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'Soy parte de un grupo de sacerdotes que no se dejará amedrentar por la excomunión o la inquisición'
Desde 2007, cuando su albergue era apenas su propia camioneta con la que perseguía trenes cargados de migrantes, hasta la fecha, este cura se ha convertido en una celebridad por su defensa de los centroamericanos indocumentados que atraviesan México. Luego de afrontar amenazas de muerte de cárteles, policías y gobernadores, en los últimos días se sumó una proveniente de su propia Iglesia.

Fecha inválida
Óscar Martínez y Carlos Martínez

Alejandro Solalinde en Ixtepec, Oaxaca en 2007. Foto Ruido/El Faro
 
Alejandro Solalinde en Ixtepec, Oaxaca en 2007. Foto Ruido/El Faro

Su plan no pasaba por abandonar a los migrantes. Su plan, más bien, era desobedecer a su obispo, e instalarse bajo unas carpas frente a las vías del tren de Ciudad Ixtepec, en el sureño estado mexicano de Oaxaca, y seguir atendiendo a cientos de indocumentados que viajan hacia Estados Unidos.

A principios del pasado agosto, el sacerdote diocesano Alejandro Solalinde, fundador del albergue Hermanos del Camino, volvió a aparecer en medios de comunicación de diferentes países del mundo. En esa ocasión no era porque algunos pobladores de su ciudad lo hubieran intentado quemar por su defensa de los migrantes, ni porque un grupo de policías municipales vinculados a la mafia lo hubieran  golpeado y encerrado cuando acompañó a un grupo de centroamericanos que intentaban rescatar a sus mujeres de una casa de secuestros. En esta ocasión, el problema era más doméstico: el obispo de Tehuantepec, su diócesis, su jefe directo, monseñor Óscar Armando Campos Contreras, le había pedido que dejara su obra en el albergue, porque a su parecer, Solalinde la desarrollaba por puras ansias de protagonismo. Así lo explicó, fiel a su estilo mediático y sin tapujos, Solalinde, a cuanto reportero quisiera escucharlo.

Porque este sacerdote, que en 2007 no era conocido por ningún periodista de la capital mexicana, ahora es una celebridad mediática que ha sido entrevistado en diferentes ocasiones por medios como CNN o El País. Alejandro Solalinde es un deleite para los reporteros. Sus palabras son claras, sus denuncias temerarias y las anécdotas, gracias a que vive en el albergue que él construyó, vienen en gajos. Solalinde, que quede claro, no se tapa la boca ni siquiera a la hora de hablar de un tema incómodo para muchos sacerdotes: su propia Iglesia, a la que no pocas veces ha tachado de cobarde.

A los tres días de las declaraciones de Solalinde, el obispo Campos respondió a cuanto medio quisiera escucharlo que todo fue una confusión, que él nunca había pedido eso a Solalinde, y que el sacerdote, al que ya algunos llaman “el Monseñor Romero de los migrantes”, se quedaba en Ciudad Ixtepec, en su albergue.

Para Solalinde, su albergue no son unos muros y una mínima infraestructura de cemento donde duermen cientos de migrantes cada vez que el tren llega desde el municipio mexicano de Arriaga, en Chiapas, tras unas 11 horas de marcha. Para Solalinde, el albergue debe parecerse más a un hijo al que se ve crecer. A principios de 2007, el albergue era él, su carro y unas cuantas señoras voluntarias que le ayudaban a instalar unas ollas tamaleras en las vías, y a repartir café, pan dulce y frijoles a los indocumentados, además de acompañarlos en su vigilia de espera de un nuevo tren. A finales de 2007, gracias a gestiones propias, consiguió donaciones para comprar un predio frente a las vías, y alrededor de una champa de paja y madera se reunían los migrantes alrededor de una fogata a hervir frijoles y café y escuchar al cura que les hablaba de que ellos eran el futuro del mundo. Y así, el hijo fue creciendo en medio de un ambiente hostil, de amenazas de muerte, de policías asesinos, secuestradores y grupos del crimen organizado.

