La cárcel de los buenos presos

  • Foto: Pau Coll
    El deporte es obligatorio para todos los presos de Pavoncito. Además de participar durante todo el año en constantes competiciones de diferentes disciplinas deportivas, cada dos meses todos están llamados a una semana deportiva. Durante esa semana, todos los días a las 6 de la mañana practican ejercicios en una cancha que los mismos reos construyeron sobre lo que antes era el botadero de basura del penal.
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    El control que los reos tienen de Pavoncito se ilustra nada más traspasar sus paredes. Tras ser revisado por los custodios, todo aquel que entra se ve obligado a pasar un segundo control de seguridad gestionado por los presos, que se comunican entre ellos por walkie-talkie. Dicen que el segundo control es para evitar que al penal entren armas, teléfonos o drogas, por despiste o corrupción de los guardias.
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    En el pabellón central de la cárcel funcionan numerosos negocios creados por los internos: puestos de tacos, peluquerías, tiendas de frutas, ventas de helados, gimnasios, restaurantes... Todos los presos tienen una ocupación o se les busca una. Asombra no ver en las celdas y patios a decenas de personas apiñadas mientras dejan pasar las horas, como en la mayoría de cárceles de Centroamérica.
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    La cooperativa Torre Fuerte R.L. fue creada el 17 de junio de 2010 por los internos y de los casi mil hombres que habitan Pavoncito 800 son socios. Torre Fuerte se dedica a actividades que van desde el embotellado y venta de agua potable a comercios extramuros hasta la confección de uniformes para los cascos azules del ejército de Guatemala. La cooperativa centraliza las compras para los negocios de sus asociados y lleva un control del inventario de productos que entran al penal. Quienes tienen perfumerías han recibido talleres y elaboran sus propias lociones, que tratan de imitar a las de marcas conocidas. También se imparte talleres para quienes venden detergentes, jugos u otros productos.
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    Pavoncito está en el municipio de Fraijanes, a escasos 20 minutos de Ciudad de Guatemala. Aunque las 22 cárceles del país están sobrepobladas en un 112%, esta , considerada modelo por las autoridades, no sufre hacinamiento y tiene un tercio de sus mil 500 plazas libres. En las paredes, la cooperativa ha pintado multitud de lemas como “Si no sabes hacia dónde vas no llegarás a ninguna parte”.
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    En Pavoncito funcionan un templo católico (en la imagen) y tres evangélicos, y hay un quinto en construcción. Las capillas han sido construidas gracias al aporte de los presos. La cooperativa que dirige el capitán Lima obliga a que todos los internos del penal asistan a actividades religiosas. “Aquí no hay espacio para quienes no creen en Dios”, dice Lima. Si un interno no acata las normas internas, la cooperativa exige -y siempre lo consigue- que se le traslade a otro penal.
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    La relación entre los reos suele ser cordial. Todos saben que la cooperativa impone unas sencillas pero severas normas internas de conducta. A todo recién llegado se le lleva frente a un cartel en el patio central, en el que lee: “Reglas del penal. 1-no participar en pandillas, 2-no peleas, 3-no robos, 4-no drogas, 5-no bebidas alcohólicas, 6-respetar a las visitas...” Y así hasta 10. Aunque el capitán Byron Lima asegura que en Pavoncito no hay castigos físicos, en el Ministerio Público hay 11 denuncias contra él y otros dirigentes de la cooperativa por abusos.
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    Cada fin de semana Pavoncito se inunda de familiares de visita y es fácil encontrar a padres jugando al fútbol con sus hijos o a parejas tomadas de la mano paseando junto a la verja electrificada.
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    El eje central de la cooperativa Torre Fuerte es la maquila, cuyo taller se encuentra en un antiguo sector de celdas del penal. Los presos elaboran uniformes y botas para la Policía Nacional Civil y para los custodios del sistema penitenciario, entre otros clientes. En la sección de serigrafía durante 2011 se imprimieron camisetas, gorras y todo tipo de propaganda electoral. Aunque la cooperativa asegura que trabajó para todos los partidos políticos en contienda, entre las muestras que tiene en exhibición solo destaca una camiseta del Partido Patriota, que lidera el actual presidente Otto Pérez Molina.
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    Todos los reos de Pavoncito tienen la obligación de estudiar o recibir algún tipo de capacitación como parte de su programa de reinserción, diseñado por la cooperativa. La oferta incluye cursos de electricidad, soldadura, informática, filosofía, música o mecanografía, entre otros, o grados académicos que van desde niveles básicos de alfabetización hasta bachillerato o licenciaturas universitarias.
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    En la imagen, un interno de Pavoncito imparte clases de filosofía a un grupo de sus compañeros. El centro educativo de Pavoncito es en gran parte autogestionado y a aquel preso que está cualificado para ser profesor se le encarga hacerlo. El personal docente para las licenciaturas en administración y en fundamentos económicos lo ofrece la Universidad Galileo, que homologa los títulos. Curiosamente, es la misma universidad en la que el actual director del sistema penitenciario de Guatemala obtuvo las dos licenciaturas que posee.
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    Aunque se camufla bajo los calificativos de “gerente” de la cooperativa y “vocero” del penal, el capitán Byron Lima Oliva es el principal líder y ejecutor del modelo que hoy funciona en Pavoncito. Lima, uno de los presos más conocidos y polémicos de Guatemala, fue condenado en 1998 junto a su padre, el coronel Byron Lima Estrada, por el asesinato del obispo Juan Gerardi Conedera. Su nombre aparece ligado a sangrientos motines en 2002 y 2008, en los que hubo enfrentamientos entre pandilleros y reos comunes.
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    El 22 de noviembre de 2008 cuatro líderes de la Mara Salvatrucha fueron trasladados a Pavoncito y encerrados en la celda 10 del sector 17, un área de máxima seguridad conocida como “Alaska”. A las pocas horas se había desatado un gran motín que terminó con dos reos comunes muertos y las cabezas de cinco pandilleros expuestas para la prensa en el patio trasero del penal. En las paredes repintadas se aprecian todavía las huellas de aquel día.
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La historia reciente de Pavoncito es similar a la de otros penales de Guatemala: en 2002 un motín terminó con 28 muertos; otro en 2005 con 14, y uno más, en 2008, con siete. En 2010 los presos líderes decidieron cambiar el rumbo: formaron una cooperativa que dirige una decena de actividades empresariales y planes de educación y reinserción. Los reos incluso son responsables de controles para evitar el ingreso de armas o drogas que los custodios pudieran dejar pasar por descuido o corrupción. La Dirección de Centros Penales de Guatemala la considera una cárcel modelo y pretende que otras penitenciarías del país sigan su ejemplo.
Publicada el 11 de Septiembre de 2012
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