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Otto Meza, caricaturista político:

"Irritar a uno de estos dinosaurios políticos es un logro"

Élmer L. Menjívar / Fotos: Frederick Meza
El Faro / Publicado el 16 de Marzo de 2012
Dice que le cuesta expresarse hablando, que prefiere dibujar. Se declara en aprietos cuando le pedimos que se describa. "Híjole, ¿describirme a mí? Me considero una persona solitaria, seria, aunque parezca extraño... ¡Te lo dibujo, mejor!". Este viernes 16 presentó su primer libro de caricatura política, "El Cómic de lo que siempre quisiste decir a tus gobernantes", proyecto en el que ilustró 200 tweets de lectores de El Faro.

Cuando le pasa el pánico escénico, Otto demuestra muy buen dominio de la palabra, es claro y se arriesga. "Vaya, en serio, yo me consideraría una persona solitaria, extremadamente musical, cuando ando dibujando estoy cantando o cuando yo ando solo en la calle; soy amante de la lectura y, por sobre toda las otras cosas, soy amante de la sonrisa de los niños. Ah, y soy cafetero. ¡Ese es Otto!" Rehúye a los epítetos de los artistas plásticos de hoy en día, nada de artista visual, ilustrador o artista gráfico: él es dibujante, así se siente. Empezó en el dibujo gracias a un tío que había recibido un curso de dibujo por correspondencia, luego las circunstancias le pusieron enfrente a los que identifica como sus maestros: Ruz, Alecus, Bollani.

Trabajó con Alfredo Burgos, en el Equipo Maíz, y se formó como diseñador gráfico en la Universidad Don Bosco, como diseñador web y multimedia en Studio Spoltiago, en Roma. Con los españoles Javier Díaz y Alberto Cairo entró al mundo de la infografía y los gráficos interactivos. Pero antes de perfilarse en todas estas ramas del dibujo, hizo cinco años de medicina, donde aprendió a dibujar el cuerpo humano rehaciendo las ilustraciones de los manuales de anatomía. Ahora es el autor de la sección El Farolero, de El Faro, donde con sus caricaturas expresa su visión del mundo.

Otto Meza. Foto Frederick Meza

¿Por qué hacer caricatura política en El Salvador?
Mirá, en El Salvador es un trabajo fácil gracias a los partidos políticos y a los políticos que hacen tan mal su trabajo. Sin embargo, ser un caricaturista político en El Salvador es difícil por otro lado, en el sentido de que los periódicos quieren que el caricaturista tenga la línea editorial del periódico, cuando yo considero que no debería ser así, o sea, el caricaturista es un columnista más que puede o no estar de acuerdo con el periódico, pero tiene su espacio ahí. A eso debería llegarse, pero lastimosamente no es así, siempre hay algún sesgo que te termina limitando.

En los casos en los que el caricaturista es parte del staff del periódico, es decir, es empleado, como un redactor, quizá le pagan por ser diseñador o infografista, pero le dan chance de hacer caricatura. ¿Cómo se planta el caricaturista frente a la línea editorial?
Ese problema se da sobre todo aquí y en algunos países de Latinoamérica, pasa muy poco en periódicos de Estados Unidos y Europa, porque generalmente lo que hacen es estar metidos en una especie de asociación de caricaturistas, que vende la caricatura a un periódico o ya hay un convenio y uno trabaja en casa. Es decir, hay periódicos que ya se identifican con la marca de un caricaturista, pero el caricaturista trabaja en casa. Ese es el nivel máximo al que uno podría aspirar. Por ejemplo, hay un mito dentro de la historia de la caricatura de un periódico estadounidense, en la que un columnista escribió su columna alabando la campaña de Reagan y el caricaturista hizo su caricatura con un muñeco que se tapaba la nariz y señalando con el dedo la columna, como diciendo “esto apesta”; ese es un nivel de democracia que muy pocos periódicos estarían dispuestos a tener, pero debería ser a lo que aspiramos para dejar de tener periódicos ideologizados. El objetivo al final del caricaturista no es estar de acuerdo con el periódico, sino más bien permitir que la gente tenga herramientas de opinión. Generalmente son burlas o una propuesta graciosa, pero también son herramientas para formar una opinión.

