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Comentario de libro

Puertos abiertos para la narrativa centroamericana

María Tenorio *
El Faro / Publicado el 21 de Marzo de 2012
María Tenorio comenta y reseña la más reciente antología de narrativa centroamericana realizada por el nicaragüense Sergio Ramírez para la editorial Fondo de Cultura Económica, presentada en El Salvador el 21 de marzo, en el Centro Cultural de España.

Imagen del portada de 'Puertos abiertos. Antología de cuento centroamericano' (Ed. FCE, 2011). El libro ya se encuentra a la venta en La Ceiba y la UCA.

Imagen del portada de 'Puertos abiertos. Antología de cuento centroamericano' (Ed. FCE, 2011). El libro ya se encuentra a la venta en La Ceiba y la UCA.

El desconocimiento mutuo es un rasgo común entre los centroamericanos. Por razones históricas, políticas, culturales y de otras índoles, nos resulta más atractivo e incluso más factible ver hacia otros países, otras ciudades y otras regiones que hacia el interior del istmo. Nos perdemos, así, de lo que se produce en nuestro vecindario. El campo de la literatura no es ajeno a este fenómeno. ¿Cuánto leemos a otros centroamericanos? ¿Sabemos sobre qué y cómo están escribiendo? ¿Dónde conseguimos sus libros?

El libro Puertos abiertos. Antología de cuento centroamericano (México D. F., 2011) nos permite sentir el sabor de la narrativa breve de la región y disfrutar la imaginación literaria de “nuestros hermanos”. Gracias a la editorial estatal mexicana Fondo de Cultura Económica y al compilador Sergio Ramírez, tenemos a la mano una edición muy bien cuidada --en su forma y en su contenido-- que reúne, en 436 páginas, cincuenta relatos para darnos gusto. La lectura de este volumen constituye, pues, una forma entretenida, a ratos también inquietante y provocadora, de entrar en conocimiento con esa Centroamérica creativa y creadora.

El cuento centroamericano que nos ofrece esta antología se ha alejado del mundo rural y del folclore. En cambio, transita por calles y espacios urbanos; visita bares, cárceles, hoteles, universidades, aeropuertos, cines y oficinas. También sigue yendo a la iglesia. Escucha jazz en vivo y música en inglés, y deja ir alguna expresión en ese idioma que cada día nos resulta menos extranjero. Ve cine mexicano y norteamericano, al tiempo que habla sobre los movimientos guerrilleros, las guerras, los exilios y las migraciones. Viaja a ciudades como Tokio, París o Madrid, y a tiempos que solo viven en la  memoria, como la época colonial. Sus personajes van a fiestas, carreras y visitan al sicoanalista; también se enamoran, se emborrachan o se meten en pleitos. Son “seres imaginarios, pero que provienen del mundo real, y pertenecen a una atmósfera donde las vidas privadas son constantemente intervenidas por la vida pública”, escribe Ramírez en el prólogo.

Este volumen, lanzado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a finales del año pasado, reúne “un cuento por cabeza” de cincuenta narradores vivos de las seis naciones centroamericanas. De Guatemala, El Salvador y Nicaragua, ofrece nueve relatos de sendos narradores; de Costa Rica y Panamá, ocho; y de Honduras, siete. La abrumadora mayoría de los elegidos son hombres, lo cual hace suponer que en la narrativa, como en otros campos del quehacer productivo, el dominio masculino sigue vigente. De las nueve mujeres incluidas, tres son salvadoreñas y dos, nicaragüenses. En los otros países la representación femenina es minoría absoluta: una por país.

Los autores de más edad seleccionados nacieron en la década de los veinte del siglo pasado y son Claribel Alegría (El Salvador), Ernesto Cardenal (Nicaragua) y Carmen Naranjo (Costa Rica); los más jóvenes son Ulises Juárez Polanco (Nicaragua, 1984) y Maurice Echeverría (Guatemala, 1976). De los cuarenta y cinco restantes destacan, entre otros nombres, los guatemaltecos Rodrigo Rey Rosa y Arturo Arias, y el costarricense Carlos Cortés, los tres publicados por Alfaguara; los salvadoreños Horacio Castellanos Moya, autor de El asco, y Mauricio Orellana Suárez, pionero de la novela gay en la región; y el nicaragüense Arquímedes González, que ha lanzado con éxito sus novelas en formato electrónico.

Hay que decir que una antología, al ser una selección, incluye pero también excluye. Por El Salvador me resulta notoria la ausencia de Claudia Hernández, cuentista de primera línea, nacida en 1975, con varios libros de cuentos publicados. Ella fue elegida entre los treinta y nueve mejores escritores latinoamericanos menores de treinta y nueve años, Bogotá 39, al igual que el guatemalteco Eduardo Halfon y el panameño Carlos Oriel Wynter Melo, que aparecen en la presente antología.

Puertos abiertos se ha publicado junto a una hermana gemela, tanto de padre-compilador como de madre-editorial, llamada Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana que recoge pequeñas muestras poéticas de 59 escritores de los mismos seis países. Autores como David Escobar Galindo, Dimas Lidio Pitty, Alfonso Chase, María Eugenia Ramos y Ricardo Lindo figuran en ambos tomos.

Sergio Ramírez, uno de los escritores nicargüenses con más proyección internacional, mira su trabajo en Puertos abiertos como una continuación y puesta al día de la labor que realizó hace cuatro décadas, cuando publicó con la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) la Antología del cuento centroamericano (San José, 1973) en dos volúmenes. Si esta daba una visión de la narrativa breve del siglo XX, la que ahora nos ocupa es, a decir de Ramírez, “una antología del siglo XXI”.


* María Tenorio es licenciada en Letras por la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA). Posee una maestría y un doctorado en Literaturas y Culturas Latinoamericanas de The Ohio State University. Actualmente es parte del staff de investigación de la Escuela Superior de Negocios (ESEN). Coautora del blog Talpajocote.

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