Algunos en la Iglesia e incluso en la Pastoral Social de la Movilidad Humana, a la que Solalinde pertenece, tachan al sacerdote de ser un cura que busca protagonismo, visibilidad. En la convivencia diaria con el sacerdote allá en su albergue, la realidad es muy diferente. Solalinde nunca se ha empeñado en mostrar el tapete de mimbre en el que durmió por años en el suelo. Pocos saben que antes de trasladarse al albergue, vivió en casas prestadas en Ixtepec, o que antes se enfrentó a mafias que monopolizaban el cultivo de drogas en la sierra oaxaqueña y mucho menos que a veces la deuda de tortillas de su albergue llega a los 500 dólares, y él da algunas terapias, como consejero matrimonial, para poder sufragar la deuda de lo que los migrantes comen. Cuando él ocupa las cámaras, intenta que en ellas se hable de lo que los migrantes sufren.

Esa exposición mediática ha sido la que lo ha llevado a vivir, hoy por hoy, rodeado de cuatro policías federales que lo custodian vaya a donde vaya, y otros cuatro que permanecen en el albergue. Alejandro Solalinde aceptó la escolta a mediados del año pasado y a petición expresa de la esposa del presidente mexicano, Margarita Zabala.

La petición de su obispo de abandonar el albergue fue de los últimos escándalos desatados alrededor de Solalinde, y una excusa más para volver a escuchar la voz de quien cada día escucha la voz de los migrantes en pleno camino. La ocasión fue su más reciente visita al país, a inicios de este mes, invitado por la Universidad Tecnológica.

¿Qué tipo de discrepancias le separaban de su obispo?
Por ejemplo, no le gustaba que dijera que los laicos eran los grandes excluidos de la iglesia. Le decía: “Los laicos tienen que participar más en la Iglesia”, y me dijo que no participaban más porque no querían. Una vez le dije que las mujeres también eran excluidas y que algún día iban a poder ocupar todos los puestos de poder en la Iglesia. No le parecía tampoco. Cuestiono mucho la estructura actual de la Iglesia: no es lo que Jesús nos enseñó, la Iglesia tiene que ser pobre, misionera, evangelizadora, en  mo-vi-mien-to, no una Iglesia sentada… por eso también entrábamos en choque. Este tipo de cosas dio por resultado que en abril, durante unos ejercicios espirituales, me dijo que me iba a dar una parroquia y yo le dije que yo quería ser misionero y que quería dedicar lo que me queda de vida haciendo eso, no quiero que me metan en una parroquia… Me imagino que como soy un sacerdote que no ha podido domesticar se siente un poco inquieto e intranquilo y lo que él hace es usar su fuerza para que yo acepte lo que él me dice. Yo le digo: “Óscar, si me lo dices con el magisterio de la Iglesia y me lo dices con la palabra de Dios, yo te voy a obedecer, voy a hacer lo que tú quieras y hasta te puedo pedir perdón. Pero no puede ser, aunque tengas autoridad, que estés sobre mi conciencia”.

¿Le pidieron explícitamente el albergue?
No, no explícitamente, pero fíjate lo que pasó: lo que me dijo es que me iba a dar una parroquia. Al darme la parroquia obviamente la prioridad va a ser la residencia en la parroquia, el culto, la administración… eso será la prioridad y las sobras van a ser para los pobres y le digo: “No, eso no lo voy a aceptar nunca”. En una diócesis cabe la unidad en la diversidad, pero él entiende la diversidad como algo amenazante y la comunión la entiende como uniformidad ideológica. 

¿Hay más razones de fondo? Me parece ilógico que una iglesia que tiene un sacerdote tan afamado por su trabajo con migrantes, quiera sacarlo  y meterlo en una parroquia. Tiene que haber algo más que solo el capricho de un obispo.
No me puedo meter en sus intenciones, pero él se siente un poco incómodo, como algunos hermanos sacerdotes que no me pueden ver ni en pintura. Yo era un sacerdote muy olvidado… Cuando entra el obispo anterior entra en conflicto con el que estaba saliendo, y se hace un conflicto de poderes entre el saliente y el entrante y prefirieron sacrificar la diócesis en esa batalla. Cuando se arman esos grupos de poder, los dos me piden que me afilie para fastidiar al otro y no me metí en eso. Me despreció un grupo y me despreció el otro y me hicieron la vida imposible. El resultado es que no me tomaban en cuenta y no me oían. Ahora me empiezan a ver como competencia para un cargo, ellos creen que voy a ser ahora el vicario general y me empiezan a hacer la guerra y yo les digo: tranquilos, ahí no voy a estar. Con los migrantes empezó a suceder lo que ellos no hubieran querido que sucediera. Ellos la fama no me la han perdonado y el obispo tampoco.