¿Es periodismo la caricatura política?
¡No nos rebajés, por favor! Ja, ja, ja, ja... Yo creo que sí, no estoy hablando de los periódicos de El Salvador necesariamente, pero no todas las caricaturas que vemos son periodismo, o quizá algunas llegarán a periodismo amarillo. Pero sí, yo creo que es un área nueva del periodismo, de hecho hay algunas universidades en Centroamérica que sé que tienen una materia de periodismo gráfico, y dentro de ese periodismo gráfico tocan el tema de la caricatura. 

Si quedamos en que una caricatura es una opinión periodística, ¿te importa dejar claro que tu opinión no es una opinión caprichosa o un chiste fácil?
Más que entrar a una cuestión de que si es periodismo o no, ya viene la cuestión de la ética, o sea, si vos vas por la calle y criticas a alguien más porque maneja mal, entonces, ¡vamos!, se espera que vos también manejés bien y es una cuestión de ética. Si yo hago una caricatura en contra de la Asamblea Legislativa, como hice una vez en el Facebook, que puse un escusado, también lo hice con ética, pensando que en eso se había convertido nuestra Asamblea, y tenés que hacerte responsable de lo que decís y eso es norma general para la vida de todos. Pero el columnista, al igual que el caricaturista, debe tener la ética de fundamentar por qué dice esas cosas.

Un punto frágil de las caricaturas es que casi todo mundo la entiende como una burla y no se le toma tan en serio como un texto editorial, por ejemplo...
Creo que no necesariamente son una burla, a veces la caricatura nos hace reflexionar, nos hace reír o hasta nos hace llorar… Yo recuerdo, por ejemplo, cuando... ¿puedo decir el nombre del periódico donde estaba antes?... 

Sí, claro. 
Cuando estaba en La Prensa Gráfica fue el deslave en el volcán de San Vicente y yo hice una caricatura de un grupo de personas levantando la bandera sobre el lodo, muy al estilo de la famosa imagen gringa de los soldados levantando la bandera entre escombros de guerra. Ese día recibí la llamada de alguien que era de San Vicente pero vivía en Estados Unidos, y el tipo me decía que la había visto y había llorado, y se pone a llorar al teléfono, ¿te imaginás? Alguien que ve una caricatura se conmueve, no creo que le haya causado gracia, pero se conmovió porque le tocaba directamente… era su pueblo y se conmueve al grado de gastar un par de dólares para hacer una llamada a un desconocido. Es decir, la caricatura también debe llevar implícita la intención de generar opinión, y ese generar opinión no siempre es a través de la burla, a veces es haciéndonos llorar, hay caricaturas muy sensibles… 

Hablábamos de la ética...
Es cierto, ja, ja, ja... Perdón, yo volvería al tema de la ética con esto que pasó en Dinamarca. ¿Recordarás los caricaturistas que hicieron algo en contra del Islam y entonces generó una polémica que hasta cierto punto podríamos decir que exageró?

Una exageración grave, porque se le volvió violenta de parte de los fundamentalistas musulmanes...
Digo, de hecho, una exageración por parte de los caricaturistas por prestarse a ese tipo de roles. Pero es ahí donde uno debe tener la pericia necesaria para ver cómo se aborda un tema, si es necesario abordarlo del punto de vista gracioso, cómico o sensible, pero siempre con ética, sabiendo fundamentarlo y sustentarlo.

Creo que un caricaturista debe tener mucha seguridad en lo que hace y en cómo lo hace. Aparte de lo eminentemente técnico, ¿cómo desarrollás esa confianza, esas destrezas, ese sentido ético?
Hay un libro que se llama “Cómo hacer caricaturas para dummies”. Si lo leés, ya con eso… ja, ja, ja, ja, ja...

¡Por Otto! Ja, ja, ja, ja...
No, mirá, yo creo que tiene que ver —y es feo que lo diga yo— con el talento. Obviamente ese talento se puede cultivar, desde pequeño uno ya trae la gana de dibujar; yo recuerdo la primer caricatura de una persona que vi, fue una hecha por Bollani, era de Armando Calderón Sol, cuando era alcalde de San Salvador… Me impactó la forma de sintetizarlo. Entonces, a partir de eso vengo cultivando, copiando, reproduciendo a mis ídolos. Pero es necesario leer, definitivamente. Si uno no lee no encontrás herramientas de opinión de otros para generar tu opinión propia… Y cuando digo leer, no hablo solo del lenguaje escrito, sino también del lenguaje visual: ver cine, instruirte en todas las demás áreas del arte.

