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El Paseo que les cambió la vida

Por María Luz Nóchez / Fotos de José Carlos Reyes
El Faro / Publicado el 24 de Junio de 2012
Con el desarrollo del Paseo El Carmen, Santa Tecla logró posicionarse en el mapa de la actividad lúdica y cultural salvadoreño. Sin embargo, los beneficios económicos y comerciales para la zona entraron en conflicto con quienes han vivido por más de 50 años en los alrededores del centro histórico de la ciudad. Se puso a prueba la capacidad de gestión municipal.
 
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Un pasillo de baldosas color ladrillo se abre paso a lo largo de la residencia de los Pocasangre y conduce a un patio central, rodeado de corredores techados, en el que fluye la característica brisa de la ciudad. El interior de esta vivienda de planta única evoca una cabaña de montaña por el diseño de sus habitaciones, que contrasta con el estilo de una clásica fachada de pueblo pero con puertas y ventana falsas. En febrero de 2012 esta fachada era de color morado y se dio a conocer luciendo una “pinta” con unas frases dibujadas con pintura blanca en aerosol. La pinta no la habían hecho ni vándalos ni grafiteros de pandillas, sino la dueña de la casa que quería expresarle a su alcalde una duda: “¿Dónde está la cultura?”

El tráfico que a diario atraviesa la 7a. Avenida Norte de Santa Tecla se ha convertido para los Pocasangre en ruido blanco —como se le llama a los sonidos que de tan constantes dejan de escucharse— con el que han aprendido a convivir: los cláxones y las vibraciones que producen el paso de buses y microbuses que empiezan a pasar inadvertidos minutos después de tenerlos de fondo. Esto sucede en el día.

En las noches, Carolina de Pocasangre no puede dormir. “La bulla llega hasta las 3 de la mañana”, dice, y habla de un ruido que sus sentidos no han podido blanquear. Carolina de Pocasangre ha vivido en la acogedora casa familiar desde que nació y sigue habitándola ahora con su esposo y sus tres hijos. La casa está justo frente al hogar de niños Adalberto Guirola y desde hace algunos meses colinda con “Malabares” y “S’tragos”, los alegóricos nombres con que fueron bautizados los dos bares sobre la 7a. Avenida, que empezará a nombrarse como Paseo El Recreo.

La beligerancia de los Pocasangre se ha ido matizando, y no por haber recuperado su tranquilidad, sino por el pragmatismo impuesto por las circunstancias.

Si al salir de la casa de los Pocasangre uno sigue con rumbo norte las ampliadas aceras recién adoquinadas, se llega a la 1a. Calle Oriente, que hacia el poniente aloja las cinco cuadras del Paseo El Carmen, primera etapa del proyecto de intervención urbana impulsado por la alcaldía municipal de Santa Tecla.

De ser una ciudad dormitorio, Santa Tecla pasó a ser el municipio con el primer Distrito Cultural del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS). Ha venido a solventar la escasez de espacios al aire libre para compartir con familia y amigos, a pesar de que las risas y la plática confidente sean ocasionalmente pospuestas durante la noche para disfrutar de la música al ritmo de la batucada o de una banda local. De jueves a domingo el paso se ve cercado para el ir y venir de los peatones que buscan un espacio dónde colarse para comer, beber, bailar, cantar en karaoke, comprarse una artesanía o un libro.

Entre un total de 28 bares que conforman el corredor turístico, aún sobreviven 21 casas de habitación. Pero fueron 75 familias las que enfrentaron una disyuntiva en sus vidas en el proceso de la ciudad. “En principio, nuestra idea era vender la casa. Pero al ver la dinámica de los demás negocios surgió la idea de poner un bar”, asegura Yohana Dóniz, de la administración de “Verona” inaugurado en octubre de 2011. Este negocio fue uno de los primeros en instalarse en el Paseo El Carmen, y aunque por el aumento de la oferta en la zona han disminuido sus ganancias, han buscado la forma de mantener la fidelidad de su clientela: “Como bar estamos en una situación crítica, pero estamos buscando nuevas formas de innovar frente a la competencia”, afirma Dóniz.

Guillermo Domínguez vive sobre la 3a. Avenida Norte, frente al centro comercial Plaza San Antonio, en una casa de planta colonial que tiene como centro un jardín rodeado de corredores que comunican las habitaciones. Su familia, al igual que los Pocasangre, denuncia desde febrero sus problemas para dormir: “Ya sobrepasó todos los límites de lo permitido. Si bien los tecleños queremos que la ciudad prospere, no queremos una herencia de bolos y de drogos en la calle”, dice Domínguez en una especie de añoranza de la Santa Tecla que servía de dormitorio.