¿Atribuye este movimiento a que lo ven como competencia por ascensos dentro de la Iglesia?
Pero se los he dicho y lo voy a cumplir: yo no creo en los cargos, no creo en el poder, ¡jamás voy a aceptar cargos adentro de la Iglesia! Empezaron a verlo  así: ¿cómo es que este cuate es de los sacerdotes que ni en cuenta lo tomábamos y ahora resulta que es famoso?… porque yo salía en los medios. Un día me dijo el obispo: “Eres una estrellita que quiere brillar sola, sin sus hermanos, ¿por qué no te detienes? Espera a tus hermanos y al ritmo de ellos tú camina”. Le dije que no, porque la misión es intransferible y yo tengo una sola vida y voy a responder. El desafío de los migrantes no puede esperar.

Se manejaron otras posibles hipótesis, como que lo trasladaban a una parroquia por su seguridad, para protegerlo.
¡Al contrario! Intentaron sacarme de la infraestructura de protección que tengo. Gracias a las demandas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Estado mexicano ya equipó el albergue por seguridad. Si a mí me sacan del albergue a mí me iban a dejar en la total desprotección. En CNN el obispo dijo que yo no era el único y que había otros que trabajan igual o mejor que yo y que ellos no iban a la prensa para no figurar y que por eso me iba a dar una parroquia. Esa es la razón.

¿Había ya sonando nombres de personas que podrían haberle sustituido en el albergue “Hermanos en el Camino”?
Mis hermanos sacerdotes de Tehuantepec no ha han apoyado; en su mayoría ni han ido al albergue, ni siquiera los sacerdotes que son de Ciudad Ixtepec,  jamás se han parado en el albergue, ni su familia. Hace unas semanas hubo una reunión con todos los presbíteros de la diócesis. Algunos que son mis amigos le dijeron al obispo: usted va a retirar del albergue al padre Solalinde, y ese misma padre, José Luis Mendoza, le preguntó a todos: ¿algunos de ustedes se va a ir al albergue en lugar del padre Alejandro Solalinde? Y le preguntó al obispo: ¿y usted? Nadie levantó la mano.

En un momento en que está amenazado, que vive con escoltas y donde enfrenta los problemas que enfrenta para proteger a los migrantes, la  jerarquía de su Iglesia lo deja solo. ¿Por qué usted quiere seguir siendo parte de esa estructura?
Por fidelidad a Jesús, porque entiendo que esa Iglesia no es propiedad de ellos. Ellos son miembros igual que yo, si yo considerara que la Iglesia es propiedad del obispo, a lo mejor me retiraría… pero como no, el mismo derecho tenemos los dos, yo me quedo porque es mi Iglesia; me quedo porque soy un sacerdote, un hombre maduro, que ha madurado su fe, no soy un niño que cuando lo regañan y le gritan llora y se va. Soy un cristiano maduro, que tengo la capacidad de dialogar de tú a tú con la jerarquía de la Iglesia Católica, soy parte de un grupo de sacerdotes que no se van a dejar amedrentar por la excomunión, ¡o por reducirme al estado laical!, que es para ellos tan tremendo, o enviarme a los infiernos, o a los diablos o a la inquisición o a la hoguera… eso me da risa.

¿El albergue es propiedad jurídica de la Iglesia Católica?
Así es. Yo la compré para ella… bueno, no para ella, para los migrantes, pero la puse a nombre de ella, porque no podía poner un establecimiento a nombre mío.

¿La Iglesia mexicana puso dinero?
¡Ni un peso! No puso nada. Yo lo puse todo a nombre de ella. Bueno… no puso nada para comprar el terreno; para la construcción de la parte de atrás, de la barda norte, me ayudó este Papa: cuando en junio de 2010 me querían quemar vivo, le mandé un SOS al Papa: “Por favor, ayúdeme” y me mandó 325 mil pesos (casi 26 mil dólares). Y puse una placa que dice: “Esto se hizo con ayuda del Papa” y con eso cerré la parte de atrás, donde antes había entrado el síndico municipal con sus dos patrullas para quemarnos. Esa es la ayuda que he recibido de parte de la jerarquía católica.

