Un cáncer en el pulmón de San Salvador

  • Foto: Mauro Arias
    Este árbol ha sobrevivido a la tala que abre brecha al bulevar Diego de Holguín. Millares de árboles de varias especies fueron talados para dar paso a esta obra vial que pondrá una carretera a las puertas de terrenos boscosos que quedan a merced de bancos y urbanizadoras, según reveló El Faro en un reportaje publicado en 2010. Este periódico mostró que dos terceras partes de la finca El Espino ya se encuentran lotificadas y vendidas, esperando su destrucción paulatina si las autoridades y los ciudadanos lo permiten. La porción de la finca aledaña al bulevar Diego de Holguín ya fue vendida a empresas lotificadoras.
  • Foto: Mauro Arias
    Un enorme pito (Erythrina poeppigiana) es llevado a su muerte para dar paso a un muro de una urbanización en los terrenos de El Espino, zona que comparten los municipios de Antiguo Cuscatlán y San Salvador. El Espino fue declarada zona de protección de suelo en enero de 1993 y constituye la reserva forestal más grande del área metropolitana. Está rodeada por zonas urbanizables de la más alta plusvalía del país. Lea más sobre el proceso anómalo de compraventa de tierras protegidas en el reportaje Lotificadoras y constructoras entre los nuevos dueños de El Espino.
  • Foto: Mauro Arias
    La maquinaria pesada ha movido miles de metros cúbicos de tierra para crear la rampa del paso a desnivel del bulevar Diego de Holguín sobre la Avenida Jerusalén. En 2011, 11 exfuncionarios del gobierno de Antonio Saca, incluidos dos ex ministros del Ambiente, fueron encontrados culpables por la Corte de Cuentas por la destrucción en parte de la finca El Espino con motivo de la construcción del bulevar. Fueron talados 38 mil 958 árboles en el área protegida y la sanción fue una multa de 9 mil 518 dólares, es decir, un promedio de 24 centavos de dólar por cada árbol muerto. Lea más en la nota Condenan a dos exministros del Ambiente por violar la Ley del Ambiente.
  • Foto: Mauro Arias
    Un trabajador de la empresa contratada para finalizar la construcción del Diego de Holguín se adentra en el agonizante cafetal de la finca para buscar estacas que marquen el paso de la maquinaria de compactación de la carretera. Estos terrenos forman parte de una reserva forestal donde está prohibida toda clase de construcción, pero fueron comprados ilegalmente a la cooperativa El Espino por una empresa lotificadora.
  • Foto: Mauro Arias
    El Diego de Holguín es un monumento a la corrupción, al populismo y a la demagogia que ha costado a los salvadoreños 49 millones de dólares. El Ministro de Obras Públicas anunció en abril de 2005 que la nueva vía, supuesta a evacuar el tráfico vehicular entre el bulevar Los Próceres y la entrada a Santa Tecla desde el occidente del país, iba a entrar en operación en junio de 2006. Han pasado casi seis años y la obra aún está en ejecución. El actual ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, denunció en 2010 las irregularidades, que incluyen el uso de 5.9 millones de dólares no justificados que ocurrieron durante la gestión del ex presidente Antonio Saca. La empesa COPRECA, que inició la construcción en 2006, que demandaba una ampliación del plazo de entrega por encontrar un lecho rocoso "no previsto" que retrasaba las obras. La empresa abandono la obra cobrando el dinero.
  • Foto: Mauro Arias
    Un corte en el terreno de la ex finca tiene la marca de los 5 mil 300 metros para guiar al equipo que construye el Diego de Holguín. Los estratos de distintos colores hablan de la historia del terreno. La capa superior es la fértil tierra resultado de la descomposición de materia orgánica (vegetales y animales) que crea suelo, un proceso de cientos de años. La capa de tierra blanca es ceniza volcánica de la explosión del volcán Ilopango en el año 260 D.C. La ceniza cayó sobre el suelo que había antes de la erupción, que es el color marrón en la capa inferior del corte.
  • Foto: Mauro Arias
    Dos pasos a desnivel que cruzan sobre el Diego de Holguín anuncian la construcción de futuras carreteras. Uno de ellos será parte del anillo periférico poniente que pasará en medio de El Espino, separándo esta área del la zona boscosa del volcán de San Salvador, y podría ser la estocada final a algunas de las especies que sobreviven aún en esta zona protegida.
  • Foto: Mauro Arias
    La frontera entre la construcción y el bosque va adquiriendo el típico aspecto de las carreteras en El Salvador: llenas de basura arrojada impunemente desde vehículos. Estos restos de materiales de construcción, entre ellos latas de pintura amarilla para carreretera, están cerca de las bodegas de le empersa constructura de la carretera.
