La carga de los sobrevivientes

  • Foto: Frederick Meza
    Este pabellón de la granja-penal de Comayagua fue el que resultó quemado la noche del 14 de febrero, provocando la muerte de 359 personas. Algunos de los reos que se salvaron lo lograron porque pudieron romper el techo de lámina metálica.
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    Es viernes 17, han pasado dos días desde el incendio, y los 459 reos sobrevivientes limpian uno de los sectores del penal al que no llegaron las llamas. Este día no pudieron recibir visitas de sus familiares, pues el Ministerio Público aún recabada información para determinar las causas del incendio. Sería hasta el domingo 19 cuando se les permitiría recibir a sus parientes.
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    Alberto Mendoza, de 36 años, recibe visita de parientes en el hospital de Comayagua, mientras se recuperada de sus quemaduras. Mendoza, expolicía originario de Tegucigalpa, está preso desde hace seis años por tráfico de drogas. Afirma que pudo salvarse de morir escapando por el techo que los internos lograron romper en la celda 5 donde dormían, pero una "pelota de fuego" le cayó en la espalda cuando saltó para escapar. En este hospital hay siete internos recuperándose. En la capital había 10 reos más pero seisde ellos ya fallecieron.
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    Personal del Ministerio de Salud de Honduras aplica vacunas a los reos el viernes 17. Las autoridades dijeron que no hay mucho riesgo de un brote epidémico, aunque sí muchas posibilidades de enfermedades gastrointestinales por bacterias de los tejidos en descomposición que podrían afectar las fuentes de agua.
  • Foto: Frederick Meza
    Dos reos son trasladados, el viernes, al hospital de Comayagua, pues las quemaduras se les infectaron. Muchos en el presidio aún continúan usando mascarillas, pues el tufo a carne en descomposición no se ha disipado.
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    Este es un dormitorio en uno de los sectores que no fueron alcanzados por las llamas. Las autoridades aún no tienen una hipótesis sobre la causa del incendio, aunque hay quienes hablan de la posibilidad de un cortocircuito. Muchos reos entrevistados dicen que antes del incendio hubo varios apagones. En las habitaciones quemadas hay restos de muchos electrodomésticos, incluidas refrigeradoras.
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    La mayoría de testigos coincide en que en la celda 6 inició el fuego. Los hierros retorcidos de los camarotes dan testimonio de lo intenso del calor. De 105 reos que dormían en ella, solo cuatro se salvaron. Las celdas estaban con candado y si no hubiera sido por el interno Marco Munguía, alias El Chaparro, muchos de los sobrevivientes habrían fallecido también, porque de alguna manera él logró dar con las llaves que abren los candados de las rejas.
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    La granja-penal de Comayagua era considerada una cárcel modelo por las autoridades de seguridad hondureñas. Tiene 30 años de existencia y su principal papel es rehabilitar a los presos por medio de la enseñanza de manualidades, el trabajo en la agricultura y la crianza de cerdos y gallinas. Tanto la porqueriza, como el corral de aves y la granja resultaron indemnes porque están alejados de las bartolinas.
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    Plutarco López, de 50 años, es un preso en fase de rehabilitación desde hace tres años. Acusado en 1991 de asesinar a una persona, afirma no ser culpable, pues dice que lo implicaron porque tenía problemas con los hermanos del fallecido, y al no hallar al verdadero asesino, las sospechas cayeron sobre él. Recibió una condena de 30 años de cárcel. En 2007 aprendió a hacer estos canastos, por los cuales recibe 100 lempiras por día (aproximadamente 5 dólares). Anda con muletas porque sufrió un accidente con unas vacas de la prisión que lo botaron hace 10 meses. El día del incendio él dormía afuera del recinto, y escuchó los gritos de sus compañeros: "Era el infierno, así como dice en la Biblia", afirma.
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    Afuera del área de celdas, en el corral de gallinas, Héctor Emilio Polanco, de 34 años, realiza trabajos de limpieza. A unos cientos de metros se asoman las casas de los vecinos. Fueron estos quienes alertaron a los bomberos sobre el incendio, pues de la penitenciaría no recibieron pedido de auxilio. Cuando a Polanco se le pregunta si ha pensado en fugarse, asegura que no, que quiere ser feliz viviendo en la legalidad cuando abandone la prisión.
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    En la granja de la prisión cultivan pipianes, tomates, guayabas y maíz. El incendio del 14 de febrero no es el único hecho desastroso en la historia del penal. En 2003, una riña entre los reos comunes y pandilleros produjo 66 muertos, entre ellos tres visitantes. Ahora ya no hay pandilleros activos, solo hay "pesetas", es decir, pandilleros retirados.
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    Héctor Emilio Polanco, de 34 años, llegó hace 10 a la cárcel de Comayagua, acusado de traficar con drogas. Sólo le quedan 11 meses para salir. Durante el incendio, se refugió en este lugar, y asegura que no vio a nadie escaparse. Los fiscales que investigan el incendio aseguran que nadie escapó, contradiciendo al presidente Porfirio Lobo. Los gallineros están ubicados en los linderos del penal, así que si alguien huyó debió pasar por este lugar.
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    En Tegucigalpa, el Congreso y la empresa privada donaron cientos de ataúdes a las familias de las víctimas. Hasta este domingo, 19 de febrero, la institución gubernamental forense sólo había entregado 38 de 358 cuerpos de reos. El tufo a carne descompuesta se inunda cada rincón de las instalaciones, algo que debe soportar este soldado que acaba de recibir su ración de comida, una hamburguesa y bebida del McDonald´s.
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Comayagua intenta volver a su cotidianidad: ser un centro de rehabilitación modelo para reinsertar a la sociedad a quienes violaron la ley. En medio del dolor y de las heridas aún ardientes, los reos intentan reponerse, reacomodarse en unas instalaciones aún más deterioradas tras el incendio que provocó la muerte de cuatro de cada 10 internos.
Publicada el 20 de Febrero de 2012
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