Si a usted le hubieran ordenado que se hiciera cura de parroquia, ¿qué hubiera hecho?
Mira, como todo lo puse a nombre de la Iglesia, no podía pelear propiedades con la Iglesia Católica. Hubiera dejado el albergue, todo bien constituido con notario y hubiera transferido todo a la persona que llegara, porque nos importan los migrantes. Hubiera dicho también: eres dueño del terreno, pero no de mi vocación, por lo tanto pensaba ir a vivir a las vías del tren con unas carpas, para atender a los migrantes ahí, pero no hubo necesidad porque al final el obispo no aguantó el peso mediático y dijo que era un mal entendido. Ya di 30 años de mi vida como párroco, ¡tengo derecho a pasar mis últimos años sirviendo como yo quiera!

¿Diría de su Iglesia que es una institución que ha acuerpado su misión?
Lo que puedo decirte es que soy un sacerdote controvertido, que finalmente no quisiera yo decirlo, pero se está polarizando las posiciones de la Iglesia, porque hay arzobispos y obispos que me apoyan, que me han dicho cosas como esta, que me la dijo el obispo de Ensenada: “Tú estás haciendo más que todos nosotros”; el de Tijuana igual tuvo palabras muy fuertes para apoyarme; el de Tuxtla Gutiérrez también; el nuncio apostólico, Cristophe Pierre, me dijo: “Si por algo la Iglesia mexicana es conocida en el exterior es por el trabajo de ustedes”. O sea que hasta ahorita yo no he recibido, fuera de mi obispo, a ningún obispo o arzobispo que oficialmente esté en contra mía.

¿Qué han significado los medios de comunicación en su causa?
Mi salvación, mi conservación. Un día me dijo una persona muy cercana a quienes hubieran querido matarme: “En cuanto tú no estés en los reflectores, este presidente municipal te va a matar”, pero los medios me han cubierto y me han arropado y se han abierto a los migrantes, que es lo más importante, y los han hecho visibles.

¿Qué han significado los países centroamericanos en sus problemas por defender a los ciudadanos centroamericanos? ¿Alguna embajada se pronunció o le llamó?
No, pero tampoco ningún miembro de la Iglesia. O sea: yo creo que Centroamérica, ni sus diplomáticos están en posición de hacer nada para hacer algo contra la política de México. No tienen casi fuerza. Yo me solidarizo con ellos en este sentido, en el hecho de que no tienen fuerza, en comparación con el norte son débiles: no pueden expresar muchas cosas.

¿Por qué cree que esos países no pueden abrir la boca para darle apoyo en la defensa de sus ciudadanos?
Ellos  podrían hacerlo quizá dando una palabra, aunque tímida, si el gobierno fuera el que me está amenazando, pero en este caso es un miembro de la Iglesia. ¿Qué pueden hacer ellos? ¿Por qué no empiezan por su propia jerarquía?

En medio de todo este conflicto podría pensarse que a la estructura de su Iglesia en realidad los migrantes les importan nada.
Yo no podría decir eso. Ciertamente la dimensión pastoral es una mínima parte. Toda la acción de la Iglesia en México está organizada en 21 comisiones. Una de esas comisiones es la pastoral social. Dentro de esa pastoral social hay siete dimensiones, una de ellas somos nosotros, la dimensión pastoral de la movilidad humana: migrantes, marinos, turistas, circos… Todo lo que se mueve es de esta dimensión, pero lo que mueve a la pastoral social son los migrantes. Es una mínima parte de la Iglesia. Por eso insisto en que esta es obra de Dios esté o no el padre Solalinde. Son 56 casas de migrantes, cuando yo empecé había nueve, y están por abrirse 10 más. Y son Iglesia, aunque sean laicos. Por ejemplo, en Puebla, el año pasado se enteraron de un secuestro. La población intervino y agarró a parte de los secuestradores.

¿Había policías involucrados?
Sí, correcto. Los agarraron. Hoy en Puebla hay cuatro nuevas casas que se están abriendo. Donde hubo secuestros, la gente respondió. En Unión Hidalgo, donde el presidente municipal, un sinvergüenza, y el comandante de la policía (municipal), otro sinvergüenza, secuestrador y narcotraficante, esperaban con toda confianza a los migrantes. En el puente, bajaba la velocidad el maquinista, también cómplice, y los secuestraban. Hoy, ¿saben lo que han hecho? Y no por mandato del párroco, él ni sabía: hay un grupo que está dando comida (a los migrantes). Fui a verlos, y esperé con ellos el tren dos horas. Esa gente es un grupo grande y vigoroso, ese cambio ha sido abajo, no porque el cura les haya dicho o el obispo les haya mandado. Ellos son Iglesia, pero son Iglesia de abajo.