Hoy en día hay varias casillas en esto de las artes gráficas, hay ilustradores, artistas visuales, reporteros gráficos, animadores, diseñadores. ¿Cómo te definís vos profesionalmente? 
Yo me defino como alguien que le gusta dibujar, no te diría que soy de una rama en especial, porque me gustan todas y me falta aprender mucho de todas. Soy alguien travieso con el arte, que le gusta tomar el lápiz y dibujar, pero sueño con llegar a ser un gran ilustrador infantil.

¿Te mantenés con la ilustración tradicional sobre papel o ya pensás en la computadora como herramienta principal?
No te podés quedar atrás, definitivamente, tenés que ir adelante aprendiendo nuevas técnicas, nuevos procesos... La computadora vino a hacerte las cosas fáciles y también a joderte la vida, porque la gente piensa que si lo hacés en la computadora solo con tres o dos movimientos ya salió el muñeco, pero no es así… Yo de alguna manera soy tradicional, porque te enfrentás ante un papel blanco y parecés niño con juguete nuevo, le ves la textura, y quisieras ver un trazo de acuarela en él, te metés a probar técnicas viejas o a mezclar nuevas y viejas. No sé, depende del estado de ánimo también. 

¿Cómo te acercaste al periodismo?
Bueno, yo vendía periódicos de pequeño… ja, ja, ja, ja... No es cierto... Esto es un poco largo, pero trataré de resumirlo: una de mis vecinas era novia de Carlos Ruiz Moisa, conocido como Ruz, entonces una vez vi un muñeco que había hecho Ruz que me gustó, lo reproduje, tendría yo 14 o 15 años, y saliendo de mi casa llevaba el dibujo en mis manos y él iba saliendo de visitar a su novia, quien ahora es su esposa. Vio el dibujo y me dijo que él era quien lo hacía y me invitó a ir a La Prensa Gráfica, cuando todavía estaba en el centro de San Salvador, y ahí recibí mi primer curso acelerado de dibujo con Ruz, en 10 o 15 minutos, vi su área de trabajo y todo... Él me dijo que si quería colaborarle con algunos dibujos para una página que se llamaba Palomitas de Papel o Pajaritas de Papel en ese momento, no recuerdo si le cambiaron después, o cómo era la cosa… La cosa es que hice tres dibujos y se publicaron ahí. De ahí él me dijo: “Hacete un par de caricaturas políticas”, y yo de política no sabía absolutamente nada, él me dio algunos consejos, así hice una para el famoso periódico La Noticia y salió publicada. De ahí me desaparecí, porque comenzaba a estudiar ya medicina, pero ese fue mi primer acercamiento, digamos, con el periodismo.

¿Aspirabas ya a ser dibujante profesional?
A lo que yo aspiraba no era a dibujar, siempre dibujé porque era la forma que encontré para comunicar lo que quería, era más fácil para mí dibujar que hablar. 

¿Y con la medicina?
Con la medicina nos divorciamos hace muchos años… ja, ja, ja... incompatibilidad de caracteres, ja, ja, ja, ja... 

¡Antes de matar a alguien! Ja, ja, ja, ja... 
No, es que se me murieron siete pacientes, entonces ya vi que no era para mí, ja, ja, ja, ja, ja… No es cierto, tampoco, lo que pasa es que la medicina me gustaba por su trabajo humanitario social, llegué hasta quinto año de medicina, y me pagué toda la carrera dibujando: hacía retratos, caricaturas… los 14 de febrero me iba fantástico, los días de las madres también… Pero llegó a desencantarme, podés preguntarle a cualquier estudiante de medicina por qué se desencanta de su carrera y fue lo que me pasó a mí.

Da Vinci sabía de fisiología y medicina y usaba ese conocimiento en el dibujo…
A pues eso voy a decir yo, fijate… “yo lo hice siguiendo los pasos de Da Vinci”, ja, ja, ja, ja… La gente creo que me recuerda más en la facultad de medicina por los dibujos y las caricaturas que le hacíamos a los docentes al final del ciclo, se las entregábamos firmadas por algunos alumnos. Mi firma nunca iba allí, por cierto, para evitar represalias, ja, ja, ja... pero siempre eran homenajes en tono positivo. Y lo que sí es cierto es que cuando cursé anatomía yo perdía horas y horas redibujando los esquemas de anatomía que había en los libros, los reproducía en un cuaderno en blanco para aprender anatomía, pero era más por la pasión del dibujo, que no la podía soltar.

