsores de este proyecto. Beatriz Alcaine denunció la escasez de espacios para las expresiones juveniles y exigió que se creara una vía láctea de lugares que reconozcan el trabajo artístico de los salvadoreños.
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El pasado 29 de septiembre Beatriz Alcaine vivió el deceso de lo que considera su primera hija, transcurridos 20 años desde su nacimiento. La Luna Casa y Arte abrió sus puertas por última vez a amigos y artistas que respiraron un ambiente de melancolía. El final feliz duró hasta la salida del sol del día siguiente, momento en que La Luna se ocultó y marcó el inicio de una nueva jornada.
Publicada el 3 de Octubre de 2012
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