Quisiéramos entrar a actualizar lo que pasa en el terreno. ¿Qué ha cambiado en la situación de los
migrantes en los últimos años?
Se va el PAN y viene el PRI. No sabemos cómo vaya a ser. Ha habido una gran corrupción… Imagínate, tratándose de los del PAN que se suponía que eran los morales, los que tenían una base ética, inspiración cristiana, hasta confesional, y salió gente muy sinvergüenza, secuestradores, los de migración. Pero la migración sigue sus propias leyes, ella no está sometida ni a estructuras ni a coyunturas. Esta migración no le va a pedir permiso a Estados Unidos, no van a importar sus visas, ni la Border Patrol, ni su muro. Total, en la frontera sur de Estados Unidos los que mandan son los cárteles. Ellos están dejando pasar o no a los migrantes. Ellos, ya sin tener que secuestrar, cobran por pasaje en lugar de por secuestro.

Suponemos que el regreso del PRI no le representa a usted buenos augurios: al el ex gobernador priísta de Oaxaca, Ulises Ruiz, usted lo acusó incluso de atentar contra su vida.
Claro, y de estarnos fastidiando todo el tiempo para que cerrara el albergue. Yo lo culpo a él de haber mandado a su gente, de haberme hecho todo lo que me ha hecho. Priístas los que me han golpeado y me han metido a la cárcel; priístas fueron los que han querido quemar el albergue. Ese ambiente de linchamiento continuo que no ha cesado se debe a gente del PRI, exclusivamente del PRI.

¿Qué significa para los indocumentados centroamericanos la llegada del PRI?
Creo que en diplomacia exterior va a salir ganando. El PAN fue desastroso en política exterior: rompió con Cuba, se distanció de Centroamérica, casi no se comunicó bien con el Cono Sur. Fue desastroso. En ese sentido, tengo que reconocerlo, es un punto impecable que siempre tuvo el PRI. Ahora, de eso a decir que reconoce a sus hermanos centroamericanos de igual a igual, no. Hay una incertidumbre en todos los aspectos, porque la gente que va a entrar son políticos reciclados, corruptos, muy inteligentes, muy zorros. Hay mucha corrupción, hay una relación muy estrecha con los cárteles. Aquellos (el PAN) también, pero estos más.

Metámonos con un elemento más poderoso que los partidos políticos en estos terrenos de la migración: los cárteles, y Los Zetas en particular. ¿Cómo se han comportado en Chiapas y Oaxaca? ¿Han ampliado su mapa de dominio de la ruta del migrante?
Ellos siguen en 20 estados, pero han tenido signos de fractura interior. Sus líderes (Heriberto Lazcano Lazcano) El Lazca y (Miguel Ángel Treviño) El Z-40 se dividieron. Ya formaron dos núcleos dentro de los mismos Zetas. Otra guerra muy fuerte es la del Golfo y el cártel de Sinaloa. Hay que decirlo, el gobierno del PAN favoreció al cártel de Sinaloa. Desde que estaba Vicente Fox. Los Zetas han sido el patito feo de este gobierno, aunque sabemos muy bien que la policía federal ha estado muy vinculada con ellos, sobre todo en Veracruz en lo relacionado a los secuestros de migrantes.  ¿Qué va a pasar ahora? Una de dos: van a seguir fortaleciendo el Cártel de Sinaloa o van a hacer la guerra al Cártel del Golfo. Quién sabe qué vaya a pasar con Los Zetas tan divididos.

Chiapas, que había conseguido grandes mejoras en el camino del migrante, ¿podrá sostener eso? Por ejemplo, en La Arrocera cesaron las violaciones y asaltos. ¿Podrá mantenerse esto?
La Arrocera (municipio de Huixtla, Chiapas) está repuntando y volviendo la delincuencia, pero eso no va a tener mucha importancia porque se va a reanudar el tren. Se van a venir desde Ciudad Hidalgo (frontera con Guatemala) y solo harán una escala en Tonalá, Chiapas, para hacer recarga de combustible. De hecho, ya no se van a detener mucho en Arriaga, llegarán directo a Ixtepec. Esto va a representar otro peligro: nos libramos de La Arrocera automáticamente, pero no así de las maras y otros grupos delictivos que van a querer enseñoriarse y explotar y mangonear y distribuir su mercancía abordo.