¿Estudiaste dibujo o fuiste autodidacta? 
No estudié dibujo, pero tenía un tío que hizo un curso por correspondencia, ja, ja, ja... Él fue el que generó todo esto en sus sobrinos, todos lo veíamos dibujar y era fantástico: se ponía a dibujar superhéroes, él se inventaba sus superhéroes y todos nos sentábamos en silencio a ver al tío dibujar, era prácticamente mágico ver que del papel sacaba un personaje. Comencé a practicarlo y a practicarlo y a practicarlo. Ahorraba 10 o 15 centavos que me daban diarios para gastar en el colegio, los ahorraba y al final del año compraba cuadernos en blanco y pasaba las vacaciones dibujando, porque era una persona muy tímida. Habría que pensar también que era el tiempo de la guerra, había apagones, en mi casa no había televisor, solo había radio.

¿Dónde creciste?
En San Salvador, por el estadio Cuscatlán, yo vivía en el Reparto Los Héroes desde que tenía año y medio. Y recuerdo que un buen día, abriendo el periódico, miro un personaje sentado sobre una casita escribiendo en una máquina de escribir. Era Snoopy, y en mi mente de un niño de 6 años, ver ese personaje sacado del contexto de ser un perro, a casi ser un filósofo escribiendo en una máquina de escribir, me despertó la imaginación, y después ver a mi tío dibujando... entonces yo reproducía los dibujos que salían en el periódico, me inventaba mis personajes, siempre retraído: yo y la página. Así fue como empecé a dibujar, a dibujar, a dibujar…

¿Vivís de dibujar?
De diseñar, el trabajo que me da de comer es el de diseñador. Desearía vivir del dibujo, sería fantástico, creo que pocas personas se pueden dar el lujo de decirlo, como Alecus, y Ruz es otro que puede decirlo, al igual que otros ilustradores que están en los periódicos. No sé si les alcanza como para vivir por el pago, pero sobreviven de eso.

¿Nunca te ha traído consecuencias negativas o muy negativas alguna caricatura?
Creo que consecuencias muy negativas no, más bien unas anécdotas. A veces uno como caricaturista se deja ir por el lado visceral de las cosas, dibujamos con los intestinos... A mí no me pueden decir que dibuje a Ciro Cruz Zepeda haciendo cosas buenas, ja, ja, ja... porque a mí en lo personal no me parece que él haga las cosas muy bien. De hecho, fue por él la primera vez que recibí un “llamado de atención”, que me dijeron: “Mirá, agarrémosla al suave con Ciro”, ja, ja, ja... porque coincidía con que ese mismo día Ruz había hecho una en contra del PCN y yo había hecho una directamente no contra Ciro, sino que de Ciro.

Sutil diferencia, ja, ja, ja...
Ja, ja, ja... Entonces, al día siguiente Ciro salió dando una conferencia de prensa diciendo que había todo un complot para desprestigiar al partido —yo no sé si se puede desprestigiar más de lo que ellos ya lo habían hecho—, incluso dijo “hasta han hecho unas caricaturas estúpidas, porque eso es lo que son”. Eso para mí fue un logro, llegar a irritar a uno de estos dinosaurios políticos es un logro. 

No habrá sido el único logro, entonces...
Otra ocasión, cuando no se encontraba la fórmula presidencial para Arena... ¿cómo se llama?

Rodrigo...
Ajá, Rodrigo Ávila... Hice una caricatura de Rodrigo muy pequeño, gritando en un cuarto oscuro: “¡¿Quién quiere ser vicepresidente?!” Ahí me dijeron que al dueño del periódico esa caricatura en particular no le había gustado, ja, ja, ja. Qué bueno, ¿no?, qué bueno que no le gustó, es un reflejo de que en ese momento había cierta apertura democrática en el medio.

¿Estos reclamos han venido más de la parte editorial que directamente del aludido?
Bueno, eso habría que preguntárselo a los dueños de los periódicos, porque no sé si Ciro o Rodrigo Ávila llamaron al dueño para reclamar también, ja, ja, ja, ja... Puede haber sido el caso, en Latinoamérica el periodismo vive de la publicidad, ellos también tienen que cuidar esa parte y eso es válido. Pero soltar una caricatura en contra de estas gentes de vez en cuando también es válido, si no, se creen los dueños del periódico, ¿o no?

A mí me da la impresión de que tenés una opinión bien formada sobre ciertos personajes. 
¿De veras? ja, ja, ja, ja... 

