Debido a que las instrucciones para las juntas receptoras de votos eran más complejas que en otros años, hubo un retraso en la apertura de la mayoría de los centros de votación. En el complejo educativo Concha viuda de Escalón, de San Salvador, a las 7 de la mañana, unas 150 personas hacían fila en espera de poder votar.
Un anciano llega a las 7 de la mañana a votar al complejo educativo Concha viuda de Escalón, donde jóvenes areneros le brindan una silla de ruedas para llevarlo hasta las urnas.
La votante María Hernández discute con un miembro de una junta receptora de votos en el Instituto Nacional General Francisco Menéndez, ya que esta le quería anular el voto aduciendo que la ciudadana le había mostrado su papeleta ya marcada al esposo, con lo que había violado el carácter secreto del sufragio. Finalmente, la mujer adujo que su esposo solo le ayudó a doblar la papeleta y pudo votar.