Lo conocimos en 2007, cuando se enfrentaba a una mafia de policías en Ixtepec, a violaciones diarias contra mujeres y hombres en La Arrocera, asaltos y asesinatos sobre los trenes, casas enteras llenas de secuestrados… Ahora parece que la situación es mejor para los migrantes...
Por supuesto que es mejor, es mejor, pero sin hacernos grandes ilusiones, porque para que se revierta el proceso de agresión contra el flujo migratorio se necesita educar, evangelizar, inculcar valores, que reconozcan a la persona como nuestros hermanos. Eso lleva un proceso de años, pero se está haciendo poco a poco. Están creciendo los espacios donde pueden llegar los migrantes, hay mejores leyes, aunque falta el reglamento, pero hay organizaciones como IDHEAS que no está dejando esto al olvido, que recuerdan eso reiteradamente, y están metiendo recursos de inconstitucionalidad, y están ganando. Pienso que sí están cambiando las cosas.

¿Es distinto el migrante que llega ahora al que llegaba en aquellos tiempos?
Sí, el 95% o 96% no han sido golpeados ni maltratados en México, pero sí en Guatemala. Antes, de 10 mujeres siete llegaban violadas, ahora es raro. Hay acuerdos al más alto nivel de Chiapas y Oaxaca, con los gobernadores y sus esposas, ha habido convenios firmados. Es importante. Pueden ver las estadísticas de los que llegan al albergue: ¿Qué te pasó en el camino? “Nada”. Llegan cansados, con hambre y sed, pero llegan con la misma ropita con que salieron de su casa.

¿Municipios como Medias Aguas, Tierra Blanca (Veracruz), ya no son aquellos lugares en los que se desarrollaban aquellos secuestros masivos, permanentes?
No, al contrario. El gobernador actual, por tanta presión, porque es hijo político de Fidel Herrera, el gran secuestrador (ex gobernador de Veracruz), el que permitió todos los secuestros, ahora mandó arreglar el comedor para migrantes de Medias Aguas, y está apoyando económicamente. 

¿La gente migra por las mismas razones o se han agregado argumentos?
Siguen diciendo que salen porque no alcanzan lo que tienen aquí, pero también algunos se quejan de las rentas (extorsiones), de la violencia.

Ahora, aún con mejor situación para los migrantes, usted tiene que vivir con ocho guardaespaldas cuidándolo. ¿Quién quiere matar a Alejandro Solalinde?
Quieren matarme los políticos corruptos dueños de negocios de Oaxaca, de Ixtepec, narcotraficantes, algunos cárteles, pero yo voy a los políticos de más arriba, porque estoy estorbando intereses no solo económicos, sino geopolíticos y estratégicos. He estado en contra del Instituto Nacional de Migración, pero también del Plan Mérida, porque no solo contempla el aspecto de seguridad, sino que ha significado para México un aval para atropellar los derechos humanos de las personas migrantes. La última amenaza, antes de venir para El Salvador, vino de un cacique de ese sistema priísta atávico, endémico. Ese cacique del PRI es compadre de Ulises Ruiz (exgobernador de Oaxaca). Es el cacique de Nuevo Santiago Tutla, José Raymundo, la zona del Bajo Mije, que conecta, estratégicamente con Veracruz, y de lado a lado la carretera Transístmica con otra carretera de Tuxtepec. Altamente estratégico. Ahí hay amapola, marihuana y armas. El mismo Ulises Ruiz dotó a ese cacique, su compadrito, de armas de alto poder. Este señor, la última vez, juntó al pueblo que él manipula: “Necesito que cooperen 500 pesos por ciudadano porque vamos a pagarle a una persona para que mate al padre Solalinde”. Esto lo sabe el Estado, el gobernador, porque cuando él me metió a la cárcel, yo puse una denuncia contra él. Pero no hacen nada porque tienen miedo a los narcotraficantes o porque hay compromisos inconfesables. Aquí quien entra en juego es el PRI. El nuevo diputado, Samuel Gurrión, apoya a este señor, es amiguísimo de él. Estuvo en su mesa de honor en su cumpleaños.

Alejandro Solalinde con el casquillo de una bala que fue disparada a uno de sus ayudantes durante un secuestro de una migrante en el albergue de Ciudad Ixtepec en 2007. Foto Ruido/El Faro
 
Alejandro Solalinde con el casquillo de una bala que fue disparada a uno de sus ayudantes durante un secuestro de una migrante en el albergue de Ciudad Ixtepec en 2007. Foto Ruido/El Faro

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