XX ANIVERSARIO DE LA PAZ

La paz que nos divide

Cuando El Faro le preguntó a sus lectores ¿Dónde te agarró la paz? las respuestas llegaron prontas y disímiles. El debate intergeneracional entre los que aseguran que no hay nada que celebrar y los que reivindican el proceso de paz ha sido un hallazgo valioso que nos lleva a proponer una explicación dispuesta al debate.

Élmer L. Menjívar

elfaro.net / Publicado el 24 de Enero de 2012

A las 8:53 de noche del domingo 15 de enero, El Faro lanzó desde su cuenta de Twitter el hastag ¿#DondeTeAgarroLaPaz? como parte integral de nuestro especial por los 20 años de Los Acuerdos de Chapultepec. Es un especial periodístico y participativo que busca incluir la experiencia y perspectiva de nuestra audiencia. Se pide responder a esa pregunta haciendo un ejercicio de memoria para hacer una reconstrucción colectiva de esos momentos históricos en que simbólicamente se puso fin a 12 años de guerra civil. Sabemos de sobra lo que hicieron, pensaron y sintieron los “protagonistas” de los protocolos de ese proceso, con este especial lo que queremos contar es lo que hicieron, pensaron y sintieron los ciudadanos y ciudadanas en su cotidianidad doméstica o profesional, sin importar la edad.

A pesar de la hora, la reacción en Twitter fue inmediata y masiva, obtuvimos al instante muchas respuestas. La primera respuesta fue recibida a las 8:55 de la noche, y fue de @EstefanyGrande, que escribió “Quisiera poder decir #DondeTeAgarroLaPaz ! :/”, una respuesta escéptica que ya teníamos previsto recibir, pero quizá no en primera fila. A las 9:02 p.m. llegó la segunda entrada con el hashtag de la ocasión, era de @ElTepezcuintle: “#DondeTeAgarroLaPaz el 31 de dic frente a mi casa... Viendo llorar a la presentadora de Teleprensa (ya no recuerdo su nombre)”. Esta segunda era una respuesta “en directo” del recuerdo.

A estas primeras respuestas, durante una hora le siguieron respuestas auténticas y significativas:

Time Line de la cuenta de Twitter con las primeras respuestas a la pregunta ¿Dón de te agarró la paz?
Time Line de la cuenta de Twitter con las primeras respuestas a la pregunta ¿Dón de te agarró la paz?

De lo que puede leerse, puede inferirse la edad de quien las emite. También puede verse el tono y el debate que se plantea: la idea de paz.

La generación que creció después de 1992 se muestra escéptica: una buena parte no se siente en paz y cuestiona la “celebración” con ironías y sarcasmos. En cambio, la generación que creció durante la guerra, en su mayoría, le da un valor específico al fin de conflicto armado, y algunos reaccionan contra los más jóvenes que cuestionan y se burlan de aquel acto que puso fin a 12 años de enfrentamiento armado. Esta reacción fue encabezada por @FlorsyPower: “Todos esos que dicen siguen esperando la paz hubieran vivido en la época de la guerra, cuando hasta oír un disco de Silvio (Rodríguez) era delito.” La tuitera luego dio RT a @diosesdelocaso: “¿O sea que ustedes piensan que un acuerdo para poner fin a una guerra entre hermanos no sirvió porque no tenemos un país perfecto?”

La variedad de respuestas y de puntos de vista ofrecen una rica historia para contarse en ocasión de este aniversario. Sirve además para apreciar perspectivas diferentes de un hecho histórico. No se trata de apreciaciones antagónicas, pero sí con matices que provocan desencuentro.  

Para Amparo Marroquín, catedrática de la UCA y especialista en estudios de audiencia, en estas percepciones el contexto en el que se originan es calve. “No sé si la paz como concepto abstracto tiene algún sentido, tampoco si puedes transmitir la angustia que se vivió entonces y compararla con las luchas de hoy día. Me parece que hay muy pocos elementos de comparación”, dice Marroquín.