Hasta hace un año, los Pocasangre y los Domínguez, que representan al grupo de 75 familias afectadas por el progreso turístico y comercial de la zona, creyeron en el proyecto del alcalde Óscar Ortiz. Hace unos meses manifestaban sentirse “huérfanos de alcalde” por no haber recibido ningún tipo de respuesta o acción favorable para controlar el bullicio que producen hasta horas de la madrugada sus nuevos vecinos, que llegaron ahí gracias a la reforma urbana que ha transformado la zona en una de las más visitadas por los salvadoreños y extranjeros que buscan entretenimiento nocturno.

Paseo El Carmen, Santa Tecla. Foto José Carlos Reyes

Paseo El Carmen, Santa Tecla. Foto José Carlos Reyes

Su descontento se vio contrastado el 11 de marzo de este año con el casi 60% de aprobación de Ortiz en las urnas. Esa popularidad, en buena parte, es una extrapolación del “éxito” del Paseo El Carmen. Pese a la victoria, Ortiz parece no dejar su actitud de candidato, y en repetidas ocasiones ha emitido declaraciones en las que desliza sus intenciones de convertirse en presidenciable para las elecciones de 2014.

Es habitual ver al alcalde-candidato caminar por el Paseo mientras saluda a conocidos, comerciantes, ciudadanos y demás visitantes: una especie de montaje espontáneo, un baño de masas, que suele combinarse con la retórica en un discurso que presenta este proyecto como un precedente de cambio para los demás municipios del AMSS.

Un ejemplo cercano: el pasado 29 de mayo, una comitiva de 30 diplomáticos realizó un recorrido por el centro histórico de Santa Tecla, encabezado por el alcalde, que partió del Museo Tecleño (Mute), avanzó con una caminata por el Paseo El Carmen y culminó con la presentación del proyecto en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes. La visita de los representantes del país en el exterior respondía al “Encuentro de cónsules honorarios de El Salvador en el mundo, en el marco del gobierno del cambio”.

Con la palabra cambio como comodín, Ortiz aprovecha sus discursos para enumerar en retrospectiva los retos superados en 12 años de gestión municipal. “Hemos ganado cinco elecciones continuas […] manteniendo como centro el cambio, la innovación. El poder en sí mismo, si no se maneja con la prudencia, con el equilibrio y sobre todo con una visión de largo plazo, puede desgastar y quitar el soporte político que es la clave para el beneficio de cualquier gobierno: la confianza ciudadana”.

Ortiz lo tiene claro, una transformación como la emprendida en esta zona de la ciudad debe tratarse con astucia política y con artes de buen negociador. En la práctica los vecinos han hecho sentir sus peros y acuden a la letra impresa. La Ordenanza reguladora de la actividad de comercialización de bebidas alcohólicas en Santa Tecla dispone en el artículo 4, inciso n, que se deben “presentar un listado de por lo menos 30 firmas de vecinos del lugar donde pretende instalar el negocio con nombres completos, números de DUI y direcciones, y que se manifieste estar de acuerdo en la instalación” de restaurantes, bares o clubes nocturnos.

Esta norma, según los vecinos, fue incumplida por la alcaldía y empresarios desde el inicio, ya que nunca nadie recogió las firmas que la ordenanza solicita como aval para la apertura de estos negocios. Por el contrario, aseguran que su participación se limitó a una reunión a la que fueron convocados en junio de 2011, en la que la municipalidad les explicó el concepto de ampliación de las aceras como espacios de “entretenimiento para la familia tecleña”, sobre las que en el mediano plazo se inaugurarían cafés y negocios familiares.

Jorge Quezada, síndico municipal, reconoce que hubo fallas en la planificación y que en la marcha se salieron de control: “Obviamente en el proceso acelerado de construcción del Paseo hubo algunos temas que en un principio no alcanzamos a visualizar, el control de los negocios, el ruido. Debo reconocer que no lo alcanzamos a medir”.

La tarde del domingo 29 de abril pasado, con el afán de llamar la atención del alcalde, y quizá de algún medio de comunicación, los vecinos inconformes convocaron a una manifestación para el día de la toma de posesión del nuevo concejo municipal. Quezada, uno de los concejales entrantes, acudió a calmar los ánimos. Luego de escuchar sus peticiones y conciliar con ellos para que desistieran de seguir con la protesta, los citó a una reunión el jueves 3 de mayo. “Me he comprometido con ellos a que en las próximas tres semanas vamos a tener reducido esto (los excesos de los negocios) al 70 u 80%. Es de pedirle a los vecinos que nos tengan paciencia un ratito más”, dijo el síndico a El Faro el 21 de mayo, convencido de que pronto todo tendrá un buen término.