Quizá quiero creer eso, ja, ja, ja... pero mi pregunta iba a ser: ¿cómo identificás lo que más representa a cada personaje, en lo físico o en su personalidad? Pongamos el caso del presidente Funes...
Generalmente trato de ir por el lado flaco que yo creo que tiene el presidente. Siempre creí que una de las principales cualidades que lo podían llevar a ser presidente era su ego, pero además podría ser su piedra de tropiezo. Eso es lo que trato de dibujar siempre en las caricaturas, el ego del presidente que lo lleva a cometer errores y a creer que sigue haciendo las cosas bien. En el caso de Funes es la representación de la egolatría. Aunque ahora con las últimas declaraciones del alcalde de San salvador creo que se van a los penales, ja, ja, ja...

Ya que lo mencionás, ¿qué representás de Norman Quijano?
Bueno, ahora voy a cambiar, ja, ja, ja... porque creo que lo voy a representar por su ego. Pero anteriormente lo representaba más como un activista en contra de la ecología, porque de alguna manera eso es lo que más critico de él. Un tipo demasiado eléctrico que pareciera que tiene todo en contra de los árboles... 

También se puede representar instituciones, partidos políticos...
Sí, si votan en bloque podés criticarlos en bloque también, ja, ja, ja... El Frente ahora, después de las elecciones, parece que como si has fumigado un cuarto y empiezan a salir todos los bichos corriendo alborotados y… pero no sé si querés que empiece a hablar en mal, en contra de cada uno de ellos… ojalá que no, ja, ja, ja…

No, en general ¿cómo los veías antes de las elecciones a ellos?
No sé si puedo dar un resumen caricaturesco, pero yo sí creo que el Frente se durmió en sus laureles, creyó tenerlo todo, aunque todo apuntaba a que no lo tenía. Pero creo que le sucede a todos los partidos políticos, no solo al Frente. Arena por 20 años creyó que era el dueño de este país y la gente le demostró que no es así… Después la gente les pasa factura, y ahora el Frente vuelve a cometer los mismos errores de Arena. Creo que es un panorama político pobre, se creen los dueños y piensan que el pueblo es ignorante y no les va a pasar factura.

¿Y partidos pequeños como CD y ahora el Pes? 
Con el CD recuerdo una caricatura de Quino que decía: "Nosotros nunca hemos hecho las cosas mal, nosotros nunca hemos hecho nada en contra del pueblo, nosotros nunca hemos gobernado", ja, ja, ja... Pero hay políticos que admiro, no creás que a todos los veo mal. Rubén Zamora, por ejemplo, es una persona a la que admiro y respeto mucho, a Dagoberto Gutiérrez también.

¿Y has hecho una caricatura de Dagoberto Gutiérrez?
Fijate que es raro que de ellos dos, de Rubén Zamora y de Dagoberto nunca he hecho una caricatura…

Y con este proyecto de “El Cómic de lo que siempre le quisiste decir a tus gobernantes”, ¿cómo te fue enfrentándote a todas estas ideas? 
Fue interesante porque hubo unas con las que no estaba de acuerdo, de hecho hubo dos con las que yo traté de pelear por no tener que dibujarlas, no por un sesgo de falta de democracia mal entendido, sino por lo que decíamos anteriormente, es una cuestión de ética. Por ejemplo, el tema de la pena de muerte siento que no es una idea que se pueda soltar tan fácil, y ya plasmarla es algo que hay que analizar, hay que hablar, tiene que darse todo un foro para conversar si vale la pena. En ese sentido hubo un par de tweets en los que no estuve de acuerdo, hubo otros en los que definitivamente no sabía qué diablos hacer. No existe todavía, según el calendario de la Iglesia Católica, un santo de los caricaturistas, al cual ponerle una candelita y pedirle que me llegue la inspiración… Pero ahí me servía mucho terminar comentando con algunos amigos, salir a tomar un café, revisar mis bocetos antiguos, a ver si había algo que me terminaba inspirando… así fue la forma de enfrentarme.

¿Cómo evaluarías la inteligencia colectiva de los tuiteros salvadoreños?
Yo diría que para ser un primer ejercicio fue realmente fantástico, se recibieron muchas, muchas ideas muy interesantes, algunas que en sí ya la idea era graciosa, prácticamente no tenía que caricaturizar nada, ya la propuesta era tan obvia, tan real, que te causaba gracia. Muchas ideas trataban de generar opinión, otras trataban de generar discusión. Yo lo evalúo muy bien, yo creo que hay mucha más inteligencia política en los tweets que en toda la historia política de El Salvador, eso no admite duda.


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