El día que llegue la gran ola

  • Foto: Mauro Arias
    Un rompeolas protegido por tetrápodos que sirven como disipadores de energía muestra el porqué de su nombre en el puerto marítimo de Acajutla, en Sonsonate. Gracias a la existencia del puerto se ha desarrollado en torno de sus actividades una población de 52 mil 400 habitantes. 18 mil habitantes del municipio podrían ser afectados directamente en el caso que un tsunami golpeara las costas salvadoreñas.
  • Foto: Mauro Arias
    Antonio Baños Santos, de 73 años, es un marinero retirado que conoció varios puertos del mundo trabajando en barcos mercantes. Ahora vive en una casa a la orilla de la playa cuya puerta es lamida por las olas durante la marea alta. Antonio recuerda que trabajando en un barco anclado en Brownsville, Texas, vivió una alerta de olas gigantes provocadas por el paso del huracán Fifí en 1974. De los relatos de sus amigos que estaban en Acajutla durante el mismo huracán conoció sobre el hundimiento de un barco peruano y otros destrozos provocados por una marejada.
  • Foto: Mauro Arias
    Instalaciones en Acajutla de la American Renewable Fuel Suppliers, de las empresas que trabajan con combustibles en el puerto de Acajutla. RASA, Texaco, Puma, Uno y Albapetróleos son otras de las empresas que desde acá distribuyen el combustible que se utiliza en todo El Salvador. En el puerto ya han ocurrido varios derrames de químicos, incluido petróleo. En el caso de un terremoto o tsunami no se puede descartar que ocurra una tragedia ambiental. El puerto es una fuente de contaminación continua que daña el ecosistema del Árena Natural Protegida del arrecife de Los Cóbanos, el ecosistema marino más rico de El Salvador.
  • Foto: Mauro Arias
    Una antigua foto colgada de una pared en las oficinas de CEPA en el puerto de Acajutla. El muelle fue inaugurado en 1961, siete años después de iniciada la construcción. Según registros del SNET, en 1957 hubo en tsunami que destruyó parte de las estructuras del muelle aún sin terminar. Sin embargo, en la administración del puerto, ni en la alcaldía, ni los ancianos del lugar recuerdan el hecho. En El Salvador hay escasa investigación histórica de desastres naturales.
  • Foto: Mauro Arias
    Margarita Cisneros es propietaria de la tienda El Milagro en el barrio La Playa, de Acajutla. No sabe si ha habido alguna vez un tsunami en el puerto. Lo que sí recuerda son marejadas que entraron profundamente entre las casas y muchas inundaciones. Al preguntarle sobre una posible amenaza de un maremoto ella contesta que la condición de pobreza y la solución de los problemas del día a día no permiten pensar en una tragedia de ese tipo que ella encuentra poco probable.
  • Foto: Mauro Arias
    Justo a la orilla de la playa existen varios negocios para recibir a turistas. La playa está contaminada con desechos sólidos y aguas servidas. La playa colinda con las instalaciones industriales del puerto, que genera contaminación ambiental.
  • Foto: Mauro Arias
    Una anciana que viaja desde Nahuizalco hasta el puerto de Acajutla para vender verduras, camina por los callejones del barrio La Playa, de Acajutla, donde antes había un estero con manglar. Los terrenos pertencían al Ministerio de Agricultura y Ganadería pero fueron usurpados por la primera generación de habitantes desde hace varias décadas. Muchos hogares en Acajutla carecen de servicio de alcantarillado y de recolección de basura.
  • Foto: Mauro Arias
    Un bar abandonado es presa del deterioro provocado por el ambiente marino. Antes existían varios clubes nocturnos donde se practicaba la prostitución, incluso con menores de edad. Progresivamente los alcaldes de turno han eliminado este tipo de negocios al lado de la playa.
  • Foto: Mauro Arias
    Niños juegan bajo las ramadas que habitantes locales han construido para atraer turistas a la playa. En este lugar existía una hilera de casas que fue devorada por el avance del mar que cada vez va recortando más el ancho de la playa.
  • Foto: Mauro Arias
    Mural en la Alcaldía de Acajutla, donde se representa la lucha de los nativos habitantes de la zona contra un conquistador español. La población de los barrios de Acajutla está organizada para desalojar sus viviendas en caso de inundaciones, pero no para afrontar un peligro mayor proveniente del mar en forma de una olas gigantes. Las autoridades de la Alcaldía y de Protección Civil -que en el caso de Acajutla se funden ambos roles- no tienen preparación ni capacidad para afrontar una emergencia por maremoto.
  • Foto: Mauro Arias
    Oficina del alcalde de Acajutla, Darío Guadrón, del FMLN, quien ganó la elección el 11 de marzo pasado, cortando un largo período de gobiernos locales de CD. Guadrón admite que el municipio no está preparado para un tsunami y que el conocimiento que tiene de este fenómeno natural proviene de lo que ha visto en televisión. El personal de CEPA que labora en el Puerto de Acajutla tiene un detallado plan de evacuación, pero no existe ningún diálogo entre CEPA y la municipalidad para intercambiar información.
  • Foto: Mauro Arias
    Este punto del barrio La Playa, de Acajutla, a orillas del mar, se ha establecido como el lugar de reunión de la población durante una emergencia por inundaciones. El responsable de emitir una alarma de tsunami entre sus vecinos se llama Hilton Aguilar. Él ha sido capacitado por el SNET. Según él ha entendido las instrucciones, después de un terremoto o una alerta de tsunami, él y los demás pobladores deben llegar a la playa y observar si el mar retrocede. En caso de que el océano se aleje de la playa, entiende que es señal para evacuar inmediatamente el lugar.
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Para averiguar el nivel de preparación de las autoridades y la población ante una amenaza de tsunami, El Faro visitó el municipio de Acajutla. En 1957 un maremoto originado en un sismo en Alaska impactó en Acajutla, pero medio siglo más tarde nadie de los habitantes parece recordarlo y el lugar evidencia una carencia de cultura de prevención de desastres.
Publicada el 29 de Octubre de 2012
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