En efecto, la guerra civil y la inseguridad pública por criminalidad tienen en común la violencia y el miedo ante los efectos de esa violencia. Son dos tipos diferentes de violencia, el factor político marca una de estas diferencias, es una guerra por tomar o intervenir el poder del Estado. Otra diferencia es marcada por la dinámica en la que se desarrolla: la guerra es una forma de violencia con ciertas reglas (que incluye el uso de armas de fuego), los bandos que se confrontan están identificados y hay objetivos claros.

Esto no quiere decir que una guerra civil sea más violenta o menos violenta, lo que quiere decir es que genera un contexto particular de violencia en el que el Estado interviene como beligerante y puede (aunque a veces no deba) imponer restricciones legales a los ciudadanos, prohibir, discriminar y utilizar los recursos del Estado para “combatir” al enemigo en los diferentes flancos que identifique, ya sea en el frente de batalla como en el ámbito civil. El estado puede prohibir de facto la lectura de ciertos libros, escuchar cierta música, expresar ciertas ideas, promover ciertas ideas políticas y acciones sociales.

La inseguridad pública por criminalidad genera también un contexto de violencia que también tiene sus propias características. No hay reglas porque no hay un motivo racional, y el crimen y los criminales no actúan bajo una premisa colectiva, sino por ganar beneficios materiales personales o de una minoría que no representa a ningún grupo social, sino a sí mismos. No son pues estructuras enfrentadas que puedan negociar políticamente, porque no hay lucha por poder político, ni concepto de gobierno, la prioridad es el poder económico a costa de vulnerar el marco legal. La violencia criminal se da en un presunto Estado de Derecho, donde las libertades individuales y colectivas están garantizadas por un orden constitucional, es decir, usted puede leer, oir, pensar y expresar lo que desee, sin que el Estado lo persiga.     

“La violencia de hoy día no es el resultado de dos propuestas políticas diferentes. Sino más bien está vinculada al debilitamiento institucional y al narcotráfico. Me parece que tendríamos que hablar de la "inconmensurabilidad" de la experiencia y en este sentido lo difícil que es equipararla y transmitirla. En el caso de las guerras civiles, había muchas más experiencias de finalización de la guerra que en el caso del término de violencias vinculadas al crimen organizado, esto también lleva a la nueva generación a construir un análisis más escéptico de las posibilidades políticas de una paz y los logros que esta conlleva”, precisa Marroquín.

El panorama que refleja las distintas reacciones ante la pregunta que le hicimos a nuestros lectores es el de una comunicación intergeneracional deficiente. Esta situación trasciende el ámbito doméstico, porque es el Estado el que tiene las herramientas sociales para que esta comunicación se dé: sistema educativo, visión de desarrollo históricocultural y generación de ciudadanía.

En en análisis de Marroquín, en este país no ha habido políticas adecuadas para trabajar la memoria. Donde se ha trabajado un poco el tema se corre el riesgo de convertir a los jóvenes en guardianes de la memoria de la generación anterior y negarles la posibilidad de construir sus propias memorias. "El trabajo no es de magnificar una única memoria, pero sí un ejercicio de construir y aprender de las experiencias pasadas. No solo aquello que hemos vivido de primera mano tiene que emocionarnos”, detalla Marroquín, y agrega un ejemplo práctico: “Como profesora he conocido experiencias en las que se ha hecho que los estudiantes entrevisten a sus papás sobre la experiencia de la guerra y eso hace que los jóvenes se acerquen a esa historia. Esto me pone en evidencia el poco diálogo generacional que hemos posibilitado como sociedad". También agrega que el diálogo no es solo que los adultos dictemos cátedra, que el diálogo empieza también con escuchar sus nuevas memorias, sus nuevos temores y vincularlos con los que vivió la generación anterior.

La paz que nos divide es la paz que no hemos sabido compartir. No se trata de concluir en quien tiene la razón, porque siempre hay una explicación para las percepciones. Se trata de escuchar no a las redes sociales solamente, sino a las manifestaciones cotidianas ante la paz como concepto y como reclamo. Se trata de revisar 20 años y preguntarnos si tantas celebraciones oficiales no son actos vacíos de sentido y de trascendencia, celebraciones que solo sirven para construir héroes desechables. 

La paz que nos divide

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