  • Foto: Mauro Arias
    Como una ironía, este recipiente de plástico en el suelo boscoso cercano al Diego de Holguín muestra a los animales-personajes de la pelicula Madagascar, cuya trama gira en torno a especímenes del zoológico de Nueva York perdidos en el África salvaje. La basura es una señal de la cercanía de la carretera. La finca El Espino es refugio de al menos 137 especies de aves, reptiles y mamíferos, sin contar las miles de especies de insectos y plantas. En los registros de Salvanatura se cuenta loras nuca amarilla, que están en peligro de extinción en El Salvador.
  • Foto: Mauro Arias
    El terreno de la finca El Espino es una esponja natural que facilita la infiltración del agua lluvia. La ANDA tiene en estas tierras varios de sus pozos, de donde extrae cada año millones de metros cúbicos de agua de alta calidad por su bajo nivel de contaminantes, pero el potencial del lugar disminuye cada año por la desaparición del bosque.
  • Foto: Mauro Arias
    La sombra del puente que será parte del anillo periférico se proyecta sobre la superficie del bulevar Diego de Holguín, lista para la colocación de la capa de concreto hidráulico. La economía del mundo depende del petróleo y se mueve sobre ruedas de millones de automóviles.
  • Foto: Mauro Arias
    La frontera entre la naturaleza y el concreto no podría ser más dramática como en la construcción de esta urbanización con casas de lujo. La parte aún con árboles también está en riesgo de desaparecer bajo el concreto, ya que está en manos de la empresa privada. Las tierras de El Espino, planas y accesibles, son una mina de oro para el negocio de los bienes raíces.
  • Foto: Mauro Arias
    Helechos y hierbas silvestres se mezclan con otras plantas introducidas en una pequeña franja entre el tapial de la urbanización Jardines de la Sabana, en Ciudad Merliot, y un muro de contención del Diego de Holguín. La urbanización es la viva imagen del futuro de la finca El Espino cuando la ciudad avance sobre ella.
  • Foto: Mauro Arias
    Un viejo cedro (Cedrela odorata) en los linderos de la finca El Espino es un ejemplo que contradice a muchos funcionarios que han declarado que en el cafetal solo hay árboles de poca calidad, como los pepetos. El cedro es una especie en vías de extinción en El Salvador porque tiene una excelente madera, pero nadie siembra nuevos áboles para reemplazar a los talados.
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    Este árbol en un sector del cafetal vendido a una financiera fue elegido por un topógrafo como referencia en sus mediciones del terreno.
  • Foto: Mauro Arias
    Para ciertas especies de aves, el cableado urbano sustituye a las ramas naturales del bosque. Cuando avanza la ciudad, la mayoría de animales silvestres van desapareciendo. El ruido de los automóviles los espanta y las emanaciones tóxicas de estos impacta en su reproducción. Los primeros en huir son los mamíferos, especialmente los felinos. Las especies más adaptables aprovechan ciertas ventajas que ofrecen los vecinos humanos y proliferan, como ciertas especies de palomas y zanates. El difunto biólogo salvadoreño Manuel Benítez decía que la abundancia de animales facilita la adaptación a la ciudad, pero la abundancia de especies sí sufre un gran deterioro.
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    El nuevo edificio del SICA, en la foto, y el del Ministerio de Relaciones Exteriores, también se llevaron algunas hectáreas de la finca El Espino. Para crear un acceso a ambos edificios, durante el gobierno anterior se construyó una carretera y se taló árboles sin tener el respectivo permiso ambiental.
  • Foto: Mauro Arias
    Al ritmo actual de destrucción, dentro de poco todos los terrenos aledaños al bulevar Diego de Holguín tendrán apariencia similar a la de esta zona del muro perimetral de la urbanización Jardines de la Sabana, en Ciudad Merliot, que colinda con la finca El Espino.
  • Foto: Mauro Arias
    Trabajadores de la construcción se dirigen a su lugar de trabajo sobre el bulevar Diego de Holguín. La finca El Espino ha sufrido durante los últimos 30 años una rápida reducción de su extensión desde cuando fue expropiada durante la reforma agraria. Centros comerciales y viviendas de alto costo, accesibles solo para una pequeña porción de los habitantes del Área Metropolitana de San Salvador, ocupan los espacios que brindaban servicios ambientales a la mayoría de los capitalinos. Vea fotografías de la riqueza en especies de plantas y animales que desaparecen junto al bosque en la fotogalería El Espino y el derecho de la naturaleza.
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La construcción del  bulevar Diego de Holguín se acerca a su fin y su culminación ha sido el tiro de gracia para una porción de la finca El Espino que se resistía al avance del concreto y las máquinas, a la avaricia humana, a la impunidad y a la corrupción o displicencia de los gobiernos y autoridades. La desaparición gradual de la última extensión boscosa en la capital salvadoreña es un reflejo de la situación nacional.
Publicada el 25 de Abril de 2012
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