Malabaristas en El Paseo El Carmen, Santa Tecla. Foto José Carlos Reyes

Malabaristas en El Paseo El Carmen, Santa Tecla. Foto José Carlos Reyes

Quezada asegura que los resultados de la reunión del 3 de mayo se resumen en dos promesas concretas. La primera es la creación de una ordenanza especial para el Distrito Cultural, que incluye la actualización de la Ordenanza Contravencional, específicamente, y del Decálogo de Convivencia Ciudadana, un compendio de 10 normas de carácter transitorio que rigen las actividades de los empresarios con el fin de evitar molestias a los vecinos e imponer un precedente respecto a las medidas y sanciones graduales que se aplicarán en caso de incumplimiento.

La segunda promesa sería una reunión con el concejo, que hasta el cierre de esta nota sigue en agenda pendiente, sin poderse concretar en una fecha. Pero la posibilidad del diálogo y cierto agotamiento matizó posturas. Cansada de acudir vía teléfono al Cuerpo de Agentes Metropolitanos Comunitarios (Camco) y la Policía Nacional Civil para que de las 12 en adelante sus vecinos bajen la intensidad de la bulla, la familia Pocasangre optó por sumarse, aunque sea a medias. Pusieron en alquiler la mitad de su residencia para obtener un nuevo ingreso que les permita refugiarse fuera de la ciudad y recuperar la serenidad. Dentro de poco, la fachada anunciaría una pizzería.

Durante los fines de semana, extranjeros y locales abarrotan las aceras, el estacionamiento y los negocios de la 1a Calle Oriente con el afán de ser parte de esta nueva experiencia turística, que a lo largo de cinco cuadras ofrece una variada oferta de cafés, bares que además son restaurantes, y artesanías que van desde un llavero de madera pintado a mano hasta pantallas de cera para velas. El otro factor común es la música en vivo desde el inicio del corredor, en donde se mezclan el sonido andino de la flauta de pan, la guitarra clásica de la trova, el estruendo de los tambores de la batucada y la batería de una banda local que interpreta éxitos de los 90. Hay puntos en que la mezcla de música se convierte en un molesto ruido debido a lo invasivo del volumen utilizado en cada local.

“Como síndico reconozco que se han dado excesos de algunos negocios, a los que se les ha hecho ya sus respectivas notificaciones”, acepta Quezada, mientras amplía sobre las nuevas disposiciones de la nueva ordenanza. Estas regulaciones incluirán la insonorización de cada local y la colocación del decálogo a la vista de los clientes de cada recinto.

Según el decálogo vigente desde el 1 de febrero de este año, el límite de decibeles (dBs) admitidos durante la noche será de 70 máximo, y los negocios tendrán como límite la medianoche para la música en vivo y hasta las 2 a.m. para el cierre total de operaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 55 dBs como promedio para espacios al aire libre, e impone 85 dBs como límite al ruido industrial. 70 dBs equivaldría al ruido que se genera al interior de un autobús urbano en marcha, en el que es necesario elevar la voz para conversar con la persona que se lleva al lado o indicar una parada al conductor. En 120 dBs se encuentra el umbral del dolor, que equivale al ruido de músicos y público en un concierto de rock. Para el caso del Paseo El Carmen, según Quezada, muchos de los bares han alcanzado los 120 dBs, ruido equivalente al que produce un avión en marcha.

La ocupación de las aceras es otro de los excesos que perjudica la circulación. Al respecto, el decálogo indica en su mandamiento 6 que “todos los establecimientos deberán notificar, a partir de una solicitud a la oficina del distrito, sobre la utilización del espacio público en calidad y cantidad del mobiliario. Dicho mobiliario no podrá exceder la utilización del 60% del espacio total de circulación, para garantizar el pleno desplazamiento de los peatones”.

Para atender estos excesos, el 16 de abril de este año se emitió un Proyecto de Acuerdo Municipal con el fin de evitar futuros conflictos y llevar a buen término los actuales. Este acuerdo se concretó el 11 de junio recién pasado con la aprobación por el concejo municipal de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana y Contravenciones Administrativas del Municipio de Santa Tecla. Se estima que esta ordenanza entrará en vigencia el 1 de julio, fecha en la que se estrenaría la nueva Dirección del Distrito Cultural, sin embargo, hasta el cierre de esta nota no ha sido publicada en el Diario Oficial para entrar legalmente en vigencia.

La nueva ordenanza implica un cambio en la calificación de suelo de las 30 cuadras del Distrito Cultural —desde el nuevo complejo residencial ‘Condado Santa Rosa’ (donde termina la 1a. Calle Oriente) hasta El Cafetalón— que serán declaradas como corredor turístico cultural, lo cual significa la regulación del tipo de negocios que ahí se establezcan, siendo los predilectos los museos, las galerías de arte, los teatros, las bibliotecas, cafés, bares y restaurantes, entre otros. Quedan fuera de este espectro establecimientos como las iglesias, cantinas, discotecas, comedores, bodegas y funerarias.

“El ruido ha disminuido durante la semana, de martes a jueves ya no ponen tan fuerte la música. Y ahora al hablar al Camco para que les adviertan que bajen el volumen hacen más caso”, afirma Azalia Quezada respecto a los cambios medianamente perceptibles desde el 3 de mayo que hablaron con el síndico. Por su parte, la alcaldía ha dotado de un sonómetro a los agentes comunitarios para mantener un monitoreo constante de los niveles de volumen aceptados en el interior de cada negocio.

Viaje al estrellato del capitán Ortiz

A inicios de junio se hizo pública la puesta en marcha de la segunda etapa del Paseo El Carmen, que abarca seis cuadras hacia el poniente del Palacio Tecleño hasta llegar a Santa Rosa. Para la implementación de este, tanto la municipalidad como los propietarios parecen haber aprendido del primer experimento, y es que el 8 de junio los concejales se reunieron con los vecinos de Santa Rosa, mismos que decidieron organizarse en un comité para dar seguimiento a esta nueva intervención y a las necesidades de la comunidad que vayan surgiendo.

Todas estas transformaciones en el casco urbano tienen como base el Proyecto de Recuperación Patrimonial y Social de Santa Tecla que inició en 2008 con la inauguración del Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes. La intervención total cubrirá las 30 cuadras del centro histórico de la ciudad, y se resumirá en cuatro paseos: El Carmen, Las Plazas, El Recreo, El Cafetalón. Además, incluirá el complejo habitacional La Gran Manzana, frente al Instituto Técnico Centroamericano (ITCA). Este plan de reactivación del municipio incluye la ciclovía que se está construyendo desde Santa Rosa hasta el Palacio, y el Estadio Las Delicias.

El desarrollo en este Distrito Cultural, según los datos del la municipalidad, es significatvo: mil 200 empleos indirectos nuevos en los 50 negocios del Distrito, que se dividen entre bares, cafés y restaurantes de emprendedores salvadoreños. No obstante, no se pueden negar las aristas del impacto social que dejan entrever el conflicto entre las necesidades del municipio y los intereses de los que tienen sus hogares en la zona. Son estos últimos los que han cedido, improvisándose como empresarios o emigrando.

 

Allende las fronteras de esta zona, caminando hacia el sur de ese corredor nos reencontramos con los problemas que aquejan al municipio: desorden vial, calles y avenidas deterioradas por el tránsito de todo tipo de vehículos, y esquinas impregnadas de los desechos de mendigos, que hacen de las aceras su sanitario público.

Con su llegada a la alcaldía en mayo de 2000, Ortiz ya se planteaba cambios que mejoraran la estética de la ciudad, como la recuperación de los parques que estaban invadidos por las ventas ambulantes. Siete meses más tarde el reto se incrementaría con el impacto de los terremotos de enero y febrero de 2001: el 60% del centro histórico quedó seriamente dañado y una cordillera arrasó con una residencial casi entera.

Plaza de la Música, en el Paseo El Carmen / Foto José Carlos Reyes.

Plaza de la Música, en el Paseo El Carmen / Foto José Carlos Reyes.



Ahora, con 12 años de administración municipal, se ha logrado la reorganización de los vendedores informales en dos mercados, la remodelación de los parques San Martín y Daniel Hernández, los trabajos de mitigación y prevención de riesgos en la Cordillera del Bálsamo y, desde 2008, la puesta en marcha de las transformaciones del centro histórico, que pasaría a imponerse como el primer distrito cultural en el AMSS. 

Las grandes aspiraciones de Ortiz y de su concejo para el pequeño municipio de 112.2 kilómetros cuadrados fueron el motor que los impulsó a ver el desastre de 2001 como una oportunidad. “No podíamos concebir un cambio en la ciudad si no incluíamos las expresiones artísticas y culturales como algo inherente al desarrollo…”, dice el alcalde al explicar, con orgullo de refundador, el proyecto de reconstrucción de la ciudad que inició en 2002.

Con un total de 65 millones de dólares invertidos en 10 años, gracias al apoyo de la Cooperación Española, Santa Tecla es ahora un referente de ciudad turística y cultural que recibe un promedio de 20 mil visitas cada fin de semana. Además de pretender ser un modelo para las demás municipalidades, también se ha convertido en un vistoso escenario para campañas publicitarias de instituciones públicas y privadas.

En su discurso, el alcalde minimiza los efectos secundarios de su proyecto estrella: “El nivel de afectación ha sido tan pequeño, porque todo mundo ha entrado en la jugada”, y zanja el tema recordando una escena de ciencia ficción, cuando el Sr. Spock, en “Viaje a las Estrellas II: la ira de Khan”, sacrifica su vida para salvar a la tripulación del Enterprise: “El bienestar de la mayoría supera al bienestar de la minoría o de uno solo”. Para el caso, queda claro quién es el capitán del Enterprise y quiénes los Sr. Spock.


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